Electra, montaje de la Companhia do Chapitô

Diego Corral Varela nos envía la noticia de la pasada representación en Madrid de Electra, montaje de la Companhia do Chapitô, que se pudo ver en la Sala Cuarta pared  dentro del Festival de Otoño a Primavera. Puedes ver aquí el video de promoción y aquí el reportaje de La 2 noticias. Conoce más sobre la obra y la compañía en esta página.

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Jan Fabre, Mount Olympus: 24 horas de catarsis

El artista belga Jan Fabre ha representado el día 12 en los teatros del Canal (Madrid) su monumental y provocador espectáculo Mount Olympus, un repaso de las más célebres tragedias griegas a lo largo de 24 horas. Su intención es comprobar si la catarsis todavía hoy es posible. Las entradas se agotaron en cuanto salieron a la venta en el mes de junio. Si quieres ver algunas imágenes, puedes ver este reportaje en La 2 Noticias y esta crónica de El Español (enlaces enviados por Diego Corral Varela)

Reapertura del Teatro Marítimo

Nuestras colaboradoras MªÁngeles y Manuela Martín Sánchez nos envían la siguiente noticia publicada en ABC este verano (pincha aquí) sobre la reapertura tras la restauración del Teatro Marítimo y la Sala de los Filósofos de la villa Adriana en Tívoli.

Renace el famoso Teatro Marítimo de Villa Adriana

Era uno de los lugares predilectos del emperador Adriano (Itálica, 76 – Bayas, 138 d.C. ) en su fabulosa Villa Adriana, que ocupaba 120 hectáreas, a las afueras de Tívoli, a unos 30 kilómetros de Roma. Ahora, cuando se cumple el 1900º aniversario de su acceso al poder, en el 117 d.C., sucediendo a su tío Trajano, renace la alcoba secreta del emperador Adriano: Se reabre el famoso Teatro Marítimo y la Sala de los filósofos, después de tres años de restauración. Son dos edificios contiguos: El primero dedicado al retiro del emperador Adriano, lugar para cultivar el otium literario y filosófico, una isla, zona privada para aislarse con sus reflexiones y sus amores. El segundo es una amplia sala rectangular dedicada a la biblioteca de la villa. El Teatro Marítimo es el lugar más emblemático de Villa Adriana, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999. «Era un espacio dedicado al pensamiento, a la meditación, a la reflexión, un área fundamental del complejo residencial de Adriano», manifiesta el director de la Villa, Andrea Bruciati, quien añade con visible emoción: «El Teatro Marítimo es un lugar único, porque es íntimo, privado, que encierra toda la sensibilidad y la complejidad de quien estaba al centro del mundo».

Villa en la villa

Era una «villa en la Villa», según definición de los arqueólogos. Retiro íntimo del emperador para sus meditaciones, y quizás alcoba de amor con su Antinoo, bellísimo esclavo adolescente nacido en Bitinia (Asia Menor), durante cinco años favorito amante del emperador. Tras su trágica muerte, ahogado misteriosamente en las aguas del Nilo en el 130 d. C., a Antinoo se le rindió culto.

El público puede acceder hasta el peristilo, el recinto rodeado de columnas, y caminar a lo largo del anillo de agua, que era una auténtica piscina donde Adriano podía también bañarse. Y se puede observar la isla central, que en su tiempo estaba comunicada solo por dos puentes de madera que podían elevarse. En esa isla había una especie de apartamento completo: Contaba con atrio, triclinio, un estudio, dos habitaciones, baño termal y vestuario. En la interpretación más romántica, era también una alcoba de amor. Aquí, en estas salas el emperador filósofo habría comenzado, según crónicas y biografías, a escribir sus propias memorias. Es sugestivo imaginar a Adriano componer el famosísimo poema fúnebre, con estos versos existenciales: «Pequeña alma, blanda, errante/ Huésped y amiga del cuerpo» («Animula, vagula, blandula / Hospes comesque corporis»).

Cabe imaginar también la emoción que habría sentido la escritora Marguerite Yourcenar (Bélgica, 1903 – Estados Unidos, 1987) al ver renacer el Teatro Marítimo de esta legendaria Villa Adriana, en cuyo ambiente paseó y respiró para escribir las «Memorias de Adriano», su amado emperador que favoreció las artes, demostró humanidad teniendo consideración con los esclavos e hizo más grande la gloria de Roma al lograr durante su reinado que el imperio alcanzara la mayor extensión territorial de su historia.

 

 

 

Medea en Juan del Enzina

El viernes 26 de mayo a las 21.00 la compañía Némesis representará en el teatro Juan del Enzina la tragedia Medea de Eurípides.

ENTRADAS: 3 €

(ANTICIPADA, LOS PROPIOS GRUPOS Y UNA HORA ANTES DE CADA ACTUACIÓN EN LA TAQUILLA DEL TEATRO)

Adjuntamos la información precisa:

Escenografía y dirección: La Compañía

Dramatis personae (por orden de intervención):

Nodriza/Pedagogo: Felipe Brum Gallardo

Coro: Arturo López Martínez-Márkel Hernández Pérez

Medea: J. Alberto Rodríguez

Creonte/Egeo: Soraya Santos

Jasón: Carmen Diana Almeida Eleno

Mensajero (Hijos de Jasón): Pablo del Castillo Baquerizo

Sinopsis:

En Corinto, la de dos orillas (las del Hudson en Nueva York), en el tiempo mítico (los 80 de una ciudad sin ley), Jasón y Medea, ella y él, Medea y Jasón, él y ella, sobreviven como prófugos, con un rastro de sangre a sus espaldas desde la lejana Cólquide, la patria de él, Medea, a Yolcos: Chicago, Míchigan o Montreal… Todo comenzó con la misión de conquistar el vellocino de oro: “Dame la piel, extranjera”. Le dijo ella, Jasón. “A cambio de tu cuerpo”. Replicó Medea. Un pacto sexual. Un collar de sumisión para Jasón, ella, unos hijos…

Pero la sumisa decide romper el contrato, tomar un esposo convencional, Creúsa, la hija del rey, Creonte, del alcalde, Giuliani, que se ha propuesto limpiar las calles de mercenarios, convictos y sin papeles; de la droga de los sótanos nocturnos del Village, junto al río; de la prostitución y el sadomasoquismo; de Medea…

Un día para huir, sola, bajo pena de muerte. Una traición en lo más íntimo, esa cama. Una venganza: y sangre, de inocentes.

Del clásico de Eurípides. Sexo. Violencia. Ambición. Odio. Soledad. Maternidad y paternidad: “Aquí estoy: Medea”.

Nico el Cuentamitos nos cuenta la Guerra de Troya en el Juan del Enzina

El teatro Juan del Enzina acoge este jueves a las 21:00 horas una nueva representación de la Muestra Universitaria de Artes Escénicas. En esta ocasión, Nico el Cuentamitos con ‘Hoy, la Guerra de Troya’, con entradas a tres euros.

“Partiendo de textos clásicos, voy a contar todo lo ocurrido en la famosa Guerra de Troya, desde que la diosa Discordia la lio parda con su manzanita de oro hasta el final del conflicto, pasando por cómo se reclutó a los soldados y algún pasaje un poco más escamoso, ¿era Aquiles realmente valiente? ¿Merecía la pena ir a la guerra por Helena? ¿Era Menelao un digno rey para Esparta?”, explica el autor.
Un monólogo aderezado con un toque de humor para pasar un rato divertido. “Porque los clásicos molan”, añade.

 

Nuria Espert y el teatro clásico (o así)

Imaginemos que, probablemente para celebrar la entrega a Nuria Espert del Premio Princesa de Asturias de las Artes, se me ofreciera el lujo de publicar una colaboración en Notae tironianae con el pie dado (que no forzado) de glosar la actividad de tan gran actriz en el teatro clásico. Pues, lamentablemente habría de decir que no he visto a Nuria Espert en ningún montaje de teatro clásico, latino o griego (pese a que ha protagonizado en seis ocasiones la Medea de Eurípides –o de alguno de sus refundidores– y, al menos, en un caso la Fedra reescrita por Salvador Espriu). Hecha esa confesión, estaría perdiéndome la oportunidad de asomarme activamente (gozador pasivo lo soy desde el primer momento) a plataforma que ya ha alcanzado tanto prestigio en la difusión de lo clásico.

Una opción alternativa, dado mi interés por conseguir que figure en mi curriculum haber publicado en Notae tironianae, es hacerme el despistado, simulando no haberme enterado bien del posible encargo, y alegando que entendí la invitación como referida a la actividad de Nuria en el teatro clásico, genéricamente considerado. Un guiño a lo pedido vendría facilitado por la presencia de Nuria en el Julio César de Shakespeare aunque, si pienso en sus múltiples intervenciones en obras del clásico inglés, lo más destacable sería su reciente y muy premiada interpretación del monólogo La violación de Lucrecia (el guiño al contenido clásico de Notae tironianae se mantiene: autor ‘moderno’ pero tema de la clasicidad antigua).

Abusando de esa estratagema del despiste, tal vez pudiera colar en la ilustre plataforma, la glosa de la larga sintonía de la Espert con clásicos contemporáneos: Casona, Lorca, Strindberg. De hecho, pastoreando alumnos vi en La Abadía madrileña su duelo interpretativo con José Luis Gómez y Lluis Homar en Play Strindberg (2007), y con remesa posterior de estudiantes gocé en El Matadero de Madrid del mejor montaje que he visto de obra lorquiana: aquella Bernarda Alba dirigida por Lluis Pasqual (2009) en que Nuria y la Sardá daban vida respectivamente a la viuda tirana y a la sabia y resentida Poncia. Montaje que prefiero al espectacular y deslumbrante de la Yerma vista por mí en el Liceo salmantino, avanzados los 70, con protagonismo igualmente de Nuria y dirección del argentino Víctor García.

Claro que, abriendo foco a Nuria y los clásicos españoles, ¿tendría algún interés para los lectores de esa plataforma saber o recordar –según los casos– que un sábado de abril de 1979, la Espert recitó –redoble de tambores– con el mismísimo Rafael Alberti una magnífica selección de poemas debidos a los más ilustres poetas en lengua castellana? Formé parte de lo que el cronista de El País, tras reseñar que el acto duró casi dos horas, definió como “numeroso público, en su mayoría joven y universitario que abarrotó el local”. (Si colara esta información en Notae tironianae, algún joven lector se enteraría de que en aquellos años el Juan del Enzina programaba calidades y compromisos de ese nivel y hasta pudiera descubrir que en tiempos remotos tal Aula de teatro desempeñaba con orgullo indisimulado una función señera en la vida teatral e intelectual de Salamanca. Como se trataría de un escrito para plataforma clásica, hasta cabría ponerse nostálgicos en latín: ‘O tempora, o mores’. O, parodiando al Eneas que, en el libro II de la Eneida, se dispone a narrar su melancólica visión de la guerra de Troya: Quis talia fando… temperet a lacrimis?).

Se agolpan recuerdos de esta naturaleza cuando pienso en las contribuciones de Nuria Espert al teatro del mejor nivel, pero no debo hacerme ilusiones. Los datos puede que revistan algún interés pero no acabo de ver que tengan cabida en escrito que, al formar parte de Notae tironianae, debería referirse a teatro clásico, griego o latino. Es más, invitado a hablar de la Espert, estoy cayendo en la tentación de terminar hablando de mí mismo. Que si asistí a ese recital que acabo de citar, que si un día de 2003 sonó el teléfono del despacho y era Nuria pidiéndome –¡Nuria Espert pidiéndome algo a mí!– si podía enseñarles a ella y al mago canadiense de la dirección teatral, Robert Lepage, la Salamanca antigua porque ambos, y sobre todo el canadiense, querían empaparse de verdad y sabor salmantinos antes de sumergirse en la preparación de una Celestina que acabarían estrenando en 2004 –al CAEM salmantino llegaría en 2005–. Huerto de Calisto y Melibea, edificio histórico de la universidad, callejuelas del barrio antiguo, fueron algunos de los parajes que hollamos juntos antes de una muy grata sentada final en las Caballerizas… Por cierto que en una de sus primeras representaciones en el Lliure de Barcelona viví la insólita experiencia del preocupante desmayo de un espectador y los gritos angustiados de su pareja –inicialmente pudo parecer algo mucho más grave– provocando que Nuria hubiera de interrumpir una de las escenas iniciales de la obra para, transcurridos los minutos ocupados en sacar de la sala y atender al damnificado, retomar ella la actuación con la menor merma de una verosimilitud tan bruscamente amenazada.

Pero quizá era ya lo que faltaba. Aprovechar que se produjera una invitación generosa a colaborar en Notae tironianae para colar allí no solo material a toda luces espurio sino, ya puestos, hasta historietas de espectador curtido en mil batallas teatrales.

Si me llegara la invitación a colaborar en Notae tironianae con algo sobre Nuria Espert y el teatro clásico, lo honesto sería declinar la invitación. En caso contrario, acabaría escribiendo cosas como estas que con buen criterio he descartado publicar en tan ilustre plataforma.

Emilio de Miguel Martínez