Reportaje sobre el acto de homenaje a Shakespeare del día 20 de abril

Como se anunció hace unos días en este blog, este pasado miércoles 20 de abril pudimos disfrutar de una escena del Julio César de Shakespeare en el patio del Palacio Anaya a cargo del grupo de teatro Caterva. El acto formaba parte del homenaje que está realizando la Facultad de Filología de la USAL con motivo del aniversario de Cervantes y Shakespeare.

La representación incluyó los discursos que Bruto y Marco Antonio pronuncian ante el pueblo de Roma, quien acaba de conocer la noticia de la muerte de Julio César. Esta escena a veces se ha utilizado como ejemplo del poder que tenía la oratoria para hacer cambiar de opinión a una multitud entera. Marco Antonio consigue cambiar la primera reacción de los romanos, quienes primero aprobaban la muerte del dictador y luego la condenan.

Las escaleras permitían que todos los asistentes se situaran rodeando a los actores mientras otros se integraban entre el público. Así se logró crear la sensación de que como espectador formabas parte de ese gentío que grita reaccionando según van avanzando los dos discursos.

La noticia de este acto fue recogida por Salamanca24horas y por Salamancartvaldia.

Quienes desconozcan esta escena, Joseph L. Mankiewicz dirigió una adaptación de la obra para el cine en la que James Mason hacía el papel de Bruto y Marlon Brando de Antonio. El audio original en inglés de la película completa se encuentra disponible en Spotify. La película se proyectó en una sesión abierta en la Facultad de Filología, tal y como se reflejó en este blog.

Texto: Marina Lozano Saiz

Fotos: Sandra Cruz GutiérrezIMG_2492 copiaIMG_2497IMG_2499IMG_2500IMG_2507IMG_2516

Shakespeare y Cervantes en el Palacio de Anaya

Nuestro blog creía que era necesario que hubiera algún homenaje en nuestra Facultad y en la Universidad de Salamanca con motivo del aniversario de Shakespeare y Cervantes. Afortunadamente el guante ha sido recogido por los Departamentos de Filología Clásica e Indoeuropeo y de Literatura Española e Hispanoamericana, que han contado con el apoyo económico de la Facultad de Filología.

Así pues, habrá dos homenajes distintos el día 20 de abril (miércoles):

A las 13:15 el grupo de teatro Caterva representará una escena del Julio César de Shakespeare en las escaleras del patio del Palacio de Anaya.

A las 19:00 en el Aula Magna del Palacio de Anaya tendrá lugar el acto Lecturas cervantinas: un clásico entre clásicos. Estudiantes y profesores de los Departamentos organizadores leerán textos de Cervantes junto con textos de autores clásicos relacionados con aquellos. Ejercerán como maestros de ceremonias Emilio de Miguel y Juan Antonio González Iglesias.

Os esperamos a todos.

Javier San José y Susana González Marín

Cervantes última versión

Sobre la enseñanza de los clásicos

Como sucedió en Navidad, nuestros blogueros se toman un merecido descanso hasta el día 31 de marzo. Para ir abriendo boca de cara al tercer trimestre, y, en concreto, a las celebraciones en torno a los aniversarios de Cervantes y Shakespeare, os dejamos el enlace de un texto publicado en El País (15 de febrero) por Juan Antonio González Iglesias: “Cómo se debe celebrar un clásico”.

Susana González Marín

¡César, cuídate de las idus de marzo!

El 15 de marzo es una fecha inolvidable para filólogos clásicos, historiadores o cualquier persona interesada en el mundo antiguo. A nadie se le olvida la muerte de César, aunque no sepa exactamente el día, ya que a lo mejor no controla la equivalencia del calendario romano al actual -afortunadamente, para eso siempre tendremos la Guide romain antique, al menos en lo que a un servidor respecta-.

Hoy es un día importante para todo el mundo, independientemente del lado del que nos posicionemos. Para los republicanos hoy es el día en el que murió el tirano, para los cesarianos hoy es el día en el que César ascendió al cielo y se convirtió en Diuus Iulius. Quizá fue William Shakespeare (basándose en el relato de Plutarco) quien más hizo por que esta fecha fuera recordada en la posteridad, al ponerla en la boca de aquel adivino ciego que prevenía al dictador de que le aguardaba un gran peligro. No hay duda de que es un día señalado en la historia cultural de occidente; no sólo porque la novela histórica de Thornton Wilder se titule así, sino también porque este fue el título escogido para una película estrenada en 2012, la cual nada tenía que ver directamente con la muerte de César, pero sí con los entresijos de la política. Aquí pueden ver el trailer.

 

IMAGEN 1 TEMPLO DE CÉSAR
Templo de César

Incluso en estos tiempos en los que parece que nos hemos olvidado de todo lo clásico habrá gente en Roma que llevará flores al ara Caesaris y las depositará en el sitio donde nos dicen que su cuerpo reposó y fue incinerado.

 

IMAGEN 2 ARA CAESARIS
Ara Caesaris

Hoy blogs como éste se llenarán de referencias a la muerte de César y de imágenes cómicas que satirizarán un hecho que en su día hizo tambalearse los pilares del  Estado romano. Pensemos que este magnicidio no sólo afectó a Cayo Julio César, sino que propició otra guerra civil en la que murió un número de personas nada desdeñable y que inauguró la nueva forma de gobierno de Roma: el principado. Por eso este día es importante no sólo en la Historia, sino también en la actualidad. Y visto todo lo que significan las idus de marzo (sí, la palabrita es femenina en latín), al que suscribe le produce un sentimiento de tristeza y desilusión que el tododopoderoso gigante Google todavía no haya dedicado ni un solo doodle para recordar la muerte de César. ¡Parece mentira, Google, hijo, que durante tantos años se te hayan olvidado las idus de marzo!

Ibor Blázquez Robledo

Cesare deve morire

Cesare deve morire es una película dirigida en el año 2012 por los hermanos Taviani, Vittorio (n. 1929) y Paolo (n. 1931). Fue galardonada con el Oso de Oro (Berlín) y con varios premios David di Donatello (los Goya italianos). La película muestra la preparación del montaje teatral de la obra Julio César de Shakespeare, por un grupo de reclusos de la cárcel de alta seguridad de Rebibbia, en Roma, dirigidos por Fabio Cavalli.

Como todos sabemos que el muerto es César y el asesino Bruto, os voy a contar un poco la película sin temor a desvelar la trama y con la intención de que los que no la conozcan se animen a verla (está en la Casa de las Conchas).

El relato tiene una estructura circular: se inicia y termina con la representación de la escena final de la obra. Por medio nos cuentan el proceso que ha llevado a este punto, esto es, la selección del reparto y los ensayos de las diferentes escenas que, montadas en orden, nos permiten completar la historia cuyo final acabamos de ver. Esta fusión de cine y teatro da lugar a una especie de milhojas fascinante en el que se establecen numerosos planos de contraste internos y externos, pues la versión de J. L. Mankiewicz (1953) es un punto de referencia latente. Por ejemplo:

– El comienzo y el final están rodados en color, en cálidos tonos rojos, frente al austero blanco y negro del resto de la película. La actividad teatral, vivificante y liberadora, frente a la gris realidad carcelaria.

– Los protagonistas son presos que cumplen penas por delitos diversos (narcotráfico, asociación con banda criminal, homicidio). Sus figuras y rostros, de poderosa expresión, contrastan con las de Marlon Brando y James Mason, que inevitablemente vienen a la cabeza, tan pulidos e impolutos.

– A la perfecta dicción del inglés de Shakespeare en la versión de Mankiewicz, se contraponen los diversos dialectos italianos (por supuesto hay que verla en versión original con subtítulos, benditos sean los DVDs).

– Contrasta también el presente de los reclusos actores, que se esfuerzan por aprender y transmitir el mensaje de Shakespeare, y su pasado criminal y real, que aflora y se entremezcla con la ficción. Emociona ver cómo se emocionan estos hombres con las palabras que tienen que pronunciar. Durante un ensayo Casio debe exclamar: “¡Roma, ciudad sin vergüenza!”, y no puede evitar añadir: “Eso también puede decirse de Nápoles. Parece que Shakespeare conociese las calles de mi ciudad”. Y en otro momento Bruto, al recitar “Ojalá pudiera arrebatar el espíritu del tirano sin abrirle el pecho”, tiene que detenerse, conmovido por sus propios recuerdos. Shakespeare, grande.

– En un rizo no exento de humor, el gigante que interpreta a César está en la biblioteca de la prisión leyendo La Guerra de las Galias y comenta: “Y pensar que en la escuela me parecía aburrido…”. El César real, a través del César recreado por Shakespeare (que es el que lo ha llevado a la relectura), llega -por fin- al César amateur…

– Y lo mejor. Cuando termina la función, los presos vuelven resignadamente a sus celdas. Uno de ellos reflexiona en voz alta: “Desde que he conocido el arte, esta celda me parece una prisión”. Esto no es de Shakespeare, pero podría serlo.

Olé por los Taviani, octogenarios ambos cuando dirigieron esta cinta. Y todo esto condensado en 73 minutos, sin necesidad de esos metrajes wagnerianos tan en boga. Dicho lo cual, acabo. Que ustedes la disfruten.

Para saber más (críticas y tráiler) consulta aquí la página de Filmaffinity.

Para verla:

Fonoteca de la Casa de las Conchas: Signatura Cine de autor, Taviani.

Eusebia Tarriño Ruiz

 

Te invitamos al cine: Julio César de Mankiewicz

Proyección de Julio César de Mankiewicz
lunes 29 de febrero. 18:00
Aula Minor. Anayita
Facultad de Filología. USAL

El homenaje a un literato como Shakespeare († 1616) no puede encontrar mejor fórmula de expresión que el que le ha dedicado el arte y sus intérpretes a lo largo de los tiempos. Alternativamente, utilizar para tal fin una obra maestra (Julio César, J.L. Mankiewicz, 1953) que se remonta al original clásico (Plutarco) con gran precisión, supone advertir cómo el verdadero arte es eterno, tiene mil lecturas y pasa a lo largo de las generaciones enriqueciéndose más y más con cada una de ellas.

Poco se puede decir nuevo del dramaturgo, y muy poco también del director (J.L. Mankiewicz) y su obra maestra (Julio César) que va a servir de centro para este pequeño acto que servirá menos de cumplido y merecido recuerdo, que de ilustración para los que no hayan llegado a conocer todavía tales obras y los que podamos, una vez más, disfrutar de su contenido. Unas breves palabras nos servirán para presentar la obra que veremos el lunes a quienes no la conozcan, pidiendo perdón a los más informados por la simplificación, que no olvido, de las mil facetas que no podemos recoger.

El Julio César de Mankiewicz (1953) es un ejercicio de virtuosismo que resulta muy poco acorde con la estética moderna del movimiento, el color y la imprecisión en la palabra especial; es una obra austera, sobria, precisa en la dirección e interpretación y el guión, que enfatiza las palabras del dramaturgo y sobre todo plantea los sentimientos y relaciones humanas como la base del film, a cuya realización y éxito contribuyeron con generosidad los propios actores cobrando apenas, o muy por debajo de sus posibilidades. El gran director del Hollywood dorado, productor y guionista —también aquí el trabajo es suyo aunque por modestia y por identificación con el autor su nombre no aparece en los créditos—, que sabía de memoria el texto original, apostó por un producto reflexivo, muy literario y teatral, muy congruente con el mensaje que pretendía destacar pero sin pretensiones de verosimilitud: apenas el esbozo de túnicas y tocados; muy poco interesado en las reconstrucciones arquitectónicas, salvo las sustanciales, pero muy apoyado fílmicamente por las estatuas. Y no sin anacronismos, que, o no importan demasiado salvo a los puristas que no tienen interés en escuchar la filosofía de los diálogos; o son, en realidad, recursos fílmicos para evocar una realidad que no se puede plasmar como tal: los Luperci iban desnudos, pero M. Antonio no podía aparecer así en escena… Un ejemplo de pulso narrativo, control de cámara y relieve de actores, que destacan en un alarde de interpretación individual y coral: inmenso, M. Brando (M. Antonio); impresionante en su sobriedad y humanidad, J. Mason (Bruto); sinuoso y ambiguo el gran Sir J. Gielgud (Casio) —por una vez, el universo femenino del regidor apenas adquiere el relieve de otros films: sólo una muy bella y elegante Porcia, y la humillada Calpurnia, ponen el contrapunto—. Es un producto muy cuidado, pero radicalmente opuesto al espectáculo de Gladiator (R. Scott, 2000), que entonces incorporaba el Cinemascop con películas tan representativas del género como La túnica sagrada (1953). Un texto filmado que dificilmente puede abarcarse en sólo una sesión. Mucho más sin leer el original en el que se basa, y sin conocer su propia capacidad de adaptación de las fuentes clásicas.

Bienvenidos todos los que se acerquen a ella por primera vez, y encantada de encontrar a quienes la vuelven a ver…, una vez más.

Isabel Moreno Ferrero

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