Enlace

El Partenón de Atenas se podrá alquilar en Airbnb

Tranquilos: es una noticia de El Mundo Today, El Partenón de Atenas se podrá alquilar en Airbnb.

 

Anuncios

Dioses y diosas orbitando Saturno

Los horóscopos babilonios del siglo V a. C. ya marcaban las apariciones de Saturno, ese planeta con nombre de un dios romano, quizá de procedencia etrusca, que se identificaba con el griego Cronos. En el mundo clásico Saturno era un astro familiar: la “estrella” de Saturno a la que llaman los griegos Φαίνων, según Cicerón, (“ea quae Saturni stella dicitur Φαίνωνque a Graecis nominatur“, [nat deor. 2, 52]) y de la que también hablan Virgilio, Propercio, Horacio o Plinio. Dicho de otro modo, el planeta Saturno era perfectamente conocido, a veces no como planeta, pero de cualquier manera un astro con entidad propia.

Ahora, en 2018, lo conocemos un poco mejor. El número de enero de la revista National Geographic dedica un artículo a los descubrimientos de la misión espacial Cassini-Huygens, cuya nave, tras viajar durante 20 años, 15 de ellos observando el sistema de Saturno, ha sido destruida voluntariamente al término de la misión haciéndola desintegrarse contra la atmósfera de ese planeta. Se trataba de evitar cualquier posibilidad de contaminación biológica en caso de que, al terminarse su combustible, chocase con alguna de sus lunas. Y es que en alguna de ellas, como en Encélado o Hiperión, se investiga la posibilidad de hallar bases de una vida primigenia. La sonda partió de la tierra el 15 de octubre de 1997 y ha sido destruida el 15 de septiembre de 2017.

Si uno lee guías del sistema solar o libros de astronomía de hace unos años, se encontrará con el dato de que Saturno tiene 18 satélites, algunos de ellos conocidos a través de la información enviada por las sondas Voyager I y II en 1980 y 1981, porque antes de la exploración espacial solo se conocían 9. Pero ahora los datos han cambiado y Cassini-Huygens nos ha puesto delante nada menos que 62 lunas con órbitas seguras; y sabemos que son más de 30 sus anillos, esos que vio por primera vez Galileo.

Pero lo que yo quería contar trata de nombres, los que tienen esos 62 satélites. Algunos de entre ellos tienen todavía solo una denominación técnica (como S/2004 S13 ó S/2009 S1), pero los demás han recibido ya un bautismo más bello. Los hay con nombres de la mitología gala (como Tavros y Erriapo), de la irlandesa (como Bebhionn), de la mitología inuit (como Kiviuq y Paaliaq), y hay muchos que pertenecen a la nórdica (como Fornjot, Loge o Ymir). Pero los nombres más abundantes, 24, corresponden a la mitología grecolatina.

Fueron dos admirables astrónomos (de ahí el nombre de la misión), el holandés Huygens (1629-1695) y el italiano nacionalizado francés Cassini (1625-1712), sucesor de Galileo como profesor en Bolonia, los primeros en descubrir lunas en Saturno y los primeros en ponerles nombre de titanes y titánides. Esa tradición la siguió otro eminente astrónomo, el germano-británico William Herschel (1738-1822), descubridor no solo de Mimas y Encélado, dos lunas de Saturno, sino también del planeta Urano, desconocido hasta entonces, cuando el sol solo tenía seis planetas. Desde 1973, la denominación de los objetos celestes corresponde a la Unión Astronómica Internacional (IAU) y al parecer, añadiendo otras mitologías, se ha seguido la tradición.

Aquí os dejo la lista de las lunas de Saturno con nombres de la mitología grecolatina ordenadas según el año de su descubrimiento, para que cada cual indague sobre la historia de los personajes en los diccionarios de mitología, en la Wikipedia, o en el Pauly-Wisowa, si se atreve:

Titán (1655), Jápeto (1671), Rea (1684), Tetis (1684), Dione (1684), Encélado (1789), Mimas (1789), Hiperión (1848), Febe (1898), Jano (1966), Atlas (1980), Helena (1980), Prometeo (1980), Pandora (1980), Epimeteo (1980), Calipso (1980), Telesto (1980), Pan (1990), Metone (2004), Palene (2004), Pollux (2004), Dafne (2005), Anthe (2007), Egeón (2008).

(Podéis ver aquí [https://es.wikipedia.org/wiki/Sat%C3%A9lites_de_Saturno] fotos de los satélites de Saturno [algunos de formas inesperadas] y de sus datos astronómicos)

Agustín Ramos Guerreira

¿Cognitio?

En la página web de la USAL leemos que con motivo del VIII centenario de la Universidad de Salamanca va a comenzar el rodaje de una serie titulada Cognitio, un proyecto en el que participan el Ayuntamiento de Salamanca y la propia Universidad. Se trata de una coproducción de TVE con La Cometa TV, bajo la realización de Iñaki Peñafiel (Víctor Ros, La Sonata del silencio, Los misterios de Laura, El tiempo entre costuras, entre otras )

Su emisión está prevista en la 1 de TVE a lo largo de 2018; es un thriller, ambientado en 1542, protagonizado por cuatro estudiantes de la Universidad de Salamanca que descubrirán una nueva forma de ver la vida gracias a un profesor agustino.

Como tantas otras veces, el latín se usa para dar un barniz determinado de prestigio. Sobre la idoneidad del título en este caso tendremos que esperar para verla.

Por cierto, buscan figurantes.

EN LA MUERTE DE ÚRSULA K. LE GUIN

Llega la noticia de la muerte, a los 88 años, de la escritora norteamericana Úrsula K. Le Guin (1929-2018). Sus obras más difundidas (La mano izquierda de la oscuridad, El mago de Terramar) son novelas de ciencia ficción. Sin embargo, los intereses de Le Guin fueron amplios, y produjo obras de géneros diversos: ensayo, literatura para niños, poesía, traducciones. En 2008 escribió una novela basada en la Eneida llamada Lavinia (traducción española, ed. Minotauro, 2009).

Ella misma nos cuenta, al final de la edición inglesa de 2010 (ed. Phoenix), cuál era su relación con el poema virgiliano:lavinia.jpg

“El tercer año de Latín era Cicerón. Yo quería leer a Virgilio, pero tenías que leer primero a Cicerón. Con catorce años, yo no veía razón para gastar un año de mi vida con un abogado muerto, así que dejé el Latín y me pasé al francés, con el que tuve una relación duradera y feliz. Pero a los setenta y tantos me di cuenta de que aún no había leído a Virgilio, así que saqué mi vieja gramática latina y empecé a leer la Eneida, despacio, muy despacio…”

De su amor por el texto virgiliano surgió el deseo de traducirlo, de capturar la esencia virgiliana, y eligió hacerlo “moviendo las escenas y los personajes de Virgilio fuera del poema”, transformando sus peripecias en una novela, cuya protagonista sería Lavinia, la joven latina destinada a casarse con Eneas, y a iniciar con él lo que terminaría siendo Roma, pero que en la Eneida es un personaje apenas esbozado. Continúa diciendo la autora:

“Mi deseo era seguir a Virgilio, no mejorarlo, ni reprobarlo; pero Lavinia misma de informó de que, a veces, el poeta se había equivocado -acerca del color de su cabello, por ejemplo-. Yo la escuché a ella: y también a él. Y entre los dos, me entregaron mi novela. No he escrito ninguna otra con tanta alegría”.

La novela cuenta la guerra entre troyanos y latinos desde el punto de vista de Lavinia; ella es la narradora. La técnica literaria utilizada es el diálogo entre Lavinia y su autor, Virgilio; en mi opinión, le da excelentes resultados. Al poner en primer plano a Lavinia, inclina la balanza hacia lo latino; confiere entidad al paisaje, a la forma de vida, a los ritos y a los dioses del Lacio. También nos acerca a Eneas y los suyos, pero ellos siguen siendo los héroes cuya historia está relatada en la primera parte de la Eneida. Úrsula K. Le Guin nos abre con esta novela otra perspectiva sobre el origen de los romanos, sobre su parte menos heroica y más pegada a la tierra.

El personaje de Lavinia está, obviamente, actualizado, tiene corporeidad, y voluntad, toma decisiones; rechaza su alianza con Turno, y prefiere a Eneas. La autora le escribe una historia de amor en la que, invirtiendo los términos del poema virgiliano ella es quien toma la iniciativa, y Eneas, el personaje secundario. No es en absoluto una novela histórica escrita desde ahora, sino una recreación ampliamente basada en Virgilio, respetuosa con los detalles, que intenta hacer justicia a un personaje que, pese a que su función en la trama es esencial, en la Eneida era casi inexistente. Una novela recomendable para todos los que no la hayan leído.

Mª José Cantó

 

 

 

 

 

 

 

 

Téano, mujer, griega y matemática

Reproducimos el texto de una entrada del blog de José Cervera, Retiario, alojado en El Diario. Nos envía el enlace Diego Corral Varela

Téano, la mujer que sustituyó a Pitágoras

Pitágoras, que vivió en el siglo VI adC, es uno de los primeros matemáticos conocidos por su nombre; ampliamente recordado, entre muchas otras cosas, por su famoso Teorema.

Pero buena parte de su trabajo no era en realidad suyo: se firmaba con su nombre todo lo que publicaban los miembros de su secta, entre los que estaba la primera matemática que conocemos por su nombre: Téano.

Tan brillante era esta mujer que Pitágoras la aceptó en su grupo e incluso le permitió enseñar; aunque el sabio griego tenía sus defectos el machismo no estaba entre ellos.

De hecho Téano llegó a casarse con el sabio griego y a tener varias hijas e hijos con él; hay dudas sobre cuántos. Ella y sus hijos fueron fundamentales para la supervivencia y extensión de las enseñanzas pitagóricas.

Cuando Pitágoras murió, en una revuelta de los ciudadanos de Crotona contra su grupo, que se había hecho con el control de la ciudad, Téano y varias de sus hijas se marcharon llevándose los papeles del matemático y diseminando y ampliando su trabajo.

Se dedicaron a viajar por Grecia y Egipto, donde investigaron y avanzaron no sólo en matemáticas, sino en medicina y otras ciencias; por aquel entonces la multidisciplinariedad era común entre los sabios.

Hay dudas sobre lo que pudo aportar personalmente Téano a los conocimientos de la escuela, pero se sabe que escribió una biografía de Pitágoras y que realizó avances en Teoría de Números, entre ellos un teorema sobre la Proporción Áurea, así como estudios sobre poliedros, cosmología y medicina sobre todo en lo referente a las dolencias de la mujer.

Tras la dispersión de los pitagóricos fue ella la que mantuvo la coherencia de la escuela y continuó su trabajo.

Sin sus aportaciones y las de sus hijas es probable que Pitágoras hubiese quedado relegado al olvido como el semienajenado gurú de una secta exótica. Que escapara a este destino se debe en parte a la primera matemática conocida por su nombre: Téano.

Santiago Juanes y el latín

Mª Ángeles Martín nos envía el artículo de Santiago Juanes publicado el día 22 de enero de 2018 en La Gaceta de Salamanca, donde entre otras cosas deja constancia de la creación de una nueva asociación cultural que lleva el nombre de Beatriz Galindo, La Latina. De paso nos anima a recordar su memoria y a fomentar el aprendizaje del latín.

Santiago Juanes La Gac 22-1-18