Fallo del Concurso Fotoclásica II

Reunido el tribunal encargado de fallar el Concurso Fotoclásica II, compuesto por Mercedes Encinas Martínez, Eusebia Tarriño Ruiz y Francisco Cortés Gabaudan, en Salamanca a 29 de enero de 2019, por unanimidad ha decidido:

● Primer premio: “Acueducto de Segovia” de Elsa Ruano García, 4º de la ESO, IES Francisco Salinas, prof. Cristina González Díez. Se ha valorado la calidad fotográfica de la imagen, la limpieza de la perspectiva, la iluminación de la foto y el comentario ajustado.
● Segundo premio: “Fuente de Apolo” de Gredy Grajales Bernal de 4º de la ESO, IES Francisco Salinas, prof. Cristina González Díez. Se ha valorado la elaboración fotográfica y el comentario, rico en contenidos, aunque debería mejorarse su redacción.
● Tercer premio: “Rapto de Europa” de Aleksandar Dilyanov Lyubenov, de 2º de la
ESO, IES Francisco Salinas, María Antonia Sierra Sánchez. Se ha valorado la perspectiva, la luz y el comentario con datos del escultor y del tema.

Enhorabuena a los ganadores, a sus profesoras y a su centro, que se ha esforzado extraordinariamente en esta actividad. Las fotos se publicarán en este blog los próximos días.

Filología clásica: renovarse o morir

Lo que las clásicas necesitan no es un defensor. Una defensa presupone debilidad o situación de desamparo en aquello que es defendido, y la fortaleza de las clásicas, cuyos bastiones principales son sus genios literarios y su pervivencia a lo largo de los siglos, es innegable. Mary Beard, en su introducción a La herencia viva de los clásicos. Tradiciones, aventuras e innovaciones (2013), desconfía de que algún día lleguen a extinguirse las clásicas. Esto supondría, en primer lugar, la condena al olvido de los grandes autores antiguos y, consecuentemente, la incapacidad de comprender a los artistas que bebieron de tan maravillosa fuente. Lo que las clásicas necesitan no es ser defendidas, sino reivindicadas. Debemos dejar claro el espacio que merecen y les pertenece por derecho. Para ello, la Filología Clásica requiere un lavado de cara y un cambio a mejor, que comience por la propia base de su enseñanza.

El número de estudiantes de Filología Clásica es reducido. Este dato podría ser indicio de que escogen tal camino por pura vocación. Desgraciadamente, en la mayoría de los casos la vocación no es el motivo, sino más bien el desconocimiento e incluso el engaño. Para muchos adolescentes la Filología Clásica es un oasis creado por su propia imaginación o propiciado por ciertos profesores de instituto o universidad que dan una idea difusa e imprecisa de lo que verdaderamente suponen las clásicas. Por ello no es extraño que crean que la base de la Filología Clásica es saber contar mitos o discernir la etimología de algunas palabras. Sin embargo, el núcleo de esta disciplina son, como es natural, los textos. De nada sirve saber la genealogía de los dioses, el ciclo tebano o la etimología de innúmeras palabras si no se tienen la habilidad o las ganas para lidiar con el idioma. Y, fuera tonterías, si uno quiere aprender una lengua romance, lo que ha de hacer es abarcarla de inmediato y no perder tiempo con el latín, porque supuestamente ayudará al aprendizaje de la lengua en cuestión. Como bien afirma Mary Beard, «solo hay una buena razón para aprender latín: que quieras leer lo que está escrito en ese idioma». Y lo mismo sirva para el griego.

Dejémonos de embelesar a los jóvenes dándoles una imagen errónea e intentemos mantener a aquellos que verdaderamente se interesan por el latín y el griego. Decenas y decenas de estudiantes pierden el tiempo en una carrera que ni les va ni les viene para acabar abandonándola después de muchas penas, al menos económicas y mentales. De cincuenta que entran, salen diez, o veinte como mucho. Conocí personalmente a compañeros que hacían la carrera porque “les gustaba la mitología”. Otros creen que por ser buenos en el instituto, seguirán adelante sin el menor esfuerzo, solo con analizar sujeto, verbo y complemento en la pizarra. Procedimiento que, por cierto, no tendría que salir de los muros del instituto, pero que –horresco referens– siguen empleando incluso algunos becarios, mis propios ojos lo han visto –mirabile dictu–. Muchos sucumben a la visión de una Filología Clásica donde se leen mitos alrededor de la hoguera ancestral, se celebran simposios o se cocinan platos romanos con garum. Pero como un gran maestro dijo un día no venimos a esta carrera para cocinar crêpes. Con todo esto, no quiero decir que no haya que fijarse en aspectos tales como la mitología o etimología; pero no solo de pan vive el hombre, aunque muchos desearían que esto fuera así.

Toda persona dispuesta a reivindicar las clásicas necesita, lo primero de todo, tener un concepto muy claro de su significado. Y, como segundo paso, ha de plantearse cómo deberían de ser enseñadas en un futuro. El método de enseñanza que suele emplearse en las aulas es el prusiano, que intenta lograr la adquisición de la lengua a través de la pura gramática y morfología y de la traducción de textos. Este modelo es, desde mi punto de vista, nocivo para el caso del latín y el griego y es obvio que, en la mayoría de los ocasiones, no funciona. Vemos como algunos de los supuestos filólogos clásicos que se gradúan, después de cuatro años, cometen graves errores morfológicos o desconocen palabras del léxico elemental, lo cual es una verdadera vergüenza, que se debe en parte a la holgazanería y nulo sacrificio de una parte del alumnado, pero también a la inutilidad de dicho método. En otro estrato se encuentran aquellos que, a pesar del esfuerzo, se encuentran con que son incapaces de leer una sola frase en latín y comprenderla. Están, en fin, abocados a la mera traducción. ¿Por qué? Precisamente porque el método prusiano te prepara para traducir, pero no para leer en la lengua original sin necesidad de verter a la lengua materna los versos o las oraciones de la prosa para poder comprenderlos. Solo se puede llegar a la lectura zambulléndose de lleno en los textos originales, sin miedo, sin diccionario, sin tramposas ediciones bilingües. Una vez adquirido el bagaje morfológico-sintáctico, ya puede uno prescindir de la carga del análisis y abarcar de frente el texto, como si se tratara de una obra en francés, inglés o italiano; pero, mientras se siga escribiendo la traducción y el análisis en el papel, esto no serán más que quimeras.

Por último, me gustaría referirme a la cuestión de cómo deberían de ser las clásicas, o mejor dicho, cómo deberían de enseñarse. La reflexión anterior va, en parte, referida a esta pregunta. No obstante, quisiera añadir un aspecto más, que sigue de cerca al genial Nietzsche. Las clásicas necesitan un enfoque con amplitud de miras. El filósofo fue muy duro con los filólogos clásicos, a los que llegó a denominar «estrechos de miras», «desapasionados», y aquejados de una «manía erudita, pedante, fría». Personajes, en fin, empeñados en el microanálisis e incapaces de ver la belleza del conjunto. Mientras que él era capaz de admirar el cuadro al completo, aquellos se quedaban colgados en las manchas de aceite que cubrían las formas dibujadas. Nadie niega que sea necesario el trabajo minucioso, ni siquiera el propio Nietzsche. En su lección inaugural Homer und die Klassische Philologie (1869) –antes de tomar posesión de la cátedra de Lengua y Literatura Griega con tan solo veinticuatro años y sin haber realizado tesis alguna– denomina «valiente» al filólogo alemán F. A. Wolf, que en su obra Prolegomena ad Homerum (1795) había cuestionado que los poemas homéricos fueran obra de un único individuo, de un divino poeta. Indudablemente, fueron necesarios el esfuerzo y la minuciosidad para llegar a esta hipótesis –que ya antes había sido planteada no obstante–, pero que ahora tomaba la forma de lo que hoy se llama «cuestión homérica». Defiende Nietzsche a Wolf de las críticas de los artistas, que consideran a los filólogos clásicos destrozadores de los grandes escritos. Estoy totalmente de acuerdo con Nietzsche en su idea de lo que la Filología Clásica ha de ser: la unión de la ciencia y el arte. Este podría ser el camino para unas futuras clásicas, que recogieran en su seno la pasión artística, pero el trabajo duro al mismo tiempo. La primera permitiría deleitarse con la belleza de las civilizaciones y testimonios de las culturas griega y romana, el segundo, dar a su disciplina la seriedad que merece y, ante todo, necesita.

Tal vez esto no sea la panacea; pero me atrevo a decir que de ningún modo lo es salir a defender las clásicas vestidos de romanos. Así nadie nos tomará en serio. No podemos permitir que las clásicas sean objeto de escarnio. No es admisible la actitud de aquellos profesores que hipnotizan a sus estudiantes con los aspectos más golosos. Pero tampoco convengo en que haya que amargar a nadie con una erudición y pedantería insoportables. Ni lo uno ni lo otro, in medio virtus. No seamos pues aquellos filólogos de los que hablaba Nietzsche, que de la ciencia solo conocen el polvo erudito. Sin pasión y sin arte no hay vida, en todo caso, creencia de que el filólogo es un «topo, aficionado a tragarse el polvo de los archivos, a desmenuzar una vez más la gleba triturada cien veces por el arado».

Noelia Bernabeu Torreblanca

 

#Homero2019

Pablo Maurette, profesor de literatura comparada e investigador del Centro de Estudios sobre el Renacimiento Italiano de la Universidad de Harvard, ha lanzado una propuesta (#Homero2019) a sus seguidores de Twitter:  leer un canto de la Ilíada cada semana y comentarlo en Twitter. La lectura de cada canto empieza los martes, siempre con el vídeo de una persona leyendo los primeros versos. La sección Verne de El País se ha hecho eco de la propuesta y nos da una muestra de los comentarios enviados.

Cuidado: Nil Volentibus Arduum

nil volentibus arduum.jpgDesde Belgica nos envían esta foto en la que unos manifestantes parten desde Amberes a Bruselas para participar en la que ha sido una gran marcha contra el cambio climático (70.000 personas) el domingo 27 de enero. Estos dos portan una pancarta con el lema Nil volentibus arduum (“Nada es difícil para los que tienen voluntad”); debajo figura su traducción al neerlandés (se ve que no tenían mucha confianza en que el latín fuera entendido). El proverbio latino se inspira en Horacio, Odas, 1, 3, 37: nil mortalibus ardui est (“nada es difícil para los mortales”) y dio nombre a una sociedad literaria holandesa del siglo XVII, que pretendía importar los clásicos latinos y franceses a la cultura neerlandesa. Sin embargo, su éxito no acabó ahí: con esta misma frase inauguró Bart De Wever, alcalde de Amberes desde 2013, su discurso en 2010, cuando celebró el triunfo en las elecciones de Flandes de su partido Nieuw-Vlaamse Alliantie (Nueva Alianza Flamenca) -nacionalista flamenco, conservador, neoliberal económicamente, contrario al pacto migratorio propuesto por la ONU, defensor de Puigdemont- . Obsérvese que las iniciales de las palabras del proverbio corresponden con las siglas de su partido.  La afición de Bart De Wever por todo lo romano es bien conocida (en su boda, la pareja fue recibida a la salida de la iglesia por una guardia de honor de legionarios romanos); se declara fan de Julio César y admira a Augusto, al que considera el padre de la civilización occidental (aunque prudentemente se abstiene de identificarse con él); también gusta de comparar a otros políticos con grandes figuras de la historia de Roma. Naturalmente en esta lista no hay mujeres, siguiendo la política de exclusión que caracteriza a su ideología. En fin, es solo un ejemplo más de la última tendencia política de la “derecha sin complejos” en Europa y EEUU: enarbolar como bandera la cultura clásica. Sabiendo todo eso deducimos que los personajes que portan la pancarta son seguidores del partido N-VA. Pero fuentes belgas nos aclaran que el personaje que señala la pancarta, situado a nuestra derecha en la fotografía, es Geert Beullens, un actor que parodia a Bart De Wever y que, como parte de su sátira, hace apariciones públicas actuando como su doble; llegó a fundar un partido cuyas siglas son las iniciales del político: BDW. Así pues, el lema latino en la pancarta no es inocente; de hecho, comprobamos que esta expresión concreta es un rasgo distintivo del dirigente de la Nueva Alianza Flamenca. Pero no solo eso: en la página web de este partido “paródico” proliferan latinajos macarrónicos que nos convencen de que el latín se ha convertido en una seña de identidad del verdadero Bart de Wever. Un ejemplo: Refacit Antverpia creatvs!, del que hay una traducción al inglés sin la que no hubiéramos entendido el mensaje: “Make Antwerp Great Again!”.

Cuidado.

Susana González Marín

 

 

El mundo clásico en La Gran Manzana

Por todos es sabido que el mundo clásico está muy presente en nuestro entorno y en nuestra vida diaria aunque no todo el mundo sea consciente de ello. Tenemos películas antiguas y más actuales que tratan la mitología de manera directa o indirecta, música y videoclips con estética clásica, como hemos visto en otra entrada de este blog,  nombres de marcas y productos, pero lo que yo menos me podría imaginar es que esto llegara al otro lado del océano, a la Gran Manzana.

El Rockefeller Center

atlasEl encargado de sostener uno de los complejos comerciales más importantes del mundo, como es el Rockefeller Center, es nada más y nada menos que nuestro querido Atlas. Esto no es un mero capricho de los escultores Lee Lawrie y Rene Champellan, sino que tiene una razón de ser. Atlas fue un joven titán, hijo de Jápeto y la ninfa Clímene, hermano de Prometeo (que también tiene una escultura en el Rockefeller que comentaremos a continuación). Atlas fue el encargado de organizar a los titanes en la Titanomaquia en su lucha contra los dioses olímpicos. Una vez que éstos resultaron vencedores, Zeus condenó a Atlas a cargar el cielo sobre sus hombros. La estatua de bronce está situada frente al Rockefeller Center, en el patio del Edificio Internacional. Atlas es visto como una figura de poder, un modelo para los portadores de autoridad. Por ello se decidió poner la escultura del titán en la entrada del complejo comercial, para mostrarle al mundo y a todos los que allí entraban que ahí residían grandes hombres. Esta estatua es tan famosa en la sociedad americana que ha llegado a utilizarse su imagen en los sellos postales del país.

prometeo

Acompañando la escultura de Atlas tenemos la de su hermano Prometeo, otro titán que fue castigado por Zeus a que un águila le devorase las entrañas pero sin llegar a matarlo, ya que sus vísceras se regeneraban continuamente. Este castigo fue el que el padre de los dioses le impuso al joven por haberle entregado el fuego a los hombres. En el muro que se sitúa detrás de la escultura puede leerse una inscripción con un texto procedente  de Esquilo que ha sido levemente modificado (en el original es el Fuego el maestro y no Prometeo): Prometheus, teacher in every art, brought the fire that hath proved to mortals a means to mighty ends. (“Prometeo, maestro en todas las artes, trajo el fuego que ha supuesto para los mortales un medio para fines poderosos”). Una muestra más de que los clásicos muchas veces se ajustan al gusto del consumidor para que revelen o digan lo que ellos quieren. Esta escultura está situada en la plaza interior del complejo comercial, enfrente del vestíbulo principal.

La historia de Prometeo es inspiradora para los creadores del Rockefeller Center, ya que desafía a los entes más poderosos para satisfacer las ambiciones individuales de transformar el mundo, en este caso mediante el capitalismo, y supone el final decisivo de un régimen omnipotente. El fuego les mostrará el camino a los que allí residen para mejorar la vida de los que están por debajo de ellos.

El empleo de estas dos figuras mitológicas no es una casualidad, ya que era una manera de emparentar a los pioneros del capitalismo con una raza de titanes y semidioses en el dominio del mundo: conseguirían superar las normas establecidas en búsqueda de un beneficio mayor. Ambas esculturas, tanto la de Atlas como la de Prometeo, se caracterizan por su estética clásica y su magnificencia, que se han modificado para adaptarlas al gusto popular del momento: Art Decó.

La Estatua de la Libertad

estatua de la libertad

Prometeo también se relaciona con otro de los monumentos más importantes del mundo ubicado también en la Gran Manzana, la Estatua de la Libertad. Una mujer inspirada en las grandes obras de la cultura clásica y vestida con una toga. Lleva una corona de siete picos que según algunos expertos podría representar el halo del sol y a su vez podría recordar la corona que portaba el dios Helios, dios del sol. Otros, en cambio, aseguran que podría representar los siete continentes y los siete mares.

helios
Helios

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A los pies de la estatua, concretamente bajo su pie izquierdo se puede observar  el eslabón roto de una cadena que representa la liberación de cualquier opresión. Del mismo modo también porta la antorcha que ilumina al mundo. Ambos elementos podrían relacionarse con Prometeo encadenado que lleva el fuego a los humanos.

 

 

cadena
Cadena rota bajo el pie de la estatua de la Libertad
Prometeo encadenadp.jpg
Prometeo encadenado
fuego
Prometeo trayendo el fuego

antorchas

La Grecia y la Roma antiguas están presentes en nuestro día a día, y quizá si la gente fuese consciente de todo lo que representan empezarían a cambiar su visión sobre el mundo y las lenguas clásicas y verían la relevancia que han tenido con el paso del tiempo y que siguen teniendo a día de hoy en muchos campos. Se debe recordar que la eficacia de la propaganda es mayor cuanto más desapercibida pase.

Noemi Bascoy García

 

Leo a Santo Tomás de Aquino en el smartphone

Leo a Santo Tomás de Aquino en el smartphone

Leo a Santo Tomás de Aquino en el smartphone,
en latín, el pasaje en el que afirma
que el Bien se expande por el mundo. Todo
alrededor podría desmentir
ese olvidado axioma, tan hermoso.
Porque el Mal igualmente se difunde.
Pero todo también alrededor
confirma el Bien, su difusión incluso
física. Yo podría
dudar, pero no dudo, de esta fórmula
escrita en un idioma pensado para el mármol, para el bronce,
para neta incisión cuadrada de oro
de una letra tras otra en la moneda,
para la delicada miniatura.
Y ahora para la página del móvil.
Sé que se concatenan los efectos
de los actos. También los de las cosas, y su peso,
si hiciera falta desequilibrar
el mundo, para bien
desequilíbrelo. Difúndase. Una brisa
deliciosa recorre el parque en esta
tregua de agosto matinal, su soplo
desciende, hecho de líneas invisibles,
desde la sierra fría hasta la playa.

Juan Antonio González Iglesias. De su libro Confiado (2015)

 

 

Jenofonte y Marie Kondo

Dos autoras norteamericanas, Yung In Chae y Johanna Hanink, han publicado en la sección de opinión de The New York Times hace un par de días un texto con un sugerente título: “Socrates Wants You to Tidy Up, Too

Ante la creciente fama de Marie Kondo, la predicadora del orden doméstico como vía a la felicidad, las autoras nos invitan a lectura del Económico de Jenofonte, un diálogo socrático en el que se pone en boca de uno de los interlocutores, Iscómaco, unos planteamientos similares sobre el orden doméstico, si bien con unas notables diferencias. Aunque sin conciencia de ello, debo de ser el más desdichado de los mortales; mi criterio no tiene valor alguno pero creo que Kondo es incompatible con el oficio de clasicista, especialmente porque entre sus postulados más conocidos se encuentra un límite de 30 libros por casa. Me temo que sólo con diccionarios, gramáticas generales, sintaxis, fonéticas y morfologías históricas, aproximaciones históricas, manuales literarios y algunos tomos de las más afamadas ediciones de textos grecolatinos no hay sitio en nuestra desdicha para sus productos librarios.

Bartomeu Obrador Cursach

Justo antes de Cristo

Varios colaboradores habituales nos han enviado la noticia que sin duda muchos ya conocéis: Movistar va a estrenar en primavera una serie cómica de romanos, “Justo antes de Cristo” (lee la noticia de El Diario aquí o en el País aquí, en El Confidencial, aquí; cada informante nos ha mandado un enlace a un medio de comunicación distinto) Ha sido creada por Pepón Montero y Juan Maidagán (dúo responsable de Plutón B.R.B Nero y guionistas en Camera café) . Julían López, Xosé A. Touriñán y Cecilia Freire encabezan el reparto y entre los directores han estado Borja Cobeaga (Pagafantas) y Nacho Vigalondo (Los cronocrímenes).

Los creadores parece que no quieren oír hablar de comparaciones con Astérix o con La vida de Brian, aunque Diego Corral, uno de nuestros informantes, nos advierte de la semejanza del título con aquel recurso genialVida de Brian.jpg del comienzo de La vida de Brian, cuando sitúan el Sermón de la montaña “más o menos a la hora del té”.

Los responsables prefieren compararla con la serie MASH.

En cualquier caso, esperaremos a primavera para que nuestros seguidores emitan su juicio.

¿Quién es Atalanta?

Si se lo preguntamos ahora a una persona al azar, probablemente conteste que no sabe quién es. Si tiene algún conocimiento mitológico y le decimos que era una cazadora consagrada a Ártemis, quizá sí sepa que esta última es una diosa griega y posiblemente le suene la historia de la carrera entre Atalanta e Hipómenes o las manzanas que le dieron la victoria a este último.

El desconocimiento de los mitos clásicos en el saber popular es uno de los motivos que nos lleva a querer dar a conocer su figura, que tiene vigencia en la actualidad, puesto que autores que pertenecen a una amplia y respetada tradición de literatura clásica como Calímaco, Pseudo-Apolodoro, Ovidio, Pausanias, Propercio o Higino, etc., le concedieron la inmortalidad introduciéndola en sus obras.

Uno de los episodios en los que se ve involucrada Atalanta es el del enfrentamiento con los centauros Hileo y Reco, quienes la atacaron con la intención de violarla. Pero nuestra heroína, debido a su destreza con el arco y las flechas, habilidad que recibió gracias al favor de Ártemis, se defendió y los hirió de muerte.atalanta

De esta forma reivindica su derecho de ser respetada, puesto que la heroína es un ejemplo de la fuerza interior que todo ser humano tiene innata, pero que en el caso de la figura femenina ha sido apagada o sometida por una sociedad en la que prevalece la figura del hombre, siendo la educación un instrumento que se utilizaba para mantener a la mujer en un rol de sumisión ante el varón anulando su conexión con dicha fuerza, una situación que se ha mantenido hasta la actualidad. Afortunadamente, hoy en día, la sociedad no es tan permisiva con la subyugación de la mujer y tenemos ejemplos que rompen esta tradición. Un ejemplo reciente es el Paro Internacional de Mujeres o Huelga Internacional Feminista del 8-M, convocada en 2018 por organizaciones feministas y aliadas de la lucha por los derechos de las mujeres en todo el mundo con el objeto de luchar contra la violencia machista, la desigualdad de género y las distintas formas de opresión contra las mujeres.

Es bueno recordar que en la sociedad griega de época clásica la mujer griega no tenía derechos jurídicos ni políticos y permanecía bajo la tutela de un hombre griego a lo largo de su vida: primero del padre, después del marido, del hijo en caso de viudez o de su pariente más próximo; y, por supuesto, no tenía voz en la elección de su esposo y debía ser una afable matrona, que obedeciera en todo a su marido. En cambio, Atalanta mostró una actitud impensable para estas mujeres, puesto que nuestra heroína se crió en los bosques de Arcadia, amamantada por una osa y posteriormente acogida por unos cazadores. Esto la caracterizó como una cazadora que vagaba por dichos lugares armada con su arco y sus flechas, enfrentándose a diversos peligros, un comportamiento más propio de los varones. Por ello, Atalanta no tenía cabida en la sociedad griega de época clásica y con ella nos encontramos una de las primeras apariciones de una mujer que lucha frente al abuso del poder masculino, lo que señala así la idoneidad de la heroína como icono feminista.

Además, nuestra heroína fue una transgresora de la sociedad en otros aspectos: participó en la cacería del jabalí de Calidón, otra tarea propia de varones; y para intentar escapar al matrimonio, retaba a sus pretendientes a competir en una carrera, en la que si eran alcanzados por ella, morirían. Para vencerla, Hipómenes pidió ayuda a Afrodita, quien le dio unas manzanas doradas, que este fue lanzando durante la carrera. Mientras Atalanta se agachaba a recogerlas, fue derrotada. Se casaron pero finalmente fueron convertidos en leones: ese fue el castigo por profanar un santuario al mantener relaciones en él, poseídos por un fuerte deseo que había suscitado una Afrodita deseosa de vengarse porque Hipómenes no le había agradecido la ayuda prestada, como nos cuenta Ovidio en su obra Metamorfosis. En efecto, Atalanta se atrevió a transgredir los valores de su sociedad, pero esta desobediencia se pagaba y por ello acabó siendo castigada. Y el temor a los castigos divinos hacía que las mujeres griegas de época clásica no se rebelaran.

Ana Esteban González

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