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Susana González

 

 

 

 

 

Concurso Odisea de Cultura Clásica

A partir de este curso la sección de Salamanca de la SEEC se incorpora al Concurso Odisea de Cultura Clásica. Tendrá lugar en línea en los centros de secundaria que se inscriban los días 3, 4, 5 y 6 de febrero de 2020. La inscripción estará abierta del 2 de diciembre de 2019 al 31 de enero de 2020 y se hará en línea. El concurso consiste en respuestas a preguntas breves, este año sobre el tema del deporte en la Antigüedad, cada uno de los días de febrero centradas en un ámbito: deporte en la mitología, vida cotidiana, instituciones y literatura grecolatina. Puede participarse por equipos de hasta tres alumnos. Hay una primera fase local los días de febrero mencionados, cuyos ganadores recibirán premios de 60, 45 y 30€. Los ganadores pasarán a la fase estatal que será el 19 de febrero. Toda la información, con las bases y las preguntas frecuentes (FAQ), puede encontrarse aquí. Animamos a profesores y alumnos a que se adentren en esta nueva aventura, esperamos que nada procelosa y con final feliz.

Marco Antonio Santamaría Álvarez

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VI Ciclo de Conferencias en la Casa de las Conchas

Desde el día 13 de enero al 17 de febrero, todos los lunes a las 20 h se está celebrando el VI Ciclo de Conferencias sobre la Antigüedad Grecolatina, “La vida a la sombra del monumento en Grecia, Roma y Oriente”, que organiza la Sección de Salamanca de la SEEC en colaboración con la Biblioteca Pública de la Casa de las Conchas. La entrada es gratuita hasta completar aforo (se recomienda acudir con antelación)

cartel ciclo sombra monumentoMarco antonio Santamaría Álvarez

En el suplemento Babelia de El País podéis leer: De la felicidad estoica a la amistad: enseñanzas del mundo clásico para esta nueva década, donde Jorge Morla repasa las últimas publicaciones relacionadas con el mundo clásico y propone su lectura como guía para el año que comienza. algunos títulos mencionados son: El infinito en un junco, de Irene Vallejo, Latin Lovers, de Emilio del Río; Grecia para todos, de Carlos García Gual; Mi cuaderno estoico de Massimo Pigliucci; Marco Aurelio, de Birley Anthony; o El arte de la buena vida. Un camino hacia la alegría estoica, de William B. Irvine; Mythos, de Stephen Fry; El deporte en la Grecia antigua, de Fernando García Romero; Diez lecciones sobre los clásicos de Piero Boitani; El mundo clásico: ¿Por qué importa?, de Neville Morley; A Ítaca desde el Guaviare, de Rodrigo Verano; la traducción de La amistad en el mundo clásico, de David Konstan; Circe, de Madeline Miller; Si no, el invierno. Fragmentos de Safo de Anne Carson; Fisiognomica de Pseudo Aristóteles. También destaca colecciones de clásicos, no solo las de Gredos o alianza sino otras menos conocidas como Los secretos de Diotima, de Guillermo Escolar Editor, que ha editado a Cicerón (Sobre la amistad), Séneca o Platón (El banquete); o El hilo de lana, de Mármara Ediciones.

Afrodita Antibiótica: antología clásica a los treinta años de la muerte de Jaime Gil de Biedma (ii)

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En favor de Venus
*
(A Carlos Barral)

Orense, 9 de julio de 1952

(…) Quizá te interese saber que mi abstencionismo en materia femenina ha dado fin, hará cosa de dos semanas. He pasado un par de noches avec une vieille catin. Fue bastante agradable y encontré que mi temperamento no había variado mucho desde la última vez que sacrifiqué a Afrodita Pandemos. Aunque creo que lo mejor de la noche fue un relato —digno de la pluma del Bachiller Fernando de Rojas— acerca de un fraile de Bembibre y una mujer casada que se acariciaban en una alta terraza.
Pero Afrodita Urania me ha favorecido aún mucho más que su vulgar tocaya. El sábado, día 5, fui a Coruña; ayer regresé y en ese tiempo todo ha cambiado. Se acabó la nostalgia de Madrid, Barcelona o Segovia, el ansia por licenciarme pronto; ahora desearía no salir nunca de Galicia. Carlitos, amigo mío, estoy profunda y tristemente enamorado, y —tú ya me conoces— estoy sufriendo como un enano.
Malherida iba la garza
enamorada.
Sola va y gritos daba.
Aunque soy apasionadamente correspondido. Pero me siento atada aquí, en Orense, a la roca militar; además, mi «venadico pardo» marcha dentro de algunos meses a Venezuela, definitivamente. Para más detalles te diré —parodiando a Alberto— que es como yo, tiene la inteligencia que necesita y bastante belleza. Nada frenópata ni [pantántara]. (…)

JAIME

**
Lugete, o Veneres Cupidinesque,
et quantum est hominum uenustiorum.
(Catulo, III, 1-2)

Llorad, Venus y Cupidos,1 y cuantos hombres seáis algo sensibles a la belleza.

1. Venus y Cupidos, en plural, seguramente se refiere a las distintas encarnaciones de estas divinidades, ya mencionadas por Platón (Symp. 180d) y admitidas por los poetas alejandrinos. (Traducción y notas de Juan Petit, publicada en 1950)

***

πάντες γὰρ ἴσμεν ὅτι οὐκ ἔστιν ἄνευ Ἔρωτος Ἀφροδίτη. μιᾶς μὲν οὖν οὔσης εἷς ἂν ἦν Ἔρως: ἐπεὶ δὲ δὴ δύο ἐστόν, δύο ἀνάγκη καὶ Ἔρωτε εἶναι. πῶς δ᾽ οὐ δύο τὼ θεά; ἡ μέν γέ που πρεσβυτέρα καὶ ἀμήτωρ Οὐρανοῦ θυγάτηρ, ἣν δὴ καὶ Οὐρανίαν ἐπονομάζομεν: ἡ δὲ νεωτέρα Διὸς καὶ Διώνης, ἣν δὴ Πάνδημον καλοῦμεν. ἀναγκαῖον δὴ καὶ ἔρωτα τὸν μὲν τῇ ἑτέρᾳ συνεργὸν Πάνδημον ὀρθῶς καλεῖσθαι, τὸν δὲ Οὐράνιον. (Platón, Symp., 180d-e)

Todos sabemos, en efecto, que no hay Afrodita sin Eros. Por consiguiente, si Afrodita fuera una, uno sería también Eros. Mas como existen dos, existen también necesariamente dos Eros. ¿Y cómo negar que son dos las diosas? Una, sin duda más antigua y sin madre, es hija de Urano, a la que por esto llamamos también Urania; la otra, más joven, es hija de Zeus y Diones y la llamamos Pandemo. En consecuencia, es necesario también que el Eros que colabora con la segunda se llame, con razón, Pandemo y el otro Uranio. (Traducción de Marcos Martínez Hernández)

****
Pandémica y celeste

quam magnus numerus Libyssae arenae
…………………………………
aut quam sidera multa, cum tacet nox,
furtiuos hominum uident amores.

Catulo, VII

Imagínate ahora que tú y yo
muy tarde ya en la noche
hablemos hombre a hombre, finalmente.
Imagínatelo,
en una de esas noches memorables
de rara comunión, con la botella
medio vacía, los ceniceros sucios,
y después de agotado el tema de la vida.
Que te voy a enseñar un corazón,
un corazón infiel,
desnudo de cintura para abajo,
hipócrita lector –mon semblable,-mon frère!

Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo
quien me tira del cuerpo hacia otros cuerpos
a ser posiblemente jóvenes:
yo persigo también el dulce amor,
el tierno amor para dormir al lado
y que alegre mi cama al despertarse,
cercano como un pájaro.
¡Si yo no puedo desnudarme nunca,
si jamás he podido entrar en unos brazos
sin sentir -aunque sea nada más que un momento-
igual deslumbramiento que a los veinte años!
Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
-con cuatrocientos cuerpos diferentes-
haber hecho el amor. Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen.

Y por eso me alegro de haberme revolcado
sobre la arena gruesa, los dos medio vestidos,
mientras buscaba ese tendón del hombro.
Me conmueve el recuerdo de tantas ocasiones…
Aquella carretera de montaña
y los bien empleados abrazos furtivos
y el instante indefenso, de pie, tras el frenazo,
pegados a la tapia, cegados por las luces.
O aquel atardecer cerca del río
desnudos y riéndonos, de yedra coronados.
O aquel portal en Roma -en vía del Balbuino.
Y recuerdos de caras y ciudades
apenas conocidas, de cuerpos entrevistos,
de escaleras sin luz, de camarotes,
de bares, de pasajes desiertos, de prostíbulos,
y de infinitas casetas de baños,
de fosos de un castillo.
Recuerdos de vosotras, sobre todo,
oh noches en hoteles de una noche,
definitivas noches en pensiones sórdidas,
en cuartos recién fríos,
noches que devolvéis a vuestros huéspedes
un olvidado sabor a sí mismos!
La historia en cuerpo y alma, como una imagen rota,
de la langueur goûtée à ce mal d’être deux.
Sin despreciar
-alegres como fiesta entre semana-
las experiencias de promiscuidad.
Aunque sepa que nada me valdrían
trabajos de amor disperso
si no existiese el verdadero amor.
Mi amor,
íntegra imagen de mi vida,
sol de las noches mismas que le robo.

Su juventud, la mía,
-música de mi fondo-
sonríe aún en la imprecisa gracia
de cada cuerpo joven,
en cada encuentro anónimo,
iluminándolo. Dándole un alma.
Y no hay muslos hermosos
que no me hagan pensar en sus hermosos muslos
cuando nos conocimos, antes de ir a la cama.

Ni pasión de una noche de dormida
que pueda compararla
con la pasión que da el conocimiento,
los años de experiencia
de nuestro amor.
Porque en amor también
es importante el tiempo,
y dulce, de algún modo,
verificar con mano melancólica
su perceptible paso por un cuerpo
-mientras que basta un gesto familiar
en los labios,
o la ligera palpitación de un miembro,
para hacerme sentir la maravilla
de aquella gracia antigua,
fugaz como un reflejo.
Sobre su piel borrosa,
cuando pasen más años y al final estemos,
quiero aplastar los labios invocando
la imagen de su cuerpo
y de todos los cuerpos que una vez amé
aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo.
Para pedir la fuerza de poder vivir
sin belleza, sin fuerza y sin deseo,
mientras seguimos juntos
hasta morir en paz, los dos,
como dicen que mueren los que han amado mucho.

(Moralidades)

*****

Quaeris, quot mihi basiationes
tuae, Lesbia, sint satis superque.
quam magnus numerus Libyssae harenae
lasarpiciferis iacet Cyrenis
oraclum Iovis inter aestuosi
et Bati ueteris sacrum sepulcrum;
aut quam sidera multa, cum tacet nox,
furtivos hominum uident amores:
tam te basia multa basiare
uesano satis et super Catullo est,
quae nec pernumerare curiosi
possint nec mala fascinare lingua.
(Catulo, VI)

Me preguntas cuántos besos tuyos, Lesbia, serían bastante para mí. Tan gran número como las arenas de Libia, que se extienden por Cirene, rica en laserpicio, entre el oráculo del ardiente Júpiter y el sagrado sepulcro del antiguo Bato, o como las estrellas que, cuando calla la noche, contemplan los furtivos amores de los hombres: éstos son los besos tuyos que bastarían a ese loco de Catulo; tantos, que ni los curiosos pudieran contarlos ni echarles una maldición con venenosa lengua. (Traducción de Juan Petit)

******
(A Joan Ferraté)

Barcelona, 21 de octubre de 1963

(…) En cuanto a las restantes piezas, verás que progresivamente me voy aficionando al tema erótico: esa serie ha ido a desembocar en el que estoy escribiendo ahora, que será extenso y llevará un título en el que posiblemente te divierta: «Pandémica y celeste». Quizá ello se deba en parte a que me he pasado las vacaciones leyendo a Catulo, quien me ha despertado furiosos deseos de hacer con él algo parecido a lo que hice en «Albada»; hay sobre todo una pieza de la que me parece que podría dar una versión contemporánea bastante lúcida, la que empieza —no extreme el rigor profesional con mi transcripción—: «Furi et Aureli, comites Catulli…» (…)

JAIME

            *******

Lunes 9 de diciembre [1963]

(…) En otro sentido, sería interesante ir hacia atrás, en busca de los primeros orígenes del poema meditativo-dramático, que constituye la forma moderna par excellence. A pesar de mi escasa cultura en letras antiguas yo señalaría a Horacio y Catulo, cuya a veces impresionante modernidad parece venir de ahí precisamente, y también, en general, a la poesía en dísticos elegíacos.
Me parece indudable, por ejemplo, que la modernidad de fray Luis, el hecho de que yo haya podido aprender composición empapándome —fue Dámaso Alonso quien primero me puso sobre la pista— de la estructura del discurso poético en «A la vida retirada», «A Salinas», «Noche estrellada» y «A Juan de Grial», se debe en gran parte a su horacianismo.
En cuanto a Catulo, las enseñanzas que me ha dejado su lectura —hecha este verano— creo que están ya muy patentes en «Pandémica y Celeste». Si me preguntan qué lecturas debiera hacer ahora —pero hacer en serio, sin contentarme con unos pocos, según he venido haciendo— para favorecer lo que hay de más sólido y también de más actual, de más moderno, en mi poesía, daría más o menos la siguiente lista: poesía clásica china; satíricos y elegíacos latinos (también los griegos, pero menos); antología griega. (Diario de «Moralidades»)

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(A Joan Ferraté)

Barcelona, 23 de noviembre de 1964

(…) Si antes de que esta carta se cierre consigo sacar una copia a máquina, te enviaré con ella «Pandémica y celeste», el poema que me tiene más contento de todos los que he hecho; entre otras cosas, porque me parece que he conseguido asimilar en él cierta cualidad de la literatura clásica que resulta bastante infrecuente en nuestro tiempo; un cierto tono de rudeza, sabiduría erótica, matter-of-factness y sentimentalismo. Que yo sepa, los últimos escritores que, en materia de experiencia erótica, dan la directa sensación de que saben de qué se trata —y de que saben que el lector también lo sabe— murieron en el siglo xviii. Después casi no hay más que didactismo y manuales de vulgarización.
Hubiera querido también ser obsceno, al modo maravillosamente aristocrático y rural de Catulo, pero mis tentativas en esa dirección fallaron por completo. Esto de vivir en una sociedad en que la obscenidad ritual no está aceptada resulta una desventaja demasiado grave. Ahora pienso que la actitud y el tono de los antiguos, cuando hablan de experiencia erótica, son un poco los de los curas cuando hablan, en confianzas, del culto y el clero. They are in; mientras que los escritores modernos están casi siempre —y si son anglosajones, no digamos— definitely out. (…)

JAIME

********

                        Πεντηκονταέτις καὶ ἐπὶ πλέον ἡ φιλέραστος
Νικιὰς εἰς νηὸν Κύπριδος ἐκρέμασεν
σάνδαλα καὶ χαίτης ἀνελίγματα, τὸν δὲ διαυγῆ
χαλκόν, ἀκριβείης οὐκ ἀπολειπόμενον,
καὶ ζώνην πολύτιμον, ἅ τ’ οὐ φωνητὰ πρὸς ἀνδρός
ἀλλ’ἐσορῇς πάσης Κύπριδος ὀπτασίην.

(Filitas de Samos, Antología Palatina, VI 210)

Al cumplir por lo menos cincuenta la dulce Niciade,
en el templo de Cipris colgó como ofrenda
sus sandalias, sus bucles postizos, un límpido bronce
que no ha perdido nada de sus fieles reflejos,
su faja preciosa y aquello que un hombre no debe
nombrar y que aquí ves con las artes de Cipris.

(Traducción de Manuel Fernández Galiano)

*********
Epigrama votivo

(Antología Palatina, libro VI,
y en imitación de Góngora)

Estas con varia suerte ejercitadas
en áspero comercio, en dulce guerra,
armas insidïosas
-oh reina de la tierra,
señora de los dioses y las diosas-,
ya herramientas melladas y sin filo,
en prenda a ti fiadas,
hoy las acoge tu sagrado asilo,
Cipris, deidad de la pasión demótica.

Bajo una nueva advocación te adoro:
Afrodita Antibiótica.

         (Poemas póstumos)

**********
(A Francisco Rico)

Barcelona, 5 de marzo [1962]

(…) Y puesto que estás metido en la Antología palatina, te transcribo una imitación de epigrama votivo, en silva gongorina, que me entretuve en hacer recientemente:
Estas con varia suerte ejercitadas
en áspero comercio, en dulce guerra,
armas insidiosas
—oh reina de la tierra,
señora de los dioses y las diosas—
ya herramientas mordidas y sin filo,
en prenda confiadas
hoy las acoge tu sagrado asilo,
Cipris, deidad de la pasión demótica.
Bajo una nueva advocación te adoro:
Afrodita Antibiótica.
Un abrazo,

JAIME

Diego Corral Varela

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