Actividades culturales para amantes del mundo clásico

Por supuesto, durante las vacaciones los aficionados al mundo clásico pueden invertir su tiempo en lecturas y películas relacionadas. También pueden aprovechar y hacer alguna escapada al Museo Arqueológico Nacional o al yacimiento de La Olmeda, que no nos queda tan lejos. Pero además dos colaboradores, Cristina Platón y Diego Corral, nos envían otras propuestas.

Cristina Platón nos informa de que estas vacaciones en Zamora se puede visitar la exposición Romanorum vita (Del 22 de noviembre al 10 de enero.
Parque de La Marina) un proyecto de la Obra Social “la Caixa” que permite “conocer la vida cotidiana de los habitantes de una ciudad del Imperio Romano. Es una exposición itinerante para todos los públicos que nos sitúa en el año 79 d. C, en plena época Imperial y poco antes de la destrucción de Pompeya. Escenografías, proyecciones audiovisuales y textos informativos se complementan con elementos sonoros e incluso olores, creando una experiencia innovadora.”

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En otro lugar de la geografía española pero no muy apartado de aquí, Mérida, podemos visitar no solo los célebres lugares y el espectacular Museo y además disfrutar de una nueva aportación al conjunto. Un lugar que hasta ahora era un tenebroso túnel peatonal que los vecinos del barrio de La Antigua temían cruzar hoy es una entrada triunfal al circo romano de Mérida, gracias al mural de Chefo Bravo, el primero de una serie de cuatro artistas que intervendrán en este proyecto de conmemoración del 25 aniversario de su declaración como Ciudad Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Puedes leer la noticia, enviada por Diego Corral Varela en Yorokobu.

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A vueltas con el gazapo zamorano

Tras la lectura de la entrada en este mismo blog titulada “Gazapo oficial en Zamora” y compartiendo totalmente lo expresado en la misma, me surgieron -¿no es acaso esta la misión del blog?- varios interrogantes: ¿Por qué se inscribe este texto en este contexto?, ¿qué hay detrás de esa extraña inscripción? ¿de dónde puede venir el error?.

Con rapidez fueron surgiendo las respuestas. El edificio es obra del arquitecto Alberto Campo Baeza y podemos encontrar explicado en varias webs su proyecto (pincha aquí):

“Frente a la Catedral, siguiendo las trazas del huerto del antiguo convento, levantamos una fuerte caja de muros de piedra abierta al cielo. Todos los muros y el suelo en piedra. Con la misma piedra que la Catedral. Un verdadero Hortus Conclusus. En la esquina que mira a la Catedral, una piedra mayor, de 250x150x50, una verdadera Piedra Angular. Y cincelado en ella

HIC LAPIS ANGULARIS MAIO MMXII POSITO”

La primera sorpresa es que la inscripción con el gazapo no es la única del edificio. En correlación con ella existe otra más lógica y evidente, en la que se hace referencia al lapis angularis, expresión que nos es bien conocida, seguramente más por la influencia de los textos bíblicos que por Vitrubio. Y por tanto, el arquitecto busca en su construcción un juego de oposiciones: la piedra, que la relaciona con la memoria y la enraizada con la tierra, frente al vidrio, que nos lleva al futuro y nos envuelve de aire… Las inscripciones latinas, por tanto, son las que deben dar la clave de esta oposición.

Lo bueno del caso es que tenemos muy bien documentado el proceso creativo de las inscripciones, pues Campo Baeza publicó en 2012 su libro “Principia Architectonica” (puede encontrase en la red en pdf tanto la versión previa en español (pincha aquí) como la versión definitiva en inglés (pincha en este enlace). En este libro podemos encontrar un capítulo dedicado a las “piedras angulares” y nos explica la idea que el autor tiene de ellas: Hasta hace pocos años había de hecho la costumbre de hacer visible esa piedra angular, la cornerstone. Y se solía colocar a la altura de la vista, para que se viera bien, en la esquina más visible. Y en ella se grababa, a veces en latín y siempre con números romanos, la fecha de su terminación. Y en su interior se introducía una caja metálica con documentos relativos a la historia del nuevo edificio.”. (pág. 59) (la negrita es nuestra). Además nos ofrece la fuente de inspiración de estas inscripciones: los edificios de la Universidad de Columbia. De allí, se recogen cinco inscripciones –todas en inglés- con el mismo esquema: “Corner stone laid –mes- -día- -año en romanos-“. Pues bien, en la edición en castellano dice: “Dentro de poco grabaremos en ella la fecha de inauguración de nuestro edificio, con un significativo CORNERSTONE LAID FEBRUARY THE FIRST MMXII”. Y más adelante (pág. 99) “vamos a grabar un Corner Stone Laid January MMXII. Como rezan las cornerstone de Columbia. Y de los inmensos vidrios sin costura de 6 x 3 metros, en los que grabaremos al ácido Corner Glass Placed January MMXII.”

Podemos ver, por tanto, que la idea era mantener estas inscripciones en inglés, pues adapta la segunda (“stone” por “glass” y “laid” por “placed”). Algunos meses más tarde, en la edición inglesa ya nos encontramos el texto cambiado al latín: On it we have engraved the following words in Latin: HIC LAPIS ANGULARIS MAIO MMXII POSITO.  And for similar reasons we have engraved on the most visible angle of the glass cube: HOC VITRUM ANGULARIS MAIO MMXII POSITO” (Pag. 68).

Por tanto, mi opinión es que la idea del arquitecto no era utilizar el latín y que algo –o alguien- le hizo cambiar de idea. Y por las fechas de publicación de los libros y las fechas que se manejaban para la inauguración del edificio no se debió emplear –como resulta obvio- demasiado tiempo en hacer las traducciones ni en cuidar la tipografía. Ambas fallidas.

Acabo con otro texto extraído de este capítulo dedicado a las “piedras angulares”: (pág. 57) “una vez más, cuando se trata de edificios con sólo piel de piedra, volvemos a encontrarnos muchas veces con graves problemas de ortografía en sus fachadas”.  Cambiemos ortografía por gramática y está hecho.

Ángel Ballesteros

Gazapo oficial en Zamora

Manuel Pérez López, antiguo alumno y becario de Investigación en nuestro Departamento, catedrático de Griego en Guadalajara ya jubilado, nos envía esta fotografía tomada nada menos que en el Consejo consultivo de Castilla y León, con sede en Zamora y de reciente construcción.

Los políticos que pretenden (tácita o explícitamente) acabar con nuestra especialidad son dados a lucir el latín o el griego a título más bien de vanagloria. Y así les sale. Como ya no tienen a quién recurrir, someten sus ideas de leyendas inaugurales al consejo de verdaderos “expertos” latinistas. ¿Os imagináis una inscripción que dijera “esto cristal angular fue colocada para mayo de 2012”. No es una traducción de lo que veis en la fotografía, pero tendría un impacto equivalente para un romano que lo leyera.

Además de que el concepto de piedra angular que usan nuestro Vitrubio y Columela, por ejemplo, nada tiene que ver con algo semejante al cristal (eso sería otro asunto), poner un nominativo neutro (uitrum) concertado con un adjetivo masculino-femenino como angularis y hacerlo sujeto de una forma de dativo-ablativo del participio (posito) requiere no solo ser un ignorante, sino acertar una quiniela de catorce en los errores posibles que el texto permite.

En fin, sobran comentarios. Gracias, Manolo, por tu información.

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