El Prado y la cabeza de Demetrio

Mª Ángeles Martín nos envía la noticia publicada en ABC sobre la exposición en el Museo del Prado de una cabeza monumental de bronce, que ha sido identificada como la del rey helenístico Demetrio I.

Reproducimos a continuación la noticia que encontramos en la página del propio Museo, donde además se puede ver un video sobrela recuperación de la escultura:

El Museo del Prado, con la colaboración de la Fundación Iberdrola España como miembro benefactor del Programa de Restauraciones del Museo, ha recuperado la cabeza monumental de bronce que atesora en sus colecciones y ha identificado al personaje representado como el general y rey helenístico Demetrio I.

Se trata de uno los escasísimos bronces originales helenísticos que se conservan, fechado hacia 307 a.C., una pieza excepcional por su tamaño y calidad que se expone por primera vez al público tras su recuperación.

Esta cabeza monumental de bronce es uno de los pocos retratos helenísticos de este tamaño y de esta calidad que se conserva. Se desconoce el lugar de hallazgo de esta cabeza que mide 45 cm y que, probablemente, pertenecería a una estatua monumental de una altura de aproximada 3,50 m. La escultura conservada más parecida, el Potentado de las Termas (Museo Nazionale Romano) fue creada unos 150 años más tarde y mide más de un metro menos.

La alta calidad de este bronce se aprecia particularmente en la magistral elaboración de la cabellera cuyos densos bucles se distribuyen vivamente sobre la cabeza y en la maestría de la fundición con la técnica de la cera perdida. Esta técnica se utilizaba, en  la escultura griega, para fundir piezas pequeñas, como cabeza, torso, brazos y piernas,  para ensamblarlas entre sí y configurar así una escultura de gran tamaño.

Procedente de la colección de la reina Cristina de Suecia, su primera propietaria conocida, y tras su llegada a España en 1725, quedó depositada en el Palacio de la Granja de San Ildefonso como parte de la colección de Felipe V e Isabel de Farnesio e ingresó en las colecciones del Museo del Prado hacia 1830.

Recientes investigaciones han  posibilitado la identificación del personaje representado como el general y rey helenístico Demetrio I, llamado Poliorcetes por sus clamorosos y exitosos asedios a ciudades enemigas (h. 336 – 283 a. C.). Junto con su padre, el diádoco Antígono I, Demetrio fue el primer sucesor de Alejandro Magno (356-323 a. C.).

La escultura estará expuesta hasta el 17 de septiembre.

Susana González

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Juan Antonio González-Iglesias en el Museo del Prado

El Museo del Prado aparece con frecuencia en este blog. Hoy además aparece junto a un nombre conocido para nosotros, Juan Antonio González-Iglesias, que imparte en el Museo una conferencia titulada “Masculinos y clásicos. Homoeróticos en la colección del Museo del Prado” coincidiendo con el recorrido expositivo La mirada del otro: escenario para la diferencia. Será el domingo 18 de junio a las 12:00.

Más información aquí

“Saturno devorando a un hijo” ayer y hoy

Conocido por todos es que el arte a lo largo de los siglos ha reflejado en numerosas ocasiones historias mitológicas pertenecientes, entre otras civilizaciones, al mundo griego y romano.

Una de esas historias mitológicas que con cierta frecuencia vemos utilizadas en el arte es la que representa a Saturno, el dios del tiempo, como devorador de sus propias criaturas. Este Saturno romano era el Titán griego de nombre parlante Cronos, hijo de Urano y Gea y casado con su hermana Rea. Según cuenta el mito, se adueñó del Universo mutilando y destronando a su padre y, después, trató de evitar que sus hijos hiciesen con él lo mismo, tal y como había anunciado el oráculo. Para evitar que este oráculo se cumpliese, decidió engullir a sus hijos según iban naciendo: Hestia (Vesta), Deméter (Ceres), Hera (Juno), Posidón (Neptuno) y Hades (Plutón).

Pero, cuando nació Zeus (Júpiter), su madre Rea, para salvarlo, entregó a Cronos una piedra envuelta en pañales para que se la tragase creyendo que era su hijo. Cuando Zeus creció, dio una droga a su progenitor para obligarle a devolver a los hijos devorados, y junto a ellos, le declaró la guerra, conocida como Titanomaquia, puesto que en ella también participaron los titanes. Tras diez años, finalmente, Crono fue destronado por Zeus.

De este mito ya se habían hecho representaciones en la antigüedad, tal y como muestra el bajorrelieve que vemos a la derecha. elena-2Este bajorrelieve, conservado en los Museos Capitolinos, muestra cómo Rea le entrega uno de los bebés a Cronos. Lo mismo se puede observar en el pelike ( siglo V a.C.) expuesto inmediatamente debajo y que se conserva en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.elena

Es curioso comparar estas muestras con otras más recientes, ya que nos permite observar las diferencias existentes en el tratamiento de un mismo mito conforme a la fecha en que se datan. En las representaciones antiguas se omite la crueldad limitándose a exponer el momento previo a que la criatura sea devorada, mientras que, sin embargo, en las que son más modernas, como veremos a continuación, se optará por representar justo esa violenta escena, reflejando esa agresividad incluso en el rostro de Cronos.

Rubens, en su cuadro llamado Saturno, que data del siglo XVII y que se conserva en el Prado, muestra a un Cronos, ya anciano, mordiendo a uno de sus descendientes con violencia.

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De la mitología también se nutrió uno de los pintores españoles más conocidos, Francisco de Goya y Lucientes -Goya- realizó en su última etapa una serie compuesta de catorce obras llamadas Pinturas Negras, disponibles en el museo del Prado de Madrid, entre las que se encuentra Saturno devorando a un hijo.

Conociendo la historia y observando el cuadro, es evidente la influencia de la mitología en este mural pasado a lienzo de Goya, quien, según algunas interpretaciones -no excluyentes de la interpretación mitológica-, también pretendió expresar cómo el tiempo es capaz de destruir y devorar todo. Para ello, representa al dios como una figura humanoide envejecida, con una larga melena blanca y un cuerpo huesudo, consumido por el paso de los años, que mantiene una expresión exageradamente enloquecida; y a la figura devorada como un carnoso infante, ya sin cabeza, cubierto de sangre.

El hecho de que sea representado con esa apariencia física se explica, según algunos historiadores del arte, por cierta influencia de su propia enfermedad, la cual le estaba consumiendo poco a poco. Esta es la principal diferencia con respecto a la obra de Rubens, puesto que en ese caso se nos mostraba a Cronos con una anatomía modélicamente perfecta, una guadaña en su mano y en una escena presidida por el planeta Saturno, las tres estrellas que aparecen tras él. Otra diferencia reseñable entre la obra de Goya y la de sus predecesores es que el niño engullido tiene una apariencia más madura, aun a pesar de que durante toda la tradición se habla de un bebé recién nacido.

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Elena López Rodríguez

Las Hilanderas: Ovidio en Velázquez

Actualmente se expone Metapintura en el Prado, una muestra que nos invita a observar y a pensar acerca de lo que los cuadros tienen que decir de sí mismos o a ver “el cuadro dentro del cuadro”. Puede consultarse la información detallada pinchando aquí.

La exposición rinde tributo  al IV centenario de la muerte de Cervantes, transponiendo la metaficción de la novela  cervantina a la metapintura de Velázquez. Si la obra de Cervantes es una novela sobre la novela, la de Velázquez es una pintura sobre la pintura. Una de las obras de esta muestra es Las Hilanderas o la fábula de Aracne de Velázquez. Ambos títulos para la misma obra llevan implícita una interpretación más costumbrista o más mitologizante del cuadro.

Metapintura propone ver el cuadro dentro del cuadro (i.e.: Tiziano presente en el tapiz del fondo o incluso la alusión implícita a Rubens, que copió obras de Tiziano en su viaje a Madrid). En este enlace hay una completa interpretación del cuadro realizada por Javier Portús Pérez, comisario de la exposición.

Además del enfoque de “metapintura”, también se puede acudir a textos clásicos para intentar identificar mejor las fuentes que han inspirado las imágenes. En este sentido, me ha parecido inspirador el seminario sobre La pervivencia sobre las letras clásicas en el arte que tuvo lugar en el Aula Minor de la Universidad de Salamanca el 18 de noviembre, que ponía de relieve cómo los cuadros pueden ayudar a ilustrar mejor los textos y cómo estos últimos pueden ayudar a  una mayor comprensión de las obras pictóricas: en definitiva, es necesaria una colaboración entre filólogos e historiadores del arte.

La Fábula de Aracne  se relaciona con un texto literario clásico: las Metamorfosis de Ovidio. Durante mucho tiempo la obra se concibió en clave costumbrista, pero la escena del fondo es claramente ovidiana, ya que evoca la competición en el arte de tejer entre Minerva y Aracne ( Met. 6.53-128). El cuadro se ha de interpretar en dos escenas de una única narrativa, donde la escena del fondo es la continuación de la delantera.

Paul Barolsky sugiere la posibilidad de que en la escena delantera-que se ha venido interpretando con carácter costumbrista-puede haber una alusión ovidiana: la tejedora anciana podría ser la Minerva que aparece disfrazada de anus, “vieja”, para engañar a la Meónide:

 Pallas anum simulat falsosque in tempora canos

addit et infirmos baculo quoque sustinet artus (Met. 6.26-27)

“Palas finge ser una vieja y añade a sus sienes falsas canas y unos débiles miembros que afianza con un bastón” ( Trad. Fernández Corte , J. C. y Cantó Llorcá, J.)

En esta última interpretación Minerva aparecería dos veces en el cuadro: en la escena delantera metamorfoseada en vieja y en la del fondo con su casco y en todo su esplendor divino. Además, la anciana de la izquierda muestra una pierna joven y bella, casi divina, que contrasta claramente con el resto de su cuerpo, lo que puede apuntar a que realmente se trata de Minerva. El dinamismo del cuadro, cuyo máximo exponente es la rueca y los dedos de la hilandera que devana tan rápido que casi no se pueden ver, se podría relacionar con el dinamismo y las transformaciones presentes en los mitos de las Metamorfosis.Sin embargo, el cuadro habla del propio Velázquez de forma implícita. Ya en Las Meninas, el maestro se había autorretratado, pero en las Hilanderas Velázquez no desaparece del cuadro, ya que es fácil transponer la competición de Aracne con Palas con la competición que Velázquez  mantiene con Tiziano y Rubens.  Ya en el siglo XVII los pintores tienen una gran conciencia de artistas y el concepto de autoría es clave.Si Velázquez aparece en sus Meninas es porque quiere dejar constancia de sí mismo y no ser objeto del olvido. Este proceso se podría tal vez comparar con el proceso que tiene lugar en la literatura augustea latina donde cada vez el “yo lírico” es más importante, a diferencia de la poesía tradicional de Ennio.

Una posible interpretación de la obra es que el certamen del fondo del cuadro podría ser la competición que mantiene Velázquez con sus antepasados y sus coétaneos y podríamos verle reflejado en Aracne y ver en la competición de tejer una metáfora de la competición pictórica. Pero tal vez simplemente esté haciendo alarde de un conocimiento clásico y ello no apunta a nada más. En cualquier caso, me parece muy interesante pensar en Velázquez autorrepresentándose en la figura de una mujer mitológica. Y si la actividad del tejer es una metáfora del “pintar”, esto se podría tratar de una proclama artística en un acto casi de hybris.Velázquez sabe que es capaz de tejer, “pintar”, como ningún mortal sobre la faz de la tierra. El cuadro habla por sí solo.

Para saber más: Barolsky P. (2004) ‘Ovid´s Metamorphoses and the History of Baroque Art’ in Miller F. J and Newlands E. Carole, A handbook to the reception of Ovid. Malden: Wiley Blackwell, 202-216.  

El Museo del Prado en un escenario apocalíptico

No estamos muy lejos de vivir en una época que podría parecer sacada de una película de ciencia ficción: tras una catástrofe (seguramente provocada por el hombre, atentos al cambio climático), el género humano ha logrado sobrevivir en la Tierra: la gente va y viene, controlada hasta en sus más mínimos movimientos e íntimos pensamientos por una perversa y misteriosa organización. En medio de un panorama desolador, en el que reina la desigualdad y resurge el esclavismo bajo nuevas apariencias -no entro en detalles, cada uno puede imaginarlo a su manera-, subsiste el Museo del Prado, que los gobernantes fingen mantener para guardar las apariencias, porque en realidad el Estado ha perdido prácticamente la titularidad del Museo al ir privatizando progresivamente sus servicios. En realidad a sus salas acude poca gente, casi todos muy mayores. La inmensa mayoría de ciudadanos de esa sociedad post-apocalíptica nunca han entrado allí, aunque saben que existe y hablan de esta institución con naturalidad. Si por algún motivo se vieran obligados a entrar -en nuestra ficción podría ser necesario localizar un cuadro concreto para salvar a unos pocos elegidos de un desastre definitivo, por ejemplo, un apocalipsis zombie- y tuvieran aún la capacidad de fijar su atención en algo que no fuera una pantalla digital (en efecto, ésta sería una verosímil mutación de la raza humana), observarían sorprendidos las escenas representadas en las telas: “¿Qué hace esa señora entrada en carnes y apenas cubierta con un velo en una postura tan rara sobre un toro que lleva una corona de laurel?, ¿y esos niños alados con flechas?”, dirían al contemplar El rapto de Europa de Rubens; “¿qué sentido tiene pintar a un cisne picoteando el cuello a una chica desnuda?”, dirían al ver Leda y el cisne; “¡anda!, le cortan la cabeza a uno y la ponen en una bandeja que lleva una señora!, ¡qué gore!”, contemplando la Decapitación de San Juan Bautista.

En fin, desgraciadamente no estamos tan lejos de ese momento. Pero para intentar retrasarlo, el Mueseo del Prado estrena web.

Además de otras novedades, la página incorpora recorridos recomendados, por ejemplo, el denominado Tiempo de Fábulas. Los mitos y los dioses, o, también en relación con la mitología, Amores profanos; los itinerarios están acompañados por sendas selecciones musicales y por planos guía para localizar los cuadros. La página ofrece una selección de grandes obras clasificadas temáticamente: Santos, Antiguo Testamento, Nuevo Testamento y Apócrifos, Desnudo, Retrato real, Dioses mitológicos, etc. Asimismo el buscador nos permite rastrear obras por tema, título, técnica, artista, etc., y da acceso a las imágenes correspondientes, un breve comentario, enlace a la Enciclopedia del Prado (si procede), bibliografía, etc.

No es sólo una herramienta utilísima sino una forma muy entretenida de perder el tiempo, pero, ¿cuál será la media de edad de sus visitantes?

Susana González Marín