¡VAMOS A COMER CON LOS ANTIGUOS ROMANOS! (I)

En el temario de Cultura Clásica de Secundaria aparece una serie de temas relacionados con la vida cotidiana de griegos y romanos. Se tratan todos ellos de temas muy interesantes, pero que nos plantean a los profesores que impartimos estas asignaturas serios problemas desde el punto de vista pedagógico. ¿Cómo explicar, por ejemplo, qué es un papiro, o una tablilla de cera, qué una túnica o unas tabas y, sobre todo, cómo las empleaban los antiguos romanos si no acudimos a materiales de realia? Por eso en el IES “Francisco Salinas” a los profesores de la asignatura se nos ocurrió aplicar esta misma idea para explicar el tema sobre la comida en la Antigüedad, aprovechando las instalaciones de que dispone nuestro centro. No es, sin embargo, necesario disponer de dichas instalaciones, esta actividad puede hacerse sin ellas y por eso hemos decidido publicarla por si nuestra experiencia pudiera servirle a alguien de estímulo para llevarla a cabo con sus alumnos.

1. Elección de las fuentes primarias

Las recetas que preparamos en nuestro menú romano están tomadas de cuatro autores de sobra conocidos por todos: Ateneo (102f-116a), Catón (De agri cultura, 75,79,119), Columela (De re rustica, 12.41; De arboribus, 12.59,1-4) y Apicio (1.3.1., 2.1.1., 4.3.1., 7.9.1-2).

2. Elaboración de la carta

De entre las múltiples recetas que aparecen en ellos nosotros elegimos las que aparecen citadas. En nuestro caso la elección resultó muy sencilla porque contamos con la inestimable ayuda de Pablo Balbona, chef gijonés especialista en el tema. En cualquier caso, os puede ayudar en la elección cualquiera de los múltiples libros sobre menús romanos que hay en el mercado. De los que conozco, el de M. Grant, estudioso de la materia, Roman Cookery. Ancient Recipes for Modern Kitchens, es el más claro, sencillo y completo de todos.

3. Elaboración de los platos

Hechas las debidas adaptaciones a nuestros gustos modernos (para ello el libro de Grant y el recetario que elaboraron los alumnos del “Francisco Salinas” pueden resultar muy útiles), el resultado final es excelente. Para que podáis comprobarlo, os dejamos testimonio fotográfico de algunos ejemplos de los trabajos hechos por nuestros alumnos: unos son de alumnos del ciclo de “Panadería, Repostería y Confitería” y otros de alumnos de 2 de la ESO de Cultura Clásica.

Participaron en la actividad:

Pablo Balbona. Chef, Maestro Pastelero y desde hace 10 años colaborador del Museo de la Villa de Veranes (Asturias) en los talleres sobre cocina romana.

José Ramón Martín Abad. Profesor de F.P. en el IES “Francisco Salinas”.

Cristina González Díez. Profesora de Latín en el IES “Francisco Salinas”.

Ignacio Baciero Ruiz. Profesor de Griego en el IES “Francisco Salinas”.

Alumnos de segundo curso del ciclo de grado medio de “Panadería, Repostería y confitería” del IES “Francisco Salinas” (el pdf con el menú fue elaborado por Rebeca Hernández Lucas).

Alumnos de segundo de la ESO A, B, C y D del IES “Francisco Salinas”. Las prácticas en powerpoint son de Eva Sevillano (2 D) y de Vera García (2 C).

Ignacio Baciero Ruiz

Hoy publicamos las recetas de Pan de queso y Torrijas romanas de Vera García Delgado. En próximas entradas os ofreceremos más material.

Las Sirenas y la política del siglo XXI

Diego Corral nos envía el siguiente texto de Guillem Martínez, publicado en CTXT Contexto y acción el 6 de septiembre de 2020:

Sobre la política en el siglo XXI

Sabemos que las sirenas vivían tal vez en la actual Capri, y que eran dos, o cinco, según los textos. Su cabeza y su torso eran de una mujer en verdad bella, y el resto de su cuerpo tenía la forma de un ave. Volaban. Tenían nombres formidables, como Pisíone, Leucosia, Ligeia o Molpe. Algunos mortales pudieron ver a una con sus propios ojos. Parténope. Su cadáver llegó sobre las olas a la costa de Cumas, la primera ciudad griega fundada en Italia, según Estrabón. Fueron tantas personas de todo el mundo conocido a ver aquel portento, que no tardó en crearse una ciudad nueva, una nueva polis llamada Neopolis y, luego, Nápoles. El resto de nosotros conoce a las sirenas por las primeras personas que las vieron, mucho antes. Primero fueron los tripulantes del Argo. En aquella ocasión, narrada por Apolonio de Rodas, Orfeo evitó el desastre con su voz. Cantó, y su canto perfecto neutralizó la atrayente voz de las sirenas, devoradoras de hombres. Pero la mejor descripción de las sirenas, y la primera y última descripción de su canto, irresistible, se produjo después. En La Odisea, Circe explica a Odiseo que las sirenas viven “sentadas en una pradera, teniendo a su alrededor un enorme montón de huesos de hombres putrefactos”. También explica la calidad única de su canto, al punto que “aquel que imprudentemente se acerque a ellas, ya no vuelve a ver a su esposa ni a sus hijos diminutos rodeándole”. Circe da instrucciones a Odiseo para librar a sus compañeros de esa muerte fatal. Pero también le explica cómo ser el primer mortal en escuchar a las sirenas y sobrevivir. Odiseo, siguiendo las instrucciones de Circe, cuando considera que se aproxima a la isla de las sirenas, llena de cera fundida los oídos de sus compañeros. Antes de ensordecerlos les explica que deberán atarle al mástil de la nave, del que no deberá ser liberado por mucho que lo implore. Gracias a todo ello sabemos, por fin, en qué  consistía el canto de las sirenas, lo nunca oído ni contado y que pudo oír y contar Odiseo. ¿Qué era el canto de las sirenas? Aquella forma infalible de atraer, sin remedio alguno, y con desprecio de la vida, hasta la muerte, era exactamente así: “Célebre Odiseo, gloria insigne de los aqueos, acércate y detén la nave para que oigas nuestra voz. Nadie ha pasado en su negro bajel sin que oyera nuestra voz que fluye por nuestra boca, sino que se van todos después de recrearse con ella, y de aprender mucho”. El canto era, pues, una promesa. Era poco, o nada, o todo. Pero enloqueció a Odiseo que pidió, gritó, suplicó a sus compañeros, que no le oyeron, ser desatado. 

Sabemos que las sirenas tal vez vivían en Capri, que eran dos, o infinidad, que su canto era hipnótico, armonioso y mortal, que ofrecían “recrearse” y “aprender”, dos ofertas irrechazables, que mentían, y que tenían nombres como Pisíone, Leucosia, Ligeia, Molpe. U Odiseo. Sus compañeros, al menos, tampoco le pudieron escuchar y obedecer, al tener las orejas selladas a los cantos de sirena. Incluso Odiseo puede ser una sirena, por tanto. Incluso Odiseo, como todos nosotros, tiene la voz “que fluye por nuestra boca”, por lo que tiene la capacidad de mentir y atraer, la antesala de la tragedia. La capacidad de vivir “sentado en una pradera, teniendo a su alrededor un enorme montón de huesos de hombres putrefactos”. 

Desconfía. De nosotros. De ellos. De ti. De las sirenas.

Museo Nacional Arqueológico de Mérida: ciclo de conferencias sobre ciudades romanas

Adelaida Andrés nos envía el programa de actividades del Museo Nacional Arqueológico de Mérida y destaca entre ellas el ciclo de conferencias online sobre ciudades de Hispania, un total de 34, cuyo primer bloque se desarrollará a lo largo de este trimestre. Entre las ciudades escogidas está Salmantica, conferencia a cargo de Manuel Salinas de Frías, el 22 de octubre. Se podrán visualizar en el Canal de YouTube.

Podéis acceder a la agenda del Museo aquí.

Y aquí a la lista de conferencias.

La historia de los bronces de Riace

Mª Ángeles Martín nos envía este artículo de Ángel Gómez Fuentes, publicado en ABC el 22 de agosto, que nos recuerda el descubrimiento espectacular de los Bronces de Riace hace ahora 48 años y las últimas investigaciones de Daniele Castrizio sobre su identidad y procedencia. Reproducimos el texto:

Los Bronces de Riace: desvelan su asombrosa y fascinante historia

Fue uno de los hallazgos arqueológicos más extraordinarios del siglo pasado. Altos, de casi dos metros; misteriosos, imponentes, de extraordinaria belleza… La máxima expresión de la escultura en bronce de la Antigua Grecia, del siglo V a.C.Los Bronces de Riace han fascinado desde que fueron encontrados hace 48 años, a trescientos metros de la costa de Riace, a ocho metros de profundidad. De todas las estatuas que nos han llegado del mundo antiguo, los dos Bronces de Riace están entre las que más impresionaron y emocionaron al público. Fueron rebautizados A y B por los expertos, el Joven (A) y el Viejo (B) por los más poéticos. Los dos Bronces fascinaron. A ello contribuyó el aura de misterio que los

 ha rodeado. Se convirtieron así en una leyenda, un mito al que han dedicado muchos años de investigación profesores de arqueología e historiadores. Para admirar estas maravillosas estatuas, millones de personas de todo el mundo siguen llegando hasta el Museo Nacional de Reggio Calabria, en cuyo mar fueron halladas.

El descubrimiento fue también novelesco, según cuenta el profesor Giuseppe Bragó, investigador de arqueología, que ha dedicado toda su vida a los Bronces de Riace, con varias publicaciones: «Fue la mañana del 16 de agosto de 1972 cuando Cosimo Ali, un niño de 12 años y principiante en la pesca submarina, vio emerger del fondo del mar el brazo de una estatua. De regreso a la playa, Cosimo no dudó en pregonar a los cuatro vientos que había encontrado lo que él creyó que era una estatua romana. Los primeros en bucear con él fueron su hermano Antonio y dos compañeros, todos adolescentes.

La noticia recorrió rápidamente la playa y llegó a oídos del submarinista romano Stefano Mariottini que, según él mismo admitió, ya estaba buscando hallazgos arqueológicos en esas aguas. El yacimiento marino de antigüedades fue vigilado solo a partir del 20 de agosto de 1972. Las cuatro noches entre el descubrimiento y la intervención de las autoridades fueron más que suficientes para que Mariottini y sus amigos privaran a los Bronces al menos del equipo (escudos, cascos, lanzas)», según el profesor Giuseppe Bragó. Un casco que perteneció al bronce B se vendió al Museo Paul Getty de Los Ángeles.

La historia de los dos bronces ha estado marcada por denuncias ante los tribunales. Mientras, arqueólogos e historiadores han investigado durante casi medio siglo para dar una identidad al Joven y al Viejo, porque en la Antigua Grecia ninguna estatua era anónima. Todas contaban un mito o una historia. ¿De donde procedían? ¿Se habían hundido en un naufragio? Muchos son los interrogantes. Al menos hay tres grandes misterios; el primero se refiere a cómo aparecieron los bronces en la antigüedad, dónde, cuándo y quién los hizo; el segundo es qué representaban y cuántos eran; el tercero, cómo y por qué terminaron en las aguas de Riace. Veinte años para responder a estas preguntas, aclarar la leyenda y el mito ha dedicado Daniele Castrizio, profesor titular de Numismática griega y romana en la Universidad de Messina y miembro del comité científico del Museo Arqueológico de Reggio Calabria, donde las dos estatuas se exhiben al público.

«Los Bronces de Riace eran rubios y dorados y se fabricaron en Argos, en el Peloponeso griego, ambos a mediados del siglo V a. C., en el mismo taller pero por diferentes maestros», explica Castrizio, ilustrando análisis de los materiales, con ayuda de la tecnología. «En la época griega, las estatuas aparecían rubias y doradas, en la época romana eran de un negro brillante –añade–. Los bronces se exhibieron originalmente en Argos. Después, fueron llevados a la capital y exhibidos allí al menos hasta el siglo IV d.C. Según fuentes literarias e iconográficas citadas por el profesor Castrizio, «los Bronces en origen eran cinco y no dos, y tienen un origen mitológico: formaban parte de un grupo estatuario que representaba el momento inmediatamente anterior al duelo fratricida entre Eteocles y Polynice, hermanos de Antígona, del mito de los Siete en Tebas relacionado con el de Edipo. A y B son Polynice y Eteocles, que se retan a duelo por el trono de Tebas», concluye el profesor Castrizio.

Si eran cinco las estatuas, ¿qué sucedió con las otras tres? Según el profesor Castrizio, que colabora con los Carabinieri en la investigación de la supuesta desaparición de cascos, escudos, lanzas y otras estatuas del yacimiento arqueológico de Riace, los Bronces, junto con otras obras de arte, iban camino de Constantinopla en el siglo IV d.C., porque Constantino quería adornar su nueva capital con ellos. Un evento adverso habría obligado a los marineros a desechar gran parte del cargamento o hundir el barco. El profesor Castrizio publicará los resultados de sus estudios en un congreso en septiembre. Las investigaciones sobre los Bronces de Riace continuarán y dejarán de tener secretos, pero seguramente aumentará su mito y leyenda.

Más sobre San Jerónimo

Hoy en Notae tironianae se hacía mención un año más al día de los traductores en la jornada en que el catolicismo celebra la festividad de Jerónimo de Estridón, traductor de la versión canónica de la Biblia al latín: la Vulgata. Puesto que dicha versión devino el libro por antonomasia del occidente cristiano, también San Jerónimo devino patrono de otros aspectos que rodean a la cultura libresca. Es el caso de la Confraria Librariorum Civitatis Barchinone o, en catalán, Confraria dels Llibreters de Barcelona (‘El Gremio de libreros de (la Ciudad de) Barcelona’) fundada en 1553 y que pervive actualmente bajo el nombre de Gremi de Llibreters de Catalunya. Esta importante organización, todavía fundamental para la vida cultural catalana, ha felicitado a los libreros con la reproducción de la soberbia lámina de los “Goigs al Gloriós Pare i Doctor de l’Església Sant Jeroni, patró del Gremi de Llibreters de Barcelona” con la que se conmemoró en 1953 el cuadringentésimo aniversario de la entidad.

Como puede observarse, los gozos (goigs en catalán) son composiciones musicales de melodía sencilla para ser cantada por los fieles normalmente en la víspera del santo al que se dedican. La letra que los acompaña contiene su vida y milagros y, habitualmente, algún hecho relacionado con el lugar en el que es venerado, siempre siguiendo un mismo esquema métrico que cuenta con un estribillo (tornada en catalán) y diversas estrofas. Más allá de la religiosidad, de la divulgación hagiográfica y de su proliferación en la edad moderna, los gozos han tenido un papel muy importante para la lengua catalana (así como también para otras lenguas minorizadas) por ser para la mayoría de los mortales en momentos de castellanización o francesización militante (dependiendo del lado de la frontera) una de las pocas vías de acceso a un registro formal y literario de la lengua. Nótese, por ejemplo, que en los ejemplares de las islas no aparece nunca el uso del característico articulo es, sa, so (< latín ipse, ipsa, ipsum), propio del registro coloquial. Los gozos se documentan desde el s. XIV con la Ballada dels goyts de nostre dona en vulgar cathallan a ball redo, contenido en famoso el Llibre vermell de Montserrat, aunque su expansión y divulgación en la forma de lámina como la que conocemos hoy es una consecuencia de la expansión de la imprenta, de ahí su relación con los libreros. Por sus características y larga tradición han sido una fuente importante de estudio para los filólogos. Además, no faltan auténticos coleccionistas de estas láminas y es habitual que uno pueda adquirirla en su visita a los principales santuarios de todo el dominio lingüístico. En ocasiones, el canto los gozos se han convertido en una parte muy esperada de celebraciones locales, como es el caso de los dedicados a San Antón en Manacor y Artà (Mallorca), en la que es sorprendente ver a tantos jóvenes cantándolos de memoria y a pleno pulmón. Cierro esta pequeña nota con una fervorosa recomendación: Goigs de la Mare de Déu del Claustre de Solsona cantados por la grave y sensual voz de Roger Mas.

Tomeu Obrador Cursach

¿Por qué hoy es el día de los traductores?

No es la primera vez que en este blog hablamos de la traducción, una actividad que durante mucho tiempo ha sido vista por las agencias que nos evalúan con algo de desprecio (especialmente en el ámbito de las clásicas), como si ese fuera un trabajo menor, cuando es la tarea fundamental de un filólogo clásico.

Por eso, este año, la víspera de comenzar un curso atípico, queremos recordar la importancia que tiene la traducción: los estudiantes la practican incansablemente desde el día en que empiezan a estudiar las lenguas clásicas y, para los que nunca han tenido contacto con el griego y el latín, la traducción es la puerta que les permite acercarse a esos autores que parecen tan lejanos.

Se trata de una actividad antigua, que los antiguos romanos practicaron de manera sistemática desde que Livio Andronico decidió verter al latín la Odisea homérica y el teatro griego. Pero el que se ha llevado los laureles hasta el punto de ser nombrado patrón de los traductores en 1991 ha sido Jerónimo de Estridón, uno de los padres de la Iglesia, que vivió entre los siglos IV y V. Pues hoy, 30 de septiembre, hace 1600 años que murió y por eso es el Día de la Traducción.

Sin duda, Jerónimo tiene una relevancia enorme dentro del cristianismo como propagandista del ascetismo y extraordinario conocedor de la Biblia. Pero también es esencial para la cultura universal por la enorme empresa que acometió y que trasciende el ámbito religioso: la traducción, directamente desde sus lenguas originales, de la Biblia al latín. El resultado es la versión llamada Vulgata, cuyo uso acabó imponiéndose en la Iglesia.

Si quieres conocer mejor su figura (y de paso saber qué hace en ese estudio el león), en el mes de noviembre, para conmemorar este aniversario, se inaugurará una exposición bibliográfíca, El león y la pluma, en el edificio histórico de la Universidad de Salamanca (si la situación sanitaria lo permite).

Felicidades a todos los traductores, sean de 2º de Bachillerato o Premios nacionales.

Y, prescindiendo de creencias religiosas, creo que toda ayuda es poca, así que pidamos al santo que interceda por nosotros.

Susana González Marín

En tiempos de pandemia aprende latín a distancia

Aún está abierta la matrícula.

Matricula ordinaria: 200 euros Matricula reducida para alumnos de la USAL:180 euros.

El curso empieza a nivel cero, está destinado para aquellos que no saben nada de latín; así pues, no se exige ningún conocimiento previo ni ninguna otra condición. Resulta especialmente útil para futuros alumnos de 1º de titulaciones en cuyo plan de estudios figura el latín, y en general para todos los estudiantes de carreras de ámbito humanístico y social, pero está abierto a cualquier persona interesada en iniciarse en el conocimiento de la lengua y cultura latinas.

El curso, eminentemente práctico, se desarrollará on line, utilizando la plataforma Studium de la Universidad de Salamanca. Está organizado en torno a unidades pequeñas. Cada una constará de un breve documento con las explicaciones teóricas pertinentes acompañado de una presentación en Power point que incida en los principales contenidos que el alumno debe aprender. Asimismo se incluirá un conjunto de textos latinos que servirán de base a estas explicaciones. Todo ello se completa con una batería de ejercicios, en su mayor parte autocorregibles, en los que los alumnos pondrán en práctica lo aprendido en cada lección. Cada unidad dispondrá de foros para consultar dudas tanto sobre la parte teórica como sobre los ejercicios, que serán resueltas por los profesores en el plazo máximo de un día (salvo fines de semana). Se establecerán pruebas periódicas para que el alumno constate sus progresos.

El curso prevé que el alumno emplee 60 horas de trabajo para la consecución de sus objetivos, que él puede distribuir de la manera que le convenga en el espacio entre su apertura (5 de octubre de 2020) y su cierre (12 de febrero de 2021).

Dirige: Susana González Marín. sana@usal.es

Pandora y la pandemia

El 27 de septiembre El País publicó este texto de Siri Hustvedt:

Las Pandoras de la pandemia

A principios de abril, cuando la ciudad de Nueva York estaba casi totalmente paralizada, oía día y noche las sirenas de las ambulancias. Leía las noticias de que habían llevado camiones frigoríficos para albergar los centenares de cadáveres que salían de los hospitales a diario. Leía sobre los sepultureros que no daban abasto para enterrar los cuerpos. Pensaba en todas las personas que lloraban a sus muertos, por culpa de un virus completamente indiferente a su dolor.

Esa misma semana, el New England Journal of Medicine publicó un ensayo titulado ‘Huida de la Caja de Pandora’. El epidemiólogo David Morens y sus colegas usaban el mito griego de la primera mujer que abrió su caja y dejó salir las enfermedades, la muerte y otras desgracias al mundo como una apropiada analogía de la pandemia. “Debemos ser conscientes —escribían— de que, en este mundo superpoblado, con 7.800 millones de personas, la mezcla de comportamientos humanos alterados, cambios medioambientales y mecanismos insuficientes de salud pública en todo el mundo pueden fácilmente hacer que unos virus animales desconocidos se transformen en amenazas existenciales para los seres humanos”. Es decir, hay motivos para temer que otros virus zoonóticos pasen calladamente, invisibles, de otras especies a la nuestra. “Ojalá”, decían, “podamos volver a meter a los demonios en la caja”.

Estamos en septiembre. Los demonios siguen volando por todas partes. En Estados Unidos —pero no solo aquí—, la trayectoria del virus ha dependido mucho de las historias que se contaban sobre él, muchas de ellas ficticias.

Todas las culturas humanas crean relatos para explicar por qué las cosas son como son. En el mito original que cuenta el poeta griego Hesiodo, Zeus está furioso porque Prometeo ha robado el fuego a los dioses y entonces ordena la creación de la mujer, “un hermoso mal”, en castigo por ese delito. El sufrimiento humano tiene una causa, que adopta la forma de una mujer atractiva, insidiosa y malévola. La pandemia se ha convertido en caldo de cultivo para las historias que presentan la transmisión ciega de un virus como un malvado plan humano. El Pew Research Center ha averiguado que el 71% de los adultos en Estados Unidos conoce la teoría de que varios personajes poderosos pusieron deliberadamente en circulación el virus SARS-CoV-2. La tercera parte de los encuestados respondió que la historia era “probablemente” o “indudablemente” cierta.

La cifra oficial de muertos en Estados Unidos —que seguramente es más baja de la real— sobrepasa los 200.000. Una quinta parte de la cifra mundial, que ronda el millón de fallecidos.

En estos momentos, Nueva York es un oasis. El 8 de abril fallecieron de covid 700 personas. El 18 de septiembre murieron dos. Después de una primavera aterradora en la que estaba dormida, salvo las ambulancias, la ciudad ha ido despertando poco a poco. El tráfico ha vuelto. Las sirenas han recuperado su ritmo de siempre, pero no podemos comer en el interior de un restaurante y el comienzo del curso en los colegios ha estado lleno de dificultades. En mi barrio casi todo el mundo lleva mascarilla, aunque a veces las veo por debajo de la barbilla o con la nariz fuera. Sin embargo, en el conjunto del país la mascarilla no está generalizada, ni mucho menos. Llevar el rostro desnudo es una declaración política, una señal visible de la historia que esa persona ha decidido creer.

En los mítines de Trump, las muchedumbres sin mascarilla le vitorean mientras él sonríe y expresa ruidosamente su aprobación. Hay millones de estadounidenses convencidos de que el virus es un “fraude” o de que las cifras de muertos se han exagerado. Circulan, con ayuda del presidente, teorías de la conspiración que hablan del “Estado profundo”. En Internet se vende una mascarilla que muestra esta frase: “Esto parece una simple mascarilla, pero en realidad forma parte de una vasta conspiración de los progresistas y China para destruir Estados Unidos y derrocar al hombre blanco”. Cuando la vi me reí, pero es un humor siniestro. Algunas teorías conspirativas son más estrambóticas que otras y Estados Unidos no es el único país en el que circulan. Lo irónico es que además son letales. Nadie sabe exactamente cuántos seguidores de Trump han contraído la enfermedad o han muerto después de sus mítines. Lo único que sabemos es que el número de casos en esas zonas ha aumentado inmediatamente después.Aunque muchos miembros de la Administración han declarado la “guerra” al virus, una serie inerte de sustancias bioquímicas que solo cobran vida cuando entran en contacto con un organismo no sacia el ansia de tener un enemigo, una Pandora capaz de asumir las culpas de nuestra situación. El nombre de un clérigo paquistaní, Maulana Tariq Jameel, llegó a los titulares de prensa en mayo cuando dijo que la pandemia era prueba de la ira de Dios contra “la desnudez y la obscenidad”. En su opinión, las impúdicas culpables que han acarreado este castigo sobre su país y, por extensión, el mundo entero, son “las hijas de la nación”, no los hijos. Hizo mención especial de las chicas que bailan con faldas cortas.

Los seres humanos son víctimas de las ficciones colectivas que difunden. Los científicos utilizaron el viejo mito de Pandora para ilustrar los peligros provocados por un planeta en rápida transformación. No creo que estuvieran pensando en la misoginia descarada de la historia, pero el odio a las mujeres, como el odio a los negros y los morenos, los inmigrantes, los judíos, las comunidades LGTB y las élites urbanas, ha favorecido la propagación de la covid-19 en Estados Unidos. Muchos Estados se negaron a tomar unas precauciones razonables. Después del confinamiento, abrieron las tiendas y los negocios demasiado pronto. No exigieron mascarillas ni medidas de distanciamiento. Eran bravuconadas republicanas dirigidas al miedo a la castración. “Representa la sumisión”, le dijo un hombre a la periodista Brie Anna Frank a propósito de la mascarilla. “Es ponerse una mordaza, mostrar debilidad, sobre todo para los hombres”.

El politólogo Tyler T. Reny investigó las reglas masculinas y el coronavirus en un ensayo publicado en julio. Su conclusión es que las ideas sexistas “son, una y otra vez, el indicador más fiable de emociones, comportamientos y actitudes políticas relacionadas con el coronavirus e incluso de la probabilidad de contraer la covid-19”. “Este estudio”, escribe, “pone de relieve que la ideología de género puede afectar a la salud y ser un obstáculo para las campañas oficiales de salud pública”. Otros ensayos ofrecen distintos puntos de vista. En Estados Unidos, el mayor indicador de la probabilidad de contraer el virus y, sobre todo, de morir debido a él, es la pobreza. La pandemia ha resaltado las desigualdades de un sistema privado de salud basado en los beneficios empresariales y el racismo inherente a él.

Se suele pensar que la biología es una realidad fija, diferenciada de nuestra psicología y de los mundos sociales en los que vivimos. Tenemos corazón, pulmones, hígado y cerebro que, a veces, sufren averías. Vamos al médico para que arreglen el problema, pero no siempre hay remedio. Nos morimos. Nuestras conversaciones con otras personas y nuestras opiniones políticas están separadas de nuestro cuerpo, son aéreas e inmateriales. Pero la pandemia nos ha demostrado que estas divisiones son falsas. No es posible separar lo biológico, lo psicológico y lo sociológico. Las circunstancias sociales y los relatos políticos están estrechamente unidos a la epidemia en general. El odio y las desigualdades influyen en la salud. El sistema inmunitario es muy sensible al estrés y, si sufre tensiones continuas, puede modificar la expresión génica y provocar una inflamación que, con el tiempo, tiene efectos perjudiciales para la persona. El racismo es un factor de estrés, y se están estudiando sus repercusiones. Olusola Aijore y April Thames publicaron en agosto un artículo sobre este tema en Brain, Behavior, and Immunity: “El incendio en esta ocasión: la tensión del racismo, la inflamación y la covid-19”.

Las personas que creen en la ciencia miran asombradas las extravagantes teorías de extrema derecha que se han difundido en todo el mundo, sobre planes siniestros en los que a menudo figuran Otros que sirven de chivos expiatorios: la mujer, Hillary Clinton, el hombre negro, Barack Obama, y el judío, George Soros, tres personas a las que en 2018 se enviaron paquetes que contenían bombas. Los tres llevan mucho tiempo formando parte de la mitología de Trump: Hillary Clinton es una delincuente, “Hillary la corrupta”, Obama no es estadounidense y nació en Kenia, y Soros paga a los manifestantes de Black Lives Matter para que protesten. Cuidado, las cosas no son lo que parecen. La verdad está oculta y es terrible. Bajo el bello exterior de Pandora reside el mal. QAanon ha atraído a un gran número de seguidores con su historia sobre progresistas pedófilos, malignos y poderosos que esclavizan a los niños. Los grandes medios de comunicación se apresuran a señalar que “los hechos” no sostienen estas mentiras, pero me da la impresión de que eso les da bastante igual a los creyentes. Lo que no suele destacarse es que sí hay gente poderosa que ha urdido verdaderas conspiraciones contra una población desprevenida.

Las compañías tabacaleras y farmacéuticas están acostumbradas a censurar los estudios que las perjudican para aumentar sus beneficios. La historia de Estados Unidos está llena de estudios médicos abusivos, algunos llevados a cabo en secreto. En 1941, un grupo de virólogos, entre los que estaban Thomas Francis y Jonas Salk, inocularon a pacientes de centros de salud mental en Michigan el virus de la gripe, sin que ellos lo supieran. No falleció nadie, pero fue cuestión de pura suerte. Entre 1946 y 1948, el Gobierno estadounidense, con la cooperación de las autoridades guatemaltecas, infectó de sífilis, sin su consentimiento, a 700 hombres y mujeres, muchos de ellos prisioneros y enfermos mentales. En el tristemente famoso experimento de Tuskegee, en Alabama (1932-1972), en el que se manipuló a 600 hombres negros, 400 de los cuales padecían sífilis, el Gobierno les prometió una atención médica gratuita que nunca recibieron. Mucho después de que se descubriera el antibiótico que cura la sífilis, los médicos a cargo del experimento seguían viendo morir a los hombres de una enfermedad horrible. Como dijo un comentarista: el siniestro “experimento” reveló muchas más cosas sobre el racismo que sobre la sífilis. La ciencia no está libre de ideologías repugnantes, ni históricamente ni en la actualidad.

Aunque muchos miembros de la Administración han declarado la “guerra” al virus, una serie inerte de sustancias bioquímicas que solo cobran vida cuando entran en contacto con un organismo no sacia el ansia de tener un enemigo, una Pandora capaz de asumir las culpas de nuestra situación. El nombre de un clérigo paquistaní, Maulana Tariq Jameel, llegó a los titulares de prensa en mayo cuando dijo que la pandemia era prueba de la ira de Dios contra “la desnudez y la obscenidad”. En su opinión, las impúdicas culpables que han acarreado este castigo sobre su país y, por extensión, el mundo entero, son “las hijas de la nación”, no los hijos. Hizo mención especial de las chicas que bailan con faldas cortas.

Las ideologías fascistas florecen aprovechando la angustia, la incertidumbre y una firme identidad nacional y nativista, a menudo envuelta en significados casi religiosos u ortodoxos. España, Italia y Alemania desarrollaron distintas versiones del fascismo europeo en diferentes circunstancias culturales pero con rasgos comunes, como la fuerte necesidad de recortar los derechos de las mujeres, especialmente los derechos reproductivos. Ahora están volviendo a aparecer en todo el mundo nuevos tipos de movimientos autoritarios, antidemocráticos y con tintes fascistas. La actitud beligerante de los nacionalistas hindúes me recuerda a los airados partidarios de Trump, los miembros de nuestras milicias de extrema derecha y los neonazis que desfilaron en Charlottesville, Virginia, en 2017. Estos sistemas de creencias solo sobreviven cuando hay enemigos humanos a los que vilipendiar. Para los violentos nacionalistas hindúes inspirados por las ideas de pureza racial de Hitler, los musulmanes, los cristianos y otras minorías religiosas son objetivos a los que atacar. En Occidente, las feministas, las personas de género no binario, los inmigrantes, las minorías raciales y los marginados de todo tipo son objetivos engullidos por relatos grandiosos que explican por qué las cosas están tan mal. Esos relatos son rudimentarios y eficaces. Dividen el mundo en dos, el bien y el mal, hombres y mujeres, negros y blancos, y así proyectan sus demonios sobre los demás para realzarse a sí mismos.

Durante una pandemia mundial en la que hay tantas personas aisladas, sin seguridad económica y con miedo al futuro, las teorías sobre Pandora cobran fuerza. En mi país estamos en vísperas de unas elecciones que es muy posible que sean decisivas para la muerte o la supervivencia de la república democrática. Donald Trump y otros aspirantes a déspotas o déspotas en toda regla tienen en todo el mundo muchos millones de seguidores que se tragan sin rechistar las teorías paranoicas sobre los Otros que nos amenazan. Si no contaran con ese apoyo de masas, estos hombres desaparecerían al instante. Lo irónico y terrible es que, si hemos aprendido algo de la pandemia, es que todos los seres humanos somos ciudadanos vulnerables del mismo planeta y dependemos no solo unos de otros sino también de unos ecosistemas cada vez más frágiles sin los que no podemos sobrevivir como especie. La acción colectiva puede cambiar las cosas. Las protestas sonoras y el voto pueden cambiar las cosas. Y la versión que decidamos contar de la historia de nuestra humanidad común sobre la Tierra también puede cambiar las cosas.

Siri Hustvedt (Northfield, EE UU, 1955) es escritora y Premio Princesa de Asturias de las Letras 2019. Es miembro fundador de la plataforma Escritores contra Trump.

La biblioteca del exilio.

El Mercurio salmantino

We shed as we pick up - In Venice, a “library of exile” reflects on displacement and language | Prospero | The Economist

Desde Venecia, a Dresde y ahora a Londres, la biblioteca del exilio hace su última parada en el Museo Británico. La última instalación del artista y escritor británico Edmund de Waal es un himno a los escritores en el exilio: una “biblioteca” de porcelana con 2.000 libros traducidos

The British Museum, exposición del 27 agosto 2020 – 12 enero 2021

Un pabellón temporal, diseñado como un lugar de diálogo y contemplación, anima a los visitantes a sentarse y leer de una colección de más de 2.000 libros de escritores que han experimentado el exilio de todo el mundo. La biblioteca incluye las obras de casi 1.500 escritores de 88 países en docenas de idiomas. Y sigue creciendo. Casi todos los libros son traducciones, explorando la idea del lenguaje como migración. La biblioteca es de libre acceso, continuando la conexión histórica del Museo Británico con las bibliotecas de los últimos 260 años.

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