Feliz Navidad

os desea el equipo de Notae tironianae, que relaja su actividad durante estos días.

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El perfume de los dioses

Estamos en plena campaña navideña, época sin duda característica por el continuo bombardeo publicitario. Se ha estimado que de media en un día recibimos unos 3000 impactos publicitarios y de todos ellos, nosotros, como filólogos clásicos y amantes de lo greco-latino nos hemos hecho eco de dos.

Los perfumes son uno de los regalos más socorridos en estas fechas, pero en concreto nosotros os recomendamos dos, no por su aroma, ni por su precio, ni por la marca… -no estamos aquí para hacer ese tipo de publicidad gratuita-; pero sí por lo que representan en sus spots y en su nombre: Invictus y Olympéa.

Invictus es un perfume masculino en cuyo anuncio aparece un esbelto Adonis, recién vencedor de los Juegos Olímpicos. Lo impresionante de esta campaña publicitaria es cómo ha sabido conjugar elementos propios del siglo XXI, como los paparazzi, el estadio, los tatuajes… con lo que es la esencia de los Juegos Olímpicos de la Grecia clásica: el atleta es jaleado por la multitud tras su victoria, considerado un héroe, aunque aquí cambiamos la corona de olivo por un trofeo. En el spot ampliado vemos que el vencedor es incluso señalado por una divinidad femenina y recibido por dos dioses que le tienden la mano, simbolizando el carácter semidivino que se les otorgaba a los campeones. Y para finalizar, su nombre, Invictus. Aquí no han recurrido a la cultura griega, sino al latín: “invicto”.

Podéis pinchar aquí para ver el anuncio en su versión extendida de casi un minuto

Pero Paco Rabanne no creó sólo la fragancia masculina, el año pasado lanzó la correspondiente para el género femenino, Olympéa. En esta ocasión vemos a una mujer que sin duda rivaliza en belleza con la propia Afrodita. Su llegada al Olimpo en un deportivo blanco con alas despierta a los aletargados y aburridos dioses, ¡hasta las estatuas cobran vida para mirarla! Volvemos a tener aquí a nuestro campeón de Invictus, que, como es lógico y esperable, se queda prendado de nuestra diosa. De nuevo observamos una mezcla entre lo clásico y lo actual: un Zeus escuchando un “loro”; vestidos que recuerdan a la Grecia clásica pero que fácilmente podrían desfilar por la fashion week; duchas en la palestra; e incluso, un coche deportivo con alas que podría cambiar su matrícula de OLYMPÉA por la de PEGASO, sin ningún problema. Pero hay un error en toda esta historia y no sabemos si ha sido involuntario o una transgresión para dotar de más carácter a nuestra Afrodita particular, y es que las mujeres griegas nunca pisaban las palestras donde los atletas entrenaban en total desnudez y esto es lo que se representa en la última escena. De todas las maneras la esencia nos deja un recuerdo totalmente clásico.

Aquí podéis pinchar por si queréis ver el anuncio.

Así que, si estas navidades queréis sentiros como vencedores de las Olimpiadas o hermosas diosas griegas, sólo tenéis que incluir estos perfumes en vuestras listas de deseos. Y por si alguien se pregunta cuál es la canción de fondo, os la dejamos aquí . Observaréis que también tiene ciertas reminiscencias clásicas.

Os pedimos que, si conocéis otros perfumes con anuncios televisivos desde el mismo enfoque, los compartáis con nosotros.

Cecilia Ares del Teso

Entrevista a Guillem González Morell, profesor de Latín y Griego en las Islas Baleares

Desde hace unos veinte años Guillem González Morell ejerce de profesor de Latín y Griego en las Islas Baleares con una vocación docente encomiable. Afortunadamente, yo pude pasar por sus manos y sus enseñanzas hicieron que decidiera cursar este Grado. Por tanto, decidí hacerle una entrevista, como homenaje, para dar a conocer a los demás cuánto y cómo ha marcado su vida haber estudiado Filología Cásica y haberse dedicado a la enseñanza de estas materias en Secundaria. Para lo cual le realicé las siguientes preguntas:

¿Qué le llevó a estudiar Filología Clásica?

Tras unas dudas iniciales entre Historia y Filología Clásica cuenta que finalmente se decantó por ésta última debido a la influencia que ejerció sobre él su profesor de Latín y Griego en 3º de BUP, cuyo modus operandi consiguió que descubriera ambas lenguas en profundidad y, sobre todo, que se fascinara por el griego, especialmente «por sus estructuras, sus cambios fonéticos, sus giros…». Confiesa asimismo que no le importaba dedicarse con ahínco a ambas materias, puesto que sentía una honda satisfacción siempre que se ponía a ello. Aun así, debe admitir, por otra parte, que a esa especie de experiencia idílica con dicho profesor se contrapuso con fuerza y mal sabor de boca para él la entrada en la Universidad. Allí [El comité de redacción del blog ha decidido omitir la imformación del lugar concreto, porque aunque está claro que el entrevistado se refiere a una época lejana, los profesores que actualmente trabajan en el centro pueden verse injustamente perjudicados] pasó tres años horribles que casi le empujaron al abandono de la carrera: la gran cantidad de asignaturas comunes con Hispánicas e Inglesas que carecían de interés alguno para él, el profesorado desganado que, según su impresión, trataba con desprecio al alumnado y una clase de mal rollo interno entre los departamentos –causado por no muy limpios tejemanejes- que los docentes trasmitían a los estudiantes, provocaron que, durante estos años, no disfrutara del grado, sino que le empezara a asquear su ambiente. Reconoce que siguió casi por pura inercia, por temor de no tener nada que hacer ni en que trabajar si lo hubiera dejado. Fue, por así decirlo, una solución resignada para una situación que comenzaba a resultarle insoportable.

¿Qué sentido le encontró a la carrera?

Al borde de desistir por no poder soportar ya más las circunstancias, tomó la decisión de cambiar de aires y mudarse a Madrid, para estudiar en la Complutense. Él necesitaba «palpar el conocimiento, tocar saber», cosa que, tras tres años, no había encontrado prácticamente por ninguna parte en el lugar anterior, y por ello, le pareció que o se iba a Madrid a comprobar si allá eran diferentes las cosas o se quedaba allí consumiéndose mientras acababa la carrera a disgusto. Por suerte, decidió probar fortuna en Madrid y la Complutense representó un cambio radical para él, un giro de 180º en su visión anterior sobre el grado. Allí, por primera vez, creyó hallar un verdadero sentido a los estudios clásicos: la profesionalidad de los docentes de la Complutense, a quienes a diario podía ver en la biblioteca preparando con afán las lecciones, lo entusiasmó en comparación con la desidia de los anteriores, en quienes, en general, no se percibía ninguna voluntad de superación o siquiera de enseñanza. Quedó deslumbrado por lo que él mismo llama «la escuela de Lasso» y el propio Lasso de la Vega. Gracias a ella aprendió a «desmenuzar el texto» y advirtió qué importante podía llegar a ser el papel del filólogo para la comprensión íntegra de éste. Entre chascarrillos, comentaba a sus nuevos compañeros que en aquel momento «había empezado a conocer filólogos»…

– ¿Se ha sentido realizado tras ella?

Antes que nada, considera que, si alguna realización o logro ha alcanzado tras ella, se lo debe, sin duda, a la labor primordial de sus excelentes profesores de BUP, cuyo empeño por despertar un juicio crítico, por formar un pensamiento propio y rico en sus alumnos arraigó también en él y determinó que los tomara como modelos a seguir durante el resto de su vida. No obstante, reconoce que sólo se ha podido sentir realizado, tras acabar la carrera, en el aspecto enseñante, pues el haber salido del ámbito universitario lo ha apartado siempre de cualquier tipo de investigación. Además, una absurda competitividad feroz que siempre presenció en Clásicas tiró para atrás cualquier tentativa suya de emprender un estudio científico. Por el contrario, siempre ha adorado impartir clases, «hacer despertar la chispa de la curiosidad por el saber en el alumno», «pensar que abre caminos al estudiante». Le apasiona ver cómo los alumnos, a medida que van introduciéndose en el estudio de las lenguas clásicas, parecen, de repente, apercibirse de lo que siempre había estado frente a ellos pero en lo que nunca habían reparado: el lenguaje, su mecanismo interno; por primera vez se les ve desarrollar un pensamiento metalingüístico que, para él, no sólo los enriquece como estudiantes sino incluso también como personas.

– ¿Qué pueden aportar las humanidades al alumno hoy en día?

A nivel estudiantil, piensa que sólo a través de ellas en nuestros días se puede adquirir una buena base de «gramática», entendiendo por gramática «no el aprendizaje de las conjunciones y las declinaciones, sino la obtención y el dominio de los instrumentos necesarios para la construcción correcta de un discurso». Ello logra no que el alumno sea capaz, al estudiar, de memorizar y reproducir de una forma psitacista, sino que un día disponga de una capacidad creadora. Sin embargo, para él es fundamental imitar antes de crear, pues si se da rienda suelta a la capacidad creativa sin haber procurado previamente una buena formación artística -en este caso, lingüística-, los resultados pueden ser catastróficos. A si el estudio de las humanidades puede repercutir en una mejora moral o ética, responde que éstas tan sólo suministran las herramientas para la «disección» de un texto –que de por sí ya es una cosa saludable-, pero que ya es una elección personal no quedarse en este plano -llamémoslo «estéril»- y avanzar hacia la aplicación en la praxis de estas habilidades, como, por ejemplo, para el análisis de un discurso político pudiendo discernir qué es aquello que nos están comunicando realmente tras una engañosa floritura de palabras. En consecuencia, afirma que el hábito a la reflexión que se nos inculca a través de los textos redunda en una posibilidad de «interpretar las circunstancias», con adecuación y sutileza, a la hora de resolver los problemas que se nos presentan a diario, lo que no exime, con todo, de que uno pueda equivocarse y emprender el mal camino; solamente quiere decirse que confiere una mayor finura en la comprensión de situaciones difíciles. Aun así, advierte, por último, de que un olvido de la base moral en el estudio de la Filología Clásica –es decir, un «olvido de la dignidad humana», una implantación consecuente de la ley del más fuerte y la asechanza por el poder- haría que, sin remedio, ésta a sí misma se desvirtuara y anonadara.

– ¿Qué cree que ha aportado a los alumnos con su trabajo?

En primer lugar y desviándose un poco del tema, achaca la postergación de las letras en la sociedad actual al miedo, disfrazado de indiferencia, que les causa a las élites políticas imaginar que en las escuelas podría desarrollarse entre el alumnado una actitud reflexiva y crítica gracias a la comprensión cabal de cualquier discurso. Para él, es fundamental que el profesor oriente al alumno y le sirva de ejemplo con su modo de hacer, como, en su caso, hicieron los suyos. Considera que su trabajo le proporcionó un propósito vital: intentar que, todo estudiante que pasara por sus manos, no se fuera sin haberse parado a pensar al menos un instante. Pese a ello, reconoce que esta labor es lenta y quizás invisible a corto plazo, puesto que, a su juicio, las consecuencias de decirle a quien sea «párate a pensar» no se visualizan tan rápido como quisiera una sociedad cuyo modo de producción se caracteriza por la premura y la eficiencia instantánea. Aun así, siempre se ha opuesto a la idea de que las escuelas no fueran un lugar donde se inculcara el saber, sino unas «fábricas de producción de profesionales cualificados»… y no de personas con sentido cívico.

José Alberto Díaz Valero

Descubrimiento arqueológico

Esta semana hemos conocido lo que parece ser un descubrimiento arqueológico relevante: una ciudad en Grecia, a 300 kilómetros al norte de Atenas, llamada Vlochós. Los restos que se han empezado a sacar a la luz revelan que se trataba de un enclave de importancia. Desde luego, las fotos de las murallas llaman la atención.

A la espera de obtener información más completa (de momento sólo contamos con las noticias aparecidas en los periódicos: El País y ABC, pincha en los nombres de los periódicos para leerlas), os dejamos un enlace a la página de National Geographic (pincha aquí) donde puedes ver fotos de calidad.

Susana González Marín

 

ENTREVISTA A Mª ÁNGELES MARTÍN SÁNCHEZ

Inauguramos con esta entrada una nueva sección que esperamos que tenga larga vida: entrevistas a nuestros profesores de instituto, la avanzadilla que se enfrenta día a día a todo tipo de dificultades. Sin su trabajo fundamental nuestros estudios hace tiempo que habrían muerto. Y, ¿quién mejor para empezar que Mª Ángeles Martín Sánchez, de la que hemos recibido tantos alumnos y a la que este blog debe tanto?

La mayoría de los que estudiamos Filología Clásica lo hacemos porque en el instituto dimos con un profesor que supo transmitirnos su amor por las letras y la cultura clásica. En mi caso, en La Vaguada tuve la suerte de dar con dos, Mª Victoria Sánchez Conde, a quien mando un afectuoso saludo, en latín y Mª Ángeles Martín Sánchez, la protagonista de esta entrevista y una de las más asiduas colaboradoras de este blog, en griego.

Mª Ángeles se licenció en la Universidad de Salamanca en 1968 –la promoción de “los indomables” según el profesor Lainez Alcalá- y al año siguiente sacó las oposiciones de catedrática de instituto de griego y una plaza en Getafe. Desde entonces, en algo más de 40 años dedicados a la docencia, ha visto cómo la sociedad dentro y fuera de las aulas ha cambiado tirando por tierra las Humanidades junto a otros valores como el de la cultura y el respeto. Gracias por querer compartirlo con nosotros en esta entrevista.

¿Por qué Filología Clásica?

Yo creo que porque tuve muy buen profesorado de Filología Clásicas, sobre todo de griego, en comunes. En latín tuve peor suerte pues porque en 1º nos daba un profesor al que tuvieron que operar, Manuel Palomar Lapesa, y ya nos dio otro profesor, el profesor Carvallo. En segundo nos dio el profesor Díaz, pero estuvo en muchos tribunales de oposiciones, y congresos, con lo cual también nos daba el profesor Millán Bravo Lozano y la verdad vimos muy poquito

En cambio en griego, para subsanar un problema por el que nos acabó dando clase a la mitad del grupo una profesora de instituto, el prof. Ruipérez, que nos daría en 2º, nos dijo que podíamos ir de oyentes a sus clases, con lo cual muchísimo mejor, nos vino muy bien, y en segundo ya nos dio Ruipérez.

¿Cuántos estudiantes fuisteis en tu promoción?

Cuarenta y seis. Éramos, no obstante, pocos de Salamanca, porque justo cuando nosotros empezamos la especialidad prohibieron, por el problema de las huelgas, ir a estudiar a Madrid y obligaban a la gente a hacer los estudios, siempre que hubiera esa especialidad, en otro lugar. En aquel momento Clásicas solamente había en Madrid, Barcelona y Salamanca. Por eso, cuando empezamos la especialidad, estábamos los de Salamanca, como 14 ó 15, y luego estaban los andaluces, los gallegos, los asturianos, los navarros… había gente prácticamente de todas partes.

¿Había muchas mujeres en ese momento en la facultad?

Si, más o menos yo creo que estábamos equilibrados, casi 50%. Sobre todo también los chicos que había no eran procedentes del seminario, sino que era gente que había estudiado en el instituto o en algún colegio.

Algún recuerdo de tu paso por la universidad (profesores, compañeros…)

Pues recuerdos todos muy agradables. Tuve al profesor Ruipérez y al profesor Gil, dos métodos completamente distintos: tuve al profesor Ruipérez en 2º, al profesor Gil 3º y 4º y de nuevo Ruipérez en 5º. Ruipérez era sistemático, explicaba y exigía únicamente lo que él comentaba en clase; cada vez que salía una palabra preguntaba toda la familia, y los contrarios, etc, cómo ha salido esto en otro texto y por qué, etc. El profesor Gil nos hacía preparar por nuestra cuenta por ejemplo el Edipo Rey, Tucídides, algo de Demóstenes; era un examen oral, te abría el libro por donde saliera, “lea, traduzca y comente”. Y en clase también, nos hizo unos comentarios muy buenos, nos hizo trabajar muchísimo, aprender muchísimo vocabulario, con lo cual se complementaban muy bien, por un lado el método sistemático de Ruipérez que te ayuda a asimilar poco a poco y por otro el de Gil, que hacía comentario literario-estilístico.

En cuanto a los compañeros, nos llevábamos muy bien, aunque tuvimos varios problemas también porque hubo muchas huelgas: en 5º nos cerraron la facultad por dos meses por las huelgas, y eso trajo a veces también conflictos entre los compañeros por el problema de votación, de huelga o no huelga. Tuvimos que hacer alguna instancia para que nos abrieran la facultad (…) pero vamos, la relación era francamente buena, nos llevábamos muy bien todo el mundo y aprendimos también, los recuerdos son muy agradables.

Autor clásico/ obra favorita

Yo diría que Platón, quizás porque fue el que trabajé desde el primer momento y luego Sófocles y Homero, sobre todo porque fue los que más profundicé con los profesores

Y alguno que no te guste nada, o al que no tengas especial simpatía.

Pues, no sé, a lo mejor Isócrates; lo traduje alguna vez y me pareció demasiado rebuscado, y en poesía Píndaro que me resultó a veces un poco difícil.

¿Siempre quisiste dedicarte a la docencia?

Si, en principio si, quizás por tradición familiar, porque en mi casa yo era la más pequeña de todos los hermanos (somos 5) y todas mis hermanas estaban en la docencia; mi hermano al principio estaba en la investigación pero luego ha terminado en la docencia.

Y docencia de instituto, no en la universidad…

Si, empecé la tesis pero la dejé. Quería dedicarme completamente a los alumnos y el instituto te quitaba mucho tiempo. También es verdad que el primer año que yo estuve en un instituto me cargaron además, por ser la más joven, con la secretaría del instituto, con lo cual me llevaba mucho más tiempo.

Háblanos de tu primer destino

El Puig Adam, en Getafe. Era muy distinto, no teníamos teléfono -hablamos del año 70-, el director no había sido director nunca, no teníamos experiencia, con lo cual las tardes las teníamos que dedicar a que compañeros que conocían a directores de otros institutos nos contaran cómo se hacían las cosas, porque no sabíamos. No obstante la experiencia fue muy buena, porque nos unió a profesores y alumnos No tuvimos calefacción ese año, pero dimos clase todos allí sin problema; los chicos muchos iban en los autobuses de sus padres que eran obreros en las fábricas y se levantaban a las 6 de la mañana, y en el instituto teníamos un bedel maravilloso que les abría la puerta para que pasaran dentro y por lo menos no pasaran frío. Esto ha hecho que efectivamente nos sigamos reuniendo todavía, aunque abandonamos Getafe, yo en el 79 después de 10 años; los tres últimos (76-79) compartí Getafe con el INBAD (Instituto Nacional de Bachillerato a Distancia) que fue también una experiencia muy buena.

¿En qué consistió tu labor en el INBAD?

En el Instituto a Distancia tuvimos que elaborar material para los alumnos; eso también me vino muy bien porque tuvimos que reflexionar sobre cómo puedes enseñar el griego a personas que no están contigo en directo. Hicimos unos documentos, con máquina de escribir, luego fotocopiados… pero fue una experiencia francamente buena porque tuvimos relación con muchos centros. Tuve la suerte de conocer a Serafín Agud en Zaragoza que era una profesor fabuloso, a Jesús Lérida de Valladolid… claro, ellos estaban aplicando eso con alumnos a los que veían la cara cada 15 días en tutoría, y me decían “esto hay que corregirlo porque no funciona bien”, o “esto otro da muy buenos resultados”.

¿En qué otros centros has trabajado?

Además de en Getafe, donde estuve 10 años, los tres últimos (76-79) compartí Getafe con el INBAD, luego en el 79 me trasladé al instituto San Isidro de Madrid y estuve allí hasta el 92 en que me vine a Salamanca, a la Vaguada.

En tu larga trayectoria en los institutos ¿has percibido muchos cambios en el alumnado?

Totalmente distinto. También tengo que decir que en cuanto al tipo de alumnado que he tenido, en Getafe tuve muchos alumnos cuyos padres eran analfabetos, pero con un interés tan impresionante por parte de los chicos por aprender, y de los padres para que aprendieran, que cualquier cosa que vieras con ellos era una maravilla. No había ni un solo problema de disciplina, todos los alumnos querían aprender todo lo que les echaras. Luego en el San Isidro también eran alumnos de clase media baja; en todos los años en el San Isidro no recuerdo más que dos o tres alumnos cuyos padres tuvieran estudios universitarios, la mayor parte tenía solo los primarios. En aquel momento el San Isidro era un instituto que tenía muchísima fama quizás por la tradición, (como tal el instituto llevaba 150 años, como centro era del siglo XVI). Como estaba en el centro, muchos alumnos hacían 2 horas de metro porque sus maestros les habían aconsejado que no se quedaran en el barrio porque empezaba la droga y todos esos problemas y que se fueran a un instituto. Por lo tanto era gente con muchísimo interés.

Cuando yo llegué al San Isidro era la transición, el año 79, fue un año en el que todavía había muchos problemas de tipo político, incluso con los alumnos. Yo de hecho tenía en clase de 3º de BUP al jefe de las Juventudes Comunistas y al jefe de Fuerza Nueva, que además, como yo colocaba a los alumnos por orden alfabético para aprenderme los nombres, coincidió que los puse juntos en el mismo pupitre, pero a lo que voy es que era todavía gente con muchísimo interés por aprender. Recuerdo que en aquellos momentos les hacía aprender en 3º de BUP (1º bach.) los verbos polirrizos y estos chicos se aprendían sus 50 verbos polirrizos porque el último día de clase consistía en un examen oral de estos; normalmente hacíamos una excursión a final de curso (en 3º de BUP a Mérida para ver el teatro romano y el museo) y eran tiempos en que los alumnos cantaban muchísimo en el bus, de todo, pero estaba claro que la canción de despedida era cantar los verbos polirrizos “para que Mª Ángeles sepa que nos los sabemos”.

En la Vaguada yo exigía los 4 ó 5 más usados, quiero decir, ya que si yo hubiera puesto un examen de los que ponía los primeros años en Getafe o en el San Isidro… me corren. También hay que tener en cuenta que en aquella época los alumnos estudiaban un año entero de latín antes con lo cual tenían una formación básica, que partías de unos conocimientos previos mucho más grandes y entonces, claro, podías exigir más porque el chico ya sabía.

Una impresión que tengo de los profesores de Clásicas en los institutos es que pocas veces se “conforman” con ir y dar su horario, sino que suelen compaginarlo con otros proyectos. En tu caso, has traducido, junto a tu hermana Adelaida, a Hesiodo para Alianza Editorial y has ganado el premio Giner de los Ríos de Educación por un trabajo realizado junto a otros compañeros profesores de esta ciudad; háblanos de estos u otros proyectos.

Yo, efectivamente, siempre he estado metida en varias cosas, grupos de trabajos… Aparte de la traducción con Adelaida ha habido varios proyectos: libros editados por Ediciones Clásicas, hicimos una edición de vocabulario mínimo, textos para COU de distintos autores; y actividades con grupos de trabajo de la Complutense de Madrid, donde varios profesores de instituto formábamos equipos de trabajo en los que hacíamos selecciones de textos para facilitar un poco el trabajo en el aula. Eso en Madrid. Luego en Salamanca, en el grupo del CEP (ahí estábamos de latín y griego y nos llevaba mi hermana Adelaida, que luego se quedó en la inspección), estábamos entre otros Marola Hernández, que me ha sustituido en la Vaguada, Gene García, que ya se jubiló, David Lucas, que está ahora en el Venancio Blanco, Manuel Morán, que está en el Torres Villarroel, Manuel Pérez y Corso, que ya se ha jubilado, Nacho Pérez de la Sota, que está en Zamora, Lourdes Diego, que está en Peñaranda, Luis Adolfo que también se ha jubilado… Entre todos estos hicimos también varios documentos: la selección de textos de latín, la selección de textos de griego, para trabajar con alumnos, fundamentalmente en 2º de bachillerato, primero en COU y luego en 2º de Bachillerato. También hemos hecho uno sobre los mitos de las plantas, el trabajo del premio Giner de los Ríos sobre léxico y vocabulario… hay varias publicaciones de estas que siempre nos han mantenido activos y que viene muy bien para reescribir la cultura clásica en bachillerato. Tenemos otro proyecto que hicimos con la facultad, con Charo Cortés, Paco Cortés y Paco Lisi que también nos lo seleccionó la Junta y nos vino muy bien: primero por trabajar conjuntamente con la universidad, y segundo porque te hace reflexionar sobre una serie de temas.

¿Cómo ves las Humanidades hoy en día a nivel general/social?

Pues, yo en principio las veo bastante en baja, porque a la gente, en el momento actual, parece que lo que le interesa es lo que dé dinero y al parecer las Humanidades para la gente no dan dinero. Creo que el materialismo se está adueñando bastante de la sociedad y ese es un peligro muy grande porque, igual que primero caímos nosotros, luego cayó la filosofía, la música también ha caído… entonces yo espero que con todo esto ya hayamos tocado fondo. El problema que yo veo es que, cuando tienes un profesorado maravillosamente preparado, te las cargas, y, en cambio, ahora que me las he cargado y estoy desanimando a la gente, ahora igual vuelven a resurgir y estoy tirando por la borda a la gente de un profesorado y un alumnado que está ahí.

¿Y en el ámbito educativo?

Pues también te pasa un poco lo mismo. Hay institutos en los que tienes la suerte, como pasaba en la Vaguada, de que el director te apoya. Por ejemplo, cuando yo intenté poner la cultura clásica como segunda opción, o estuve dando griego para los alumnos de ciencias tuve todo el apoyo del director. En cambio hay otros sitios en los que la Junta Directiva te pone trabas y eso para mí es muy importante. Cuando los alumnos se matriculan, la persona que está en la secretaría o en la Jefatura de Estudios a veces dice “no, esto crea problemas, esto fuera” y llaman a los alumnos y les dicen que se cambien de opción, que no ha salido grupo… Eso nos pasó una vez en el instituto San Isidro: me llamó un alumno y me dijo “oye, es que no nos dejan hacer Latín y Griego en COU –se podía hacer Latín y Griego, Latín y Arte, o Griego y Arte-, nos dejan hacer Latín-Arte y Griego-Arte pero dicen que Latín y Griego no porque no hay gente suficiente”. Como había unas solicitudes en las que cada alumno podía poner lo que quería, la profesora de latín y yo recogimos todas las instancias de los alumnos y había exactamente 20 alumnos, con lo cual cogimos al jefe de estudios y le dijimos “vamos a ver, tú has llamado a todas estas personas y les has dicho que no. Lo sentimos mucho pero esta asignatura se da”. El director se quedó muy extrañado porque no tenía ni idea: el jefe de estudios, porque le era muy molesto encajar ese horario, por su cuenta y riesgo decidió que no se daba, igual que llamó a unos alumnos de alemán diciéndoles lo mismo. Por eso es muy importante la Junta Directiva, igual que el ambiente del instituto.

¿Por qué crees que el conocimiento de nuestras disciplinas es importante en el siglo XXI?

Pues yo creo que es fundamental desde el punto de vista lingüístico y cultural: primero lingüístico porque tú difícilmente entiendes el vocabulario normal si no sabes latín y eso lo estás viendo en muchísimos periodistas que utilizan expresiones y palabras incorrectas totalmente, y para el lenguaje científico el griego me parece fundamental. Y desde el punto de vista cultural, pues difícilmente puedes ver un museo y entender si tú no tienes una formación básica en mitología, igual que ocurre con la sagrada escritura, que también me parece muy importante que la sepas, porque si no, no entiendes. En literatura, en el momento actual tienes cantidad de obras recientes que se basan en el mundo grecorromano. Te paseas por cualquier ciudad de España y ves cualquier cosa y tampoco la entiendes; en Salamanca a los chicos muchas veces les decíamos “¿qué tienes enfrente de La Tahona, en un extremo de la Gran Vía?” –una estatua de Mercurio como monumento al empresario- “¿para ti qué es eso?” y no sabían. Pues es el monumento al empresario, tendrás que verlo y entenderlo, o el monumento a Góngora, pues lo mismo. Tú no puedes aprender nada o prácticamente nada si no tienes una base de conocimiento amplia.

¿Qué consideras importante para un profesor de griego?

Pues yo creo, fundamentalmente, primero, que tenga una buena formación lingüística, por su puesto, que maneje el léxico, que domine los textos muy bien, pero que parta de la base de que la finalidad de estudiar griego es conocer el mundo griego a través de los textos, o sea que la gramática es un instrumento pero no un fin. Por eso es necesario, siempre ir inmediatamente a los textos, para desentrañar de cada texto todo lo que tiene para desentrañar, léxico, cultura. Y sobre todo entusiasmo por la materia. Si tú vas simplemente porque te pagan, pues no tenemos nada que hacer. Simplemente saber que eso tiene una finalidad que es conocer una materia, que el alumno saque el mayor provecho posible para que vea que el griego le sirve, y que no es solamente las matemáticas o la economía lo que le sirve, porque el griego le puede dar muchísimas cosas.

Algún consejo para los que salimos de la facultad ahora, para los que empezamos

Que tengáis mucho entusiasmo, que penséis que es muy bonita la enseñanza, que tiene muchísimas complicaciones pero que hay que volcarse y echar muchas horas, que no es solamente dar la clase: aunque lleves cuarenta años dando clase, el día antes siempre tienes que pensar qué vas a decir, preparándote el texto en mente. Y estar al día, o sea, no pensar que yo ya he aprendido todo en la facultad y con esto ya tengo para toda mi carrera. No. Leer qué se hace en otros países, en otras zonas, y sacar ideas nuevas cada vez.

Isabel Varillas