Carmina Burana en la plaza de la Catedral de Oviedo

Sabemos gracias a varios diarios asturianos (El Comercio, La Nueva España, La Voz de Asturias) que miles de personas asistieron a la interpretación de los Carmina Burana de Carl Orff, a cargo de la orquesta Oviedo Filarmonía, de la que se despedía como director Marzio Conti, y los coros de la Ópera de Oviedo y de la Fundación Princesa de Asturias. Podemos ver el video aquí.

Para los que no los conozcan, Carmina burana es una colección de cantos de los goliardos, de los siglos XII y XIII, que se han conservado en un único códice encontrado a principios del s. XIX en la abadía de Bura Sancti Benedicti (Benediktbeuern), en Baviera. Hay poemas escritos en latín, en un dialecto del antiguo alemán medio y en francés antiguo. El compositor Carl Orff puso música a algunos de ellos en 1937. (Puedes encontrar el texto original y la traducción aquí y si quieres escuchar la cantata completa pincha aquí [Dirigent: Paul Dinneweth; Koor: Koninklijke Chorale Caecilia Antwerpen])

Susana González

 

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American Caesar

Hace algunos meses la profesora Susana González publicaba en este blog [pincha aquí] algunas notas sobre la poca afortunada comparación entre César y el que ya es cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos de América. Ahora que ya se ha apaciguado el exacerbado cesarianismo que cada marzo repunta quizá sea un buen momento para explorar una página menos manida —y más rock— de la recurrente identificación de Roma y los EE.UU.

Caesar lives.

Classics Ireland es una revista que con dificultad encuentre un lugar entre los primeros puestos de los rankings de impacto. Editada por la Classical Association of Ireland durante veinte años, su último número vio la luz en 2013. Sin embargo, Classics Ireland puede arrogarse una singularidad dentro de las publicaciones especializadas en este campo: es la única revista especializada en la Antigüedad Clásica que ha incluido un texto firmado por Iggy Pop. En su segundo número, en 1995, publicó “Caesar lives”, cuyo texto reproducimos.

Caesar lives

In 1982, horrified by the meanness, tedium and depravity of my existence as I toured the American South playing rock and roll music and going crazy in public, I purchased an abridged copy of The Decline and Fall of the Roman Empire (Dero Saunders, Penguin). The grandeur of the subject appealed to me, as did the cameo illustration of Edward Gibbon, the author, on the front cover. He looked like a heavy dude. Being in a political business, I had long made a habit of reading biographies of wilful characters —Hitler, Churchill, MacArthur, Brando— with large profiles, and I also enjoyed books on war and political intrigue, as I could relate the action to my own situation in the music business, which is not about music at all, but is a kind of religion-rental.

I would read with pleasure around 4 am, with my drugs and whisky in cheap motels, savouring the clash of beliefs, personalities and values, played out on antiquity’s stage by crowds of the vulgar, led by huge archetypal characters. And that was the end of that. Or so I thought.

Eleven years later I stood in a dilapidated but elegant room in a rotting mansion in New Orleans, and listened as a piece of music strange to my ears pulled me back to ancient Rome and called forth those ghosts to merge in hilarious, bilious pretence with the Schwartzkopfs, Schwartzeneggers and Sheratons of modern American money and muscle-myth. Out of me poured information I had no idea I ever knew, let alone retained, in an extemporaneous soliloquy I called ‘Caesar’. When I listened back, it made me laugh my ass off because it was so true. America is Rome. Of course, why shouldn’t it be? All of Western life and institutions today are traceable to the Romans and their world. We are all Roman children for better or worse.

The best part of this experience came after the fact ­—my wife gave me a beautiful edition in three volumes of the magnificent original unabridged Decline and Fall, and since then the pleasure and profit have been all mine as I enjoy the wonderful language, organization and scope of this masterwork. Here are just some of the ways I benefit:

  1. I feel a great comfort and relief knowing that there were others who lived and died and thought and fought so long ago; I feel less tyrannized by the present day.
  2. I learn much about the way our society really works, because the system-origins —military, religious, political, colonial, agricultural, financial— are all there to be scrutinized in their infancy. I have gained perspective.
  3. The language in which the book is written is rich and complete, as the language of today is not.
  4. I find out how little I know.
  5. I am inspired by the will and erudition which enabled Gibbon to complete a work of twenty-odd years. The guy stuck with things.

I urge anyone who wants life on earth to really come alive for them to enjoy the beautiful ancestral ancient world.

New York City.

The author’s album, American Caesar (Virgin Records 1993), is available from all record shops.

An extemporaneous soliloquy.

El “cesarianismo” de la Iguana de Detroit, más allá de su famosa portada para, irónicamente, la revista Little Caesar en su octavo número, alcanza su punto álgido en ese soliloquio, ‘Caesar’ (pincha aquí para escucharlo y aquí, si quieres leer la letra), al que alude en su texto para Classics Ireland. Cortes como ‘Wild American’, con la conradiana frase «Extermine the brutes» casi a modo de estribillo, ‘Mixin’ the colors’ o ‘Hate’ han ido preparando ya el tono.

A punto de cerrar su American Caesar el monólogo resulta extemporáneo no solo por ser una improvisación en una mansión de Nueva Orleans sino por su situación más allá del tiempo, asentando al emperador Iggy en una cómoda acronía: anuncia al pueblo de América la llegada de un gran ejército para preservar la paz, alude a dos de los productos que marcaron el comercio global, primero la seda durante la Edad Antigua y después el té durante la Moderna, se pregunta por esos exóticos cristianos —en los que Gibbon hacía descansar parte de la culpa de la caída del Imperio Romano— y tiene la resolución de arrojarlos a los leones; ya nadie cree en los dioses antiguos, su culto es fatigoso y, en suma, el Imperio está cansado. Y sí, claro, un anciano adivino advierte de los peligros de las idus de marzo.

Bonus track: Roman children for better or worse.

La pista anterior al ‘Caesar’ es una versión del ‘Louie, Louie’ de Richard Berry que en su momento popularizaron The Kingsmen y que desde entonces ha conocido más de 1500 versiones de diferentes grupos como The Beach Boys [aquí], Motörhead [aquí], Joan Jett and the Blackhearts [aquí] o The Clash [aquí]. Incluso Iggy and the Stooges a mediados de los setenta grabaron su propia versión [aquí], alterando algo la letra original e improvisando para enfurecer más a los Scorpions, una banda de moteros de Detroit, como quedó registrado en el Metallic K.O., disco que tiene la fama de ser, de acuerdo con el crítico de Creem y Rolling Stone Lester Bangs, «the only rock album I know where you can actually hear hurled beer bottles breaking against guitar strings». Sin embargo, el ‘Louie, Louie’ del American Caesar reescribe casi por completo la canción adaptándola a la caída del muro de Berlín, a esa «life after Bush & Gorbachev» [pincha aquí para escucharlo y aquí si quieres leer la letra].

Es el tema que Michel Moore eligió para los créditos iniciales de su Capitalism: a love story (2009) [pincha aquí].

moore

Quizá no sea la única influencia de Iggy Pop en el documental. Inmediatamente después de que ‘Louie, Louie’ termine, Moore nos presenta fragmentos de uno de los documentales producidos por Encyclopaedia Britannica Films sobre Roma, alternándolos con imágenes de Estados Unidos sin que la voz en off deje de ir anotando los síntomas de la decadencia y caída del Imperio Romano.

A todo esto, ese hombre dibujado de espaldas en la portada del documental, con ese pelo… Juraría haberlo visto en algún otro sitio.

Diego Corral Varela

Exposición ‘Arqueomúsica. ¡Así sonaba la Europa antigua!’

Natividad Hernández nos aconseja esta interesante exposición  ‘Arqueomúsica. ¡Así sonaba la Europa antigua!’, que llega a España en exclusiva al Museo de la Ciencia de Valladolid.
Se trata de una muestra enmarcada en el Proyecto Europeo de Arqueología Musical EMAP del Programa Cultura de la UE,  con la Universidad de Valladolid como único socio español, a través de la sección departamental de Historia y Ciencias de la Música.

Valladolid se convierte así en la única ciudad del país en recibir esta muestra que permanecerá en la Sala de Exposiciones del Museo del 7 de febrero al 21 de mayo de 2017, con el objetivo de descubrir las antiguas raíces musicales de la cultura europea.
Esta exposición ha sido creada por investigadores de toda Europa que, coordinados por el comisario Arnd Adje Both del Instituto Arqueológico Alemán  de Berlín, han diseñado un  recorrido interactivo que acerca sus investigaciones al público general  y pone de manifiesto el conocimiento actual en esta materia.
De esta forma, ‘Arqueomúsica. ¡Así sonaba la Europa Antigua!’ explora la música desde los orígenes de la Humanidad hasta la época romana y más allá, a través de réplicas y reconstrucciones reales y virtuales de alta calidad, de instrumentos musicales hallados en yacimientos arqueológicos europeos. Éstas han sido fabricadas con la colaboración de arqueólogos, científicos, artesanos y músicos de toda Europa y, siempre que ha sido posible, con los mismos materiales y técnicas de producción que los originales.
Ejemplo de ello son las trompetas de cerámica numantinas que han sido fabricadas a partir de materiales obtenidos de forma tradicional, replicadas en función de las tipologías arqueológicas  y cocidas en la reconstrucción de un horno cerámico de la segunda Edad del Hierro. En otras ocasiones, se ha partido de réplicas exactas realizadas con escáner e impresión 3D.
A través de tres espacios diferenciados,  esta muestra interactiva ofrecerá al público la posibilidad de ver, escuchar y tocar algunos de los instrumentos antiguos más destacados, desde flautas e instrumentos de percusión del Paleolítico, pasando por  trompas y trompetas de la Edad del Bronce y del Hierro, hasta antiguas liras griegas o los instrumentos hallados en Pompeya.
La muestra se acompaña también del libro infantil ‘Aki y la bramadera mágica’, que ha sido realizado desde la Universidad de Valladolid con dibujos de la ilustradora vallisoletana Raquel Aparicio.
Tras su estancia en Valladolid, esta muestra, que ya ha estado en Ystad (Suecia), viajará a Liubliana (Eslovenia), Roma (Italia) y Brandemburgo (Alemania).
Precio: 5 € adultos, 3 € niños y entradas reducidas.
Para más información pincha aquí.

Estrogenuinas estrenan videoclip

Ya otras veces os hemos hablado de la banda salmantina de punk-rock Estrogenuinas, un grupo integrado por Ángela y Carolina Álvarez, María Gómez y Elena Nieto. Muchos de vosotros ya conocéis a Carolina, que, tras acabar sus estudios de grado, cursa en este momento el Master de Secundaria en nuestra Universidad en la rama de Filología Clásica. Además también ha colaborado en Notae tironianae.

No podemos por menos de alegrarnos de que ahora nos lleguen noticias sobre los éxitos de este grupo, que ha sido fichado por Subterfuge Records. Aquí podéis ver la presentación que hacen del grupo en su página.

De hecho, el pasado 22 han estrenado un EP (extended play) ”Sonido Chirll-Out”, editado por Subterfuge Records, grabado y masterizado en los estudios Dobro de Valladolid y producido por Javier Bielva, vocalista de Arizona Baby y Corizonas. El EP está disponible en plataformas digitales como Youtube.  También lo podéis escuchar en Spotify, iTunes / Apple Music y Deezer.

Pero no paran ahí las buenas noticias. La semana pasada se ha presentado el videoclip oficial de una canción que probablemente os sonará, “Nietzsche es mi fetiche”, que ya aparecía en su primer disco autoeditado, ”De Guijuelo a Wisconsin”. El videoclip (rodado por Álvaro Fernández) tiene como escenario un entorno que nos resulta familiar, la librería Letras Corsarias, en Salamanca (puedes pinchar aquí o aquí para verlo). Sobre la idea de la que surgió la canción, el grupo comenta: “A partir de la verdad irrefutable de que Nietzsche es nuestro fetiche, montamos todo el complejísimo sistema axiomático-filosófico posterior”. En el clip podemos ver cómo Apolo y Dioniso (referencia a lo “apolíneo” y a lo “dionisíaco”) decoran la carpeta de una joven obsesionada con el filósofo alemán, convertido en una suerte de sex-symbol o ídolo adolescente. Puedes verlo aquí.

Os dejamos las fechas de sus próximas actuaciones en directo: en el Tres Acordes Fest de Salamanca, un festival gratuito en el que sólo participan bandas locales, y en el Palencia Sonora, que se celebrará los días 9 y 10 de junio en Palencia.

Sólo nos queda desear a las componentes de Estrogenuinas mucho éxito y que podamos aquí seguir contándolo.

Susana González Marín

Pigmalión, el mito del que todos hablan

Aprovechando el tirón sobre la entrada pasada de nuestra compañera Marina López, que podéis ver aquí, continuemos explorando la figura de Pigmalión, ¡qué mejor homenaje para recordar al poeta Ovidio en el segundo bimilenario de su muerte (43 a.C.- 17 d.C.)!.

Para el que no haya oído hablar de él o no haya echado un vistazo a la entrada a la que he hecho referencia anteriormente, es un mito que narra la historia de un artista, Pigmalión, que, aborreciendo a las mujeres, decide crear él mismo, con sus propias manos, a la mujer ideal. Crea una estatua de marfil tan hermosa, que acaba enamorándose de ella. Le adorna con ropas el cuerpo, se lo palpa y la besa imaginándose que es real, pero no es así. El día de la fiesta de Venus en Chipre, tras realizar las debidas ofrendas en el altar de la diosa, le pide tímidamente a ésta, que su esposa sea una joven semejante a la joven de marfil:

[…] cum munere functus ad aras
constitit et timide, “si di dare cuncta potestis,
sit coniunxopto” (non ausus “eburnea virgo
dicerePygmalion “similis mea” dixit “eburnae.”

“Cuando después de haber cumplido el ritual, se paró junto al altar y con gran temor dijo Pigmalión: “Si los dioses podéis conceder todo, deseo que mi esposa sea” (no se atrevió a decir “la joven de marfil”) “semejante a la de marfil” (Ov. Met. 10, 273-276)

Y la diosa, entendiendo su petición, le concede vida a la estatua. El poeta finaliza el mito dándonos el nombre de la hija de ambos, Pafos. Hecho que resulta curioso, ya que en ningún momento da el nombre de la estatua, y podía haber hecho lo mismo con la hija, aunque muy posiblemente le resultó útil nombrarla para narrar la historia siguiente. Con esto, quiero señalar el evidente papel secundario de la mujer durante todo el relato. Quizá podamos encontrar similitudes en la creación de la mujer por el hombre en la historia de Adán y Eva.

normand
Ernest Normand, Pigmalión y Galatea. 1886

Bien, una vez expuesto el mito, les invitaré a que hagan memoria, ¿les suena haber visto, leído u oído una historia similar bien sea en libros, en cines, teatro o música? De sobra es conocida la película de My fair lady, por poner un ejemplo.

Eso en cuanto al cine, pero bien podría hablar de literatura, pintura, teatro o incluso ciencias modernas como la sociología, pero donde me voy a detener es en la música.

El videoclip “Una come te” (puedes verlo aquí) de Cesare Cremonini creo que ilustra perfectamente bien el mito que Ovidio pone en boca de Orfeo, aunque adaptado en cierta medida a los nuevos tiempos. Narra la historia de un artista, que al ver una muñeca se siente realmente inspirado para darle forma. Comienza a diseñar cada detalle del cuerpo de su muñeca inspirándose en las revistas de modelos que tiene a mano. El videoclip muestra el proceso detalle a detalle, cómo empieza modelando el yeso y creando cada parte del cuerpo de su obra. Una vez terminada, la mide y se da cuenta de que es la mujer perfecta (físicamente). Él mismo diseña y cose el vestido del maniquí y tras este duro trabajo, el artista cae rendido en un profundo sueño mientras la muñeca cobra vida. A continuación, muestra como el hombre enseña a la mujer a bailar, a comer, a hablar y a besar (recordemos los besos que le da Pigmalión a su estatua).

Oscula dat reddique putat.

“Le da besos, cree que se los devuelve” (Ov. Met. 10, 256)

[…] oraque tandem
ore suo non falsa premitdataque oscula virgo
sensit et erubuit […]

“Y por fin aplasta con su boca una boca que ya no era falsa; notó la doncella los besos que le daban y enrojeció”. (Ov. Met. 10, 291-3)

Yo creo que se asemeja bastante al mito, en tanto en cuanto que el hombre es el artista que crea a la mujer, modela cada parte de su cuerpo, se intuye el canon de belleza, ya presente en Ovidio, le cose sus ropas y además le enseña a comportarse; pero el final del videoclip a mí me desconcierta completamente. Resulta que es el hombre el que desaparece y es él quien es un muñeco. La chica sonríe como si ya se lo esperara y lo pone junto a la muñeca que apareció al principio y fue la inspiración del artista para la realización de su obra y así finaliza esta producción, casi con la idea de que todo había sido un sueño y en realidad es la mujer la que maneja al hombre, a mí me da la sensación de que los papeles se han invertido, pero las apuestas, están abiertas, opinen ustedes.

Y con esto termino esta larga entrada, dejando patente que los mitos griegos y romanos están más vivos que nunca, que la inspiración viene de cualquier parte y que puede haber muchas versiones de una misma historia, sólo hay que saber manejarlas.

Gracias por leernos.

Beatriz Calvo

Las traducciones son de Josefa Cantó Llorca y José Carlos Fernández Corte (Ovidio, Metamorfosis, Libros VI-X, Madrid: Gredos 2015)

Manolo García: tempus fugit

Muchos artistas componen sus canciones inspirándose en la literatura universal. Hace algunos meses, nuestra compañera Cecilia Ares del Teso nos habló de que la mitología griega ha influido en la música rock (Puedes leerlo aquí).

En esta entrada hablaremos del cantante Manolo García, ex­­ integrante del grupo “El último de la fila”. Si nos fijamos en su discografía, descubriremos que las letras de sus canciones adoptan una temática orientada a los tópicos clásicos, como tempus fugit, beatus ille y carpe diem. Escuchad “Canta por mí”, “Lápiz, tinta” o “Cuando el mar te tenga”.

Analizaremos aquí una canción de su disco “Todo es ahora” (2011), la canción se titula “Lo quiero todo”.

Fijaos que en el primer fragmento apela a “coger el momento” y a aceptar los obstáculos con estoicismo.

“Lo quiero todo. La espuma y el lodo,
el día y la noche, la estrella del norte,
el cielo, la cueva más fosca del orbe.
Saber que no me amas y amas a otro
y no sentirme derrotado ni solo.
Olvidar lo vivido, vivir lo dormido;
lo quiero todo […]

En el segundo fragmento habla de la fugacidad de la vida:

[…] “Agárrate a la cola del viento
que no se escape el tiempo.
El tiempo se nos escapa.
Corto amarras a mi balandra.
Tempus fugit.”

Y así sucesivamente: cuatro fragmentos cuyo tema principal es el carpe diem, y tres con tempus fugit, junto con el estoicismo senequista, que nos recuerda los consejos que le dio Séneca a Lucilio en “Cartas morales a Lucilio”. Podéis leer la letra aquí.

El video, que podéis ver pinchando aquí, es muy ilustrativo, pues aparecen unos cuantos relojes en la muñeca para decir que no somos dueños del tiempo, o varias personas volando, atadas a una nube.

La fuente clásica sigue abasteciendo la creatividad de poetas y cantautores, solo hay que girar la manivela musical.

Elena Villarroel Rodríguez

 

Robertus Dylan Premio Nobel de las Letras 2016

La noticia más impactante de este fin de semana dentro del ámbito de la prosa y el verso ha sido la proclamación del premio Nobel de Literatura 2016. Tal  honor  ha recaído en las manos, y el lápiz, del famoso y revolucionario cantante Bob Dylan. Este hecho ha causado cierto revuelo dentro de la comunidad de los más literatos, ya que normalmente la Academia otorgaba esta peculiar “corona de laurel” a un escritor propiamente, reconociendo su labor y su producción literaria como hacedor de contenido puramente artístico en forma de escritura. Pero en este caso el galardonado es lo que en la Antigüedad llamarían un rapsoda.

Esta práctica tan antigua se remonta fácilmente hasta el siglo V a.C, donde algunos de los autores griegos más celebres que conocemos a día de hoy  también recibían premios y honores en certámenes en los que se competía presentando una pieza literaria de la índole que se exigiera. Y la mayoría de ellos eran poetas o dramaturgos. Bajo esta perspectiva responde Sara Darius, la permanente secretaria de la Academia, a la pregunta de si la decisión de haber otorgado este reconocimiento al cantante norteamericano, o en este contexto poeta-rapsoda, representa una ampliación radical en los criterios de selección de la Academia:

“Puede parecer así, pero si miramos para atrás, bien atrás, uno descubre a (los poetas griegos) Homero y Safo, que escribieron textos poéticos o piezas que estaban hechas para ser escuchadas, representadas, a veces acompañadas con música. Y aún hoy leemos a Homero y a Safo y los disfrutamos. Es lo mismo con Bob Dylan: puede ser leído y debe ser leído”.

Efectivamente, siendo totalmente estrictos con la definición de la RAE, el “autor” es la persona que ha realizado una obra científica, literaria o artística, y estas tres entidades tan culturalmente conocidas cumplen tal requisito. Está claro que cada uno de ellos proyectaba el contenido de su creación para un determinado fin, pero no se puede negar que los versos creados por esta tríada de poetas tan dispares cronológicamente son una auténtica delicia tanto para nuestro paladar como oído literario y musical.

Personalmente pienso que, a pesar de no haber escuchado mucho a este cantante, por muchas buenas letras de protesta que fraguara en sus canciones, haya gente que seguramente se lo merezca más. Tan solo es mi opinión. Pero no me parece tan nefasto y radical el hecho de que tal galardón se le haya dado a un compositor de canciones antes que a un compositor de libros. Ambos son creadores de arte y autores de obras inmortales. Al igual que nuestros queridos clásicos con sus poemas épicos o con sus sensuales versos, que han perdurado per secula seculorum hasta nuestros días.

Gabriel Martí Baeza