La poesía lesbia y los lidios

Puede que nuestra generación de hojas sea por desgracia la que más conoce la distancia entre Lesbos y la costa anatolia. Lesbos, la isla cuya extensión se dibuja desde el continente, es hoy un limbo entre las esperanzas de un futuro prometedor y un el horror de un pasado destruido. Afganos, eritreos, sirios, iraquíes… Personas confinadas en auténticos campos de concentración tras una traumática travesía son forzadas por nuestras autoridades y nuestro silencio cotidiano a mirar atrás para convertirse en las más de las veces en estatuas de sal. Si en el s. XX Odysseas Elytis todavía podía mezclar vida y poesía al enorgullecerse de ascendencia lesbia, en este siglo desmemoriado difícilmente podremos dejar de asociar esta isla a las barbaries creadas por nuestra civilización.

La historia ha querido, además, que esos pocos kilómetros ahora infames vuelvan a separar el helenismo, al que siempre tildamos de europeo, de otra cultura, menos conocida y a la que etiquetamos de oriental sin mayor precisión. Esta es también la concepción que proyectamos hacia los tiempos de Safo y Alceo: una Grecia que prefigura un ideal de Europa y una Asia de bárbaros. De hecho, el mar, en una concepción anterior al turismo de sol y playa, era y es una fuente de calamidades – y no puedo olvidar aquí la fotografía del cadáver de Aylan – y de temor. A pesar de la sonrisa marina dibujada por Esquilo (ποντίων τε κυμάτων | ἀνήριϑμον γέλασμα, Prometeo encadenado vv. 89-90), en Lesbos las olas avanzaban contra las naves (parafraseando la ya canónica traducción de Joan Ferraté). Pero todavía más, la isla poblada por griegos al menos desde tiempos micénicos era en el s. VII-VI a.C. una unidad política y cultural muy diferente al continente que surgía en su horizonte levantino, una tierra dominada por el esplendor lidio.

Lidios 1
Fragmento de terracotta de mediados de s. VI a.C. procedente de Sardes (Museo de Manisa Nº. Inv. 1673) representando a un hombre barbudo pero sin bigote y con pendientes, al modo en que las fuentes griegas describen a los lidios.

Es cierto que conocemos algo de la historia política y militar de Lidia gracias, básicamente, a Heródoto y a algunos otros autores griegos de época clásica y romana. Sin embargo, para estos autores Lidia, el último Estado anatolio anterior a la conquista persa y a la posterior griega, era ya algo del pasado y, finalmente, poco más que una concepción geográfica. De hecho, sólo en la obra de Safo y Alceo encontramos un testimonio coetáneo de lo que fue un poderoso reino que influía y no poco en sus vidas griegas.

Los lidios no son el único pueblo mencionado en la poesía lesbia: hay influencias anatolias que van más allá de los lidios. Es de sobras conocido que el tópico de la ‘tierra negra’ (ya en la Ilíada 2.699, γαία μέλαινα), que encontramos hasta dos veces en Safo (περὶ γᾶς μελαίνας F 1 L-P y ἐπ[ὶ] γᾶν μέλαι[ν]αν F 16 L-P) y otras dos en Alceo (μελαίνας χθόνος F 8 L-P 38) parece continuar una tradición anatolia consolidada, a juzgar de expresiones hititas como danku tekan ‘la oscura tierra’ (en un ritual para la construcción de una casa), que en última instancia procede de Mesopotamia quizá por vía hurrita (pues también aparece en dicha expresión en esta última lengua, timerre eženi). En los últimos años, además, también hemos podido confirmar que algunas de las palabras ‘extrañas’ de este fragmentario corpus poético son préstamos de lenguas habladas en Anatolia. Es el caso de βεῦδος ‘vestido femenino, estatua’, palabra que ahora sabemos que procede del frigio bevdos.

Sea como sea, en el corpus poético lesbio los lidios destacan por su número de apariciones y por ser en algunos momentos una medida estética. Safo usa a los lidios para enfatizar su ansia por ver a su amada en el F 39 L-P:

τᾶ]ς κε βολλοίμαν ἔρατόν τε βᾶμα
κἀμάρυχμα λάμπρον ἴδην προσώπω
ἤ τὰ Λύδων ἄρματα καὶ πανόπλοις
πεσδομ]άχεντας.

Quisiera ver su andar, que mueve hacia el deseo,
y el luciente destello de su rostro,
antes que ver los carros guerreros de los lidios
y a sus infantes bien armados.

(Trad. Juan Manuel Macías)

También se asocia a la persona amada objetos fabricados por los lidios, explicitando, eso sí, su belleza:

Πόδας δὲ
Ποίκιλος μάσλης ἐκάλυπτε, Λύδι-
Ον κάλον ἔργον 
(Safo, F 39 L-P)

Sus pies
cubría el cuero artificioso, bello
trabajo de los lidios.

(Trad. Juan Manuel Macías)

Incluso los tocados y la moda femenina de Safo que entrevemos en los fragmentos parecen proceder de Sardes, la capital de los lidios:

ἀ̣λλ᾽ ἀ ξανθοτέρα<ι>ς ἔχη[
τ̣α<ὶ>ς κόμα<ι>ς δάϊδος προφ[
σ]τεφάνοιςιν ἐπαρτία[ις
ἀ̣νθέων ἐριθαλέων· [
μ]ι̣τράναν δ ̓ ἀρτίως κλ[
π̣οικίλαν ἀπὺ Σαρδίω[ν
(Safo, F 98 L-P)

Pero la que tenía el pelo
más amarillo que una antorcha,
para ésta era mejor aliño
ceñírselo con flor lozana;
mas recientemente, de Sardes…
coloridas diademas…
(Trad. Juan Manuel Macías)

Aunque no está del todo claro, Sardes parece volver a ser mencionado en otro fragmento en el que se habla de la amada destacando entre las lidias:

         ]Σαρδ.[..]
    πόλλακι τυίδε̣̣ [ν]ῶν ἔχοισα
ὠσπ.[…]. ώομεν, .[…]… χ[..].-
σε θἐαι σ´ικελαν ἀρι-
γνώται, σᾶι δὲ μάλιστ’ ἔχαιρε μόλπαι̣·
νῦν δὲ Λύδαισιν ἐμπρέπεται γυναί-
κεσσιν ὤς ποτ’ ἀελίω
δύντος ἀ βροδοδάκτυλος σελάννα
πάντα περρέχοισ’ ἄστρα· φάος δ’ἐπί-
σχει θάλασσαν ἐπ’ ἀλμύραν
ἴσως καὶ πολυανθέμοις ἀρούραις·
(Safo, F. 96 L-P)

… En Sardes …
tiene a menudo aquí sus pensamientos
… Para ella tú eras cual diosa manifiesta,
y tu cantar su máxima alegría.
Mas ahora sobresale entre las lidias
como la luna de rosados dedos,
al ponerse el sol, vence a todas las estrellas,
y su luz tiende por el mar salino
y por los pastos copiosos de flores.
(Trad. Juan Manuel Macías)

En el F. 132 L-P de Safo, Lidia parece ser tomada como elemento que hace destacar las virtudes de la persona amada. Sin embargo, ha quedado tan poco de esta composición que poca cosa puede apreciarse:

Ἔστι μοι κάλα πάις χρυςίοιςιν ἀνθέμοιςιν
ἐμφέρη<ν> ἔχοιςα μόρφαν Κλέις < > ἀγαπάτα,
ἀντὶ τᾶς ἔγωὐδὲ Λυδίαν παῖςαν οὐδ ̓ ἐράνναν…

Tengo una linda niña igual en hermosura
a las flores de oro, Cleis amada;
por ésta yo ni Lidia entera ni la ansiada…
(Trad. Juan Manuel Macías)

Con estos fragmentos queda claro que Lidia era una realidad muy presente en el día a día de Lesbos y que lo relacionado con esta cultura era prestigioso y valorado. Desgraciadamente, no podremos llegar a saber nunca hasta qué punto la poesía y la música lidia influyeron sobre la lesbia. De los lidios sólo conservamos inscripciones en materiales tales como piedra o cerámica y de su lengua, de la rama anatolia de las lenguas indoeuropeas, apenas se ha podido descifrar unas pocas palabras. Sin embargo, sabemos algunas cosas de la métrica que usaban y de su música y todo ello lleva a pensar que también en estas esferas los contactos con el mundo heleno serían fuertes. No es de extrañar que un helenista tan centrado en el mundo griego como Martin West hiciera algunas aproximaciones a la métrica lidia (y frigia), aunque, sea dicho de paso, con un resultado impropio de su fama.

Sin embargo, Lidia era una potencia política y militar y no sólo influía en su entorno exportando estética, sino que también procuraba controlar la política de sus áreas de influencia. Así pues, es normal que Alceo, cuando menciona a los lidios, hable de cómo aportaron dinero para derrocar a Pítaco, el tirano de Mitilene odiado por Alceo:

“Los lidios, padre Zeus, mortificados
por el caso, nos dieron dos mil piezas
por si acaso lográbamos entrar
            en la ciudad sagrada,
(Alceo, F. 69 L-P)

sin debernos siquiera ni un favor
ni apenas conocernos; y él, astuto
como un zorro, pronosticando el éxito
            creyó que iba a engañarnos.”
(Trad. J. Ferraté)

Lidios2
Moneda de oro lidia de la primera mitad del s. IV a.C., the British Museum (no. RPK,p146B.1.Sam, AN31772001). Fotografía: © The Trustees of the British Museum

Este fragmento de Alceo nos explicita que el arma lidia usada para cambiar el gobierno de un territorio vecino es la moneda, como si de un “patio trasero de los gringos” se tratara. Este es un elemento clave para acercarnos a los lidios porque precisamente ellos inventaron la moneda y son suyas las primeras acuñaciones, bellos estáteros de electro de finales del s. VII y principios del VI a.C., no mucho antes de que florecieran Safo y Alceo.

Bartomeu Obrador Cursach

 

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El acento sáfico de Julia Balbila

Si para las escritoras de nuestro tiempo Safo de Mitilene es, sin lugar a duda, un referente ineludible, también lo fue en la antigüedad. Es un hecho que la transmisión textual no ha sido benévola con las autoras antiguas y que nuestro conocimiento se limita a menudo a algunos fragmentos, unas pocas noticias esparcidas o, a lo sumo, un puñado de poemas. Irreparable, hemos perdido una parte importante de la literatura, aunque de tanto en tanto la sequedad de las arenas egipcias arranque algún nuevo verso del olvido. Sin embargo, de lo que nos ha llegado se desprende que las poetas griegas y latinas sentían la necesidad de vincular su obra a la más importante de las líricas arcaicas. Remito en este punto a la profesora Rosario Cortés, cuando en una entrada anterior de este mismo blog (23/10/2017) comentó que la creación de un canon de escrituras por parte del gynocriticism se basaba justamente en el estudio de “tradiciones compuestas por mujeres que se leyeran unas a otras y que llegaran a formar un continuum”.

No sin razón y de forma similar a otros recopilatorios, la helenista Maria Àngels Anglada tituló su antología de poetas helenísticas Les germanes de Safo (1983). A veces la referencia a Safo es sutil, en otras explícita. Este último es, por ejemplo, el caso de Nóside de Lócris (ca. 300 a.C.), que en un conocido poema se presenta como una locria igual a Safo:

Ὦ ξεῖν’, εἰ τύ γε πλεῖς ποτὶ καλλίχορον Μιτυλάναν
τᾶν Σαπφοῦς χαρίτων ἄνθος ἐναυσόμενος,
εἰπεῖν, ὡς Μούσαισι φίλαν τήνᾳ τε Λοκρὶς γᾶ
τίκτε μ’ ἴσαν χὤς μοι τοὔνομα Νοσσίς, ἴθι.

“Forastero, si navegas a Mitilene, la de bellas angladadanzas, para inspirarte en las gracias en flor de Safo, di que la tierra locria engendró a una igual también amada por las musas y que mi nombre es Nóside. ¡Ve!”

(Antologia Palatina 7.718)

Se podría escribir una historia de la poesía occidental escrita por mujeres saltando de evocación en evocación de Safo. Incluso en la modernidad, en una época en que apenas circulaban dos odas de la de Mitilene, Louise Labé fue llamada la “Sappho Lyonnaise”. A veces estas etiquetas son una creación reduccionista de la crítica masculina, como si toda poesía compuesta por mujeres se redujera a ser un epígono de la lesbia. Pero la verdad es que las propias mujeres a lo largo de la historia han tomado el nombre de Safo como una declaración de principios. Así nos lo demuestran casos como el de Renée Vivien (1877-1909), según escribió para Notae Tironianae Paula Pavón (18/02/2018).

Entre la ingente cantidad de escritoras actuales que reivindican en su propia obra su evocadora presencia, tengo una predilección especial por un pasaje de Carme Riera en Te deix, amor, la mar com a penyora (1971 – 1974), su primera obra publicada y una de las obras en catalán más impactantes y modernas del s. XX (a mi madre –¿cómo no?–  debo su primera lectura en la adolescencia). Se trata de un recopilatorio de cuentos que con total naturalidad tratan, entre otras cosas, la homosexualidad femenina. Aunque la prosa de estos cuentos pueda llevar a engaño, la poesía atraviesa todo el libro: desde el propio título del recopilatorio, un decasílabo perfecto (análogo del endecasílabo castellano), pasando por ecos y citas de poetas como Bartomeu Rosselló-Pòrcel, hasta el uso lírico de los dialectalismos mallorquines. En este contexto no es extraño que Riera sintiera la necesidad de evocar a Safo, aunque fuera mediante una pequeña emulación en un “fragmento nunca escrito de Safo”:3

Escolliré per sempre més la teva
absència, donzella,
perquè el que de veritat estim
no és el teu cos,
ni el record del teu cos
tan bell sota la lluna;
el que de veritat estim
és l’empremta que has deixat
sobre l’arena.

Fragment mai no escrit de Safo

Podríamos divagar sobre la extrañeza (acaso exotismo) resultante del sutil uso de un dialecto insular – si bien estandarizado – en la literatura culta. ¿No era eso el lesbio de Safo? Ciertamente, Safo no siempre fue evocada simplemente por su nombre, sino también por la lengua que usó. Ese fue el caso de la poeta que pretendía introducir en esta nota: Julia Balbila.

Julia Balbila (72 – 130) era una perfecta encarnación de su tiempo y de las altas esferas romanas en época imperial: descendía de los monarcas de Comagene, la última dinastía helenística, y de la élite griega y romana; formaba parte de la activa corte cultural de Adriano y Sabina, en uno de los momentos más filohelénicos del Imperio. Dejando de lado los acontecimientos relacionados con su familia, es poco lo que de ella sabemos. En su caso, la pérdida de información es especialmente dolorosa, pues lo poco que llegamos a vislumbrar de ella nos dibuja a una autora de un nivel cultural excepcional y de una personalidad única.

Sea como sea, Julia acompañaba a los emperadores en sus rutas culturales a lo largo y ancho del Imperio y por eso la encontramos en el destino turístico por excelencia de la antigüedad: Egipto. De hecho, es en esas latitudes, como veremos, donde se encuentran las únicas composiciones que de esta autora se han conservado.

Todo turista de época imperial que se preciara, por muy augusto que fuera, debía visitar los dos colosos de Amenhotep III en Tebas, más conocidos como Colosos de Memnón ya desde época ptolomea (al identificarse con el homérico rey de Etiopía por parte de los griegos), y dejar constancia epigráfica de ello. La singularidad de estas estatuas respecto a otros monumentos consistía en que tras un terremoto una de las estatuas resultó dañada de tal modo que por las mañanas emitía un peculiar chirrido (aparentemente producto de la dilatación por el cambio de temperatura). Se decía que la estatua cantaba. Esta historia nos la documenta el geógrafo Estrabón (17.1.46) que, como muchos otros insignes viajeros, visitó los colosos. La estatua que “cantaba”, está llena de inscripciones, tanto latinas como griegas que dan fe de haber oído a Memnón antes de que por una restauración posterior la estatua enmudeciera para siempre. Véase por ejemplo la siguiente inscripción latina (Bernand y Bernand 1960 nº 48) de quien años después sería un alto funcionario (ἴδιος λόγος) de la administración en Egipto:

T(itus) Statilius Maximus Severu[s]
Memnonem audio hor(a) (prima)
a(nte) d(iem) XII Kal(endas) Mart(ias) anno XX
Hadriani Imp(eratoris) n(ostri)

“Yo, Tito Estatilio Máximo Severo, oigo a Memnón en la primera hora del día doce anterior a las calendas de marzo del año vigésimo de nuestro emperador Adriano [= 136 d.C.]”

Unos pocos años antes de esta inscripción, en el 130 d.C., el mismo Adriano y su esposa Sabina visitaron los colosos de Tebas dejando constancia de ello mediante cinco inscripciones en lugares bien visibles de la estatua, una muy breve y prosaica y cuatro en dísticos elegíacos compuestos por Julia Balbila. La primera de las inscripciones apenas enfatiza el estatus de la emperatriz y conmemora el canto de la estatua, como es común en los otros grafittis de la estatua:

[Σα]βεῖνα Σεβαστὴ
[Αὐτο]κράτορος Καίσαρος
[Ἁδρια]ν̣οῦ, ἐντὸς ὥρας
[Μέμνονο]ς δὶς ἤκουσε

“Sabina Agusta, esposa del emperador César Adriano oyó a Memnón dos veces en una hora.” (Bernand y Bernand 1960 nº 32)

Por el contrario, las inscripciones de Julia Balbila son las más espectaculares puesto que están compuestas en dísticos elegíacos y en una lengua que imita el lesbio de Safo. Nótese que en uno de los fragmentos recientemente restaurado (Frag. 58 de Lobel-Page y Voigt) la propia Safo trata el mito de Titón, con cuyo hijo, Memnón, se identificaba el coloso sobre el que se inscribieron los poemas de Balbila. De manera que, sin nombrarla, la poesía lesbia se hace presente de una forma insólita, puesto que los ritmos eolios han sido sustituidos por la forma elegíaca. Esta reconsideración del lesbio por parte de Julia Balbila es algo excepcional, a pesar de que en su tiempo había una revalorización de los antiguos dialectos, un contexto que favoreció la apuesta de nuestra poeta y que sin duda sería del agrado de sus ilustres y cultos acompañantes. Sin embargo, a pesar de la original y hábil apuesta estética, apenas podemos juzgar a Julia como poeta, puesto que estas cuatro composiciones son totalmente circunstanciales: narran brevemente el mito de Memnón, constatan la presencia del emperador y de su esposa y cuentan cómo en el primer día de la visita la estatua no cantó para el emperador y su esposa (Bernand y Bernand 1960 nº 30), algo que sí sucedió en la segunda mañana (nº 28).

A continuación, comparto con los lectores de estas Notae las composiciones de Julia Balbila en versión original griega y en una traducción prosaica propia (sin grandes pretensiones estéticas).

Bernand y Bernand 1960 nº 28

beard(Foto tomada de Mary Beard en The Times Literary Supplement 12/01/2011)

1           Ἰουλίας Βαλ<β>ίλλης·
ὅτε ἤκουσε τοῦ Μέμνο<νο>ς
ὁ Σεβαστὸς Ἁδριανός.

Μέμνονα πυνθανόμαν Αἰγύπτιον, ἀλίω αὔγαι
5             αἰθόμενον, φώνην Θηβαΐ<κ>ω ’πυ λίθω.
Ἀδρίανον δ’ ἐσίδων, τὸν παμβασίληα, πρὶν αὔγας
ἀελίω χαίρην εἶπέ <ϝ>οι ὠς δύνατον.
Τίταν δ’ ὄττ’ ἐλάων λεύκοισι δι’ αἴθερος ἴπποις
ἐ̣ν̣ὶ σκίαι ὠράων δεύτερον ἦχε μέτρον,
10        ὠς χάλκοιο τύπεντ[ο]ς ἴη Μέμνων πάλιν αὔδαν
ὀξύτονον· χαίρω[ν κ]αὶ τρίτον ἆχον ἴη.
κοίρανος Ἀδρίανο[ς τότ’ ἄ]λις δ’ ἀσπάσσατο καὖτος
Μέμνονα, κἀν [στά]λαι κάλ̣λ̣ι[π]εν ὀψ[ι]γόνοις
γρόππατα σαμαίνο[ν]τά τ’ ὄσ’ εὔϊδε κὤσσ’ ἐσάκουσε,
15           δῆλον παῖσι δ’ ἔγε[ν]τ’ ὤς <ϝ>ε φίλισι θέοι.

“(Compuesto) por Julia Balbila cuando el augusto Adriano oyó a Memnón:

He oído decir que Memnón el egipcio, caldeado por los rayos del sol, emite un fuerte sonido de la piedra tebana. Al ver a Adriano, el más grande de los reyes, y antes de saludar a los rayos del sol, le habló como pudo. Pero cuando el Titán, atravesando el cielo con sus dos caballos blancos, retuvo la segunda parte del día en la sombra, Memnón emitió de nuevo un fuerte grito, un sonido muy agudo parecido al del bronce al golpearse. Todavía emitió un tercer grito saludándolo. Entonces el propio emperador Adriano saludó a Memnón como es debido y para la posteridad dejó incisos sobre la piedra unos versos que señalan todo lo que ha visto y oído. Quedó claro para todos que los dioses lo aman.”

Bernand y Bernand 1960 nº 29

1             ὅτε σὺν τῇ Σεβαστῇ Σαβείνη-
ι ἐγενόμην παρὰ τῷ Μέμνονι.

Αὔως καὶ γεράρω, Μέμνον, πάϊ Τιθώνοιο,
Θηβάας θάσσων ἄντα Δίος πόλιος,
5          ἢ Ἀμένωθ, βασίλευ Αἰγύπτιε, τὼς ἐνέποισιν
ἴρηες μύθων τῶν παλάων ἴδριες,
χαῖρε, καὶ αὐδάσαις πρόφρων ἀσπάσ̣δ̣ε[ο κ]αὔτ[αν]
τὰν σέμναν ἄλοχον κοιράνω Ἀδριάνω.
γλῶσσαν μέν τοι τμᾶξε [κ]αὶ ὤατα βάρβαρο̣ς̣ ἄνηρ,
10           Καμβύσαις ἄθεος· τῶ ῥα λύγρῳ θαν̣άτῳ
δῶκέν τοι ποίναν τὤτωι ἅκ[ρῳ] ἄορι πλάγεις
τῷ νήλας Ἆπιν κάκτανε τὸν θέϊον.
ἀλλ’ ἔγω οὐ δοκίμωμι σέθεν τόδ’ ὄ̣λ̣εσθ’ ἂ̣ν ἄγαλμα,
ψύχαν δ’ ἀθανάταν λοίπ̣ο̣ν̣ ἔσωσ̣α̣ νόῳ.
15        εὐσέβεες γὰρ ἔμοι γένεται πάπποι τ’ ἐγένο̣ντο,
Βάλβιλλός τ’ ὀ σόφος κ’ Ἀντίοχος βασίλευς,
Βάλβιλλος γενέταις μᾶτρος βασιλήϊδος ἄμμας̣,
τῶ πάτε̣ρος δὲ πάτηρ Ἀντίοχος βασίλευς·
κήνων ἐκ γενέας κἄγω λόχον αἶμα τὸ κᾶλον,
20           Βαλβίλλας δ’ ἔμεθεν γρόπτα τάδ’ εὐσέβεος.

“(Compuesto) cuando estuve junto a Memnón con la augusta Sabina:

Memnón, hijo de la Aurora y del venerable Titón, sentado en frente de Tebas, la ciudad de Zeus, o Amenoth, rey egipcio, según sostienen los sacerdotes expertos en mitos antiguos, recibe mi saludo y acoge con tu habla a la noble esposa del soberano Adriano. Un bárbaro, el impío Cambises, te cortó la lengua y las orejas, pagándolo con una funesta muerte al ser atravesado con la misma punta de espada con la que el despiadado mató al divino Apis. No puedo ni pensar en que tu estatua peligre, cuando percibo en mis adentros un alma en adelante inmortal. Fueron piadosos mis padres y mis abuelos, Balbilo el sabio y el rey Antíoco: Balbilo engendró a mi madre, la reina, y el rey Antíoco al padre de mi padre. Por esta estirpe yo, Balbila la piadosa, también soy de sangre noble y estos son mis escritos.”

Bernand y Bernand 1960 nº 30
1            ὅτε τῇ πρώτῃ ἡμέρᾳ οὐκ ἀ-
κούσαμεν τοῦ Μέμνονος.

χθίσδον μέν Μέμνων σίγαις ἀπε[δέξατ’ ἀκ]οίτα[ν](?),
ὠς πάλιν ἀ κάλα τυῖδε Σάβιννα μ̣ό[λοι].
5          τέ̣ρπει γάρ σ’ ἐράτα μόρφα βασιλήϊδος ἄμ̣μας,
ἐλθοίσαι δ’ [α]ὔ̣ται θήϊον ἄ̣χον ἴη,
μὴ καί τοι βασίλευς κοτέ̣σῃ, τό νυ δᾶρον ἀτά[ρβης]
τὰν σέμναν κατέ̣χ̣ες κουριδίαν ἄλοχον.
κὠ Μέμνων τρέσσαις μεγάλω μένος Ἀδρι[άνοιο]
10           ἐξαπίνας αὔδασ’, ἀ δ’ ὀΐοισ’ ἐχάρη.

“(Compuesto) cuando en el primer día no oímos a Memnón.

Ayer Memnón recibió a la esposa (de Adriano) en silencio. Así que vuelva de nuevo la bella Sabina. Puesto que la belleza de nuestra reina te deleita, lánzale un grito divino a su llegada para que el rey no se enfade contigo: ya por demasiado tiempo has retenido sin temor alguno a su noble esposa. Y estremeciéndote, Memnón, ante el poder del gran Adriano, de repente hablaste y ella se alegró al oírte.”

Bernand y Bernand 1960 nº 31

bond(Foto tomada de la conmemoración del ocho de marzo de la profesora Sarah Bond en Twitter)

1          ἔκλυον αὐδήσαντος ἔγω ’πυ λίθω Βάλβιλλα
φώνα<ς> τᾶς θεΐας Μέμνονος ἢ Φαμένωθ.
ἦλθον ὔμοι δ’ ἐράται βασιλήϊδι τυῖδε Σαβίννᾳ,
ὤρας δὲ πρώτας ἄλιος ἦχε δρόμος.
5          κοιράνω{ι} Ἀδριάνω πέμπτῳ δεκότῳ δ’ ἐνιαύτῳ,
<φῶτ>α δ’ ἔχεσκε<ν> Ἄθυρ εἴκοσι καὶ πέσυρα.
εἰκόστῳ πέμπτῳ δ’ ἄματι μῆνος Ἄθυρ.

“Yo, Balbila, he oído la voz divina de Memnón o Famenoth procedente de la piedra parlante. Llegué aquí junto a la querida reina Sabina en la primera hora en que el sol hace su camino. En el año quince del reinado de Adriano, Atir estaba ya en su vigésimo cuarto día. (Grabado) en el vigésimo quinto día del mes Atir.”

Para más información:

Bernand, A., y E. Bernand,1960, Les inscriptions grecques et latines du colosse de
Memnon, Paris.

Brennan, T. C., 1998, “The Poets Julia Balbilla and Damo at the Colossus of Memnon”,
Classical World 91, 215–34.

Rosenmeyer, P., 2008, “Greek Verse Inscriptions in Roman Egypt: Julia Balbilla’s Sapphic Voice”, Classical Antiquity, 27, 2, 334–358.

Bartomeu Obrador Cursach

Minientrada

La entrada “Safo de Lesbos: el Poema de los Hermanos” en origen se publicó incompleta.  Una vez subsanado el error os invitamos a leerla nuevamente. Nuestras disculpas al autor y a los lectores.

Susana González

 

Otra vez Safo de Lesbos: El “Poema de los hermanos”

Safo de Lesbos: El “Poema de los hermanos”

En un ciclo dedicado a escritoras de la Antigüedad sería inexcusable la ausencia de Safo de Mitilene, la más conocida de todas ellas. Sería osado por mi parte tratar siquiera de ofrecer un panorama somero de su celebrada poesía, en la que predominaban las experiencias amorosas y sus efectos emocionales, descritos con una rara precisión y capacidad introspectiva. Me centraré en un texto que para asombro general salió a la luz hace tan solo tres años, después de quedar salvaguardado en un papiro bajo las arenas del desierto egipcio durante largos siglos. La noticia corrió como la pólvora una fría mañana de enero de 2014, cuando en las redes sociales empezó a difundirse que se había descubierto un nuevo poema de Safo en un magnífico estado. Se dice que las universidades de alta prosapia son el peor lugar para guardar secretos, y eso fue lo que ocurrió con el poema de marras. Lo que parecía ser un simple borrador colocado por un papirólogo de Oxford, Dirk Obbink, en una carpeta personal en abierto, quizá para consulta de unos pocos colegas, acabó leído y descargado por masas de curiosos. El tesoro custodiado no era menor: cinco estrofas completas de un poema de Safo, con todos los versos intactos y ningún problema textual, un caso insólito entre los hallazgos papiráceos, casi siempre repletos de lagunas, con textos truncados y muy a menudo miserables. Por su contenido, el poema empezó a conocerse desde el primer momento como “Poema de los hermanos”. Este es el texto (en el que se supone que falta la primera estrofa, versos 1-4):

safo.jpg

ἀλλ’ ἄϊ θρύληϲθα Χάραξον ἔλθην             5
νᾶϊ ϲὺν πλήαι. τὰ μέν̣ οἴο̣μα̣ι Ζεῦϲ
οἶδε ϲύμπαντέϲ τε θέοι· ϲὲ δ̣᾽οὐ χρῆ
⸏ταῦτα νόηϲθαι,
ἀλλὰ καὶ πέμπην ἔμε καὶ κέλεϲθαι
πόλλα λί̣ϲϲεϲθαι βαϲί̣λ̣η̣αν Ἤ̣ραν            10
ἐξίκεϲθαι τυίδε ϲάαν ἄγοντα
⸏νᾶα Χάραξον
κἄμμ’ ἐπεύρην ἀρτ̣έ̣μεαϲ. τὰ δ’ ἄλλα
πάντα δαιμόνεϲϲιν ἐπι̣τ̣ρόπωμεν·
εὐδίαι̣ γὰρ̣ ἐκ μεγάλαν ἀήτα̣ν̣                   15
⸏αἶψα πέ̣λ̣ο̣νται.
τῶν κε βόλληται βαϲίλευϲ Ὀλύμπω
δαίμον’ ἐκ πόνων ἐπάρωγον ἤδη
περτρόπην, κῆνοι μ̣άκαρεϲ πέλονται
⸏καὶ πολύολβοι·                                      20
κ̣ἄμμεϲ, αἴ κε τὰν κεφάλα̣ν ἀέρρ̣ηι
Λάρι̣χοϲ καὶ δή ποτ᾽ ἄνη̣ρ γένηται,
καὶ μάλ’ ἐκ πόλλαν βαρ̣υθυ̣μίαν̣ κεν
⸏αἶψα λύθειμεν.

Mas no dejabas de repetir que Caraxo vendría    5
con el barco lleno. Eso, me parece, Zeus
lo sabe y los dioses al completo. Pero no debes
darle vueltas,
sino enviarme y ordenarme
que eleve muchas plegarias a la reina Hera        10
para que llegue hasta aquí con el barco
a salvo Caraxo,
y nos encuentre indemnes. Todo lo demás
confiémoslo a las deidades.
Las calmas tras grandes tempestades                              15
pronto llegan.
A quienes quiera el rey del Olimpo
que su deidad protectora les aparte
de las penas, esos son dichosos
y muy felices.                                                  20
Y nosotras, si alza la cabeza
Larico y se hace hombre un día,
de muchísimas pesadumbres
pronto nos liberaríamos.                                 25

El poema dejó fríos a muchos lectores por su ausencia de sentimientos, su sintaxis enrevesada, la inclusión de sentencias muy tópicas y el tono de circunstancias. Todo ello puede deberse a que se trata de una pieza de juventud, propia de una poetisa aún en ciernes. Con todo, su valor es enorme, porque a través de estos versos podemos echar un vistazo casi indiscreto al ámbito doméstico de Safo. Sus palabras se dirigen a una persona cercana, probablemente su madre, preocupada por la vuelta segura del hermano de Safo, Caraxo, dedicado al comercio de vino, como sabemos por otras fuentes. La autora pide a su destinataria que confíe en los dioses y que le mande suplicar a Hera (diosa de las tempestades) por el bien de su hermano y de ellas dos. El problema de fondo es la ausencia de una autoridad masculina en la familia, entonces fundamental para su protección y sostenimiento económico. Safo y su madre se sienten desamparadas porque seguramente el padre ha fallecido y el hermano mayor está lejos, sin que sepan cuándo y cómo regresará, así que ponen todas sus esperanzas en el hermano pequeño, Larico, que una vez se haga adulto podrá ocuparse de ellas y librarlas de su inquietud.

No fue el único poema que transmitían los papiros que salieron a la luz. Diversos fragmentos permitieron colmar varias lagunas de poemas previamente conocidos (16, 16a, 17, 18, 18a, 5 y 9 Voigt) y descubrieron una nueva pieza, el “Poema de Cipris”, en que la autora recrimina a Afrodita su mal de amores. Para más información me tomo la licencia de remitir a una compilación y traducción de los textos que colgué en Academia.edu, a un artículo de la Prof. Henar Velasco en Emerita sobre Hera en el “Poema de los hermanos” y a un excelente volumen colectivo sobre la “Novísima Safo” en Brill.

Marco Antonio Santamaría Álvarez

 

 

Nueva traducción de Safo

Saludamos la aparición de una nueva traducción de Safo, la de Juan Manuel Macías (filólogo, poeta, traductor, entre otros, de Cavafis y de Maria Polydouri, y Premio 2013 de la Sociedad Griega de Traductores de Literatura), publicada en La Oficina de Arte y Ediciones, una pequeña editorial que, como su nombre indica, desde hace tiempo nos ofrece libros que aúnan la calidad de los textos con la belleza visual (Si quieres saber más de ella, pincha aquí). Con estas Poesías de Safo y con una nueva traducción de El retrato del artista adolescente, la editorial inaugura su nueva colección de Clásicos Universales, que esperamos que incluya más obras de nuestros antiguos clásicos. (Estamos seguros de que así será puesto que La Oficina cuenta en su catálogo con originales propuestas como, por ejemplo, la edición de los Edipos de Sófocles y Hölderlin en una edición trilingüe que incluye un DVD con el «Edipo re» de Pier Paolo Pasolini.)

El libro de Poesías de Safo es una edición bilingüe con prólogo y notas del mismo traductor, Juan Manuel Macías. El próximo miércoles 21 será presentado en Madrid a las 19:00 horas, en la librería Rafael Alberti (C./ Tutor 57). (Puedes ver aquí el anuncio de su publicación y un video relacionado en el blog de Macías)

Susana González

Safo y Renée Vivien

“Et je cherche et je regrette”.

Así es como reinterpeta Renée Vivien uno de los versos, quizá más bellos, de Safo: “καὶ ποθήω καὶ μάομαι…” (“y añoro y ansiosa busco…”). Si bien es cierto que no conocemos en qué contexto escribió esto Safo, sí podemos más o menos hacernos a la idea de qué era lo que pasaba por la vida de Renée.

Tras marchar de su casa en Londres haciendo uso de la herencia de su padre en 1901, Pauline Mary Tarn renace como René Vivien, aunque añadiría una segunda “e” tres poemarios más tarde. Es la Dama de las Violetas, epíteto que es promesa a su primer amor, fallecido ese mismo año: Violet Shillito. La poesía de Renée se caracteriza por la pulsión romántica entre la violencia interna y la delicadeza. Joven, ansiosa de recorrer y conocer mundo, sin escrúpulos ni temor a probar nada que envenenara su cuerpo, Vivien se asimila al París bohemio que todavía conservaba retazos del fin de siglo, especialmente a lo que es la esfera lésbica y protofeminista del momento. Ensalzando su propia sexualidad y cantándola por doquier, se convierte en sacerdotisa de Safo, igual que lo fuera esta de Afrodita. No le avergüenza mostrar su amor, pasearse con sus amantes femeninas por las calles o los salones. Hélène de Zulyen le proporcionaría la necesaria estabilidad emocional y económica en su vida, y Kérime Turkham Pasha el exotismo y orientalismo que le apasionaban, junto con la simbología propia que recogería la tradición de Safo: el uso de las violetas, como las que colocaría en el lugar de su corazón en su último intento de suicido. Si Pierre Louÿs escribió una Safo para un público masculino, Renée la abrazaría por completo, reclamándola por completo a su esfera/para su espacio, el territorio de lo femenino.

La búsqueda de algo que se ha perdido y ya no se puede encontrar, el amor con un afectuoso remordimiento, la búsqueda de un deseo inalcanzable, la añoranza envenenada, forman parte de las sensaciones que Vivien suele reproducir en sus poemas, aunque con un elemento más tóxico, más desesperado, en su última etapa: tras ser abandonada por Kérime y Zulyen con apenas un año de diferencia, y después de su último viaje a Japón y Hawaii, Vivien se encuentra sola, desgastada, enferma. La poca cordura que había conseguido mantener desaparece, maltratando su cuerpo y abusando de alcohol y drogas hasta el extremo. Es en esta última etapa en la que situamos la reinterpretación del fragmento 36, en el poemario Sillages, “Estelas”. La enfermedad y el cansancio psíquico que había estado acumulando la arrastrarían a ese suicidio con zumo de láudano ya mencionado, que, en vez de a la muerte, solo la llevaría a una desesperación aún mayor y marcaría el final de su vida como poetisa.

No solo la codificadora de la Safo moderna, sino una reencarnación oscura y turbulenta, Renée Vivien no moriría creando un impacto, de manera romántica y rodeada de musas, sino por la lenta agonía de la neumonía.

Pequeño poema erótico

Y yo lamento, y busco tu dulce beso.
¿Qué mujer sabría deleitarme y apaciguarme?
¿Cuál traería antiguas voluptuosidades
Sobre los labios sin maquillaje y semejantes?
Yo sé que tú mentías, tu risa sonaba cruel.
Pero tu beso fue lento, estrecho y delicioso
Se retardaba, y ese beso alcanzaba el alma,
Porque tú eras a la vez la serpiente y la mujer.
Pero recuerda la forma en que te amaba…
¿Acaso yo no soy nada para tu carne? Si jamás
Tañes mi nombre en el instante de mi defensa
Recuerda ese grito seguido de un gran silencio.
Ya no sé amar los bellos cantos ni los lirios,
Y mi casa me parece un gran mausoleo.
Yo, que quisiera cantar, permanezco muda.
Deseo y busco y sobre todo lamento.

(Sillages, 1908)

 

Paula Pavón Rodríguez

Lesbos, ayer y hoy

Tras las conocidas oleadas de refugiados de la guerra de Siria, la bucólica isla de Lesbos, patria de los egregios poetas Safo y Alceo, se ha visto invadida por miles de inmigrantes.
Según los tratados de la UE, todos los países miembros están obligados a recibir a los refugiados en sus fronteras, pero debido a la demora para ejecutar estos acuerdos, en Lesbos –entre otros lugares mediterráneos–, se han congregado unas 5000 personas viviendo en condiciones infrahumanas.
Sin embargo, no siempre fueron así las cosas en esta isla. En la Antigüedad, bien es sabido que toda la costa de la actual Turquía (las antiguas Eolia y Jonia) fue pionera en cultura, economía y sociedad, así como en grandes géneros literarios como la épica –la Ilíada y la Odisea– y la lírica.
Lesbos por aquel entonces sería el lugar perfecto para los artistas que querían hacer florecer su talento, y en este ambiente nació Safo, la poetisa más conocida de la historia antigua.
Safo y Alceo de Lesbos vivieron entre los siglos VII y VI a. C. y cultivaron el género de la lírica monódica, cantada a una sola voz y de la cual nos han llegado bellos poemas que pincelan el amor y la naturaleza con una profunda delicadeza.
Poco se sabe de la vida de Safo, excepto que pertenecía a una clase noble e instruyó a numerosas muchachas en el culto a Afrodita y en el arte de la poesía, a las cuales dedicó varios poemas cargados de amor y nostalgia tras haberse ido. Es por esto por lo que Lesbos se convirtió en el emblema del amor entre mujeres, de donde surge el término “lesbiana”. Aun con todo esto, los datos biográficos de Safo que transmiten otros autores son exiguos y es arriesgado hacer reconstrucciones a partir de los datos de los poemas.

Dicen que una tropa de carros unos,
otros que de infantes, de naves otros,
es lo más hermoso en la negra tierra;
yo que todo aquello de lo que uno se ha enamorado.
Y es sencillo hacer que cualquiera entienda
esto, pues Helena, que aventajaba
en belleza a todos, a su marido,
alto en honores,
lo dejó y se fue por el mar a Troya,
y ni de su hija o sus propios padres
quiso ya acordarse, pues fue llevada


y esto me recuerda que mi Anactoria
no está presente,
de ella ver quisiera el andar amable
y la clara luz de su rostro antes
que a los carros lidios o a mil guerreros
llenos de armas.

Trad. de Juan Manuel Rodríguez Tobal.

Marcos Medrano Duque