Hoy es el Día de las escritoras

Desde el año 2016, la Biblioteca Nacional de España, la Federación Española de Mujeres Directivas, Ejecutivas, Profesionales y Empresarias (FEDEPE) y la Asociación Clásicas y Modernas, celebran el lunes más cercano al día de Santa Teresa (15 de octubre), el día de las Escritoras. Desde el año 2017, nuestro blog se ha sumado a esta celebración (como puedes leer aquí), ya que compartimos su reivindicación de la labor y el legado de las escritoras a lo largo de la historia. Además, como también se puede observar en esas entradas, gustamos particularmente de ver cómo a lo largo de esa historia esas voces, aunque relegadas, e incluso en muchas ocasiones directamente silenciadas, han interactuado unas con otras a través de los tiempos.

Por eso este año hemos decidido celebrar este día con Gavieras, el libro con el que Aurora Luque obtuvo el XXXII Premio Loewe el año pasado (y a propósito del cual se publicó una entrevista en Babelia). Aurora Luque es una gran conocida en este blog por su espléndida y prolífica labor como traductora de las lenguas clásicas. Sin ir más lejos, durante este 2020 y el pasado 2019, nos ha brindado joyas como una nueva edición de los fragmentos y testimonios de Safo, que recoge los hallazgos papiráceos de la última década (de los que precisamente hablamos a propósito del Día de las escritoras en 2017), otra traducción de Safo, esta vez a través del inglés de la versión de Anne Carson en Si no, el invierno, y la antología Grecorromanas, un merecido rescate a los testimonios supervivientes de autoras de la Antigüedad grecorromana.

Con su Gavieras, Luque “da la espalda al vecino vertedero / de datos, ruido y prosa” (‘Aproar’ p. 10), para también aquí traducir, pero de otro modo: “Traduce—a ver si puedes— / esa gracia del mundo / que es aullido y sonrisa” (ibid.). En su ser gaviera (herencia viva que nos dejó la editora Ana Santos Payán), Luque mira a un horizonte futuro, que brilla “cuando la libertad cuando unos versos lo sostienen tirante imparcelable” (‘Gavieras’ p. 9), y lo hace acompañada desde el presente por las voces de escritoras del pasado; más que en un ejercicio de erudita intertextualidad, en un diálogo plagado de afinidades.

Como muestra de ello, os dejamos el poema ‘] HABLANDO A SAFO [’ (p .33):

] HABLANDO A SAFO [

Ven en mi ayuda, Safo,
¿me traes unas alas? Dos juegos:
una para mi espalda
(¿Se clavan? ¿Me harán daño?)
y unas leves de abeja
para cada palabra.
Trae miel de la tuya, de la amarga.
Esas cosas antiguas
—miel, sandalias, frescor,
las alfombras marinas de la luna
que esconden a la muerte deseante,
aletazos violentos que ponen a saltar,
como pez en la arena, al corazón,
una ambición de voluptuosidades.
Paladear recuerdos
o lamer una piel que ha regresado
de gozar la negrura de las olas,
miel recién fabricada,
hierbas para acostarse a mediodía,
rosas sin hibridar.
No nos son tan ajenos tus objetos.
Solo hay que detenerse.
Pedírtelos.
Apartar tanto ruido.
Pues nos falta muy poco
para estar muertas.
Tráeme, Safo, alas,
alas, alas, frescor,
silencio, brazos,
alas.

Marta Martín Díaz

Vayan afuera profanas figuras.

El Mercurio salmantino

por Oscar Lilao

En la famosa epístola 22 de san Jerónimo se nos relata un sueño: el santo de Belén es convocado por los jueces, que lo acusan de ser «ciceroniano, no cristiano», reprochándole su abundante uso de la cultura grecolatina y su evidente admiración por ella. La contraposición entre las fábulas y poesías de la literatura clásica con el mensaje contenido en la Biblia, considerado más veraz y edificante, será una constante de la cultura occidental.

Viene esto a cuento –al menos a mi cuento, dada la ¿cercanía? de la exposición sobre Jerónimo que estamos preparando desde la Biblioteca histórica– del pequeño libro que os presentamos: Historiarum Veteris Testamenti icones ad uiuum expressae, Lugduni: sub scuto Coloniensi [Francois et Jean Frellon], 1539 (Lugduni: Melchior & Gaspar Trechsel fratres excudebant) (BG/25564) (podéis ver aquí la digitalización de un ejemplar de la Biblioteca Nacional de Austria).

Como…

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Pablo Andrés Escapa recoge el XVIII Premio de la Crítica de Castilla y León

Mª Ángeles y Manuela Martín Sánchez nos recuerdan que el 3 de octubre tuvo lugar la entrega del XVIII Premio de la Crítica de Castilla y León, que se concedió ex aequo a José Luis Alonso de Santos y Pablo Andrés Escapa, como ya informamos aquí en su momento. Además nos dejan el enlace que nos permite escuchar el discurso pronunciado por Pablo Andrés Escapa.

Un tesoro arqueológico en un aparcamiento

En una obra para reforzar los cimientos del aparcamiento subterráneo del edificio se encuentran restos arqueológicos romanos de valor incalculable: un muro que podría datarse del siglo VI a.C. y que seguramente formaba parte de un asentamiento defensivo, quizás los cimientos de una torre de vigilancia, una maravillosa vivienda particular de la era Imperial, con hasta seis estratos de preciosos mosaicos (entre ellos un loro un loro verde formado por 300.000 teselas), 10.000 trozos de cerámica, piezas con relieves de la diosa Atenea, de Hércules o una estrella de ocho puntas. La inmobiliaria de BNP Paribas, dueña del edificio, ha sufragado las excavaciones con tres millones de euros.

A partir de noviembre se podrán visitar estos restos arqueológicos dos veces al mes. La comunidad será quien se ocupe del mantenimiento y de cobrar la entrada a los visitantes.

Y, ¿dónde creéis que ha pasado esto?

Solo en Roma puede pasar. En el monte Aventino.

Lee la noticia en La Vanguardia. Agradecemos el envío a Beatriz Calvo y a Esperanza González.

Estrogenuinas en La Lengua Moderna

En este blog siempre nos ha gustado seguir las actividades de los filólogos clásicos en otros campos, a veces a primera vista alejados de lo esperable. En este caso nos alegramos de publicar de nuevo una entrada sobre Estrogenuinas, grupo de punk compuesto por Paula, Ángela y Carolina; las tres estudiaron en Salamanca, las dos primeras Comunicación Audiovisual y Carolina Filología clásica.

Esta vez nos hacemos eco de la entrevista que hicieron al grupo Valeria Ros y Quequé en La lengua Moderna, emitida el lunes 12 de octubre. En el programa tocan “Orgía en casa de los Buendía” y “Nietzsche es mi fetiche”, en la que Ignatius Farray les hace los coros. Aquí te dejamos el enlace para verlo en Youtube (a partir del minuto 36). Enhorabuena.

Susana González Marín

Una Odisea traducida del inglés: ¿hay polémica?

Os invitamos a que opinéis sobre la publicación en español de una Odisea traducida de la versión inglesa de Samuel Butler. Como punto de partida puede valer el siguiente texto que Javier Rodríguez Marcos publicó en Babelia, el suplemento literario de El País, el sábado 10 de octubre: La rebelión de las musas, que transcribimos a continuación.

El dilema de las redes, el documental de Jeff Orlowski estrenado por Netflix el mes pasado, contiene una tonelada de preocupantes testimonios de ex altos cargos de compañías como ­Google o Facebook, pero también la acartonada recreación de la vida diaria de una familia estadounidense. En ese relato paralelo, la actriz Kara Hayward (Moonrise Kingdom, Paterson) interpreta a la hija mayor, que, siempre con un libro en las manos, advierte de la adicción a la tecnología de su hermano menor. El personaje de Hayward se llama, por supuesto, Casandra, como la hija de Príamo, rey de Troya, que profetiza la destrucción de la ciudad sin que nadie la crea.

Las voces de los clásicos grecolatinos desaparecen de los planes de estudio al tiempo que sus ecos se vuelven omnipresentes en los ámbitos más inesperados. En el mismo año en que ganan el Premio Nobel la autora de un poemario como El triunfo de Aquiles (Louise Glück) y el Princesa de Asturias otra poeta que se presenta como “profesora de griego” (Anne Carson), el ensayo más vendido en España es El infinito en un junco (Siruela), una historia sobre la invención de los libros en el mundo antiguo firmada por Irene Vallejo. Mientras, la catedrática de Cambridge experta en la Antigüedad Mary Beard se convierte en fenómeno de masas en Twitter (280.000 seguidores) y Jorge Javier Vázquez —filólogo de formación y “cansado de que todo el mundo considere frívola su labor en televisión”— continúa de gira con Desmontando a Séneca, un espectáculo teatral a partir de un célebre apólogo del filósofo hispanorromano: De la brevedad de la vida.

El mundo editorial vive también su propio renacimiento. “Nunca se ha editado tanto y tan bien a los clásicos”, subraya Carlos García Gual, miembro de la RAE, traductor de Homero e impulsor de la Biblioteca Clásica Gredos, que nació en 1977 para desarrollar una labor que en Europa llevaba 100 años en marcha: publicar el corpus grecolatino completo. A los autores populares y a los que no lo son. Ahí está todo Platón, pero también Elio Aristides o, con sus 20 tomos, Plutarco, “un autor apenas leído hoy, pero muy popular en el siglo XIX”. García Gual acaba de publicar Voces de largos ecos (Ariel), una recopilación de prólogos entre los que destaca el dedicado a los escritos científicos de Aristóteles, cuya influencia fue más allá de las humanidades.

“Hasta el siglo XV”, explica el profesor Gual, “la ciencia era la ciencia griega, Plinio, Euclides, Aristóteles… Luego llegan los microscopios y todo cambia porque es un campo que caduca antes que la filosofía o la literatura”. Aun así, junto a errores clamorosos —como defender la superioridad del macho sobre la hembra o de la derecha sobre la izquierda—, en el haber del pensador hay que anotar el descubrimiento del carácter mamífero de los cetáceos o la descripción del estómago de los rumiantes y de la cópula de los cefalópodos, “una particularidad singular que no fue redescubierta hasta el siglo XIX”.

Más allá de colecciones canónicas y exhaustivas como la de Gredos o la Alma Mater del CSIC, García Gual destaca otro signo de vitalidad de un mundo que nunca caduca: “Los quioscos están llenos de libros sobre mitos y hay excelentes ediciones de bolsillo y nuevas traducciones”. En efecto, a sellos como Alianza, Cátedra o Akal se les podrían añadir las apuestas de otros, especializados o generalistas, como Guillermo Escolar, Mármara, Koan, Rhemata, Rinoceronte o Errata Naturae.

A ellos se acaba de sumar Blackie Books, que estrena su colección Clásicos Liberados con una Odisea que ya en la preventa, antes de su salida, colocó 5.000 ejemplares en las librerías. El Génesis, el Quijote, Gargantúa y Pantagruel y la Ilíada esperan su turno. Ilustrada por Calpurnio, la Odisea de Blackie se completa con las recreaciones y subversiones del argumento clásico en una novela corta de Margaret Atwood, un poema de Dorothy Parker, una fábula de Augusto Monterroso y sendas canciones de Nick Cave y Javier Krahe. De James Joyce a Derek Walcott, la historia de la literatura está tan llena de odiseas que la original ya no es un libro sino una biblioteca. El volumen lleva además un curioso repertorio de notas que explican quién era Méntor (maestro de Telémaco) antes de convertirse en nombre común, en qué momento comienza la acción de la obra (el 8 de marzo de 1178 antes de Cristo, según resulta de aplicar el canon de eclipses de la NASA al que se describe en el canto XX) o cuántas personas se llaman Ulises en España (2.274 según el INE; ninguna usa el nombre griego del protagonista: Odiseo).

La edición, no obstante, tiene una particularidad que sus responsables saben potencialmente polémica: la traducción, a cargo de Miguel Temprano, no se ha hecho del original griego, sino de la versión que Samuel Butler publicó en 1900, “la mejor” de entre las inglesas según Borges. La obra de Homero, dice la nota editorial, “fue escrita en hexámetros, para ser recitada en público, con acompañamiento musical, a la manera quizá del rap actual… Es decir, tan lejos de nuestros referentes culturales que, para hacérnosla llegar con eficacia, la cuestión del idioma es probablemente el menor de los problemas”. Jan Martí, fundador de Blackie Books, amplía esas razones: “Queríamos que fluyera como una novela. Más que arriesgada, fue una decisión desprejuiciada”.

Para Alberto Manguel, autor del ensayo El legado de Homero (Debate), todo depende de qué entendamos por traducción: “Puede significar una versión académica inspirada y lo más fiel posible al original. En ese caso, el traductor tiene que conocer a la perfección el griego antiguo, porque tendrá que resolver complejos problemas filológicos, históricos y culturales. También deberá considerar —como dice el editor de Blackie Books— el hecho de que el texto homérico mejor preservado es solo una parte del conjunto de la obra de Homero”. Esa es, recuerda Manguel, la teoría de la helenista Florence Dupont, entre otros investigadores, que considera lo que llamamos texto homérico como “equivalente al libreto de una ópera”, es decir, un fragmento de la obra original, sin la música, los gestos y el ritual que acompañaban a las palabras en la Grecia antigua. “Si por traducción entendemos, como quería Borges, un borrador más del texto original, entonces una traducción de la traducción de Butler es perfectamente válida”. Irene Vallejo celebra el gusto filológico por acudir a la fuente original, pero admite que una versión indirecta —“y esta es muy literaria, ágil”— puede ser una buena introducción para cualquier lector. “En el fondo no existe una versión pura. Los clásicos tienen tantas adherencias de todas las épocas que al final son un magma del que forman parte todas las lecturas que se han hecho de ellos”.

Carlos García Gual es más reticente. Y más rotundo: “No me parece buena idea. Butler en sí ya es antiguo”. Aurora Luque, poeta y traductora, añade un matiz en la misma línea: “Vivimos una fascinación por lo anglosajón, pero en castellano tenemos grandes traducciones del griego. Aunque claro que podemos saborear una retraducción. Lo importante es saber que estamos leyendo a Butler, no a Homero. Lo mismo pasa con Anne Carson y Safo”. La autora de libros como Gavieras y La siesta de Epicuro (ambos en Visor) se refiere al volumen trilingüe Si no, el invierno (Vaso Roto), que acaba de llegar a las librerías con los versos griegos de la poeta de Lesbos, la versión inglesa de la canadiense y su propia traducción al castellano del trabajo de esta.

Además de la bendición borgiana y de la fluidez narrativa de la versión de Butler, hay otro elemento detrás de la “herejía” —el término es de los editores— de traducir la Odisea del inglés. Tres años antes de verterla a su lengua, el autor británico publicó un ensayo en el que sostiene que la obra literaria más influyente de la historia fue escrita por una mujer y no por el supuesto bardo ciego, que, esta vez sí, habría escrito la belicosa Ilíada.

La apertura de miras tiene, no obstante, sus límites. La teoría de Butler, clérigo de formación, se fija menos en el papel activo de Calipso, Circe o Penélope que en supuestos errores que, según él, “podía cometer fácilmente una mujer, pero nunca un hombre”. Entre otros, pensar que un barco puede tener un timón en cada extremo (canto IX) o que un halcón puede desgarrar a su presa en pleno vuelo (canto XV). Alberto Manguel subraya que los especialistas desdeñaron por estrafalarias las teorías de Butler, pero le reconoce un mérito decisivo: inauguró la particular relación que la literatura del siglo XX ha tenido con los clásicos. Ya no son una cima inalcanzable sino una llanura que puede ser “transitada, habitada, reorganizada, recreada y reescrita”.

Eso es lo que hizo en 1983 la alemana Christa Wolf en Casandra y lo que, en 2005, hizo también Margaret Atwood en La versión de Penélope (The Penelopiad), que imagina la vuelta de Ulises desde el punto de vista de su esposa y de las 12 criadas que terminan ahorcadas por supuesta traición. Amigo de la escritora canadiense, con la que comparte nacionalidad, Manguel subraya en ese episodio los ecos de las violaciones masivas a mujeres en Bosnia, Ruanda o Darfur, pero expresa sus reparos desde el punto de vista literario: “Confieso que no me parece su libro más logrado. En su esfuerzo por dar vida a las casi invisibles y sacrificadas criadas de Penélope, y apuntar al desequilibrio de género en la Grecia de Homero, algo de la gran habilidad narrativa de Atwood se pierde. Y uno lee el texto menos como una recreación iluminada del poema que como un encendido panfleto que usa ese episodio de la Odisea tan solo como punto de partida”.

En 2018 la británica Pat Barker dio voz a la esclava Briseida para narrar desde su punto de vista el argumento de la Ilíada en El silencio de las mujeres (Siruela). Ese mismo año la BBC y Netflix estrenaron la serie Troya: la caída de una ciudad, que desató la polémica porque los papeles de Aquiles y Zeus recayeron en dos actores negros: David Gyasi (Interstellar) y Hakeem Kae-Kazim (Hotel Rwanda). Irene Vallejo, que recomienda vivamente la novela de Barker, explica que todas las épocas han leído a los clásicos desde sus propios debates: “El Romanticismo y el nacionalismo del siglo XIX reivindicaron a Homero como depositario del genio colectivo de un pueblo frente a Virgilio, autor individual de la Eneida. También nosotros leemos nuestro tiempo a través de símbolos que vienen de antiguo. Lo hicieron los propios griegos. Eurípides, por ejemplo, le enmienda la plana a Homero diciendo que Helena no estuvo en Troya. Para ellos todo eran versiones, historias que circulaban y circulaban. No había un libro sagrado”.

Aurora Luque abunda en la misma idea: “El siglo XIX hizo una lectura de Safo descafeinada, misógina, pero los actuales estudios de género no se inventan nada, más bien enriquecen y aclaran aspectos que estaban en las obras y nadie había sabido ver”. Ella, de hecho, anda embarcada ahora en la traducción de Las suplicantes, una pieza de Esquilo que recoge la historia de un coro de mujeres —las danaides— que piden asilo en Argos porque se niegan a casarse obligatoriamente en Egipto. “Durante siglos”, explica Luque, “se tuvo por una obra menor. ¿Por qué? Porque no se entendía ni el asilo político ni el rechazo al matrimonio”.

Para Vallejo, los clásicos “lo son porque se adaptan a las pulsiones de cada época. Si no, habrían desaparecido”. Por eso lamenta que el interés popular por el imaginario grecolatino contraste con el desdén educativo hacia el latín y el griego. “Se trata de una profecía de autocumplimiento”, afirma. “Empiezas diciendo que son estudios sin salida profesional, luego pones trabas para que los alumnos los elijan, los mejores expedientes se van a otras carreras y los que quedan no encuentran salida”. La autora de El infinito en un junco subraya el rédito cultural que procuran los clásicos, pero no olvida su potencial económico. Y lo resume en un nombre: Christopher Vogler. Analista de guiones, Vogler descubrió la admiración que cineastas como George Lucas, Steven Spielberg o Francis Ford Coppola profesan a los ensayos sobre mitología de Joseph Campbell y a su estudio de los patrones que se repiten en todos los relatos heroicos. Por eso adaptó a la escritura cinematográfica los análisis del erudito neoyorquino en El viaje del escritor (Ma Non Troppo), pronto convertido en superventas mundial y en “uno de los manuales de uso corriente en Hollywood”. La distancia entre la guerra de Troya y La guerra de las galaxias es más corta de lo que parece.

Descubrimiento de papiros que contienen fragmentos de novelas griegas

Óscar Lilao nos envía una noticia que se publicó el 6 de agosto en El Español: Una española descubre papiros con fragmentos de novelas perdidas de la Antigua Grecia (el 7 del mismo mes también ABC publicó: Una investigadora española identifica en papiros fragmentos de novelas perdidas de la Antigua Grecia): En efecto Mº Paz López, profesora de Filología Griega de la Universidad de Alicante (UA), ha identificado papiros que contienen fragmentos de novelas perdidas de la Antigua Grecia en excavaciones en Egipto. Los descubrimientos se han producido en el marco del proyecto Eroticorum graecorum fragmenta in papyris membranisve reperta (EGFPMR), financiado por el Programa LOGOS de Ayudas a la Investigación en Estudios Clásicos, de la Fundación BBVA y auspiciado por la Sociedad Española de Estudios Clásicos.

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