¿Fue un volcán en Alaska culpable de la caída de la República de Roma?

Manuela y Mª Ángeles Martín Sánchez nos envían el enlace a esta noticia publicada en ABC el 23/6/2020:

¿Fue un volcán en Alaska culpable de la caída de la República de Roma?

El asesinato de Julio César a manos de un grupo de conspiradores, entre ellos el famoso Bruto, en marzo del año 44 a.C., precedió uno de los períodos más fríos que haya conocido el Mediterráneo en los últimos 2.500 años. La lluvia y las bajísimas temperaturas, especialmente en verano, condujeron a malas cosechas, hambrunas, enfermedades y disturbios en la región durante dos años. La profunda inestabilidad contribuyó finalmente a la caída de la República Romana y el Reino Ptolemaico de Egipto, que posteriormente condujeron al surgimiento del Imperio Romano. Los historiadores han sospechado durante mucho tiempo que el estallido de un volcán pudo estar detrás de ese inexplicable cambio en el clima, pero en qué lugar del mundo se produjo la erupción o cuál fue su gravedad han resultado un misterio.

Por fin, un equipo internacional de científicos e historiadores cree haber encontrado el enigmático volcán en el lado opuesto de la Tierra. Se trata del Okmok II, situado en la isla Unmak en Alaska, que entró en erupción en el año 43 a.C. dejando una caldera de 10 km de ancho. Nuevos análisis de la tefra (ceniza volcánica) hallada en los núcleos de hielo del Ártico es lo que les ha llevado a esta conclusión, publicada esta semana en la revista «Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS)».

Los investigadores realizaron nuevas mediciones en núcleos de hielo de Groenlandia y Rusia, algunos de los cuales habían sido perforados en la década de 1990 y archivados en EE.UU., Dinamarca y Alemania. Utilizando estas y anteriores mediciones, pudieron detectar claramente dos erupciones distintas: un evento poderoso pero de corta duración, relativamente localizado a principios del año 45 a.C., y un evento mucho más grande y más extendido a principios del año 43 a.C. con precipitaciones volcánicas que duraron más de dos años en todos los registros del núcleo de hielo.

Después, el equipo realizó un análisis geoquímico de las muestras de tefra de la segunda erupción encontrada en el hielo, haciendo coincidir los pequeños fragmentos con los de la erupción Okmok II en Alaska, una de las mayores de los últimos 2.500 años.

«Comparamos la huella dactilar química de la tefra encontrada en el hielo con la tefra de los volcanes que se cree que estallaron en ese momento y estaba muy claro que la fuente de la lluvia ocurrida en el año 43 a.C. en el hielo fue la erupción del Okmok II», señala Gill Plunkett, de la Queen’s University en Belfast.

Trabajando con colegas del Reino Unido, Suiza, Irlanda, Alemania, Dinamarca, Alaska y la Universidad de Yale en Connecticut, el equipo reunió evidencias de apoyo de todo el mundo, incluidos los registros climáticos basados en anillos de árboles de Escandinavia, Austria y Las Montañas Blancas de California y los registros climáticos de un espeleotema (formaciones de cuevas) de la Cueva Shihua en el noreste de China. Luego utilizaron el modelado del sistema de la Tierra para desarrollar una comprensión más completa del tiempo y la magnitud del vulcanismo durante este período y sus efectos sobre el clima y la historia.

7ºC por debajo de lo normal

Según sus hallazgos, los dos años posteriores a la erupción de Okmok II fueron algunos de los más fríos en el hemisferio norte en los últimos 2.500 años, y la década que siguió fue la cuarta más fría. Los modelos climáticos sugieren que las temperaturas promedias estacionalmente pueden haber sido de hasta 7 ° C por debajo de lo normal durante el verano y el otoño que siguieron a la erupción de Okmok en el año 43 a. C., con precipitaciones de verano de 50 a 120 por ciento por encima de lo normal en todo el sur de Europa, y precipitación en otoño alcanzando cotas tan altas como un 400 por ciento más de lo normal.

«En la región mediterránea, estas condiciones húmedas y extremadamente frías durante la importante temporada agrícola de la primavera al otoño probablemente redujeron el rendimiento de los cultivos y agravaron los problemas de suministro», afirma el arqueólogo Andrew Wilson, de la universidad de Oxford. «Estos hallazgos dan credibilidad a los informes de resfriados, hambrunas, escasez de alimentos y enfermedades descritas por fuentes antiguas», concluye.

«Encontrar evidencia de que un volcán al otro lado de la Tierra entró en erupción y contribuyó efectivamente a la desaparición de los romanos y los egipcios y el surgimiento del Imperio Romano es fascinante», afirma Joe McConnell, del Instituto de Investigación del Desierto en Reno, Nevada. «Ciertamente muestra cuán interconectado estaba el mundo incluso hace 2.000 años», subraya.

Para Joe Manning, historiador de la Universidad de Yale, «la gravedad de las inundaciones del Nilo en el momento de la erupción de Okmok, y la hambruna y la enfermedad que citan las fuentes egipcias fueron realmente sorprendentes». Como explica, los efectos climáticos fueron un «shock severo» para una sociedad ya estresada en un momento crucial de la historia.

Presagios

Según los investigadores, la actividad volcánica también ayuda a explicar ciertos fenómenos atmosféricos inusuales que fueron descritos en textos de la época del asesinato de César e interpretados como signos o presagios: cosas como halos solares, el sol que se oscurece en el cielo o tres soles que aparecen en el cielo (un fenómeno ahora conocido como parahelia). Sin embargo, muchas de estas observaciones tuvieron lugar antes de la erupción de Okmok II en 43 a. C., y probablemente estén relacionadas con una erupción más pequeña del monte Etna en el 44 a.C.

Aunque los autores del estudio reconocen que muchos factores diferentes contribuyeron a la caída de la República Romana y el Reino Ptolemaico, creen que los efectos climáticos de la erupción de Okmok II jugaron un papel indudablemente grande, y que su descubrimiento ayuda a llenar un vacío de conocimiento sobre este período de la historia que ha desconcertado a los arqueólogos e historiadores antiguos. «La gente ha estado especulando sobre esto durante muchos años, por lo que es emocionante poder proporcionar algunas respuestas», dice McConnell.

 

Nuevo libro de Carlos García Gual: La deriva de los héroes en la literatura griega

En El País del 26 de junio Guillermo Altares da cuenta de la publicación del último libro de Carlos García Gual, La deriva de los héroes en la literatura griega (Siruela), y recoge sus palabras sobre este nuevo ensayo. Os dejamos aquí el texto:

Ulises, Lisístrata y otros héroes de nuestro tiempo

La historia de una cultura se puede contar a través de los héroes que sus ciudadanos veneran o temen, de los relatos de personajes extraordinarios que se repiten a lo largo de los siglos. Es lo que hace Carlos García Gual (Palma de Mallorca, 77 años), helenista y académico de la lengua, en su último libro, La deriva de los héroes en la literatura griega (Siruela), un ensayo que se mueve en un apasionante terreno en el que se mezclan la historia, la literatura y el mito. Cada época de la literatura griega, con la que nace nuestra cultura, construyó un tipo de héroes diferente. Son personajes que fueron perdiendo poderes sobrehumanos hasta convertirse en seres normales capaces de hazañas extraordinarias. Esa lógica sigue vigente en nuestra cultura contemporánea, a través, por ejemplo, del cómic o del cine de superhéroes, pero también en las noticias, ahora que vemos a los sanitarios como los héroes civiles de la pandemia. García Gual lo sabe bien: el erudito, que lleva décadas trasladando el hechizo grecolatino al lector medio en español, pasó ingresado dos semanas en el hospital por coronavirus y ha superado la enfermedad, de la que se halla felizmente recuperado.

“Lo que muestra este libro es cómo la mitología está unida a la literatura y a la sociedad griega a lo largo de su historia”, explica por teléfono García Gual, catedrático de Filología Griega en la Universidad Complutense de Madrid, autor de numerosas traducciones y ensayos, en los que de una forma u otra siempre emergen héroes y mitos como La muerte de los héroes o Sirenas. “La democracia quería un tipo de héroe como el héroe cómico, mientras que el mundo anterior, de aristócratas, buscaba héroes épicos. Son personajes que están unidos al devenir histórico de la sociedad griega”.

La historia de los héroes griegos se puede relatar a través de cinco personajes que apasionan a García Gual. Su libro, lleno de citas y de homenajes a autores que le ayudaron a navegar en el mundo de los héroes clásicos, contiene muchos más personajes, pero no disimula sus preferencias por estos cinco.

Héctor, el héroe derrotado que lucha por su ciudad

La Iliada, el gran poema épico de Homero, narra el enfrentamiento entre dos héroes, el aqueo Aquiles, hijo de un rey y una ninfa, frente a Héctor, el troyano, que se sabe derrotado y que, sin embargo, mantiene su lucha por algo mucho más importante que la gloria y el honor: su propia ciudad. Héctor se convierte así en el primer gran héroe cívico. “Enlaza con la ideología y los valores del patriotismo ciudadano”, explica García Gual. “Se alza como lo contrario de Aquiles, que lucha por su honor y quiere sobre todo que se le recuerde como el mejor. Héctor es un héroe más moderno, que combate por su ciudad, es un personaje de una nueva época. Es curioso que Homero muestre una gran simpatía por la figura de Héctor, que es mucho más humano”. Como resume en su libro, “en Héctor podemos ver la emergencia de un nuevo ideal de humanidad, de la concepción de que un hombre se realiza mejor en el servicio a la ciudad que a su propio honor”.

Ulises, el aventurero que no busca la aventura

De todos los héroes griegos, Carlos García Gual cree que el más perdurable es Odiseo o Ulises (en su versión latina). Se trata de un humano sin poderes físicos especiales, que ni siquiera busca la aventura, sino que solo quiere volver a casa y para eso utiliza la inteligencia. “Es el aventurero, el hombre astuto e inteligente, que tiene una serie de aventuras que él no buscaba, sino que se encuentra metido en ese mundo y sabe triunfar tanto ante los monstruos, como las seducciones femeninas, el mar o incluso el más allá”, señala. “Es el gran viajero. Para los griegos la figura que tienen como más representativa es Ulises. Viaja al más allá pero no le interesa, va allí casi como un turista porque se lo ha pedido Circe. Es interesante que Ulises no tenga mucho interés por el más allá, ni cuando Calipso le ofrece la inmortalidad si se queda con ella. La inmortalidad no le interesa mucho: lo que quiere es regresar. Ese gusto terreno de Ulises resulta muy moderno”.

Edipo, el héroe de lo absurdo

Edipo, al que García Gual dedicó un libro anterior, pertenece ya a un nuevo mundo helénico, que ha dejado atrás la épica para entrar en la tragedia. Para definir este momento recurre a una cita del francés Jean Pierre Vernant (un gran helenista que fue un héroe de la resistencia contra los nazis, pero que jamás se jactó de ello): “Cuando el héroe es puesto en tela de juicio ante el público, es el propio hombre griego quien, en el siglo V ateniense, se descubre problemático”. Este personaje de Sófocles refleja como ningún otro esa visión de un mundo cambiante: “Los héroes no son del todo buenos ni malos. Edipo, que quizás sea el más trágico, es un hombre que tiene una carrera heroica, y de pronto descubre que es un asesino y el culpable de las desdichas de Tebas y, sin embargo, no podemos decir que haya nada malvado en él. Es un personaje que creyendo hacer siempre lo justo se ha encontrado que se ha casado con su madre y ha matado a su padre”. Para el autor, forma parte de “los héroes del absurdo, que se enfrentan a un destino trágico en un mundo sin sentido”.

Lisístrata, la heroína que busca la paz

Con la comedia, un género que ha llegado hasta nosotros solo a través de 11 obras de Aristófanes, se abre una nueva época en el mundo griego, donde los protagonistas son tipos normales y corrientes que, sin embargo, acaban salvando a sus ciudadanos. “Frente al mundo de la tragedia, la comedia refleja más la vida de la ciudad, de la democracia”, explica García Gual, quien en su libro dedica un apartado a la heroína de la literatura griega Lisístrata, que encabeza una rebelión de las mujeres contra los hombres a los que privan de sexo hasta que dejen de guerrear. “Aristófanes presenta esas dos piezas, Lisístrata y La asamblea de las mujeres, con personajes femeninos que ocupan el lugar de los héroes, son heroínas de farsa. Para la Grecia clásica, es el mundo al revés porque las mujeres no participan de la vida política. Pero da entender que el mundo sería mucho mejor gobernado por ellas, porque buscan la paz”.

Alejandro, entre el mito y la historia

Con Alejandro Magno, Carlos García Gual cree que se acaba el mundo de los héroes helénicos. “Es el último gran héroe griego”, explica. Concentra en su grandeza las virtudes de los grandes personajes de la literatura griega: la fuerza de Heracles, la capacidad de exploración de Ulises, la muerte trágica de Héctor. Pero, apunta el profesor, presenta además una característica insólita: es un personaje real que, sin embargo, logra formar parte de la mitología. “Ese Alejandro que pasó de la historia al mito acaba por ser más importante que el Alejandro histórico”, señala. Y, allí, en ese inmenso terreno donde se mezclan la realidad y la imaginación, en el inabarcable campo de batalla de los grandes héroes, acaba el libro con un “relato que luego viaja por los siglos y las varias lenguas y literaturas mucho más allá del escenario en que surgió”.

Entrevista con Anne Carson

Hoy os dejamos esta preciosa entrevista de Anne Carson (El Cultural, 24 de junio de 2020), en la que dice sentirse “anonadada y sin palabras” al recibir su premio Princesa de Asturias, puesto que “realmente es confuso que me den una razón para una felicidad tan grande en un momento en que el mundo se está acabando. O más bien, dado que el mundo no parece terminar, ahora que está entrando en un tiempo de desconcierto.”

Y que constituye, como siempre en ella y su producción, una defensa de los clásicos. “¿Estás listo para el futuro? Homero habla de los seres humanos como si estuvieran en el tiempo de espaldas al futuro, con sus rostros vueltos siempre al pasado. Y lo hace debido a que todos los preceptos y precedentes y ejemplos de dignidad que necesitamos para vivir nuestra vida se encuentran allí, en el pasado.”

Marta Martín Díaz

Revisión de la cronología de la historia del Mediterráneo

Manuela y Mª Ángeles Martín Sánchez nos envían el enlace de esta noticia publicada en ABC (17-6-2020), cuyo texto reproducimos:

Dos investigadores cambian la cronología de la Protohistoria en el Mediterráneo

El arqueólogo griego Stéfanos Gimantzidis, junto con el investigador Dr. Bernhard Weninger, ha realizado largos análisis de radiocarbono en el Egeo y se ha concentrado en el asentamiento de Sindos (una importante ciudad y cementerio de la Antigüedad), situado a pocos kilómetros de la ciudad de Tesalónica.

En Sindos, y gracias al apoyo y a la colaboración de las autoridades griegas, estudió su estratigrafía, y sus datos sobre cerámica y huesos animales estratificados resultaron consistentes con otra larga serie de datos de radiocarbono y dendrocronologías en el asentamiento de Assiros, cercano a Sindos.

Cambia la datación conocida hasta ahora

Los resultados de estos estudios, ahora publicados hace pocos días en la revista científica Plos One en ingles (https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0232906 ) se basan en el estudio científico de datos de radiocarbono y no en el histórico, utilizado hasta ahora. Los primeros datos científicos encontrados en distintos sitios arqueológicos del Mediterráneo Occidental (entre ellos la excavación hispano-tunecina de la antigua ciudad de Utica, en Túnez) donde se encontraba pequeñas cantidades de cerámica griega ya mostraban que la cronología debería elevarse de forma significativa.

Y es ahora cuando estos dos investigadores lo han podido demostrar con sus análisis de los datos de Sindos de forma científica. La conclusión, tras el detallado estudio de los datos de radiocarbono de material orgánico ( huesos animales domésticos) , muestran que el Periodo Geométrico tardío I data de 870 a 735 a.C., mucho antes de lo reconocido hasta ahora, que era de 760 a 735 a. C.

Revisión de la historia mediterránea

La primera implicación de esta nueva cronología permite comprender mejor el periodo Geométrico Tardío I que hasta ahora era considerado una fase transformativa en el Mediterráneo con una intensificación de contactos entre el Egeo y Levante y el principio de la expansión de las colonias griegas hacia el Oeste. Se pensaba que todo ello había ocurrido entre 760 y 735 a.C., en una sola generación, mientras que ahora todo ello deberá revisarse.

«Los cambios son radicales no solo para Grecia, sino también para la historia mediterránea», afirma Gimatzidis a ABC. Recuerda que los sistemas cronológicos en varias regiones del Mediterráneo dependen en parte de la cronología griega. Y comenta que discusiones parecidas sobre cambios de cronología se están llevando a cabo desde hace tiempo en Italia y España, teniendo como punto de referencia unos pocos fragmentos de cerámica griega como en Huelva.

Es consciente que aunque no se acepten de inmediato estos datos, ya comenzará el cambio que conlleva el retroceder cada fase de los periodos Protogeométricos y Geométricos entre 50 a 150 años. Considera por ello que se necesitan más dataciones y prepara nuevos estudios en el este del Egeo, concretamente en Efeso.

El arqueólogo griego de Viena

Stéfanos Gimantzidis, el arqueólogo que estudió en la Universidad de Tesalónica y obtuvo su doctorado en la Universidad de Berlín, es uno más de los profesionales helenos que investigan desde otras instituciones europeas. Lleva nueve años trabajando en Viena y es ahora Investigador Principal de la Academia de Ciencias Austriaca, investiga desde el Instituto Arqueológico de la capital. Dirige numerosos proyectos arqueológicos fundados por FWF (Fondo Científico Austriaco) concentrándose en la arqueología de la Edad de Hierro y los periodos arcaicos del Egeo, Italia, Oriente Próximo y los Balcanes. En esta excavación, ha colaborado estrechamente con el Dr. Bernhard Weninger, del Instituto de Prehistoria de la Universidad de Colonia y especialista en datación por radiocarbono y paleoclimatología

Fulgentius

Si a estas alturas César Aira sigue siendo “el secreto mejor guardado de la literatura argentina” hemos de concluir que el problema lo tenemos nosotros; él ya ha hecho su parte y, abandonando la candente Beatriz Viterbo Editora, ha entregado su obra al omnipotente y omnipresente conglomerado de Random House.

Borges nos malacostumbró a pensar la literatura argentina plagada de espejos y laberintos, a buscar continuamente referencias inter- y metatextuales. Aira no lo desmiente. Fulgentius es la novela sobre Fulgentius, un general romano que aprovecha el liderazgo de una legión para poder organizar por los territorios del Imperio representaciones de su tragedia, que también se llama Fulgentius ya que tiene como protagonista un trasunto de sí mismo; en su afán de multiplicación, menciona además Fulgentius que en Roma se está escribiendo una biografía suya. Si a esto se añade la preocupación por la recepción y los trasvases de género literario ⸺Fulgentius escribe su obra en la juventud como una parodia pero sus coetáneos y, con el paso del tiempo, él mismo lo perciben en su dimensión patética⸺, el Fulgentius de Aira parece un pasatiempo estival genettiano. El cuadro se completa al pensar que la edad del protagonista, en la que se hace hincapié a lo largo de todo el texto, es la misma que César Aira tenía al firmar la novela.

También juega en varios momentos a dejar ver las costuras. En un momento (p. 94), por ejemplo, el protagonista reflexiona sobre cómo nunca se adecúa la división episódica de la literatura a la vida real, o, de manera más directa, cuando Fulgencio dialoga con su ayudante (p. 46) encontramos:

«⸺No sé si notaste ⸺agregó coronando triunfalmente su discurso⸺ que en el capítulo anterior señalé y aislé a un joven muerto, en parte para tu instrucción»

A lo largo de la novela se repite la singularidad de una tragedia autobiográfica en la literatura romana, lo cual no sería algo tan sibilino de no ser porque la cita inicial de Fulgentius son unos versos en latín (con una errata tipográfica, por cierto), sin traducción ni adscripción, de la Octavia, el único ejemplo que conservamos completo de fabula praetexta, de tragedia de temática romana. Este drama ha sido tradicional y, con casi toda seguridad, erróneamente atribuido a Séneca, pero si pensamos que Séneca es también uno de los personajes empezamos a atisbar hacia dónde apunta Aira al encabezar la novela con Octavia.

El paratexto de la contra no elude ilustrarnos sobre el género de Fulgentius: «una nueva incursión (…) en la novela histórica»; si no fuese porque el autor es Aira uno tendería a identificar ahí la mano de los responsables de márketing en la multinacional. Fulgentius es una novela histórica en la misma medida en la que lo es Parménides .

De entrada, tenemos una orientación vaga del contexto histórico. Se trata de la época imperial, ciertamente. Algunas pistas permitirían aproximarlo hacia el siglo II e.c. (o finales del I): Fulgentius extrae sus conocimientos biológicos de la Historia natural de Plinio, a la que alude en un par de ocasiones, y menciona que ya ha habido emperadores que han ocupado el puesto tras la proclamación de su legión y marchar hacia / contra Roma; cabe añadir, aunque sea un indicio débil, puesto que no comenta cuando pasa por Vindobona (Viena) que ningún emperador ha muerto allí, que podemos suponer que la acción transcurre con anterioridad al 180 e.c., fecha de la muerte de Marco Aurelio en esa ciudad, como refleja a su manera Gladiator.

Quizá, con todo, lo que más choque de Fulgentius como novela histórica no sea ni esa indeterminación temporal ni los anacronismos y las escenas improbables salteadas por el texto (por ejemplo, una legión plenamente alfabetizada o la original imagen de seis mil legionarios patinando en un lago helado), sino el que renuncie a la cargante tendencia del género a convertirse en libros de texto:

«Lactarius jugaba a los dados, el entrechocar de los huesecillos y las voces apagadas le llegaban desde lejos (p. 44)»

Queda en el lector entender que uno de los materiales preferidos por los romanos para hacer sus dados era el hueso. Si aceptamos que, en efecto, se trata de una novela histórica, Aira se empeña en mostrar que otro tipo, uno digno, también es posible.

No es posible agradecer a Aira lo suficiente el que no transmita una imagen naïve de la maquinaria imperial romana. El novelista es capaz de desvelar la crueldad inherente al imperialismo romano sin salir del entorno ideológico del personaje y sin romper la narración con discursos extemporáneos. Por ejemplo:

«De modo que habría que atraerlos al llano, quemando sus aldeas, violando a sus mujeres y crucificando a sus hijos de poca edad en crucecitas adecuadas a sus tamaños. Si no bajaban con eso era porque no tenían sentimientos. (p. 121)»

En algunos pasajes resuena ese educado cinismo taciteo que conoce su hipóstasis en el no menos brillante que cruel cierre del capítulo vigésimo primero del Agricola: idque apud imperitos humanitas vocabatur, cum pars servitutis esset. Aira hace participar a su personaje de esa misma culposa lucidez:

«Donde encontraban poblados, dejaban ruinas: donde encontraban ruinas seguían de largo, no sin la sospecha de haber pasado antes por allí. (p. 36)»

O

«Lo que no impidió que se hicieran pedidos y reclamos. No salían de lo habitual: la baja en el precio del trigo, las inundaciones por falta de obra y, una constante, el incumplimiento de la promesa de rebaja de impuestos. Nunca lo pedían directamente sino mediante ese rodeo. Nadie sabía quién había hecho esa promesa, y por un pacto de caballeros nadie preguntaba. El firmamento mental de los tributarios del Imperio estaba constelado de promesas míticas, hechas en los orígenes del tiempo, que coincidían con los orígenes de Roma.»

En la misma línea, hay un par de páginas geniales (35-35) sobre la traducción que entroncan directamente con el nunca suficientemente celebrado discurso del general Zapp Brannigan.

Para ser justos, Fulgentius no es el mejor texto de César Aira, pero ojalá todos acertásemos como Aira falla.

Diego Corral Varela

 

 

Constantinopla en National Geographic Historia Especial Arqueología

Roma y Constantinopla, las dos grandes capitales del Imperio Romano, son las protagonistas del último número especial de arqueología que National Geographic acaba de sacar dentro de su serie “Historia”. A través de los hallazgos materiales es posible reconstruir y visulizar en 3D grandes monumentos y múltiples espacios de la vida diaria, permitiéndonos conocer más y mejor nuestro pasado: el sarcófago de Junio Annio Basso, las catacumbas, el mitreo de San Clemente, la villa y el circo de Majencio en la vía Apia, Santa Sofía, el palacio imperial y el hipódromo, los puertos o el palacio de Bucoleón entre un largo etcétera. Este viaje en el tiempo nos lleva a la Roma tardoantigua (ss. III-VI) y a la Constantinopla milenaria que desde su refundación en el año 330 hasta 1453 albergó la capitalidad del Imperio Romano. Casi 200 páginas de amena lectura para profundizar o descubrir instituciones, tesoros artísticos y monumentos literarios a los que no siempre damos la relevancia que merecen.

Óscar Prieto Domínguez

Palacio de Bucoleón
Palacio de Bucoleón
Sarcófago de Junio Baso
Sarcófago de Junio Baso
Santa Sofía
Santa Sofía
Villa de Majencio
Villa de Majencio

Hechiceras, sacerdotisas y magas: las poderosas mujeres de Pilar Pedraza

Muchas veces llegamos a los clásicos cuando todavía no toca leerlos. Lo hacemos siguiendo la senda de eso que llamamos los docentes “el plan lector de centro”: un listado de lecturas obligatorias para los distintos cursos de la ESO y Bachillerato. En teoría, el objetivo que persigue este plan es fomentar el hábito lector entre el alumnado desde el disfrute de la literatura. Sin embargo, si alguien me hubiera preguntado cuando estaba en 3º de la ESO si disfruté de la soporífera selección de cuentos del Conde Lucanor —ni siquiera era una adaptación—se habrían encontrado con el testimonio de una muchacha sensible a la que le gustaba la poesía, pero que vivió aquel coñazo supino del Conde y Patronio como un auténtico trauma. ¿Acaso disfrutaron ustedes de la lectura del combate entre Don Carnal y Doña Cuaresma? ¿Les dejó sin aliento la violación y apaleamiento de las hijas del Cid por los despiadados Infantes de Carrión? ¿Sintieron ese mancillamiento, tan épico, de la honra como propio cuando sólo tenían 14 años? ¿Acaso les conmovieron estas obras medievales? Afortunadamente, más tarde, y también dentro de ese mismo plan lector del centro en el que estudié, cayeron en mis manos joyas como El camino de Delibes, las Leyendas de Bécquer (aquellos diabólicos y seductores Ojos verdes todavía no los he conseguido olvidar), El guardián entre el centeno de Salinguer y El árbol de la ciencia de Baroja, cuyo protagonista, Andrés Hurtado, fue mi amor platónico durante mucho tiempo (¡ay el fervor de la adolescencia…!).

Sin embargo, pese a haber tenido esta relación tan ambivalente, casi de amor-odio, con las mal llamadas “lecturas obligatorias”— pues la obligatoriedad que se está exigiendo a algo que debería estar destinado a producir placer acaba de forma inminente con cualquier atisbo de disfrute o deleite—, una vez convertida en profesora de Latín, me veo cometiendo con mis alumnos los mismos errores que mis profesores cometieron conmigo en el pasado. Puesto que Cicerón y César son autores que deben traducirse en la Evaluación del Bachillerato para el Acceso a la Universidad (EBAU), no solo traducimos y leemos en clase diversos capítulos de La guerra de las Galias y La conjuración de Catilina, sino que, además, —seguimos para bingo, señores— leemos La conjuración de Catilina de Salustio. Pero esto se va a acabar gracias al descubrimiento fortuito de una novela que me ha entusiasmado: Lobas de Tesalia (2015) de Pilar Pedraza.

Por caprichos del azar y juegos del destino, durante el tedioso periodo de confinamiento en que los días parecían años y los meses, lustros, di por casualidad con una excelente entrevista a esta autora toledana, publicada en la revista Jot Down. De Pilar Pedraza (Toledo, 1951) se ha dicho de todo: que es gótica, feminista y que escribe novelas de terror. Hay quienes incluso la han apodado “la dama oscura” debido a su devoción por lo tétrico, lo espantoso y lo macabro. Nada de eso. Pedraza prefiere no encasillarse y afirma que ella es “escritora y ya está”. Defensora como es de un género tan injustamente denostado —la literatura fantástica—, feminista por condición y convicción, rechaza las polémicas que no van a ninguna parte y no escribe pensando en que esto o aquello pueda herir la sensibilidad de alguien. A este respecto resulta especialmente divertida la anécdota que cuenta en la entrevista para Jot Down: uno de sus cuentos, ambientado en el siglo XVII, cuyo argumento giraba en torno a la autopsia a un hermafrodita, estuvo a punto de sufrir cierta censura porque eran médicos y no médicas quienes iban a realizar la intervención y porque “lo del hermafrodita podría incomodar a los niños que tienen hermafroditismo”. Ella no se doblega ante el “lector sensible”. Nuestra querida dama oscura va por libre. Es fiel a sus principios, a sí misma y se debe a sus personajes, a sus novelas y a la literatura.

En Lobas de Tesalia encontramos los ingredientes tradicionales de una novela de aventuras en toda regla: viajes a lugares exóticos y desconocidos, escenas horripilantes, omnipresencia del elemento mágico, peripecias diversas e, incluso, amor. Pero, sin duda, una de las cosas que más debemos elogiarle es su maestría a la hora de crear poderosos personajes femeninos por los que es palpable que siente una honda y sincera admiración: habilidosas farmakeutriai como la protagonista, Lupercia Mania, y su difunta amiga Póstuma; ariscas esclavas ante cuyos encantos se rinden todos los jóvenes, como la joven Cátula; misteriosas hechiceras consagradas a Héctate, como Macaria; sabias sacerdotisas etruscas como Thanakyl o imponentes mujeres como la Sibila de Cumas, de la que Lupercia dice: “Era enorme, hercúlea, dibujada en dos dimensiones como inscrita en un círculo, vestida con sedas de colores radiantes, claros y contrastados. Tenía la piel morena y los ojos inmóviles como los de los dioses, con el iris celeste muy claro y las pupilas como cabezas de alfiler. No hay ojos azules tan puros como esos ni siquiera entre los germanos; no es extraño que enamoraran a Apolo, dios de la claridad radiante”.

La ternura, la sororidad, el afecto, la camaradería y, también, la mala leche y unas buenas dosis de humor, constituyen los grandes aciertos de esta original novela ambientada en la Roma imperial que se presenta como la lectura idónea para acercar a los estudiantes de Bachillerato al apasionante mundo de los difuntos y las malignas larvae, de los misterios de Hécate y de las brujas de Tesalia. Porque no todo va a ser Cicerón y César.

“Thanakyl y las amazonas partieron hacia sus respectivos templos en Roma. Yo permanecí un par de días en la casa de la Sibila recuperándome en compañía de Macaria. (…) Macaria y yo, cuidadas por mi vieja Demetria, tuvimos tiempo y libertad para comunicarnos y compartir nuestro mutuo afecto en aquel palacio sencillo y delicioso, regalo de Apolo, rodeado de arbustos y fragante laurel. Fue un tiempo perfecto, el tiempo de las mujeres.”

Lobas de Tesalia (2015). Pilar Pedraza.

Carolina Álvarez Marcos.

 

 

 

Premio Princesa de Asturias para Anne Carson

Siempre es un motivo de alegría -y esta es la segunda vez que Notae Tironianae ha tenido el placer de hacerlo– anunciar un premio de categoría para una filóloga clásica: la poeta canadiense Anne Carson ha recibido el premio Princesa de Asturias de las Letras este año 2020. Os dejamos el texto que publica hoy en El País Javier Rodríguez Marcos:

Anne Carson gana el Princesa de Asturias de las Letras

La poeta canadiense Anne Carson, que el próximo domingo cumplirá 70 años, acaba de ganar el premio Princesa de Asturias de las Letras. Nacida en Toronto en 1950 y afincada en Nueva York, Carson es uno de los nombres clave de la literatura anglosajona actual. Profesora de filología clásica, en su obra confluyen el conocimiento de los griegos antiguos y la expresión de su intimidad familiar, las peripecias amorosas de los dioses olímpicos y su propio divorcio, la muerte del hermano de Cayo Valerio Catulo en el siglo I y la de su hermano en el año 2000. Según el jurado, presidido por el director de la Real Academia Española, Santiago Muñoz Machado, la recién premiada ha construido desde el mundo grecolatino una poesía en la que “la vitalidad del gran pensamiento clásico funciona a la manera de un mapa que invita a dilucidar las complejidades del momento actual”.

Para ella no hay conflicto entre el pasado y el presente. Nuestras ideas sobre el amor o la muerte no difieren demasiado de las de los habitantes de la Hélade. Por eso su obra posee una asombrosa unidad. A la vez que traduce a Eurípides o Esquilo —tiene una versión de la Orestíada—, publica poemarios como Hombres en sus horas libres (2000), La belleza del marido (2001) o Nox (2010). No es raro que uno de sus últimos trabajos haya sido Norma Jeane Baker de Troya, un diálogo dramático entre un mito moderno (Marilyn Monroe) y uno clásico (Helena) estrenado el año pasado en el neoyorquino Griffin Theatre. Todos conocen el trágico destino que arrastró la belleza de ambas.

Anne Carson es hoy una mujer a la que no le gusta demasiado hablar de sí misma pero que, en sus lecturas públicas, pide a los asistentes que la ayuden a recitar, igual que un coro en un teatro con vistas al Egeo. Siempre fue una persona particular. Era apenas una niña cuando un libro de vidas de santos le causó una impresión de la que nunca se recuperó. Lo mismo que el hallazgo de una edición bilingüe de Safo, la de Willis Barnstone. Tenía 15 años y le fascinó la grafía de un idioma “bellísimo” que no podía descifrar: el griego antiguo. Pero sería en Port Hope, a orillas del lago Ontario, donde conocería a Alice Cowan, una profesora de latín que encauzó aquella fascinación. “Le debo mi carrera y mi felicidad”, reconoce Carson cada vez que tiene oportunidad. También reconoce que su maestra “olía a apio”, pero lo dice para subrayar la conexión entre piel y espíritu.

Con 31 años se doctoró como filóloga y con 42 publicó su primer libro de poemas: Short Talks. Seis años más tarde, en 1998, publicó la novela en verso: Autobiografía de Rojo, una reescritura homoerótica de la historia de Hércules y Gerión cuyo éxito fue tal que corrió el riesgo de convertirse en autora de un solo libro. Un amigo la retó a escribir narrativa y ella aceptó. Se empeñó, ha contado, en escribir una novela “como las que compras en el aeropuerto”. Lo que comenzó como un desafío se fue convirtiendo en algo “más poético”. En parte porque tiene una máxima a la hora de escribir: cortar: “Cuando tengo demasiadas palabras, siento que no estoy diciendo nada. Que solo me estoy centrando en las palabras y no en los conceptos”. Así que comenzó a recortar “hasta que quedaron versos”. También la reescritura del enfrentamiento entre el héroe y el gigante —dueño de un rebaño de bueyes y vacas rojas— tiene una explicación particular: “En el mito, Hércules se enfrenta a Gerión y lo mata. Y ya está. Pero en algunas fuentes clásicas, como la Ilíada, hay algunas referencias a una gran ternura homoerótica y decidí introducir este elemento sensual y ver cómo alteraría la historia. Además, quería que Gerión tuviese una vida divertida”.

Una vida divertida para alguien maltratado por la literatura, dice Anne Carson: “Mi actitud es que, por muy dura que sea la vida, lo que importa es hacer algo interesante con ella”. Es lo que le tocó hacer cuando en el año 2000 murió su hermano Michael en Copenhague. No se veían desde 1978. Él había abandonado Canadá tras saltarse la libertad condicional. Problemas de drogas. “Muchos países he atravesado / y muchos mares. Y aquí llego, hermano, / ante esta infortunada tumba tuya, / para darte los últimos honores”. Estos versos de uno de los poemas más famosos de Catulo y un puñado de fotos de Michael le sirvieron para armar Nox (2010), un libro de una sola hoja doblado en forma de acordeón, ilustrado con varios collages y metido en una caja.

La fórmula de confeccionar un libro que no lo pareciese le resultó tan atractiva que en 2016 repitió caja con Float, un conjunto de 22 textos, ella los llama performances igual que llama tangos a algunos de sus poemas. Esta vez los protagonistas parecían invitados a una fiesta de disfraces de la alta cultura: Hegel y Matta-Clark, ella misma y Lou Reed. El año pasado recibió a Eduardo Lago, de EL PAÍS, en su casa de Manhattan. Cuando el periodista le preguntó cuál era su próximo proyecto respondió: “Un cómic”.

Este premio recayó el pasado año en la novelista, ensayista y poeta estadounidense Siri Hustvedt y en ediciones anteriores en Fred Vargas, Adam Zagajewski, John Banville, Leonardo Padura, Antonio Muñoz Molina, Leonard Cohen, Paul Auster, Claudio Magris, Arthur Miller, Doris Lessing, Augusto Monterroso y Günter Grass.

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