Feliz Navidad a todos los lectores de Notae Tironianae

bebé

At tibi prima, puer, nullo munuscula cultu
errantis hederas passim cum baccare tellus
mixtaque ridenti colocasia fundet acantho.

Virgilio, Ecl. 4, 18-20

 

Va a derramar por doquier para ti sin arado, mi niño,
sus regalitos primeros la tierra: los nardos, la errática
hiedra y el loto perdido por entre la risa de acantos.

Trad. Juan Manuel Rodríguez Tobal (Madrid, Hiperión, 2008)

Pincha aquí para ver la traducción de la Égloga entera de Juan Antonio González Iglesias.

25 de diciembre: nacimiento del Sol Invictus

Ya se acerca la Navidad, que como ya hemos contado alguna vez en este blog (aquí , aquí y aquí) es una fiesta cristiana pero con una gran relación con las fiestas paganas clásicas, especialmente las Saturnales. En esta entrada me gustaría centrarme y tratar con un poco más de profundidad la relación entre el culto romano al Sol y la celebración cristiana del nacimiento de Jesucristo, que se ha establecido en el 25 de diciembre, coincidiendo con el día del Natalis Sol Invictus (el Nacimiento del Sol Invicto).

La Navidad como fiesta se articula en torno a la celebración del nacimiento de Jesucristo, pero no todas las Iglesias la celebran el mismo día. El 25 de diciembre es la fecha que han adoptado la mayoría de las Iglesias occidentales y algunas orientales, pero muchas ortodoxas lo sitúan el 7 de enero, por no aceptar la reforma del papa Gregorio XIII al calendario juliano. La cuestión del establecimiento de una fecha para el nacimiento de Jesucristo constituye uno de los más discutidos problemas teológicos a la hora de establecer los pilares de la Iglesia: el debate sobre qué se debe priorizar, la faceta humana o la faceta divina de Cristo. Nosotros estamos acostumbrados a una comunión de ambas facetas, pero para quienes rehúsan el culto del carácter humano es natural no interesarse por buscar cuál es la fecha del nacimiento.

De hecho, no tenemos referencias sobre la fecha del nacimiento de Cristo en los primeros escritores cristianos, y es en un pergamino del 354, el “Cronógrafo del 354”, donde tenemos la mención más antigua a la fiesta del nacimiento de Jesús, realizada en el 336: VIII kal. Ian. natus Christus in Betleem Iudeae, el 25 de diciembre. Asimismo es en este manuscrito donde encontramos la primera referencia a las celebraciones del Natalis Invicti, también el 25 de diciembre.

Ahora bien, teniendo en cuenta que en ninguno de los textos sagrados se establece una fecha, es importante preguntarnos qué motivos llevaron a la elección del 25 de diciembre. Hay principalmente dos teorías que lo explican.

Por un lado unos defienden que Jesucristo nació ese día basándose en cálculos extraidos de los textos sagrados. En algunas tradiciones antiguas es frecuente que el nacimiento y muerte de una persona se fijen el mismo día; en este caso, la concepción y la muerte. Basándose en que los textos sitúan la muerte de Jesús cuatro días después del equinoccio de primavera, el 25 de marzo, pensadores antiguos establecieron en esa misma fecha su concepción. Por tanto, su nacimiento sería nueve meses después, explicando así la celebración de su nacimiento a finales de diciembre.

Por otra parte, tenemos una teoría basada en la historia de las religiones, que es la que nos interesa. Según esta hipótesis, se empezó a celebrar su nacimiento en diciembre por la importancia que el solsticio de invierno tenía en las religiones antiguas, como símbolo de renacimiento. En Roma, como ya hemos dicho, se celebraba con las Saturnales, pero en el 274 el emperador Aureliano estableció el culto al Sol Invictus.

Hay discusión sobre si este Sol Invictus suponía una introducción en el panteón romano de una deidad oriental (o una reintroducción de la deidad que ya el emperador Heliogábalo había traído consigo de Emesa, como veremos a continuación), una deidad nueva o una recuperación de un dios romano más antiguo.

El culto más antiguo al Sol en Roma es el del Sol Indiges, que según la tradición tenía raíces sabinas: lo instituyó Tito Tacio, rey sabino que gobernó Roma junto con Rómulo tras su fundación. Este culto decaería ya durante la República, asimilándose a deidades solares griegas como Helios y Apolo.

El Sol cobra importancia en el panteón romano en época imperial. Tras la muerte del emperador Caracalla su tía materna Julia Mesa, hermana de Julia Domna, coloca como emperador a su joven nieto Heliogábalo en el año 218, cuyo nombre como emperador era Marco Aurelio Antonino Augusto (solo tras su muerte se extendió el nombre de Heliogábalo). El joven emperador se vio involucrado en tantos escándalos religiosos y sexuales que su abuela decidió librarse de él para que subiera al poder su otro nieto y así fue asesinado en el año 222. Heliogábalo había sido sacerdote en Emesa, su ciudad natal, de la deidad El-Gabal (de ella tomó el nombre, latinizado a Elagabalus), y cuando fue a Roma a gobernar llevó el culto consigo, rebautizándolo como Deus Sol Invictus y situándolo por encima de Júpiter en el panteón. Construyó un templo al dios en el monte Palatino, donde colocó una piedra sagrada, un fragmento de meteorito negro que en Emesa servía de representación del dios y que quería que se venerara también en Roma. A este templo hizo llevar reliquias de otros templos, para asegurarse la adoración de su dios. En los solsticios de verano, en una fiesta muy popular porque se repartía comida, colocaba la piedra en un carro lleno de oro y joyas que desfilaba por la ciudad. Tras su asesinato, el culto al Sol Invictus decayó.

Medio siglo después vuelve a cobrar importancia nuestro Sol Invictus. El emperador Aureliano, interesado en unificar a todo el Imperio pero sin que los ciudadanos renunciasen a sus cultos propios, fortifica su posición en el panteón. Construyó un templo en su honor en el año 274 en el Campo de Agripa y lo consagró el 25 de diciembre.

Los emperadores siguientes frecuentemente tienen representaciones del Sol en sus monedas, y Constantino en su decreto de marzo del 321 establece el dies solis (el domingo) como día de descanso oficial para los romanos. El Arco de Constantino también cuenta con representaciones del Sol Invictus.

Como decíamos al principio, en el 336 se celebra la primera fiesta al nacimiento del Sol Invictus de la que tenemos noticia el 25 de diciembre. Tras el edicto de Tesalónica de Teodosio I queda establecida como única religión del Imperio el cristianismo niceno, y la fecha ya solo se asociará con el nacimiento de Jesucristo.

En resumen, el culto al Sol en Roma cobra importancia en época imperial por las mismas fechas en las que se están asentando las bases del cristianismo, y aunque haya discrepancias entre investigadores antiguos y contemporáneos sobre el origen de la Navidad, sí que podemos ver una relación con el culto solar, quizá no causal pero como mínimo si influyente a la hora de establecer una fecha para el nacimiento de Jesucristo. Eso, sin habernos puesto a analizar las representaciones más antiguas de Cristo con motivos solares y la analogía tradicional del Sol (y la Luna) con la eternidad.

Por último, no querría terminar sin aclarar que aunque nos hemos centrado en momentos clave del culto al Sol para ilustrar su importancia y evolución, eso no quiere decir ni mucho menos que haya habido siglos vacíos en los que nada se haya hecho en su honor. Las deidades solares son muy antiguas y cuentan con una prerrogativa que pocos otros dioses tienen: al tratarse de cultos a astros es mucho más difícil que desaparezcan. En Roma tenemos representaciones del sol de manera continua, con la dificultad de establecer cuándo son imágenes del Sol como deidad y cuándo del sol como astro (el mismo problema nos encontramos con la Luna). Las más comunes son, de hecho, las representaciones como astros, reconocibles por ir acompañadas de una iconografía determinada (las estaciones, los días de la semana, el zodíaco…), aunque es arduo averiguar cuánta carga religiosa podían tener también estas imágenes. Por tanto, por poca que haya podido ser a veces su importancia religiosa, su presencia en el imaginario romano no era ni mucho menos pequeña.

Carmen Pérez González

El Canto de la Sibila o Iudicii signum

Uno de los elementos más característicos de la Navidad mallorquina es el Cant de la Sibil·la. Ignorando las prohibiciones derivadas del Concilio de Trento (1545-1563), esta figura pagana, espada en mano, pervive desde la Edad Media en los maitines de Mavidad (o Misa del Gallo) de toda Mallorca y de l’Alguer (la ciudad catalanoparlante de Cerdeña). Ataviada como es debido, la Sibila (representada por un niño o, más modernamente, por una mujer) canta la segunda venida de Cristo que ha de juzgar a todos los mortales.

La Sibila cantaba en toda el área de habla catalana y a partir de su promoción como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco han sido muchos los lugares en los que se ha recuperado sus propias variantes. Ahora es posible volver a oír la Sibila en la Seu d’Urgell, Girona, Barcelona, València, Ontinyent, Maó y un largo etcétera. Se puede afirmar que esta reliquia paralitúrgica de la musical medieval se ha transformado en un símbolo nacional. Sin embargo, también se documenta en todo el sudeste europeo y de tanto en tanto se edita y se interpreta alguna nueva versión olvidada ya sea en occitano, en gallego, en castellano o, como recientemente ha salido a la luz, en euskera (si bien el texto de la Sibilaren Profezia es algo diferente al resto).

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Maria Camps interpretando el Cant de la Sibil·la en Mahón (2016; fotografía de Gemma Andreu

Las versiones catalanas parecen proceder de una provenzal, pero todas son variantes en última instancia del llamado Iudicii signum, una traducción latina de San Agustín de Hipona (Ciudad de Dios 18.23) de un original griego. El mismo autor narra cómo llegó a sus manos el tomo de los Oráculos Sibilinos, en donde se ha transmitido este texto. De hecho, el título Iudicii signum proviene de las dos primeras palabras de la misma profecía, siguiendo la costumbre antigua de titular la obra por su inicio, y se corresponde al griego κρίσεως σημεῖον ‘señal del juicio’, aunque en la versión original no están en la misma posición inicial. San Agustín tomó estos versos, atribuidos a la Sibila de Eritrea, para ejemplificar cómo incluso entre los paganos se había profetizado la venida de Cristo. Entre otras cosas, comenta el acróstico del original (el mensaje que se lee a partir de la primera letra de cada verso) haciendo notar que su traducción, en hexámetros como el original, mantiene este juego (con las mismas letras griegas transcritas, mostrando sólo dos incongruencias, e incluso manteniendo (Creistos por Cristos) el itacismo griego de Χρειστός por Χριστός); sin embargo, no traduce los últimos siete versos que contienen la palabra griega σταυρός ‘cruz’.

La versión original griega se ha transmitido en la recopilación de los Oráculos Sibilinos (8.217-250). Se trata de profecías atribuidas a las diferentes sibilas, compuestas en un período de varios siglos, entre el II y el VI d.C. Por ello, sus referentes son muy variados y el conjunto se está revalorizando como fuente para el estudio de las interacciones entre paganos, cristianos y judíos. Evidentemente, su composición se ha de buscar en ambientes de los dos últimos, interesados en tomar una figura pagana para el proselitismo de su fe ante los primeros.

(Pincha aquí para ver a Margalida Rodríguez interpretando el Cant de la Sibil·la en la Catedral de Palma (2012)

El fragmento que nos ocupa está compuesto a partir de imágenes apocalípticas procedentes de diferentes libros del Nuevo Testamento, aunque tiene algunas pocas referencias propiamente paganas (el Hades, el Tártaro, el Caos…) para conferirle el aire pagano que hiciera verosímil la autoría sibilina del texto. Un ejemplo muy evidente de esta dependencia textual se encuentra en el verso 231 (15):

Θρῆνος δ’ ἐκ πάντων ἔσται καὶ βρυγμὸς ὀδόντων (Orac.Syb. VIII 231)
Tunc erit et luctus stridebunt dentibus omnes (trad. de Agustín XVIII 23, v. 15)
‘Todos dejarán escapar sus lamentos y el rechinar de dientes’

ἐκεῖ ἔσται ὁ κλαυθμὸς καὶ ὁ βρυγμὸς τῶν ὀδόντων (Lucas XIII 28)
            ibi erit fletus et stridor dentium (Vulgata, Lucas XIII 28)
‘Allí habrá llanto y rechinar de dientes’

Sin más dilación, ofrezco el original griego con traducción castellana junto a la traducción latina de Agustín de Hipona. Al final puede consultarse también un enlace a diferentes versiones catalanas y una recopilación de diferentes grabaciones en Spotify.

Oráculos Sibilinos VIII 217-250

Acróstico ΙΗΣΟϒΣ ΧΡΕΙΣΤΟΣ ΘΕΟϒ ϒΙΟΣ ΣΩΤΗΡ ΣΤΑϒΡΟΣ

δρώσει δὲ χθών, κρίσεως σημεῖον ὅτ’ εσται.
ξει δ’ούρανόθεν βασιλεὺς αἰῶσιν ὁ μέλλων,
Σάρκα παρὼν πᾶσαν κρίναι καὶ κόσμον ἅπαντα.
220      ψονται δὲ θεὸν μέροπες πιστοὶ καὶ ἄπιστοι
(5)       ψιστον μετὰ τῶν ἁγίων ἐπὶ τέρμα χρόνοιο.
Σαρκοφόρων δ’άνδρῶν ψυχὰς ἐπὶ βήματι κρίνει,
Χέρσος ὄταν ποτὲ κόσμος ὅλος καὶ ἄκανθα γένηται.
ίψουσιν δ’εἴδωλα βροτοὶ καὶ πλοῦτον ἅπαντα.
225      κκαούσει δὲ τὸ πῦρ γῆν οὐρανὸν ἠδὲ θάλασσαν
(10)     χνεῦον, ῥήξει τε πύλας εἱρκτῆς Ἀίδαο.
Σὰρξ τότε πᾶσα νεκρῶν ἐς ἐλευθέριον φάος ἥδει
Τῶν ἁγίων· ἀνόμους δὲ τὸ πῦρ αἰῶσιν ἐλέγξει.
ππόσα τις πράξας ἔλαθεν, τότε πάντα λαλήσει
230      Στήθεα γὰρ ζοφόεντα θεὸς φωστήρσιν ἀνοίξει.
(15)     Θρῆνος δ’ ἐκ πάντων ἔσται καὶ βρυγμὸς ὀδόντων.
κλέιψει σέλας ἠελίου ἄστρων τε χορεῖαι.
Οὐρανὸν εἱλίξει, μήνης δὲ τε φέγγος ὀλεῖται.
ψώσει δὲ φάραγγας, ὀλεῖ δ’ ὑψώματα βουνῶν,
235      ψος δ’ οὐκέτι λυγρὸν ἐν ἀνθρώποισι φανεῖται.
(20)     σά δ’ ὄρη πεδίοις ἔσται καὶ πᾶσα θάλασσα
Οὐκέτι πλοῦν εἴξει. γῆ γὰρ φρυχθεῖσα τότ’ ἔσται
Σὺν πηγαῖς, ποταμοί τε καχλάζοντες λείψουσιν.
Σάλπιγξ δ’ οὐρανόθεν φωνὴν πολύθρηνον ἀφήσει
240      ρύουσα μύσος μέλεον καὶ πήματα κόσμου.
(25)     Ταρταρεον δὲ χάος δείξει τότε γαῖα χανοῦσα.
ξουσιν δ’ ἐπὶ βῆμα θεοῦ βασιλῆος ἅπαντες.
εύσει δ’ οὐρανόθεν ποταμὸς πυρὸς ἠδὲ θεείου.
Σῆμα δέ τοι τότε πᾶσι βροτοῖς, σφρηγὶς ἐπισημος
245      Τὸ ξύλον ἐν πιστοῖς, τὸ κέρας τὸ ποθούμενον ἔσται,
(30)     νδρῶν εὐσεβέων ζωή, πρόσκομμά δὲ κόσμου,
δασι φωτίζον κλητοὺς ἐν δώδεκα πηγαῖς·
άβδος ποιμαίνουσα σιδηρείη γε κρατήσει.
Οὖτος ὁ νῦν προγραφεὶς ἐν ἀκροστιχίοις θεὸς ἡμῶν
250      Σωτὴρ ἀθάνατος βασιλεὺς, ὁ παθὼν ἕνεχ’ ἡμῶν.

Acróstico: Jesucristo, el hijo de Dios, el Salvador; la Cruz.

[217 (1)] Sudará la tierra cuando llegue la señal del juicio. Vendrá del cielo el que ha de ser rey eterno, cuando se presente para juzgar a la carne toda y al mundo entero. [220] Verán a Dios los mortales, fieles e infieles, [(5)] al Altísimo, junto con todos los santos al final de los tiempos. Sobre su trono juzgará. las almas de los hombres hechos de carne, cuando algún día el mundo entero se transforme en tierra firme y espinas. Los mortales desecharán los ídolos y todos los tesoros. [225] El fuego abrasará cielo y tierra [(10)] rastreando y romperá las puertas de la prisión del Hades. Entonces toda la carne de los muertos saldrá a la luz de libertad, de aquellos que sean santos; y a los impíos el fuego los someterá a eterna prueba. Todas aquellas acciones que ocultas realizaron, entonces las confesarán; [230] pues Dios abrirá con sus rayos de luz los pechos sombríos. [(15)] Todos dejarán escapar sus lamentos y el rechinar de dientes. Desaparecerá el brillo del sol y las danzas de las estrellas. Enrollará el cielo y se apagará la luz de la luna. Elevará las simas, aplanará las cimas de los montes, [235] ya no se verá entre los hombres ninguna penosa altura. [(20)] Los montes se igualarán con las llanuras y el mar entero ya no será navegable, pues la tierra, junto con las fuentes, se habrá agostado y los ríos resonantes desaparecerán. La. trompeta desde el cielo emitirá su voz llena de lamentos, [240] y aullará por la abominación de los desdichados y las calamidades del mundo. [(25)] Entonces la tierra se abrirá para mostrar el abismo del Tártaro. Llegarán ante el trono de Dios todos los reyes. Fluirá desde el cielo un río de fuego y de azufre. La señal entonces para todos los mortales, el sello insigne, [245] será el madero entre los fieles, el ansiado cuerno, [(30)] vida para los hombres piadosos, (escándalo) del mundo, que con sus aguas ilumina a los convocados en sus doce fuentes; dominará un férreo cayado pastoril.  Ese que ahora tiene sus iniciales escritas en acrósticos es nuestro Dios, [250] salvador, rey inmortal que sufrió por nosotros.

(Traducción de Emilio Suárez de la Torre)

Traducción latina de San Agustín de Hipona (De civitate Dei XVIII 23)

            Iudicii signum tellus sudore madescet
            E celo rex adveniet per secla futurus
            Scilicet in carne presens ut iudicet orbem
            Unde deum cernent incredulus atque fidelis
5          Celsum cum sanctis eui iam termino in ipso
            Sic anime cum carne aderunt, quas iudicat ipse
            Cum iacet incultus densis in uepribus orbis.
            Reicient simulacra uiri cunctam quoque gazam
            Exuret terras ignis pontumque polumque
10        Inquirens tetri portas effringet Auerni
            Sanctorum sed enim cuncte lux libera carni
            Tradetur Sontes eterna flamma cremabit
            Occultos actus retegens tunc quisque loquetur
            Secreta atque deus reserabit pectora luci
15        Tunc erit et luctus stridebunt dentibus omnes
            Eripitur solis iubar et chorus interit astris
            Volvetur celum lunaris splendor obibit
            Deiciet colles valles extollet ab imo
            Non erit in rebus hominum sublime vel altum
20        Iam aequantur campis montes et cerula ponti
            Omnia cessabunt tellus confracta peribit
            Sic pariter fontes torrentur fluminaque igni
            Sed tuba tum sonitum tristem demittet ab alto
            Orbe, gemens facinus miserum variosque labores
25        Tartareumque chaos monstrauit terra dehiscens
            Et coram hic domino reges sistentur ad unum
            Reccidet e celo ignisque et sulphuris amnis.

Pincha aquí para leer algunas versiones del Cant de la Sibil·la. Y aquí para acceder a la lista de reproducción de Spotify

Bartomeu Obrador Cursach

 

Ideas para los Reyes Magos

Para todos los públicos

En la tienda del Portal Clásico puedes adquirir desde chapas e imanes (la oferta es amplia, puedes encontrar representaciones artísticas de mosaicos, cerámica y otras obras artísticas hasta mensajes y frases famosas en latín y griego; PVP 0,95-1,50) hasta camisetas (la reproducción del poema 5 de Catulo o la Esfinge, entre 9,95 y 13,95) y tazas con mensajes: Keep Calm and Read Virgil o Keep Calm and Read Homer (PVP 8,95)Keep calmAntinoo

 

 

 

 

 

Esta simpática camiseta en Redbubble (18,95):A2

O en la misma página esta pegatina (2,68), una sudadera de las Saturnalia (36,24) o un póster con la leyenda Cave canem (Hay tres tamaños entre los 11 y los 27 euros.). Si trasteas un poco encontrarás más regalos apropiados para un aficionado al mundo clásico.pegatina

Un mug de Starbucks personalizado (10 euros) en Etsy:

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Para el público juvenil:

Percy Jackson y los dioses del Olimpo es una colección de seis libros escrita por Rick Riordan y protagonizados por Percy Jackson, un chico que un día descubre que es un semidiós porque es hijo de Posidón y de una mortal y desde ese momento empieza una serie de aventuras acompañado de su amiga Annabeth, que también es una semidiosa, hija de Atenea y de Grobber, un sátiro. De estos libros hay dos películas: Percy Jackson y el ladrón del rayo y Percy Jackson y el mar de los monstruos.

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(Cada volumen entre los 11 y los 17 euros; cada película alrededor de los 9 euros)

gladiadora.jpgLa colección de novelas protagonizadas por Titus Flaminius, un detective en Roma, inspiradas en los relatos de Sherlock Holmes y en las novelas de Batya Gur. Su autor es Jean-François Nahmias. (Lee aquí información en Revista Babar) Cada volumen cuesta unos 12 euros.

 

 

 

 

 

 

“Misterios romanos” es una colección de doce libros escrita por Caroline Lawrence y protagonizada por Flavia Gémina, una niña de 8 años y sus amigos. Narra una serie de aventuras protagonizadas por este grupo de niños. (Alrededor de los 10 euros)

Para niños mayores de 8 años:

Latin Lover: frases latinas para todas las ocasiones. El libro de Milo Milani recoge 40 frases en latín y su explicación (13,20) Puedes ver algunas páginas pinchando aquí.

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La marca Playmobil tiene una serie de romanos. Desde una caja de legionarios (12 €) hasta el Coliseo (52 €)

En Don Disfraz hay disfraces de romanos, romanas, griegos y griegas para niños y mayores.disfraz-de-emperador-augusto-para-nino.jpg_1

Para adultos:

Zbigniew Herbert trabajó durante veinte años en El rey de las hormigas y, no obstante, la obra quedó inconclusa hasta que su editor polaco recopiló los materiales, fragmentos y esbozos para darle la forma que hoy presentamos. Es una recreación personalísima, colorida y luminosa de un buen número de personajes de la mitología clásica, algunos conocidos por los lectores y otros injustamente olvidados  (16 €)

Por supuesto, algunos de los libros a los que este año hemos dedicado alguna entrada: El ultimo libro traducido al español de Mary Beard, Mujeres y poder (11,35), la novela Yo Julia de Santiago Posteguillo (21,75).

Hemos seleccionado unas pocas sugerencias pero la literatura antigua ofrece tesoros inapreciables en buenas traducciones muy accesibles de precio.

Esta entrada se ha elaborado con las sugerencias enviadas por

Begoña Alonso Monedero, Lidia Gil Gardachal, Alfonso Hernando Carbayo, Carmen Pérez González, Irene Ruiz Aires y Susana González Marín.

 

 

 

Feliz Navidad y un venturoso año 2018 os desea el equipo de Notae tironianae, que relaja su actividad durante estos días

Otra vez la Égloga IV de Virgilio

Publio Virgilio Marón ha pasado a la historia como uno de los grandes poetas de la literatura romana por su tan famosa epopeya, la Eneida, que une las leyendas del antiguo ciclo troyano con la fundación de Roma para legitimar definitivamente el principado de Augusto, que había sustituido a la agonizante República.

Gran parte de las obras de los autores antiguos no se ha conservado hasta hoy, caídas en el olvido por distintas circunstancias, entre otras, el escaso interés que suscitaron en las distintas épocas. Sin embargo, Virgilio había compuesto en su juventud una serie de poemas pastoriles llamados Églogas o Bucólicas, de las cuales la cuarta anunciaba la llegada de un niño que restauraría al hombre en la Edad Dorada; y estas no corrieron esa misma suerte. Antes de pasar a tratar la cuestión de las Églogas, pasemos a describir brevemente cuáles son estas edades.

Con esta denominación, se hace referencia a las distintas generaciones de seres que habitaron la Tierra. Nuestras principales fuentes son Hesíodo, autor de la Teogonía, y Ovidio, gran poeta romano que compuso las Metamorfosis. Normalmente se suelen dividir en cinco etapas: la de oro, donde los hombres vivían apaciblemente sin penuria alguna; la de plata, que representa la antítesis de la anterior, al ser esta raza más violenta e ignorante que la precedente; la de bronce, período en que el ser humano no piensa más que en los conflictos y actúa de manera soberbia; la heroica, dividida, a su vez, en la raza de los virtuosos, cuyo destino es morir en las guerras y, por otro lado, la de los que viven felizmente en las Islas Afortunadas, en los confines del mundo conocido; y por último la de hierro, etapa actual en la que el hombre debe soportar grandes fatigas y miserias, pero que las mitiga con ciertas alegrías

En cuanto a la Égloga IV, en esta se anuncia, acudiendo a la Sibila de Cumas, que el nacimiento de un niño conllevará la vuelta a la Edad Dorada del hombre bajo el reino de Saturno, lo cual ha sido interpretado por numerosos autores cristianos como la llegada a la Tierra de Jesucristo, quien librará al ser humano de todo pecado y se abrirá una etapa de fertilidad y prosperidad en el planeta. Por esta razón Virgilio ha pasado a la posteridad como un profeta que auspiciaba el advenimiento del Mesías, de ahí que haya influido en autores tan notables como Agustín de Hipona, que en La ciudad de Dios redactó un pasaje en el que utiliza a Virgilio como argumento de autoridad para defender la fe cristiana frente al neoplatonismo de Porfirio, filósofo anterior a Agustín de Hipona. El fragmento es el siguiente:

¡Ojalá tú lo hayas conocido también y te hayas entregado a Él para ser sanado con más seguridad, antes que a tu virtud, que es humana, frágil y enfermiza, o a tu nociva curiosidad! ¡Ojalá no te engañase a ti, a quien vuestros oráculos, como tú mismo describes, confesaron al Santo y al Inmortal! De Él también dijo el famosísimo poeta, que poéticamente es cierto, porque lo dijo figuradamente de otra persona, pero muy verazmente si lo referimos a Cristo: «Siendo tú nuestro guía, si alguna huella quedó aún de nuestro crimen, no tendrá efecto alguno, y su desaparición librará a las tierras de un terror perpetuo». Se refiere aquí a lo que, dada la flaqueza de esta vida, puede permanecer incluso en los muy adelantados en la santidad; no crímenes ciertamente, pero sí vestigios de crímenes, que sólo pueden ser curados por el Salvador a que hace alusión este verso de la misma égloga: «Ha llegado la edad anunciada por la sibila de Cumas». Por donde se ve que esto, indudablemente, lo ha dicho la sibila de Cumas.

Agustín de Hipona, La Ciudad de Dios X, 27 Traducción de Fr. Jose Moran, O.S.A

En conclusión, un autor con el renombre de Virgilio no solo se ha convertido en uno de los referentes más importantes en la literatura universal por su la Eneida, sino que también ha suscitado mucho interés entre los estudiosos su égloga cuarta en relación con el cristianismo. Por lo tanto, siempre conviene no juzgar a un libro por su cubierta, ya que puede entrañar mucho más de lo que se imagina el lector.

Humberto Mederos Díaz

 

La estrella de Belén. De textos antiguos, Reyes Magos y una especie de GPS avant la lettre.

Ya pasaron los Reyes Magos… pero, tranquilos, volverán. Los nacimientos, o belenes, o como los queráis llamar, tienen figuras imprescindibles, como los pastores y los Reyes Magos. Si seguimos los evangelios canónicos, los pastores están solo por culpa de San Lucas; los Magos, en cambio, son cosa de San Mateo. Su texto es el único “oficial” que da cuenta de un acontecimiento que ha tenido una tradición copiosísima en la iconografía cristiana y ha dado lugar en algunas tierras como la nuestra a ritos muy queridos. De todos modos, la tradición se alimentó también –y mucho– de los evangelios apócrifos y los Magos están presentes en el protoevangelio de Santiago (original griego), en el evangelio del pseudo Mateo (en el que vienen cuando el niño tiene ya dos años [en latín]), en el Liber de infantia Salvatoris (latino, mucho más tardío), en el evangelio árabe de la infancia (no diré en qué lengua está) y en el evangelio armenio de la infancia (tampoco); incluso son recordados en las Actas de Pilato (la primera parte de un texto griego también conocido como el evangelio de Nicodemo).

A veces los μάγοι o magi, concepto que tanto en griego como en latín puede referirse a astrólogos (augures se les llama en alguno de los casos), son también reyes, como en el evangelio armenio, por el que conocemos sus famosos nombres y en el que resulta que son hermanos.

Pues bien, en algunos de estos textos (no en todos) juega un papel esencial una pieza que tampoco falta en los belenes, la estrella, esa especie de GPS que el cielo instaló para conducir a aquellos señores. No en todas estas fuentes está presente ni, cuando lo está, se nos describe igual.

En el evangelio del pseudo Mateo, por ejemplo (en el que, por cierto, también aparecen la mula y el buey) se habla de dos estrellas, una de brillo nunca visto que iluminaba día y noche la gruta del Nacimiento (sed et stella ingens a vespere usque ad matutinum splendebat super speluncam, cuius magnitudo nunquam visa fuerat ab origine mundi) y otra que trajo a los Magos a adorar a Jesús dos años después. Y en el evangelio árabe la estrella finalmente se transforma en un ángel que –se dice allí– tenía la misma forma que la estrella (?)

Pero las discusiones serias siempre se han centrado sobre el relato del evangelio canónico, el de Mateo, dado que es el único que desde el cristianismo oficial ha requerido explicación.

El texto del evangelio de Mateo, en versión griega original y en la traducción de San
Jerónimo al latín, dice lo siguiente:… ἰδοὺ μάγοι ἀπὸ ἀνατολῶν παρεγένοντο εἰς Ἱεροσόλυμα λέγοντες, Ποῦ ἐστιν ὁ τεχθεὶς βασιλεὺς τῶν Ἰουδαίων; εἴδομεν γὰρ αὐτοῦ τὸν ἀστέρα ἐν τῇ ἀνατολῇ καὶ ἤλθομεν προσκυνῆσαι αὐτῷ. (… ecce magi ab oriente venerunt Hierosolymam dicentes: ubi est qui natus est rex Iudaeorum? vidimus enim stellam eius in oriente et venimus adorare eum. [Matth 2, 1-2]) El texto es de todos conocido y, para que ningún exégeta se me enfade, no hago una traducción. Todos sabéis que un poco más adelante, cuando los reyes dejan a Herodes, la estrella les precede y se detiene en el lugar en el que estaba el niño recién nacido. Cualquier astrónomo diría que no existe ningún astro de ningún tipo que muestre ese comportamiento.

En un libro publicado hace un par de años por P. Barthel y G. van Kooten en la editorial
Brill (The Star of Bethlehem and the Magi. Interdisciplinary Perspectives from Experts on the Ancient Near East, the Greco-Roman World, and Modern Astronomy), secuela de un congreso al efecto celebrado en la Universidad de Groningen, se recogen una veintena de trabajos con los datos más recientes de la investigación sobre el tema con perspectivas muy diversas, desde las astronómicas hasta las filológicas, históricas o de historia de las religiones. Allí podéis conocer toda la discusión y la bibliografía –abundante– que la estrella de Belén ha hecho surgir.

Las explicaciones al fenómeno de la estrella pueden ceñirse a tres grupos.

El primero lo constituyen los que la consideran un milagro. Algunos padres de la iglesia canonizados (Basilio de Cesarea, Diodoro de Tarso, su alumno Juan Crisóstomo o Gregorio Nacianceno) y otros que no lo fueron (como Tertuliano) solucionaron las dudas aludiendo a que no se trataba de una estrella, sino un signo del poder divino en forma de estrella para anunciar el Nacimiento. Nunca quisieron que se relacionara el hecho con la astrología, contra la que arremetieron porque creía en hados y predestinaciones. Gregorio de Nacianzo, por ejemplo, hizo que los Magos, astrólogos en realidad, se convirtieran después de ver a Jesús y abandonaran sus estudios. Este tipo de explicación requiere poco comentario. O lo crees o no.

Otra clase de visión de la estrella es la que supone que no existió. Pero no es que se entienda como un invento del evangelista sin más, sino que se trata de lo que se conoce en la tradición exegética judía como un midrash, una explicación que relaciona el Nuevo Testamento con las profecías del Antiguo. Tales interpretaciones proponen que lo que el evangelista hizo fue introducir un marco en el que se entendiera que se trataba de un acontecimiento especial: el relato debía mostrar que el nacido era el Mesías. No hay que olvidar que el autor del evangelio de Mateo fue, según lo que se conoce, un judío helenizado que lo escribió ya lejos de los acontecimientos que narra (en torno al año 80-90 d. C.) y que lo hizo para judíos cristianos de habla griega (probablemente de Antioquía) impactados por la destrucción del templo de Jerusalén llevada a cabo por los romanos en el año 70 y asombrados, como dice D. W. Hughes, por la visita a Nerón del rey Trídates I y su séquito de sabios el año 66, el mismo año en que vieron pasar el cometa Halley.

La tercera explicación es la que da el hecho por real y trata de identificarlo con algún suceso celeste. Esto ya es terreno de la astronomía y comenzó con el propio Kepler en 1614. Los candidatos más comunes a ser la estrella de Belén son cometas, supernovas o confluencias planetarias. De los primeros habría que determinar cuál, con la dificultad añadida de que los cometas eran signos de mal augurio entre los antiguos. De una supernova tendríamos sin duda más noticias, dado el acontecimiento que supone. Y quedan las interpretaciones astrológicas de confluencias astrales. Son muchas y muy diversas las explicaciones y no hace al caso exponerlas. Solo me fijaré en la que en la actualidad goza de más prestigio, interesante por varias razones. Destaco el hecho de que está propuesta por un astrónomo y se basa en la astronomía, sí, pero también en la historia, en la filología y, curiosamente, sobre todo en la numismática.

molnar

M. Molnar, tras muchos años de investigación sobre las relaciones entre estos campos, llega a la conclusión de que el hecho, debido a la época, al relato y a su función, ha de tener una explicación más astrológica que astronómica, es decir, hay que buscar en la astronomía un fenómeno que explique una interpretación astrológica para señalar un acontecimiento singular. Sus numerosos trabajos y en especial su libro (New Brunswick: Rutgers University Press, 1999) proponen que una confluencia de Júpiter con la luna (una “ocultación”) sucedida el 17 de abril del año 6 es la clave de la estrella de Belén. Para su compleja interpretación de símbolos, datos astronómicos, hechos históricos y demás remito a los interesados al material citado.

Como veis, nuestros textos clásicos siguen diciendo muchas cosas y han tenido (y siguen teniendo) enorme transcendencia. El próximo año, cuando pongáis el nacimiento, que cada cual vea en la estrella lo que le parezca; o más de un sentido a la vez, ¿por qué no?, que para eso somos filólogos y analizamos posibilidades interpretativas. Eso sí, para este año yo he pedido a los Reyes que nuestros estudios tengan un poco más de aceptación oficial. A ver si el año que viene nuestra “estrella”, que no es la de Belén, se hace un poco más brillante.

¡Feliz año a todos!

Agustín Ramos Guerreira

Feliz Navidad

os desea el equipo de Notae tironianae, que relaja su actividad durante estos días.

Virgilio y Juan Antonio González Iglesias nos felicitan la Navidad

Feliz Navidad

os desea el equipo de Notae tironianae, que relaja su actividad durante estos días.

La Bucólica Cuarta fue escrita en el año

713 desde la Fundación de Roma, 40 antes de Cristo.

Belleza y misterio nutren el poema

más profético de la Antigüedad,

que anuncia el nacimiento de un niño maravilloso.

Con estas palabras presenta Juan Antonio González Iglesias el poema de Virgilio que los cristianos consideraron una profecía del nacimiento de Jesús. Él lo tradujo en diciembre de 2007 para felicitar la Navidad a sus amigos. Con el mismo propósito lo compartimos aquí con nuestros seguidores.

 

VIRGILIO

BUCÓLICA IV

Ahora cantemos, Musas sicilianas,

temas algo más nobles, que no a todos

les gustan los arbustos y los simples

tamarindos. Si vamos a cantar

los bosques, sean los bosques que merece

un cónsul. Viene ya la última época

que el poema de Cumas anunciara.

Está naciendo de lo no tocado

una grandiosa sucesión de siglos.

Ya regresa la Virgen, ya regresan

los reinos de Saturno, ya nos mandan

nueva progenie desde el alto cielo.

A este niño que está naciendo ahora,

bajo el cual por primera vez la estirpe

de hierro acabará y en todo el mundo

surgirá la de oro, sí, a este niño,

dale tu apoyo tú, casta Lucina:

ya está reinando tu querido Apolo.

Esta gloriosa era empezará,

Polión, en tiempo de tu consulado.

Comenzarán a desfilar los meses

conducidos por ti, meses magníficos.

Si de nuestra maldad queda algún resto,

será borrado y todas las naciones

quedarán libres del eterno miedo.

Él tomará la vida de los dioses,

con los dioses verá mezclarse a héroes,

y él mismo será visto junto a ellos,

y un mundo en paz gobernará con esas

virtudes heredadas de su padre.

Para ti, niño, irá dando la tierra,

sin que nadie la haya cultivado,

sus pequeños regalos, sus primicias:

hiedras errantes por doquier con bácar,

y colocasia entre el alegre acanto.

Al redil volverán las cabritillas

por sí solas, con ubres rebosantes,

y ya no tendrán miedo los rebaños

de los enormes leones. Y tu cuna

para ti hará que broten tiernas flores.

Morirá la serpiente, morirá

la mentirosa hierba del veneno.

Brotará en cualquier suelo amomo asirio.

Tan pronto puedas leer las maravillas

de los héroes, las gestas de tu padre,

y sepas la virtud y su secreto,

se irá tornando rubia la campiña

de espigas blandas, colgará uva roja

en las zarzas bravías, y las duras

encinas gotearán miel cual rocío.

Mas sobrevivirán algunas huellas

de aquella culpa antigua: ordenarán

tentar a Tetis con embarcaciones,

rodear de murallas las ciudades

y cavar surcos en el suelo fértil.

Otro Tifis habrá y habrá otra Argos

para llevar a los mejores héroes,

habrá otra guerra y será enviado

el magno Aquiles otra vez a Troya.

Después, cuando la edad más vigorosa

te haya hecho un hombre, se retirará

el navegante mismo de los mares,

dejarán el comercio los bajeles,

y de todo darán todas las tierras.

No sufrirán los campos más arados,

ni las vides más hoces, el robusto

labrador quitará el yugo a los bueyes,

no aprenderá la lana más el arte

de mentir con colores diferentes,

será el propio carnero el que en los prados

cambiará su vellón süavemente

a múrice rojizo, a azafranada

gualda, y el minio por naturaleza

vestirá a los corderos mientras pacen.

Siglos tan prodigiosos, —les dijeron

las Parcas a sus husos— corred ya,

las tres de acuerdo en inmutable sino.

Avanza (ya es el tiempo) hacia tan nobles

honores, oh linaje bienamado

de los dioses, oh gran fruto de Júpiter.

Mira cómo te dan su asentimiento

el universo grávido de curvas

y las tierras y el flujo de los mares

y el insondable cielo. Mira cómo

todas las criaturas ya se alegran

por el siglo que trae nuestro futuro.

Ojalá sea entonces largo el tramo

último de mi vida, y tenga aliento

bastante y pueda relatar tus hechos.

No seré superado en las canciones

ni por el tracio Orfeo ni por Lino

aunque el padre y la madre los ayuden,

a Orfeo Calíope, a Lino el bello Apolo.

Y hasta Pan, si conmigo compitiera

sometiéndose al juicio de la Arcadia,

hasta Pan, ante el juicio de la Arcadia,

se reconocería derrotado.

Niño pequeño, empieza a conocer

a tu madre en el juego de sonrisas,

que a tu madre estos nueve meses tuyos

largos padecimientos le han causado.

Niño pequeño, empieza a sonreír,

que a quien sus padres no le sonrieron,

ningún dios lo ha invitado a su banquete,

ninguna diosa lo invitó a su lecho.

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