Entrega de premios a los ganadores de los concursos Parnaso, Ciceronianum y Esfinge

Nuestros siempre vigilantes colaboradores nos envían la noticia de que esta tarde la Facultad de Filología acoge la entrega de premios a los ganadores de los concursos Parnaso de griego antiguo, Ciceronianum de latín y Esfinge de cultura clásica, enmarcados en la Olimpiada de Estudios Clásicos organizada por la sección salmantina de la Sociedad Española de Estudios Clásicos y por la Universidad de Salamanca.

Gracias a Salamanca24horas (leelo aquí) sabemos que desde las 18 horas, en el Aula Minor del edificio Juan del Enzina, los ocho premiados recibirán su condecoración. Se trata de Gonzalo Guirao, del IES Martínez Uribarri; y Andrea Mosquete, del IES Leonardo da Vinci de Alba de Tormes en el concurso Esfinge.

En lo correspondiente al Parnaso, Álvaro Pérez, del IES Torrente Ballester; y Laura Bernabé y Lidia Gómez, del IES Vaguada de la Palma, por ese orden, son los premiados, mientras que en Ciceronianum, Javier Palomo, del Colegio Montessori; y Luci Pérez y Víctor Sánchez, del IES Fernando de Rojas también tendrán que estar presentes.

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El latín y las lenguas romances

Hemos sabido que algunos de nuestros lectores, que no pueden asistir al Curso Latín y Griego para el siglo XXI, que anunciamos en este mismo blog la semana pasada, han preguntado si sería posible acceder de alguna manera a su contenido. Ésa sería una decisión que naturalmente está en manos de la entidad organizadora, la Delegación local de la Sociedad Española de Estudios Clásicos, a la que trasladaremos esta petición. Por nuestra parte, podemos intentar en la medida de lo posible acercar el contenido de estas conferencias a todos.

De momento, ofrecemos este resumen de la conferencia que el prof. Agustín Ramos pronunció el pasado 14 de noviembre, “El latín y las lenguas romances”. Desde aquí invitamos a todos los conferenciantes a enviarnos un breve resumen de sus intervenciones.

No es posible abordar un título como este en una o dos páginas. Como tampoco lo es en una o dos conferencias. Pero puede servir para ello esbozar un par de ideas básicas.

Solemos hablar del latín como algo único, pero desde el punto de vista lingüístico trabajamos con (al menos) dos entidades que, aunque lógicamente tienen mucho que ver, sobre todo al principio, con el paso del tiempo son de naturaleza muy diferente. Cuando hablamos del latín como origen de las lenguas romances, aunque la tradición latinista ha propuesto tradicionalmente ese origen en el latín clásico y parece que las lenguas romances son una evolución a partir de él, la realidad es muy diferente y la propia lengua latina ha dejado numerosas huellas en los textos de que esto no es así. Lo que llamamos latín clásico, su progresiva constitución y su largo mantenimiento son la historia de una estandarización. La constitución de una lengua estándar es un proceso mediante el cual un dialecto particular de una lengua adquiere (o se le asigna) una importancia funcional mayor que a los otros dialectos y queda sujeto a la codificación y la estabilización. Así la lengua adquiere una forma reconocida y fija, con normas para el uso ‘correcto’ en cuanto a gramática, vocabulario, y ortografía. En Roma este fenómeno sucedió de una forma muy acusada en el último siglo de la República y en el comienzo del Imperio. Las élites políticas e intelectuales (César, Cicerón, Lutacio Cátulo, Varrón, etc.) trabajaron por forjar ese latín, que se convirtió en una lengua de escuela y sirvió como forma de autorepresentación del poder de Roma. Lo que una historia de ese latín debe explicar (algo imposible, por otro lado) no es cómo ha evolucionado ese latín desde Cicerón a Tomás de Aquino, por ejemplo, sino por qué no ha evolucionado, por qué las diferencias que conservamos responden más a variaciones de estilo y de nivel de adecuación a un patrón que a las esperables de la evolución de una lengua natural.

Al margen de ese latín escrito y solemne, en un mundo en el que la lectura y la escritura eran patrimonio de una minoría muy reducida, la gente vivía al margen de tal actividad, pero utilizaba el latín como lengua natural y, como tal, lo hacía evolucionar. El vago término “latín vulgar”, que ha sido interpretado de muchas maneras (y muchas de ellas con fundamentos lingüísticos totalmente inapropiados) ha sido la forma más común de denominar a ese latín hablado que sí dio origen a las lenguas romances. En el paso de uno a otro, la discusión entre romanistas y latinistas se centró en determinar cómo se produjo la fragmentación que dio origen a diferentes lenguas y en qué época sucedió. Respecto a la primera cuestión, excelentes trabajos recientes como los de J. N. Adams han puesto de manifiesto que ese latín nunca tuvo una forma unificada, sino que hay testimonios de esa “fragmentación” (no se rompe lo que no está unido) ya desde los primeros textos escritos del latín literario (Plauto, por ejemplo). Respecto al momento del cambio, la pregunta es lingüísticamente inadecuada, puesto que las lenguas son sistemas dinámicos y en constante evolución. Los idiomas tienden a sufrir cambios mayores y menores a lo largo de sus vidas útiles y nunca existe un cambio repentino en la conducta lingüística de los hablantes de tal manera que se pueda decir que una lengua surge en este día, en este año, o en esta década.

Se puede plantear la cuestión de otra manera: hoy día existe algo llamado francés, español, italiano, portugués, etc., y antes no existía. ¿Qué ha cambiado y cuándo lo ha hecho?

La pregunta está mejor planteada cuando nos damos cuenta de que lo que estamos buscando no es el nacimiento de una propiedad específica de la fonología, la gramática, o el léxico, sino más bien el nacimiento de un concepto cultural. Lo que concebimos como la caída del latín o el surgimiento de las lenguas romances no es tanto un cambio lingüístico o el descubrimiento de algo nuevo, sino una innovación en la forma de pensar de un pueblo acerca de sus circunstancias lingüísticas, un cambio en la cultura metalingüística de unos hablantes que plantean la posibilidad de convertir en lengua escrita la lengua que ellos utilizan y dar a esa forma de escritura más próxima al habla un nombre nuevo. Después vendrán otras estandarizaciones.

La escritura es en la antigüedad muestra de la conciencia que los hablantes tenían de su propia lengua y es para nosotros la prueba convincente de que esa conciencia había surgido.

Así pues, no hagamos del latín de Cicerón, de Agustín, de Isidoro, de Tomás de Aquino, de Erasmo y de Isaac Newton (o del Vaticano) una forma de lengua natural que cambia de uno a otro. Eso es una cosa y otra la lengua que hablamos los españoles, los franceses, los rumanos y demás. Eso es el otro latín. Sus historias son diferentes en resultado porque desde el punto de vista lingüístico no son comparables en entidad y en desarrollo, como no lo son de cara a su estudio su concepto, su documentación y sus metodologías de análisis.

Podemos hablar de ambos a la vez, ¿por qué no?, pero es importante científicamente saber de qué se está hablando en cada momento.

Agustín Ramos Guerreira

 

Latín y griego para el siglo XXI: ubi fera sunt

A partir de hoy, 14 de noviembre, se desarrollará el programa del Curso de Formación del Profesorado Latín y griego para el siglo XXI, organizado por la Delegación de Salamanca de la Sociedad Española de Estudios Clásicos en colaboración con el Departamento de Filología Clásica e Indoeuropeo  y la Facultad de Filología de la USAL.

Lugar de celebración: Facultad de Filología. Anayita: Aula Minor. Universidad de Salamanca

Director del curso: Marco Antonio Santamaría Álvarez

PROGRAMA

Lunes 14 de noviembre

16.30
Prof. Dr. Julián Méndez Dosuna
“El griego clásico y el griego moderno”

18.00
Prof. Dr. Agustín Ramos Guerreira “El latín y las lenguas romances”

19.30 Discusión
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Martes 15 de noviembre

16.30
Prof. Dr. Eugenio Luján Martínez
“La etimología griega y latina de los nombres propios”

18:00
Prof. Dr. Juan Luis García Alonso “La influencia del latín en el inglés”

19.30 Discusión
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Jueves 17 de noviembre

16.30
Prof. Dr. Jorge Bergua Cavero
“Helenismos en el español contemporáneo”

18.00
Dr. Javier Andrés Pérez: “Leer y observar. La pervivencia de las letras clásicas en el arte”

19.30 Discusión
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Lunes 21 de noviembre

16.30
Profa. Dra. Blanca Prósper
“Toponimia prerromana y toponimia latina de Hispania”

18.00
Prof. Dr.  Francisco Cortés Gabaudan
“Dicciogriego: un diccionario griego-español en línea”

19.30 Discusión
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Martes 22 de noviembre

16.30
Prof. Dr. Luis Arturo Guichard
“El latín y el griego en la poesía contemporánea en español”

18.00
Profa. Isabel Gómez Santamaría “El latín en la narrativa juvenil”

19.30 Discusión
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Jueves 24 de noviembre

16.30
Taller sobre latín y griego en las artes actuales: cómic (Ibor Blázquez), música (Federico Pedreira) y videojuegos (Alberto López Redondo)

18.00
Prof. Dr. Esteban Bérchez Castaño
De rationibus linguae Latinae Latine docendae

19.30 Discusión

Emilio Lledó premiado por la Sociedad Española de Estudios Clásicos

La Sociedad Española de Estudios Clásicos premia todos los años a una persona o institución cuyo trabajo haya tenido repercusión en la investigación del mundo clásico o en la divulgación de la cultura grecorromana, o que haya impulsado y defendido los estudios clásicos como parte fundamental de la educación de los jóvenes. Este próximo viernes, 3 de junio, recibirá el premio el filósofo Emilio Lledó (Sevilla 1927), cuya labor no sólo cumple estos requisitos sino, además, el de analizar nuestra época y los problemas más actuales del pensamiento y el comportamiento humanos reviviendo a los autores grecolatinos y dando a sus palabras formas y sentidos que los convierten en mensajeros directos entre el pasado y el presente y expertos guías para el mundo contemporáneo.

La obra de Emilio Lledó, filósofo y también filólogo clásico de formación, es un claro ejemplo del papel que el pensamiento grecorromano ha desempeñado en el desarrollo de toda la tradición filosófica occidental hasta nuestros días. Lledó ha dedicado obras específicas a la filosofía griega, como El concepto “poíesis” en la filosofía griega : Heráclito-sofistas-Platón (1961, reed. 2010); La  Memoria del Logos. estudios sobre el diálogo platónico (1984, reed. 2015),  El surco del tiempo: meditaciones sobre el mito platónico de la escritura y la memoria (1992), uno de sus libros que más trascendencia ha tenido, o su libro sobre Epicuro (1984) varias veces reeditado (última reedición en 2015); ha traducido, introducido o comentado varios de los Diálogos de Platón y la Ética Nicomaquea publicados en la Biblioteca Clásica Gredos, pero además, a lo largo de obras como Ser quien eres, Ensayos para una educación democrática (2019) o  La filosofía, hoy. Filosofía, lenguaje e historia (2012), por citar sólo algunas, este autor enlaza el pensamiento de Platón, Aristóteles y la filosofía helenística con las obras culminantes de la filosofía moderna y con ello, aunando la filosofía puramente teórica con su aspecto más pragmático en contacto directo con el presente histórico social y político, con la reflexión sobre el mundo contemporáneo. Las reflexiones de Platón y Aristóteles sobre el hombre, la convivencia y la democracia son hilo conductor en sus ensayos filosóficos, pero también en sus artículos periodísticos y en sus dicursos públicos, en los que con valentía y firmeza no deja de reclamar la necesidad de la cultura y el valor de la historia y el lenguaje en las democracias actuales.

El lenguaje es de hecho una de sus preocupaciones centrales como herramienta del pensamiento y la razón. Se incorpora con esta preocupación a las nuevas corrientes filosóficas de su tiempo, pero lo hace con una visión particular y enriquecida. El filólogo clásico aflora en su insistencia en la importancia de la lengua y la intepretación del patrimonio literario de los pueblos para evitar la pobreza cultural y enriquecer los valores sociales y políticos. La riqueza cultural que encierra el lenguaje, cuyo valor descubrieron los sofistas griegos y afianzaron Platón y la filosofía griega y romana posterior, es el tema central de obras como Filosofía y Lenguaje (1970), Palabra y Humanidad (2015), o de los ensayos reunidos en Los libros y la libertad (2013), en los que se aúna la obra de un filósofo, un filólogo clásico, un hombre comprometido y preocupado por la historia y el presente y, además, un literato que domina la lengua “en la que se forja la democracia y que alienta ese concepto que construyó la cultura helenística: filantropía” (p. 50). No sorprende que en 1992 le fuera concedido el Premio Nacional de Literatura (Ensayo), y que en 1994 entrara a ocupar un sillón de la Real Academia Española; y tampoco que Alemania, país donde recibió parte de su formación filosófica y clásica, y donde ejerció como profesor de universidad, le haya concedido el premio Alexander von Humboldt en 1990 y la Cruz Oficial de la Orden del Mérito en 2005. Finalmente, el año pasado fue galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades.

Especialmente los filólogos clásicos debemos saber valorar el uso que Lledó hace de los autores griegos y latinos para inculcar el pensamiento crítico y el uso razonado y riguroso del lenguaje, indispensables ambos para la libertad individual y colectiva que debe ser elemento inherente a una democracia. Siguiendo también una tradición clásica, la SEEC honra a Emilio Lledó del modo en que la polis ateniense honraba en la democracia a sus ciudadanos ejemplares: puesto que ha sido un hombre preocupado por la comunidad, un luchador por salvar el patrimonio cultural y por hacer libre a la sociedad mediante el pesamiento crítico y el dominio del lenguaje, y porque ha dado a conocer el papel que la tradición clásica juega en la educación propia de una  democracia, para que se vea que al menos una parte de la sociedad no es desagradecida y sabe premiar a sus benefactores, y para que sirva de ejemplo y estímulo a otros que quieran emular su buen hacer.

Mª Paz de Hoz García-Bellido