Descubre qué tienen en común Taylor Swift y Cayo Julio César

Las letras clásicas a veces son tan impredecibles que nos rodean sin que lo sepamos. No hay nada más gratificante que ver cómo personas tan admiradas y exitosas como Taylor Swift incluyen, aunque sea de forma subliminal, un poquito de lo clásico en su trabajo. Bueno, sí que hay: ver que se hace con criterio y con sentido. Un día cualquiera aparece entre los símbolos de uno de los videoclips con más repercusión de nuestra era una frase en latín, y los clásicos, hasta encontrarla, rastreamos cada segundo con miedo, por una parte a que se produzcan y perpetúen equívocos tan horribles como si fueran la Biblia, y, por otra, con ilusión y expectación ante la intriga de cómo alguien tan reconocido se ha dado cuenta de que el mundo clásico y el contemporáneo se solapan y conectan continuamente. Y entonces descubrimos cómo veinte siglos después la historia se repite y la famosísima Taylor Swift se siente en la piel de Julio César, y es así como lo manifiesta:T!.jpg

¿No lo ves? Bueno, primero déjame que te explique:

Gaius Iulius Caesar fue un líder militar y político del ocaso de la República de Roma, además de uno de los más excelentes y reconocidos escritores del latín (autor de la famosa De Bello Gallico y de De Bello Civili, entre otros).

Tras la Guerra de las Galias, su ingente acumulación de poder le acarreó una grandísima oposición entre sus enemigos políticos del Senado que terminó traduciéndose en una nueva guerra civil que César gana. Esto le procuró salir tan reforzado como para ser reconocido amo y señor de la República y autoproclamarse cónsul y dictator perpetuus. Aunque inició una próspera época de gobierno, en el Senado, ante la posibilidad de que César quisiera restaurar la monarquía en su persona, se empezaron a fraguar intrigas que se acrecentaron hasta convertirse en miedo, un miedo que movería a un grupo de senadores, entre los que incluso había personas de confianza de César como Bruto, a maquinar una conspiración para matarlo y evitar de ese modo que los valores de la República peligrasen (además de aspiraciones e intereses particulares). Así, en los idus de marzo, César fue asesinado.

Es muy difícil determinar con total seguridad qué condiciones gestaron el asesinato de César y el motivo real que movió a los senadores. No obstante, esta conspiración, de la que aún en el siglo XXI un ídolo de masas tan influyente como Taylor Swift se sirvió para uno de sus videoclips, ha pasado para siempre a los anales de la historia: Autores como Eutropio y Suetonio nos cuentan que todo comenzó cuando César acudía al Foro, donde, tras ser convocado allí por una serie de senadores (los conspiradores, liderados por Longino y Bruto) escucharía una petición escrita por ellos. Tanto su mujer Calpurnia como Marco Antonio como intentaron detenerle, pero no lo consiguieron, y los asesinos encontraron a César en el Teatro de Pompeyo, desde donde lo llevaron hasta una habitación en la que le dieron la petición. Cuando César apenas comenzaba a leerla, emprendieron el crimen, primero tirándole de la túnica y después cortándole en el cuello con una daga. Tras eso, todos, incluido Bruto, se lanzaron sobre César, que, aunque se intentó defender con un punzón y escapar para pedir ayuda, terminó yaciendo sobre un reguero de sangre, indefenso, y recibiendo 23 puñaladas, de las cuales sólo la segunda, según Suetonio, fue mortal, al acertar en el tórax. Es entonces cuando César, atónito por la traición y la ingratitud de Bruto, supuestamente pronuncia sus últimas palabras, que, a pesar de gozar de una amplísima fama y tradición, no están realmente claras, ni coinciden plenamente entre los autores que han dejado vigencia de ellas. La versión más pertinente ahora mismo es la inmortalizada por Shakespeare en una de sus tragedias (Julio César, acto III, escena 1), puesto que es esta la que Taylor Swift incluirá en uno de sus trabajos:

Et tu, Brute? (“¿Tú también, Bruto?”) ​

A pesar de que Shakespeare optó por la versión latina, se cree que, en todo caso, estas palabras serían pronunciadas en griego, ya que las altas esferas romanas eran bilingües y César, descendiente de familia patricia, también lo era. Por ello, la versión original sería:

-Καὶ σὺ τέκνον; (“¿tú también, hijo mío?”) ​

Tras el asesinato, los conspiradores huyeron, dejando el cadáver de César a los pies de una estatua de Pompeyo, ganándose para siempre la animadversión de Roma.

Como hemos adelantado, el punto en común entre Swift y César (o al menos el que conocemos) reside en esa mítica frase. Pero, ¿quién era Bruto y qué tiene que ver? Pues bien, Marcus Iunius Brutus Caepio fue también un político romano coetáneo de César que nunca se puso del lado de este en su carrera política, hecho por el que, tras la victoria de César contra los optimates, le pidió perdón. Las disculpas le valieron para colocarse entre los hombres de más confianza de César (quizá también influyó que Servilia, madre de Bruto, fuese amante de César) quien incluso le cedió el gobierno de la Galia y le nombró pretor. Bruto nunca ocultó sus principios en la política y su apoyo incondicional a la República y sus valores, y aunque César le profesaba mucho cariño, formó parte del complot. Así es como uno de los mejores amigos y protegidos de César, al que incluso consideraba su hijo, forjó una traición inolvidable para la historia, manchada de ingratitud, soberbia y egoísmo.

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Conociendo ya la historia y su contexto, es el momento de centrarnos en la clave del asunto y para ello debemos hacer una pequeña reflexión sobre la cita supuestamente dicha por César, que encierra en sí misma un contenido brutal y una alusión clara a la traición que utilizará magníficamente Taylor Swift:

La célebre cita denota la traición muy inesperada de un ser querido. Asimismo, podría enmascarar una advertencia o, aún más, una maldición (muy populares en Roma) pues algunos defienden que César tomó las palabras de un verso griego que se había tornado ya proverbial, que sería: “A ti también, hijo mío, te llegará el turno”. Esta maldición, de la que sólo se pronunciaría el principio, podría haber anticipado la sangrienta muerte de Bruto.

Esta frase tan corta pero tan cargada de significado reflejó a la perfección la reciente realidad de Taylor Swift, una artista estadounidense que primero llegó arrasando en la música country y después se lanzó al mercado pop, donde también causó verdadero furor y levantó un fenómeno fan que hasta hoy la avala.

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Entre otros numerosos premios y reconocimientos, en 2009 fue galardonada en los MTV Video Music Awards con el premio al mejor videoclip femenino por el de la canción “You belong with me. Entonces el rapero Kanye West, marido de Kim Kardashian, una de las celebrities más influyentes en la actualidad, subió inesperadamente al escenario, eclipsando su discurso y manifestando que quien verdaderamente merecía el premio era la cantante Beyoncé. La riña no duró mucho y las aguas volvieron a su cauce, al menos hasta 2016, cuando Kanye volvió a arremeter contra Swift con el lanzamiento de su canción “Famous”, puesto que no sólo incluía en su videoclip una doble de Taylor (y de varios famosos más) desnuda, sino que también la aludía en la letra de una manera no muy acertada: “I feel like me and Taylor might still have sex/ Why? I made that bi*** famous” (“Siento como que Taylor y yo todavía podríamos acostarnos / ¿Por qué? Yo hice famosa a esa p***”). Después del lanzamiento de “Famous” Taylor cargó contra West con el apoyo total de las redes sociales, pero meses después la situación dio un vuelco cuando Kim Kardashian filtró una conversación privada entre West y Swift por Snapchat de la que se deducía que Taylor conocía la letra de antemano. Tras esto, y aunque Taylor lanzó un desmentido, en las redes sociales se produjo una verdadera revolución en la que todo el mundo celebrity lapidó a Taylor Swift, tachándola de hipócrita y negándola cualquier atisbo de piedad.

A Taylor no le quedó otra que encerrarse en sí misma y apartarse por un tiempo del mundo, tras lo que resurgió con más fuerza que nunca lanzando la canción “Look what you made me do” y su videoclip, un tema completamente distinto a cualquiera de los de su carrera anterior, con una letra oscura y vengativa, directa, contra todos y cada uno de sus enemigos. A sólo horas de ser lanzado, rompió varios récords: lyric video más visto en la historia de Youtube en su primer día de lanzamiento con 19 millones de reproducciones; canción más escuchada en Spotify en sus primeras 24 horas con 8 millones de reproducciones; videoclip más visto en la historia de Youtube en un solo día, con 49.9 millones de reproducciones y 30.000 reproducciones por minuto en sus primeras 24 horas, llegando a más de 3 millones de visitas por hora. La canción logró alcanzar el número #1 en 99 países, y se posicionó en el top 10 en gran parte de Latinoamérica y Europa.

Todo lo relativo a este sencillo gira en torno al maltrato y la traición, una tan dura y sentida como la de Bruto a César. Sin embargo, Taylor consigue dar un paso más y valerse de esta traición y del engaño para vengarse de sus propios conspiradores, dejando una muy clara declaración de intenciones en cada palabra y lanzando un videoclip exquisito, una verdadera obra maestra de la insinuación y la alusión, cargada de simbolismo e imágenes que señalan y anulan a los detractores de Taylor Swift. El videoclip entero es una maravilla para los amantes de lo audiovisual y la creatividad, pero nosotros nos quedaremos con el intervalo 0:50-1:06:

Taylor aparece sentada en un trono de serpientes (otro símbolo empleado de manera sublime, pero que aquí no viene a cuento), en una especie de templo, tras unas escaleras.

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Aunque a simple vista no es fácil, si nos fijamos, veremos cómo sobre las columnas principales, grabada en letras doradas, se lee la célebre frase de la que antes hemos hablado tanto: ET TU BRUTE. Taylor no se conforma y, de manera casi imperceptible, vuelve a apelar a sus propios Bruti (Kanye, Kim y todos aquellos que iban en su contra) empleando de nuevo la misma frase, grabada en los ojos de las calaveras doradas del reposabrazos de su trono:

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La venganza y la traición confluyen en esta escena del video de Taylor a partes iguales, así como una demostración de fuerza de la nueva Taylor, gracias a un detalle tan vago, tan fugaz, pero tan bien ubicado y empleado como una frase atribuída a Cayo Julio César en este videoclip tan bien elaborado.

Podríamos hablar muchísimo más de esto, pero la conclusión de todo lo expuesto es clara: de nuevo, la importancia y la trascendencia de las clásicas en la actualidad. Cualquiera que no sepa latín o no conozca esta frase y su contexto nunca podría llegar a encontrar el profundo pero más que sutil sentido de esta referencia, y, por tanto, tampoco entender completamente este genial videoclip (ni muchísimas otras cosas). Y quién sabe si no llegaría un punto en el que dejasen de elaborarse trabajos audiovisuales tan increíbles y con tantísimas  referencias como este. Y, una vez más, al igual que Taylor, las lenguas clásicas nos demuestran que no están tan muertas como pensábamos.

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Julián Bautista

 

Músicas antiguas

Mª Ángeles Martín Sánchez nos informa de que el 9 de junio se ha inaugurado en Caixa Forum Madrid la exposición Músicas en la antigüedad:

La Obra Social ”la Caixa”, el Musée du Louvre y el Musée du Louvre-Lens presentan la primera exposición en España dedicada a la música de las antiguas civilizaciones de Oriente, Egipto, Grecia y Roma. Alrededor de la muestra se organizan actividades diversas, entre las que figura un ciclo de conferencias.

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Desde Homero a María Rodés: las Pléyades

Eclíptica, el nuevo disco de Maria Rodés, presentado hace unos días en el teatro Juan del Enzina (puedes ver fotos), ha sido inspirado por la labor y los diarios de su tío bisabuelo, el astrónomo Lluís Rodés, director del observatorio del Ebro (lee aquí la entrevista en El País sobre el nuevo disco). Y puesto que tanto griegos como latinos también miraron al cielo con afán de explicar lo que veían, en este disco también hay sitio para la mitología, como es el caso del tema Pléyades.

Pléyades (puedes ver el videoclip aquí)

“L’Etoile Perdue”-Adolphe Bouguereau (1884)

 

 

Andan juntas por el cielo,
sin separarse jamás,
como niñas asustadas.
Fueron víctimas de Orión.

Él se encaprichó de todas,L'Etoile Perdue (La Pléyade Perdida) de William-Adolphe Bouguereau (1884)
preso de su juventud.
Y abrumado por su encanto,
sin cesar las persiguió.

Siete años sin parar,
sin parar de escapar.
¿Hacia dónde? No lo sé,
pero hay que correr.

Alguien las convirtió en palomas,
para ayudarlas a escapar.
Ellas volaron hacia el cielo
y allí el toro las meció.

Ya solo puedo ver seis,
falta una séptima que huyó.
Se moría de vergüenza
por amar a un ser mortal.

Siete años sin parar,
sin parar de escapar.
¿Hacia dónde? No lo sé,
pero hay que correr
hacia algún lugar
lejos de la gravedad.

La pobre se enamoró,
presa de su finitud.
Tuvo que aceptar que un día
su amor se moriría.
Y su luz debilitada
de pena se apagaría,
de pena se apagaría,
de pena se apagaría.
de pena se apagaría.

Eratóstenes, en su Catasterismo, explica así este cuerpo celeste:

La constelación de las Pléyades se encuentra en el llamado corte del lomo de Tauro. Reunidas en un racimo de siete estrellas, dicen que son las hijas de Atlas, y por eso se las denomina «siete pasos». Sin embargo, no son visibles las siete, sino sólo seis, y se da de ello la siguiente explicación: seis de ellas se unieron a diversos dioses, y la séptima se unió a un mortal. De entre las primeras, tres se unieron a Zeus (Electra, de la que nació Dárdano; Maya, madre de Hermes, y Taígete, de la que nació Lacedemón). Otras dos se unieron a Posidón (Alcíone, madre de Hiereo, y Celeno, de la que nació Lico). Se cuenta que Estérope se unió al dios Ares, de cuya unión nació Enómao. Finalmente Mérope se unió al mortal Sísifo, motivo por el que no se nos muestra visible. Entre los hombres gozan de muy buena reputación, ya que anuncian el comienzo de la primavera. Su disposición en el firmamento es muy feliz, pues dibujan la forma de un triángulo, según dice Hiparco. (Trad. Antonio Guzmán Guerra).

Las Pléyades fueron forjadas por Hefesto en el escudo de Aquiles (Ilíada XVIII, vv. 483-489):

Hizo figurar en él la tierra, el cielo y el mar,
el infatigable sol y la luna llena,
así como todos los astros que coronan el firmamento:
las Pléyades, las Hiades y el poderio de Orión,
y la Osa que también denominan con el nombre de Carro,
que gira allí mismo y acecha a Orión,
y que es la única que no participa de los baños en el Océano
.
(Trad. Emilio Crespo Güemes)

En sus Trabajos y días (trad. Aurelio Pérez Jiménez y Alfonso Martínez Díez), Hesíodo las señala como punto de inicio de los trabajos de primavera (al surgir las Pléyades descendientes de Atlas, empieza la siega; y la labranza cuando se oculten), en el calendario del labrador (luego que se oculten las Pléyades, las Híades y el forzudo Orión acuérdate de que empieza la época de la labranza) y también en el calendario de la navegación (te advierto que cuando las Pléyades huyendo del forzudo Orión caigan al sombrío ponto […] arrastra la nave a tierra y cálzala con piedras), ya que se pueden ver en el firmamento desde principios de mayo hasta mediados de noviembre. Y así las recoge, tiempo después, Virgilio en su Geórgica I: Antes las Pléyades, hijas de Atlas, se te oculten mañaneras y la constelación de Gnossos, de brillante Corona, se retire, que deposites en los surcos las semillas que les corresponden y que te apresures a confiar la esperanza del año a la repelente tierra. (Trad. Tomás de la Ascensión Recio García y Arturo Soler Ruiz).

Marta Martín Díaz

Hace un año nos dejó Gata Cattana

El 2 de marzo de 2017 fallecía, a los 25 años de edad, Ana Isabel García Llorente, más conocida por su pseudónimo Gata Cattana, bajo el cual rapeaba, o Ana Sforza, con el que firmaba sus «versos libres». «Rapeadora de noche. Poetisa de día. Politóloga a ratos», como ella misma se definía en su biografía de tuiter, experta en Relaciones Internacionales y Sistemas de Defensa, se fue cuando aún dudaba entre ser Rapera, Politóloga o Catedrática.

Creía firmemente que «el arte trasciende a la propia muerte» y tenía claro que «hay artistas que siguen estando muy vivos a través de su obra y, sobre todo, siguen siendo útiles para las personas». De ahí que, tras hallar esa misma utilidad en las creaciones de autores tanto clásicos como contemporáneos, Ana habitara artísticamente entre el pasado mitológico, el pasado histórico y nuestro presente, a veces no tan distinto a estos («nos han dao un circo malo, pero nada de pan» como canta en Los siete contra Tebas). Por eso ella vivió dando más batallas que la Persia de Alejandro, subida a lomos de Ícaro hasta que se queme el avión, siendo mejor en lo que escribía como Cicerón; encallándose en su propia guerra civil, como Lisístrata, ya que «en todos los ámbitos de la sociedad hay machismo y el rap es, ni más ni menos, un reflejo de lo que encontramos fuera». Porque ella nunca fue Helena y ni siquiera Penélope, sino la Gorgo en Esparta,/ la Cleopatra en Egipto,/ y la peor de las Erinias. Como Antígona, una humana más con su éxito y sus crisis, el mito contra la φύσις, sin miedo a apocalipsis ni al castigo de los dioses. Invocando con su cadencia a la guerrera amazona, a la vestal romana, a Safo, a Hipatia, buscando una luz.gata-cattana-cordoba-U10189996906SzF--1240x698@abc

No sabía si precisamente esa influencia póstuma a través de la propia obra sería la inmortalidad, «pero sí que es lo verdaderamente importante». Non omnis moriar; ni siquiera en siete vidas, Gata.

Su primer EP Los siete contra Tebas, que incluye los temas Antígona y Los siete contra Tebas.

Su segundo EP, Anclas, donde se encuentra Lisístrata.

Banzai, su único LP, en el cual estaba trabajando cuando murió, fue  publicado póstumamente en octubre de 2017.

Entre 2013 y 2016, mantuvo activo un blog con poemas y reflexiones, también llamado Los siete contra Tebas, que puede seguirse visitando:

Ana también fue asidua de los Slam Poetry, en los que se proclamó en más de una ocasión vencedora, aquí recitando «La Satine»:

También publicó un poemario, La escala de Mohs (2017), que actualmente se puede seguir adquiriendo a través de pedidosgatacattana@gmail.com.

Marta Martín Díaz

Casandra de Ismael Serrano

Puedes ver el videoclip aquí.

Casandra vio en sueños el futuro.
En la sombra de una pesadilla Casandra leyó
los versos de ese poema que aún no han escrito
los dioses que, riendo, la hirieron con su maldición.
Supo del hambre y de las guerras de siempre,
de bufones celebrando el odio, bailando entre hogueras,
de despedidas y de monstruos minerales
bebiendo insaciables la savia dulce del planeta.

Casandra vio a hombres y mujeres
dormitando en sus burbujas
tras las máscaras del miedo.
Mas también vio la luz del alba
asomar por la cancela que nadie jamás abrió.
Supo que aún quedaban esperanzas,
que otros sueños la esperaban.
Casandra habló a todos de sus sueños
mas nadie la oyó.

Nadie creyó en Casandra y sus visiones
y la gente sólo vio en su augurio delirio y locura.
La condenaron a vagar perdida y sola.
Herejía es mostrar la verdad descarnada y desnuda.
Abandonada, tras los años la encontró
un muchacho que andaba buscando esperanza y respuestas.
Casandra habló con pasión de sus presagios
y de la luz del amanecer brillando tras la puerta.

– Creo en ti Casandra. No estás loca.
Se besaron y en su boca florecieron madreselvas.
-Dulce Casandra, ponte de pie.
-Yo te he conocido antes. Quizá te soñé.
Hay quien duda ya y cree en la leyenda.
Juntos buscarán la puerta.
Dulce mañana.
Yo, no sé tú…
creo en Casandra.

Hay quien duda ya y cree en la leyenda.
Juntos buscarán la puerta.
Dulce mañana.
Yo, no sé tú…
creo en Casandra.

Envío de Esperanza González

La Roma de los Manel

En el año 2008, el grupo catalán Manel publicó su primer álbum: aquel Els millors professors europeus que les catapultó al número uno de ventas y les consignó como grupo revelación del año.

Mucho se ha hablado desde entonces del costumbrismo que, especialmente en sus dos primeros discos, impregnaba las letras. Pero, como señaló Guillem Gisbert (en esta entrevista a cargo de Nacho Vegas), letrista principal del grupo, a este propósito: «Lo hay [costumbrismo], pero no tanto. Teníamos un pie en la realidad, pero también estaba la fantasía».

He aquí el ejemplo perfecto de esta combinación (puedes ver el video aquí):

Si hagués nascut a Roma, fa més de dos mil anys,
viuria en un Imperi, tindríem un esclau,
i àmfores al pati plenes d’oli i vi
i una estàtua de marbre dedicada a mi.

Si hagués nascut a Roma, fa més de dos mil anys,
no faria olor de xampú el teu cabell daurat,
oferiríem bous als déus, brindaríem amb soldats
i ens despertaria un carro pujant per l’empedrat.

I els turistes es fan fotos on tu i jo vam esmorzar,
són les coses bones de passar a l’eternitat,
i una guia els ensenya el mosaic del menjador,
es retraten i passegen per la nostra habitació.

I ara un nen dibuixa a llapis a la sala del museu
el braçalet de maragdes que t’embolicava el peu
i un submarinista troba els nostres gots i els nostres plats,
són les coses bones de passar a l’eternitat.

Si hubiese nacido en Roma, hace más de dos mil años,
viviría en un Imperio, tendríamos un esclavo,
y ánforas en el patio llenas de aceite y vino,
y una estatua de mármol dedicada a mí.

Si hubiese nacido en Roma, hace más de dos mil años,
no olería a champú tu cabello dorado,
ofreceríamos bueyes a los dioses, brindaríamos con soldados
y nos despertaría un carro subiendo por el empedrado.

Y los turistas se hacen fotos donde tú y yo desayunamos,
son las cosas buenas de pasar a la eternidad,
y un guía les enseña el mosaico del comedor,
se retratan y pasean por nuestra habitación.

Y ahora un niño dibuja a lápiz en la sala del museo
el brazalete de esmeraldas que te envolvía el pie
y un submarinista encuentra nuestros vasos y nuestros platos,
son las cosas buenas de pasar a la eternidad.

Por cierto, a esta Roma le sigue una canción con no menos reminiscencias clásicas, llamada Captatio Benevolentiae (en términos retóricos “ganarse el favor del público”)

(Tanto la letra original en catalán como su traducción al castellano se encuentran aquí)

Marta Martín Díaz

Carmina Burana en la plaza de la Catedral de Oviedo

Sabemos gracias a varios diarios asturianos (El Comercio, La Nueva España, La Voz de Asturias) que miles de personas asistieron a la interpretación de los Carmina Burana de Carl Orff, a cargo de la orquesta Oviedo Filarmonía, de la que se despedía como director Marzio Conti, y los coros de la Ópera de Oviedo y de la Fundación Princesa de Asturias. Podemos ver el video aquí.

Para los que no los conozcan, Carmina burana es una colección de cantos de los goliardos, de los siglos XII y XIII, que se han conservado en un único códice encontrado a principios del s. XIX en la abadía de Bura Sancti Benedicti (Benediktbeuern), en Baviera. Hay poemas escritos en latín, en un dialecto del antiguo alemán medio y en francés antiguo. El compositor Carl Orff puso música a algunos de ellos en 1937. (Puedes encontrar el texto original y la traducción aquí y si quieres escuchar la cantata completa pincha aquí [Dirigent: Paul Dinneweth; Koor: Koninklijke Chorale Caecilia Antwerpen])

Susana González

 

American Caesar

Hace algunos meses la profesora Susana González publicaba en este blog [pincha aquí] algunas notas sobre la poca afortunada comparación entre César y el que ya es cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos de América. Ahora que ya se ha apaciguado el exacerbado cesarianismo que cada marzo repunta quizá sea un buen momento para explorar una página menos manida —y más rock— de la recurrente identificación de Roma y los EE.UU.

Caesar lives.

Classics Ireland es una revista que con dificultad encuentre un lugar entre los primeros puestos de los rankings de impacto. Editada por la Classical Association of Ireland durante veinte años, su último número vio la luz en 2013. Sin embargo, Classics Ireland puede arrogarse una singularidad dentro de las publicaciones especializadas en este campo: es la única revista especializada en la Antigüedad Clásica que ha incluido un texto firmado por Iggy Pop. En su segundo número, en 1995, publicó “Caesar lives”, cuyo texto reproducimos.

Caesar lives

In 1982, horrified by the meanness, tedium and depravity of my existence as I toured the American South playing rock and roll music and going crazy in public, I purchased an abridged copy of The Decline and Fall of the Roman Empire (Dero Saunders, Penguin). The grandeur of the subject appealed to me, as did the cameo illustration of Edward Gibbon, the author, on the front cover. He looked like a heavy dude. Being in a political business, I had long made a habit of reading biographies of wilful characters —Hitler, Churchill, MacArthur, Brando— with large profiles, and I also enjoyed books on war and political intrigue, as I could relate the action to my own situation in the music business, which is not about music at all, but is a kind of religion-rental.

I would read with pleasure around 4 am, with my drugs and whisky in cheap motels, savouring the clash of beliefs, personalities and values, played out on antiquity’s stage by crowds of the vulgar, led by huge archetypal characters. And that was the end of that. Or so I thought.

Eleven years later I stood in a dilapidated but elegant room in a rotting mansion in New Orleans, and listened as a piece of music strange to my ears pulled me back to ancient Rome and called forth those ghosts to merge in hilarious, bilious pretence with the Schwartzkopfs, Schwartzeneggers and Sheratons of modern American money and muscle-myth. Out of me poured information I had no idea I ever knew, let alone retained, in an extemporaneous soliloquy I called ‘Caesar’. When I listened back, it made me laugh my ass off because it was so true. America is Rome. Of course, why shouldn’t it be? All of Western life and institutions today are traceable to the Romans and their world. We are all Roman children for better or worse.

The best part of this experience came after the fact ­—my wife gave me a beautiful edition in three volumes of the magnificent original unabridged Decline and Fall, and since then the pleasure and profit have been all mine as I enjoy the wonderful language, organization and scope of this masterwork. Here are just some of the ways I benefit:

  1. I feel a great comfort and relief knowing that there were others who lived and died and thought and fought so long ago; I feel less tyrannized by the present day.
  2. I learn much about the way our society really works, because the system-origins —military, religious, political, colonial, agricultural, financial— are all there to be scrutinized in their infancy. I have gained perspective.
  3. The language in which the book is written is rich and complete, as the language of today is not.
  4. I find out how little I know.
  5. I am inspired by the will and erudition which enabled Gibbon to complete a work of twenty-odd years. The guy stuck with things.

I urge anyone who wants life on earth to really come alive for them to enjoy the beautiful ancestral ancient world.

New York City.

The author’s album, American Caesar (Virgin Records 1993), is available from all record shops.

An extemporaneous soliloquy.

El “cesarianismo” de la Iguana de Detroit, más allá de su famosa portada para, irónicamente, la revista Little Caesar en su octavo número, alcanza su punto álgido en ese soliloquio, ‘Caesar’ (pincha aquí para escucharlo y aquí, si quieres leer la letra), al que alude en su texto para Classics Ireland. Cortes como ‘Wild American’, con la conradiana frase «Extermine the brutes» casi a modo de estribillo, ‘Mixin’ the colors’ o ‘Hate’ han ido preparando ya el tono.

A punto de cerrar su American Caesar el monólogo resulta extemporáneo no solo por ser una improvisación en una mansión de Nueva Orleans sino por su situación más allá del tiempo, asentando al emperador Iggy en una cómoda acronía: anuncia al pueblo de América la llegada de un gran ejército para preservar la paz, alude a dos de los productos que marcaron el comercio global, primero la seda durante la Edad Antigua y después el té durante la Moderna, se pregunta por esos exóticos cristianos —en los que Gibbon hacía descansar parte de la culpa de la caída del Imperio Romano— y tiene la resolución de arrojarlos a los leones; ya nadie cree en los dioses antiguos, su culto es fatigoso y, en suma, el Imperio está cansado. Y sí, claro, un anciano adivino advierte de los peligros de las idus de marzo.

Bonus track: Roman children for better or worse.

La pista anterior al ‘Caesar’ es una versión del ‘Louie, Louie’ de Richard Berry que en su momento popularizaron The Kingsmen y que desde entonces ha conocido más de 1500 versiones de diferentes grupos como The Beach Boys [aquí], Motörhead [aquí], Joan Jett and the Blackhearts [aquí] o The Clash [aquí]. Incluso Iggy and the Stooges a mediados de los setenta grabaron su propia versión [aquí], alterando algo la letra original e improvisando para enfurecer más a los Scorpions, una banda de moteros de Detroit, como quedó registrado en el Metallic K.O., disco que tiene la fama de ser, de acuerdo con el crítico de Creem y Rolling Stone Lester Bangs, «the only rock album I know where you can actually hear hurled beer bottles breaking against guitar strings». Sin embargo, el ‘Louie, Louie’ del American Caesar reescribe casi por completo la canción adaptándola a la caída del muro de Berlín, a esa «life after Bush & Gorbachev» [pincha aquí para escucharlo y aquí si quieres leer la letra].

Es el tema que Michel Moore eligió para los créditos iniciales de su Capitalism: a love story (2009) [pincha aquí].

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Quizá no sea la única influencia de Iggy Pop en el documental. Inmediatamente después de que ‘Louie, Louie’ termine, Moore nos presenta fragmentos de uno de los documentales producidos por Encyclopaedia Britannica Films sobre Roma, alternándolos con imágenes de Estados Unidos sin que la voz en off deje de ir anotando los síntomas de la decadencia y caída del Imperio Romano.

A todo esto, ese hombre dibujado de espaldas en la portada del documental, con ese pelo… Juraría haberlo visto en algún otro sitio.

Diego Corral Varela

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