American Caesar

Hace algunos meses la profesora Susana González publicaba en este blog [pincha aquí] algunas notas sobre la poca afortunada comparación entre César y el que ya es cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos de América. Ahora que ya se ha apaciguado el exacerbado cesarianismo que cada marzo repunta quizá sea un buen momento para explorar una página menos manida —y más rock— de la recurrente identificación de Roma y los EE.UU.

Caesar lives.

Classics Ireland es una revista que con dificultad encuentre un lugar entre los primeros puestos de los rankings de impacto. Editada por la Classical Association of Ireland durante veinte años, su último número vio la luz en 2013. Sin embargo, Classics Ireland puede arrogarse una singularidad dentro de las publicaciones especializadas en este campo: es la única revista especializada en la Antigüedad Clásica que ha incluido un texto firmado por Iggy Pop. En su segundo número, en 1995, publicó “Caesar lives”, cuyo texto reproducimos.

Caesar lives

In 1982, horrified by the meanness, tedium and depravity of my existence as I toured the American South playing rock and roll music and going crazy in public, I purchased an abridged copy of The Decline and Fall of the Roman Empire (Dero Saunders, Penguin). The grandeur of the subject appealed to me, as did the cameo illustration of Edward Gibbon, the author, on the front cover. He looked like a heavy dude. Being in a political business, I had long made a habit of reading biographies of wilful characters —Hitler, Churchill, MacArthur, Brando— with large profiles, and I also enjoyed books on war and political intrigue, as I could relate the action to my own situation in the music business, which is not about music at all, but is a kind of religion-rental.

I would read with pleasure around 4 am, with my drugs and whisky in cheap motels, savouring the clash of beliefs, personalities and values, played out on antiquity’s stage by crowds of the vulgar, led by huge archetypal characters. And that was the end of that. Or so I thought.

Eleven years later I stood in a dilapidated but elegant room in a rotting mansion in New Orleans, and listened as a piece of music strange to my ears pulled me back to ancient Rome and called forth those ghosts to merge in hilarious, bilious pretence with the Schwartzkopfs, Schwartzeneggers and Sheratons of modern American money and muscle-myth. Out of me poured information I had no idea I ever knew, let alone retained, in an extemporaneous soliloquy I called ‘Caesar’. When I listened back, it made me laugh my ass off because it was so true. America is Rome. Of course, why shouldn’t it be? All of Western life and institutions today are traceable to the Romans and their world. We are all Roman children for better or worse.

The best part of this experience came after the fact ­—my wife gave me a beautiful edition in three volumes of the magnificent original unabridged Decline and Fall, and since then the pleasure and profit have been all mine as I enjoy the wonderful language, organization and scope of this masterwork. Here are just some of the ways I benefit:

  1. I feel a great comfort and relief knowing that there were others who lived and died and thought and fought so long ago; I feel less tyrannized by the present day.
  2. I learn much about the way our society really works, because the system-origins —military, religious, political, colonial, agricultural, financial— are all there to be scrutinized in their infancy. I have gained perspective.
  3. The language in which the book is written is rich and complete, as the language of today is not.
  4. I find out how little I know.
  5. I am inspired by the will and erudition which enabled Gibbon to complete a work of twenty-odd years. The guy stuck with things.

I urge anyone who wants life on earth to really come alive for them to enjoy the beautiful ancestral ancient world.

New York City.

The author’s album, American Caesar (Virgin Records 1993), is available from all record shops.

An extemporaneous soliloquy.

El “cesarianismo” de la Iguana de Detroit, más allá de su famosa portada para, irónicamente, la revista Little Caesar en su octavo número, alcanza su punto álgido en ese soliloquio, ‘Caesar’ (pincha aquí para escucharlo y aquí, si quieres leer la letra), al que alude en su texto para Classics Ireland. Cortes como ‘Wild American’, con la conradiana frase «Extermine the brutes» casi a modo de estribillo, ‘Mixin’ the colors’ o ‘Hate’ han ido preparando ya el tono.

A punto de cerrar su American Caesar el monólogo resulta extemporáneo no solo por ser una improvisación en una mansión de Nueva Orleans sino por su situación más allá del tiempo, asentando al emperador Iggy en una cómoda acronía: anuncia al pueblo de América la llegada de un gran ejército para preservar la paz, alude a dos de los productos que marcaron el comercio global, primero la seda durante la Edad Antigua y después el té durante la Moderna, se pregunta por esos exóticos cristianos —en los que Gibbon hacía descansar parte de la culpa de la caída del Imperio Romano— y tiene la resolución de arrojarlos a los leones; ya nadie cree en los dioses antiguos, su culto es fatigoso y, en suma, el Imperio está cansado. Y sí, claro, un anciano adivino advierte de los peligros de las idus de marzo.

Bonus track: Roman children for better or worse.

La pista anterior al ‘Caesar’ es una versión del ‘Louie, Louie’ de Richard Berry que en su momento popularizaron The Kingsmen y que desde entonces ha conocido más de 1500 versiones de diferentes grupos como The Beach Boys [aquí], Motörhead [aquí], Joan Jett and the Blackhearts [aquí] o The Clash [aquí]. Incluso Iggy and the Stooges a mediados de los setenta grabaron su propia versión [aquí], alterando algo la letra original e improvisando para enfurecer más a los Scorpions, una banda de moteros de Detroit, como quedó registrado en el Metallic K.O., disco que tiene la fama de ser, de acuerdo con el crítico de Creem y Rolling Stone Lester Bangs, «the only rock album I know where you can actually hear hurled beer bottles breaking against guitar strings». Sin embargo, el ‘Louie, Louie’ del American Caesar reescribe casi por completo la canción adaptándola a la caída del muro de Berlín, a esa «life after Bush & Gorbachev» [pincha aquí para escucharlo y aquí si quieres leer la letra].

Es el tema que Michel Moore eligió para los créditos iniciales de su Capitalism: a love story (2009) [pincha aquí].

moore

Quizá no sea la única influencia de Iggy Pop en el documental. Inmediatamente después de que ‘Louie, Louie’ termine, Moore nos presenta fragmentos de uno de los documentales producidos por Encyclopaedia Britannica Films sobre Roma, alternándolos con imágenes de Estados Unidos sin que la voz en off deje de ir anotando los síntomas de la decadencia y caída del Imperio Romano.

A todo esto, ese hombre dibujado de espaldas en la portada del documental, con ese pelo… Juraría haberlo visto en algún otro sitio.

Diego Corral Varela

Estrogenuinas: punk et circenses

Estrogenuinas es un grupo salmantino formado desde sus inicios por Ángela Álvarez (guitarra y voz), Carolina Álvarez (bajo y coros) y María Gómez (guitarra y coros). El puesto de baterista ha sido ocupado sucesivamente por Rebeca Serrada (2011-14), Elena Nieto (2014-15) y, actualmente, Darío Dagomsa (2016). En mayo de 2013 lanzaron su primer disco autoeditado “De Guijuelo a Wisconsin” y desde esa fecha han participado en programas de radio, televisión y hasta de un cameo en la película Ärtyco (2014) de Gabriel Velázquez. Compartieron escenario con Vinila Von Bismark, Pantones, Novedades Carminha, Pony Bravo y Belako, entre otros. En 2015 formaron parte del cartel del Sonorama Ribera y en este 2016 hicieron lo propio en el Irún Rock Festival. Durante el mes de abril de este año se dejarán ver en Uburama.

La formación posee una presencia activa en redes sociales tal como lo prueban sus cuentas en Facebook, Twitter, Bandcamp y Youtube. De la primera, se extrae una frase notable con la cual definen su música: “hacemos ‘chirll-out’: lo que nos sale de la chirla”.

El mundo del rock cuenta con un buen número de músicos con trayectoria académica. Greg Graffin, vocalista de Bad Religion, es PhD y profesor en la UCLA. Dexter Holland, cantante y guitarrista de The Offspring, posee un máster en biología molecular, entre muchos ejemplos. En el caso de Estrogenuinas, una de sus integrantes es alumna del grado en filología clásica.

Estrogenuinas versión 2014-15. De izq. a der: Elena Nieto, Ángela Álvarez, Carolina Álvarez y María Gómez.

Voy a un concierto para observarlas en directo y conocer personalmente a Carolina Álvarez, bajista del grupo y estudiante de clásicas en la USal. Antes del show, me presento y le formulo algunas preguntas:

—¿Cómo te acercaste a la música?

—Siempre me han gustado los grupos de punk femeninos como Bikini Kill o L7 y, dado que mi hermana tocaba la guitarra, se nos ocurrió formar un grupo que siguiera las inspiraciones del riot grrrl, movimiento feminista de principios de los 90, que dejó notar su influencia en el punk. Pero más tarde, a medida que íbamos componiendo las canciones, el grupo adquirió su propia personalidad, satírica y burlona con un amplia variedad temática.

Carolina Álvarez

—Entonces, ¿por eso la elección del punk?

—En primer lugar porque es lo que escuchamos. Y en segundo, debido a su sencillez a nivel compositivo y a la crítica que implica, se convierte en el género musical idóneo para nuestras canciones. En la mayoría de ellas contamos una historia y, si diéramos más importancia a la parte musical, el mensaje que queremos transmitir quedaría en un segundo plano. El punk es incisivo, directo y consigue que las letras no pasen desapercibidas.

—¿Lo clásico tiene lugar en la música de Estrogenuinas?

—Todas hicimos el bachillerato de humanidades y, a la hora de componer las letras, esto nos ha influido en buena medida. Por ejemplo, tenemos una canción llamada Hardkoré que trata sobre la Koré del Peplo. El título es un juego de palabras que alude a una koré aficionada al hardcore, un subgénero del punk. La canción da algunas nociones sobre cómo eran estas esculturas al tiempo que incluye referencias a ese estilo musical. También tenemos otra, Nietzsche es mi fetiche, dedicada al filósofo y filólogo clásico. En ella hacemos una síntesis de su filosofía. Todo ello en clave de humor.

Quien haya visto a Estrogenuinas coincidirá en que es una banda musicalmente compacta que despliega una energía intensa en sus directos. Pero además, poseen una actitud escénica que eclipsa al público.

Gustavo D. Merlo

 

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