Nuevo libro de Carlos García Gual: La deriva de los héroes en la literatura griega

En El País del 26 de junio Guillermo Altares da cuenta de la publicación del último libro de Carlos García Gual, La deriva de los héroes en la literatura griega (Siruela), y recoge sus palabras sobre este nuevo ensayo. Os dejamos aquí el texto:

Ulises, Lisístrata y otros héroes de nuestro tiempo

La historia de una cultura se puede contar a través de los héroes que sus ciudadanos veneran o temen, de los relatos de personajes extraordinarios que se repiten a lo largo de los siglos. Es lo que hace Carlos García Gual (Palma de Mallorca, 77 años), helenista y académico de la lengua, en su último libro, La deriva de los héroes en la literatura griega (Siruela), un ensayo que se mueve en un apasionante terreno en el que se mezclan la historia, la literatura y el mito. Cada época de la literatura griega, con la que nace nuestra cultura, construyó un tipo de héroes diferente. Son personajes que fueron perdiendo poderes sobrehumanos hasta convertirse en seres normales capaces de hazañas extraordinarias. Esa lógica sigue vigente en nuestra cultura contemporánea, a través, por ejemplo, del cómic o del cine de superhéroes, pero también en las noticias, ahora que vemos a los sanitarios como los héroes civiles de la pandemia. García Gual lo sabe bien: el erudito, que lleva décadas trasladando el hechizo grecolatino al lector medio en español, pasó ingresado dos semanas en el hospital por coronavirus y ha superado la enfermedad, de la que se halla felizmente recuperado.

“Lo que muestra este libro es cómo la mitología está unida a la literatura y a la sociedad griega a lo largo de su historia”, explica por teléfono García Gual, catedrático de Filología Griega en la Universidad Complutense de Madrid, autor de numerosas traducciones y ensayos, en los que de una forma u otra siempre emergen héroes y mitos como La muerte de los héroes o Sirenas. “La democracia quería un tipo de héroe como el héroe cómico, mientras que el mundo anterior, de aristócratas, buscaba héroes épicos. Son personajes que están unidos al devenir histórico de la sociedad griega”.

La historia de los héroes griegos se puede relatar a través de cinco personajes que apasionan a García Gual. Su libro, lleno de citas y de homenajes a autores que le ayudaron a navegar en el mundo de los héroes clásicos, contiene muchos más personajes, pero no disimula sus preferencias por estos cinco.

Héctor, el héroe derrotado que lucha por su ciudad

La Iliada, el gran poema épico de Homero, narra el enfrentamiento entre dos héroes, el aqueo Aquiles, hijo de un rey y una ninfa, frente a Héctor, el troyano, que se sabe derrotado y que, sin embargo, mantiene su lucha por algo mucho más importante que la gloria y el honor: su propia ciudad. Héctor se convierte así en el primer gran héroe cívico. “Enlaza con la ideología y los valores del patriotismo ciudadano”, explica García Gual. “Se alza como lo contrario de Aquiles, que lucha por su honor y quiere sobre todo que se le recuerde como el mejor. Héctor es un héroe más moderno, que combate por su ciudad, es un personaje de una nueva época. Es curioso que Homero muestre una gran simpatía por la figura de Héctor, que es mucho más humano”. Como resume en su libro, “en Héctor podemos ver la emergencia de un nuevo ideal de humanidad, de la concepción de que un hombre se realiza mejor en el servicio a la ciudad que a su propio honor”.

Ulises, el aventurero que no busca la aventura

De todos los héroes griegos, Carlos García Gual cree que el más perdurable es Odiseo o Ulises (en su versión latina). Se trata de un humano sin poderes físicos especiales, que ni siquiera busca la aventura, sino que solo quiere volver a casa y para eso utiliza la inteligencia. “Es el aventurero, el hombre astuto e inteligente, que tiene una serie de aventuras que él no buscaba, sino que se encuentra metido en ese mundo y sabe triunfar tanto ante los monstruos, como las seducciones femeninas, el mar o incluso el más allá”, señala. “Es el gran viajero. Para los griegos la figura que tienen como más representativa es Ulises. Viaja al más allá pero no le interesa, va allí casi como un turista porque se lo ha pedido Circe. Es interesante que Ulises no tenga mucho interés por el más allá, ni cuando Calipso le ofrece la inmortalidad si se queda con ella. La inmortalidad no le interesa mucho: lo que quiere es regresar. Ese gusto terreno de Ulises resulta muy moderno”.

Edipo, el héroe de lo absurdo

Edipo, al que García Gual dedicó un libro anterior, pertenece ya a un nuevo mundo helénico, que ha dejado atrás la épica para entrar en la tragedia. Para definir este momento recurre a una cita del francés Jean Pierre Vernant (un gran helenista que fue un héroe de la resistencia contra los nazis, pero que jamás se jactó de ello): “Cuando el héroe es puesto en tela de juicio ante el público, es el propio hombre griego quien, en el siglo V ateniense, se descubre problemático”. Este personaje de Sófocles refleja como ningún otro esa visión de un mundo cambiante: “Los héroes no son del todo buenos ni malos. Edipo, que quizás sea el más trágico, es un hombre que tiene una carrera heroica, y de pronto descubre que es un asesino y el culpable de las desdichas de Tebas y, sin embargo, no podemos decir que haya nada malvado en él. Es un personaje que creyendo hacer siempre lo justo se ha encontrado que se ha casado con su madre y ha matado a su padre”. Para el autor, forma parte de “los héroes del absurdo, que se enfrentan a un destino trágico en un mundo sin sentido”.

Lisístrata, la heroína que busca la paz

Con la comedia, un género que ha llegado hasta nosotros solo a través de 11 obras de Aristófanes, se abre una nueva época en el mundo griego, donde los protagonistas son tipos normales y corrientes que, sin embargo, acaban salvando a sus ciudadanos. “Frente al mundo de la tragedia, la comedia refleja más la vida de la ciudad, de la democracia”, explica García Gual, quien en su libro dedica un apartado a la heroína de la literatura griega Lisístrata, que encabeza una rebelión de las mujeres contra los hombres a los que privan de sexo hasta que dejen de guerrear. “Aristófanes presenta esas dos piezas, Lisístrata y La asamblea de las mujeres, con personajes femeninos que ocupan el lugar de los héroes, son heroínas de farsa. Para la Grecia clásica, es el mundo al revés porque las mujeres no participan de la vida política. Pero da entender que el mundo sería mucho mejor gobernado por ellas, porque buscan la paz”.

Alejandro, entre el mito y la historia

Con Alejandro Magno, Carlos García Gual cree que se acaba el mundo de los héroes helénicos. “Es el último gran héroe griego”, explica. Concentra en su grandeza las virtudes de los grandes personajes de la literatura griega: la fuerza de Heracles, la capacidad de exploración de Ulises, la muerte trágica de Héctor. Pero, apunta el profesor, presenta además una característica insólita: es un personaje real que, sin embargo, logra formar parte de la mitología. “Ese Alejandro que pasó de la historia al mito acaba por ser más importante que el Alejandro histórico”, señala. Y, allí, en ese inmenso terreno donde se mezclan la realidad y la imaginación, en el inabarcable campo de batalla de los grandes héroes, acaba el libro con un “relato que luego viaja por los siglos y las varias lenguas y literaturas mucho más allá del escenario en que surgió”.

Sobre los viajes de Ulises

Irene Ruiz Aires nos envía el enlace a la noticia facilitada por la agencia Europa Press el 20 de febrero: un joven filólogo valenciano, Juan Bautista Juan-López, ha presentado en el marco de distintas jornadas de estudios bizantinos celebradas en varias universidades europeas (Oxford, La Sorbona, Barcelona, Rey Juan Carlos de Madrid) su proyecto de tesis doctoral ‘La filosofía del náufrago: impasible a la deriva. Edición final, traducción y comentario del De Ulixis Erroribus‘. Ha recuperado dos manuscritos originales de las bibliotecas de Viena y Londres que permiten atribuir con alto grado de probabilidad el ‘De Ulixis Erroribus’ a Manuel Gabalas.

¿Cómo era el barco desde el que Ulises escuchaba el canto de las sirenas?

Adelaida Andrés nos envía la noticia publicada ayer en El País: en el Mar Negro se ha hallado prácticamente intacto un barco griego de 2.400 años de antigüedad, probablemente el más antiguo conservado. Los especialistas señalan su semejanza con el  representado en el jarrón de las Sirenas conservado en el Museo Británico; en él aparece Ulises atado al mástil mientras escucha el canto de las sirenas (lee el pasaje en el canto XII de La Odisea).

ulises

En ABC puedes ver imágenes del descubrimiento.

Aquiles y Ulises en tierras palentinas. 50º Aniversario de La Olmeda

En verano se cumplirán cincuenta años del descubrimiento de la Villa palentina de La Olmeda. Una buena excusa para visitarla, acaso se pueda aprovechar para hacer una parada en Mons Dei, la nueva edición de las Edades del Hombre en Aguilar de Campoo.

En la página de La Olmeda encontrarán cumplida información sobre todas las actividades que se han planificado para celebrar tan importante aniversario. Desde aquí he querido rendir un pequeño homenaje a la primera villa romana que visité recién comenzada la carrera en mi alma mater.

Para ello les propongo un juego semejante a los viejos pasatiempos de la prensa más tradicional: semejanzas y diferencias.

Contemplen el maravilloso mosaico de la sala principal de la villa:

Olmeda 1.jpg

AquilesUlisesOlmeda.jpgRecorran la información, identifiquen a sus personajes, sírvanse de la página oficial, de la propuesta didáctica con magníficas plumillas de F. Riart en “Mosaico de Aquiles en Skyros de la Villa de la Olmeda” (corríjase, eso sí, Teodoseo por Teodosio y Skyros por Esciros o Esciro), de la atención que le prestó National Geographic. Hoy son tantas las herramientas fácilmente disponibles a un golpe de clic que casi parece un atraso recomendarles leer la pequeña guía del museo o la bibliografía que encontrarán allí o en su página web.

Y lo cierto es que justo eso es lo que propongo, que retrocedan en el tiempo de la mano de Filóstrato el Joven, autor del siglo III d.C. y se recreen en esta descripción que él ofrece de un cuadro donde se plasma el mismo episodio:

“Esta heroína con juncos en la cabellera… es la isla de Esciros… La torre que hay a los pies de la montaña es donde se encuentran las doncellas, hijas de Licomedes, con la supuesta hija de Tetis.

Cuando Tetis se enteró por su padre Nereo del decreto de las Moiras sobre su hijo –que una de estas dos cosas le había sido otorgada: o vivir sin gloria o morir joven envuelto por la gloria– decidió llevarse al niño y esconderlo en Esciros, junto a las hijas de Licomedes. Pasaba por ser una muchacha entre las otras muchachas, pero se enamoró en secreto de una de ellas, la más joven, y ya se acerca el tiempo en que ésta dará a luz a Pirro.

Nada de esto se ve en la pintura. Hay un prado delante de la torre…  como puedes ver, las muchachas se agachan aquí y allá, cortando flores. Todas son increíblemente bellas, pero así como la mayoría tienen los rasgos habituales de la belleza femenina –resplandor en la mirada, mejillas sonrosadas– y en todo cuanto hacen se ve la huella de la feminidad, a ésta de aquí, por el contrario, la que está trenzando su cabellera hacia atrás, con aire grave al tiempo que gracioso, no tardará mucho en traicionarla su naturaleza y en desnudarse del aspecto que ha tomado por necesidad, revelando que es, en realidad, Aquiles. Puesto que ya corre el rumor entre los griegos del secreto de Tetis; ya Diomedes, junto con Ulises, pone rumbo a Esciros para averiguar qué es lo que hay.

Míralos a los dos: uno lanzando penetrantes miradas, como corresponde a su astucia, creo, y a su habilidad de estar siempre fingiendo; el otro, el hijo de Tideo, prudente, pero siempre a punto para un buen consejo y dispuesto a la acción. ¿Qué significa este hombre que va detrás de ellos con una trompeta? ¿Cuál es el significado de la pintura?

Ulises, que es hombre sabio y hábil desvelador de secretos, ha ideado el siguiente plan para descubrir a éste: lanza por el prado cestitas y toda clase de objetos propios para los juegos de niñas y también una armadura completa; las hijas de Licomedes cogerán lo que les corresponde por sexo, pero el hijo de Peleo, aunque diga que le gustan las cestitas y los husos de tejer, se lo deja todo a las muchachas y ya se dirige hacia la armadura, desvistiéndose por el camino ***.” (Filóstrato, Descripciones de cuadros III, 1, traducción de Fr. Mestre, Madrid, Gredos, 1996, p. 335 y s.).

No, no he cortado yo el texto. Así quebrado ˗se interrumpe y sigue después con una descripción de Pirro˗ es como llega a nosotros. Tal es la cadena de transmisión de la que dependemos.

Pero ya habrán dado con todas las claves. Habrán cazado no sé si los animales de la escena cinegética que a los pies remata el mosaico y que tomamos de National Geographic.

EscenaCinegeticaLaOlmedaNationalGeographic

Pero sí a los trompeteros, a la madre a la que una dueña tiende el huso, a las doncellas que acompañan a Deidamía, a Aquiles y al artero Ulises que le descubrió en Esciro.

¿O fue en La Olmeda?

Henar Velasco López

REESCRITURAS CLÁSICAS EN CANCIONES LITERARIAS

Paqui Noguerol nos envía este anuncio que puede resultar de interés.

Esta tarde a las 7:30 en el Aula Minor de la Facultad de Filología, dentro del programa de actividades organizadas por el proyecto CANTes, Clara Marías (Universidad de Sevilla) pronunciará la conferencia

REESCRITURAS CLÁSICAS EN CANCIONES LITERARIAS: ULISES, ECO Y NARCISO Y SÍSIFO
POR JAVIER KRAHE, CHRISTINA ROSENVINGE Y NACHO VEGAS

El beso de la sirena

¿Quién hubiera podido imaginar que Ulises seguía vivo y vivas –y al acecho– también las sirenas?

¿Quién desplegar con la mejor combinación de magia y naturalidad un peculiar rito nupcial entre las sirenas y un campesino siciliano en el que las palabras clave se expresan en griego, el griego de Homero, fórmulas entresacadas de La Odisea?

¿Quién elaborar un nueva versión de Escila en boca de quien bien debe conocerla, la Sirena?

¿Quién sugerir con unas líneas su antigua forma de mujer-ave?

¿Quién convertir la truculencia de los huesos mondos de su isla en un encogerse de hombros?

Por más que sorprenda, el mismo autor que ha dado vida a un héroe de nuestros días, el inspector Salvo Montalbano:  Andrea Camilleri.

Sirvan estas preguntas de invitación a la lectura de su novela y como aperitivo de otras entradas que junto con un estudio más pormenorizado prometo para más adelante.

Henar Velasco López

Otra Odisea en microrrelato

Para animaros a la participación en nuestro concurso, aquí os dejamos otro breve relato (aunque, como ocurría en el caso del anterior, tampoco éste cumple con el requísito de no sobrepasar las 200 palabras, tiene 254). Nos lo ha enviado también Begoña Alonso Monedero y procede del mismo libro, editado por Antonio Serrano Cueto, Despues de Troya: microrrelatos hispanicos de tradicion clasica, Palencia, Menoscuarto, 2015.

Javier Merino

La vuelta a casa

El director suele llevar a los visitantes distinguidos al pabellón de los condenados a cadena perpetua, para que escuchen a este hombre contar la historia de su crimen: Mucho tiempo lejos de casa, primero en la otra punta del planeta, días y días de reuniones para intentar entrar en la dichosa fusión, y cuando conseguimos eli­minar las resistencias y vencer a nuestros adversarios tuve que recorrer una por una las sucursales, las filiales, las empresas asociadas, evitando todas las asechanzas, unos querían hechizarme con malas mañas, otros pre­tendían que me quedase, zafándome de los cantos seductores, de quienes me devorarían si pudiesen, de los que quisieran destruirme. Yo estaba a punto de explo­tar. Llego por fin a casa, de improviso, y me encuentro con que mi mujer ha organizado una fiesta. Al parecer, llevaba montando estas juergas casi desde que me fui, mi casa llena de gorrones bebiéndose mis vinos, comién­dose mis cecinas y mis quesos. Y mi mujer me dice, tan tranquila, que mi hijo se ha marchado por ahí, no sabe a dónde. Subo a mi estudio y me encuentro con que han instalado allí una especie de telar enorme, todo está revuelto, hilos, varillas de madera, tijeras. Exploté, aga­rré un par de escopetas, una pistola, bajé a la sala y empecé a disparar, estaba tan ciego de ira que también me la llevé a ella por delante. El director no se cansa de escuchar este relato, menuda odisea, exclama una vez más, mientras se aleja por el corredor con los visitantes.

Un microrrelato sobre sirenas modernas

Para que vayáis calentando motores para participar en nuestro concurso de microrrelatos, os dejamos un ejemplo un poco más largo (éste no cumpliría nuestro requisito de no sobrepasar las 200 palabras, tiene 335). Nos lo envía Begoña Alonso Monedero  y está publicado en el libro editado por Antonio Serrano Cueto, Despues de Troya: microrrelatos hispanicos de tradicion clasica, Palencia, Menoscuarto, 2015.

JUAN JOSÉ MILLÁS
Ulises

Cada español vio el año pasado una media de 22.000 anuncios. Así que a simple vista, sin echar mano de la calculadora, es como si nos fusilaran 2.000 veces al mes, unas sesenta al día. Cruzas por delante de la tele para rescatar de los suburbios de la librería un libro de poemas y recibes seis ráfagas o siete que te dejan en el sitio, aunque tus deudos no lo adviertan: también ellos han sido ejecutados varias veces desde que se levantaran de la cama. Con el libro en la mano vuelves sobre tus pasos, y mientras abandonas la habitación decidido a no volver la vista a la pantalla, el electrodoméstico continúa ametrallándote a traición no para que caigas, no es tan malo, sino para que, verticalmente muerto, salgas a la calle a comprar una colonia, un coche, unas gafas de sol, un cursillo de inglés, una hipoteca o una caja de compresas extrafinas y aladas congeladas para amortizar la inversión del microondas.

Ya en la parada del autobús abres el libro y tropiezas, lo que son las casualidades de la vida, con unos versos de Ángel González que se refieren a los reclamos publicitarios de la civilización de la opulencia: «No menos dulces fueron las canciones / que tentaron a Ulises en el curso /de su desesperante singladura, / pero iba atado al palo de la nave,/ y la marinería, ensordecida/ de forma artificial / al no poder oír mantuvo el rumbo.»

Si miras alrededor, verás otros Ulises atados, como tú, al palo de un libro. Sólo que esto es un autobús y no una nave, y que en lugar de regresar a Ítaca vuelves a la oficina. Cómo no caer, aunque sea un instante, en la tentación de escuchar lo que dice la sirena de Calvin Klein de Mango, o de Winston, que te susurra al oído obscenidades cancerígenas. Veintidós mil anuncios, 2.000 al mes, unos sesenta al día. No hay héroe capaz de resistirlos ni Penélope que lo aguante. Estamos listos.

Más música: Ulises y Lucio Dalla

Al hilo de la entrada de Carolina sobre la Odisea contada por Javier Krahe, añado aquí otra nota musical: la canción Itaca (1971, Storie di casa mia) de Lucio Dalla. Los autores de la letra son Gianfranco Baldazzi y Sergio Bardotti; la música es de Dalla.

En esta ocasión se alude a las aventuras de Ulises desde la perspectiva de los marineros que le acompañan. Son ellos los que cantan y van desgranando sus quejas por la dureza de su vida, siempre en contraste con la noble figura del héroe: Los marineros tienen hambre y añoran a su familia, mientras Ulises encuentra “princesas en cada puerto”. Como Ulises, los marineros sufren los castigos divinos, aunque los pecados de la marinería son realmente peccata minuta, que provocarían la sonrisa, más que la ira de los dioses. Los marineros se preocupan también por las nefastas consecuencias que podría tener su desaparición para su familia (“hambre y sed”), mientras que la sucesión en el trono de Ulises está asegurada. Por último, los marineros contraponen la proverbial astucia de su jefe al miedo cada vez mayor que se apodera de ellos. Sin embargo, acaban reconociendo que ese miedo les gusta y que están dispuestos a seguir acompañándolo (“Estoy listo, ¿dónde vamos?”).

El estribillo de la canción suena como desafinado. Dalla ha buscado intencionadamente este efecto porque es la chusma (en griego, keleusma)  la que canta, no un coro de ángeles. De hecho, el coro está compuesto por empleados de la casa discográfica, a los que Dalla hizo entrar en la sala de grabación e interpretar a los marineros de Ulises.

En suma, la canción de Lucio Dalla presenta la historia de Ulises vista desde un ángulo mucho más prosaico y humilde, pero vista con fascinación, como no podía ser de otra manera.

(Puedes escuchar la canción pinchando aquí).

Eusebia Tarriño Ruiz

 

Letra:

Capitano che hai negli occhi

Il tuo nobile destino,

Pensi mai al marinaio

A cui manca pane e vino?

Capitano che hai trovato

Principesse in ogni porto,

Pensi mai al rematore

Che sua moglie crede morto?

Itaca, Itaca, Itaca

La mia casa ce l’ho solo là

Itaca, Itaca, Itaca

Ed a casa io voglio tornare

Dal mare, dal mare, dal mare

Capitano le tue colpe

Pago anch’io coi giorni miei

Mentre il mio più gran peccato

Fa sorridere gli dei

E se muori è un re che muore

La tua casa avrà un erede

Quando io non torno a casa

Entran dentro fame e sete

Itaca, Itaca, Itaca

La mia casa ce l’ho solo là

Itaca, Itaca, Itaca

Ed a casa io voglio tornare

Dal mare, dal mare, dal mare

Capitano che risolvi

Con l’astuzia ogni avventura,

Ti ricordi di un soldato

Che ogni volta ha più paura?

Ma anche la paura in fondo

Mi dà sempre un gusto strano

Se ci fosse ancora mondo

Sono pronto dove andiamo?

La Odisea contada por Javier Krahe

El tratamiento satírico-burlesco de los mitos clásicos en la literatura española se remonta al Siglo de Oro y fue debidamente explotado por los autores más sobresalientes de esta época, Francisco de Quevedo y Luis de Góngora. Quevedo desenmascaró en uno de sus sonetos al héroe greco-romano por excelencia, el pius Aeneas, al que Dido, al verse abandonada, increpa de la siguiente manera:

Aquí llegaste de uno en otro escollo

bribón Troyano, muerto de hambre y frío

y tan preciado de llamarte pío

que al principio pensaba que eras pollo

Pero tampoco necesitamos alejarnos demasiado en el tiempo para poder observar esta función desmitificadora de los héroes clásicos en una sátira contemporánea, Como Ulises, de Javier Krahe, al que tuve el placer (y la suerte) de escuchar en directo poco antes de su fallecimiento hace seis meses. Y es que su genio es equiparable, por la intención crítica y burlona, al de los escritores del Barroco.

Como Ulises se nos presenta como una reinterpretación contemporánea de la Odisea, en la que el héroe sale mucho peor parado que en el poema homérico, debido a su largo periodo de ausencia y a la limitada paciencia de Penélope.

Los coros del estribillo inicial y final evocan una canción marinera; Ulises y su tripulación cantan sus aventuras marítimas. Los momentos más significativos de la Odisea son descritos con comicidad: el fin de la guerra de Troya, la estancia en la isla de Calipso (canto V), el encuentro con Nausícaa en el país de los feacios (canto VI), la llegada al palacio de Alcínoo (canto VII) y el reconocimiento del héroe (canto VIII), el cegamiento del cíclope Polifemo (canto IX), la llegada a la isla de Circe y el descenso a los infiernos (canto X).

Lo novedoso, hilarante y genial es la merecida caracterización de Ulises como un hombre por naturaleza infiel (Y, ¿qué queréis que uno haga, si al primer tumbo me tumbo en el lecho de una maga?) así como las consecuencias que le va a ocasionar el haber estado durante veinte años lejos de su patria. Aquí, no tiene lugar la heroica matanza de los pretendientes sino la revancha de Penélope, que, cansada de esperar a su marido, decide casarse con uno de ellos (En uno de sus repentes, y a uno de los pretendientes, parece ser que le dijo:Padre serás de mi hijo y tendremos otros varios. Ulises, si es que regresa, se llevará un sorpresa, me lo dictan mis ovarios). Y es que Krahe dibujó en muchas de sus canciones personajes femeninos de armas tomar, mujeres con una fuerte personalidad que no se dejan mangonear por nadie, aspecto que constituye, bajo mi punto de vista, otro de los grandes atractivos de sus letras.

Convertido en un ex marido y ex padre Ulises, ya sin dramatizar en exceso ante su desdicha, vuelve a echarse a la mar, su auténtica residencia, en busca de nuevas aventuras (Y ahora, perdido mi rumbo, ahora voy adonde sea, un tumbo doy y otro tumbo y prosigo mi odisea ).

Así pues, nos encontramos ante una reescritura moderna del poema homérico, que incide tanto en los aspectos negativos (infiel) como en los positivos (hombre independiente capaz de sobreponerse a las adversidades) del héroe; una reescritura paródica que, con actitudes como la de Penélope, se ajusta más al sentir de la sociedad actual.

Carolina Álvarez Marcos


 

Si quieres escuchar la canción interpretada por Javier Krahe, pincha aquí.

Letra:

No sé cual es más bella,
si
la mar, la vela o la estrella,
y
las tengo al navegar,
las tengo al navegar,
las tengo al navegar,
la estrella, la vela y la mar.

Yo, como Ulises, he sido
de Penélope el marido,
y me alejé de esa joya
por unirme a Agamenón,
que iba a la guerra de Troya,
me pedía el cuerpo acción.

Y tuve acción, tuve guerra,
ríos de sangre por tierra,
y, entre hecatombes y vino,
Aquiles, casi divino.
Y el mejor de mis engaños:
un caballo de madera.
Y Aquiles que desespera
y muere. Fueron diez años.

Y me volví para casa,
pues de Ítaca el rumbo,
y ya sabéis lo que pasa,
dando un tumbo y otro tumbo.
Y, ¿qué queréis que uno haga
si al primer tumbo me tumbo
en el lecho de una maga?

Baste deciros que tanto
de Calipso fue el encanto
que me acosté en aquel lecho
un par de años, quizá tres,
y siempre estaba desecho.
Pero el tiempo es como es.

Y rompe el encanto un día.
Y sigues tu travesía,
resistes a duras penas
cánticos de las sirenas,
y visitas el infierno
donde Aquiles y tu madre,
aunque Cerbero les ladre,
tienen frío, y es eterno.

Y otra vez de vuelta a casa,
otra vez de Ítaca al rumbo,
y ya sabéis lo que pasa:
doy un tumbo y otro tumbo
y, otra vez mi suerte aciaga,
y, esta vez casi sucumbo
en el lecho de otra maga.

Circe de turbio recuerdo
me quería para cerdo.
Lo fueron mis camaradas,
a mí me salvó algún dios.
Y le afeé sus cerdadas:
que te zurzan, Circe, adiós.

Y, al mar, me dicta mi instinto,
al mar, que es un laberinto.
Y sopla un viento contrario
y doy con un sanguinario
cíclope vil, Polifemo.
Aunque me tuvo a su antojo,
era un borracho y un memo.
Le clavé un palo en el ojo.

Nadie, gritaba, me ciega,
Nadie, gritaba acusica.
Con Poseidón no se juega
y naufrago hacia Nausícaa,
linda princesa feacia,
a quién traté en plan colega
con extrema diplomacia.

Y me alojé en el palacio
de su padre, el rey feacio,
y me contaron mi historia
sin saber que yo era yo,
y en un momento de euforia
mi gloria me descubrió:

—Señores, sí, soy Ulises,
vuelvo de muchos países,
debo seguir navegando,
Ítaca me está esperando.

Me ofrecieron un navío
y remeros, los mejores.
Y zarpé hacia mis amores,
mi Penélope y el crío.

Ítaca al fin, veinte años,
Ítaca al fin, no son nada,
unos cuantos desengaños
y es el mar agua pasada.
Me disfracé de mendigo:
vi a Penélope casada
con un antiguo enemigo.

Ahora soy un ex marido
y en ex padre, y he sabido
que guardó un tiempo mi ausencia
bordando que era un primor;
que se agotó su paciencia;
que rompió su bastidor.

En uno de sus repentes
y a uno de los pretendientes
parece ser que le dijo:
—Padre serás de mi hijo
y tendremos otros varios.
Ulises, si es que regresa,
se llevará un sorpresa,
me lo dictan mis ovarios.

Y ahora, perdido mi rumbo,
ahora voy adonde sea,
un tumbo doy y otro tumbo
y prosigo mi odisea
en otras tristes canciones.

Sólo Hermes y Atenea
comparten mis libaciones.

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