Sulpicia, poetisa romana

Desgraciadamente solo se nos han conservado seis poemas de Sulpicia en el Corpus Tibullianum, cuarenta versos en total, conservación que le debemos seguramente a que era sobrina de Mesala, el patronus de los poetas Tibulo y Ovidio. Era hija de Servio Sulpicio Rufo y de Valeria, la hermana de Mesala, y como su padre murió pronto Mesala pasó a ser su tutor. Estas circunstancias personales favorecieron que ella estuviera en contacto con los poetas mencionados arriba y que cultivara la elegía amorosa romana con voz de mujer. Se conjetura que su nacimiento pudo tener lugar entre el 40 y el 30 a. C. y que sus poemas fueron escritos en la década del 20-10 a. C. Así que los escribió cuando era muy joven y quizás por eso los estudiosos trataron su obra con paternalismo y condescendencia hasta que la crítica feminista y de género empezó a tomársela en serio y hoy contamos con abundante bibliografía.

Aquí nos limitamos a presentar dos poemas, el primero y el último de la colección, porque recogen muy bien la respuesta de Sulpicia a las restricciones a las que una joven de su clase estaba sometida en Roma. En el primero proclama su amor despreciando la fama, una cortapisa a la conducta sexual de las mujeres de entonces (y quizás también un poco de ahora); en el segundo se arrepiente de haber dejado a su amado para ocultar su pasión.

Por fin llegó el amor; y tan grande
que más vergüenza me daría ocultarlo
que  la fama de haberlo desvelado.
Vencida por los ruegos de las Musas
lo trajo Citerea, y lo depositó en mi seno.
Cumplió sus promesas Venus: y mis alegrías
que las cuente quien no las tenga propias.
Confiar algo a mis tablillas
y que alguno me lea antes que mi amado, no lo quisiera;
pero me encanta haber pecado,
me da vergüenza poner cara de santa por el miedo a la fama.
Que lo cuenten: yo una mujer digna
he estado con un hombre digno.
                                                                     (Corpus Tibullianum III 13)

Que nunca más sea yo para ti vida mía una pasión tan grande
como fui –creo- hace unos días,
si en toda mi juventud cometí una estupidez
de la que confiese arrepentirme más
que la de dejarte solo anoche
deseosa de ocultar mi ardor
(Corpus Tibullianum III 17)

                                                                 Traducción: Rosario Cortés Tovar

De este modo, si los poetas elegíacos rechazaban los valores bélicos masculinos romanos para entregarse a la militia amoris, Sulpicia rechazó el modelo de mujer recatada, casta y pia, vigente y adaptó la actitud  subversiva de aquellos a sus condiciones de mujer.

Rosario Cortés Tovar

 

 

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