Curso de latín en video

Hoy nos hacemos eco de la competencia. No somos los únicos que ofrecemos la posibilidad de aprender latín a distancia (pincha aquí para conocer nuestro curso, actualmente en marcha): Mª Ángeles Martín nos informa de que Carlos M. Aguirre ofrece un curso de latín en video para todos aquellos que no pueden seguir clases presenciales.

Susana González Marín

Anuncios

Pon a prueba tus conocimientos con los tests de National Geographic España

La página de National Geographic España aparece con frecuencia en este blog porque proporciona contenidos de calidad y fotos espectaculares. En el terreno del entretenimiento incluye un apartado de Tests de temas muy variados, desde el ADN a los templarios, desde el sistema solar a la ciudad de Sevilla. En lo tocante al mundo clásico hay uno muy sencillo sobre Roma (no ceñido estrictamente a la Roma antigua pero con bastantes preguntas en torno a ella) y otro, algo más complicado, sobre emperadores romanos.

Susana González Marín

Dum audes ardua vinces

En el reverso de uno de los marcapáginas de la editorial Acantilado figura el lema en latín Dum audes ardua uinces. (“Si te atreves, vencerás las dificultades”)

Audacia y conocimiento están relacionados en distintos lemas que no siempre pretenden animar a la investigación intelectual. Recordemos el Noli altum sapere, expresión con la que san Jerónimo tradujo el texto griego de san Pablo de Romanos 11.20, que la tradición tomó como un reproche a la búsqueda del conocimiento más que como lo que en origen era una crítica a la soberbia moral.

Sin embargo, los siglos XVII y XVIII  trajeron otra mentalidad representada en el uso de otro célebre lema: Sapere aude, tomado de Horacio,  con el que Kant encabezó su ensayo ¿Qué es la Ilustración?

En el marco de esta nueva apertura intelectual la expresión Dum audes ardua uinces apareció por primera vez encabezando un libro holandés publicado en 1719 junto a una ilustración que representaba a un hombre escalando una montaña; en la cima había un cuerno de la abundancia y un dios alado con una guadaña ayudaba al hombre dándole la mano. El libro era Epistolae ad Societatem Regiam Anglicam de Anton van Leeuwenhoek, el biólogo que realizó las primeras observaciones a través del microscopio y que ha recibido el título de “padre de la microbiología”.

Dum-audes-ardua-vincesDum-audes-ardua-vinces-back.jpg

Susana González Marín

Pérez Reverte se lamenta de la situación de las clásicas… ¡y nadie se ha enfadado!

En efecto, así es: Pérez Reverte se lamenta de la situación de las clásicas y nadie se ha enfadado, al menos que sepamos. La verdad es que es un poco deprimente: si alguien se hubiera indignado, como con bastante frecuencia sucede con sus declaraciones, al menos tendríamos la sensación de que la enseñanza de las clásicas tiene alguna relevancia en el mundo que nos rodea, pero mucho me temo que lo que pasa es que el tema no le importa a nadie, o, mejor dicho, a casi nadie, porque desde la publicación de esta columna en XLSemanal el día 24 de septiembre cuatro de nuestros siempre atentos informantes me la han remitido para que nuestro blog se hiciera eco.

Así que la reproducimos a continuación. La podéis leer directamente pinchando aquí, pero nos hemos tomado la molestia de reproducirla y añadir algunas aclaraciones entre corchetes, que quizá puedan resultar útiles a los más lejanos a Troya.

 

Demasiado lejos de Troya

Ayer anduve un rato tras la VI epístola de Horacio –nihil admirari[1] en la parte de mi biblioteca ocupada por los clásicos griegos y latinos, comparando varias traducciones. Al terminar, el azar me llevó a tomar de su estante un viejo y querido volumen que poseo desde hace medio siglo: Figuras y situaciones de la Eneida[2]. Tengo devoción por ese libro, y su excelencia es una de las razones. La otra es que con él empecé a traducir a Virgilio a los dieciséis años; y en sus páginas, marcados a bolígrafo los hexámetros para diferenciar dáctilos y espondeos, figura mi propia traducción de cada verso: «Canto a las proezas y al hombre que de las costas de Troya / vino el primero a Italia y a la costa de Lavinia fugitivo del hado…»[3].

Me senté a hojearlo, mientras recordaba, y luego lo devolví a su lugar con una sonrisa melancólica. Pensaba en don Antonio Gil, el profesor sabio y paciente que me guió por esos versos; y en Gloria, la profesora de Griego de bellas grebas que se casó –como era de esperar– con el profesor de gimnasia; y en José Luis Vallejo, el hermano marista con quien, en 2º de bachillerato, traduje mis primeras palabras de latín clásico: «Gallia est omnis divisa in partes tres»[4]. Y pensaba en mi amigo el profesor Arístides Mínguez, que en el colegio donde ahora se gana la vida suma veintiséis años peleando junto a las negras naves, cubierto del polvo de los héroes, intentando enseñar Cultura Clásica a chicos de quince años; y este curso no ha podido hacerlo porque, de un millar de alumnos inscritos en su instituto, sólo una docena había elegido esa asignatura, que carece de la utilidad inmediata de, por ejemplo, la informática o la lengua autonómica de turno. Y eso significa que una promoción entera de estudiantes, en ese colegio y en otros centenares de toda España, acabará la enseñanza secundaria sin tener ni remota idea de quiénes fueron Homero o Virgilio, sin saber lo que nuestro mundo debe a Solón, Clístenes o Pericles, sin recordar a Sócrates o buscar el camino a casa con Jenofonte, sin comprender las importantes consecuencias de la guerra por Hispania que enfrentó a Escipión y Aníbal. O sin poder, jamás, disfrutar de la belleza, la felicidad, de una frase tan perfecta y absoluta como «Nox atra cava circumvolat umbra»[5].

El desinterés, cuando no la ignorancia criminal de los responsables de la educación en España en los últimos veinte o treinta años, no ha hecho sino ahondar el daño. En una sociedad resuelta a suicidarse culturalmente, como la nuestra, a los chicos brillantes se les aconseja estudiar sólo bachilleratos científicos o de ciencias sociales; a los torpes, humanidades; y a los zopencos, ciclos formativos. Tal es el triste mapa de nuestro futuro. Y en ese afán disparatado de borrar de las aulas todo lo inútil, las malnacidas leyes y reformas educativas del Pesoe y del Pepé han conseguido que los alumnos que con 16 años pueden optar por Humanidades –mi generación estudiaba latín básico y obligatorio con 11 o 12–, se encuentren ahí por primera vez con el latín, aunque descafeinado y de una simpleza aterradora. Pero esa opción, además, compite con otras socialmente mejor vistas: la científico-tecnológica y la profesional, de modo que sus posibilidades son mínimas.

Por no hablar del griego, claro. En algunas comunidades –que ésa es otra, cada cual a su aire–, en 1º de bachillerato puede elegirse, es cierto, entre Griego y Literatura Universal. Pero los chicos no son tontos, y saben que el griego es difícil y endurecerá la selectividad. Así que adiós para siempre a Homero y compañía. Decenas de profesores al paro, u obligados a impartir materias afines de las que no tienen ni zorra idea. Y lo que es peor: generaciones de jóvenes ciudadanos a los que se arrebata el derecho a una educación integral; echados al mundo sin saber, y sin importarles un carajo, quiénes fueron Arquímedes, Séneca o Catilina, ni lo que de verdad y en origen significan palabras como agonía, democracia o isonomía.

No olvido que la primera vez que vi arder una ciudad, Nicosia en 1974, con veintidós años, llevaba en la memoria –y en la mochila, aunque eso fue casual– el canto II de la Eneida. Y en los griegos armados que se despedían de sus familias reconocí sin dificultad a Héctor, el del tremolante casco. Y es que de eso se trata, a fin de cuentas. Sin el latín, sin el griego, sin aquellos profesores que me guiaron por ellos, nunca habría podido comprender Troya y cuanto hoy significa y esclarece. Me habría perdido entre los dardos aqueos, en la negra y cóncava noche, sin encontrar nunca el camino de Ítaca o de las costas de Italia. Sin la forma de mirar el mundo con la que hoy vivo, envejezco y escribo.

 

[1] Nihil admirari son las palabras que dan comienzo a la Epístola I, 6 de Horacio: “No admirarse de nada es la única cosa, Numicio, que puede hacer y mantener feliz a uno”

[2] Intr., texto y notas de E. Hernández Vista, Madrid 1968.

[3] Los primeros versos de la Eneida.

[4] El comienza de la Guerra de las Galias de César: “Toda la Galia está dividida en tres partes”

[5] Eneida II 360: “La negra noche vuela en torno a nosotros con su sombra envolvente”

En fin, a ver si alguien responde.

Susana González Marín

 

Carmina Burana en la plaza de la Catedral de Oviedo

Sabemos gracias a varios diarios asturianos (El Comercio, La Nueva España, La Voz de Asturias) que miles de personas asistieron a la interpretación de los Carmina Burana de Carl Orff, a cargo de la orquesta Oviedo Filarmonía, de la que se despedía como director Marzio Conti, y los coros de la Ópera de Oviedo y de la Fundación Princesa de Asturias. Podemos ver el video aquí.

Para los que no los conozcan, Carmina burana es una colección de cantos de los goliardos, de los siglos XII y XIII, que se han conservado en un único códice encontrado a principios del s. XIX en la abadía de Bura Sancti Benedicti (Benediktbeuern), en Baviera. Hay poemas escritos en latín, en un dialecto del antiguo alemán medio y en francés antiguo. El compositor Carl Orff puso música a algunos de ellos en 1937. (Puedes encontrar el texto original y la traducción aquí y si quieres escuchar la cantata completa pincha aquí [Dirigent: Paul Dinneweth; Koor: Koninklijke Chorale Caecilia Antwerpen])

Susana González

 

El Prado y la cabeza de Demetrio

Mª Ángeles Martín nos envía la noticia publicada en ABC sobre la exposición en el Museo del Prado de una cabeza monumental de bronce, que ha sido identificada como la del rey helenístico Demetrio I.

Reproducimos a continuación la noticia que encontramos en la página del propio Museo, donde además se puede ver un video sobrela recuperación de la escultura:

El Museo del Prado, con la colaboración de la Fundación Iberdrola España como miembro benefactor del Programa de Restauraciones del Museo, ha recuperado la cabeza monumental de bronce que atesora en sus colecciones y ha identificado al personaje representado como el general y rey helenístico Demetrio I.

Se trata de uno los escasísimos bronces originales helenísticos que se conservan, fechado hacia 307 a.C., una pieza excepcional por su tamaño y calidad que se expone por primera vez al público tras su recuperación.

Esta cabeza monumental de bronce es uno de los pocos retratos helenísticos de este tamaño y de esta calidad que se conserva. Se desconoce el lugar de hallazgo de esta cabeza que mide 45 cm y que, probablemente, pertenecería a una estatua monumental de una altura de aproximada 3,50 m. La escultura conservada más parecida, el Potentado de las Termas (Museo Nazionale Romano) fue creada unos 150 años más tarde y mide más de un metro menos.

La alta calidad de este bronce se aprecia particularmente en la magistral elaboración de la cabellera cuyos densos bucles se distribuyen vivamente sobre la cabeza y en la maestría de la fundición con la técnica de la cera perdida. Esta técnica se utilizaba, en  la escultura griega, para fundir piezas pequeñas, como cabeza, torso, brazos y piernas,  para ensamblarlas entre sí y configurar así una escultura de gran tamaño.

Procedente de la colección de la reina Cristina de Suecia, su primera propietaria conocida, y tras su llegada a España en 1725, quedó depositada en el Palacio de la Granja de San Ildefonso como parte de la colección de Felipe V e Isabel de Farnesio e ingresó en las colecciones del Museo del Prado hacia 1830.

Recientes investigaciones han  posibilitado la identificación del personaje representado como el general y rey helenístico Demetrio I, llamado Poliorcetes por sus clamorosos y exitosos asedios a ciudades enemigas (h. 336 – 283 a. C.). Junto con su padre, el diádoco Antígono I, Demetrio fue el primer sucesor de Alejandro Magno (356-323 a. C.).

La escultura estará expuesta hasta el 17 de septiembre.

Susana González

Nueva traducción de Safo

Saludamos la aparición de una nueva traducción de Safo, la de Juan Manuel Macías (filólogo, poeta, traductor, entre otros, de Cavafis y de Maria Polydouri, y Premio 2013 de la Sociedad Griega de Traductores de Literatura), publicada en La Oficina de Arte y Ediciones, una pequeña editorial que, como su nombre indica, desde hace tiempo nos ofrece libros que aúnan la calidad de los textos con la belleza visual (Si quieres saber más de ella, pincha aquí). Con estas Poesías de Safo y con una nueva traducción de El retrato del artista adolescente, la editorial inaugura su nueva colección de Clásicos Universales, que esperamos que incluya más obras de nuestros antiguos clásicos. (Estamos seguros de que así será puesto que La Oficina cuenta en su catálogo con originales propuestas como, por ejemplo, la edición de los Edipos de Sófocles y Hölderlin en una edición trilingüe que incluye un DVD con el «Edipo re» de Pier Paolo Pasolini.)

El libro de Poesías de Safo es una edición bilingüe con prólogo y notas del mismo traductor, Juan Manuel Macías. El próximo miércoles 21 será presentado en Madrid a las 19:00 horas, en la librería Rafael Alberti (C./ Tutor 57). (Puedes ver aquí el anuncio de su publicación y un video relacionado en el blog de Macías)

Susana González