Ciencia y clásicas

Del 6 al 19 de noviembre, se celebra en Madrid la decimoséptima edición de la Semana de la Ciencia, uno de los eventos más importantes de divulgación científica en Europa, que este año cuenta con la participación del departamento de Filología Clásica de la Universidad Autónoma de Madrid.

Así, ha organizado una serie de actividades que aúnan ciencia y clasicismo (que se puede, aunque algunos se empeñen en que no lo parezca): el viernes 10 de noviembre, de 9 a 11, un recorrido por el campus de la UAM, con explicación de los mitos y la etimología de su naturaleza; y por la tarde, de 16 a 17:30, un paseo etimológico por el Real Jardín Botánico de Madrid. Y el viernes siguiente, con la vista puesta en el arte, de 11 a 12:30, un itinerario mitológico por el Paseo del Prado; y de 16 a 17:30, un paseo mitológico por el Museo del Prado. Tenéis más información en los enlaces facilitados.

Desde luego, es una iniciativa que merece mucho la pena.

Alberto López Redondo

Sulpicia, poetisa romana

Desgraciadamente solo se nos han conservado seis poemas de Sulpicia en el Corpus Tibullianum, cuarenta versos en total, conservación que le debemos seguramente a que era sobrina de Mesala, el patronus de los poetas Tibulo y Ovidio. Era hija de Servio Sulpicio Rufo y de Valeria, la hermana de Mesala, y como su padre murió pronto Mesala pasó a ser su tutor. Estas circunstancias personales favorecieron que ella estuviera en contacto con los poetas mencionados arriba y que cultivara la elegía amorosa romana con voz de mujer. Se conjetura que su nacimiento pudo tener lugar entre el 40 y el 30 a. C. y que sus poemas fueron escritos en la década del 20-10 a. C. Así que los escribió cuando era muy joven y quizás por eso los estudiosos trataron su obra con paternalismo y condescendencia hasta que la crítica feminista y de género empezó a tomársela en serio y hoy contamos con abundante bibliografía.

Aquí nos limitamos a presentar dos poemas, el primero y el último de la colección, porque recogen muy bien la respuesta de Sulpicia a las restricciones a las que una joven de su clase estaba sometida en Roma. En el primero proclama su amor despreciando la fama, una cortapisa a la conducta sexual de las mujeres de entonces (y quizás también un poco de ahora); en el segundo se arrepiente de haber dejado a su amado para ocultar su pasión.

Por fin llegó el amor; y tan grande
que más vergüenza me daría ocultarlo
que  la fama de haberlo desvelado.
Vencida por los ruegos de las Musas
lo trajo Citerea, y lo depositó en mi seno.
Cumplió sus promesas Venus: y mis alegrías
que las cuente quien no las tenga propias.
Confiar algo a mis tablillas
y que alguno me lea antes que mi amado, no lo quisiera;
pero me encanta haber pecado,
me da vergüenza poner cara de santa por el miedo a la fama.
Que lo cuenten: yo una mujer digna
he estado con un hombre digno.
                                                                     (Corpus Tibullianum III 13)

Que nunca más sea yo para ti vida mía una pasión tan grande
como fui –creo- hace unos días,
si en toda mi juventud cometí una estupidez
de la que confiese arrepentirme más
que la de dejarte solo anoche
deseosa de ocultar mi ardor
(Corpus Tibullianum III 17)

                                                                 Traducción: Rosario Cortés Tovar

De este modo, si los poetas elegíacos rechazaban los valores bélicos masculinos romanos para entregarse a la militia amoris, Sulpicia rechazó el modelo de mujer recatada, casta y pia, vigente y adaptó la actitud  subversiva de aquellos a sus condiciones de mujer.

Rosario Cortés Tovar

 

 

Best Sellers grecolatinos

Las librerías tienen un gran elenco de libros que nos transportarán al mundo clásico. He aquí una muestra de algunos de ellos.

La Daga Espartana, de Nicholas Guild:2

Ambientada en la Antigua Grecia, en la primera mitad del siglo IV a. de C, trata sobre la venganza que quiere llevar a cabo Protos, joven ilota, tras el asesinato de sus padres a manos de Teleclo y Éurito. Pero no contaban con que Protos mataría a Teleclo. A partir de ahí, la venganza y el rencor rodean al personaje, pues intenta liberarse de la opresión espartana, y lo va logrando, gracias a sus buenas dotes como guerrero y estratega.

Además, pueden leer aquí el primer capítulo

 

El Espartano, de Javier Negrete:

La historia del eficaz guerrero Alástor, que había crecido como Perseo, hijo del rey Demarato, pero al que las intrigas palaciegas le hicieron perder su derecho al trono. Alástor tuvo que abandonar la batalla de las Termópilas por orden del rey Leónidas, con el encargo de entregar una carta a Gorgo, su esposa.

 

Anibal: Nubes de guerra, de Ben Kane:

Siracusa, 213 a. C. Una historia de lealtad entre dos amigos y, sin embargo, adversarios durante la contienda que enfrenta al ejército romano con el general Aníbal Barca durante las Guerras Púnicas. Quintus, que lucha por la República romana, se encuentra con su antiguo amigo, Hanno, en las filas del ejército cartaginense.  Pero cuando Hanno, que había jurado dar muerte a todos los romanos, descubre que Aurelia, hermana de Quintus, está cautiva, se replantea todo. Es la cuarta parte de una saga.

Otros títulos:

Gladius et Peplum: El baluarte fronterizo, de Jesús Andrades Fernández.

Cornelia de Gades, de Javier Tazón. (Lean aquí el primer capítulo)

Las confesiones del joven Nerón, de Margaret George.

El soldado de Rodas, de Eneko Fernández. (Lean aquí el primer capítulo)

El hijo de César, de John Williams. (Lean aquí el primer capítulo)

 

Elena Villarroel Rodríguez

El togado romano de la calle Libreros

El jueves pasado, tal y como os anunciamos en nuestro blog, se presentó en el Museo de Salamanca una pieza escultórica del s. I d. C., un togado romano, de la que prácticamente solo queda el tronco (Podéis leer la noticia completa aquí). La estatua,  rota en dos fragmentos, fue hallada en 2015 en una excavación en la calle Libreros 58, zona que parece constituir el núcleo de la antigua ciudad romana. Parece que pudo llegar a medir 2 metros y a pesar media tonelada, eso sin contar con el pedestal. El hombre representado sería sin duda un personaje público de relevancia.

La estatua fue reutilizada como material de construcción; en el lugar del descubrimiento no hay restos asociados. Cabe suponer que, dadas sus dimensiones, su emplazamiento original no fuera demasiado lejano, lo que confirmaría la hipótesis de que el foro de la ciudad se encontraba en esta zona del recinto.

Para más información remitimos al artículo “Estatua de togado romano hallada en Salamanca” de Manuel Carlos Jiménez González y Ana Rupidera Giraldo (Stud. hist., H.ª antig., 34, 2016, pp. 139-165)

Susana González Marín

La Roma de los Manel

En el año 2008, el grupo catalán Manel publicó su primer álbum: aquel Els millors professors europeus que les catapultó al número uno de ventas y les consignó como grupo revelación del año.

Mucho se ha hablado desde entonces del costumbrismo que, especialmente en sus dos primeros discos, impregnaba las letras. Pero, como señaló Guillem Gisbert (en esta entrevista a cargo de Nacho Vegas), letrista principal del grupo, a este propósito: «Lo hay [costumbrismo], pero no tanto. Teníamos un pie en la realidad, pero también estaba la fantasía».

He aquí el ejemplo perfecto de esta combinación (puedes ver el video aquí):

Si hagués nascut a Roma, fa més de dos mil anys,
viuria en un Imperi, tindríem un esclau,
i àmfores al pati plenes d’oli i vi
i una estàtua de marbre dedicada a mi.

Si hagués nascut a Roma, fa més de dos mil anys,
no faria olor de xampú el teu cabell daurat,
oferiríem bous als déus, brindaríem amb soldats
i ens despertaria un carro pujant per l’empedrat.

I els turistes es fan fotos on tu i jo vam esmorzar,
són les coses bones de passar a l’eternitat,
i una guia els ensenya el mosaic del menjador,
es retraten i passegen per la nostra habitació.

I ara un nen dibuixa a llapis a la sala del museu
el braçalet de maragdes que t’embolicava el peu
i un submarinista troba els nostres gots i els nostres plats,
són les coses bones de passar a l’eternitat.

Si hubiese nacido en Roma, hace más de dos mil años,
viviría en un Imperio, tendríamos un esclavo,
y ánforas en el patio llenas de aceite y vino,
y una estatua de mármol dedicada a mí.

Si hubiese nacido en Roma, hace más de dos mil años,
no olería a champú tu cabello dorado,
ofreceríamos bueyes a los dioses, brindaríamos con soldados
y nos despertaría un carro subiendo por el empedrado.

Y los turistas se hacen fotos donde tú y yo desayunamos,
son las cosas buenas de pasar a la eternidad,
y un guía les enseña el mosaico del comedor,
se retratan y pasean por nuestra habitación.

Y ahora un niño dibuja a lápiz en la sala del museo
el brazalete de esmeraldas que te envolvía el pie
y un submarinista encuentra nuestros vasos y nuestros platos,
son las cosas buenas de pasar a la eternidad.

Por cierto, a esta Roma le sigue una canción con no menos reminiscencias clásicas, llamada Captatio Benevolentiae (en términos retóricos “ganarse el favor del público”)

(Tanto la letra original en catalán como su traducción al castellano se encuentran aquí)

Marta Martín Díaz

Canon de mujeres escritoras: un antecedente clásico

Uno de los temas más debatidos por la crítica literaria feminista a finales del XX, en la tendencia dedicada al estudio de la literatura escrita por mujeres (gynocriticism), fue el del canon. Las escritoras prácticamente no tienen espacio en los cánones al uso, en los que predominan escritores, siempre elegidos por críticos hombres. De manera que uno de los propósitos del gynocriticism fue investigar tradiciones compuestas por mujeres que se leyeran unas a otras y que llegaran a formar un continuum del que poder seleccionar a las autoras más importantes para crear con ellas un contra-canon femenino. Se intentaba así visibilizar a las escritoras y evitar que quedaran marginadas o fueran consideradas secundarias, relegadas siempre a la letra pequeña en las Historias de la literatura.

Pues bien, la creación de un canon de mujeres escritoras, que parecía absoluta novedad aportada por la crítica literaria feminista, tiene un antecedente en el Mundo Clásico. En la cultura griega  ya hubo un doble canon de poetas líricos: el canon alejandrino de los nueve líricos establecido por Aristóteles de Bizancio en el s. III a. C. (Alcmán, Alceo, Safo, Estesícoro, Píndaro, Baquílides, Íbico, Anacreonte y Simónides), en el que solo aparece una mujer, Safo; y el que leemos en un epigrama de Antípatro de Tesalónica, un epigramista del s. I d.C. de época augústea, que recoge también las  nueve poetisas más señeras de la lengua griega, como una especie de correlato del canon alejandrino de los nueve líricos. El epigramista no ahorra elogios a estas nueve poetisas, de las que señala una y otra vez su especificidad y su diferencia con respecto a los poetas. Recordemos que uno de los aspectos más estudiados por el gynocriticism son las diferencias, lo que distingue a la escritura femenina de la masculina en virtud de las diferencias de género existentes en el subtexto social.

Pueden comprobarlo leyendo el texto del epigrama en su traducción al castellano:

Canon de poetisas griegas

A estas mujeres de divina lengua las nutrieron
el Helicón y la peña macedonia de Pieria con sus cantos;
Praxila, Mero, la boca de Ánite, Homero femenino,
Safo, ornato de las lesbias de hermosas trenzas;
Erina, la ilustre Telesila y tú Corina,
cantora del ardido escudo de Atenea.
Nóside, de femenina lengua y la de dulces sones, Mirtis,
autoras todas de inmortales páginas.
Nueve musas engendró el gran Urano, y a estas nueve
la Tierra, para eterno solaz de los mortales.
(Antípatro de Tesalónica, A. P. IX 26 [Traducción de Guillermo Galán Vioque])

Rosario Cortés Tovar

 

Día de la cultura cubana: Los siete contra Tebas

El 20 de octubre se celebra el Día de la Cultura Cubana. Con este motivo traigo a colación un breve comentario a la obra teatral del escritor cubano Antón Arrufat titulada Los siete contra Tebas, estrenada hace diez años en conmemoración de esta misma fecha. Sin embargo, la pieza fue escrita originalmente y galardonada con el premio UNEAC en 1968. ¿Por qué tuvo su estreno 40 años después? Justo en el año 1968 comenzó un proceso de censura y de intervención crítica contra la intelectualidad que duró varios años, motivado por las crecientes protestas durante la década de los 60. Los escritores, impedidos de plasmar sus pensamientos en papel, buscaban recursos, parábolas, ejemplos, de manera que quedaran ocultas las críticas y el descontento general. Aun así, el Estado, que lograba ver bajo el disfraz, las tildaba de “diversionismo ideológico”.

Pero, ¿qué podía ocultar una obra como la de Arrufat? ¿De qué se trata realmente? A simple vista parece una traducción literal de los trágicos, y es debido al deliberado intento de imitar el estilo de esas traducciones. Para que esto se vea más claramente, a continuación se citan los primeros versos de la obra.

Eteocles: Ciudadanos, es menester que ahora
hable quien vela por la patria
sin rendir sus ojos al blando sueño,
sin escuchar las voces enemigas
ni entregarse al recuerdo de su propia sangre.
Escúchenme. Mi propio hermano Polinice,
huyendo de nuestra tierra, olvidando
los días compartidos, la hermandad
de la infancia, el hogar paterno,
nuestra lengua y nuestra causa,
ha armado un ejército de extranjeros
y se acerca a sitiar la ciudad.

Así, el escritor se aventura a componer una obra cuyo resultado es una mezcla entre la obra homónima de Esquilo y las Fenicias de Eurípides. Usa como modelo a la primera en la temática y la estructura general de la obra, pero la segunda tiene su influencia sobre el tratamiento más positivo de Polinice (que se lamenta de la vida del exiliado), el modo en que se representa el duelo fratricida y las reflexiones sobre el poder absoluto. El resultado es una tragedia griega en pleno siglo XX. Pero es menester tener en cuenta que el público para el cual está escrita se caracteriza por captar las referencias directas o indirectas de inmediato. Así pues, Los siete contra Tebas se presenta como una metáfora del proceso político cubano de los años 60.

El exergo de la obra reza así:

Cierto amigo, no ayuno de letras, me dijo cuando leyó la Ifigenia: “Muy bien, pero es lástima que el tema sea ajeno”. “En primer lugar -le contesté-, lo mismo pudo decir a Esquilo, Sófocles, a Eurípides, a Goethe, a Racine, etc. Además, el tema, con mi interpretación, ya es mío. Y, en fin, llámele, a Ifigenia, Juana González, y ya estará satisfecho su engañoso anhelo de originalidad.”

Alfonso Reyes (En comentario a su obra Ifigenia cruel.)

Con este fragmento, lo acontecido en Tebas se leerá de una forma particular, pues el autor parte del presupuesto de que las tragedias griegas funcionan como base para temas universales, que luego los autores posteriores reescriben y acoplan a su propia realidad. La intención de Arrufat es sugerir un campo de connotación para la obra: la Cuba de los años 60.

En concreto, los temas abordados en la pieza son: la oposición entre los cubanos dentro y fuera del país, los líderes de cada uno y del nuevo orden revolucionario impuesto. El juego con los hipotextos de ambas tragedias se centra en potenciar los aspectos que son de interés para el autor, como el hecho de que Polinice reclame que ha sido traicionado y sus bienes disipados no en beneficio de uno solo, sino para todos, así como ha sido eliminado como competencia política. Finalmente, la obra está estructurada de forma que se puede identificar a Tebas con Cuba, Eteocles con Fidel Castro, Polinice con los exiliados cubanos y al coro de mujeres tebanas con las mujeres cubanas. El final propuesto por el autor se traduce en la supresión de los líderes extremistas y la conciliación entre todos los cubanos.

De esta forma hemos visto cómo la tradición clásica, miles de años más tarde, aún sirve de referente para propósitos diversos, como su apropiación para empuñarla como arma de lucha o protesta.

Los fragmentos han sido extraídos de Arrufat, A. (1968). Los siete contra Tebas. La Habana: UNEAC.

Jéssica Valdés López

 

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