¿Por qué la Operación Frontino se llama así?

Nuestros blogueros están siempre alerta y pescan al vuelo todo aquello que tiene que ver con el mundo clásico, así pues, no es extraño que la noticia de la puesta en marcha de la Operación Frontino por parte de la policía haya sido recogida por dos personas diferentes, David Paniagua y Rodrigo Río, que la noche del día 19 ya nos habían mandado sus entradas. La naturaleza de este blog, fruto de los esfuerzos de un colectivo muy amplio, le resta la inmediatez que deriva de que cada uno pueda colgar sus entradas directamente y exige la intervención de un grupo de “coordinadores” que gestione la publicación. En este caso hemos decidido, aun a riesgo de resultar repetitivos, dar paso a ambas y reflejar así la inquietud de nuestros colaboradores, especialmente ante un tema de palpitante actualidad.

La policía sabe latín

Según la nota de prensa de la Guardia Civil publicada el pasado 18 de enero, la Unidad Central Operativa de este cuerpo, bajo la dirección de la Fiscalía Especial contra la Corrupción y la Criminalidad Organizada y el Juzgado Central de Instrucción número 6 de la Audiencia Nacional, se encuentra desarrollando la operación «FRONTINO» (las mayúsculas son cosa de la Benemérita, no mías). Se trata de una actuación judicial para esclarecer las responsabilidades penales de la trama orquestada desde la empresa estatal ACUAMED (Aguas de las Cuencas Mediterráneas S.A.), dependiente del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, que presuntamente habría adjudicado obras y emitido certificaciones y liquidaciones de manera fraudulenta con el propósito de inflar desaforadamente contratos públicos para obras hídricas y medioambientales. Según fuentes jurídicas citadas por El País, solo en certificaciones falsas el fraude se acerca a los 25 millones de euros y se piensa que en las próximas semanas la estimación del montante defraudado crecerá notablemente

Ya con ocasión de la PÚNICA algunos clasicistas soñadores quisieron ver en la elección del nombre un justo homenaje al poema más largo conservado de la literatura latina, los Punica del siempre vilipendidado Silio Itálico (ya se sabe, ¡la épica flavia!). Otros creyeron que se trataba más bien de una culta alusión al tópico romano del “púnico” como encarnación del engaño, de la treta y de la mentira, la famosa fraus Punica; al fin y al cabo, si en la formulación de Vegecio (epit. 1, 1, 5): Afrorum dolis atque diuitiis semper impares fuimus («siempre fuimos inferiores a los africanos en ardides y riquezas») escribimos “políticos” en vez de “africanos”, para muchos el sentido de la frase seguirá siendo irreprochable. Pero no, ni los más de doce mil versos del poema de Silio Itálico ni los tramposos Cartagineses; la denominación de Operación Púnica vino motivada por el nombre científico del granado, «punica granatum» (recordemos que el principal imputado era Francisco Granados) . Pero ahora no cabe duda ni ensoñación, la operación FRONTINO ha sido bautizada así por Sexto Julio Frontino, intelectual, hombre de estado y escritor del siglo I d.C.

Su nacimiento se presume entre el 30 y el 35, probablemente en la Galia, y a pesar de ser homo nouus a principios del año 70 Frontino ya era pretor urbano, como cuenta Tácito (Hist. IV, 39, 1-2). En el ciclo de magistraturas que iba del año 72 al 73 Frontino fue nombrado consul suffectus y al año siguiente recibió el cargo de gobernador de Britannia, donde probablemente permaneció hasta la llegada de Julio Agrícola en el año 78. A inicios de la década de los 80, Frontino probablemente estuvo destinado en la Germania inferior como gobernador y entre los años 84 y 85 recibió la magistratura de proconsul Asiae. En el año 98, ya con Trajano como emperador, fue nombrado consul suffectus por segunda vez y, dos años después, cónsul ordinario; un “triplete” sorprendente en alguien ajeno a la familia imperial. Pero más allá de la aridez del dato, lo que es menos conocido es que Frontino fue una de las opciones más serias de la aristocracia romana para suceder en el trono imperial al viejo Nerva, si bien finalmente se optó por Trajano (y ahí tuvo mucho que ver el propio Frontino).

Cuando, en el año 97 Nerva lo nombró curator aquarum, superintendente de la red de canalizaciones de agua de Roma, Frontino decidió escribir su De aquaeductu urbis Romae, con el propósito de ofrecer una descripción exhaustiva y sistemática de esta red de suministro, haciendo hincapié en las mejoras que se habían introducido con su propia gestión. Frontino ya había escrito tratados técnicos con anterioridad; se han conservado cuatro libros (el cuarto de autenticidad controvertida) de Strategemata («Estratagemas») y una serie de extractos de una obra de agrimensura en el Corpus agrimensorum Romanorum, pero también escribió, al menos, otro tratado de técnica militar muy apreciado por las generaciones siguientes. En el De aquaeductu urbis Romae Frontino explica cómo surgió la necesidad de conducir el agua hasta la ciudad, la historia de cada uno de los canales que abastecen a Roma, los detalles técnicos de las infraestructuras de canalización, el volumen de agua que lleva cada canal, el sistema administrativo de concesión y distribución del suministro, y toda la jurisprudencia relativa a las canalizaciones. De modo que es para los modernos fuente inagotable de información sobre un aspecto material y cultural del que los Romanos se sintieron siempre enormemente orgullosos.

No es, por tanto, de extrañar que en la marejada del escándalo de Acuamed, empresa pública cuya «finalidad es promover las infraestructuras necesarias para dar solución a la compleja gestión del agua en las cuencas mediterráneas españolas, con el fin de impulsar el desarrollo de las regiones en las que opera» y cuyo objeto es «la contratación, construcción, adquisición y explotación de toda clase de obras hidráulicas… en el ámbito de las cuencas hidrográficas del Segura, Júcar, Ebro, Cuenca Mediterránea Andaluza y Cuencas Internas de Cataluña», alguien se haya acordado de Frontino y de su exhaustivo informe sobre las infraestructuras hídricas de la vieja Roma.

Frontino dejó dicho aquello de «el gasto en un monumento funerario es una frivolidad; nuestro recuerdo perdurará si lo merecimos por nuestra vida»; y su recuerdo ha perdurado. Desde el lunes, sin embargo, y durante los próximos meses escucharemos su nombre en los telediarios hasta la saciedad ligado a esta nueva trama corrupta. A lo mejor alguien hasta se anima a leer algo de lo que dejó escrito.

David Paniagua

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Acuamed: corrupción y clásicos

Nuestros blogueros están siempre alerta y pescan al vuelo todo aquello que tiene que ver con el mundo clásico, así pues, no es extraño que la noticia de la puesta en marcha de la Operación Frontino por parte de la policía haya sido recogida por dos personas diferentes, David Paniagua y Rodrigo Río, que la noche del día 19 ya nos habían mandado sus entradas. La naturaleza de este blog, fruto de los esfuerzos de un colectivo muy amplio, le resta la inmediatez que deriva de que cada uno pueda colgar sus entradas directamente y exige la intervención de un grupo de “coordinadores” que gestione la publicación. En este caso hemos decidido, aun a riesgo de resultar repetitivos, dar paso a ambas y reflejar así la inquietud de nuestros colaboradores, especialmente ante un tema de palpitante actualidad.

CORRUPCIÓN Y CLÁSICOS

Un nuevo caso de corrupción (a los que, por desgracia, ya nos estamos acostumbrando) salpica a nuestro país. En este caso la UCO (Unidad Central Operativa de la Guardia Civil) está investigando una presunta trama criminal que supuestamente se ha desarrollado en el seno de una empresa pública dependiente del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Acuamed (Agua de las Cuencas Mediterráneas), y que consistiría en la adjudicación fraudulenta de obras y en la falsificación de certificaciones y liquidaciones para engordar de forma importante los pagos a las empresas adjudicatarias.

Ahora bien, tal vez alguien se pueda preguntar qué importancia tiene esto en un espacio web dedicado a la divulgación del mundo clásico. La respuesta la hallamos en el pintoresco nombre que ha recibido la investigación policial: Operación Frontino. Y muchos dirán: “Ya estamos acostumbrados a esos nombres raros: Operación Malaya, Caso Gürtel, …”. Sin embargo, a los que estamos en contacto con el mundo clásico no se nos puede escapar la clara alusión, pues ese Frontino no es otro que Sexto Julio Frontino (salvo que hayan bautizado a la operación con un nombre al azar y hayan caído en una muy sana y oportuna coincidencia).

Sexto Julio Frontino fue un alto funcionario y político romano (fue pretor, cónsul, gobernador de Britania) que vivió durante el s. I d.C. Las fuentes nos ofrecen de él una imagen intachable: eficiente funcionario y romano íntegro, amante de la tradición y con sentido del deber. Como buen romano miembro de la oligarquía gobernante, Frontino también cultivó la escritura. Sabemos que compuso, al menos, cuatro obras: De re militari (tratado teórico de técnica militar no conservado), los Stratagemata (tratado de orientación práctica en tres libros que resulta ser una selección de actuaciones bélicas en campaña o en asedio narradas por los historiadores) y una obra sobre agrimensura (de la que solo tenemos extractos). Pero su obra más destacada es el De aquaeductu Vrbis Romae, una memoria práctica derivada de la labor de curator aquarum (“encargado de las aguas”) que desempeñó bajo el gobierno de Nerva en el 97 d.C. y que concibió como manual de referencia para sus sucesores en el cargo. Y es aquí donde observamos lo acertado del título de la operación policial al dar el nombre de este romano, Sexto Julio Frontino, para investigar la trama que afecta a Acuamed. Aunque no es, con toda probabilidad, el mejor tributo para este funcionario romano, al menos podemos conformarnos con el hecho de que los clásicos tienen todavía la presencia suficiente para que se acuerden de ellos a la hora de bautizar a una investigación policial.

Rodrigo Río Pérez.

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