Ovidio. Amori, miti e altre storie

Desde Roma, Georgina Olivetto nos envía amablemente noticia sobre una atractiva exposición en el Palazzo delle Scuderie del Quirinale, abierta desde el 17 de octubre al 20 de enero: Ovidio. Amori, miti e altre storie; se exponen unas 240 obras que testimonian la influencia de la obra ovidiana en su época y en la cultura occidental hasta la actualidad. Alrededor de la muestra, cuya comisaria es Francesca Ghedini, hay un riquísimo programa de actividades, encuentros y lecturas

Os dejamos aquí un video sobre la exposición.

 

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“Leer a Ovidio puede ser mucho más estimulante que leer a David Foster Wallace”

Estas son las declaraciones de César Aira que encabezan la entrevista que ABC cultural publica con ocasión de la presentación de su última novela, Prins, en nuestro país. Reproducimos un pequeño fragmento:

P. Sin embargo, el protagonista de la novela dice que la base de todo intelectual que se precie empieza en el mundo grecolatino.

R. Es así. Justamente anoche estuve hablando con un amigo de eso. Hablábamos de Ovidio y de cómo con estos nuevos métodos de enseñanza de la literatura, que van tanto a la contemporánea, los jóvenes se están perdiendo todo ese tesoro de mitos, de sustrato de nuestra civilización, que es la cultura grecolatina. En fin, no sé por qué se están privando de algo tan rico y tan fecundo.

P. ¿Hay que volver a la tradición grecolatina?

R. No, no. No «hay que» nada. Que hagan lo que quieran, pero yo pienso que leer a Ovidio puede ser mucho más estimulante y más rico que leer a David Foster Wallace. De ahí no se saca prácticamente nada: imitarlo o admirarlo como mucho. Pero si uno lee a Ovidio, ahí tienes todo un mar de inspiraciones. O eso creo. Qué se yo.

Marta Martín Díaz

Video de la lectura de Metamorfosis

Gracias a Vega Sánchez, que filmó y editó las imágenes, en este enlace podéis ver el video de la lectura de las Metamorfosis que tuvo lugar el viernes 23 de marzo en el Aula Minor de Anayita.

La Universidad de Salamanca se ha sumado así a la convocatoria internacional de Lectura simultánea del poema de Ovidio, Festival Europeen Latin-grec, en cuya página se colgará la grabación.

Los textos se leyeron en la traducción de nuestros compañeros, Josefa Cantó Llorca y José Carlos Fernández Corte, que también colaboraron en la lectura. En ella participaron 22 lectores, alumnos y profesores de Filología Clásica -entre ellos el poeta Juan Antonio González Iglesias-, profesores de Literatura Española -Emilio de Miguel, Javier San José y Emilia Velasco-, y de Francés -Elena Llamas-, un alumno del IES Vaguada de la Palma, la Directora de la Biblioteca Histórica de la USAL, Margarita Becedas y el Jefe del fondo Antiguo, Óscar Lilao. Además amablemente también prestó su voz el poeta Antonio Colinas, siempre disponible cuando se trata de favorecer la visibilidad de las letras clásicas.

Esta es la lista completa de lecturas y de los lectores:

  1. El comienzo (Met. 1, 1-4): Agustín Ramos (en sustitución de Carmen Codoñer, que desgraciadamente no pudo acudir por causas ajenas a su voluntad)
  2. El diluvio (Met. 1, 253-312): Eusebia Tarriño, Marta Serra, Luis Arturo Guichard
  3. Apolo y Dafne (Met. 1, 452-566): Rosario Cortés, Javier Sánchez, Marta Martín, Jorge Noreña
  4. Mercurio y Herse (Met. 2, 707-747): Ana Lorena Nieto Manini
  5. Eco y Narciso (Met. 3, 350-464): Margarita Becedas, Óscar Lilao
  6. Venus y Marte (Met. 4. 169-189): Antonio Colinas
  7. Sálmacis y Hermafrodito (Met. 4. 285-330): José Carlos Fernández Corte
  8. La peste de Egina (Met. 7, 523-581): Humberto Mederos Díaz, Carmen Pérez González
  9. Dédalo e Ícaro (Met. 8.183-259): Juan Antonio González Iglesias, Mercedes Villamán
  10. Biblis (Met. 9, 450-563): Emilia Velasco, Emilio de Miguel, Elena Llamas
  11. Galatea, Acis y Polifemo (Met. 13. 870-897):  Nicolás Santos Martín
  12. Fábula de Polifemo y Galatea de Luis de Góngora, vv. 465-504: Javier San José
  13. Ifis y Anaxárete, (Met. 14.698-760): Mª José Cantó Llorca
  14. El final (Met. 15.871-879): Agustín Ramos (en sustitución de Carmen Codoñer)

El acto fue organizado por el Máster de Creación literaria de la Universidad de Salamanca y nuestro blog Notae tironianae.

A todos los participantes y al público asistente, muchas gracias.

Susana González Marín

Lectura de las Metamorfosis de Ovidio en la Universidad de Salamanca

Nos apuntamos a la Convocatoria internacional para realizar una lectura simultánea de las Metamorfosis de Ovidio el día 23 de marzo a las 10 de la mañana.

Si quieres acudir, te esperamos el viernes en el Aula Minor de la Facultad de Filología. Se leerá una selección de pasajes de Metamorfosis. (Duración aproximada: una hora)

Organiza: Máster de creación literaria (USAL) y Notae tironianae

 

Enlace

La historia de Píramo y Tisbe en los Simpsons

Todos sabemos que los Simpsons están repletos de referencias culturales. En el episodio 13 de la temporada 23 puedes comprobarlo: Lisa conoce a un chico a través de una rendija, pero su madre no ve con buenos ojos la relación, lo que le recuerda a su abuelo la leyenda de Píramo y Tisbe.

Averigua las diferencias con la versión de Ovidio.

Cecilia Ares del Teso

 

The joy of (Greco-Roman) sex

Si bien es cierto que las mujeres aparecen como una mínima muestra entre los autores de todos los géneros literarios de la Antigüedad, hay, sin embargo, uno en el que, en principio —luego ya veremos—, representan una holgada mayoría. Se trata del de los manuales de sexo. Sin haber permeado en nuestra cultura popular del modo en que lo hicieran el Kamasutra, El jardín perfumado de al-Nafzawi o, en tiempos mucho más recientes, la obra de A. Comfort, este tipo de literatura técnica gozó de una gran popularidad al menos hasta el s. II ec, como atestiguan las obras de los primeros apologetas cristianos.

Astianasa, la εὑρετής

Dentro de la tradición greco-latina de hallar un ‘descubridor’ para cada uno de los géneros literarios, el erótico-didáctico no constituye una excepción. Sí lo es que la primera autoría se atribuya a una mujer. En nuestro caso se trata de Ἀστυάνασσα cuya entrada de la Suda la presenta como θεράπαινα de Helena, es decir, la esclava encargada de su cuidado personal. Se nos dice además que ella fue

πρώτη τὰς ἐν τῇ συνουσίᾳ κατακλίσεις εὗρε καὶ ἔγραψε περὶ σχημάτων συνουσιαστικῶν

la primera que descubrió las maneras de acostarse con alguien y escribió sobre las posturas sexuales (o Sobre las posturas sexuales)

Pese a la pobreza de la noticia, podemos, con Holt N. Parker, extraer alguna información valiosa. En primer lugar la necesidad de proponer un(a) εὑρετής indica la conciencia de que estos manuales representaban un género concreto, desglosado por un lado del amplio abanico de literatura erótica y, por otro, de los diferentes tipos de textos didácticos con los que comparte características. Nos habla también de una constante tendencia. La tradición hará que la autoría de la mayor parte de los manuales de sexo recaiga en mujeres, a menudo esclavas o prostitutas, ocupaciones estas en las que habrían obtenido una amplísima experiencia sexual que autorizase las obras ante su público. El prejuicio antiguo —y el de parte de la crítica moderna— es una vía de doble sentido: no es sólo que una prostituta haya acumulado el conocimiento técnico necesario para escribir el libro, sino que si ese libro se ha escrito, su autora ha de haber tenido una gran experiencia sexual y, por ende, forzosamente haber sido o una esclava o una prostituta.

Nomina nuda tenemus

Todo género, además de un εὑρετής, tiene su canon. En el caso de los manuales de sexo sólo nos han llegado nombres. Así podemos meramente recordar como autoras a Salpe de Lesbos, Nico de Samos o Calístrate de Lesbos. De otras, en cambio, tenemos alguna información más, si bien no centrada en su obra de contenido sexual. Es el caso de un personaje tan extraordinariamente fascinante como Pánfila de Epidauro que, entre sus obras historiográficas y gramaticales, escribe un Περὶ ἀφροδισίων del que nada más podemos saber y que, sin embargo, ha causado en la crítica una general estupefacción de fácil diagnóstico. ¿Por qué —se preguntan— toda una filósofa y erudita escribiría sobre sexo si no era ni una prostituta ni una esclava?

Un caso interesante es el de Elefántide, cuyas obras, de acuerdo con Suetonio (Tib. 43) Tiberio guardaba en su villa de Capri junto con cuadros y estatuas pornográficas, noticia que catapultó la fama de esta autora hasta las páginas del capítulo undécimo de The picture of Dorian Gray. De acuerdo con las escasas referencias que nos han llegado podemos inferir que la obra de Elefántide se componía de un catálogo de figurae Veneris, la versión latina de los σχήματα que la Suda mencionaba a propósito de Astianasa, es decir, de diferentes posturas sexuales.

Filénide

Pero por encima de todas las autoras de las que tenemos constancia destaca Filénide de Samos, no sólo por la abundancia de noticias sobre ella sino porque el suyo es el único manual del que tenemos alguna mínima muestra directa.

En el caso de autores no atestiguados resulta vagamente divertido y profundamente frustrante contrastar tradiciones literarias fuertemente asentadas con el hallazgo fortuito de algún fragmento de su obra. La situación más paradigmática es la que propicia Cornelio Galo, uno de los grandes poetas de su tiempo si creemos la cualificada opinión de sus no menos celebrados contemporáneos, y, además, sobre quien se venía descargando de manera más bien singular el paso de la llamada elegía objetiva griega a la elegía subjetiva latina. Un golpe de suerte y mucho esfuerzo extrajeron en 1978 de Qasr Ibrim nueve líneas de un poema que fue atribuido a Galo por los editores y tras la euforia inicial, el frío: difícil reconocer en esos versos la inconmensurable figura de Galo, hasta el punto que algunos, como Giuseppe Giangrande, pensaron que se trataba de un ejercicio escolar.

La ausencia de grandes expectativas quizá hizo menos dura la toma de realidad pero no es menos cierto que la imagen (re-)construida de Filénide chocó frontalmente con la imagen que proyectaba P. Oxy. 2891 en dos fragmentos papiráceos con dos columnas, lo que parece ser por el momento la única muestra directa de su obra. Contrariamente a lo esperado la obra de Filénide es prosa y no verso. Pero lo más sorprendente no fue la forma sino el contenido. Se venía creyendo que el texto de Filénide trataría sólo las posturas, al modo de la obra atribuida a Astianasa, pero los extractos conservados del prólogo revelan que se trata de una obra al menos más amplia, con el título general de Περὶ ἀφροδισίων: parece existir una sección dedicada a tácticas de seducción (περὶ πειρασμῶν), mientras que otra estaría destinada a instruir sobre cómo besar (περὶ φιλημάτων). Aunque es posible detectar en la crítica algún atisbo de decepción por el contenido naïf, otros, como Quintino Cataudella, acogieron de buen grado el cambio de perspectiva: para el italiano la obra de Filénide constituye la largo tiempo añorada ‘fuente griega’ del Ars amatoria de Ovidio. Sin necesidad de compartir tan enfervorecida recepción del mínimo prólogo de Filénide lo cierto es que ese mínimo atisbo al género de los manuales de sexo y, por lo que parece, no sólo sexo, contribuye a dimensionar la naturaleza paródica de la obra de Ovidio, por ejemplo la sección final del tercer libro.

El fragmento contribuyó además a reavivar la pregunta por la identidad de Filénide. ¿Se trata de una auténtica mujer o un caso más de uso masculino de una voz femenina? Es una tendencia bien contrastada, especialmente en materia erótica, que los hombres asuman personae femeninas para conceder autoridad a su relato; sería el caso de John Cleland en Fanny Hill o, de una manera harto más directa, Las joyas indiscretas de Diderot.

Algunos indicios pueden hacer dudar de que Filénide fuera una mujer. Se ha argumentado que su propio nombre, relacionado con el verbo ‘amar’ sería un juego de palabras, del mismo modo en que lo es la elección de Fanny Hill para la protagonista de unas memoirs of a woman of pleasure. A ello cabe añadir la procedencia, que si bien antes era debatida, el papiro fija en Samos; no parece casualidad que la mayoría de autoras de este género repartan sus orígenes entre las poblaciones, Samos y Lesbos, cuyas mujeres tenían mayor fama de libertinas.

John E. G. Whitehorne desmonta estos argumentos. Alerta contra la costumbre de identificar “nombres de hetairas”, pues son, ante todo, nombres de mujer y poseemos constancia, tanto en la realidad epigráfica como en la ficción literaria, de mujeres casadas llamadas, por ejemplo, Glícera. En el caso de Filénide contamos con atestiguación epigráfica en la que no podemos suponer a priori ningún contexto erotizante. Whitehorne recuerda que si «the name Philaenis does indeed mean “sweetheart” then every little girl is her parent’s sweetheart before she is anyone else’s». Lo que conecta con otro punto a favor de la identidad femenina real de Filénide. El papiro la presenta de acuerdo al uso patronímico ligada al nombre de su padre, Ocimenes, para el que hasta el momento no se ha propuesto ningún juego de palabras etimológico que justificase su inclusión en la construcción de Filénide. Por lo que podemos saber “Filénide, hija de Ocimenes” no debería causar una particular impresión entre sus contemporáneos. Por último, ciertamente Samos era una ciudad conocida por sus prostitutas, pero si se desactiva la idea de un uso intencional del nombre de la autora, la procedencia de Filénide no comporta una extrañeza mayor.

Podemos poner los argumentos en perspectiva moderna. Wilhelmina Drucker, autora de una Ética sexual, nació en Ámsterdam, ciudad conocida por su ‘barrio rojo’ y el primer componente de su nombre es fácilmente etimologizable como ‘voluntad, deseo’. Si contásemos sólo con esos datos creo que asumir que una de las primeras feministas de Holanda es la fachada de un hombre sería un argumento fallido del mismo modo en que reconoceríamos una poco sofisticada falacia en considerar que Drucker fuese una prostituta por ser de Ámsterdam.

Más recientemente Sandra Boehringer, a través de una minuciosa deconstrucción de la figura de Filénide en todos sus testimonios, ha llegado a una conclusión más escéptica: que fuese real o una ficción, un hombre o una mujer, incluso su misma relación con P.Oxy. 2891 es, todo ello, irrelevante. Filénide dejó de ser una persona para convertirse en un nombre y una función en el que encajar un poderoso constructo cultural.

Pese a las expectativas iniciales parece que, una vez más, sólo tenemos nombres desnudos.

Diego Corral Varela