The Curse of Issyos

Antón, un seguidor del Blog, nos ha puesto sobre la pista de un videojuego de tema clásico que hace ya unos años (2015) creó un desarrollador de videojuegos independientes (Indie games) español llamado Locomaldito. El juego se llama The Curse of Issyos, es un claro homenaje a los clásicos juegos arcade de los 80 y está ambientado en la mitología clásica.

Se nos cuenta la historia de Defkalión, un pescador griego que, mientras está faenando en el mar, escucha la voz de la diosa Atenea pidiéndole que vaya a la isla maldita de Issyos. Allí, el valiente pescador tendrá que abrirse paso entre trampas, dificultades y criaturas a lo largo de varios escenarios muy característicos del género metroidvania, hasta librar a la isla de la maldición, intentar rescatar a su propia hija de las garras de Medusa e incluso descender al Hades para librar el alma de la muchacha.Curse of Issyos

En este viaje, Defkalión enfrentará a muchos personajes de la mitología como el minotauro, Medusa, la hidra y Cerbero. El juego está plagado de enemigos muy típicos del género que hacen un agradable homenaje a clásicos como Castlevania (Serie japonesa de juegos que mejor representan a este género y, en nuestra opinión, principal referente de este título) o Ghost and Goblins, pero que también nos refieren a esas películas del peplum en cuya vertiente de la tradición clásica el juego parece estar bebiendo: los esqueletos al más puro estilo Jasón y los Argonautas (Don Chaffey, 1963) son inconfundibles. Tampoco se olvida de hacer un guiño a los “grandes éxitos” de los últimos tiempos: de ahí la armadura “tipo 300” que termina llevando el protagonista.

Queremos hacer una mención de honor a los decorados. Los gráficos que caracterizan los distintos niveles del juego, aún siendo fieles al género al que éste se adscribe, se alejan del barroquismo de la saga japonesa a la que tanto le debe The Curse of Issyos, presentando una sencillez característica más acorde con el tema clásico. Son también dignos de mención los gráficos que representan las distintas estatuas de los dioses y que sirven de decoración a las salas donde el protagonista libra alguna de sus batallas.

En definitiva: un juego que bebe de la tradición clásica del peplum “más pop”, muy buena representación del género de videojuegos a la que pertenece y una forma de manipular los elementos clásicos más agradable, a nuestro entender, que otros títulos más pretenciosos como el famoso God of War. A veces, menos es más.

Isaac Pérez Hernández

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Palinuro, patrón del Mediterráneo

El conocimiento de la antigüedad clásica no deja de utilizarse en la interpretación de la actualidad. Esperanza González nos envía el enlace a una breve reflexión que Máriam M-Bascuñán escribía en El País el día 16 de junio a propósito de la noticia de que el gobierno español iba a acoger a los emigrantes del barco Aquarius,  Aquarius, la fuerza del ejemplo. El texto empezaba recordándonos que Aquarius en la mitología griega se asociaba a veces con Deucalión, hijo de Prometeo, que, para salvarse del Diluvio ordenado por Zeus, construyó una gran nave donde se embarcó con su esposa Pirra. Cuando las aguas bajaron, ambos pudieron repoblar la tierra siguiendo las indicaciones divinas.

La autora ensalza la capacidad de la cultura antigua para plantear cuestiones universales. De hecho, ella no ha sido la única que ha recurrido al mundo clásico con este propósito. Diego Corral nos envía el enlace a un texto del escritor Santiago Alba Rico, Nuestra Antígona,  publicado el día 13 de este mes de junio en el número 173 de la Revista Contexto, CTXT. Lo que está pasando en el Mediterráneo forma parte de la situación general del mundo hoy día. Y España y el mundo entero están llenas de muertos, los que quedan en las cunetas de nuestros caminos y los ahogados en el Mediterráneo. ¿Cómo tratamos a estos muertos?  Esa es la pregunta que se plantea el autor: los cadáveres insepultos vistos a través de la lente de la antigüedad clásica. 

No es la primera vez que se invoca a Antígona para reclamar respeto a los muertos: Gustavo Martín Garzo el 9 de agosto de 2009 publicó en El País “Las enseñanzas de Antígona” para referirse a los cadáveres insepultos del bando republicano que quedan en los montes. Han pasado nueve años. Parece que pocos han escuchado a Antígona, pero ella sigue ahí.

Susana González Marín

Entrega de los premios de la III edición del Concurso de microrrelatos de tema clásico

Sandra Cruz Gutiérrez  nos envía el reportaje fotográfico del acto de entrega de premios de la III Edición del Concurso de Microrrelatos de tema clásico que tuvo lugar el día 14 de junio en la Facultad de Filología.

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El finalista Antonio Juan Sánchez Martín lee su mirorrelato La presentación y recoge su premio

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Carla Rodríguez Para lee su microrrelato Et obmutuit y recoge el primer premio

Entregan los premios Adelaida Andrés, Directora del Dpto. de Filología Clásica e Indoeuropeo, y Mª Paz de Hoz, presidenta de la Delegación local de la Sociedad Española de Estudios Clásicos. Presenta el acto la coordinadora del blog Notae tironianae, Susana González.

El acento sáfico de Julia Balbila

Si para las escritoras de nuestro tiempo Safo de Mitilene es, sin lugar a duda, un referente ineludible, también lo fue en la antigüedad. Es un hecho que la transmisión textual no ha sido benévola con las autoras antiguas y que nuestro conocimiento se limita a menudo a algunos fragmentos, unas pocas noticias esparcidas o, a lo sumo, un puñado de poemas. Irreparable, hemos perdido una parte importante de la literatura, aunque de tanto en tanto la sequedad de las arenas egipcias arranque algún nuevo verso del olvido. Sin embargo, de lo que nos ha llegado se desprende que las poetas griegas y latinas sentían la necesidad de vincular su obra a la más importante de las líricas arcaicas. Remito en este punto a la profesora Rosario Cortés, cuando en una entrada anterior de este mismo blog (23/10/2017) comentó que la creación de un canon de escrituras por parte del gynocriticism se basaba justamente en el estudio de “tradiciones compuestas por mujeres que se leyeran unas a otras y que llegaran a formar un continuum”.

No sin razón y de forma similar a otros recopilatorios, la helenista Maria Àngels Anglada tituló su antología de poetas helenísticas Les germanes de Safo (1983). A veces la referencia a Safo es sutil, en otras explícita. Este último es, por ejemplo, el caso de Nóside de Lócris (ca. 300 a.C.), que en un conocido poema se presenta como una locria igual a Safo:

Ὦ ξεῖν’, εἰ τύ γε πλεῖς ποτὶ καλλίχορον Μιτυλάναν
τᾶν Σαπφοῦς χαρίτων ἄνθος ἐναυσόμενος,
εἰπεῖν, ὡς Μούσαισι φίλαν τήνᾳ τε Λοκρὶς γᾶ
τίκτε μ’ ἴσαν χὤς μοι τοὔνομα Νοσσίς, ἴθι.

“Forastero, si navegas a Mitilene, la de bellas angladadanzas, para inspirarte en las gracias en flor de Safo, di que la tierra locria engendró a una igual también amada por las musas y que mi nombre es Nóside. ¡Ve!”

(Antologia Palatina 7.718)

Se podría escribir una historia de la poesía occidental escrita por mujeres saltando de evocación en evocación de Safo. Incluso en la modernidad, en una época en que apenas circulaban dos odas de la de Mitilene, Louise Labé fue llamada la “Sappho Lyonnaise”. A veces estas etiquetas son una creación reduccionista de la crítica masculina, como si toda poesía compuesta por mujeres se redujera a ser un epígono de la lesbia. Pero la verdad es que las propias mujeres a lo largo de la historia han tomado el nombre de Safo como una declaración de principios. Así nos lo demuestran casos como el de Renée Vivien (1877-1909), según escribió para Notae Tironianae Paula Pavón (18/02/2018).

Entre la ingente cantidad de escritoras actuales que reivindican en su propia obra su evocadora presencia, tengo una predilección especial por un pasaje de Carme Riera en Te deix, amor, la mar com a penyora (1971 – 1974), su primera obra publicada y una de las obras en catalán más impactantes y modernas del s. XX (a mi madre –¿cómo no?–  debo su primera lectura en la adolescencia). Se trata de un recopilatorio de cuentos que con total naturalidad tratan, entre otras cosas, la homosexualidad femenina. Aunque la prosa de estos cuentos pueda llevar a engaño, la poesía atraviesa todo el libro: desde el propio título del recopilatorio, un decasílabo perfecto (análogo del endecasílabo castellano), pasando por ecos y citas de poetas como Bartomeu Rosselló-Pòrcel, hasta el uso lírico de los dialectalismos mallorquines. En este contexto no es extraño que Riera sintiera la necesidad de evocar a Safo, aunque fuera mediante una pequeña emulación en un “fragmento nunca escrito de Safo”:3

Escolliré per sempre més la teva
absència, donzella,
perquè el que de veritat estim
no és el teu cos,
ni el record del teu cos
tan bell sota la lluna;
el que de veritat estim
és l’empremta que has deixat
sobre l’arena.

Fragment mai no escrit de Safo

Podríamos divagar sobre la extrañeza (acaso exotismo) resultante del sutil uso de un dialecto insular – si bien estandarizado – en la literatura culta. ¿No era eso el lesbio de Safo? Ciertamente, Safo no siempre fue evocada simplemente por su nombre, sino también por la lengua que usó. Ese fue el caso de la poeta que pretendía introducir en esta nota: Julia Balbila.

Julia Balbila (72 – 130) era una perfecta encarnación de su tiempo y de las altas esferas romanas en época imperial: descendía de los monarcas de Comagene, la última dinastía helenística, y de la élite griega y romana; formaba parte de la activa corte cultural de Adriano y Sabina, en uno de los momentos más filohelénicos del Imperio. Dejando de lado los acontecimientos relacionados con su familia, es poco lo que de ella sabemos. En su caso, la pérdida de información es especialmente dolorosa, pues lo poco que llegamos a vislumbrar de ella nos dibuja a una autora de un nivel cultural excepcional y de una personalidad única.

Sea como sea, Julia acompañaba a los emperadores en sus rutas culturales a lo largo y ancho del Imperio y por eso la encontramos en el destino turístico por excelencia de la antigüedad: Egipto. De hecho, es en esas latitudes, como veremos, donde se encuentran las únicas composiciones que de esta autora se han conservado.

Todo turista de época imperial que se preciara, por muy augusto que fuera, debía visitar los dos colosos de Amenhotep III en Tebas, más conocidos como Colosos de Memnón ya desde época ptolomea (al identificarse con el homérico rey de Etiopía por parte de los griegos), y dejar constancia epigráfica de ello. La singularidad de estas estatuas respecto a otros monumentos consistía en que tras un terremoto una de las estatuas resultó dañada de tal modo que por las mañanas emitía un peculiar chirrido (aparentemente producto de la dilatación por el cambio de temperatura). Se decía que la estatua cantaba. Esta historia nos la documenta el geógrafo Estrabón (17.1.46) que, como muchos otros insignes viajeros, visitó los colosos. La estatua que “cantaba”, está llena de inscripciones, tanto latinas como griegas que dan fe de haber oído a Memnón antes de que por una restauración posterior la estatua enmudeciera para siempre. Véase por ejemplo la siguiente inscripción latina (Bernand y Bernand 1960 nº 48) de quien años después sería un alto funcionario (ἴδιος λόγος) de la administración en Egipto:

T(itus) Statilius Maximus Severu[s]
Memnonem audio hor(a) (prima)
a(nte) d(iem) XII Kal(endas) Mart(ias) anno XX
Hadriani Imp(eratoris) n(ostri)

“Yo, Tito Estatilio Máximo Severo, oigo a Memnón en la primera hora del día doce anterior a las calendas de marzo del año vigésimo de nuestro emperador Adriano [= 136 d.C.]”

Unos pocos años antes de esta inscripción, en el 130 d.C., el mismo Adriano y su esposa Sabina visitaron los colosos de Tebas dejando constancia de ello mediante cinco inscripciones en lugares bien visibles de la estatua, una muy breve y prosaica y cuatro en dísticos elegíacos compuestos por Julia Balbila. La primera de las inscripciones apenas enfatiza el estatus de la emperatriz y conmemora el canto de la estatua, como es común en los otros grafittis de la estatua:

[Σα]βεῖνα Σεβαστὴ
[Αὐτο]κράτορος Καίσαρος
[Ἁδρια]ν̣οῦ, ἐντὸς ὥρας
[Μέμνονο]ς δὶς ἤκουσε

“Sabina Agusta, esposa del emperador César Adriano oyó a Memnón dos veces en una hora.” (Bernand y Bernand 1960 nº 32)

Por el contrario, las inscripciones de Julia Balbila son las más espectaculares puesto que están compuestas en dísticos elegíacos y en una lengua que imita el lesbio de Safo. Nótese que en uno de los fragmentos recientemente restaurado (Frag. 58 de Lobel-Page y Voigt) la propia Safo trata el mito de Titón, con cuyo hijo, Memnón, se identificaba el coloso sobre el que se inscribieron los poemas de Balbila. De manera que, sin nombrarla, la poesía lesbia se hace presente de una forma insólita, puesto que los ritmos eolios han sido sustituidos por la forma elegíaca. Esta reconsideración del lesbio por parte de Julia Balbila es algo excepcional, a pesar de que en su tiempo había una revalorización de los antiguos dialectos, un contexto que favoreció la apuesta de nuestra poeta y que sin duda sería del agrado de sus ilustres y cultos acompañantes. Sin embargo, a pesar de la original y hábil apuesta estética, apenas podemos juzgar a Julia como poeta, puesto que estas cuatro composiciones son totalmente circunstanciales: narran brevemente el mito de Memnón, constatan la presencia del emperador y de su esposa y cuentan cómo en el primer día de la visita la estatua no cantó para el emperador y su esposa (Bernand y Bernand 1960 nº 30), algo que sí sucedió en la segunda mañana (nº 28).

A continuación, comparto con los lectores de estas Notae las composiciones de Julia Balbila en versión original griega y en una traducción prosaica propia (sin grandes pretensiones estéticas).

Bernand y Bernand 1960 nº 28

beard(Foto tomada de Mary Beard en The Times Literary Supplement 12/01/2011)

1           Ἰουλίας Βαλ<β>ίλλης·
ὅτε ἤκουσε τοῦ Μέμνο<νο>ς
ὁ Σεβαστὸς Ἁδριανός.

Μέμνονα πυνθανόμαν Αἰγύπτιον, ἀλίω αὔγαι
5             αἰθόμενον, φώνην Θηβαΐ<κ>ω ’πυ λίθω.
Ἀδρίανον δ’ ἐσίδων, τὸν παμβασίληα, πρὶν αὔγας
ἀελίω χαίρην εἶπέ <ϝ>οι ὠς δύνατον.
Τίταν δ’ ὄττ’ ἐλάων λεύκοισι δι’ αἴθερος ἴπποις
ἐ̣ν̣ὶ σκίαι ὠράων δεύτερον ἦχε μέτρον,
10        ὠς χάλκοιο τύπεντ[ο]ς ἴη Μέμνων πάλιν αὔδαν
ὀξύτονον· χαίρω[ν κ]αὶ τρίτον ἆχον ἴη.
κοίρανος Ἀδρίανο[ς τότ’ ἄ]λις δ’ ἀσπάσσατο καὖτος
Μέμνονα, κἀν [στά]λαι κάλ̣λ̣ι[π]εν ὀψ[ι]γόνοις
γρόππατα σαμαίνο[ν]τά τ’ ὄσ’ εὔϊδε κὤσσ’ ἐσάκουσε,
15           δῆλον παῖσι δ’ ἔγε[ν]τ’ ὤς <ϝ>ε φίλισι θέοι.

“(Compuesto) por Julia Balbila cuando el augusto Adriano oyó a Memnón:

He oído decir que Memnón el egipcio, caldeado por los rayos del sol, emite un fuerte sonido de la piedra tebana. Al ver a Adriano, el más grande de los reyes, y antes de saludar a los rayos del sol, le habló como pudo. Pero cuando el Titán, atravesando el cielo con sus dos caballos blancos, retuvo la segunda parte del día en la sombra, Memnón emitió de nuevo un fuerte grito, un sonido muy agudo parecido al del bronce al golpearse. Todavía emitió un tercer grito saludándolo. Entonces el propio emperador Adriano saludó a Memnón como es debido y para la posteridad dejó incisos sobre la piedra unos versos que señalan todo lo que ha visto y oído. Quedó claro para todos que los dioses lo aman.”

Bernand y Bernand 1960 nº 29

1             ὅτε σὺν τῇ Σεβαστῇ Σαβείνη-
ι ἐγενόμην παρὰ τῷ Μέμνονι.

Αὔως καὶ γεράρω, Μέμνον, πάϊ Τιθώνοιο,
Θηβάας θάσσων ἄντα Δίος πόλιος,
5          ἢ Ἀμένωθ, βασίλευ Αἰγύπτιε, τὼς ἐνέποισιν
ἴρηες μύθων τῶν παλάων ἴδριες,
χαῖρε, καὶ αὐδάσαις πρόφρων ἀσπάσ̣δ̣ε[ο κ]αὔτ[αν]
τὰν σέμναν ἄλοχον κοιράνω Ἀδριάνω.
γλῶσσαν μέν τοι τμᾶξε [κ]αὶ ὤατα βάρβαρο̣ς̣ ἄνηρ,
10           Καμβύσαις ἄθεος· τῶ ῥα λύγρῳ θαν̣άτῳ
δῶκέν τοι ποίναν τὤτωι ἅκ[ρῳ] ἄορι πλάγεις
τῷ νήλας Ἆπιν κάκτανε τὸν θέϊον.
ἀλλ’ ἔγω οὐ δοκίμωμι σέθεν τόδ’ ὄ̣λ̣εσθ’ ἂ̣ν ἄγαλμα,
ψύχαν δ’ ἀθανάταν λοίπ̣ο̣ν̣ ἔσωσ̣α̣ νόῳ.
15        εὐσέβεες γὰρ ἔμοι γένεται πάπποι τ’ ἐγένο̣ντο,
Βάλβιλλός τ’ ὀ σόφος κ’ Ἀντίοχος βασίλευς,
Βάλβιλλος γενέταις μᾶτρος βασιλήϊδος ἄμμας̣,
τῶ πάτε̣ρος δὲ πάτηρ Ἀντίοχος βασίλευς·
κήνων ἐκ γενέας κἄγω λόχον αἶμα τὸ κᾶλον,
20           Βαλβίλλας δ’ ἔμεθεν γρόπτα τάδ’ εὐσέβεος.

“(Compuesto) cuando estuve junto a Memnón con la augusta Sabina:

Memnón, hijo de la Aurora y del venerable Titón, sentado en frente de Tebas, la ciudad de Zeus, o Amenoth, rey egipcio, según sostienen los sacerdotes expertos en mitos antiguos, recibe mi saludo y acoge con tu habla a la noble esposa del soberano Adriano. Un bárbaro, el impío Cambises, te cortó la lengua y las orejas, pagándolo con una funesta muerte al ser atravesado con la misma punta de espada con la que el despiadado mató al divino Apis. No puedo ni pensar en que tu estatua peligre, cuando percibo en mis adentros un alma en adelante inmortal. Fueron piadosos mis padres y mis abuelos, Balbilo el sabio y el rey Antíoco: Balbilo engendró a mi madre, la reina, y el rey Antíoco al padre de mi padre. Por esta estirpe yo, Balbila la piadosa, también soy de sangre noble y estos son mis escritos.”

Bernand y Bernand 1960 nº 30
1            ὅτε τῇ πρώτῃ ἡμέρᾳ οὐκ ἀ-
κούσαμεν τοῦ Μέμνονος.

χθίσδον μέν Μέμνων σίγαις ἀπε[δέξατ’ ἀκ]οίτα[ν](?),
ὠς πάλιν ἀ κάλα τυῖδε Σάβιννα μ̣ό[λοι].
5          τέ̣ρπει γάρ σ’ ἐράτα μόρφα βασιλήϊδος ἄμ̣μας,
ἐλθοίσαι δ’ [α]ὔ̣ται θήϊον ἄ̣χον ἴη,
μὴ καί τοι βασίλευς κοτέ̣σῃ, τό νυ δᾶρον ἀτά[ρβης]
τὰν σέμναν κατέ̣χ̣ες κουριδίαν ἄλοχον.
κὠ Μέμνων τρέσσαις μεγάλω μένος Ἀδρι[άνοιο]
10           ἐξαπίνας αὔδασ’, ἀ δ’ ὀΐοισ’ ἐχάρη.

“(Compuesto) cuando en el primer día no oímos a Memnón.

Ayer Memnón recibió a la esposa (de Adriano) en silencio. Así que vuelva de nuevo la bella Sabina. Puesto que la belleza de nuestra reina te deleita, lánzale un grito divino a su llegada para que el rey no se enfade contigo: ya por demasiado tiempo has retenido sin temor alguno a su noble esposa. Y estremeciéndote, Memnón, ante el poder del gran Adriano, de repente hablaste y ella se alegró al oírte.”

Bernand y Bernand 1960 nº 31

bond(Foto tomada de la conmemoración del ocho de marzo de la profesora Sarah Bond en Twitter)

1          ἔκλυον αὐδήσαντος ἔγω ’πυ λίθω Βάλβιλλα
φώνα<ς> τᾶς θεΐας Μέμνονος ἢ Φαμένωθ.
ἦλθον ὔμοι δ’ ἐράται βασιλήϊδι τυῖδε Σαβίννᾳ,
ὤρας δὲ πρώτας ἄλιος ἦχε δρόμος.
5          κοιράνω{ι} Ἀδριάνω πέμπτῳ δεκότῳ δ’ ἐνιαύτῳ,
<φῶτ>α δ’ ἔχεσκε<ν> Ἄθυρ εἴκοσι καὶ πέσυρα.
εἰκόστῳ πέμπτῳ δ’ ἄματι μῆνος Ἄθυρ.

“Yo, Balbila, he oído la voz divina de Memnón o Famenoth procedente de la piedra parlante. Llegué aquí junto a la querida reina Sabina en la primera hora en que el sol hace su camino. En el año quince del reinado de Adriano, Atir estaba ya en su vigésimo cuarto día. (Grabado) en el vigésimo quinto día del mes Atir.”

Para más información:

Bernand, A., y E. Bernand,1960, Les inscriptions grecques et latines du colosse de
Memnon, Paris.

Brennan, T. C., 1998, “The Poets Julia Balbilla and Damo at the Colossus of Memnon”,
Classical World 91, 215–34.

Rosenmeyer, P., 2008, “Greek Verse Inscriptions in Roman Egypt: Julia Balbilla’s Sapphic Voice”, Classical Antiquity, 27, 2, 334–358.

Bartomeu Obrador Cursach

Entrega del XVIII premio de la SEEC a la Promoción y difusión de los Estudios Clásicos al Museo Arqueológico Nacional

 El XVII premio de la Sociedad Española de Estudios Clásicos a la Promoción y Difusión de los Estudios Clásicos ha sido otorgado este año 2018 al Museo Arqueológico Nacional. La entrega pública a su actual director, D. Andrés Carretero Pérez, como representante de la institución tuvo lugar el viernes 8 de junio en la sede de la Sociedad.

La propuesta se realizó en el año 2017 como conmemoración de los 150 años de vida de una institución que a lo largo de tantísimas décadas se ha encargado de reunir, catalogar y dar a conocer piezas arqueológicas que forman en sí mismas parte de la historia antigua de España, además de objetos y colecciones que, sobre todo durante los siglos XVII-XIX adquirieron, procedentes del extranjero, reyes y otros mecenas. Cuando a mediados del s. XVIII y especialmente durante el s. XIX las principales capitales europeas crearon museos nacionales para preservar y exponer su riqueza patrimonial, también en España el interés por la investigación y la puesta en valor del patrimonio arqueológico estaba siendo objeto de un impulso especial. Con el objetivo de fomentar ese impulso, de reunir y así preservar, y de exponer públicamente dicha riqueza y dar a conocer a la sociedad la antigua historia del país, se fundó en 1867, bajo el reinado de Isabel II, el llamado Museo Arqueológico Nacional, situado provisionalmente en el Casino de la Reina, una antigua finca de recreo cercana a la actual glorieta de Embajadores, mientras se terminaba la gran obra concebida como Palacio de Bibliotecas y Museos, en el Paseo de Recoletos, sede del MAN desde 1893 hasta la actualidad. En el decreto de fundación se asignaron al museo fondos procedentes del Museo de Medallas y Antigüedades de la Biblioteca Nacional, del Museo de Ciencias Naturales y la colección de la Escuela Superior de Diplomática, fondos que aumentaron rápidamente con la compra de importantes colecciones privadas y, sobre todo, con la creación de las llamadas Comisiones Científicas que realizaron viajes nacionales e internaciones de expedición y compras arqueológicas. La fragata Arapiles por ejemplo, fletada con destino a Oriente en 1871, permitió la incorporación a los fondos de piezas procedentes de Sicilia, Atenas, Chipre o la antigua Troya, entre ellas las dos grandes colecciones de vasos griegos de Atenas y Chipre. En el s. XX los ingresos aumentaron considerablemente gracias a las excavaciones arqueológicas, como por ejemplo las que sacaron a la luz el tesoro del Carambolo cerca de Sevilla, o el Efebo de Antequera, considerada la mejor estatua de bronce hallada en la Península, del s. I d.C., a la vez que se iniciaron intercambios con otros países, principalmente Francia, para recuperar obras como el tesoro de Guarrazar o la famosa Dama de Elche, que regresó del Louvre en 1941.

Estas y otras piezas que se han convertido en símbolos de la Historia antigua de España se han podido ver juntas en la exposición El poder del pasado. 150 años de arqueología en España que el año pasado realizó el Museo en conmemoración de sus 150 años. Esta exposición conmemoraba una larga historia de trabajo arqueológico, de adquisición de piezas, y de difusión y formación de la sociedad en la historia de nuestro país, pero también ha sido una muestra de la historia del propio museo, que a lo largo del tiempo ha ido adaptándose y modificando la presentación de las piezas y colecciones de acuerdo con los avances y modas museísticas. El cambio más radical ha tenido lugar entre 2008 y 2014, cuando no sólo se ha modificado todo el criterio expositivo, tanto de selección de piezas para exponer como de organización de la exposición, sino que además se han realizado obras de reconstrucción del propio museo y sus espacios interiores para modernizarlo, fomentar la mayor presencia de visitantes y hacer más atractivos los fondos a un público más amplio, incorporando nuevas técnicas audiovisuales y actualizando las interpretaciones gracias a los avances científicos. Desde el punto de vista de la arqueología clásica destacan, por estar entre las mejores colecciones del mundo cada una en su campo, el conjunto de inscripciones latinas en bronce que incluye leyes municipales y otro tipo de documentos oficiales de un enorme interés para reconstruir la historia romana de España, y la colección ya mencionada de vasos griegos, que incluye, además de las piezas traídas por la Comisión Científica de Oriente, la colección de cerca de mil vasos comprada al Marqués de Salamanca. A esta colección pertenecen, por ejemplo, la famosa copa de Aison y la cratera del pintor Astea, que trata el tema de la locura de Heracles. La nueva exposición de los vasos griegos se ha hecho con criterios temáticos, y no sólo permite apreciar mucho mejor el enorme valor de esta colección española sino que además tiene un claro objetivo didáctico. Muchas de las colecciones permanentes atraen y cumplen las expectativas de un amplísimo rango de visitantes, desde especialistas en el mundo clásico hasta grupos de alumnos de Educación secundaria y Universidad. Desde su reapertura en el 2014, el museo complementa la nueva presentación de los fondos con visitas guiadas, ciclos de conferencias, cursos, talleres y publicaciones. Esta intensa labor en todos los ámbitos relacionados con el mundo clásico es lo que ha llevado a la SEEC, asociación dedicada en España a difundir y fomentar los estudios clásicos como parte integrante del acervo cultural y humanístico de nuestro país, y por tanto también del cimiento de su historia presente y futura, a concederle el premio del 2018. El MAN facilita e incentiva la investigación en la arqueología, la historia antigua de España y el mundo clásico en general, pero además, sobre todo en esta última etapa que se ha iniciado con su reapertura en 2014,  hace una importantísima labor de difusión y de formación en todos los estratos sociales, profesionales y de edad.

María Paz de Hoz

 

 

César Aira, Parménides, Perinola, García Calvo…

Si para César Aira, al que describieron como «el secreto mejor guardado de la literatura argentina» y desde entonces debe enfrentar ese latiguillo en casi todas las entrevistas, en Ovidio había todo un mar de inspiraciones, los presocráticos deben de parecerle igual de sugerentes. O eso invita a pensar su novela Parménides, publicada originalmente en 2005 y recuperada ahora por Random House. En ella recrea a Parménides como un riquísimo y vacuo jerarca de Elea, preocupado por perpetuar su legado con un libro que no está dispuesto a escribir. Para ello contrata a una joven promesa de la poesía local, Perinola, con la intención de que plasme en verso la esencia de su pensamiento, tarea que el poeta está lejos de tomarse en serio.

En varios momentos de la narración se nos permite entrever el texto del poema:

«Fue en parte la facilidad automática que le daba el verso la que lo alentó a incluir un par de detalles de sexo. Adivinaba que a Parménides le gustaría; le parecería moderno, atrevido, picante. Además, era otro lugar común, y no le costaba nada ponerlo; el orden de los principios luminoso y oscuro se continuaba, por una trillada correspondencia, con el de lo femenino y lo masculino, las atracciones y las repulsiones de los sexos quedaron reflejadas en el texto de acuerdo con las medidas y los acentos del verso, dislocadas (como debía ser), enigmáticas. El principio activo del Amor introducía sus líneas ondulantes entre la Luna y las estrellas lo mismo que entre lo denso y lo poroso. Una vez más, como ya había hecho antes, le dio un giro caprichoso a la concatenación de obviedades; lo primero que se le ocurrió: que si las simientes femenina y masculina estaban en su debida proporción, el ser engendrado era normal y corriente, mientras que si no estaban proporcionadas… salía un hermafrodita. Vaciló un instante. ¿No sería demasiado? Pero al leerlo vio que sonaba bien, y hasta solemne y admonitorio. No le habría costado nada seguir hilvanando indefinidamente los mayores absurdos.»

Podemos confrontar este pasaje con los fragmentos conservados del poema de Pármenides, que en la traducción de Agustín García Calvo quedan así:

«Pues cierto que las más prietas son bien de fuego sin mezcla,
y las que les siguen, de noche; pero entre las unas y otras salta la ley de la llama;
y de eso en el medio está la deidad que todo gobierna:
pues manda doquiera en parto odïoso y mezcla en pareja,
lanzando a lo macho lo hembra mezclado, y también viceversa
lo macho a lo femenino.

Cuando hembra y macho las granas de amor conjugan en uno,
de sangre diversa al obrar la virtud criadora en las venas,
guardando equilibrio, los bien-dispuestos cuerpos amasa;
que, si en la junta simiente una y otra virtud se combaten
y no hacen una de dos en el cuerpo junto, mal hado
maltratará a la cría de doble sexo que nazca.»

La novela nos da cuenta de otro Menard en la forma del poeta Perinola. Aira no altera, como se puede comprobar, una línea del poema de Parménides para construir una historia completamente distinta de «ese disparatado cuento del “ser” y el “no ser”». Mediante su ficción Aira ayuda a desacralizar la literatura clásica. Y es que, ¿por qué tenemos que tomárnoslo todo en serio?

Diego Corral Varela

Plinio y los caballitos de mar

Plinio habla sobre el hippocampus o caballito de mar en numerosos pasajes de su Historia natural. En el libro IX lo menciona como ejemplo de réplica marina de un animal terrestre (“Todos los seres que nacen en algún elemento de la naturaleza existen también en el mar”), y en el XXXII ofrece recetas variopintas en las que interviene esta criatura (y otras muchas) para todo tipo de dolencias: alopecias replet hippocampi cinis (“Las cenizas de caballo de mar terminan con la alopecia”, Plin. nat. XXXII,67). A este remedio alude en su artículo de El País (publicado ayer, 14 de junio) Montero González. Pero no solo. Según Plinio, en ese mismo libro, el caballito de mar también es un antídoto contra el veneno de la liebre marina (§58), alivia la dermatosis escamosa (§83), los dolores de costado (§93), la incontinencia de orina (§109), las fiebres frías (§113), es afrodisíaco (§139), etc. Todas estas maravillas nos remiten a una época lejana, en la que el hombre buscaba en la Naturaleza solución a sus males. Hoy estamos llegando a un grado tal de destrucción de esta fuente de vida (“En el 2050 habrá más plásticos que peces en los océanos”, también noticia de El País), que mucho nos tememos que para nuestros descendientes el caballito de mar será un ser tan fabuloso como lo son hoy las recetas de Plinio para nosotros.

Eusebia Tarriño Ruiz