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La Filología clásica en la historia de la Universidad de Salamanca

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Premio Fotoclásica

Reproducimos a continuación la foto ganadora del concurso Fotoclásica (para estudiantes de ESO y Bachillerato), organizado por nuestro blog, el Departamento de Filología Clásica e Indoeuropeo de la USAL y la Delegación local de Salamanca de la SEEC. En días sucesivos publicaremos el 2º y 3º premio.

Esperamos poder repetir la experiencia el curso que viene. Gracias a todos los participantes y enhorabuena a los ganadores.

El jurado compuesto por Francisco Cortés Gabaudán, Mercedes Encinas Martínez y Eusebia Tarriño Ruiz, profesores del Dpto. de Filología Clásica e indoeuropeo de la Universidad de Salamanca, ha acordado conceder el 1er premio al conjunto fotográfico titulado Dos centauros. Su autora es Luzdivina Martín Arribas, del IES Leonardo da Vinci de Alba de Tormes. La profesora que ha enviado la foto es Irene Montero Sánchez.

DOS CENTAUROS 2

DOS CENTAUROS
Aparecen dos centauros en la decoración de la tribuna o coro de la iglesia de Macotera (Salamanca).
Los dos centauros pertenecen a la mitología griega, con la particularidad de que aquí tienen alas, y atacan con un tridente.

 

¿Cognitio?

En la página web de la USAL leemos que con motivo del VIII centenario de la Universidad de Salamanca va a comenzar el rodaje de una serie titulada Cognitio, un proyecto en el que participan el Ayuntamiento de Salamanca y la propia Universidad. Se trata de una coproducción de TVE con La Cometa TV, bajo la realización de Iñaki Peñafiel (Víctor Ros, La Sonata del silencio, Los misterios de Laura, El tiempo entre costuras, entre otras )

Su emisión está prevista en la 1 de TVE a lo largo de 2018; es un thriller, ambientado en 1542, protagonizado por cuatro estudiantes de la Universidad de Salamanca que descubrirán una nueva forma de ver la vida gracias a un profesor agustino.

Como tantas otras veces, el latín se usa para dar un barniz determinado de prestigio. Sobre la idoneidad del título en este caso tendremos que esperar para verla.

Por cierto, buscan figurantes.

Complejo termal en Fresno Alhándiga

Varios de nuestros seguidores nos hacen llegar esta noticia publicada en La Gaceta de Salamanca: dentro de un proyecto (ATAEMHIS) de la Universidad de Salamanca (financiado por la Junta de Castilla y León) se han descubierto restos de un complejo termal cerca de Fresno Alhándiga. A pesar de los daños que el trabajo agrícola ha causado, se han localizado un hipocausto, correspondiente al sistema de calefacción de las antiguas termas romanas, un pavimento de mosaicos con varios restos en los que se pueden apreciar diversas formas y figuras y dos pavimentos de opus tesselatum. Se ha delimitado el frigidarium, una sala pavimentada en la que se encontró un pequeño pozo circular. Una de las estancias estaba pavimentada con un mosaico (quizá el tepidarium) con representaciones de peces y delfines, de unos 17 metros cuadrados, aunque no se conserva en su totalidad.

Si queréis conocer con más detalle estos descubrimientos os remitimos a la publicación “Los Villares (Fresno Alhándiga, Salamanca): un complejo termal junto a la Vía de la Plata” de Verónica Pérez de Dios y Mª de los Reyes de Soto García, de donde hemos extraido las imágenes.

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Reconstrucción y detalles del mosaico

A Don Miguel de Unamuno y Jugo

Era obligatorio que este curso, antes o después, dedicáramos en Notae Tironianae una entrada a Don Miguel de Unamuno y Jugo, catedrático de griego y dos veces rector de la Universidad de Salamanca. A este bilbaíno, cuyo busto preside desde su jubilación en 1934 las señoriales escaleras interiores del Palacio de Anaya –escaleras que, según cuentan, prefería después de aquello evitar para no “toparse consigo mismo”- se le han dedicado también varias actividades y jornadas en el marco del octavo centenario de la Universidad.

Y es que don Miguel no pasó inadvertido por esta ciudad, sino que se hizo notar y valer en los difíciles momentos políticos que le tocó vivir –dictadura de Primo de Rivera, durante la que fue desterrado, Segunda República y posterior estallido de la guerra civil-, amplificando desde su posición de rector pensamientos que no gustaban ni a muchos de sus colegas ni a las altas esferas políticas de Madrid. Consideraba que “unos cuantos sabios, verdaderos sabios, maestros de verdad, guardan más a la patria que algunos batallones”, que “los estudiantes están llamados a demostrar la ineptitud de los profesores” y escribió también que “la experiencia le ha enseñado que la mayor parte de las veces en que se dice de uno que sabe algo, pero no sabe enseñarlo, es que en realidad no lo sabe bien o no quiere enseñarlo.” Seguro que más de uno se dio por aludido secretamente con esta última sentencia.

Miguel de Unamuno y Jugo nació en Bilbao en 1864, estudió Filosofía y Letras en Madrid, adquiriendo el título de doctor con solo 20 años -eran otros tiempos- con una tesis titulada Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca. Volvió entonces a su ciudad natal donde comenzó a trabajar en colegios e institutos como profesor de latín, psicología y ética mientras daba también clases de español a marineros ingleses y noruegos en el puerto y preparaba oposiciones para catedrático. En 1891 se casó  con la que sería su compañera de toda la vida, Concha Lizárraga y obtuvo la cátedra de griego –sí, sí, de griego, que en la propia visita guiada a su museo es algo que pasa inadvertido- de la Universidad de Salamanca, a donde el joven matrimonio se trasladó. En esta ciudad, de la que escribió que “es el tranquilo curso de tu vida / como el crecer de las encinas, lento, / lento y seguro”, don Miguel vio crecer a su familia, su obra y su prestigio como profesor hasta ser nombrado rector de la universidad en 1900.

En ese momento se mudó con su familia a la casa rectoral construida en la calle Libreros junto a la fachada plateresca de la universidad, y que hoy día alberga su museo -visita guiada más que recomendable, de lunes a viernes de 10 a 14- y la sede de la Asociación de amigos de Unamuno. Curiosamente, aunque el salón del piso inferior fue utilizado durante muchos años para recepciones, claustros, etc., la familia Unamuno fue la única que habitó la vivienda de los pisos superiores, puesto que don Miguel ha sido el único rector que vivía de alquiler en la ciudad.

Estaba don Miguel en la cúspide de su carrera académica y en el ecuador de su vida -tuvo la particularidad de vivir el mismo número de años en el siglo XIX que en el XX, 36 en cada uno-, pero todo lo que sube baja y esa segunda parte estuvo colmada de difíciles momentos: en 1902 murió su tercer hijo, Raimundo, enfermo desde hacía varios años. Sufrió entonces una severa crisis personal y espiritual –la religión, la fe y Dios o la ausencia de ellos siempre fueron temas importante para él, recurrente en sus obras y reflexiones-. Seis años después murió su madre, con lo que se agudizó su crisis personal. En 1914, coincidiendo con el estallido de la Primera Guerra Mundial y la publicación de Niebla, su novela más famosa, don Miguel fue destituido como rector por crítica a Alfonso XII.

En 1921 se le restituyó provisionalmente en el cargo pero dos años más tarde, durante la dictadura de Primo de Rivera, fue desterrado a Fuerteventura y más tarde llegaría a Francia. Durante esta época fue realizado en Hendaya por Víctor Macho el famoso busto de las escaleras del Palacio de Anaya –en este enlace se puede leer una anécdota entre el escultor y el pensador-. En 1930 tras la dimisión del dictador pudo don Miguel volver a Salamanca, a su familia y a sus cargos, comenzando su segundo mandato como rector. Pero la vida le dio poca serenidad, pues en pocos años murió su hija Salomé, su esposa Concha y estalló la guerra civil. A raíz de este último hecho tuvo lugar en el Paranínfo de la universidad, durante el acto de apertura del curso académico, el enfrentamiento contra el general Millán Astray, donde pronunció sin duda su discurso más recordado y citado (del que a veces se han apropiado indebidamente), que merece, pienso, un contexto mayor que aquel al que se suele reducir:

“Este es el templo de la inteligencia, y yo soy su sumo sacerdote. Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Yo siempre he sido, diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio país. Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España.”

Esto le costó el arresto domiciliario en su casa de la calle Bordadores –hoy día una casa privada que presenta en su fachada una placa conmemorativa-. Allí murió de pena, solo, el 31 de diciembre de 1936. Allí enfrente, ante la estatua del pensador, político, escritor, filólogo que dominaba once lenguas distintas, catedrático de griego y antiguo rector, se realiza cada 31 de diciembre una ofrenda floral como la que tuvo lugar este año el día de su onomástica y cumpleaños ante el busto de filología.

Quien dijera en repetidas ocasiones eso de “me duele España” y que “aquí, en Salamanca, se oye a uno pensar” dejó escritos cientos de artículos, libros y ensayos inmortales. Comparto, para cerrar esta entrada, algunas de sus reflexiones más queridas para mí como filóloga y lígrima charra, extraídas de una selección realizada por J. Agustín Torijano hace 15 años, de donde he sacado también las que pueblan las líneas anteriores:

“La lengua es la sangre del alma, el vehículo de las ideas”

“La figura del mundo nos la dio la palabra: la visión salió del son. El habla nos enseña a ver. Nombrar una cosa es definir su idea, marcar su contorno. Porque idea quiere decir en su rigor etimológico visión.”

“No conoce ni su propia lengua quien solo ella conoce”.

“El niño nace artista y suele dejar de serlo en cuanto se hace hombre. Y si no deja de serlo, es que sigue siendo niño.”

“Luego que ha cesado el vocerío estudiantil, cuando están cerradas y mudas las aulas, en horas o en días de vacación, sobre todo en las tardes del verano, ese patio de las Escuelas Menores, con su broncíneo fray Luis de León en el centro, sobre su pedestal, con un eterno gesto de apaciguamiento, es algo que habla al alma de lo eterno y lo permanente. No doy por nada del mundo este patio, henchido en su silencio de rumores seculares, ese patio sin ruido de tranvías ni de ferrocarriles ni de vana agitación humana.”

Isabel Varillas Sánchez

Studium, Alumni, Diarium, Eventum, Nuntiatum, Nucleus y otros latinajos de la web de la USAL

¡Cuántos términos latinos aparecen en nuestro entorno más cercano! ¡Y eso sólo en la página institucional de la Universidad de Salamanca! Servicios, aplicaciones, plataformas y asociaciones están dotados de nombres muy sonoros en latín elegidos con mayor o menor acierto.

Studium, por ejemplo, se llama desde hace tiempo el Campus virtual de nuestra Universidad. Me parece de los nombres mejor escogidos, puesto que evoca nuestro antiguo Studium generale. Por cierto, campus también es un término latino y ha penetrado en la lengua castellana, aunque su éxito se debe más a la mediación del inglés que a su origen latino, como reconoce el diccionario de la RAE (Del ingl. campus, y este del lat. campus ‘llanura’).

Sin embargo, a diferencia de “campus”, ni studium, ni diarium ni alumni, ni ninguna de las demás palabras que encabezan esta entrada son castellanas, así que plantean problemas distintos. Especialmente llamativo es el caso de Alumni: se trata del nombre escogido para la Asociación de antiguos alumnos de la Universidad de Salamanca. Es el plural del sustantivo alumnus, -i, masculino de la 2ª (por cierto, me extraña que los defensores/as del “alumnos/as” o del “alumn@s” no se hayan quejado): aunque podría haberse escogido el singular con valor genérico, el plural está lógicamente justificado puesto que se trata de una asociación que sin duda pretende tener más de un miembro. Es de suponer, pues, que el responsable del nombre haya escogido la forma del plural deliberadamente. Por eso hace daño a la vista leer en la página oficial de nuestra Universidad unos cuantos enunciados que no han tenido en cuenta la pertinencia del número. Por ejemplo “Encuentra otro alumni.” (¡Ay, madre!), o la acuñación de una expresión análoga a la de MI USAL: Mi alumni.

En conclusión, ahí ha quedado la tan cacareada vitalidad del latín, de la que se habló tanto el curso pasado (lee aquí la entrada correspondiente). La batalla está perdida, y no hay que mirar muy lejos para verlo. Si queremos encontrar más pruebas aconsejamos la recopilación de gazapos latinos cometidos por ilustres representantes de la cultura española que recogió ya hace unos años el prof. González Manjarrés en su artículo “El mal uso del latín: por favor, no pisen al muerto” (Nos lo envía Begoña Alonso y lo podéis leer en el blog La túnica de Neso pinchando aquí).

Eso sí, luego dirán: “Mira estos de letras, a qué tonterías se dedican”. Pero, amigos, ¿y lo que visten los latines en citas, actos, protocolos, paredes y páginas web?

Susana González Marín