Proverbios camaleónicos. La capacidad de pervivencia y adaptación de los proverbios grecorromanos (I)

Son numerosos los antiguos proverbios griegos y latinos que han sobrevivido en la cultura occidental actual y que permanecen en las lenguas modernas. Todavía hoy en día utilizamos expresiones proverbiales que, con modificaciones o no, fueron ya utilizadas por los antiguos griegos y romanos. Este es uno de los testimonios que demuestran la unidad de la cultura occidental.

Para empezar ¿Qué es un proverbio? Los antiguos griegos utilizaban el término παροιμία (“proverbio”) y se interesaron tanto en sus características formales y de contenido como en su uso retórico (uno de los primeros fue Aristóteles, pero no podemos olvidar otros rétores de época romana ni a Quintiliano o Donato, estos dos en ámbito latino). El proverbio lo podríamos definir como un recurso que expresa un tipo de conocimiento popular con carácter metafórico de valor universal y de índole ética y práctica, es decir, que implica una decisión previa, sea correcta o no, sobre un tema concreto que suele ser el principio de una preocupación común. Se trata de expresiones de carácter metafórico que nacen, la mayoría de ellas, de una circunstancia concreta cuyo uso posteriormente se generaliza. Por ejemplo, la celebérrima locución Σαρδάνιος γέλος, “risa sardónica, que designa la risa que no responde a un motivo alegre, tiene un marcado carácter metafórico y puede designar malicia, ironía, sarcasmo; todavía hoy la seguimos utilizando y, lo que más llama la atención, es que uno de sus usos se encuentra en ámbito médico: la risa sardónica es uno de los síntomas del tétanos. O, por ejemplo, en Valencia existe el proverbio «Pitjor que l’any 10» (“Peor que el año 10), como sinónimo de catástrofe, que hace referencia a la llegada de la filoxera que destruyó las vides valencianas en el 1910. La forma del proverbio es similar a otro tipo de expresiones universales como la gnome o apotegma, con las que comparte rasgos comunes como son el valor general, su carácter ético y práctico, etc. (Ar. R. 1395a 17-18 Incluso algunos proverbios son también máximas”), diferencias y similitudes que todavía hoy en día provocan ríos de tinta al respecto.

Algunos de los proverbios antiguos más famosos son, por ejemplo, en ámbito griego: ὅπλον τοι λόγος ἀνδρὶ τομώτερόν ἐστι σιδήρου, “La lengua para un hombre es más afilada que un arma(Pseudo-Focílides 124); τὸ σιγᾶν πολλάκις ἐστὶ σοφώτατον ἀνθρώπῳ νοῆσαι, “Muchas veces, para el hombre el callar es el más sabio de sus pensamientos” (Nemea V, v. 18 Píndaro); o incluso la famosísima y todavía actual locución κροκοδείλου δάκρυα, “Lágrimas de cocodrilo” (recogida en una obra bizantina). Mientras que en ámbito latino encontramos Omnia vincit amor,El amor todo lo vence” (Virgilio, Bucólicas 10, 69), Mens sana in corpore sano, “Mente sana en un cuerpo sano (Juvenal 10, 365), Semper honos nomenque tuum laudesque manebunt, “Permanecerán eternamente tu honor, tu fama, tus alabanzas” (Eneida 1, 609), o Impia sub dulci melle venena latent, “Bajo la dulce miel se esconden oscuros venenos” (Ovidio, Amores 1, 8, 104).

¿Cómo es posible que desde los inicios de la literatura occidental con Homero se haya transmitido este tipo de saber sapiencial? ¿En qué circunstancias se ha dado? ¿Ha sido una transmisión estática, sin ningún cambio o ha sufrido adaptaciones?

Los proverbios han llegado a nuestros días por distintos caminos. Algunos lo han hecho por un uso constante e ininterrumpido (al menos en el ámbito literario); por ejemplo, del griego antiguo han pasado al latín antiguo, posteriormente, al latín medieval y, con el paso del tiempo, a las lenguas modernas. Un ejemplo de este tipo de tradición de un proverbio es el que tomamos de García Romero (2009. “Pervivencia de la tradición proverbial grecorromana”, Proverbium, 26, 119-150): en español «La perra que tiene prisa pare crías ciegas»; en inglés «The hasty bitch brings forth blind whelps/puppies»; en alemán «Die eilende Hündin wirft blinde Junge, wenn die Hündin nicht eilte, würfe sie nicht blinde Junge»; y en italiano «La cagna frettolosa fà li cagnuoli ciechi». La documentación griega más antigua de este proverbio la encontramos en Arquíloco de Paros, poeta del siglo VII a. C. en el famoso fragmento 196a West en los versos 35-41: “Con mucho a ti te prefiero, pues tú no eres infiel ni tienes doblez, mientras que ella es mucho más tornadiza y a muchos hace amigos suyos; tengo miedo de engendrar hijos ciegos y prematuros por su afán acuciado, tal como hacen las perras. En este pasaje no encontramos el proverbio propiamente dicho, pero sí un testimonio de su conocimiento. El proverbio como tal lo encontramos también en griego antiguo recogido en la colección de Macario 5.32: ἡ κύων σπεύδουσα τυφλὰ τίκτει,“La perra que tiene prisa pare crías ciegas”; en griego bizantino: ἡ σκύλα σπουδαξομένη τυφλὰ κουλούκια ἐγέννησεν; en la Antigüedad Tardía cristiana en Gregorio de Nacianzo; o en época imperial en Galeno. En latín lo encontramos en el latín medieval, recogido por Erasmo: Canis festinans caecos parit catulos. Pero esto no se queda únicamente en ámbito grecorromano, según los expertos en la materia, el proverbio aparece documentado en textos orientales desde el siglo XIX a.C. Esta pervivencia, con adaptaciones, responde a la continuidad de la cultura desde la Antigüedad hasta nuestros días, pero también a los rasgos formales de los proverbios, que facilitan la fosilización de estas formas en el pensamiento occidental y las hacen resistentes al paso del tiempo.

Otro ejemplo de continuación es el proverbio «En tierra de ciegos el tuerto es el rey», que se remonta a un origen medieval: Beati monoculi in terra caecorum, “Felices los tuertos en tierra de ciegos”, que encuentra un paralelo perfecto en el griego ἐν τυφλῶν πόλει γλαμυρὸς βασιλεύει; En la ciudad de los ciegos el lagañoso es el rey, en un escolio a la Iliada XXIV, 192. Este proverbio lo recoge también Erasmo en sus Adagia (3, 4, 96) Inter caecos regnat strabus y actualmente se conserva en muchas lenguas, por ejemplo, en italiano: «In terra di ciechi chi ha un occhio è signore»; en francés, esta expresión la recoge Rousseau en sus Confesiones.

Otras veces los proverbios tienen evidentes precedentes clásicos, pero su historia de transmisión no es continua. Por ejemplo, en la Antigüedad griega fue famoso el topos de Hiponactes δύ’ ἡμέραι γυναικός εἰσιν ἥδισται, / ὅταν γαμῇ τις κἀκφέρῃ τεθνηκυῖαν, “Dos son los días realmente felices que da una mujer, cuando se casa y se lleva al matrimonio, que, aunque por fortuna ya no es un proverbio que se use en el día a día, todavía se conserva dialectos italianos como el véneto I òmeni i gode de le done el zorno che i le tol e quel che le crepa o el lombardo I consolazion d’on homm hin dò: quand el menna a cà la sposa e quand la porten via, con parecido formal entre las versiones dialectales y la griega. Lo que sorprende de este caso es que en la antigüedad este verso no fue particularmente famoso. De hecho, además de algún locus similis como un epigrama de Paludes, no se nos han conservado lo que serían “los pasos intermedios” de la transmisión. De este proverbio no encontramos paralelos exactos en latín y es muy difícil encontrar la pista a estas copias exactas dialectales.

Hasta aquí ejemplos de la larga supervivencia en los proverbios antiguos. Dejamos para una próxima entrada otros casos en los que los proverbios han experimentado variaciones y adaptaciones a las nuevas circunstancias.

Alba Boscá Cuquerella

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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