La Odisea contada por Javier Krahe

El tratamiento satírico-burlesco de los mitos clásicos en la literatura española se remonta al Siglo de Oro y fue debidamente explotado por los autores más sobresalientes de esta época, Francisco de Quevedo y Luis de Góngora. Quevedo desenmascaró en uno de sus sonetos al héroe greco-romano por excelencia, el pius Aeneas, al que Dido, al verse abandonada, increpa de la siguiente manera:

Aquí llegaste de uno en otro escollo

bribón Troyano, muerto de hambre y frío

y tan preciado de llamarte pío

que al principio pensaba que eras pollo

Pero tampoco necesitamos alejarnos demasiado en el tiempo para poder observar esta función desmitificadora de los héroes clásicos en una sátira contemporánea, Como Ulises, de Javier Krahe, al que tuve el placer (y la suerte) de escuchar en directo poco antes de su fallecimiento hace seis meses. Y es que su genio es equiparable, por la intención crítica y burlona, al de los escritores del Barroco.

Como Ulises se nos presenta como una reinterpretación contemporánea de la Odisea, en la que el héroe sale mucho peor parado que en el poema homérico, debido a su largo periodo de ausencia y a la limitada paciencia de Penélope.

Los coros del estribillo inicial y final evocan una canción marinera; Ulises y su tripulación cantan sus aventuras marítimas. Los momentos más significativos de la Odisea son descritos con comicidad: el fin de la guerra de Troya, la estancia en la isla de Calipso (canto V), el encuentro con Nausícaa en el país de los feacios (canto VI), la llegada al palacio de Alcínoo (canto VII) y el reconocimiento del héroe (canto VIII), el cegamiento del cíclope Polifemo (canto IX), la llegada a la isla de Circe y el descenso a los infiernos (canto X).

Lo novedoso, hilarante y genial es la merecida caracterización de Ulises como un hombre por naturaleza infiel (Y, ¿qué queréis que uno haga, si al primer tumbo me tumbo en el lecho de una maga?) así como las consecuencias que le va a ocasionar el haber estado durante veinte años lejos de su patria. Aquí, no tiene lugar la heroica matanza de los pretendientes sino la revancha de Penélope, que, cansada de esperar a su marido, decide casarse con uno de ellos (En uno de sus repentes, y a uno de los pretendientes, parece ser que le dijo:Padre serás de mi hijo y tendremos otros varios. Ulises, si es que regresa, se llevará un sorpresa, me lo dictan mis ovarios). Y es que Krahe dibujó en muchas de sus canciones personajes femeninos de armas tomar, mujeres con una fuerte personalidad que no se dejan mangonear por nadie, aspecto que constituye, bajo mi punto de vista, otro de los grandes atractivos de sus letras.

Convertido en un ex marido y ex padre Ulises, ya sin dramatizar en exceso ante su desdicha, vuelve a echarse a la mar, su auténtica residencia, en busca de nuevas aventuras (Y ahora, perdido mi rumbo, ahora voy adonde sea, un tumbo doy y otro tumbo y prosigo mi odisea ).

Así pues, nos encontramos ante una reescritura moderna del poema homérico, que incide tanto en los aspectos negativos (infiel) como en los positivos (hombre independiente capaz de sobreponerse a las adversidades) del héroe; una reescritura paródica que, con actitudes como la de Penélope, se ajusta más al sentir de la sociedad actual.

Carolina Álvarez Marcos


 

Si quieres escuchar la canción interpretada por Javier Krahe, pincha aquí.

Letra:

No sé cual es más bella,
si
la mar, la vela o la estrella,
y
las tengo al navegar,
las tengo al navegar,
las tengo al navegar,
la estrella, la vela y la mar.

Yo, como Ulises, he sido
de Penélope el marido,
y me alejé de esa joya
por unirme a Agamenón,
que iba a la guerra de Troya,
me pedía el cuerpo acción.

Y tuve acción, tuve guerra,
ríos de sangre por tierra,
y, entre hecatombes y vino,
Aquiles, casi divino.
Y el mejor de mis engaños:
un caballo de madera.
Y Aquiles que desespera
y muere. Fueron diez años.

Y me volví para casa,
pues de Ítaca el rumbo,
y ya sabéis lo que pasa,
dando un tumbo y otro tumbo.
Y, ¿qué queréis que uno haga
si al primer tumbo me tumbo
en el lecho de una maga?

Baste deciros que tanto
de Calipso fue el encanto
que me acosté en aquel lecho
un par de años, quizá tres,
y siempre estaba desecho.
Pero el tiempo es como es.

Y rompe el encanto un día.
Y sigues tu travesía,
resistes a duras penas
cánticos de las sirenas,
y visitas el infierno
donde Aquiles y tu madre,
aunque Cerbero les ladre,
tienen frío, y es eterno.

Y otra vez de vuelta a casa,
otra vez de Ítaca al rumbo,
y ya sabéis lo que pasa:
doy un tumbo y otro tumbo
y, otra vez mi suerte aciaga,
y, esta vez casi sucumbo
en el lecho de otra maga.

Circe de turbio recuerdo
me quería para cerdo.
Lo fueron mis camaradas,
a mí me salvó algún dios.
Y le afeé sus cerdadas:
que te zurzan, Circe, adiós.

Y, al mar, me dicta mi instinto,
al mar, que es un laberinto.
Y sopla un viento contrario
y doy con un sanguinario
cíclope vil, Polifemo.
Aunque me tuvo a su antojo,
era un borracho y un memo.
Le clavé un palo en el ojo.

Nadie, gritaba, me ciega,
Nadie, gritaba acusica.
Con Poseidón no se juega
y naufrago hacia Nausícaa,
linda princesa feacia,
a quién traté en plan colega
con extrema diplomacia.

Y me alojé en el palacio
de su padre, el rey feacio,
y me contaron mi historia
sin saber que yo era yo,
y en un momento de euforia
mi gloria me descubrió:

—Señores, sí, soy Ulises,
vuelvo de muchos países,
debo seguir navegando,
Ítaca me está esperando.

Me ofrecieron un navío
y remeros, los mejores.
Y zarpé hacia mis amores,
mi Penélope y el crío.

Ítaca al fin, veinte años,
Ítaca al fin, no son nada,
unos cuantos desengaños
y es el mar agua pasada.
Me disfracé de mendigo:
vi a Penélope casada
con un antiguo enemigo.

Ahora soy un ex marido
y en ex padre, y he sabido
que guardó un tiempo mi ausencia
bordando que era un primor;
que se agotó su paciencia;
que rompió su bastidor.

En uno de sus repentes
y a uno de los pretendientes
parece ser que le dijo:
—Padre serás de mi hijo
y tendremos otros varios.
Ulises, si es que regresa,
se llevará un sorpresa,
me lo dictan mis ovarios.

Y ahora, perdido mi rumbo,
ahora voy adonde sea,
un tumbo doy y otro tumbo
y prosigo mi odisea
en otras tristes canciones.

Sólo Hermes y Atenea
comparten mis libaciones.

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3 comentarios en “La Odisea contada por Javier Krahe

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