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Feliz Navidad y un venturoso año 2018 os desea el equipo de Notae tironianae, que relaja su actividad durante estos días

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Pompeya en el Belén Napolitano del Palacio Real de Madrid

Hacía tiempo que sentía curiosidad por visitar el Belén Napolitano del Palacio Real de Madrid.

Y no es que mi ciudad natal, Valladolid, de rica tradición belenista, no cuente con uno. Lo tiene, y muy bello. Puede visitarse en el Palacio de Villena, anexo al Museo de Escultura y hace dos años fue objeto de un montaje espectacular.

Pero yo sentía curiosidad… Ya saben, Pandora…

Por fin el año pasado lo visitamos mi esposo y yo, suyas y mías son las fotos que acompañan estas líneas.

 belen

 

Poco podía imaginar que a la entrada me esperaran unas columnas caídas, unos operarios desenterrando tesoros bajo la atenta mirada de un arqueólogo levantando sus planos… Que un poco más allá, al fondo, sobre una pared bermeja asomara una famosa imagen pompeyana (la del así llamado Mosaico de la Casa de Cicerón, cuya imagen ampliada puedes ver aquí), peculiares sones y panderetas.

Belén

¡Qué hermosura! Me dije. ¡Qué bonita forma de homenajear a Carlos III, bajo cuyo reinado y patrocinio allá en la bahía de Nápoles comenzaron a aparecer los restos de Pompeya y Herculano, mucho antes de que se convirtiera en Rey de las Españas!

Supongo que a ciencia cierta no podemos saber cómo fue su forma primera, fue creciendo poco a poco, iniciado por Carlos III para su hijo. Pero a buen seguro quienes idearon esas figuras querían agasajarle a él, a su heredero después, guardar memoria. O acaso fue el propio rey quien llevó la voz cantante…

Este año leo en la página de Patrimonio Nacional que incluso la figura de Carlos III se va a incorporar al Belén: se quiere rendir cuenta de su pasión por la arqueología. Yo me atrevería a añadir por el Mundo Antiguo. Recuerden si no su papel en el diseño del Paseo del Prado con su Cibeles, su Apolo, su Neptuno…

Para mí sumar a la belleza de tantas figuras el guiño a nuestros estudios fue un regalo inesperado. Y como tal “don” quiero ofrecérselo a todos los que escriben y leen este blog, y acompañarlo de mis mejores deseos para esta Navidad.

Henar Velasco López

P.S. Información sobre otros belenes reales aquí . Y si quieren saber de Pompeya lean el magnífico libro de la flamante Premio Princesa de Asturias 2016, Mary Beard (Pompeya, 2009) o vean su documental .

Otra vez la Égloga IV de Virgilio

Publio Virgilio Marón ha pasado a la historia como uno de los grandes poetas de la literatura romana por su tan famosa epopeya, la Eneida, que une las leyendas del antiguo ciclo troyano con la fundación de Roma para legitimar definitivamente el principado de Augusto, que había sustituido a la agonizante República.

Gran parte de las obras de los autores antiguos no se ha conservado hasta hoy, caídas en el olvido por distintas circunstancias, entre otras, el escaso interés que suscitaron en las distintas épocas. Sin embargo, Virgilio había compuesto en su juventud una serie de poemas pastoriles llamados Églogas o Bucólicas, de las cuales la cuarta anunciaba la llegada de un niño que restauraría al hombre en la Edad Dorada; y estas no corrieron esa misma suerte. Antes de pasar a tratar la cuestión de las Églogas, pasemos a describir brevemente cuáles son estas edades.

Con esta denominación, se hace referencia a las distintas generaciones de seres que habitaron la Tierra. Nuestras principales fuentes son Hesíodo, autor de la Teogonía, y Ovidio, gran poeta romano que compuso las Metamorfosis. Normalmente se suelen dividir en cinco etapas: la de oro, donde los hombres vivían apaciblemente sin penuria alguna; la de plata, que representa la antítesis de la anterior, al ser esta raza más violenta e ignorante que la precedente; la de bronce, período en que el ser humano no piensa más que en los conflictos y actúa de manera soberbia; la heroica, dividida, a su vez, en la raza de los virtuosos, cuyo destino es morir en las guerras y, por otro lado, la de los que viven felizmente en las Islas Afortunadas, en los confines del mundo conocido; y por último la de hierro, etapa actual en la que el hombre debe soportar grandes fatigas y miserias, pero que las mitiga con ciertas alegrías

En cuanto a la Égloga IV, en esta se anuncia, acudiendo a la Sibila de Cumas, que el nacimiento de un niño conllevará la vuelta a la Edad Dorada del hombre bajo el reino de Saturno, lo cual ha sido interpretado por numerosos autores cristianos como la llegada a la Tierra de Jesucristo, quien librará al ser humano de todo pecado y se abrirá una etapa de fertilidad y prosperidad en el planeta. Por esta razón Virgilio ha pasado a la posteridad como un profeta que auspiciaba el advenimiento del Mesías, de ahí que haya influido en autores tan notables como Agustín de Hipona, que en La ciudad de Dios redactó un pasaje en el que utiliza a Virgilio como argumento de autoridad para defender la fe cristiana frente al neoplatonismo de Porfirio, filósofo anterior a Agustín de Hipona. El fragmento es el siguiente:

¡Ojalá tú lo hayas conocido también y te hayas entregado a Él para ser sanado con más seguridad, antes que a tu virtud, que es humana, frágil y enfermiza, o a tu nociva curiosidad! ¡Ojalá no te engañase a ti, a quien vuestros oráculos, como tú mismo describes, confesaron al Santo y al Inmortal! De Él también dijo el famosísimo poeta, que poéticamente es cierto, porque lo dijo figuradamente de otra persona, pero muy verazmente si lo referimos a Cristo: «Siendo tú nuestro guía, si alguna huella quedó aún de nuestro crimen, no tendrá efecto alguno, y su desaparición librará a las tierras de un terror perpetuo». Se refiere aquí a lo que, dada la flaqueza de esta vida, puede permanecer incluso en los muy adelantados en la santidad; no crímenes ciertamente, pero sí vestigios de crímenes, que sólo pueden ser curados por el Salvador a que hace alusión este verso de la misma égloga: «Ha llegado la edad anunciada por la sibila de Cumas». Por donde se ve que esto, indudablemente, lo ha dicho la sibila de Cumas.

Agustín de Hipona, La Ciudad de Dios X, 27 Traducción de Fr. Jose Moran, O.S.A

En conclusión, un autor con el renombre de Virgilio no solo se ha convertido en uno de los referentes más importantes en la literatura universal por su la Eneida, sino que también ha suscitado mucho interés entre los estudiosos su égloga cuarta en relación con el cristianismo. Por lo tanto, siempre conviene no juzgar a un libro por su cubierta, ya que puede entrañar mucho más de lo que se imagina el lector.

Humberto Mederos Díaz

 

¿Por qué se llama a Heródoto “el padre de la Historia”?

Manuela y Mª Ángeles Martín Sánchez nos envían este enlace a un video de dibujos animados que nos explica por qué se llama a Heródoto “el padre de la Historia”: Why is Herodotus called “The Father of History”? (En inglés con subtítulos en inglés)

Galería

Día Internacional del Migrante

Marta Martín Díaz nos recuerda que hoy es le Día Internacional del Migrante

Transido de dolor, la patria dejo,
la playa, el puerto, hasta las mismas vegas
donde fue Troya un día: desterrado,
el mar me lleva, con mi gente, mi hijo,
con los Penates y los Magnos Dioses.

Virgilio, Eneida III, 10-12

(Trad. Aurelio Espinosa Pólit)