Philobiblon: el amor a los libros y la gestión de las bibliotecas.

El Mercurio salmantino

El blog amigo Universo Abierto nos deleita con un libro muy especial para los amantes del libro antiguo, de las bibliotecas y de la lectura. Se trata de El Philobiblon: el tratado más antiguo sobre el amor a los libros y la gestión de lasbibliotecas.

Compartimos aquí su interesante post.

El “Philobiblon” es una colección de ensayos sobre la adquisición, preservación y organización de libros escritos por el bibliófilo medieval Richard de Bury poco antes de su muerte en 1345. Escrito en latín, como era la costumbre en la época, se divide en veinte capítulos, cada uno cubriendo un tema diferente relacionado con la recolección de libros. En la obra utiliza el lenguaje del fuego del infierno y la condenación para expresar su devoción por los libros, especialmente los de ciencia e historia. El resultado es maravillosamente entretenido, hilarante y en muchos aspectos completamente moderno.

Philobiblon, Richard de…

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(E)timologías de Luis Piedrahíta

Los seguidores nos comunican que el humorista Luis Piedrahíta inaugura nueva sección en La Ventana de Carlos Francino: “Timologías”, los jueves en torno a las 17.30 en la Cadena Ser. Curiosamente son presentadas como etimologías falsas, pero no lo son: el pasado jueves 21 de enero analizó el origen de “virus”, “mutación” y “cepa”. Os dejamos aquí el enlace de ese programa (a partir del minuto 30). Este es el del primer programa (a partir del minuto 30; origen de “borrasca”, “anticiclón”, “estufa”).

Dos comentarios:

Quiero imaginar que detrás hay un guionista, licenciado en Clásicas, al que después de estar en paro varios años le ha salido este trabajillo temporal, pero lo más probable es que no sea así, sino que han descubierto en un rincón, real o virtual, un Diccionario etimológico.

Sin duda, la presencia del mundo clásico en los medios populares es muy notable, eso sí, siempre como algo superfluo e inútil -expresamente en esta sección se habla de la futilidad de este conocimiento, únicamente válido para aliñar conversaciones con pedantería-; pero es curioso que a la vez la enseñanza de las lenguas clásicas experimente un deterioro imparable.

Esto es lo que hay y conviene que seamos conscientes de ello.

Susana González Marín

Una nueva biografía sobre Calígula

Guillermo Altares en El País (15/1/2021) se hace eco de la publicación en español de una nueva biografía de Calígula, Calígula. El emperador loco de Roma, de Stephen Dando-Collins. Os dejamos el texto íntegro:

Calígula, no tan malo en realidad

Solo reinó durante cuatro años, entre el 37 y 41, y murió despedazado por la Guardia Pretoriana cuando tenía 29. Su sucesor, su tío el emperador Claudio, trató de borrar su memoria fundiendo monedas, descabezando estatuas, revirtiendo sus leyes. Pero es evidente que no lo logró. Si hay un nombre que resuena en la actualidad desde la antigüedad romana, como sinónimo de depravación, pero también de la fascinación por el poder, ese es Calígula, apodo por el que detestaba ser conocido, que hacía referencia a unas sandalias de legionario que vistió de niño. Su nombre era Cayo Julio César Augusto Germánico y fue el tercer emperador romano.

El historiador y escritor australiano Stephen Dando-Collins acaba de publicar Calígula. El emperador loco de Roma (La Esfera de los Libros, traducción de Gonzalo Quesada), una detallada biografía que trata de desmitificar alguna de las leyendas de maldades sin fin que circulan en torno al emperador. Su conclusión es que algunas son falsas, como que convirtiese su palacio en un burdel en el que obligaba a prostituirse a las mujeres de la nobleza o que se acostase con sus tres hermanas; pero muchas otras son ciertas, sobre todo las atroces crueldades y asesinatos caprichosos que se le atribuyen. Sin embargo, eso no le diferenciaba del resto de los emperadores romanos, incluso de los que tienen mucha mejor fama como Marco Aurelio, responsable de las peores persecuciones de cristianos.

“Habiendo investigado y escrito sobre Calígula en varios libros durante las últimas décadas, sabía cuáles eran las fuentes históricas más fiables e informativas”, explica en una conversación por correo electrónico Dando-Collins (Launceston, Tasmania, 70 años), autor de numerosos ensayos, entre ellos un valioso e informativo relato del incendio de Roma en la época de Nerón, Arde Roma (Península), bastante desmitificador. “Desafortunadamente, hasta el día de hoy, algunos historiadores y biógrafos se han acercado a Calígula con una visión fija y despectiva del joven emperador como ‘loco’ y ‘malo’ desde su nacimiento. Yo me propuse presentar una visión mucho más tridimensional de Calígula. Sus familiares fueron asesinados, y vivió bajo la amenaza de sufrir el mismo destino durante años. Para complicar las cosas, fue obligado a vivir con su tío abuelo pedófilo Tiberio. Los lectores han expresado cierta simpatía por Calígula, una vez que se dieron cuenta de la infancia aterrorizada que tuvo, y porque probablemente padeció un trastorno bipolar a partir de los 20 años”

Nunca nombró cónsul a su caballo favorito, aunque sí amenazó con hacerlo para humillar al Senado, y Dando-Collins tampoco cree que matase a su hermana Drusila embarazada, arrancando el bebé de su vientre mientras todavía estaba viva. Sí le atribuyen atrocidades cometidas en una época de tiranos sanguinarios. Por ejemplo, cuando llegó al poder, quemó públicamente todas las denuncias que habían llegado contra su familia en época de Tiberio, acto que el pueblo aplaudió. En realidad, las escondió para utilizarlas unos meses después, asesinar a todos los que aparecían en ellas y quedarse con sus posesiones. Su humor era caprichoso y sádico, fue un megalómano con un ego descomunal, siempre abierto al elogio y alérgico a la crítica y cualquiera que estaba cerca de él podía jugarse la vida. Pero, de nuevo, tampoco había mucha diferencia con la mayoría de los emperadores anteriores y posteriores. Una frase que se le atribuye refleja su forma de gobernar: “Que me odien, siempre que me teman”.

La fascinación por Calígula también ha tenido su reflejo en la arqueología. The New York Times relataba esta semana que, si la pandemia lo permite, se abrirá al público en primavera el Museo Ninfeo de la Plaza Vittorio Emmanuele de Roma, que recupera objetos relacionados con el emperador, así como los escasos restos de su parque privado favorito, los Jardines de Lamiano. Justamente, con motivo de esta publicación, la gran latinista, profesora de Cambridge y autora de libros como SPQR, Mary Beard, que dirigió en 2013 un documental sobre Calígula que se puede ver en Filmin, entró en el debate a través de la red social Twitter: “Hay una correlación muy fuerte entre los emperadores romanos que son monstruos y los que son asesinados. Es un tema del libro que estoy escribiendo. No significa que Calígula fuera un encanto (ese error se comete a menudo). Quiere decir que su reputación póstuma no te dice nada”.

Algunos grandes autores de la antigüedad, Suetonio, Tácito, Dión Casio, Séneca, Flavio Josefo o Filón de Alejandría, escribieron sobre Calígula, algunos como testigos de los hechos y otros de oídas, años o décadas después. Sobre todo Suetonio y Tácito, que cimentaron su conveniente mala fama cuando ya reinaba en Roma la dinastía de los Antoninos. Ninguna obra contemporánea ha tenido tanta influencia sobre nuestra visión de los Julio-Claudios, y del sadismo de Calígula, como Yo, Claudio, de Robert Graves, y la serie de televisión de la BBC basada en esta novela. Pese a estar escrita por Gore Vidal, la película de 1979 dirigida por Tinto Brass y producida por el editor de Penthouse le convirtió en un personaje de porno blando y no ayudó mucho al rigor histórico.

Dando-Collins trata de navegar en medio de esta confusa variedad de fuentes y leyendas para construir, también utilizando los últimos descubrimientos arqueológicos, un personaje complejo, asesino, sin duda, pero también víctima: su familia fue perseguida sin piedad por Tiberio –en este caso, no hay debate entre los historiadores sobre el carácter cruel, degenerado, repulsivo y letal del segundo emperador romano–, que tenía celos de su padre, el exitoso y muy popular general Germánico, y Calígula pasó toda su infancia temiendo por su vida y sometido a todo tipo de abusos sexuales.

“Incluso Suetonio nos dice que a los 14 años Calígula mostraba un comportamiento ‘ejemplar’ y ‘obediente’, ya que intentó durante toda su infancia y adolescencia evitar ser asesinado como sus padres y hermanos mayores por ser una amenaza para el emperador”, señala Dando-Collins. “Y Calígula no era un fanático del sexo. Fue obligado por su abuelo Tiberio a hacer tríos homosexuales cuando era adolescente, pero no consta que haya participado en orgías en ningún momento de su vida. Tampoco las afirmaciones de que tuvo sexo con sus hermanas resisten el escrutinio. Ordenó a las esposas de varios senadores que tuvieran sexo con él, para humillar a sus maridos. Pero una vez que se casó, fue fiel a su esposa, a la que parece haber amado mucho”.

Al final, la fascinación por Calígula esconde la irresistible atracción por el mal, pero también por el poder. Como dice Mary Beard en su documental: “En la historia de Calígula se juntan por primera vez todos los elementos de la tiranía tal y como la concebimos actualmente. Y por eso tal vez dejó una huella tan profunda en nuestro mundo. Desde hace dos mil años nos obliga a reflexionar sobre el poder y sus abusos”.

Sobre la eutanasia en la antigüedad

Mª Ángeles Martín nos envía escaneado el texto de Amelia Castresana, “Eutanasia, una historia de discrepancias sobre la ‘buena muerte'”, publicado en La Gaceta de Salamanca el 17 de enero. Desgraciadamente no hemos podido encontrar el enlace a la publicación en red, así que os dejamos la imagen.

Estadio Palatino: de ruina a reconstrucción virtual

La ciudad de Roma ha presumido siempre de una rica literatura topográfica, pues ya desde la Edad Media se representaba en mapas esquemáticos y representaciones simbólicas. Estas planimetrías se han ido desarrollando a lo largo de los siglos gracias a las investigaciones científicas.

Sin embargo, hay muchas zonas arqueológicas poco conocidas y visitadas. Entre ellas se encuentra el monte Palatino (Fig. 1), a pesar de la importancia que tuvo en la antigüedad, pues fue una de las siete colinas que conformaron originalmente la ciudad. Nos trasladamos en esta ocasión hasta la parte oriental del monte, donde se encuentra el que habría sido el complejo palaciego del emperador Domiciano (81 – 96 d. C.). En él hallamos, aunque en ruinas, un recinto alargado con forma de estadio, lo que le dio el nombre de “estadio” o “hipódromo” del Palatino (Fig. 2). Tiene unas dimensiones de 160 metros en el eje norte-sur y 46 metros en su eje este-oeste. Se trata de un edificio porticado organizado alrededor de un patio central, con columnas y pilastras, aunque de esta estructura apenas se conservan los muros exteriores, las basas de las columnas y parte de la gran exedra semicircular en el muro oriental. Es probable que la zona ajardinada estuviera repleta de estatuas, algunas de las cuales se encuentran hoy día expuestas en el Museo Palatino.

Fig. 1. Planimetría del monte Palatino. Encyclopaedia Britannica (1922) en Wikimedia Commons.
Fig 2. Estadio del Palatino. Fotografía: Carmen Rodríguez.

El estadio del Palatino comenzó a construirse en el año 81, cuando Domiciano accedió al poder; sufrió modificaciones durante los años siguientes y alcanzó su máximo esplendor con Septimio Severo. Ya en el siglo IV se edificó en la zona ajardinada una estructura elíptica que habría funcionado como anfiteatro privado, aunque a día de hoy no tiene una interpretación definitiva.

En la primera fase constructiva, de época de Domiciano, el pórtico solo habría tenido un nivel, con una altura total de 7 metros, y habría cubierto tres de los cuatro lados del recinto, mientras que el extremo sur habría estado formado por cinco estancias. Estas cinco habitaciones, que recordarían a las carceres de los circos, desde donde saldrían los caballos al comenzar las carreras, habrían funcionado como triclinia o salas amuebladas para comer (Fig. 3). En esta primera fase se habría comenzado a construir la gran exedra en el lado oriental, aunque no habría alcanzado su aspecto definitivo hasta la época de Septimio Severo.

Fig. 3. Triclinia y posterior pórtico en el extremo norte del estadio Palatino. Fotografía: Carmen Rodríguez.  

Hacia el final del reinado de Cómodo (180-192), un gran incendio acaecido en el año 191/192 asoló gran parte del monte Palatino y causó graves daños en varios recintos del complejo palacial, entre ellos el estadio. Por esta razón, al comienzo de la dinastía de los Severos fue necesario realizar grandes obras de reconstrucción y de mantenimiento. Septimio Severo (193-197) ordenó levantar un recinto termal en el lado oriental del palacio, sobre una terraza adyacente a la gran exedra del estadio. Por este motivo, el hipódromo sufrió varias y notables reformas: ya bajo el mandato de Cómodo se habían restaurado gran parte de los pilares y el pórtico (que hasta ahora solo tenía un nivel); ahora las remodelaciones se centraron en la gran exedra monumental (Fig. 4), se reformó el extremo norte (que ya no tendría las cinco estancias a modo de triclinia, sino un pórtico) y se construyó el segundo nivel del pórtico en el resto de lados del recinto.

Fig. 4. Exedra monumental en el lado oriental del estadio Palatino. Fotografía: Carmen Rodríguez.

El recinto tiene las proporciones y los elementos propios de un circo romano, pero adaptados a un contexto meramente arquitectónico o decorativo: como hemos explicado anteriormente, en el extremo norte hay cinco triclinia yuxtapuestos que harían las veces de carceres, desde donde saldrían los carros de caballos en los espectáculos; el pulvinar o tribuna imperial está representado en la gran exedra monumental; en la arena del estadio, las dos fuentes semicirculares (Fig. 5) imitarían las metae que marcaban el giro que debían hacer los carros, y las gradas del circo estarían representadas en los diferentes niveles del pórtico. Hay que destacar que, dadas las dimensiones del hipódromo, habría sido imposible celebrar en él competiciones circenses, pero sí se empleó en el ámbito privado para la equitación o simplemente para pasear.

Fig. 5. Fuente semicircular en el extremo norte del estadio Palatino. Fotografía: Carmen Rodríguez.

La época de Septimio Severo, a finales del siglo II d. C., es en la que hemos querido ambientar nuestra reconstrucción virtual. Es necesario fijar una fecha o momento determinado para llevar a cabo la reconstrucción, ya que la fisonomía del edificio varía a lo largo de la historia. Teniendo en cuenta la documentación arqueológica consultada, planteamos una reconstrucción adscribible a época severa, cuando el recinto presentaría su aspecto más completo. Esto nos lleva, evidentemente, a disponer ciertos elementos o estructuras que no existían en una época anterior y a descartar otros que se añadirían con posterioridad (por ejemplo, la estructura elíptica al norte del jardín, Fig. 6).

Fig. 6. Estructura elíptica en la zona norte del estadio Palatino. Fotografía: Carmen Rodríguez.

Gracias a la obtención de modelos 3D fotogramétricos de varios capiteles y fragmentos del entablamento, hemos podido disponerlos en la escena virtual para aumentar el grado de verosimilitud, ya que trabajamos con materiales reales procedentes del estadio (Fig. 7). Estos modelos 3D son combinados con el proceso de modelado 3D del resto de estructuras, como los muros y las columnas (Fig. 8).

Fig. 7. Modelo fotogramétrico de capitel procedente del estadio Palatino. Carmen Rodríguez.
Fig. 8. Modelado 3D de uno de los pilares del nivel inferior del pórtico del estadio Palatino. Carmen Rodríguez.

Tras este proceso y una vez realizados los diferentes elementos que conforman la totalidad del recinto, llegamos a la reconstrucción tridimensional final (Fig. 9 y 10).

Fig. 9. Reconstrucción virtual del estadio Palatino. Infografía: Carmen Rodríguez. Todas las estatuas incluidas en la reconstrucción virtual han sido creadas por el usuario Ancient World 3D en Sketchfab: https://sketchfab.com/ancientworld3d.
El resto de elementos son originales.
Fig. 10. Reconstrucción virtual del estadio Palatino. Carmen Rodríguez. Planimetría: Macmillan & Co. Guide to Italy and Sicily, 1911. Wikimedia Commons.

Hemos incluido, además, un vídeo de la reconstrucción para que se pueda apreciar el estadio Palatino en todas sus dimensiones:

Carmen Rodríguez Gómez

Mundus appellatur caelum, terra et mare: turrón, ginebra y Festo

Casi sin darme cuenta me íba a comer una monedita de chocolate, que venía sobre una tableta de turrón, con una inscripción latina: mundus appellatur caelum, terra et mare. ¿Ya hay latín hasta en el turrón? No puede una descansar ni un momento. La explicación es que el turrón era de gintonic (Torrons Vicens), una variedad elaborada por Albert Adrià con Trufa de Gin Mare a la lima y chocolate con Fizzy. ¿Y el latín? Es el motto escogido por la Gin mare, ginebra producida en Vilanova i la Geltrú, que pretende con él evocar el paisaje, la gastronomía y el modo de vida del Mediterráneo, el Mare nostrum. El texto latino es la definición de mundus aportada por Festo (p. 126 L), que añadia además el aire: mundus appellatur caelum, terra, mare et aer. De manera similar comienza el libro XIII de las Etimologías de Isidoro de Sevilla: mundus est caelum, terra et mare.

En fin, después de hacer la foto y averiguar todo esto, me lo comí.

Susana González Marín

Reconstrucción de la vida de un legionario

Mª Ángeles Martín Sánchez nos envía el enlace a la noticia de El País (3/1/2021) redactada por Vicente G. Olaya y que reproducimos a continuación:

El deán de la catedral que salvó la memoria del soldado romano:

Los investigadores reconstruyen la vida de un legionario por las anotaciones de un libro iniciado en el siglo XVII por un canónigo sevillano

Francisco Porras de la Cámara ocupaba el cargo de racionero (canónigo) de la catedral de Sevilla cuando alboreaba el siglo XVII. Pasaba las horas, los días, los meses y los años rellenando manuscritos y manuscritos, bajo la ventana o a la luz de las velas, donde apuntaba las inscripciones latinas que le iban enviando otros eruditos de toda España. Estos las encontraban en iglesias, edificios oficiales, cementerios, monumentos o descampados y sabían que Porras las recopilaba. Cuando el deán consideró acabada su misión o se sintió morir, enumeró todas las páginas, les añadió un índice e incluyó una introducción. El sacerdote falleció en 1616, pero dejó sucesores, que siguieron apuntando y apuntando epígrafes en el mismo volumen. Y así, con letra diferente a la de Porras de la Cámara, aparece la transcripción de la lápida de un soldado romano llamado Marcus Casillius Nestor.

En 2018, la doctora y directora del centro de epigraría (CIL II) de la Universidad de Alcalá de Henares, Helena Gimeno Pascual, descubrió el volumen iniciado por el sacerdote. Ahora, el estudio Un nuevo miles Legionis VII Geminae en el manuscrito RAH2/Ms. 23, del profesor de la Universidad Autónoma Javier Moralejo Ordax, recupera la posible vida del soldado que nació en la península itálica y que murió al servicio del gobernador de la provincia Citerior.

En el folio número 98r del manuscrito, que se conserva en la Real Academia de la Historia, y bajo el encabezado “en la villa de Morella [Castellón]” aparece un epígrafe “que parece corresponder al epitafio de un soldado de la Legio VII Gemina”, señala el estudio de Moralejo.

Sin embargo, la inscripción plantea numerosos interrogantes, tanto por la página donde fue clasificada (la encabezada por la villa de Morella), como por la mano que la copió (una persona diferente a Porras). El texto que se puede leer se podría traducir como “M. Casellius Nestor, soldado de la Legio VII Geminaenterrado en la sepultura que él mismo construyó en vida para él y los suyos”.

A partir de ahí, comienza la investigación de Moralejo que recuerda que Casellius es un nombre del que solo hay referencias en Castelgandolfo y Pompeya (Italia), donde se han descubierto numerosos grafitos con él. Un nomen parecido es Cascellius, que llevaron algunos mandos militares romanos, muchos de ellos también de procedencia itálica. “En cualquier caso”, señala el investigador, “estos ejemplos demuestran que el gentilicio ha de vincularse especialmente a Italia, lo que nos lleva a pensar que M. Casellius Nestor, soldado de la VII Geminaera oriundo de ella o bien que procediera de una familia de origen itálico”.

La inscripción que aparece en los legajos también incluye las letras F o I seguidas de BIA, lo que da pie al autor a reconstruir la palabra fabia, una de las tribus de la península itálica a las que estuvieron adscritas colonias y municipios, entre ellos Padua y Brescia. La Legio VII Hispana ―antes Galbiana y después Gemina― fue enviada a Italia desde Hispania en marzo del año 69 por Vespasiano, pretendiente al trono. En las proximidades de Cremona logró la victoria el 14 de abril del 69.

Pero en su deambular por la península itálica, la VII pasó por Padua, uno de los municipios adscritos a los Fabia, donde M. Casellius Nestor fue posiblemente reclutado. “Parece verosímil que en el transcurso de su estancia en Padua o en Verona se reclutasen hombres de localidades cercanas”, señala el informe. Pero la VII quedó muy mermada después de la batalla de Cremona y en el 70 tuvo que ser refundada y recibió el apelativo de Gemina, que le acompañará ya el resto de su historia. “Por tanto, considerando la mención “Gemina”del epitafio, podemos datar la inscripción del manuscrito entre fines del reinado de Vespasiano y comienzos del de Domiciano [décadas de los 70 y 80]”.

¿Pero murió en Morella como parece indicar el volumen del deán? El investigador de la Autónoma ha descubierto que en el índice del manuscrito hay un añadido posterior a su fallecimiento: la letra eme, donde se consigna Morella, pero también “miles legionis“, como una de Tarragona y otra de Valencia que aparecen en la misma página. “A lo mejor el copista recibió la inscripción y la apuntó donde había hueco. Es como cuando te dan un teléfono y lo escribes en el primer papel que encuentras”, señala el profesor.

El estudio se fija, además, en una parte de la fórmula funeraria empleada [s]ibi e[t suis] p(osuit). “Lo que indica que el soldado habría construido la sepultura en vida, pero no queda claro quiénes eran los “suyos” que destaca el epitafio. A juzgar por su matrícula [registro militar de las legiones], Casellius murió estando en servicio militar activo, porque el término miles [soldado raso] y la ausencia de mención a veteranus [retirado], así lo indican”.

De hecho, la presencia permanente en Morella de un soldado en activo de origen itálico en el último tercio del siglo I d. C. no parece fácil de explicar desde el punto de vista del despliegue conocido, pero sí sería posible en Tarragona, la capital de la provincia. “Las características de la carrera de Casellius Nestor, su origen, su condición de miles y la existencia de una familia casan mucho mejor con su establecimiento en la capital.

El lugar exacto, por tanto, de su muerte es uno de los puntos que quedan por aclarar, porque la lápida con la inscripción original se perdió. “Quizás alguna vez se encuentre. Nunca se sabe…”, concluye el investigador.

Crucigramas en latín

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