La raíz del meme

La profundidad de Internet y de la creatividad de sus usuarios es casi tan inabarcable como intentar reconstruir un perfecto Proto-Indoeuropeo actualmente. De hecho, numerosos internautas han sumado a su cantera de memes el campo de la indoeuropeística, cuya comprensión escapa de la mente de muchas personas. No obstante, estos memes que os presentamos a continuación cuentan con más de tres mil likes en sus publicaciones. ¿Será entonces que los indoeuropeístas no están tan solos como parece?

En algunos de las imágenes ya aparecen los autores, sin embargo, os dejamos también algunas de las cuentas de Facebook y Twitter que se dedican a elaborar memes sobre lingüística general, fonética latina y griega y lingüística indoeuropea:

Linguistics Memes for Prescriptivist Teens:

https://www.facebook.com/lingmemes/

@Lingmemes

Etymology Memes for Reconstructed Phonemes:

https://www.facebook.com/etymologymemes/

@Etymologymemes

Steve the vagabond and silly linguist:

https://www.facebook.com/stevethevagabond/

@Stevethevagabond

Marcos Medrano Duque

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Ítaca de Francisca Aguirre, Premio Nacional de las Letras 2018

Henar Velasco López nos deja este enlace donde podemos escuchar a Francisca Aguirre, recientísima galardonada con el Premio Nacional de las Letras de este año, recitar tres de los poemas incluidos en Ítaca, su primer libro publicado.

Debajo podéis leer el poema que da título al libro.

Ítaca

¿Y quién alguna vez no estuvo en Ítaca?
¿Quién no conoce su áspero panorama,
el anillo de mar que la comprime,
la austera intimidad que nos impone,
el silencio de suma que nos traza?
Ítaca nos resume como un libro,
nos acompaña hacia nosotros mismos,
nos decubre el sonido de la espera.
Porque la espera suena:
mantiene el eco de voces que se han ido.
Ítaca nos denuncia el latido de la vida,
nos hace cómplices de la distancia,
ciegos vigías de una senda
que se va haciendo sin nosotros,
que no podremos olvidar porque
no existe olvido para la ignorancia.
Es doloroso despertar un día
y contemplar el mar que nos abraza,
que nos unge de sal y nos bautiza como nuevos hijos.
Recordamos los días del vino compartido,
las palabras, no el eco;
las manos, no el diluido gesto.
Veo el mar que me cerca,
el vago azul por el que te has perdido,
compruebo el horizonte con avidez extenuada,
dejo a los ojos un momento
cumplir su hermoso oficio;
luego, vuelvo la espalda
y encamino mis pasos hacia Ítaca.

Irene Reyes-Noguerol, De Homero y otros dioses

Tras Caleidoscopios llega a nuestras manos otro libro de Irene Reyes-Noguerol, de la que ya habíamos publicado en este blog el cuento “Los ciegos”. Precisamente este relato, subtitulado “De Homero y otros dioses”, abre y da título al nuevo volumen (Maclein y Parker, Sevilla 2018, prólogo de Fernando Iwasaki). La joven autora presentará su nueva obra en Letras Corsarias el sábado, 17 de noviembre a las 19:00. Ejercerá de maestro de ceremonias Juan Antonio González Iglesias.

Si ya habíamos comprobado que su escritura rebosa de resonancias clásicas, ahora este libro asume esta relación sin tapujos. No solo el título De Homero y otros dioses lo proclama, es que el hilo conector de los relatos incluidos es el de la mitología clásica. El título de cada uno incluye debajo el nombre de las figuras míticas que evoca (con la excepción de “Sombras. El reino del Hades”).

En realidad no son piezas narrativas, sino descripciones del mundo interior de sus personajes, muy próximas a una poesía acusadamente sensorial. En prácticamente todos los casos (“Que los hombres no lloran. Príamo” es la excepción) se trata de situaciones que forman parte de la vida cotidiana de nuestro tiempo: la violencia de género en varias formas, el abandono, la pérdida de un hijo, el aborto, la soledad, la vejez y el deterioro, el Alzheimer, las refugiadas de guerra. Por muy presentes y actuales que los consideremos estos temas han existido siempre y la autora lo pone de relieve presentándolos a través de la lente de los mitos clásicos. Entre estos dramas de gran calado hay algún suceso menos transcendente pero no menos universal: la venganza diferida contra la maestra que nos aterrorizó en las aulas (“Por mí y por todos mis compañeros. Medusa”), cuento en el que no he podido por menos de identificar a algún fantasma propio.

He dicho que predomina el tono intimista y la descripción del universo interior de los personajes, pero hay una excepción: “Gran carnívoro. Licaón”, que nos presenta con gran economía narrativa una nueva versión de Caperucita con un toque humorístico que me recuerda a aquel cuento ya clásico de Tony Ross, Hipersuper Jezabel (Hipersuper Jezabel es una niña insoportable de puro pluscuamperfecta pero el cocodrilo que se la come afirma que las ha comido mejores)

Al final se incluye como apéndice un diccionario mitológico, sin duda útil para el público general porque la autora no introduce solo figuras conocidas sino algunas más recónditas. Sin embargo, hubiera preferido que no estuviera, rompe con el tono del libro: al fin y al cabo la mitología es poesía y el prosaico diccionario no hace justicia a los hermosos textos antiguos ni a la prosa poética de la autora.

El libro una vez más confirma la enorme plasticidad de la mitología: su capacidad de impregnar distintos modos artísticos, distintos registros, distintos géneros. Y todavía hoy es así.

Susana González Marín

 

 

 

En la Semana de la Ciencia: ¿Leonardo era de ciencias o de letras?

El 9 de noviembre el País publicaba esta columna de Jorge Marirrodriga cuyo texto reproducimos íntegramente:

Y tú, Leonardo, ¿eres de ciencias o de letras?

Decimos que nuestro sistema educativo obliga a chicos y chicas de 14 o 15 años a optar demasiado pronto por un camino concreto de su formación. “Ciencias o letras” le llamamos (aunque los de letras deberíamos contraatacar diciendo: “Humanidades y números”, pero eso es otro artículo). En realidad, los padres, tíos o invitados que pasan/pasamos por ahí también colaboramos en el carácter forzado de la elección. Vemos a un familiar de esa edad, no sabemos qué decir y seguro que antes de treinta segundos soltamos: “Y tú, ¿de ciencias o de letras?” “Ni idea”. “Pues ya te toca elegir” Es verdad que hoy en día los jóvenes tienen más recursos para dejar fuera de juego a quienes les preguntan “¿Y tú qué quieres ser?” “Youtuber, streamer, o influencer en general. Y si tiene que ver con Fornite, mejor”. “Hummm… Ahhh, creo que voy a la cocina a buscar algo”.

Imaginemos ahora que abordamos a un adolescente en una reunión familiar y tras las dos frases de rigor, y sin saber qué añadir, le hacemos la pregunta fatídica. Y él o ella, sin mirar a los ojos —son así— nos dice: “Ni idea… me gusta saber cómo funcionan las cosas y tengo algunas ideas sobre máquinas que podría construir. Pero también me gusta pintar. No se me da mal. Y me encanta hacer cosas con las manos. Mira, de este yogur que tengo en la mano acabo de sacar la cara de la abuela. ¡Ah! Adoro escribir. Escribo sobre todo; lo que pienso, lo que hago y lo que podría hacer. Como mis hermanos son unos cotillas (perdona, pero creo que lo han heredado de tu rama familiar) escribo de forma que solo se pueda leer en un espejo. Y lo hago con ambas manos. También me fascina la medicina y cómo funciona el cuerpo humano. Toco tres o cuatro instrumentos. No pongas esa cara. En realidad es fácil, solo hay que comprender el código matemático de las partituras. Claro que no estaría mal tratar de hacer más fácil la vida a los demás. ¿Sabes? El lío del tráfico tiene mucho que ver con el trazado urbanístico… o tal vez con los políticos que se creen muy importantes; deberían leer a Marco Aurelio…”.

Florencia ha comenzado a celebrar el quinto centenario de Leonardo da Vinci. Un italiano universal cuya vida merece la pena conocer, y al que afortunadamente nadie preguntó: “Tú, ¿ciencias o letras?”

 

 

Dolors Montserrat, Carmen Calvo y Cicerón

Siempre atento a la actualidad, Diego Corral Varela nos envía un vídeo acompañado de este comentario: “No sé si será la tradición clásica del becario encargado de cortar el vídeo o la de la propia Vicepresidenta, o ambas, pero comienza con una pregunta sobre la paciencia y termina con Catilina”. Son imágenes que pertenecen a la sesión de control al gobierno que se celebra esta mañana en el Congreso de los Diputados, concretamente a un enfrentamiento verbal entre Dolors Montserrat, la portavoz parlamentaria del PP, y Carmen Calvo, la vicepresidenta del gobierno.

En la Semana de la Ciencia. DIOSES EN EL FIRMAMENTO: ORÍGENES MITOLÓGICOS DE LOS NOMBRES DEL SISTEMA SOLAR

Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. De los ocho planetas que conforman nuestro sistema solar, todos excepto uno reciben su nombre de deidades romanas. ¿Cuáles de estos planetas se conocían en la antigüedad? ¿Cómo se llaman los planetas enanos? ¿Y los satélites?

En esta entrada exploraremos nuestra pequeña zona del universo analizando cómo los astrónomos llevan milenios sirviéndose de la mitología para bautizar sus descubrimientos.

Al observar el cielo nocturno, los antiguos griegos se fijaron en que cinco de las luces se movían, en oposición al resto de estrellas. A estas cinco las llamaron πλανήτης (planētēs): errante, vagabundo. Estos cinco son los planetas que pueden ser observados a simple vista: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno (a los que los griegos llamaban estrellas de los dioses equivalentes: Hermes, Afrodita, Ares, Zeus y Crono). Y sumados al Sol y a la Luna, fueron los que dieron nombre a los días de la semana. 2

El Sol es la estrella núcleo de nuestro sistema. Los griegos lo veneraban como el dios Helios, hijo del titán Hiperión y la titánide Tea, que conduce un carro por el cielo de día de este a oeste, y por la noche regresa al este. Después, se identificaría con el dios Apolo. Ya en el s. III AEC Aristarco de Samos propuso una teoría heliocéntrica, pero no tuvo mucha aceptación.

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El planeta más cercano a él es Mercurio, el más pequeño de los ocho. Los griegos lo llamaban Στίλβων (Stilbōn), “el brillante”, además de Hermes. 4 5Recibe el nombre del dios mensajero por la rapidez con la que se mueve por el firmamento: al ser el planeta más cercano al Sol, tarda tan solo 88 días en completar una vuelta. Su símbolo astronómico representa el casco alado y el caduceo que son atributos del dios. No tiene satélites.

El siguiente planeta es Venus, el cuerpo más brillante tras el Sol y la Luna y el único que puede ser visto de día junto con esos dos. Los antiguos griegos diferenciaban la aparición vespertina del planeta de la matutina, pensando que se trataban de dos astros diferentes, y las llamaron ʿΈσπερος (Hesperos) o “lucero vespertino” a la que aparecía por la tarde y Φωσφόρος (Phōsphoros) o ʿΗωσφόρος (Heōsphoros) cuando aparecía por la mañana, el “lucero del alba”. Recibe el nombre de la diosa del amor y la belleza por ser considerado el más brillante y bonito. Venus y la Tierrra son los únicos planetas con nombres de diosas. Su símbolo astronómico representa el espejo de mano de la diosa, y coincide con el símbolo del género femenino. 6Al igual que Mercurio, carece de satélites.

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Detalle de “La noche estrellada”, donde Van Gogh pinta una estrella sin darse cuenta de que es Venus

La Tierra es el tercer planeta. Del latín Terra, que es el equivalente romano de la diosa Gea, personificación de nuestro planeta.

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10Su símbolo astronómico es un círculo con una cruz que representa el Ecuador y un meridiano.

 

 

 

 

 

 

Tiene un único satélite natural (y muchos artificiales), la Luna (para los griegos, Selene, que luego se identificaría con Ártemis).

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El cuarto planeta es Marte. Se nombró en honor del dios de la guerra por su color rojizo, que recuerda al color de la sangre; también lo llamaban Πυρόεις (Pyroeis), “ardiente, de fuego” a raíz de su color. 12En él se encuentra el segundo pico más alto de todo el Sistema Solar y el más alto de cualquiera de los planetas, el Monte Olimpo. Su símbolo astronómico representa una lanza y un escudo, además de ser el usado para el género masculino. 13

Marte tiene dos satélites naturales, Fobos y Deimos (Miedo y Terror, respectivamente), que eran dos dioses que acompañaban a Ares, a menudo considerados hijos suyos con Afrodita.

 

 

 

Júpiter es el quinto planeta. Recibe su nombre del equivalente romano de Zeus, padre de dioses y hombres, aunque también lo llamaban los griegos Φαεθών (Phaethōn), “brillante”.  14Su símbolo astronómico ha sido asociado con el rayo, atributo del dios, o con el águila, animal consagrado a él.

15En cuanto a los satélites, con 79 lunas Júpiter es el planeta que más tiene. Se han ido nombrando principalmente a partir de amantes de Zeus (Metis, Ío, Calisto, Europa, Ganímedes, Leda, Eurínome…) e hijas suyas (las tres Gracias, las Horas, las Musas…). En 2011 se envió una sonda espacial para estudiar el planeta que no llegó hasta 2016: era la sonda espacial Juno, que lleva el nombre de la mujer de Júpiter, para los griegos Hera, y que no debía de estar muy contenta al encontrarse con tantas lunas. 16

h.jpgCerca de Júpiter hay además unos pequeños cuerpos que comparten órbita con el planeta, llamados asteroides troyanos. El primero en ser descubierto por Max Wolf recibió el nombre de Aquiles, y desde entonces los asteroides se encuentran divididos en dos “campamentos” y según en qué campamento estén reciben los nombres de los héroes que lucharon en la Guerra de Troya de un bando o de otro; excepto Patroclo y Héctor, que fueron descubiertos antes de que se estableciera esta convención y están “infiltrados” en el campamento enemigo.

 

El último planeta de los que podían ver los antiguos es Saturno. Nombrado por el dios romano de la agricultura, se identifica con el titán griego Crono, padre de Zeus, Posidón, Hades, Hera, Deméter y Hestia. Su símbolo astronómico es una representación de una hoz. 18

Sus muchos satélites (algunos muy recientemente descubiertos, como ya leíamos en este blog) llevan los nombres de titanes, titánides y sus descendientes (Encélado, Rea, Jápeto, Hiperión, Atlas, Calipso, Epimeteo…) y otros satélites que según su ángulo de inclinación toman su nombre de la mitología nórdica (Ymir, Surtur, Thrymr, Fenrir, Greip…), la gala (Tarvos, Albiorix, Erriapo, Bebhionn…) o la inuit (Kiviuq, Siarnaq, Ijiraq…).

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El planeta Urano se diferencia de los demás en varias cosas. Primero, no fue descubierto como planeta hasta 1781 por W. Herschel, aunque puede que Hiparco de Nicea lo observara pero lo hubiera catalogado erróneamente como estrella ya en el 128 AEC. Segundo, su nombre proviene de la latinización del dios griego personificación del cielo. Se tardó en alcanzar un acuerdo en su nombre (Herschel quería llamarlo “Georgium Sidus” en honor a su patrón el rey Jorge III de Inglaterra, pero por alguna razón la propuesta no pareció gustar fuera del país), pero el nombre Urano era el lógico para mantener la tradición greco-latina y, al ser el padre de Crono/Saturno, encajaba bien con los planetas anteriores. 20Y tercero, sus 27 satélites no están nombrados a partir de la mitología clásica, ni de ninguna otra de hecho. Reciben sus nombres de personajes, sobre todo femeninos, de las obras de William Shakespeare y Alexander Pope: Titania, Oberón, Cordelia, Ofelia, Julieta, Crésida etc.; Ariel, Umbriel, Belinda… Por último, su símbolo astronómico es un híbrido entre el del Sol y el de Marte, porque los griegos consideraban que el cielo estaba dominado por esos dos poderes.

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Finalmente tenemos a Neptuno como último planeta. Aunque John Couch Adams y Urbain Le Verrier, independientemente, lograron predecir su existencia, fue Johann Galle quien en 1846 pudo observarlo. 22Aunque al principio se propuso llamarlo Le Verrier o Jano (por el dios romano de dos caras de las puertas y los comienzos), al final se decidieron por Neptuno, el dios de los océanos (Posidón para los griegos); como no podía ser de otro modo, su símbolo astronómico es un tridente.

Sus 14 satélites llevan los nombres de deidades acuáticas que suelen relacionarse con este dios, como Tritón, Proteo, Nereida o Náyade. 23Y Neptuno también tiene troyanos, que en su caso se ha elegido nombrar a partir de las Amazonas. Por ahora solo uno tiene nombre: Otrera, una de sus primeras reinas.

Para terminar, hay que mencionar los cinco planetas enanos que hay en el Sistema Solar. El más conocido es Plutón, que lleva el nombre del dios del inframundo (el griego Hades). 24Tiene cinco satélites: Caronte, como el barquero encargado de llevar a las almas de los muertos; Estigia, río del inframundo; Cerbero, perro de tres cabezas que guarda la entrada al Hades; Nix, personificación de la noche; e Hidra, monstruo acuático con forma de serpiente y múltiples cabezas que Heracles mató en uno de sus trabajos. 25Su símbolo es un monograma PL por Plutón y Percival Lowell, unos de los participantes en su descubrimiento.

Otros planetas enanos son Ceres y Eris. El primero recibe el nombre de la diosa de las cosechas (la Deméter griega) y el segundo de la diosa de la discordia. 26El símbolo de Ceres representa una hoz de mano, mientras que en el de Eris el círculo representa la manzana dorada y la k, el kallisti, “para la más hermosa”, que provocó una discusión entre Atenea, Hera 27y Afrodita que se resolvió con el juicio de Paris, llevando a la guerra de Troya.

 

Solo Eris tiene un satélite, Disnomia, hija de Eris y diosa del desorden civil y la ilegalidad.

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Los dos últimos planetas enanos llevan los nombres de Haumea, deidad hawaiana, y Makemake, deidad de la Isla de Pascua.

Carmen Pérez González

En la Semana de la Ciencia: el origen mitológico de algunos elementos químicos

Con motivo de la Semana de la Ciencia y puesto que este es el Año Internacional de la Tabla Periódica de los Elementos Químicos, como ya apuntamos hace días, dedicaré este espacio a hablar del origen mitológico de algunos de ellos.

Tantalio (Ta): El nombre de este metal procede de Tántalo, rey de Lidia e hijo de Zeus y la oceánide Pluto. Se cuenta que, siendo un gran amigo de los dioses, era invitado frecuentemente en los banquetes celebrados por estos hasta que, en uno de ellos, los traicionó y fue castigado al Hades. La causa del castigo varía según las fuentes: unas dicen que fue porque pretendió robar el néctar y la ambrosía, alimentos que hacen inmortales a los dioses, para entregárselos a los hombres; otras, que reveló secretos de los dioses que había escuchado mientras compartía mesa con ellos; y otras prefieren el relato de que Tántalo intentó probar la omnisciencia de aquellos sirviéndoles en el banquete a su hijo Pélope cocinado y troceado. Sea cual sea el motivo, el caso es que fue condenado a lo siguiente: estando sumergido en un lago, no podía beber de su agua, ya que, siempre que lo intentaba, esta se apartaba; lo mismo sucedía, cuando intentaba cogerlos, con los frutos de los árboles que estaban sobre él.

tantalio

Así pues, el tantalio se relacionaría con tal personaje mitológico en el hecho de que este elemento químico, debido a su carácter resistente, no puede ser atacado por la mayoría de ácidos diluidos porque no es capaz de absorberlos, al igual que Tántalo no puede beber el agua del lago en el que se encuentra.

Prometio (Pm): El siguiente elemento químico recibió este nombre en honor a Prometeo, hijo de los titanes Jápeto y Clímene. Se cuenta que Prometeo, en un intento de beneficiar a los hombres, sacrifico un toro. La carne del animal la escondió en su vientre, mientras que los huesos fueron untados con grasa apetitosa. Ambas partes fueron ofrecidas a los dioses, para que fueran los primeros en elegir con cuál de las dos se quedaban. Zeus, al ver los huesos, los escogió, pensando que era la mejor parte, y dictó que el resto fuera para los mortales. Sin embargo, cuando se dio cuenta del engaño, privó a los hombres del fuego, dejándolos de esta manera desprovistos contra el frío. Prometeo, como benefactor del hombre, robó el fuego al dios y se lo devolvió a los humanos. Al enterarse Zeus, condenó al titán a ser encadenado al Cáucaso, lugar donde un buitre le devoraba el hígado cada noche.

prometio

En relación con esta figura mitológica, el prometio presenta tal radiactividad que ofrece una luz verde azulada en la oscuridad, es decir, proporciona una luz fluorescente, al igual que Prometeo proporcionó el fuego a los hombres. Y no solo eso, sino que también se plantea que pueda ser fuente de calor en sondas espaciales y satélites, un atributo que antiguamente solo se aplicaba al fuego.  Si llevamos tales comparaciones al extremo, también podemos mencionar que el prometio, si se inhala en forma de gas, puede resultar una amenaza especial para el hígado, precisamente el órgano vital que el buitre devora a Prometeo.

Marta Serra Marí