Pablo García Baena, doctor honoris causa en la Universidad de Salamanca

El pasado 21 de abril con el arribo de la primavera, en solemne acto celebrado en el Paraninfo de nuestra Universidad de Salamanca, conforme al antiguo ritual y contando como padrino con Juan Antonio González Iglesias, fue investido doctor honoris causa Don Pablo García Baena. (Si quieres ver el acto puedes hacerlo pinchando aquí)

Como homenaje y recuerdo gratísimo de ese día quiero dejar aquí un poema de su libro Antes que el tiempo acabe, publicado en 1978. Gusten de su belleza y hondura. Y descubran quienes aún no lo hayan hecho a un gran, grandísimo poeta.

 

DelfosNocturno

DELFOS
A Julio Aumente Martínez-Rücker

Alza la frente de almenados bucles
entre montañas, roto perfil póstumo,
cuyos cabellos negros como el bosque
carmena el lobo.

Alza la frente y vuelve tu mirada
al apagado astro de la tierra;
ningún augur dijo de tu ruina,
altiva Delfos.

Inertes aras tenazmente mudas
ocultan signos, amordazan lenguas,
mientras altos vigilan al acecho
feroces dioses.

¿Dónde tu voz? Carneros otomanos
gotearon su lardo por tus mármoles
y el exarca cubrió de joyas bárbaras
apoxiomenos.

Crecieron tus laureles para el cónsul,
el dux, el victorioso, los tiranos;
te asolaron sacrílegas pezuñas
del bestiario.
Olvido fue cerniendo las arenas.
Fugaz nube es la púrpura… Fielmente
el jaramago erige gualdas flautas,
hímnicos cantos.

¿Qué esperas del oráculo, Pablo García Baena,
si tu vida es recuerdo, tapiado columbario
donde un cadáver se deshace
celosamente embalsamado por ti de algalias olorosas
y están tus pasos numerados como un libro
que dudoso repasas a la lámpara
y donde sólo falta el colofón
y las exequias en final viñeta?
¿Qué intentas que te diga esa velada Pitia,
esa obstinada esperanza furiosa
que se remueve como alimaña entre el heno segado,
si para ti ya ha muerto el amor y los días
son naipes que abandonas de un juego ya perdido?
¿Qué haces en la noche de Delfos,
junto al abismo que arañan los olivos,
con el lejano pavés del mar sagrado
centelleante a la indecisa luna
y el canto de los alemanes de un «tour»
profanando la calma augusta de las piedras?
Si ya el aviso de la anocheciente corneja
sonó lóbrego
y Apolo huyó de ti llevándose la luz,
¿no será esta la noche del balance,
noche de la balanza donde arrojes tus días,
los mortales obsequios oferentes,
solitario, pobre, triste, casi cincuenta años,
tímido, huraño, callado y sonriente
Pablo García Baena?

Despójate del íntimo pingajo,
del último jirón, tiernos harapos
enmadreciendo heridas, zarpas, gritos,
y avanza solo en la noche hacia el enigma,
desnudo hacia la voz, al desolado
carril de tu destino. Miente, habla,
silente trípode.

Gracias, Doctor.

Henar Velasco López

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