Helena Cambó y la fundación Bernat Metge

Publica la Vanguardia (23/1/2021) el obituario, redactado por Raül Garrigasait, de Helena Cambó Mallol, que ha fallecido a los 92 años. Es esta una buena excusa para que recordemos en el blog la gran aportación a los estudios clásicos de la Col-lecció Bernat Metge que creó en 1922 su padre, Francesc Cambó, para traducir al catalán los clásicos griegos y latinos. Cuando Cambó murió, fueron su hija Helena y su marido, Ramón Guardans, quienes velaron para que se continuara publicando la colección, que en la actualidad comprende más de cuatrocientos clásicos griegos y latinos. Desde el año 2017, el grupo editorial Som asume la continuidad de la colección. Cada volumen contiene una cuidada introducción, el texto original establecido acompañado del correspondiente aparato crítico y su traducción, ilustrada con abundancia de notas. La colección toma su nombre de Bernat Metge (s. XIV), uno de los primeros representantes del humanismo en las letras catalanas.

Dibujos para enseñar lenguas clásicas

Hoy os dejamos el enlace, que ha enviado a Mª Ángeles Martín César Fornis, a una publicación de Alejandro Valverde sobre la utilidad del cómic en la didáctica de las lenguas clásicas: “DIBUJANDO EL PASADO: GRECIA Y ROMA A TRAVÉS DE ILUSTRACIONES”, Thamyris, n. s. 11 (2020), 15-34

Fijen la asignatura de griego en el Bachillerato

Nos envía Javier San José el enlace al programa Hoy por hoy de la Cadena Ser (27/1/2021): La lucha de las alumnas de un instituto de Tomares para la supervivencia del griego como asignatura: Un grupo de adolescentes del IES Néstor Almendros de Tomares (Sevilla), ponían en marcha una iniciativa en la que reclaman sus clases de griego en Bachillerato. Hasta 2014 el Bachillerato de Humanidades contemplaba la obligación de cursar dos años de griego, pero ahora es una troncal optativa en 1º y 2º. Eso significa que si no hay suficientes alumnos que quieran cursar griego en sus institutos, la asignatura deja de impartirse. Por eso, las alumnas del instituto Néstor Almendros han decidido hacer una petición a change.org para que en ningún caso la asignatura desaparezca.

Puedes leer la noticia y ampliar la información en la entrada del blog PAU (y EBAU) Latín y griego

Tomás de Aquino y el autómata de Alberto Magno

Muchas veces Tomás de Aquino ha aparecido en el blog, siempre en su faceta más solemne, pero hoy lo recordamos como protagonista de una leyenda.

Oportunamente hace pocos días he recibido como regalo el libro de Jesús Callejo Cabo El mundo encantado de Castillla y León (ilustraciones de Tomás Hijo, Museo etnográfico de Castilla y León, Salamanca 2019), que en principio poco tiene que ver con nuestro blog, pero donde menos se espera salta la sorpresa: el colofón del libro, que está reproducido arriba.

En efecto, la leyenda dice que Tomás de Aquino destruyó un autómata que había fabricado su maestro Alberto Magno (1193-1206), teólogo y hombre de ciencia de saber enciclopédico.

La primera noticia al respecto está en una obra titulada Rosaio della vita, un tratado moral que apareció en 1373 y que se ha atribuido al comerciante florentino Matteo Corsini (1322-1402). La obra ilustra varias virtudes clásicas y cristianas a través de ejemplos, entre los que se cuenta una versión de la leyenda que todavía no implicaba a santo Tomás y que advertía de los graves perjuicios que acarrea la ignorancia: un monje, cuyo nombre no se menciona, entra a la habitación de Alberto y, al escuchar al autómata hablar, piensa que es un invento del Maligno y lo rompe. Alberto se enfada muchísimo porque había tardado treinta años en fabricarla.

De Alonso Fernández de Madrigal, El Tostado (1410-1455) –Comentario al libro de los Números 21, 4-9-, es la versión que más éxito ha tenido, mencionada en el libro de Callejo: hay cabezas de metal, que, construidas por astrólogos, son capaces de responder a todas las preguntas y cita el ejemplo de la que fabricó Alberto Magno, atribuyendo, sorprendentemente y sin mencionar ninguna razón, a Tomás de Aquino su destrucción. De paso Fernández de Madrigal habla de la existencia de otra cabeza similar en Tábara (Zamora), que, colocada en un lugar elevado, avisaba cuando algún judío entraba en la ciudad -¡Iudaeus adest!- y no paraba de gritar hasta que el judío se marchaba. Esta también acabó destruida porque los vecinos ignorantes creían que mentía (podemos imaginarnos cuál fue el verdadero motivo).

Susana González Marín

Dominio, el nuevo libro de Tom Holland

            En marzo de 2020 apareció en la editorial Ático de los libros el último libro de Tom Holland traducido al español: Dominio. Una nueva historia del Cristianismo. Tom Holland, graduado en Inglés y Latín por la Universidad de Cambridge, abandonó sus estudios de doctorado cuando preparaba su tesis sobre Byron y se dedicó a la escritura de novelas y, más tarde, a la de obras de tipo histórico (Rubicón, El fuego persa, Dinastía…). Además, unió su vida profesional a la larga lista de ilustres colaboradores en programas de historia en la cadena de radiotelevisión británica (Edith Hall, Mary Beard, Gilbert Murray, etc.) y dirige desde hace más de diez años una serie de historia (“Making History”) en el canal 4.

            En Dominio Holland nos presenta un estudio sobre el cristianismo y su devenir a lo largo de los siglos hasta nuestros días. Como muchos otros autores, reconoce la influencia decisiva que el Cristianismo ha tenido y sigue teniendo en nuestra civilización occidental. Instituciones como las universidades, la aparición de la ciencia tal y como la entendemos hoy en día (aunque esto pueda parecer paradójico, científicos ateos de la categoría de Peter Atkins también reconocen en el Cristianismo la motivación primera que empujó y sigue empujando a muchos al estudio científico de la naturaleza) o la Declaración Universal de Derechos Humanos, entre muchos otros logros de nuestra civilización, no se entienden sin la influencia del Cristianismo.

            En los primeros capítulos del libro (los que más nos pueden interesar) Holland intenta dar una respuesta al gran interrogante que se siguen haciendo los estudiosos de las religiones: ¿cómo es posible que una religión como el Cristianismo, aparentemente nacida para el fracaso, lograra triunfar, imponerse al resto y convertirse en la mayoritaria del Imperio? Holland responde a esta pregunta apuntando a cuatro causas fundamentales. En primer lugar, el Cristianismo es una religión universal, que aspira llevar la salvación tanto a judíos como a gentiles, no se trata de una religión de un imperio, de un pueblo, de una nación; en ella, en definitiva, cabe todo el mundo. En segundo lugar, predica la igualdad en el sentido de que, si todos somos hijos de Dios, no hay nadie que esté por encima de nadie, todos somos hermanos. En tercer lugar, lucha por la libertad del individuo; en palabras de San Pablo “Donde está el Espíritu de del Señor, allí hay libertad.” Y, por si todo esto fuera poco, exige a sus creyentes un comportamiento coherente con sus creencias; la élite cultural romana, que empezó a ver como algo peligroso al cristianismo a partir del s. II d.C., reconocía en lo cristianos algo excepcional: según Galeno, los cristianos eran dignos de admiración porque, siendo gentes de nula cultura, sin embargo conocían y llevaban a la práctica las grandes virtudes estudiadas por la filosofía antigua.

Ignacio-Tadeo Baciero Ruiz

Asesinato en Roma

F. Javier Herrero publica en El País (25/1/2021): Mil maneras de morir en Roma, a propósito de la publicación en España de Sangre en el Foro. Los asesinatos de la Antigua Roma de la historiadora Emma Southon (Pasado y presente 2020). Reproducimos el texto a continuación

Escuela de gladiadores de Lentulo Batiato, en Capua (a pocos kilómetros de Nápoles), año 73 a. C. Dos patricios y sus esposas han viajado hasta allí para contratar la lucha de dos parejas de gladiadores. Ellos ofrecen una cantidad astronómica, pero con la condición de que el combate sea a muerte. Salen a la arena un etíope y un tracio. Ambos se golpean con extrema dureza mientras los patricios conversan sosegadamente en el palco sobre el ambiente político en Roma. El etíope consigue derribar al tracio y acerca su tridente al cuello de este, que cierra los ojos y asume su final. El vencedor mira al palco y una de las mujeres mueve su pulgar hacia abajo: el gladiador tracio ha de morir. Pero el etíope duda, ¿por qué tiene que obedecer una orden brutal y caprichosa y asesinar a su compañero? La duda se convierte en ira y lanza su tridente contra los ocupantes aristócratas del palco. Todos los que hayan visto Espartaco, el mejor péplum de la historia del cine, recordarán este momento memorable de la película. El etíope perdona la vida a Espartaco, pero en Roma la vida, por sí misma, no tiene ningún valor. Nadie tiene el derecho a ella. Solo aquellos que poseen grandes riquezas y han obtenido logros militares o políticos gozan de algo similar al derecho a la vida.

”Hay pocas sociedades que hayan venerado tanto como los romanos la muerte deliberada e intencionada de hombres y mujeres, y que se hayan deleitado tanto con ella”, afirma Emma Southon en la introducción de Sangre en el Foro. Los asesinatos de la Antigua Roma, publicado por Pasado y Presente a finales de 2020. Esta obra es la segunda de la joven autora británica, que ya sorprendió muy gratamente con Agripina. La primera emperatriz de Roma —publicada en la misma editorial, una revisión de la vida de Agripina la Menor, esposa y sobrina de Claudio y madre de Nerón. “La cultura de Roma estaba respaldada por la esclavitud y la guerra y para que una vida significase algo al gobierno del Imperio tenía que haber contribuido de manera muy visible a él. Solo la gente con mucha dignitas (honor) y fama (reputación) estaban protegidos por el Estado”, detalla Southon en declaraciones por correo electrónico. Esto no significaba que los romanos no llorasen la muerte en una familia o a nivel personal. Incluso los que fueron esclavizados eran llorados por alguien. “Se trata de que estas muertes no tenían impacto a un nivel cultural más amplio. La vida humana era bastante prescindible”, explica la historiadora.

Quien se acerque a Sangre en el Foro difícilmente va a soltar el libro hasta que llegue a su última página. Con un estilo divertido, fresco e irreverente, la doctora en Historia Antigua por la Universidad de Birmingham sumerge al lector en el mundo más turbio de una civilización tan compleja y fascinante como la Antigua Roma. Hay autores, como la también británica Mary Beard, que han demostrado saber conectar con el gran público en un ámbito que podría resultar pedregoso, y Southon lo consigue de manera magistral.

Mediante un esquema de tríadas de minirrelatos que abordan los asesinatos en todos los niveles sociales y políticos, la historiadora presenta el crimen y la muerte en la familia, el Senado, entre los emperadores, con el uso de la magia… De esta manera, el lector se ve en medio de situaciones hilarantes, como la del emperador Tiberio convertido en una especie de Miss Marple de Roma, investigando la muerte de Apronia, la esposa del pretor Plaucio Silvano, en la misma escena del crimen. El historiador Paul Veyne afirmó que los romanos sufrían una “neurosis nacional” asociada al parricidio. Aquellos que hayan buscado en Internet el significado de poena cullei sabrán que eso era lo que esperaba en la Antigua Roma al que se atrevía a matar a sus padres. Se la conocía como la pena del saco y era horrorosísima. Los que no hayan oído hablar de este espanto será mejor que lo conozcan leyendo Sangre en el Foro porque sentirán la truculencia de que eran capaces los romanos, pero también pasarán un buen rato. Como último ejemplo, a alguien le tenía que caer el sambenito de ser el primer asesino en serie de la historia. Ese papel ha sido reservado a Locusta, la más famosa de las envenenadoras de Roma. Tres veces usó Nerón sus artes para intentar matar a su madre, Agripina, según Suetonio. Lo que no sabía Nerón es que, según relata Southon, “su plan quedó frustrado porque Agripina tomaba varios antídotos al día” (que solo podían proceder de Locusta).

El carácter esclavista del Estado romano es esencial para comprender esta civilización. Los esclavos eran los glóbulos rojos del sistema circulatorio de Roma, su base social y económica. “La esclavitud es fundamental para la gloria de Roma. Cuando Julio César volvió de Galia proclamó que había matado a un millón de galos y había esclavizado a otro millón. La esclavitud hacía que todo funcionase con suavidad e hizo posible que el Imperio fuese tan opulento y civilizado como lo fue”, señala Southon. Los romanos y los habitantes libres del Imperio podían ser víctimas de la violencia arbitraria, pero esta era incomparablemente menor a la que sufrían los esclavos, tan enorme que no es cuantificable porque sus vidas valían lo mismo que un objeto o un animal doméstico. “Roma se construyó sobre la opresión y sufrimiento de innumerables millones de personas esclavizadas a lo largo de muchos siglos y eso es algo de lo que se debería hablar”, enfatiza la autora británica.

El manejo de las fuentes romanas es algo peliagudo para un asunto como el de los asesinatos en la historia de Roma. Un ejemplo de ello es el de Julio César, del que hay una cantidad inmensa de documentación de la época, pero no de cuando el crimen sucedió. En su obra, Southon ofrece pistas para conocer las fuentes antiguas, sus posicionamientos y sus puntos débiles, entre los que sobresale la misoginia. En Roma la manipulación informativa ya se practicaba con soltura y contar con claves para entender el grado de fiabilidad de los historiadores romanos es de agradecer. Tras este cúmulo de muerte y violencia, las palabras de Southon en la conclusión del libro son esclarecedoras: “Echar una mirada al asesinato en el mundo romano nos permite imaginarlo desde la perspectiva de los desamparados, de las víctimas, de los perdedores, y no solo de los triunfadores. El asesinato nos permite atisbar cuán parecidos y, a la vez, cuán diferentes de nosotros eran los romanos”.

EMPERADOR DE ROMA, UN CARGO DE ALTO RIESGO

Cuando se estudian las frías estadísticas y el número de emperadores romanos muertos violentamente -el 58% de ellos fue asesinado o se suicidó y el tiempo medio de reinado fue de 7,8 años- es imposible evitar la cuestión de cómo el Imperio, como sistema político, pudo resistir este nivel de violencia en el puesto de la autoridad suprema. En la imagen, la moneda es un áureo de Calígula, primer emperador asesinado, con su padre Germánico (a la derecha) en el reverso. Según Emma Southon, un emperador de éxito tenía que ser un líder militar fuerte -para controlar el ejército-, un político diplomático experto -para controlar al Senado- y una figura carismática y generosa, para ganarse el afecto del pueblo de Roma. “Lo que hace realmente débil al sistema imperial romano es que, después de 69 d. C. [con el final de la dinastía julio-claudia], cualquiera puede ser emperador. No hay una línea sanguínea mágica o divina ni ninguna prueba que pasar. Cualquiera con una espada puede intentarlo”, destaca.

Todas las transformaciones políticas de calado en Roma se ejecutaron con un asesinato y la idea del líder romano que se subleva y mata a un mal gobernante es parte fundacional de la identidad romana, según la autora británica. “Casi siempre, eso solo daba a los malos la excusa para matar a otros malos, pero ocasionalmente algún hombre, al que nosotros no consideraríamos bueno, era al menos popular y mataría a uno malo”, concluye irónicamente Southon.

Cine sobre la Grecia judía

Charo Lumbreras informa de esta interesante iniciativa HERITAGE AND MEMORY: A FOCUS ON JEWISH GREECE THROUGH CINEMA, un festival de cine ligado al recuerdo de las víctimas del Holocausto. Desde mañana, 27 de enero, hasta el 6 de febrero pueden verse gratuitamente varias películas de ficción y documentales sobre el tema. Dentro del programa, destaca la impactante “Kisses to the Children”, de Vassilis Loules, en griego moderno y subtitulada en inglés.



Philobiblon: el amor a los libros y la gestión de las bibliotecas.

El Mercurio salmantino

El blog amigo Universo Abierto nos deleita con un libro muy especial para los amantes del libro antiguo, de las bibliotecas y de la lectura. Se trata de El Philobiblon: el tratado más antiguo sobre el amor a los libros y la gestión de lasbibliotecas.

Compartimos aquí su interesante post.

El “Philobiblon” es una colección de ensayos sobre la adquisición, preservación y organización de libros escritos por el bibliófilo medieval Richard de Bury poco antes de su muerte en 1345. Escrito en latín, como era la costumbre en la época, se divide en veinte capítulos, cada uno cubriendo un tema diferente relacionado con la recolección de libros. En la obra utiliza el lenguaje del fuego del infierno y la condenación para expresar su devoción por los libros, especialmente los de ciencia e historia. El resultado es maravillosamente entretenido, hilarante y en muchos aspectos completamente moderno.

Philobiblon, Richard de…

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(E)timologías de Luis Piedrahíta

Los seguidores nos comunican que el humorista Luis Piedrahíta inaugura nueva sección en La Ventana de Carlos Francino: “Timologías”, los jueves en torno a las 17.30 en la Cadena Ser. Curiosamente son presentadas como etimologías falsas, pero no lo son: el pasado jueves 21 de enero analizó el origen de “virus”, “mutación” y “cepa”. Os dejamos aquí el enlace de ese programa (a partir del minuto 30). Este es el del primer programa (a partir del minuto 30; origen de “borrasca”, “anticiclón”, “estufa”).

Dos comentarios:

Quiero imaginar que detrás hay un guionista, licenciado en Clásicas, al que después de estar en paro varios años le ha salido este trabajillo temporal, pero lo más probable es que no sea así, sino que han descubierto en un rincón, real o virtual, un Diccionario etimológico.

Sin duda, la presencia del mundo clásico en los medios populares es muy notable, eso sí, siempre como algo superfluo e inútil -expresamente en esta sección se habla de la futilidad de este conocimiento, únicamente válido para aliñar conversaciones con pedantería-; pero es curioso que a la vez la enseñanza de las lenguas clásicas experimente un deterioro imparable.

Esto es lo que hay y conviene que seamos conscientes de ello.

Susana González Marín

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