Recital de poesía

Elena Villarroel nos envía el siguiente anuncio de un recital de poesía que los tironianos que vivan en Ávila pueden disfrutar esta tarde. Se incluirá la lectura de poetas griegos y latinos.la palabra 02

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Construcción en el mundo romano

Elena Villarroel nos envía este enlace de XLSemanal sobre la construcción en el mundo romano.

Además Manuela y Mª Ángeles Martín Sánchez nos envían otro que puede complementar al anterior, en este caso más especializado, la noticia (publicada en Madri+d) sobre la realización de estudios interdisciplinares para el mejor conocimiento de la metodología de la elaboración de morteros romanos: técnicas petrográficas, petrofísicas y geoquímicas han permitido diferenciar los distintos morteros romanos en los restos de Complutum (Alcalá de Henares)

Sulpicia, la voz femenina romana

No es la primera vez que nuestro blog recibe entradas distintas sobre los mismos temas. Hace poco, a propósito del mes de las escritoras, publicábamos una entrada de Rosario Cortés Tovar sobre Sulpicia; pues hoy os ofrecemos otra sobre esta misma poeta, esta vez enviada por Bruno González.

Sulpicia es la primera poeta romana de la que conservamos textos escritos. Sin embargo, la excepcionalidad de su obra no se encuentra en el hecho de que el avance de la historia haya deparado esta casualidad, pues con toda seguridad hubo antes escritoras en latín cuyos textos lamentablemente no conservamos. Sulpicia debe ser reconocida por lo que fue: una poeta capaz de encerrar en versos sencillos inmensas y a la vez sutiles connotaciones de una voz femenina en un mundo dominado por hombres.

El primer rasgo por el que Sulpicia destaca es por el misterio que recubre su figura. Tanto es así que lo poco que sabemos de ella lo podemos extraer de sus poemas: que era sobrina (o por lo menos familiar) de Mesala, que vivía en Roma y que procedía de una gens influyente, la Sulpicia. Es más, muchos comentaristas han dudado de su propia existencia y algunos mantienen que en realidad se trató de un hombre que se colocaba en el papel de una mujer. Esta afirmación, puramente androcéntrica, es muy difícil de sostener: los poemas recogen motivos claramente femeninos tratados desde una perspectiva femenina, por tanto, dudar de que una mujer esté detrás de estas motivaciones debería llevarnos a dudar a la inversa de la autoría masculina de muchos autores clásicos y, por tanto, nos empuja a una discusión estéril.

En importante que tengamos en cuenta que en Roma la mujer estaba recluida a un rol secundario dentro del sistema patriarcal reducido a la esfera privada mientras que la esfera pública, tanto cultural como política, estaba dominada por hombres. En consonancia, la mujer ejercía como elemento pasivo en las relaciones amorosas, mientras que el hombre es el dominante. Lo paradójico de Sulpicia es que cultiva la elegía amorosa de la cual uno de los pilares base es el servitium amoris, una técnica narrativa mediante la que el poeta (hombre) subvierte los cánones de las relaciones amorosas romanas y establece a la mujer como domina y al hombre como esclavo. Entonces, ¿qué hace Sulpicia?, ¿reafirma la condición de dominación femenina al entroncarse en esta producción u otorga al género una voz femenina que pueda ser interpretada como símbolo de un relativo empoderamiento?

En base a lo que los propios poemas nos muestran, podemos afirmar que parece ser más convincente la segunda opción ya que encontramos sorprendentes transgresiones de los roles de género que imperaban en la sociedad romana, siendo este el segundo rasgo que hace especiales los poemas de Sulpicia. En primer lugar, fue una mujer que participaba en el Círculo de Mesala y que además escribía, hecho ya de por sí mismo insólito en la sociedad romana. Pero también podemos encontrar muchas transgresiones en casi todos sus poemas, desde metáforas con un contenido sexual implícito como en los poemas 3.13 y 3.17 hasta el uso de su condición social para elevarse por encima de su amado en el poema 3.16 del Corpus Tibullianum.

Por todo esto Sulpicia es una autora que, pese a tener una producción pequeña, debería ser estudiada en mayor profundidad pero sobre todo debería ser más conocida para que podamos hacer verdad esas palabras que dejó escritas en su poema 3.13: mea gaudia narret, dicetur siquis non habuisse sua, es decir, “que deleites míos cante cualquiera por si dice no haber tenido suyos”, para que consigamos que sus deleites formen parte de los nuestros propios.

Bruno González Lazaro

A Don Miguel de Unamuno y Jugo

Era obligatorio que este curso, antes o después, dedicáramos en Notae Tironianae una entrada a Don Miguel de Unamuno y Jugo, catedrático de griego y dos veces rector de la Universidad de Salamanca. A este bilbaíno, cuyo busto preside desde su jubilación en 1934 las señoriales escaleras interiores del Palacio de Anaya –escaleras que, según cuentan, prefería después de aquello evitar para no “toparse consigo mismo”- se le han dedicado también varias actividades y jornadas en el marco del octavo centenario de la Universidad.

Y es que don Miguel no pasó inadvertido por esta ciudad, sino que se hizo notar y valer en los difíciles momentos políticos que le tocó vivir –dictadura de Primo de Rivera, durante la que fue desterrado, Segunda República y posterior estallido de la guerra civil-, amplificando desde su posición de rector pensamientos que no gustaban ni a muchos de sus colegas ni a las altas esferas políticas de Madrid. Consideraba que “unos cuantos sabios, verdaderos sabios, maestros de verdad, guardan más a la patria que algunos batallones”, que “los estudiantes están llamados a demostrar la ineptitud de los profesores” y escribió también que “la experiencia le ha enseñado que la mayor parte de las veces en que se dice de uno que sabe algo, pero no sabe enseñarlo, es que en realidad no lo sabe bien o no quiere enseñarlo.” Seguro que más de uno se dio por aludido secretamente con esta última sentencia.

Miguel de Unamuno y Jugo nació en Bilbao en 1864, estudió Filosofía y Letras en Madrid, adquiriendo el título de doctor con solo 20 años -eran otros tiempos- con una tesis titulada Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca. Volvió entonces a su ciudad natal donde comenzó a trabajar en colegios e institutos como profesor de latín, psicología y ética mientras daba también clases de español a marineros ingleses y noruegos en el puerto y preparaba oposiciones para catedrático. En 1891 se casó  con la que sería su compañera de toda la vida, Concha Lizárraga y obtuvo la cátedra de griego –sí, sí, de griego, que en la propia visita guiada a su museo es algo que pasa inadvertido- de la Universidad de Salamanca, a donde el joven matrimonio se trasladó. En esta ciudad, de la que escribió que “es el tranquilo curso de tu vida / como el crecer de las encinas, lento, / lento y seguro”, don Miguel vio crecer a su familia, su obra y su prestigio como profesor hasta ser nombrado rector de la universidad en 1900.

En ese momento se mudó con su familia a la casa rectoral construida en la calle Libreros junto a la fachada plateresca de la universidad, y que hoy día alberga su museo -visita guiada más que recomendable, de lunes a viernes de 10 a 14- y la sede de la Asociación de amigos de Unamuno. Curiosamente, aunque el salón del piso inferior fue utilizado durante muchos años para recepciones, claustros, etc., la familia Unamuno fue la única que habitó la vivienda de los pisos superiores, puesto que don Miguel ha sido el único rector que vivía de alquiler en la ciudad.

Estaba don Miguel en la cúspide de su carrera académica y en el ecuador de su vida -tuvo la particularidad de vivir el mismo número de años en el siglo XIX que en el XX, 36 en cada uno-, pero todo lo que sube baja y esa segunda parte estuvo colmada de difíciles momentos: en 1902 murió su tercer hijo, Raimundo, enfermo desde hacía varios años. Sufrió entonces una severa crisis personal y espiritual –la religión, la fe y Dios o la ausencia de ellos siempre fueron temas importante para él, recurrente en sus obras y reflexiones-. Seis años después murió su madre, con lo que se agudizó su crisis personal. En 1914, coincidiendo con el estallido de la Primera Guerra Mundial y la publicación de Niebla, su novela más famosa, don Miguel fue destituido como rector por crítica a Alfonso XII.

En 1921 se le restituyó provisionalmente en el cargo pero dos años más tarde, durante la dictadura de Primo de Rivera, fue desterrado a Fuerteventura y más tarde llegaría a Francia. Durante esta época fue realizado en Hendaya por Víctor Macho el famoso busto de las escaleras del Palacio de Anaya –en este enlace se puede leer una anécdota entre el escultor y el pensador-. En 1930 tras la dimisión del dictador pudo don Miguel volver a Salamanca, a su familia y a sus cargos, comenzando su segundo mandato como rector. Pero la vida le dio poca serenidad, pues en pocos años murió su hija Salomé, su esposa Concha y estalló la guerra civil. A raíz de este último hecho tuvo lugar en el Paranínfo de la universidad, durante el acto de apertura del curso académico, el enfrentamiento contra el general Millán Astray, donde pronunció sin duda su discurso más recordado y citado (del que a veces se han apropiado indebidamente), que merece, pienso, un contexto mayor que aquel al que se suele reducir:

“Este es el templo de la inteligencia, y yo soy su sumo sacerdote. Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Yo siempre he sido, diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio país. Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España.”

Esto le costó el arresto domiciliario en su casa de la calle Bordadores –hoy día una casa privada que presenta en su fachada una placa conmemorativa-. Allí murió de pena, solo, el 31 de diciembre de 1936. Allí enfrente, ante la estatua del pensador, político, escritor, filólogo que dominaba once lenguas distintas, catedrático de griego y antiguo rector, se realiza cada 31 de diciembre una ofrenda floral como la que tuvo lugar este año el día de su onomástica y cumpleaños ante el busto de filología.

Quien dijera en repetidas ocasiones eso de “me duele España” y que “aquí, en Salamanca, se oye a uno pensar” dejó escritos cientos de artículos, libros y ensayos inmortales. Comparto, para cerrar esta entrada, algunas de sus reflexiones más queridas para mí como filóloga y lígrima charra, extraídas de una selección realizada por J. Agustín Torijano hace 15 años, de donde he sacado también las que pueblan las líneas anteriores:

“La lengua es la sangre del alma, el vehículo de las ideas”

“La figura del mundo nos la dio la palabra: la visión salió del son. El habla nos enseña a ver. Nombrar una cosa es definir su idea, marcar su contorno. Porque idea quiere decir en su rigor etimológico visión.”

“No conoce ni su propia lengua quien solo ella conoce”.

“El niño nace artista y suele dejar de serlo en cuanto se hace hombre. Y si no deja de serlo, es que sigue siendo niño.”

“Luego que ha cesado el vocerío estudiantil, cuando están cerradas y mudas las aulas, en horas o en días de vacación, sobre todo en las tardes del verano, ese patio de las Escuelas Menores, con su broncíneo fray Luis de León en el centro, sobre su pedestal, con un eterno gesto de apaciguamiento, es algo que habla al alma de lo eterno y lo permanente. No doy por nada del mundo este patio, henchido en su silencio de rumores seculares, ese patio sin ruido de tranvías ni de ferrocarriles ni de vana agitación humana.”

Isabel Varillas Sánchez

Los últimos avances tecnológicos al servicio de la arqueología: barcos romanos en el fondo del Mar Negro

Manuela y Mª Ángeles Martín Sánchez nos envían este interesante reportaje, publicado por Malen Ruiz de Elvira en Público el 24 de octubre pasado, que reproducimos textualmente:
La última campaña de estudio de naufragios a 2.000 metros de profundidad marca una nueva frontera en la arqueología robótica.
Dos mil años y dos mil metros son muchos años y muchos metros. Barcos de la época romana de esa antigüedad y a esa profundidad en el fondo del Mar Negro tienen todavía el mástil enhiesto y casi intacta su carga de ánforas y otros productos. Forman parte de los hallazgos de la tercera campaña anual del proyecto Black Sea MAP de arqueología marina en la costa de Bulgaria, que acaba de terminar. El objetivo es cartografiar estos paisajes submarinos únicos y desconocidos y saber mucho más sobre el tráfico marítimo en aquella época, cotejándolo con los dibujos y textos antiguos.
El mar Negro es, junto al mar Báltico, un lugar muy favorable para la conservación del material orgánico, y sus aguas pobres en oxígeno y oscuras han permitido conservar intactos los naufragios de barcos de madera a lo largo de la historia. Como el mar Negro tiene una historia marítima más rica que el Báltico, se ha convertido en objetivo preferente de los arqueólogos. Su nivel ha subido considerablemente desde el final de la última era glacial, explican los responsables del programa, y se pueden hallar vestigios de la línea de costa a más de 100 metros de profundidad. Probablemente son miles los pecios existentes, desde la época griega hace 2.500 años, pero también aumenta el interés por el estudio de las antiguas poblaciones costeras, ahora sumergidas.
El proyecto Black Sea MAP está financiado por la Fundación Expedition and Education y tiene interesantes aspectos educativos, ya que los científicos proporcionan material sobre lo descubierto para las escuelas y los estudiantes pueden participar en las expediciones. Universidades de Europa y Estados Unidos, además de varias instituciones búlgaras, hacen el trabajo arqueológico científico, en el que las herramientas tecnológicas son imprescindibles.
Los avances se suceden en conseguir cartografiar el fondo del mar y realizar modelos en tres dimensiones de los pecios, con técnicas de fotogrametría a las que se añade la
batimetría por láser y el omnipresente GPS. Todo esto, a 2.000 metros de profundidad, solo se puede obtener con vehículos robóticos de control remoto (ROV) que cada vez llevan más instrumentos. En el caso de este proyecto en el Mar Negro, la empresas nórdicas MMT y Reach Subsea han proporcionado dos barcos equipados con ROV de última generación que llevan, entre otros instrumentos, sónar, cámaras de vídeo y fotográficas, y láser.
Estas herramientas se han desarrollado sobre todo para la industria petrolera y no la arqueología, pero se están aprovechando a fondo para la investigación. Teniendo la
posibilidad de construir, muy pocas horas después de tomar las imágenes y medidas, un modelo a escala de un naufragio en una impresora en 3D en el mismo barco oceanográfico que lleva el ROV, los arqueólogos pueden decidir lo que hacer en cada caso para documentar totalmente el pecio.
En los dos últimos años, el proyecto ha recorrido 2.600 kilómetros a lo largo de la costa y descubierto más de 60 pecios, informa MMT. Se han extraído 50 muestras de sedimentos y se han observado muchas ánforas intactas que contienen vino, aceite y aceitunas. Algunas de ellas se han sacado del mar para su estudio, todo ello con robots.
En una disciplina en continuo avance, validar estas técnicas es importante. Arqueólogos submarinos italianos presentan datos en la revista Journal of Cultural Heritage, que confirman, en su opinión, el potencial de los estudios en tres dimensiones para documentar los pecios. La fotogrametría multiimagen es la técnica principal e innovadora utilizada, pero debe ser complementada con una red topográfica de alta precisión, indican Carlo Beltrame y Elisa Costa, que han participado en el estudio de varios naufragios en aguas someras de Sicilia y Croacia. En uno del siglo II la carga eran grandes bloques de mármol. Otro, del siglo X, llevaba una carga de ánforas de vino de formas variadas y objetos de cristal de Constantinopla. En casi todos los casos, después de documentar totalmente los restos, se extraen algunos objetos para su estudio completo y exhibición posterior en su caso.

Podéis ver fotos de los aparatos utilizados en la página de National Geographic.