Entrevista a Óscar Lilao, Director del Fondo Antiguo de la Biblioteca Histórica de la Universidad de Salamanca

Notae Tironianae se reúne con Óscar Lilao Franca, Director del Fondo Antiguo de la Biblioteca Histórica de la Universidad de Salamanca. El pasado mes de febrero, los alumnos del Máster Universitario en Textos de la Antigüedad Clásica y su Pervivencia realizaron una visita a dicha biblioteca, en la que pudieron ver, entre otros muchos, algunos manuscritos griegos y latinos que se conservan en este lugar.oscar

-¿Cuándo se crea esta biblioteca? ¿Es el primer fondo bibliográfico que tuvo la Universidad de Salamanca?

El origen de esta biblioteca lo situamos a partir del año 1254. Sabemos que en un documento real firmado por Alfonso X El Sabio en mayo de ese año se establece la primera organización global del Estudio (con dotación económica incluida) que marca también el punto de partida de la Biblioteca Universitaria. El propio rey Sabio se encargó de describir las funciones de los estacionarios en su compendio normativo conocido como Siete Partidas. Así, en la Segunda Partida, bajo el epígrafe «De los estudios en que se aprenden los saberes y de los maestros y de los escolares», la ley XI trata de la figura del estacionario en estos términos: «Estacionarios es menester que haya en cada estudio general para ser cumplido, y que tenga en sus estaciones libros buenos y legibles y verdaderos, de texto y de glosa, que los alquilen los escolares para ejemplarios, para hacer por ellos libros de nuevo o para enmendar los que tuvieren escritos».

– La Biblioteca General Histórica de la Universidad de Salamanca se encuentra en el edificio histórico por excelencia de la Universidad, ¿siempre se ha sido así?

El edificio actual de las escuelas mayores empezó a configurarse en el siglo XV y es de esa centuria cuando tenemos las primeras noticias de la biblioteca en ese espacio. Sabemos que en diciembre de 1465 ya se hablaba de poner los libros «en la librería en sus cadenas» y en 1467 hay referencias a un horario. Sin embargo, estas noticias parecen referirse a un espacio algo provisional, pues en 1472 hay algunas quejas de que no se acometía la obra de la biblioteca, «lo cual era en gran daño y oprobio y vergüenza de la Universidad». Además, en 1479 se anuncia el cierre de la bóveda de la biblioteca, donde se encontraba lo que hoy conocemos como «el cielo de Salamanca».

Por tanto, en sus principios no se encontraría en el lugar en el que se encuentra hoy. Si en esos remotos comienzos de los que hablamos hacia mediados del siglo XIII realmente hubo algún local con libros de consulta, pudo haber sido en alguna casa de la catedral alquilada por la universidad.

– Al entrar en la sala principal de la biblioteca el propio mobiliario llama la atención. ¿De qué época son las estanterías, mesas, sillas, globos…? ¿Forman parte del patrimonio de la biblioteca?

Como acabamos de decir, ese primer espacio en el que se encontraba la biblioteca no duró mucho tiempo y, a principios del siglo XVI, pasó a estar en el espacio que ahora ocupa, en la planta alta, detrás de la fachada principal. Sin embargo, tampoco esto fue definitivo, porque en 1664 parte de la bóveda se desplomó y afectó a la biblioteca. Aunque sabemos que ya en el siglo XVI se empezaron a utilizar estanterías adosadas a la pared, como las que ahora vemos, estas son fruto de la reforma que se realizó hacia 1750. A esta época pertenece la imagen actual de la sala. Los globos fueron adquisiciones de diferentes épocas. Algunos fueron comprados por Diego Torres de Villarroel en ese siglo y otros después, pues los hay hasta del siglo XIX, hechos en Francia y en España. Del mobiliario, llaman la atención las sillas que llevan el escudo de vuestra facultad, porque ese edificio fue el Colegio de San Bartolomé, fundado por Diego de Anaya, cuyo retrato y escudo aparece en el respaldo.

– ¿Qué tipo de libros podemos encontrar? ¿Manuscritos, incunables, impresos actuales…?

Conservamos manuscritos desde el siglo XI hasta el XX, unos 2800. De estos, alrededor de 90 están escritos en griego. También tenemos un gran número de manuscritos escritos en latín, en lenguas romances como el catalán, galaico-portugués, italiano, castellano, y algunos escritos en hebreo y en árabe.

Entre los impresos, hay una colección de incunables de unos 480. Y una buena colección de impresos antiguos de los siglos XVI al XVIII. De fondo posterior la colección también es muy amplia, porque esta biblioteca fue la biblioteca general de la Universidad, que debía ofrecer obras de todas las disciplinas. Además, desde mediados de siglo XIX hasta 1982, cuando se creó la biblioteca pública de Salamanca, esta biblioteca era universitaria y provincial, es decir, daba servicio a toda la ciudad. También es importante la colección de prensa periódica y de revistas salmantinas, que es un fondo bastante consultado y que, en gran parte, está digitalizado y disponible en la red.

– ¿De qué fecha es el códice más antiguo que se conserva en esta biblioteca?

Normalmente hablamos del llamado Liber canticorum et horarum, un libro litúrgico, en latín, copiado el año 1059 para la reina Sancha de Castilla (Ms. 2668, pincha aquí para verlo). Pero entre el fondo griego se conserva otro que los especialistas fechan incluso antes, a comienzos ese mismo siglo, hacia 1006. Se trata del ms. 2738, con unas homilías de Juan Crisóstomo sobre el Evangelio de Mateo. Estaría copiado en uno de los monasterios griegos del Monte Atos.

– ¿Se hacen visitas guiadas abiertas al público general (no universitario)?

No. El público general solamente puede tener acceso a través del programa de visitas a monumentos del Ayuntamiento llamado “Las llaves de la ciudad”, que tiene lugar entre octubre y diciembre. Durante estos meses y dentro de este programa se realizan dos visitas semanales (una por la mañana y otra por la tarde) de unas 20-25 personas.

– ¿Cuántas personas trabajan para mantener y cuidar los fondos de la Biblioteca Histórica?

Hay cinco personas en la recepción, por turnos, que realizan también labores de limpieza de los libros, colocación e inspección de estanterías y cinco técnicos, que nos ocupamos de catalogación, difusión y atención a investigadores. También contamos con una persona de conservación y restauración y otra encargada de la reprografía, que ahora es básicamente digitalización.

– ¿Qué habría que estudiar o qué requisitos habría que cumplir para trabajar en una biblioteca como esta?

Al ser una biblioteca dependiente de las administraciones públicas, para obtener una plaza hay que aprobar una oposición, para la que se exige el grado o la licenciatura, sin especificar la carrera. Quiere decirse que no es necesaria una formación específica en biblioteconomía, salvo la que te da la preparación del temario.

En una biblioteca como esta tiene muchas ventajas el haber cursado carreras de humanidades (historia, arte, filologías) y, desde luego, filología clásica, porque hay un alto porcentaje de obras en latín, griego y otras lenguas. Conocimientos de codicología, transmisión de textos e historia del libro son esenciales, porque nos ayudan a comprender mejor los objetos que tenemos en las manos. Aunque he de decir que en todo esto se aprende algo cada día, después de ver muchos libros, comparar, realizar lecturas especializadas, etc. En fin, que aquí hay que saber de todo un poco.

– Si tuvieras que salvar un único códice de esta biblioteca, ¿cuál elegirías y por qué?

Mi obligación sería intentar salvar aquellos manuscritos que tienen una relevancia especial, como el Libro de buen amor, puesto que el manuscrito aquí conservado es el que tiene mayor cantidad de texto. O el comentario de fray Luis de León al libro de Job, porque tiene partes autógrafas. La decisión sería difícil porque son varios en los que nos encontramos con estas condiciones o parecidas. Por ejemplo, de las tres copias más antiguas del llamado Codex Calixtino, aquí está la única conservada en España.

También podría elegir la conocida como Tabulatio o expositio Senecae, del dominico Luca Mannelli, una especie de antología de textos se Séneca ordenada alfabéticamente y con comentarios, que solo se conserva en tres manuscritos, de los cuales este es el más lujoso y bello, no tanto por su decoración –que también– sino también por la disposición del comentario alrededor del texto.

– ¿Se siguen adquiriendo libros históricos o más bien se mantienen los que ya se conservan?

Esta es una biblioteca humilde con pocas posibilidades de adquirir nuevos fondos antiguos. Además de donaciones que podamos tener, nuestro criterio actual es comprar, si las llegamos a conocer o si nos las ofrece algún librero, obras relacionadas con la Universidad en general o con sus profesores, o con la ciudad. Aunque de vez en cuando realizamos alguna compra, es imposible conseguir todo lo que nos falta, incluso, por ejemplo, impresos salmantinos que, a pesar de lo que pueda parecer, no se encuentran aquí. Por ejemplo, hace ya varios años se compró a un librero inglés un tratado de música muy famoso del siglo XVI: era de un profesor de la Universidad, Francisco Salinas, y además editado aquí en Salamanca.

Una de las últimas adquisiciones fue un manuscrito del siglo XVIII con una Historia de la ciudad de Salamanca de Bernardo Dorado. Es una obra conocida, porque fue impresa, pero el manuscrito tiene alguna variante respecto a las ediciones y nos pareció interesante. Esta pieza se compró con la colaboración de Universidad, Ayuntamiento y Diputación. También hacemos un esfuerzo por comprar obras de referencia o monografías especializadas sobre historia del libro, ilustración de manuscritos e impresos, sobre las disciplinas que encontramos en los libros aquí conservados (por ejemplo, diccionarios de juristas, de humanistas, de obras clásicas y sus traducciones, etc.). En definitiva, herramientas que sirvan para comprender y estudiar las fuentes primarias que son los manuscritos e impresos que tenemos en la biblioteca.

– ¿Alguna anécdota o dato curioso sobre la Biblioteca?.

En unas constituciones de la biblioteca de 1776 se dice: «La experiencia ha demostrado que no están de más, y que antes bien son utilísimas todas las precauciones que se toman para la más segura custodia de los libros» y se mandaron poner las cédulas de excomunión que se ven en las puertas de la biblioteca y que se han reproducido en postales.

Como sabéis, en la Edad Media y a principios de la Moderna, los libros estaban fijados a los muebles, mitad estantería y mitad pupitre para consulta, con cadenas. Sin embargo, esto no sirvió de mucho porque hay varias menciones en los libros de claustros de que a veces la cadena era lo único que quedaba del libro que la llevaba, o de que se habían cortado hojas o cuadernillos. Ya a principios del siglo XVI, Hernando Colón había dicho «que vemos que es imposible guardarse los libros, aunque estén atados con cien cadenas». La anécdota tiene que ver de alguna forma con esta apropiación indebida de los objetos ajenos. En una ocasión tuve que atender la visita de un grupo. Aquella era una visita poco grata, porque nos había sido impuesta, era un grupo que venía e iba a visitar otros monumentos, y querían que se hiciera con prisa, cuando a nosotros nos gusta explicar bien las cosas. Efectivamente, vinieron con prisa y además el cicerone era un profesor que explicó cuatro cosas y a mí no me dejo abrir la boca. Normalmente, en las visitas yo muestro una pequeña monografía que tiene una imagen de libros encadenados, para explicar cómo eran las bibliotecas antiguamente. Con el batiburrillo yo había dejado mi libro medio abandonado en un sillón y ya nunca más lo volví a ver. Espero que quien lo tomó prestado indefinidamente lo haya aprovechado. Por cierto, os lo recomiendo, Copistas e iluminadores, de Christopher de Hamel, una breve y buena introducción sobre la confección de manuscritos.

Esta Biblioteca Histórica constituye uno de los grandes legados históricos de los que dispone la Universidad de Salamanca. Preservar esta cantidad de libros manuscritos e incunables hace que no perdamos el contacto con nuestro pasado y otorga un sello de calidad indiscutible a los estudios que se pueden hacer de ellos. Agradecemos enormemente a Óscar Lilao haber accedido a realizar esta entrevista y así poder dar a conocer los increíbles fondos bibliográficos que el personal de la biblioteca se encarga de mantener día a día.

Sandra Cruz Gutiérrez

 

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Reportaje sobre el acto de homenaje a Shakespeare del día 20 de abril

Como se anunció hace unos días en este blog, este pasado miércoles 20 de abril pudimos disfrutar de una escena del Julio César de Shakespeare en el patio del Palacio Anaya a cargo del grupo de teatro Caterva. El acto formaba parte del homenaje que está realizando la Facultad de Filología de la USAL con motivo del aniversario de Cervantes y Shakespeare.

La representación incluyó los discursos que Bruto y Marco Antonio pronuncian ante el pueblo de Roma, quien acaba de conocer la noticia de la muerte de Julio César. Esta escena a veces se ha utilizado como ejemplo del poder que tenía la oratoria para hacer cambiar de opinión a una multitud entera. Marco Antonio consigue cambiar la primera reacción de los romanos, quienes primero aprobaban la muerte del dictador y luego la condenan.

Las escaleras permitían que todos los asistentes se situaran rodeando a los actores mientras otros se integraban entre el público. Así se logró crear la sensación de que como espectador formabas parte de ese gentío que grita reaccionando según van avanzando los dos discursos.

La noticia de este acto fue recogida por Salamanca24horas y por Salamancartvaldia.

Quienes desconozcan esta escena, Joseph L. Mankiewicz dirigió una adaptación de la obra para el cine en la que James Mason hacía el papel de Bruto y Marlon Brando de Antonio. El audio original en inglés de la película completa se encuentra disponible en Spotify. La película se proyectó en una sesión abierta en la Facultad de Filología, tal y como se reflejó en este blog.

Texto: Marina Lozano Saiz

Fotos: Sandra Cruz GutiérrezIMG_2492 copiaIMG_2497IMG_2499IMG_2500IMG_2507IMG_2516

LECTURAS CERVANTINAS PARA UN HOMENAJE: UN CLÁSICO ENTRE CLÁSICOS

El pasado miércoles 20 de abril un centenar de “amantes de las letras” (con y sin título acreditativo) tuvimos ocasión de escuchar, durante casi dos horas, a Miguel de Cervantes conversando con los clásicos.

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El motivo fue el homenaje que la Facultad de Filología de Salamanca preparó para conmemorar el cuarto centenario de la muerte del padre del inmortal Don Quijote. Culpables, a quienes todos agradecemos su trabajo y buen gusto a la hora de elegir los textos y organizar todo el acto, Susana González Marín (departamento de Filología Clásica e Indoeuropeo) y Javier San José Lera (departamento de Literatura Española e Hispanoamericana). Presidiendo la sala, entre otros objetos, un busto de Homero, un ejemplar del Quijote, una calavera recordando a Shakespeare y un dibujo de Cervantes (original de Pablo Toussaint) proyectado en la pared frontal. Y como maestros de ceremonias, guías en ese viaje con la doble función de presentar los textos y a sus lectores, Emilio de Miguel Martínez y Juan Antonio González Iglesias.

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Con poco más de diez minutos de retraso y prácticamente todas las sillas del Aula Magna ocupadas daba comienzo el viaje. Olvidamos la lluvia y las preocupaciones particulares y nos trasladamos a esos mil lugares y tiempos que sólo la literatura permite recorrer sin pensar en dinero y maletas: no sólo recorrimos la Mancha en compañía de don Quijote y su fiel Sancho sino que también fuimos niños en la plaza de una ciudad griega escuchando a los rapsodas cantar la expedición a Troya, compañeros de Eneas en su viaje a Italia y ciudadanos romanos contemporáneos de César.

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Bajamos a los infiernos y subimos al Parnaso, nos codeamos con dioses y labradores, filósofos y caballeros, ninfas y princesas. Aprendimos sobre poesía, sobre modelos de héroes, sobre los castigos eternos y hasta de los mercaderes venecianos, que mandaban a sus hijos a aprender humanidades antes de tomar parte en el negocio familiar. Desde un atril se leía un texto cervantino; después, desde el otro, tomaban la palabra los clásicos grecolatinos, aquellos que ya no celebran centenarios sino bimilenarios y que habían inspirado el pasaje previo: Homero, Hesíodo, Cicerón, Ovidio, Virgilio…

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Todo el acto fue posible, además de por los promotores ya nombrados, por el buen hacer de los treinta lectores, estudiantes y profesores de los dos departamentos organizadores, que prepararon y recitaron los textos con gran maestría. Y es que, como señalaron los maestros de ceremonias, “los poetas necesitan la ayuda de las musas, y nosotros la de los lectores”. Sin ellos el acto habría sido frío y habría carecido de frescura. Pero el largo aplauso final y los comentarios del público confirmaron el éxito de la iniciativa común de ambos departamentos. Gracias a todos los que lo hicisteis posible.

Texto: Isabel Varillas Sánchez

Fotografías: Sandra Cruz Gutiérrez

Adjuntamos la lista de lectores que intervinieron:

ANA AGUD APARICIO
AROA ALGABA GRANERO
CAROLINA ÁLVAREZ MARCOS
ADELAIDA ANDRÉS SANZ
CECILIA ARES DEL TESO
SARA BONILLA RODRÍGUEZ
Mª JOSÉ CANTÓ LLORCA
ROSARIO CORTÉS TOVAR
NURIA CRUZ FERNÁNDEZ
SANDRA CRUZ GUTIÉRREZ
JOSÉ ALBERTO DÍAZ VALERO
FRANCISCO DAVID GARCÍA MARTÍN
LAURA GARRIDO DÍAZ
CARMEN GONZÁLEZ GÓMEZ
Mª PAZ DE HOZ GARCÍA-BELLIDO
MARINA LÓPEZ MOLINA
ALBERTO LÓPEZ REDONDO
MARTA MARTÍN DÍAZ
ZOE MARTÍN LAGO
EMILIO DE MIGUEL
PAULA PAVÓN RODRÍGUEZ
FEDERICO PEDREIRA NORES
ROCÍO PÉREZ CABRERA
AGUSTÍN RAMOS GUERREIRA
FABIOLA DEL RINCÓN FERNÁNDEZ
RODRIGO RÍO PÉREZ
PABLO TOUSSAINT NORIEGA
ISABEL VARILLAS SÁNCHEZ
EMILIA VELASCO MARCOS
ÁNGELA GABRIELA ZAMBRANA BERBETTI

Otras fotografías, cortesía de Mª Ángeles Martín y Javier San José:

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LORCA, LA GENERACIÓN DEL 27 Y LOS CLÁSICOS

El pasado mes de marzo tuvo lugar en la Fundación Pastor de Estudios Clásicos el congreso «Lorca,   la Generación del 27 y los Clásicos», que durante dos días resucitó el mundo de Federico García Lorca y sus coetáneos y nos enseñó con gran acierto cómo la Edad de Plata de la literatura española debía gran parte de su esplendor a la herencia y estudio de nuestros clásicos de Grecia y Roma. Con motivo del 80 aniversario del asesinato del poeta, los organizadores del congreso Marina Solís de Ovando Donoso (UAM) y Oliver Baldwin (KCL) con el apoyo de la «Fundación Federico García Lorca» decidieron convocar un homenaje a esta gran figura de la literatura española, invitando a especialistas y entusiastas de la obra del granadino y a expertos investigadores sobre la recepción de los clásicos a comienzos del siglo XX.

Desde la óptica de diversos ámbitos de la investigación (filología, dramaturgia, tradición y  recepción clásica) se ahondó en el inagotable estudio entre la relación de la Generación del 27 y los  antiguos. El congreso contó con la presencia de un gran experto en la adaptación de obras lorquianas a escena, el dramaturgo Alberto Conejero, quien expuso de forma brillante y apasionada la gran fuente de inspiración que supuso la obra clásica en la primera poesía del gran Federico. Los poemas La muerte de Pegaso, La aurora del siglo XX y La religión del porvenir recogen al mismo tiempo la tradición grecolatina y la actualidad de su propio mundo y pensamiento, clamando la vuelta a Grecia como renovación espiritual. Francisco García Jurado, profesor de Filología latina en la Universidad Complutense de Madrid, nos introdujo en la estética idealista de la tradición literaria a través del Soneto gongorino en que el poeta manda a su amor una paloma de Lorca, promulgando una nueva tradición que supera el concepto de “fuente” y se decanta por el estilo y diálogo entre los textos. A continuación, Carmen González Vázquez, profesora de Filología latina de la Universidad Autónoma de Madrid, tuvo la gran amabilidad de adelantarnos parte de su gran trabajo sobre la puesta en escena de los clásicos a comienzos del siglo XX en España, ahondando en todos los aspectos que llevaron a autores de la talla de Unamuno a escoger determinadas obras clásicas como forma de expresión. La última conferencia de la tarde corrió a cargo de Marina Solís de Ovando, doctoranda de la Universidad Autónoma de Madrid, quien con una sensibilidad poética única asumió el perfecto papel de Sibila y nos guió por el infierno particular de Federico en Poeta en Nueva York, trasladándonos a la América de comienzos de siglo y a la propia experiencia del granadino en sus calles.

La segunda sesión comenzó con una comunicación de Sandra Cruz Gutiérrez, doctoranda de la Universidad de Salamanca, acerca de la influencia de los recursos dramáticos del teatro griego clásico en la trilogía rural lorquiana, prestando especial atención al coro como elemento fundamental de la tragedia. Lorca reconocía en este mecanismo una pieza clave para la articulación de la obra trágica, que además de ser una composición lírica representaba los valores de las normas grupales de la sociedad frente a los deseos del protagonista. El profesor David López del Castillo, del IES Alameda de Osuna (Madrid) nos presentó a Cristobal de Castillejo, un autor español del siglo XVI casi desconocido y del que se resaltó su labor como adaptador de la fábula mitológica al verso castellano y su recepción en los autores de esta Edad de Plata de la literatura. En un giro completo a la influencia de la Antigüedad clásica en Lorca, Helena González Vaquerizo, ayudante doctora de la Universidad Autónoma de Madrid, mostró cómo en la Grecia del siglo XX se tomó la figura de Federico García Lorca como seña de identidad de la pasión española, dando lugar a  numerosos trabajos artísticos sobre su persona y su obra en todos los ámbitos posibles: desde la poesía hasta el teatro y, sobre todo, en la música. Por último y como cierre a este emotivo coloquio, Oliver Baldwin, del King´s College de Londres, nos conmovió con la trágica historia que se presenta en La Casa de Bernarda Alba a través de la ceguera simbólica que presenta su protagonista, Bernarda, en un gran paralelismo con el héroe trágico griego por excelencia: Edipo.

A través de estas conferencias quedó patente la gran influencia que el mundo antiguo tuvo en esta extraordinaria generación de artistas y sobre todo en el autor central de este congreso, Federico García Lorca, quien supo incorporar a su obra, conjugando tradición e innovación, elementos universales heredados del Mundo Antiguo, pues “los antiguos sabían muchas cosas que hemos olvidado”.

Sandra Cruz Gutiérrez

Lorca