Felices 2087, Virgilio

Hoy Virgilio hubiera cumplido 2087 años.

Silio Itálico, el poeta épico del siglo I d. C., según Plinio el Joven (epist. 3, 7, 8), celebraba todos los años el cumpleaños de Virgilio como si fuera el suyo propio, llegando incluso a ir a Nápoles a visitar su tumba con una devoción que se diría religiosa.

Nosotros no vamos a llegar a eso, pero al menos romperemos nuestro habitual descanso del fin de semana para decir:

Felicidades, Virgilio
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Llega el verano para los pastores de Virgilio

Bucólica VII, 45-80:

Coridón
Fuentes vosotras musgosas y hierba más blanda que el sueño,
verde madroño que os da con su sombra sin sombra su techo,
de la calura guardad al ganado, ya estío se acerca
tórrido, ya perezosa de yemas la vid se va hinchando.

Tirsis
Brasas aquí leña aquí resinosa y un fuego abundante
siempre y las vigas muy negras del tanto su hollín cotidiano;
esos los fríos del cierzo aquí los miramos lo mismo
que la crecida a la orilla o el lobo de ovejas el cuánto.

Coridón
Se alzan enebros también, y también erizados castaños;
caen por doquier esparcidos los frutos cada uno en su árbol.
Todo ahora ríe: con todo, si Alexis hermoso se fuera
de estos sus montes, ya secos los ríos mismísimos vieras.

Tirsis
Seco está el campo; de sed por mal aire se muere la hierba,
Liber la sombra ha negado del pámpano ya a los collados:
cuando mi Fílide llegue vendrá un nuevo verde a este bosque,
Júpiter ha de bajar en la lluvia contenta colmado.

Trad. Juan Manuel Rodríguez Tobal, Virgilio, Bucólicas, Madrid 2008.
 

 

A los de clásicas nos la dan con queso…y algo más

Basta con darse una vuelta por cualquier supermercado patrio o foráneo para descubrir productos con nombres clásicos y algunos de ellos en latín. Así que después de haber recorrido distintos establecimientos en busca de la comida semanal, darme alguna que otra sorpresa e ir haciendo fotografías cual ciudadano nipón en cualquier ciudad europea, procedo a dar unas leves pinceladas para comentar tales imágenes.

1. Óleum del molino

Óleum del molino es un aceite virgen extra de variedad hojiblanca elaborado por Almazaras Valderrama en Montilla (Córdoba). Se trata además del único aceite con nombre latino galardonado con el premio al mejor aceite ecológico en la feria Bio Fach 2012 en Alemania (enlace aquí). Así que ya tenemos los clasicistas dos buenas razones para aderezar nuestras ensaladas. Un servidor, que ha probado ese aceite, constata su buena calidad. He puesto tilde a la palabra oleum para respetar el delicado diseño con el que se ha realizado la etiqueta del producto. Dicha vírgula la vemos representada como una hoja de olivo que recuerda al cliente cómo se ha de pronunciar el nombre, ya que, según la regla de la penúltima, ha de acentuarse la primera sílaba en este caso. ¡Hasta tal punto llega la publicidad!

2. LAVRVS

 

Si lo del aceite no tiene precio, ver un queso cuyo nombre es LAVRVS, escrito con V mayúscula, con una cara extraída de un mosaico romano como anagrama y en la etiqueta unos versos de Virgilio ¡EN LATÍN!, damas y caballeros… esto es impagable. Tal como se ve en las imágenes, la consideración hacia el mundo clásico no puede ser mayor. La quesería artesana LAVRVS, ubicada en Torres de Carrizal (Zamora), es una empresa familiar con ganadería propia dedicada a procesar la leche de sus ovejas y convertirla en estos quesos tan virgilianos (enlace aquí). Los versos en concreto proceden de la tercera Bucólica (Verg., Ecl. III, 62-63) y son una intervención del pastor Menalcas:

Et me Phoebus amat; Phoebo sua semper apud me3. Virgilio
lmunera sunt, lauri et suave rubens hyacinthus.
El que me cuida a mí es Febo; a Febo su ofrenda en mi casa/siempre le tengo: el laurel y el jacinto de suave encarnado”. (Tr.: Juan Manuel Rodríguez Tobal)

La razón por la que esta buena gente decidió acompañar sus quesos con estos versos nos es desconocida de momento. No sé si será hilar demasiado fino, pero me atrevería a decir desde este rincón, donde no he de sufrir las censuras de los sabios virgilianistas, que no es descabellado pensar que la bucólica cita viene dada por los personajillos representantes del género: los pastores. Al fin y al cabo, esta familia son pastores que hacen y comercializan su propio queso; como los de Virgilio, mutatis mutandis. Amén de que al principio de la composición el mismo Menalcas se dirige a las infelices ovejas y este queso está hecho con leche de oveja. El motivo por el que escogen estos versos con referencia a Apolo y a sus amores a través del laurel (Dafne) y el jacinto (Jacinto) me parece un auténtico misterio. Sólo es evidente el hecho de que el queso se llama LAVRVS (“laurel”) y que uno de los versos contiene la palabra lauri. Así que quizá este blog junto a la delegación local de la SEEC y el Departamento habrían de organizar una excursión a la fábrica con fines puramente científicos. ¡Todo sea por la filología! Yo lo dejo caer.

4. vailecus

Y ahora permítanme, queridos lectores de Notae tironianae, que haga un poco de patria, porque los dos quesos que comentamos a continuación (“VAILECUS” y “musgo de capra”) proceden de mi amado valle del Alberche en su parte abulense. VAILECUS es una marca registrada por la empresa “Quesos del Alberche” (Navandrinal, Ávila) que elabora quesos tiernos, semicurados y curados con leche de cabra (enlace aquí). Lo descubrí en Cebreros durante la feria anual de productos de la tierra con motivo de la fiesta de la vendimia y he de hacer justicia a la ciencia y decir que en un primer momento no fui capaz de encontrarle la etimología. Es más, creía que era un nombre inventado y latinizado para darle apariencia de latín. Sin embargo, gracias a los sabios consejos sugeridos por la dirección del blog, se puede dar una respuesta más sensata. VAILECUS puede ser una simple variante del dios celta del inframundo y protector del monte al que los vetones adoraban: Vaelico (VAELICUS). Se encuentra Navandrinal dentro de la zona donde otrora habitaban los vetones. Por tanto, es un hecho harto interesante, pues el nombre de este dios parece estar emparentado con la raíz celta para designar al lobo: vailos (relativamente similar al inglés wolf). Nuestro queso entonces, tiene un nombre con bastante más pedigrí del que creíamos al principio. No es extraño que tenga el nombre de un dios vetón, ya que, al fin y al cabo, están bautizando el producto bajo el patronazgo del protector de los bosques y montes; algo parecido al Fauno Luperco itálico. Mas, como el que suscribe no es autoridad ninguna en el campo del indoeuropeo y mucho menos quiere cometer intrusismo para con los celtistas, animo desde aquí a los expertos en la materia a hablar sobre dicho tema y a publicar una entrada. No cuenta para la ANECA, pero todo se andará.

5. Musgo de capra

Más fácil, afortunadamente, es el regusto latino del producto elaborado por la quesería de Elvira García en El Barraco (Ávila), que goza de varios galardones internacionales y ofrece una gran variedad de derivados de la leche de sus cabras (enlace aquí). Recomiendo personalmente la visita a ambas queserías y a la degustación de tales lácteos. Lo dice un servidor, que ya ha ido varias veces.

6. lacrimus-rex-tomevinos

 

 

7. gladium

 

 

 

 

 

 

No debíamos terminar esta entrada sin la dicha mención a algunos vinos con nombre en latín, haciendo gala de una sana “enofilia”, palabra que el gran Gregorio Hinojo nos dejó registrada en este blog el pasado mes de junio (pueden leer la entrada aquí). El tinto rioja “LACRIMUS REX” forma parte de una amplia tirada de vinos de las bodegas de Rodriguez Sanzo y a juzgar por la simpática huella de dinosaurio que vemos en la etiqueta de la botella, podríamos decir que el apelativo rex le viene del famoso tiranosaurio. Respecto a lacrimus, ha de venir de lacrima (lágrima), pero tal raíz no se encuentra registrada en el corpus con esa desinencia. ¡Otro gazapo al cesto! Los otros dos vinos que traemos aquí tienen un nombre claro y meridiano: gladium y vites virides. ¿La mención a la espada será por lo que corta este caldo o lo fuerte que entra en el estómago? Por otra parte, es todo un acierto poner vites virides a un vino ecológico. En cuanto a si estos vinos son dignos de beberse, he de emitir la callada por respuesta. Invito desde aquí a todos los lectores y a mis compañeros a que organicemos una cata de caldos latinos.

8. Vites Virides

Para terminar, invitamos a los lectores y amigos de este blog que nos envíen fotos e información de todos los productos alimentarios que se encuentren con nombre latino. Con que nos envíen la foto sin más será suficiente. Por último, si esta entrada les ha dado hambre y ganas de atrasar la operación bikini una semana más, por favor, disculpen las molestias. Comer está bien, pero si se puede comer al modo filológico, ¡miel sobre hojuelas!

Ibor Blázquez Robledo

 

 

Eneas Sirio

No, no es una nueva teoría basada en descubrimientos arqueológicos, ni me tomen por loco. Eneas ‒hasta el momento y hasta que se demuestre lo contrario‒ no era sirio. Además… ¿importa en realidad de donde procedía? Otra vez la respuesta es no. Eneas era, según la tradición y los poetas, un príncipe troyano que “prófugo por el hado” llegó a Italia para fundar la estirpe romana. Esta parte del mito fundacional de Roma es uno de los pilares del la Filología Clásica y de la Literatura Universal. Casi nada, oigan. Sin embargo, la Eneida no es sólo eso, está en la triste y cruda realidad del mundo actual. Si no me creen, ahí está la prueba.

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Fotografía tomada en la frontera turca con Siria (20/09/2014)

Cuando uno va y viene por la red, buscando información, perdiéndose en páginas web, sin buscar nada, metiendo por Facebook las narices en los contenidos que la gente publica, y de golpe y porrazo encuentra esta imagen, no puede por menos que pensar en Virgilio. Nada más clásico ni más actual, aunque la foto sea de hace dos años. No era casualidad ni una elucubración mía, sino parte de una publicación más grande, de un blog de un profesor de instituto (pincha aquí). En su entrada del pasado 18 de noviembre establece la relación con Eneas y Anquises y habla del poco interés de los alumnos a la hora de conocer la historia del hijo de Venus.

Yo también sé lo que es eso. Soy uno de esos pocos jóvenes que ya desde el instituto sintieron cómo las desventuras de Eneas me atraían como un imán; aunque todavía no entendiera el verdadero significado de la obra de Virgilio. Y quizá nunca lo sepa a ciencia cierta, pero algo más que cuando tenía dieciséis años sí sé (o eso creo). A lo mejor son más interesantes las aventuras de Ulises o atrae más a los alumnos la figura guerrera de Aquiles. Permítanme que lo dude. Eneas no es un héroe que naufraga solo o se mueve por su cólera. Eneas es un héroe que lleva a toda su gente detrás. No es Ulises, ni mucho menos Aquiles. Lo que quiero decir es que también yo he visto que los adolescentes se quedan como el que oye llover cuando les cuentas el devenir de distintos personajes de la literatura. Lo sé como alumno y como docente. Por esto creo que ese blog (ab laeua rite probatum) ha conseguido con esa fotografía llevar a cabo el leitmotiv del nuestro: LA ACTUALIDAD DEL MUNDO CLÁSICO.

imagen-2-l-spada-eneas-y-anquises-1615-louvre
L. Spada, Eneas y Anquises (Louvre)

portada-eneas-anquises-y-ascanio-berniniAunque en España se haya formado gobierno y Trump haya alcanzado la presidencia de los Estados Unidos, en Siria ha seguido habiendo guerra y quizás los Eneas sirios han seguido cargando Anquises de piel morena en pos, no de las costas lavinias, sino de no morir en un bombardeo o con una ráfaga de balas en el estómago. Quizá en este mundo abarrotado de imágenes y contenidos gráficos esta fotografía no cale en la mente del alumnado. A lo mejor la saturación de nuestros sentidos a través de internet, la televisión o el whatsapp hace que nos volvamos insensibles a todo. Posiblemente, a causa de la desmemoria o la falta de interés, no sepamos transmitir a nuestros alumnos que eso mismo que le pasó a Eneas y que ha pasado en Siria, también tuvo su eco en nuestro país cuando cientos y miles de personas huyeron de aquí durante la Guerra Civil y cuando ésta terminó. Quizá no sepamos hacer ver que el drama de la existencia humana se encuentra en los clásicos, ¡demontres! Pero así es. Una vez más nos lo han demostrado (esta vez Virgilio).

No lo echen en saco roto y menos ahora con el curso para profesores de secundaria de la SEEC sobre innovación docente. Cuando nos formamos para dar clase en instituto, nos dicen que tenemos que presentar los conocimientos y conceptos a los alumnos de manera cercana, relacionándolo con el mundo en el que viven y activando conocimientos previos. Aquí han hallado ustedes un magnífico ejemplo, damas y caballeros: LA PUTA GUERRA.

Ibor Blázquez Robledo

Cervantes y la edad de oro

Miguel de Cervantes Saavedra comienza así el capítulo XI de la primera parte del Quijote, titulado “De lo que sucedió a don Quijote con unos cabreros”:

Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban  estas dos palabras de tuyo y mío. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes: a nadie le era necesario para alcanzar su ordinario sustento tomar otro trabajo que alzar la mano y alcanzarle de las robustas encinas, que liberalmente les estaban convidando con su dulce y sazonado fruto. Las claras fuentes y corrientes ríos, en magnífica abundancia, sabrosas y transparentes aguas les ofrecían. En las quiebras de las peñas y en lo hueco de los árboles formaban su república las solícitas y discretas abejas, ofreciendo a cualquiera mano, sin interés alguno, la fértil cosecha de su dulcísimo trabajo […].

Don Quijote pronunció el discurso de la Edad de Oro mientras comía unas bellotas en compañía de su escudero Sancho Panza y unos cabreros que les habían convidado, sentados a la sombra de un alcornoque y con un zaque de vino para refrescarse.

Grandes escritores de época clásica, como Hesiodo, Ovidio, Virgilio y Horacio tuvieron la aetas aurea muy presente en sus poemas, al hablar de la vida bucólica, la justicia y los bienes compartidos.

El propio discurso de don Quijote contiene una alusión al “comunismo primitivo”, tan característico de la Edad de Oro, también  referido por el propio Ovidio en sus Metamorfosis I,  vv. 101-104:

También la propia tierra, sin daño y sin haber sido tocada por la azada ni herida por arado alguno, ofrecía por sí misma todas las cosas” […]

El poema Beatus Ille (Épodo II, vv.  1-4) de Horacio es otra de las fuentes que se integran, en un claro ejercicio de imitatio composita, dentro del fragmento cervantino:

“Feliz aquel que lejos de negocios
cual la mortal gente antigua,
paternos campos labra con sus bueyes,
soltado de
toda usura; […]”.

La obra de Virgilio constituye otra de las fuentes fundamentales del discurso de don Quijote. En el poeta mantuano, la profecía de la Sibila de Cumas, presente tanto en la Bucólica IV como en el libro VI de la Eneida, anuncia el nacimiento de un niño, y con él, el advenimiento (o restauración) de una segunda Edad de Oro. Este tema literario debe entenderse dentro del programa augústeo auspiciado por el círculo político de Mecenas:

“Luego, cuando ya la edad robusta te haga un hombre, el propio pasajero renunciará al mar, y el pino naval  no cambiará mercancías. Toda tierra dará de todo. El suelo no sufrirá a los rastrillos, ni la viña las hoces; el forzudo labrador desuncirá entonces también los toros del yugo. La lana no aprenderá a fingir colores variados, sino que el prodio carnero, en los prados, cambiará sus vellones ora con púrpura suavemente roja, ora con amarillo azafrán; de su grado el color escarlata teñirá a los corderos en el pasto. ‘Aprisa, hilad tales siglos’, dijeron a sus husos las Parcas, de acuerdo con la voluntad inmutable de los hados…”. (Bucólicas IV, vv. 37-47)

“Y este varón, ¿lo ves?, ¿el que los dioses / tanto te han prometido, Augusto César? / Casta de un dios, al Lacio el siglo de oro / hará volver, el siglo de Saturno…”. (Eneida VI, vv. 1141-1144, Madrid: Cátedra, 1993)

Hay que destacar la importante dimensión social presente en el discurso, sus “guiños” al modelo de sociedad descrito por Tomás Moro en su libro Utopía. En esta obra fundamental del humanismo renacentista, el mito de la Edad de Oro se articula en forma de proyecto político-literario. Para los humanistas, las letras cumplen una finalidad claramente ética, esto es, ayudar al ser humano a alcanzar su humanitas o esencia de hombre. Los libros de caballerías o la defensa de las causas justas no son una simple locura de don Quijote. Miguel de Cervantes, a través de este  personaje, quiso mostrar ante todo la humanidad del hombre como prioridad.

Un equilibrio entre las letras y la espada, la razón y el corazón.

Elena Villarroel Rodríguez

Agradezco la ayuda que me ha prestado para la elaboración de este texto el Doctor en Filología Hispánica Luis Miguel Gómez Garrido.

 

 

Latines, guerreras, peluquerías y… ¿Ovidio?

Que el latín «suena» hoy atractivo, elegante o sublime en determinados contextos para el gran público está fuera de toda duda. Basta con leer el periódico a diario, dar un paseo por la calle o incluso mantener una conversación de lo más coloquial para toparse con alguna que otra expresión de cuño latino. El hallazgo podrá ser correcto e ingenioso en ocasiones, pero también hay lugar ––y mucho–– a una fantasía desmedida que incurre en extrañas ambigüedades, auténticas invenciones y errores sangrantes, como se suele advertir en este espacio. Pero en todo caso, esos «nuevos usos» situados al margen del canon antiguo y natural no dejan de suscitarle la curiosidad a cualquier interesado en las lenguas clásicas: y es que, pese a llamarse a veces «lenguas muertas», se siguen utilizando mal que bien para decir muchas cosas.

Por chocante que parezca, hay quien ha sido capaz de relacionar el arte militar con el oficio de la peluquería mediante una sola palabra latina: en efecto, sin ir muy lejos, aquí en Salamanca, todos los servicios habituales en un salón de belleza se pueden encontrar acudiendo a un establecimiento que tiene, al parecer como reclamo, el nombre latino Bellatrix.

Propiamente, la voz bellatrix tiene el significado clásico de ‘guerrera’, al ser el femenino del sustantivo agente bellator, tal como demuestran sus diferentes testimonios en el corpus latino antiguo y, sobre todo, su raíz léxica (i.e. bello y bellor ‘hacer la guerra’ ← bellum < duellum ‘guerra’). Asimismo, la consulta de sus escasos ejemplos literarios deja entrever que se trata de un epíteto épico, característico de la célebre amazona Camila en la Eneida (7.803-7, trad. A. Espinosa Pólit):

“Y al fin, Camila,

prez y honor de los volscos, que comanda

un escuadrón que gallardea en bronce.

Es la virgen guerrera, que las manos

ni al rocadero acostumbró, femínea,

ni al cesto de Minerva, son batallas

las que gozosa lidia, son carreras

en que a los vientos deja atrás.”

Gracias a Virgilio, este epíteto femenino goza de una fortuna no excesiva, aunque considerable, en las obras de sus sucesores épicos del periodo flavio (i.e. Valerio Flaco, Papinio Estacio y Silio Itálico). Pero la vigencia de esta tradición literaria se puede seguir apreciando aún hoy en las novelas de J. K. Rowling con la malévola bruja Bellatrix, enemiga de Harry Potter y sus amigos. Personaje secundario que pretende seguir, de algún modo, a la guerrera de Virgilio.

Con esto y con todo, la palabra latina en cuestión apenas resulta comprensible por sí sola para el individuo de la calle, ni le remitirá a los pasajes clásicos de referencia cuando pase por delante de esta peculiar peluquería. En lugar de la lectura más rigurosa, lo más probable es que un viandante corriente vea en el nombre bellatrix una garantía o promesa profesional de belleza femenina. Pensará que cualquier clienta saldrá de allí como una bella actriz, incluso, gracias a la maña de sus peluqueras: difícilmente pensará que acabará convertida en una guerrera, ni mucho menos que le atenderá en persona una amazona al estilo de Camila. De hecho, un individuo cualquiera, ajeno a los estudios clásicos, dirá con toda seguridad que bellatrix deriva del castellano “bella” (= lat. pulchra, formosa, etc.), seguido de un prefijo “latinizante” -trix, para formar femeninos; tampoco faltaría quien pensase en un delirio de erudición que este poetismo romano quiere decir “bella actriz”, como si el parecido gráfico indicase un parentesco etimológico. Desgraciadamente, de poco serviría en este caso la mera intuición.

De todos modos, estas reflexiones sobre latines, guerreras y peluquerías traen a la memoria algún pasaje literario antiguo que invitaría a mirar este raro descubrimiento con mejores ojos. Si en algún momento la sociedad romana se distinguió estéticamente por un cuidado exquisito, coqueto e incluso frívolo, fue en el siglo I a.C. tanto en la época Julio-Claudia como en el periodo Flavio, como demuestran los retratos escultóricos o las obras literarias auspiciadas bajo el poder imperial.

Concretamente, es el poeta Ovidio quien mejor refleja el refinamiento de su tiempo a lo largo de su obra elegíaca, aunque también con bastante ironía. El culmen de su magisterio erótico lo constituye el Ars amatoria, que concibe el amor nada más y nada menos como una batalla campal de sexos, con hombres y mujeres convertidos, por cierto, en soldados y amazonas (Ov. Ars 3.1-6, trad. Juan Antonio González Iglesias):

“Armas les he entregado yo a los Dánaos

contra las amazonas. Quedan armas

para entregarte a ti, Pentesilea,

y a tu tropa. Marchad a las batallas

igualmente equipados, y que venzan aquellos

a los que favorezcan alma Dione

y el niño que por todo el mundo vuela.

No resultaría justo que desnudas

contras hombres armados pelearais.

También para vosotros, los varones,

vencer así sería una vergüenza”

Habiendo comenzado así el tercer libro de la colección, el poeta prosigue entonces dando a las mujeres muchos consejos para el cortejo, siempre bajo la premisa culta placent, de manera similar a como ya había hecho antes en los Amores o en el De medicamine faciei femineae. Y de los muchos aspectos a los que pasa revista, el peinado adquiere una importancia notable dentro del glamour preceptivo. A juicio de Ovidio, la labor del peluquero llega a ser toda un arma de seducción para aquellas amazonas a las que dedica el último libro erótico de su obra amatoria (Ov. Ars 3.235-250, trad. Juan Antonio González Iglesias):

“No te prohíbo, en cambio, que ante ellos

hagas que tus cabellos sean peinados,

para que sueltos caigan por tu espalda.

Cuidarás, ante todo, en ese tiempo,

de no entretenerte, y no te sueltes

-dejándola caer-

una vez y otra vez la cabellera.

Que esté la peinadora confiada.

Odio a aquella mujer

que le araña la cara con las uñas

y le pincha los brazos

con la aguja que acaba de quitarle.

Ella maldice -y toca- la cabeza

de su dueña, y al tiempo

ensangrentada llora

sobre esa cabellera que aborrece.

La de ralo cabello,

que ponga en el umbral un vigilante,

o que siempre se peine

dentro del templo de la Buena Diosa.

Una vez le anunciaron mi llegada

de pronto a una muchacha. Confundida,

se puso la peluca del revés.

Sufran mis enemigos el motivo

de una vergüenza tan desagradable,

y que esa infamia caiga sobre las  nueras partas!

Fea es la res mocha, feo el campo sin hierba,

y el arbusto sin hojas, y cabeza sin pelo.”

Resulta, así pues, que la aparente incoherencia o mala comprensión del latín bellatrix permite al lector de los clásicos volver a interpretarlo en su contexto no como un gazapo, sino como un buen nombre comercial para un establecimiento actual que aspira a ofrecer hoy la elegancia de las emperatrices romanas antiguas, o incluso el éxito de una buena discípula ovidiana. ¡Quién sabe si también pensaría en esto mismo el asesor publicitario del local!

En suma, ocurre que incluso tras un uso latino cuando menos chocante se puede hallar una revisión del presente gracias al conocimiento del legado clásico. Lástima que no se piense más a menudo en el mundo clásico para ennoblecer nuestro tiempo.

Federico Pedreira Nores

Virgilio y Juan Antonio González Iglesias nos felicitan la Navidad

Feliz Navidad

os desea el equipo de Notae tironianae, que relaja su actividad durante estos días.

La Bucólica Cuarta fue escrita en el año

713 desde la Fundación de Roma, 40 antes de Cristo.

Belleza y misterio nutren el poema

más profético de la Antigüedad,

que anuncia el nacimiento de un niño maravilloso.

Con estas palabras presenta Juan Antonio González Iglesias el poema de Virgilio que los cristianos consideraron una profecía del nacimiento de Jesús. Él lo tradujo en diciembre de 2007 para felicitar la Navidad a sus amigos. Con el mismo propósito lo compartimos aquí con nuestros seguidores.

 

VIRGILIO

BUCÓLICA IV

Ahora cantemos, Musas sicilianas,

temas algo más nobles, que no a todos

les gustan los arbustos y los simples

tamarindos. Si vamos a cantar

los bosques, sean los bosques que merece

un cónsul. Viene ya la última época

que el poema de Cumas anunciara.

Está naciendo de lo no tocado

una grandiosa sucesión de siglos.

Ya regresa la Virgen, ya regresan

los reinos de Saturno, ya nos mandan

nueva progenie desde el alto cielo.

A este niño que está naciendo ahora,

bajo el cual por primera vez la estirpe

de hierro acabará y en todo el mundo

surgirá la de oro, sí, a este niño,

dale tu apoyo tú, casta Lucina:

ya está reinando tu querido Apolo.

Esta gloriosa era empezará,

Polión, en tiempo de tu consulado.

Comenzarán a desfilar los meses

conducidos por ti, meses magníficos.

Si de nuestra maldad queda algún resto,

será borrado y todas las naciones

quedarán libres del eterno miedo.

Él tomará la vida de los dioses,

con los dioses verá mezclarse a héroes,

y él mismo será visto junto a ellos,

y un mundo en paz gobernará con esas

virtudes heredadas de su padre.

Para ti, niño, irá dando la tierra,

sin que nadie la haya cultivado,

sus pequeños regalos, sus primicias:

hiedras errantes por doquier con bácar,

y colocasia entre el alegre acanto.

Al redil volverán las cabritillas

por sí solas, con ubres rebosantes,

y ya no tendrán miedo los rebaños

de los enormes leones. Y tu cuna

para ti hará que broten tiernas flores.

Morirá la serpiente, morirá

la mentirosa hierba del veneno.

Brotará en cualquier suelo amomo asirio.

Tan pronto puedas leer las maravillas

de los héroes, las gestas de tu padre,

y sepas la virtud y su secreto,

se irá tornando rubia la campiña

de espigas blandas, colgará uva roja

en las zarzas bravías, y las duras

encinas gotearán miel cual rocío.

Mas sobrevivirán algunas huellas

de aquella culpa antigua: ordenarán

tentar a Tetis con embarcaciones,

rodear de murallas las ciudades

y cavar surcos en el suelo fértil.

Otro Tifis habrá y habrá otra Argos

para llevar a los mejores héroes,

habrá otra guerra y será enviado

el magno Aquiles otra vez a Troya.

Después, cuando la edad más vigorosa

te haya hecho un hombre, se retirará

el navegante mismo de los mares,

dejarán el comercio los bajeles,

y de todo darán todas las tierras.

No sufrirán los campos más arados,

ni las vides más hoces, el robusto

labrador quitará el yugo a los bueyes,

no aprenderá la lana más el arte

de mentir con colores diferentes,

será el propio carnero el que en los prados

cambiará su vellón süavemente

a múrice rojizo, a azafranada

gualda, y el minio por naturaleza

vestirá a los corderos mientras pacen.

Siglos tan prodigiosos, —les dijeron

las Parcas a sus husos— corred ya,

las tres de acuerdo en inmutable sino.

Avanza (ya es el tiempo) hacia tan nobles

honores, oh linaje bienamado

de los dioses, oh gran fruto de Júpiter.

Mira cómo te dan su asentimiento

el universo grávido de curvas

y las tierras y el flujo de los mares

y el insondable cielo. Mira cómo

todas las criaturas ya se alegran

por el siglo que trae nuestro futuro.

Ojalá sea entonces largo el tramo

último de mi vida, y tenga aliento

bastante y pueda relatar tus hechos.

No seré superado en las canciones

ni por el tracio Orfeo ni por Lino

aunque el padre y la madre los ayuden,

a Orfeo Calíope, a Lino el bello Apolo.

Y hasta Pan, si conmigo compitiera

sometiéndose al juicio de la Arcadia,

hasta Pan, ante el juicio de la Arcadia,

se reconocería derrotado.

Niño pequeño, empieza a conocer

a tu madre en el juego de sonrisas,

que a tu madre estos nueve meses tuyos

largos padecimientos le han causado.

Niño pequeño, empieza a sonreír,

que a quien sus padres no le sonrieron,

ningún dios lo ha invitado a su banquete,

ninguna diosa lo invitó a su lecho.