Día de la cultura cubana: Los siete contra Tebas

El 20 de octubre se celebra el Día de la Cultura Cubana. Con este motivo traigo a colación un breve comentario a la obra teatral del escritor cubano Antón Arrufat titulada Los siete contra Tebas, estrenada hace diez años en conmemoración de esta misma fecha. Sin embargo, la pieza fue escrita originalmente y galardonada con el premio UNEAC en 1968. ¿Por qué tuvo su estreno 40 años después? Justo en el año 1968 comenzó un proceso de censura y de intervención crítica contra la intelectualidad que duró varios años, motivado por las crecientes protestas durante la década de los 60. Los escritores, impedidos de plasmar sus pensamientos en papel, buscaban recursos, parábolas, ejemplos, de manera que quedaran ocultas las críticas y el descontento general. Aun así, el Estado, que lograba ver bajo el disfraz, las tildaba de “diversionismo ideológico”.

Pero, ¿qué podía ocultar una obra como la de Arrufat? ¿De qué se trata realmente? A simple vista parece una traducción literal de los trágicos, y es debido al deliberado intento de imitar el estilo de esas traducciones. Para que esto se vea más claramente, a continuación se citan los primeros versos de la obra.

Eteocles: Ciudadanos, es menester que ahora
hable quien vela por la patria
sin rendir sus ojos al blando sueño,
sin escuchar las voces enemigas
ni entregarse al recuerdo de su propia sangre.
Escúchenme. Mi propio hermano Polinice,
huyendo de nuestra tierra, olvidando
los días compartidos, la hermandad
de la infancia, el hogar paterno,
nuestra lengua y nuestra causa,
ha armado un ejército de extranjeros
y se acerca a sitiar la ciudad.

Así, el escritor se aventura a componer una obra cuyo resultado es una mezcla entre la obra homónima de Esquilo y las Fenicias de Eurípides. Usa como modelo a la primera en la temática y la estructura general de la obra, pero la segunda tiene su influencia sobre el tratamiento más positivo de Polinice (que se lamenta de la vida del exiliado), el modo en que se representa el duelo fratricida y las reflexiones sobre el poder absoluto. El resultado es una tragedia griega en pleno siglo XX. Pero es menester tener en cuenta que el público para el cual está escrita se caracteriza por captar las referencias directas o indirectas de inmediato. Así pues, Los siete contra Tebas se presenta como una metáfora del proceso político cubano de los años 60.

El exergo de la obra reza así:

Cierto amigo, no ayuno de letras, me dijo cuando leyó la Ifigenia: “Muy bien, pero es lástima que el tema sea ajeno”. “En primer lugar -le contesté-, lo mismo pudo decir a Esquilo, Sófocles, a Eurípides, a Goethe, a Racine, etc. Además, el tema, con mi interpretación, ya es mío. Y, en fin, llámele, a Ifigenia, Juana González, y ya estará satisfecho su engañoso anhelo de originalidad.”

Alfonso Reyes (En comentario a su obra Ifigenia cruel.)

Con este fragmento, lo acontecido en Tebas se leerá de una forma particular, pues el autor parte del presupuesto de que las tragedias griegas funcionan como base para temas universales, que luego los autores posteriores reescriben y acoplan a su propia realidad. La intención de Arrufat es sugerir un campo de connotación para la obra: la Cuba de los años 60.

En concreto, los temas abordados en la pieza son: la oposición entre los cubanos dentro y fuera del país, los líderes de cada uno y del nuevo orden revolucionario impuesto. El juego con los hipotextos de ambas tragedias se centra en potenciar los aspectos que son de interés para el autor, como el hecho de que Polinice reclame que ha sido traicionado y sus bienes disipados no en beneficio de uno solo, sino para todos, así como ha sido eliminado como competencia política. Finalmente, la obra está estructurada de forma que se puede identificar a Tebas con Cuba, Eteocles con Fidel Castro, Polinice con los exiliados cubanos y al coro de mujeres tebanas con las mujeres cubanas. El final propuesto por el autor se traduce en la supresión de los líderes extremistas y la conciliación entre todos los cubanos.

De esta forma hemos visto cómo la tradición clásica, miles de años más tarde, aún sirve de referente para propósitos diversos, como su apropiación para empuñarla como arma de lucha o protesta.

Los fragmentos han sido extraídos de Arrufat, A. (1968). Los siete contra Tebas. La Habana: UNEAC.

Jéssica Valdés López

 

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La historia de Píramo y Tisbe en los Simpsons

Todos sabemos que los Simpsons están repletos de referencias culturales. En el episodio 13 de la temporada 23 puedes comprobarlo: Lisa conoce a un chico a través de una rendija, pero su madre no ve con buenos ojos la relación, lo que le recuerda a su abuelo la leyenda de Píramo y Tisbe.

Averigua las diferencias con la versión de Ovidio.

Cecilia Ares del Teso

 

The joy of (Greco-Roman) sex

Si bien es cierto que las mujeres aparecen como una mínima muestra entre los autores de todos los géneros literarios de la Antigüedad, hay, sin embargo, uno en el que, en principio —luego ya veremos—, representan una holgada mayoría. Se trata del de los manuales de sexo. Sin haber permeado en nuestra cultura popular del modo en que lo hicieran el Kamasutra, El jardín perfumado de al-Nafzawi o, en tiempos mucho más recientes, la obra de A. Comfort, este tipo de literatura técnica gozó de una gran popularidad al menos hasta el s. II ec, como atestiguan las obras de los primeros apologetas cristianos.

Astianasa, la εὑρετής

Dentro de la tradición greco-latina de hallar un ‘descubridor’ para cada uno de los géneros literarios, el erótico-didáctico no constituye una excepción. Sí lo es que la primera autoría se atribuya a una mujer. En nuestro caso se trata de Ἀστυάνασσα cuya entrada de la Suda la presenta como θεράπαινα de Helena, es decir, la esclava encargada de su cuidado personal. Se nos dice además que ella fue

πρώτη τὰς ἐν τῇ συνουσίᾳ κατακλίσεις εὗρε καὶ ἔγραψε περὶ σχημάτων συνουσιαστικῶν

la primera que descubrió las maneras de acostarse con alguien y escribió sobre las posturas sexuales (o Sobre las posturas sexuales)

Pese a la pobreza de la noticia, podemos, con Holt N. Parker, extraer alguna información valiosa. En primer lugar la necesidad de proponer un(a) εὑρετής indica la conciencia de que estos manuales representaban un género concreto, desglosado por un lado del amplio abanico de literatura erótica y, por otro, de los diferentes tipos de textos didácticos con los que comparte características. Nos habla también de una constante tendencia. La tradición hará que la autoría de la mayor parte de los manuales de sexo recaiga en mujeres, a menudo esclavas o prostitutas, ocupaciones estas en las que habrían obtenido una amplísima experiencia sexual que autorizase las obras ante su público. El prejuicio antiguo —y el de parte de la crítica moderna— es una vía de doble sentido: no es sólo que una prostituta haya acumulado el conocimiento técnico necesario para escribir el libro, sino que si ese libro se ha escrito, su autora ha de haber tenido una gran experiencia sexual y, por ende, forzosamente haber sido o una esclava o una prostituta.

Nomina nuda tenemus

Todo género, además de un εὑρετής, tiene su canon. En el caso de los manuales de sexo sólo nos han llegado nombres. Así podemos meramente recordar como autoras a Salpe de Lesbos, Nico de Samos o Calístrate de Lesbos. De otras, en cambio, tenemos alguna información más, si bien no centrada en su obra de contenido sexual. Es el caso de un personaje tan extraordinariamente fascinante como Pánfila de Epidauro que, entre sus obras historiográficas y gramaticales, escribe un Περὶ ἀφροδισίων del que nada más podemos saber y que, sin embargo, ha causado en la crítica una general estupefacción de fácil diagnóstico. ¿Por qué —se preguntan— toda una filósofa y erudita escribiría sobre sexo si no era ni una prostituta ni una esclava?

Un caso interesante es el de Elefántide, cuyas obras, de acuerdo con Suetonio (Tib. 43) Tiberio guardaba en su villa de Capri junto con cuadros y estatuas pornográficas, noticia que catapultó la fama de esta autora hasta las páginas del capítulo undécimo de The picture of Dorian Gray. De acuerdo con las escasas referencias que nos han llegado podemos inferir que la obra de Elefántide se componía de un catálogo de figurae Veneris, la versión latina de los σχήματα que la Suda mencionaba a propósito de Astianasa, es decir, de diferentes posturas sexuales.

Filénide

Pero por encima de todas las autoras de las que tenemos constancia destaca Filénide de Samos, no sólo por la abundancia de noticias sobre ella sino porque el suyo es el único manual del que tenemos alguna mínima muestra directa.

En el caso de autores no atestiguados resulta vagamente divertido y profundamente frustrante contrastar tradiciones literarias fuertemente asentadas con el hallazgo fortuito de algún fragmento de su obra. La situación más paradigmática es la que propicia Cornelio Galo, uno de los grandes poetas de su tiempo si creemos la cualificada opinión de sus no menos celebrados contemporáneos, y, además, sobre quien se venía descargando de manera más bien singular el paso de la llamada elegía objetiva griega a la elegía subjetiva latina. Un golpe de suerte y mucho esfuerzo extrajeron en 1978 de Qasr Ibrim nueve líneas de un poema que fue atribuido a Galo por los editores y tras la euforia inicial, el frío: difícil reconocer en esos versos la inconmensurable figura de Galo, hasta el punto que algunos, como Giuseppe Giangrande, pensaron que se trataba de un ejercicio escolar.

La ausencia de grandes expectativas quizá hizo menos dura la toma de realidad pero no es menos cierto que la imagen (re-)construida de Filénide chocó frontalmente con la imagen que proyectaba P. Oxy. 2891 en dos fragmentos papiráceos con dos columnas, lo que parece ser por el momento la única muestra directa de su obra. Contrariamente a lo esperado la obra de Filénide es prosa y no verso. Pero lo más sorprendente no fue la forma sino el contenido. Se venía creyendo que el texto de Filénide trataría sólo las posturas, al modo de la obra atribuida a Astianasa, pero los extractos conservados del prólogo revelan que se trata de una obra al menos más amplia, con el título general de Περὶ ἀφροδισίων: parece existir una sección dedicada a tácticas de seducción (περὶ πειρασμῶν), mientras que otra estaría destinada a instruir sobre cómo besar (περὶ φιλημάτων). Aunque es posible detectar en la crítica algún atisbo de decepción por el contenido naïf, otros, como Quintino Cataudella, acogieron de buen grado el cambio de perspectiva: para el italiano la obra de Filénide constituye la largo tiempo añorada ‘fuente griega’ del Ars amatoria de Ovidio. Sin necesidad de compartir tan enfervorecida recepción del mínimo prólogo de Filénide lo cierto es que ese mínimo atisbo al género de los manuales de sexo y, por lo que parece, no sólo sexo, contribuye a dimensionar la naturaleza paródica de la obra de Ovidio, por ejemplo la sección final del tercer libro.

El fragmento contribuyó además a reavivar la pregunta por la identidad de Filénide. ¿Se trata de una auténtica mujer o un caso más de uso masculino de una voz femenina? Es una tendencia bien contrastada, especialmente en materia erótica, que los hombres asuman personae femeninas para conceder autoridad a su relato; sería el caso de John Cleland en Fanny Hill o, de una manera harto más directa, Las joyas indiscretas de Diderot.

Algunos indicios pueden hacer dudar de que Filénide fuera una mujer. Se ha argumentado que su propio nombre, relacionado con el verbo ‘amar’ sería un juego de palabras, del mismo modo en que lo es la elección de Fanny Hill para la protagonista de unas memoirs of a woman of pleasure. A ello cabe añadir la procedencia, que si bien antes era debatida, el papiro fija en Samos; no parece casualidad que la mayoría de autoras de este género repartan sus orígenes entre las poblaciones, Samos y Lesbos, cuyas mujeres tenían mayor fama de libertinas.

John E. G. Whitehorne desmonta estos argumentos. Alerta contra la costumbre de identificar “nombres de hetairas”, pues son, ante todo, nombres de mujer y poseemos constancia, tanto en la realidad epigráfica como en la ficción literaria, de mujeres casadas llamadas, por ejemplo, Glícera. En el caso de Filénide contamos con atestiguación epigráfica en la que no podemos suponer a priori ningún contexto erotizante. Whitehorne recuerda que si «the name Philaenis does indeed mean “sweetheart” then every little girl is her parent’s sweetheart before she is anyone else’s». Lo que conecta con otro punto a favor de la identidad femenina real de Filénide. El papiro la presenta de acuerdo al uso patronímico ligada al nombre de su padre, Ocimenes, para el que hasta el momento no se ha propuesto ningún juego de palabras etimológico que justificase su inclusión en la construcción de Filénide. Por lo que podemos saber “Filénide, hija de Ocimenes” no debería causar una particular impresión entre sus contemporáneos. Por último, ciertamente Samos era una ciudad conocida por sus prostitutas, pero si se desactiva la idea de un uso intencional del nombre de la autora, la procedencia de Filénide no comporta una extrañeza mayor.

Podemos poner los argumentos en perspectiva moderna. Wilhelmina Drucker, autora de una Ética sexual, nació en Ámsterdam, ciudad conocida por su ‘barrio rojo’ y el primer componente de su nombre es fácilmente etimologizable como ‘voluntad, deseo’. Si contásemos sólo con esos datos creo que asumir que una de las primeras feministas de Holanda es la fachada de un hombre sería un argumento fallido del mismo modo en que reconoceríamos una poco sofisticada falacia en considerar que Drucker fuese una prostituta por ser de Ámsterdam.

Más recientemente Sandra Boehringer, a través de una minuciosa deconstrucción de la figura de Filénide en todos sus testimonios, ha llegado a una conclusión más escéptica: que fuese real o una ficción, un hombre o una mujer, incluso su misma relación con P.Oxy. 2891 es, todo ello, irrelevante. Filénide dejó de ser una persona para convertirse en un nombre y una función en el que encajar un poderoso constructo cultural.

Pese a las expectativas iniciales parece que, una vez más, sólo tenemos nombres desnudos.

Diego Corral Varela

2000 años de Ovidio

Hoy se inaugura en la Biblioteca Universitaria de Salamanca la exposición “2000 años de Ovidio”.

La Biblioteca Universitaria, como depósito del saber que es y ha sido desde sus comienzos, está en condiciones óptimas para iluminar las variadas facetas de Ovidio e ilustrar su presencia en nuestra historia cultural. Así lo hace a través de esta exposición de cinco libros que contienen distintas obras del poeta, una muestra pequeña en proporción a la riqueza de fondos de que dispone; y lo hace quizá en el lugar más apropiado para ello, en la Sala del Cielo de Salamanca, bajo las constelaciones de Fernando Gallego.

De esta manera la Universidad de Salamanca, a punto de cumplir ella misma 800 años, se suma a la celebración del bimilenario de Ovidio, lo que ha sido posible gracias a la colaboración de la Biblioteca Universitaria, Actividades Culturales y el Departamento de Filología Clásica e Indoeuropeo.

Para más información remitimos a la entrada correspondiente en la página web de la Biblioteca Universitaria

Fechas: 18 octubre – 17 diciembre 2017.
Lugar: Universidad de Salamanca. Escuelas Menores, Sala Cielo de Salamanca
Horario: Lunes a sábado de 10 a 14 h. y de 16 a 19 h. Domingos y festivos cerrado.

Susana González Marín

Día de las escritoras… antiguas (y no tan antiguas)

Aprovechando la iniciativa emprendida por la Biblioteca Nacional de España y otras asociaciones de convertir el primer lunes tras el 15 de octubre, día de Santa Teresa, en el día de las Escritoras para reivindicar la labor y el legado de las escritoras a lo largo de la historia (según especifica la página web de esta institución), el blog Notae tironianae inicia una serie de entradas sobre escritoras de la antigüedad clásica.

Iniciamos con una escritora no antigua pero interesada en el mundo antiguo: Simone Weil.

Simone Weil nació en París en 1909 y murió en Ashford en 1943.

Estudió filosofía, siendo discípula de Alain, y literatura clásica en la Escuela Normal de París. Posteriormente, compaginó su trabajo como docente en diversos liceos con estancias en fábricas para conocer de primera mano la opresión a la que estaban sometidos los obreros de su época.

Los últimos años de su vida los dedicó al estudio, traducción y comentario de poetas y filósofos griegos, con el afán de hacer accesibles a las masas populares la esencia del espíritu griego contenido en ellos.

Esta pretensión es perfectamente perceptible en su artículo «La Ilíada o el poema de la fuerza». Escrito entre 1939-1940 para la Nouvelle Revue française, no pudo ser publicado en el París ocupado. Finalmente, los Cahiers du Sud lo publicaron en Marsella (diciembre de 1940-enero de 1941) bajo el nombre Émile Novis (anagrama de Simone Weil).

A continuación presentamos un par de fragmentos extraídos de este artículo y recogido en el volumen La Fuente Griega (que reúne todos los escritos sobre el tema que conservamos de Weil) en la editorial Trotta (2005).Simone Weil

Quienes habían soñado que la fuerza, gracias al progreso, pertenecía en adelante al pasado, han podido ver en ese poema un documento; los que saben discernir la fuerza, hoy como antaño, en el centro de toda historia humana, encuentran ahí el más bello, el más puro de los espejos.

[…]

A pesar de la breve embriaguez producida en el Renacimiento por el descubrimiento de la literatura griega, el genio de Grecia no ha resucitado en el curso de veinte siglos. Aparece algo en Villon, Shakespeare, Cervantes, Molière, y una vez en Racine. La miseria humana es puesta al desnudo, a propósito del amor, en «L’Ecole des Femmes», en «Fedra»; extraño siglo, por otra parte, donde, al contrario de la edad épica, sólo se permitía percibir la miseria del hombre en el amor, mientras que los efectos de la fuerza en la guerra y en la política debían estar siempre envueltos de gloria. Quizá se podrían citar otros nombres más. Pero nada de lo que han producido los pueblos de Europa vale el primer poema conocido que apareciera en uno de ellos. Recuperarán tal vez el genio épico cuando sepan no creer nada al abrigo de la suerte, no admirar nuca la fuerza, no odiar a los enemigos y no despreciar a los desdichados. Es dudoso que esto suceda pronto.

Marta Martín Díaz

 

Felices 2087, Virgilio

Hoy Virgilio hubiera cumplido 2087 años.

Silio Itálico, el poeta épico del siglo I d. C., según Plinio el Joven (epist. 3, 7, 8), celebraba todos los años el cumpleaños de Virgilio como si fuera el suyo propio, llegando incluso a ir a Nápoles a visitar su tumba con una devoción que se diría religiosa.

Nosotros no vamos a llegar a eso, pero al menos romperemos nuestro habitual descanso del fin de semana para decir:

Felicidades, Virgilio