El emperador Claudio en Lyon

Javier San José nos envía el enlace a la página web de la exposición que se inauguró en Lyon el 1 de diciembre y que permanecerá abierta hasta el 4 de marzo de 2019: Claude, un empereur au destin singulier

La muestra pretende elredescubrimiento de su figura a través de 150 oeuvres: estatuas, bajorrelieves, monedas, objetos de la vida cotidiana, etc. Extractos de películas, reconstrucciones 3d y fotografías de Ferrante Ferranti complletan el recorrido.

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¿Jorge, Ángela, Agapito? Etimología e historia de algunos nombres propios de persona

Muchos de nosotros nos hemos preguntado alguna vez de dónde vendrá nuestro nombre o qué podrá significar. Algunos no le dan importancia, pero otros, en cambio, buscan y rebuscan información sobre su nombre y, claro, no hay nada más bonito que tu nombre contenga una etimología curiosa y un significado, también curioso. Aunque no lo sepamos, la mayoría de los nombres propios que usamos hoy en día tienen etimología griega y latina y una historia detrás muy interesante en la mayoría de los casos.

A continuación describiremos algunos:

Isidora proviene del griego Ισις (diosa egipcia de la maternidad y la fertilidad, esposa de Osiris) y δῶρον (‘regalo’ o ‘don’) por lo que significa ‘regalo de Isis’. Su forma masculina Isidoro, se expandió por todo el imperio grecoromano tras la conquista de Alejandro Magno de Egipto y al ser proclamado faraón en 331 a. C.  No obstante, la forma femenina, en griego no se atestigua hasta el siglo IX a. C. y de forma muy esporádica (bien que en inscripciones su datación puede ser anterior) y, en latín, es mucho más tardía y mucho más escasa que su correspondiente masculino. Por otra parte, no hay que olvidar que el patrón de las humanidades y de los estudiantes es San Isidoro de Sevilla, quien nació en Cartagena en torno a 556 y falleció en Sevilla en 636. Escribió Etimologías y otras obras de carácter religioso.

Teodora viene del griego θεός (‘dios’ o ‘divinidad’) y δῶρον (‘regalo’ o ‘don’) por lo que significa  ‘regalo de dios’. Curiosamente este nombre apareció con más frecuencia en textos literarios en su forma masculina desde el s. VI a.C, en cambio la forma femenina no aparecería hasta principios del s. I a.C. Esto nos hace pensar en la baja presencia de la figura femenina en los textos.

Agapito es un nombre tanto masculino como femenino de origen griego. Proviene del latín tardío Agapētus que deriva de Αγαπητός que a su vez deriva de ἀγάπη, que significa ‘afecto’, ‘amor fraternal’, ‘amor divino’. Por lo tanto, Agapito es ‘el amado’ o ‘el amable’, aunque teniendo en cuenta que ἀγάπη  también puede significar ‘comidas fraternales entre los primeros cristianos’. Encontrarnos con este nombre hoy en día no es muy frecuente, al estar en desuso, pero, sin embargo, tuvo más uso en la época cristiana, donde encontramos santos así llamados.

Inocencia/o, ‘el inofensivo’ o ‘libre de culpa’. Este nombre es de claro origen latino y deriva de la palabra innocens que está formada por el prefijo negativo –in y la palabra nocens. Nocens deriva del verbo nocere (‘hacer daño’), por lo tanto inocencio/a es ‘el que no hace mal’. Era un nombre muy común entre los primeros cristianos y el hecho de que haya llegado hasta tiempos posteriores se debe en gran medida a los santos y papas que elegían este nombre. Concretamente en España, se divulgó gracias a San Inocencio, obispo de Mérida del siglo VII.

Irene significa paz y viene del griego Εἰρήνη. El bello origen de este nombre femenino se remonta a la mitología griega, referido a la diosa de la paz y de la primavera, hija de Zeus y de Temis. El nombre romano correspondiente es Pax. No obstante, se puede pensar que el uso del significado “paz” como nombre de persona puede ser bastante reciente y que no esté muy relacionado con el griego.

El nombre “Amanda”, de origen latino, aunque parezca que solo es un nombre femenino también es masculino, y es más, como masculino está atestiguado en torno al s. VI d.C. al contrario que Amanda, que está atestiguado en torno al s. XIII. Claro que ahora estamos más familiarizados con el nombre femenino Amanda. Pues este deriva del gerundivo amandus, a, um del verbo latino amāre. En conclusión, Amanda es ‘la que debe ser amada’ o ‘la que será amada’ y en contexto religioso es ‘la que será amada por Dios’.

Jorge es una evolución de su etimología inicial griega Γεωργιός (γη + έργον), justificándose fonéticamente así que acabe en –ge en español y en otras lenguas. Significa “agricultor” (el que trabaja la tierra). Deriva a su vez de Γεωργός. Es muy conocido por toda Europa, tanto en la antigüedad -por ejemplo, está documentado en griego desde el s. I a. C. y en latin –Georgius- también lo está desde el s. V o VI d. C.-, como en la actualidad, por ejemplo, en Francia (Georges), Italia (Giorgio) y en Inglaterra (George) entre otros.

César. A un clásico, al escuchar este nombre, lo primero que le viene a la mente es el ilustre Julio César, caudillo e historiador gracias al cual más adelante se empezó a llamar César a los hombres que llegaban a su puesto político, Zar en Rusia y Kaiser en Alemania. En cuanto al origen de este nombre, hay varias propuestas: algunos creen que proviene del latín caedere (‘cortar’), es decir, de la raíz indoeuropea *kaid-, porque, según Plinio el Viejo, el primero de los Césares nació a caeso matris utero (del útero cortado de la madre);  la Historia Augusta recoge otras versiones: de caesai (‘elefante’, quizá en púnico), esta etimología era la preferida por Julio César pero, a decir verdad, no tiene base lingüística. Otra lo relaciona con caesaries (‘cabello’) porque nació con un mechón de pelo; finalmente otra lo relaciona con el color verdeazulado de sus ojos: oculis caesiis.

Víctor es un adjetivo latino victor, victōris, que significa ‘victorioso’, ‘triunfante’. La raíz uic- proviene del protoindoeuropeo *weik (*wi-n-k-) que significa ‘superar’, de donde también procede el verbo latino vincere (‘conquistar’). A título de ejemplo mencionaremos al poeta, novelista y dramaturgo romántico francés Víctor Hugo.

Ángel, con su variante Ángela, es un nombre de origen griego, ἄγγελος y su forma en español es angelus; significa ‘mensajero/a’. Resulta curioso que de ἄγγελος derive también “evangelio”: de εὐαγγέλιον, ‘el buen mensaje’, ‘la buena nueva’. Se trata de un nombre propio que ha tenido gran importancia dentro de la tradición bíblica, pues eran seres espirituales con inteligencia que estaban a las órdenes de Dios. Así pues, los encontraremos en la religión cristiana, judía y en el islam.

Eustaquio es un nombre de origen griego, de εὔστᾰχυς, compuesto de εὖ -‘bien’, ‘en abundancia’- y στάχυς -‘grano’-, por tanto su significado es ‘cargado de frutos’, ‘fecundo’. Ha habido muchos Eustaquios en el mundo, pero hablaremos sobre Eustaquio de Roma. Este fue un general romano llamado Placidus antes del bautismo, que seguía órdenes de Trajano. La leyenda cuenta que un día salió a cazar y vio una manada de ciervos, entre los cuales había uno que llevaba un crucifijo entre sus astas. Iluminandose estas,  oyó una voz que le decía: «Plácido ¿por qué me persigues? Tú vas a sufrir mucho por causa de Cristo». Entonces, una vez convertido al cristianismo, fue perseguido, torturado y sacrificado junto con su esposa Teopista y sus dos hijos Agapito y Teopisto. Honrado como uno de los Santos auxiliadores, es el patrón de los cazadores.

Apolonia es una variante de Apolonio, nombre de origen griego que significa ‘perteneciente al dios Apolo’ e ‘hijo del sol’. Es un nombre que no es muy común y que suelen llevarlo personas de edad ya avanzada. Detrás de este nombre se encuentra una historia muy curiosa: durante el reinado de Decio en Alejandría, santa Apolonia fue martirizada por practicar la fe en Cristo, de tal forma que le arrancaron todos los dientes, para luego tirarla a la hoguera donde ella mismo se lanzó. Debido a este hecho, Santa Apolonia es la patrona de los dentistas, a la cual hay que rezar para curar “ el dolor de muelas”

Cristina Calle Montano

Irene Ruiz Aires

La poesía lesbia y los lidios

Puede que nuestra generación de hojas sea por desgracia la que más conoce la distancia entre Lesbos y la costa anatolia. Lesbos, la isla cuya extensión se dibuja desde el continente, es hoy un limbo entre las esperanzas de un futuro prometedor y un el horror de un pasado destruido. Afganos, eritreos, sirios, iraquíes… Personas confinadas en auténticos campos de concentración tras una traumática travesía son forzadas por nuestras autoridades y nuestro silencio cotidiano a mirar atrás para convertirse en las más de las veces en estatuas de sal. Si en el s. XX Odysseas Elytis todavía podía mezclar vida y poesía al enorgullecerse de ascendencia lesbia, en este siglo desmemoriado difícilmente podremos dejar de asociar esta isla a las barbaries creadas por nuestra civilización.

La historia ha querido, además, que esos pocos kilómetros ahora infames vuelvan a separar el helenismo, al que siempre tildamos de europeo, de otra cultura, menos conocida y a la que etiquetamos de oriental sin mayor precisión. Esta es también la concepción que proyectamos hacia los tiempos de Safo y Alceo: una Grecia que prefigura un ideal de Europa y una Asia de bárbaros. De hecho, el mar, en una concepción anterior al turismo de sol y playa, era y es una fuente de calamidades – y no puedo olvidar aquí la fotografía del cadáver de Aylan – y de temor. A pesar de la sonrisa marina dibujada por Esquilo (ποντίων τε κυμάτων | ἀνήριϑμον γέλασμα, Prometeo encadenado vv. 89-90), en Lesbos las olas avanzaban contra las naves (parafraseando la ya canónica traducción de Joan Ferraté). Pero todavía más, la isla poblada por griegos al menos desde tiempos micénicos era en el s. VII-VI a.C. una unidad política y cultural muy diferente al continente que surgía en su horizonte levantino, una tierra dominada por el esplendor lidio.

Lidios 1
Fragmento de terracotta de mediados de s. VI a.C. procedente de Sardes (Museo de Manisa Nº. Inv. 1673) representando a un hombre barbudo pero sin bigote y con pendientes, al modo en que las fuentes griegas describen a los lidios.

Es cierto que conocemos algo de la historia política y militar de Lidia gracias, básicamente, a Heródoto y a algunos otros autores griegos de época clásica y romana. Sin embargo, para estos autores Lidia, el último Estado anatolio anterior a la conquista persa y a la posterior griega, era ya algo del pasado y, finalmente, poco más que una concepción geográfica. De hecho, sólo en la obra de Safo y Alceo encontramos un testimonio coetáneo de lo que fue un poderoso reino que influía y no poco en sus vidas griegas.

Los lidios no son el único pueblo mencionado en la poesía lesbia: hay influencias anatolias que van más allá de los lidios. Es de sobras conocido que el tópico de la ‘tierra negra’ (ya en la Ilíada 2.699, γαία μέλαινα), que encontramos hasta dos veces en Safo (περὶ γᾶς μελαίνας F 1 L-P y ἐπ[ὶ] γᾶν μέλαι[ν]αν F 16 L-P) y otras dos en Alceo (μελαίνας χθόνος F 8 L-P 38) parece continuar una tradición anatolia consolidada, a juzgar de expresiones hititas como danku tekan ‘la oscura tierra’ (en un ritual para la construcción de una casa), que en última instancia procede de Mesopotamia quizá por vía hurrita (pues también aparece en dicha expresión en esta última lengua, timerre eženi). En los últimos años, además, también hemos podido confirmar que algunas de las palabras ‘extrañas’ de este fragmentario corpus poético son préstamos de lenguas habladas en Anatolia. Es el caso de βεῦδος ‘vestido femenino, estatua’, palabra que ahora sabemos que procede del frigio bevdos.

Sea como sea, en el corpus poético lesbio los lidios destacan por su número de apariciones y por ser en algunos momentos una medida estética. Safo usa a los lidios para enfatizar su ansia por ver a su amada en el F 39 L-P:

τᾶ]ς κε βολλοίμαν ἔρατόν τε βᾶμα
κἀμάρυχμα λάμπρον ἴδην προσώπω
ἤ τὰ Λύδων ἄρματα καὶ πανόπλοις
πεσδομ]άχεντας.

Quisiera ver su andar, que mueve hacia el deseo,
y el luciente destello de su rostro,
antes que ver los carros guerreros de los lidios
y a sus infantes bien armados.

(Trad. Juan Manuel Macías)

También se asocia a la persona amada objetos fabricados por los lidios, explicitando, eso sí, su belleza:

Πόδας δὲ
Ποίκιλος μάσλης ἐκάλυπτε, Λύδι-
Ον κάλον ἔργον 
(Safo, F 39 L-P)

Sus pies
cubría el cuero artificioso, bello
trabajo de los lidios.

(Trad. Juan Manuel Macías)

Incluso los tocados y la moda femenina de Safo que entrevemos en los fragmentos parecen proceder de Sardes, la capital de los lidios:

ἀ̣λλ᾽ ἀ ξανθοτέρα<ι>ς ἔχη[
τ̣α<ὶ>ς κόμα<ι>ς δάϊδος προφ[
σ]τεφάνοιςιν ἐπαρτία[ις
ἀ̣νθέων ἐριθαλέων· [
μ]ι̣τράναν δ ̓ ἀρτίως κλ[
π̣οικίλαν ἀπὺ Σαρδίω[ν
(Safo, F 98 L-P)

Pero la que tenía el pelo
más amarillo que una antorcha,
para ésta era mejor aliño
ceñírselo con flor lozana;
mas recientemente, de Sardes…
coloridas diademas…
(Trad. Juan Manuel Macías)

Aunque no está del todo claro, Sardes parece volver a ser mencionado en otro fragmento en el que se habla de la amada destacando entre las lidias:

         ]Σαρδ.[..]
    πόλλακι τυίδε̣̣ [ν]ῶν ἔχοισα
ὠσπ.[…]. ώομεν, .[…]… χ[..].-
σε θἐαι σ´ικελαν ἀρι-
γνώται, σᾶι δὲ μάλιστ’ ἔχαιρε μόλπαι̣·
νῦν δὲ Λύδαισιν ἐμπρέπεται γυναί-
κεσσιν ὤς ποτ’ ἀελίω
δύντος ἀ βροδοδάκτυλος σελάννα
πάντα περρέχοισ’ ἄστρα· φάος δ’ἐπί-
σχει θάλασσαν ἐπ’ ἀλμύραν
ἴσως καὶ πολυανθέμοις ἀρούραις·
(Safo, F. 96 L-P)

… En Sardes …
tiene a menudo aquí sus pensamientos
… Para ella tú eras cual diosa manifiesta,
y tu cantar su máxima alegría.
Mas ahora sobresale entre las lidias
como la luna de rosados dedos,
al ponerse el sol, vence a todas las estrellas,
y su luz tiende por el mar salino
y por los pastos copiosos de flores.
(Trad. Juan Manuel Macías)

En el F. 132 L-P de Safo, Lidia parece ser tomada como elemento que hace destacar las virtudes de la persona amada. Sin embargo, ha quedado tan poco de esta composición que poca cosa puede apreciarse:

Ἔστι μοι κάλα πάις χρυςίοιςιν ἀνθέμοιςιν
ἐμφέρη<ν> ἔχοιςα μόρφαν Κλέις < > ἀγαπάτα,
ἀντὶ τᾶς ἔγωὐδὲ Λυδίαν παῖςαν οὐδ ̓ ἐράνναν…

Tengo una linda niña igual en hermosura
a las flores de oro, Cleis amada;
por ésta yo ni Lidia entera ni la ansiada…
(Trad. Juan Manuel Macías)

Con estos fragmentos queda claro que Lidia era una realidad muy presente en el día a día de Lesbos y que lo relacionado con esta cultura era prestigioso y valorado. Desgraciadamente, no podremos llegar a saber nunca hasta qué punto la poesía y la música lidia influyeron sobre la lesbia. De los lidios sólo conservamos inscripciones en materiales tales como piedra o cerámica y de su lengua, de la rama anatolia de las lenguas indoeuropeas, apenas se ha podido descifrar unas pocas palabras. Sin embargo, sabemos algunas cosas de la métrica que usaban y de su música y todo ello lleva a pensar que también en estas esferas los contactos con el mundo heleno serían fuertes. No es de extrañar que un helenista tan centrado en el mundo griego como Martin West hiciera algunas aproximaciones a la métrica lidia (y frigia), aunque, sea dicho de paso, con un resultado impropio de su fama.

Sin embargo, Lidia era una potencia política y militar y no sólo influía en su entorno exportando estética, sino que también procuraba controlar la política de sus áreas de influencia. Así pues, es normal que Alceo, cuando menciona a los lidios, hable de cómo aportaron dinero para derrocar a Pítaco, el tirano de Mitilene odiado por Alceo:

“Los lidios, padre Zeus, mortificados
por el caso, nos dieron dos mil piezas
por si acaso lográbamos entrar
            en la ciudad sagrada,
(Alceo, F. 69 L-P)

sin debernos siquiera ni un favor
ni apenas conocernos; y él, astuto
como un zorro, pronosticando el éxito
            creyó que iba a engañarnos.”
(Trad. J. Ferraté)

Lidios2
Moneda de oro lidia de la primera mitad del s. IV a.C., the British Museum (no. RPK,p146B.1.Sam, AN31772001). Fotografía: © The Trustees of the British Museum

Este fragmento de Alceo nos explicita que el arma lidia usada para cambiar el gobierno de un territorio vecino es la moneda, como si de un “patio trasero de los gringos” se tratara. Este es un elemento clave para acercarnos a los lidios porque precisamente ellos inventaron la moneda y son suyas las primeras acuñaciones, bellos estáteros de electro de finales del s. VII y principios del VI a.C., no mucho antes de que florecieran Safo y Alceo.

Bartomeu Obrador Cursach

 

Vox, el diccionario, no el partido

Una seguidora nos envía el enlace a esta noticia de El Diario.es que recoge el malestar de los editores de los diccionarios Vox, tan familiares para los estudiantes de latín y griego: “Los editores de diccionarios Vox admiten que les “toca las narices” que exista un partido con el mismo nombre”. Parece que ya circulan chistes al respecto.

Entrevista con Simon Critchley

El pasado 20 de noviembre, el filósofo inglés Simon Critchley estuvo en Barcelona para hablar sobre los aspectos literarios y filosóficos de otra de sus grandes pasiones, el fútbol. De las entrevistas realizadas durante su visita, rescatamos esta de El Mundo, en la que Critchley habla de su próximo libro, que verá la luz en abril de 2019: Having Been Born: Tragedy, the Greeks and Us.

“2.500 años después, la tragedia griega aún nos conmueve; es capaz de dejar en suspenso todas nuestras creencias, opiniones, preocupaciones sobre el mundo, y transportarnos a una irrealidad. Es una experiencia de liberación que nos abre a mundos diferentes y nos hace más complejos, porque el teatro no da respuestas sino que nos expone a contradicciones”.

Marta Martín Díaz

Ovidio. Amori, miti e altre storie

Desde Roma, Georgina Olivetto nos envía amablemente noticia sobre una atractiva exposición en el Palazzo delle Scuderie del Quirinale, abierta desde el 17 de octubre al 20 de enero: Ovidio. Amori, miti e altre storie; se exponen unas 240 obras que testimonian la influencia de la obra ovidiana en su época y en la cultura occidental hasta la actualidad. Alrededor de la muestra, cuya comisaria es Francesca Ghedini, hay un riquísimo programa de actividades, encuentros y lecturas

Os dejamos aquí un video sobre la exposición.