Juan Antonio González-Iglesias en el Museo del Prado

El Museo del Prado aparece con frecuencia en este blog. Hoy además aparece junto a un nombre conocido para nosotros, Juan Antonio González-Iglesias, que imparte en el Museo una conferencia titulada “Masculinos y clásicos. Homoeróticos en la colección del Museo del Prado” coincidiendo con el recorrido expositivo La mirada del otro: escenario para la diferencia. Será el domingo 18 de junio a las 12:00.

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Pigmalión, el mito del que todos hablan

Aprovechando el tirón sobre la entrada pasada de nuestra compañera Marina López, que podéis ver aquí, continuemos explorando la figura de Pigmalión, ¡qué mejor homenaje para recordar al poeta Ovidio en el segundo bimilenario de su muerte (43 a.C.- 17 d.C.)!.

Para el que no haya oído hablar de él o no haya echado un vistazo a la entrada a la que he hecho referencia anteriormente, es un mito que narra la historia de un artista, Pigmalión, que, aborreciendo a las mujeres, decide crear él mismo, con sus propias manos, a la mujer ideal. Crea una estatua de marfil tan hermosa, que acaba enamorándose de ella. Le adorna con ropas el cuerpo, se lo palpa y la besa imaginándose que es real, pero no es así. El día de la fiesta de Venus en Chipre, tras realizar las debidas ofrendas en el altar de la diosa, le pide tímidamente a ésta, que su esposa sea una joven semejante a la joven de marfil:

[…] cum munere functus ad aras
constitit et timide, “si di dare cuncta potestis,
sit coniunxopto” (non ausus “eburnea virgo
dicerePygmalion “similis mea” dixit “eburnae.”

“Cuando después de haber cumplido el ritual, se paró junto al altar y con gran temor dijo Pigmalión: “Si los dioses podéis conceder todo, deseo que mi esposa sea” (no se atrevió a decir “la joven de marfil”) “semejante a la de marfil” (Ov. Met. 10, 273-276)

Y la diosa, entendiendo su petición, le concede vida a la estatua. El poeta finaliza el mito dándonos el nombre de la hija de ambos, Pafos. Hecho que resulta curioso, ya que en ningún momento da el nombre de la estatua, y podía haber hecho lo mismo con la hija, aunque muy posiblemente le resultó útil nombrarla para narrar la historia siguiente. Con esto, quiero señalar el evidente papel secundario de la mujer durante todo el relato. Quizá podamos encontrar similitudes en la creación de la mujer por el hombre en la historia de Adán y Eva.

normand
Ernest Normand, Pigmalión y Galatea. 1886

Bien, una vez expuesto el mito, les invitaré a que hagan memoria, ¿les suena haber visto, leído u oído una historia similar bien sea en libros, en cines, teatro o música? De sobra es conocida la película de My fair lady, por poner un ejemplo.

Eso en cuanto al cine, pero bien podría hablar de literatura, pintura, teatro o incluso ciencias modernas como la sociología, pero donde me voy a detener es en la música.

El videoclip “Una come te” (puedes verlo aquí) de Cesare Cremonini creo que ilustra perfectamente bien el mito que Ovidio pone en boca de Orfeo, aunque adaptado en cierta medida a los nuevos tiempos. Narra la historia de un artista, que al ver una muñeca se siente realmente inspirado para darle forma. Comienza a diseñar cada detalle del cuerpo de su muñeca inspirándose en las revistas de modelos que tiene a mano. El videoclip muestra el proceso detalle a detalle, cómo empieza modelando el yeso y creando cada parte del cuerpo de su obra. Una vez terminada, la mide y se da cuenta de que es la mujer perfecta (físicamente). Él mismo diseña y cose el vestido del maniquí y tras este duro trabajo, el artista cae rendido en un profundo sueño mientras la muñeca cobra vida. A continuación, muestra como el hombre enseña a la mujer a bailar, a comer, a hablar y a besar (recordemos los besos que le da Pigmalión a su estatua).

Oscula dat reddique putat.

“Le da besos, cree que se los devuelve” (Ov. Met. 10, 256)

[…] oraque tandem
ore suo non falsa premitdataque oscula virgo
sensit et erubuit […]

“Y por fin aplasta con su boca una boca que ya no era falsa; notó la doncella los besos que le daban y enrojeció”. (Ov. Met. 10, 291-3)

Yo creo que se asemeja bastante al mito, en tanto en cuanto que el hombre es el artista que crea a la mujer, modela cada parte de su cuerpo, se intuye el canon de belleza, ya presente en Ovidio, le cose sus ropas y además le enseña a comportarse; pero el final del videoclip a mí me desconcierta completamente. Resulta que es el hombre el que desaparece y es él quien es un muñeco. La chica sonríe como si ya se lo esperara y lo pone junto a la muñeca que apareció al principio y fue la inspiración del artista para la realización de su obra y así finaliza esta producción, casi con la idea de que todo había sido un sueño y en realidad es la mujer la que maneja al hombre, a mí me da la sensación de que los papeles se han invertido, pero las apuestas, están abiertas, opinen ustedes.

Y con esto termino esta larga entrada, dejando patente que los mitos griegos y romanos están más vivos que nunca, que la inspiración viene de cualquier parte y que puede haber muchas versiones de una misma historia, sólo hay que saber manejarlas.

Gracias por leernos.

Beatriz Calvo

Las traducciones son de Josefa Cantó Llorca y José Carlos Fernández Corte (Ovidio, Metamorfosis, Libros VI-X, Madrid: Gredos 2015)

De superhéroes y tradición clásica

A lo largo de nuestra existencia virtual nos hemos declarado muchas veces adeptos al cómic y a defender este “género” como una vía apta para la transmisión de nuestras disciplinas a través del humor, la depuración del dibujo o el exotismo de las imágenes. Hoy vemos confirmados nuestras ideas por alguien que ha estado metido dentro del negocio y lo que es más importante aún: NO ES FILÓLOGO CLÁSICO.

Una amable seguidora nos enviaba el enlace a la entrevista con el dibujante de Marvel, Claudio Castellini, que el pasado 18 de enero publicaba el periódico El País, con este título: “Los superhéroes y la mitología clásica tienen las mismas raíces” (enlace aquí). Resulta muy interesante que un medio de comunicación de masas haya escogido ese  título para una entrevista de ese cariz, donde se hablan de muchas cosas más. ¿Buscarían los autores impacto por la unión de dos conceptos en principio tan alejados? ¿Será que El País sea el diario más leído por los filólogos clásicos? Lo que está claro es que Claudio Castellini reivindica que el superhéroe y el mundo que le rodea tiene que ver mucho con la herencia de la Antigüedad. ¿Quién no ve la proporción aúrea o el canon de Policleto en Batman o en Superman? ¿Quién no ve a los superhéroes como una especie de semidioses a causa de sus poderes sobrenaturales? ¿Quién no ve en Robin y en Batman algo “griego”, por decirlo de alguna manera?

No podemos dejar pasar aquí este hecho significativo. Ya no es que los clásicos estén de moda, es que la Tradición Clásica se mantiene y se reconoce por parte de la gente que crea: ya sea escultura, pintura, poesía, novela o, como es en ese caso, dibujo y narración del cómic. Parece que la dignificación del género llega una vez más de la mano de la herencia que nos han legado los antiguos.

Ibor Blázquez Robledo

“Vamos a construir un muro” – lo que los clásicos nos pueden decir sobre Trump

Nota de la autora: empiezo esta aportación con mucho cuidado. Ya se sabe los peligros de intentar vincular las decisiones políticas en EEUU al mundo clásico. Véase aquí Ted Cruz “adaptando” las Catilinarias para criticar las reformas de inmigración de Obama.

“Afortunados aquellos cuyas murallas ya se están levantando!”. Esto no es una cita de Trump, sino de Eneas, al ver la ciudad de Cartago (Eneida 1.437).

A lo largo de la obra, parece que el héroe está obsesionado con la construcción de muros: empieza a construirlos dos veces en el libro III (sin éxito) y otra vez en el libro VII. Esto tal vez no es sorprendente; el caudillo de los troyanos está acostumbrado a la guerra, y sabe demasiado bien que a la hora de fundar una ciudad es importante pensar en defenderla. Sin embargo, parece que los muros no solo representan una física barrera defensiva.

trumpa

Cuando Dido se enamora de Eneas, empieza a descuidar la construcción de los muros (“interrumpidas penden las obras y las amenazas inmensas de las murallas”, 4.88-9). No es que no la amenacen ya los pueblos hostiles que la rodean; todo lo contrario, se han enfadado aún más con la llegada de Eneas. Más bien, el descuido de los muros es un símbolo de que ella está desatendiendo sus obligaciones como reina y que no está siendo una buena líder. Por consiguiente, construir muros puede ser no solo algo defensivo, sino una expresión de poder.

Tal vez el muro más famoso del mundo clásico sea el muro de Adriano en el norte de Inglaterra, levantado entre los años 122 y 132 d.C. Curiosamente, las noticias que nos llegan del muro en la Historia Augusta no dicen que el propósito del muro fuera defender al Imperio, sino “separar a los bárbaros de los romanos” (11.2). Así, parece que el muro era una afirmación del poder y de la identidad romana. Su papel más importante era demarcar los límites del imperio.

No hay duda de que Trump ha dicho cosas ofensivas y racistas sobre los inmigrantes mexicanos, y que la función básica del hipotético muro sería no dejarlos entrar en el país. Sin embargo, no se puede tachar a todos los que votaron por él de racistas. Entonces, ¿de dónde el afán por el hombre del famoso muro? En mi opinión, la respuesta está ahí, en los clásicos. Primero, la promesa del muro se ve como algo que diría un líder poderoso. Segundo, lo que interesa a los estadounidenses que votaron por Trump es construirse su propia identidad, y sentir que pertenecen a un grupo definido.

Sin embargo, los clásicos también tienen un aviso para los que emprendan tal obra: a todos nos gusta más Dido que Eneas.

Maria Czepiel

Los beneficios de una vida sana

¿Cómo abordar este tema y relacionarlo con “las clásicas”? Ya de antemano advierto que esta entrada no pretende seguir la línea que se viene marcando en el blog en cuanto al contenido, pero si quiero haceros pensar, y no solo a la mayoría de lectores clásicos que frecuentan, como yo, cada día las entradas de este círculo, sino también al resto de personas que nos leen, aunque solo sea por curiosidad.

¿Qué pasa con las clásicas? ¿Quién ha dicho que el griego y el latín son “lenguas muertas”? ¿Quién ha dicho que ese mundo no es divertido y totalmente enriquecedor para el cuerpo y la mente? En realidad, vemos como aún hoy las películas de Romanos encandilan al público, hay mucha sangre y digámoslo claro, ¡mucho sexo! Y esto es lo que vende, en muchos casos. Tenemos los ejemplos de todas las épocas, como “Cleopatra” o “Ben-Hur”, pero lo más reciente sería “Gladiator”, entre otras. Hasta Disney se atrevió con lo mitológico y su película sobre la figura de Hércules.

¿Quién dice que el latín esté muerto? ¿Acaso no hay anuncios de coches que usan citas latinas? ¡Anda! ¿Y eso? ¿Ahora resulta que el latín proporciona prestigio? ¡Esto no es de ahora señores! ¡Nosotros no hemos inventado nada! Con esto no quiero decir que antes de que nosotros llegáramos a estar donde estamos, solo hubiera griegos y romanitos por el mundo; obviamente, había otras grandes civilizaciones que contribuyeron a hacer a éstos mucho mas grandes, bien fuera por medio de conquistas o aportes culturales (no nos olvidemos de los relatos de Heródoto)

Hoy en día parece que estudiar clásicas es de ser friki y ¡no!: hay gente “normal” apasionada por saber de dónde venimos, cómo se ha construido todo lo que tenemos hoy, de dónde surge la filosofía, la oratoria o la literatura, etc; y que los antiguos no solo se dedicaban a pensar, también jugaban, bebían, hacían sus fiestas, y, ¡anda! ¡qué casualidad!, hasta parece que en eso es lo único en lo que les hemos superado. Con la fama que tenían los romanos…

¿Y qué pasa con los vestidos? ¿Los peinados? ¡Si parece que hasta las más famosas marcas de moda se inspiran en los clásicos creando diseños de corte heleno!

¿Y qué hay del culto al cuerpo? Pues sí, en esto también se nos adelantaron; los griegos ya tenían sus gimnasios y lugares increíbles creados para tratar todo lo relacionado con el culto al cuerpo.

¡Los griegos y los romanos nos dieron muchas cosas! Y yo creo que no somos conscientes de la importancia que esto supone. Estudiar sus textos y su forma de vida no solo te aporta un saber lingüístico sino otras muchas cosas que están al alcance de todo el que quiera descubrirlas.

Yo no sé qué pensaréis, pero a mí realmente me emociona ver un puente romano aún en pie, un acueducto, una casa, ¡Ay, sí, sobre todo una casa! ¡Bendita sea Pompeya! Nosotros somos hoy igual de cotillas que ellos en su época, porque también eran personas; y a mí personalmente me produce una curiosidad terrible saber dónde y cómo vivían y mi mente no alcanza a comprender cómo es posible que haya gente a la que directamente no le interese y nos tache de aburridos.

Yo creo que cada día nos introducimos un poquito más en la sociedad, los periódicos mencionan noticias relacionadas con “nuestro mundo”, se hacen películas de esas que gustan, series, obras de teatro (no nos olvidemos de los éxitos de cada verano en el teatro romano de Mérida), ropa, anuncios… y sí, reconozcámoslo: ¡Las clásicas están vivas!

Sé que hay muchas cosas que no he matizado, y sé, sobre todo, que me dejo la mayoría de lo que somos hoy en el tintero, sólo quería haceros llegar lo evidente: es necesario ser conscientes de dónde venimos y lo que ha costado llegar hasta aquí, todo este mundo merece mucha más importancia de la que hoy en día tiene.

Hasta aquí por hoy y gracias por leernos.

 Mens sana in corpore sano

Juvenal, Sat. X, 356

Beatriz Calvo Manzano

Petrarca y el mundo clásico

La vita fugge, et non s’arresta una hora,
et la morte vien dietro a gran giornate,
et le cose presenti et le passate
mi dànno guerra, et le future anchora
.”
(Francesco Petrarca, Canzoniere, CCLXXII)

(“La vida huye sin frenar su apuro, / la muerte viene a paso apresurado, / y todo lo presente y lo pasado / me hace guerra, y aun todo lo futuro.”)

Dentro de la literatura italiana una de las voces de mayor eco a lo largo de los tiempos es la de Francesco Petrarca (1304-1374), un sublime poeta que, junto a Dante y a Boccaccio, conforma el grupo de las así llamadas “tres coronas” de la literatura italiana.

La singularidad de Petrarca no solo está en su obra, que ha servido de inspiración a una tradición posterior abundante y prolífica, sino en su personalidad como escritor. Él mismo se autodefinió “amicitiarum appettentissimus”, es decir, “muy deseoso de amistades”, pues a lo largo de su vida había conocido a muchísimas personas, de las cuales muchas eran figuras de gran relevancia en la cultura de su tiempo. Esto explicaría de cierto modo su espíritu cosmopolita, que había desarrollado, además, a lo largo de una intensa vida de viajes. Pero los verdaderos intereses del poeta yacían en los libros: Petrarca era un intelectual, fascinado por los clásicos; dominaba la lengua latina con magnífica fluidez, y de hecho escribió casi toda su obra en latín. Conocía también el griego. El hecho de haberse ordenado otorgó a Petrarca un privilegio muy brillante en la época: el acceso a los libros. Este era, de hecho, el motivo de buena parte de sus viajes: recorrer ciudades en busca de libros y obras olvidadas de la Antigüedad clásica, y encontró, entre otros hallazgos, una Epístola ciceroniana. Su actividad de búsqueda de nuevas fuentes originales y rechazo de traducciones, adaptaciones, prosificaciones o resúmenes han hecho a la crítica considerar a Petrarca como uno de los primeros filólogos, con verdadera fe en las letras y espíritu crítico a la hora de recurrir a las fuentes.

El vasto conocimiento que le generó la intensa actividad de lectura de los clásicos causó en él evidentes efectos que repercutirían en su producción poética. Petrarca era conocedor de las maravillas de Virgilio, Ovidio y Horacio, entre otros escritores, y asimiló sus formas y temas. No obstante, también era consciente de la ya sólida tradición poética italiana anterior a él, la poesía culta de amor que no era sino la herencia directa de la lírica trovadoresca de Provenza. Pero, y he aquí la grandeza de su obra, logró fundir ambas tradiciones, logrando un sublime cancionero que constituyó la base de toda la lírica clasicista del Renacimiento cuando menos, siendo su estilo difundido por Pietro Bembo en Italia o Garcilaso de la Vega en España.

Hay un elemento importante al cual aún no hemos hecho mención, y es la figura que vertebra la gran obra de Petrarca: es Laura, la amada inspiradora de todos los versos que contiene la obra. Así, el Cancionero petrarquista, que reúne un total de 366 composiciones, se divide en dos grandes partes: 263 poemas “in vita di Laura” y 103 composiciones finales “in morte di Laura”, puesto que la muchacha murió víctima de la peste negra del mismo año. Al alabar su figura, Petrarca recurre a todas las técnicas del Amor sublime, que emanan no solo de la poesía medieval y del dolce stil novo, sino también (y esencialmente) de la tradición grecolatina. Así pues, de forma constante el poeta menciona a divinidades latinas, especialmente en el soneto XLI; recurre a episodios mitológicos, sobre todo provenientes de las Metamorfosis de Ovidio; y recrea tópicos literarios, como el tempus fugit (“ma perché vola il tempo et fuggon gli anni[2], en la canción XXX) el carpe diem (“breve conforto a si lungo martiro[3]” en la balada XIV) el ignis amoris (“il mio caldo desire[4]” en el soneto CCXXXVI) y bellum amoris (refiriéndose a su amada como “dolce mia guerrera[5]”, en el soneto XXI; o bien aludiendo al Amor como divinidad flechadora: “Amor l’arco riprese[6]”, como Cupido, en el soneto II), entre otros; todo tipo de recursos extraídos de los textos clásicos para pulir los sentimientos que siente hacia su amada.

Arturo López Martínez

 

BIBLIOGRAFÍA

  • PETRARCA, Francesco – Canzoniere [on line aquí].
  • SAPEGNO, Natalino – Historia de la literatura italiana. Ed. Labor.
  • GONZÁLEZ MIGUEL, Jesús Graciliano – Historia de la literatura italiana: desde los orígenes hasta la unidad nacional italiana (Vol 1). Ed. Universidad de Extremadura.
  • Poesia italiana: il Duecento. Ed. Garzanti libri (I Grandi Libri). Introduzione: Piero Cudini.

 

[2] “Mas porque vuela el tiempo y huyen años”

[3] “A tan largo martirio alivio breve.”

[4] “Solía frenar mi ardiente desvarío”

[5] “Dulce guerrera mía.”

[6] “El arco Amor traía.”

Washington y Roma

Por una vez no traemos a los medios de comunicación para censurarles algún gazapo sino para constatar la presencia de la cultura clásica en el mundo moderno. Un buen ejemplo es la ciudad de Washington, provista de numerosos símbolos que entroncan directamente con el mundo romano. Si queréis conocer aunque sea superficialmente esta relación, podéis escuchar aquí este reportaje del programa de la Cadena Ser A vivir que son dos días.

Susana González Marín