¿Fénix en Valladolid? Ganimedes

Unos días atrás hablábamos de la mitología de los cielos madrileños. Trasladémonos hoy a la antigua capital de las Españas, mi Valladolid.

Cualquiera que transite por sus rúas, terminará desembocando en la calle Santiago, auténtica arteria que comunica la Plaza Mayor con el Campo Grande. En el cruce con la calle Constitución es muy posible que levante sus ojos al cielo y vea un “Fénix” coronando una pequeña cúpula.

En cualquier guía turística podrán encontrar información sobre cuándo y quién se encargó de su construcción  y cómo era el emblema de la empresa de seguros “La Unión y el Fénix Español”, incluso podrán buscar fotografías antiguas y cotejar dicha estatua con otras semejantes de la misma casa en otras localidades españolas.

Ahora bien, pongan todos sus sentidos, fíjense bien. ¿Es verdaderamente un Fénix, el ave fabulosa que renace de sus cenizas?

Fue a mi maestro, D. Manuel García Teijeiro, a quien en clase escuché explicar que propiamente la iconografía responde más bien al rapto de Ganimedes, el jovencito ascendido al Olimpo por el águila de Zeus o el dios mismo bajo esa forma. Recuerdo que me dije entonces: ¡Mira que no haberme dado cuenta!

Lo curioso es que trasteando con estas cosas, porque una nunca deja de aprender, leo ahora en documentos emitidos por la propia compañía y que son fácilmente accesibles aquí que en 1911 el escultor Saint-Marceau rediseñó la escultura del edificio de la calle Alcalá. Quería presentar un joven lleno de vida sentado airosamente sobre unas alas del Fénix como una llamada al futuro, un canto a la belleza y a la “infinita confianza en la resolución humana”. Incluso se ha querido ver en esa combinación una manera de dejar constancia de la fusión de las dos empresas aseguradoras, “El Fénix español” y “La Unión”, hecho que tuvo lugar en 1879. Todo es posible.

Lo que es indudable es que cada vez que piense en esa imagen emblemática de mi ciudad natal o me encuentre otras en Madrid, Valencia, Bilbao, Las Palmas de Gran Canaria, Albacete, Alicante, Murcia, Cádiz, La Coruña, incluso en una vieja estampa del edificio parisino pensaré: “¿Fénix, Ganimedes?”

Henar Velasco López

 

 

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Mitología clásica en el Cielo de los Madriles

El pasado día 2 de mayo Manuela y Mª Ángeles Martín nos animaban a descubrir la mitología en los tejados de Madrid (pincha aquí para leer la entrada).

¡Cuánto se lo agradezco! No pude por menos de recordar un libro del que tuve noticia hace mucho tiempo. No en vano se publicó en 1998 a cargo de Antonio Bueno con el título Mitología en los cielos de Madrid. Al buscarlo ahora, he visto que existe también una edición bilingüe castellano-inglés de 1999.

He pensado que quizás podía ser de interés recordarlo, como también remitir a otros tratamientos del tema que existen en la red:

Federico Ayala Sörenssen, “Mitología en el cielo de Madrid”, en ABC 21 Septiembre 2016 (pincha aquí)

En el blog “pormiamoralarte” hay dos entradas: una dedicada a los cielos de Madrid (pincha aquí) y otra a sus fuentes y parques (aquí).

Y es que ya lo decía el castizo “De Madrid al Cielo”.

Henar Velasco López

Descubramos la mitología en los tejados

Manuela y Mª Ángeles Martín nos envían amablemente este enlace a un reportaje de Enrique Delgado Sanz en ABC sobre la presencia de la mitología en los tejados madrileños: “Un paseo por los tejados de la Villa: mitología entre Madrid y el cielo”. (Pincha aquí para leerlo)

Además de disfrutar, su lectura podría animaros a buscar ejemplos similares en otros lugares. Esperamos vuestras aportaciones.

 

Cine y cómic

El pasado martes 28 de febrero Isaac Pérez Hernández dio una conferencia en el curso extraordinario de innovación docente LAS MIL PALABRAS DE UNA IMAGEN. Los textos clásicos del Peplum, con el título CINE Y CÓMIC. Ha tenido a bien resumirla para el público de Notae Tironianae

La manera en la que la ficción puede influir en cómo la sociedad entiende e interpreta elementos de su propia cultura es sorprendente. Por poner un ejemplo: tal vez si no hubiéramos visto a tantas princesas Disney –o similares–  recibir la corona de manos de un arzobispo, no  hubiera hecho falta que los periodistas españoles insistieran tanto en que el actual Felipe VI no iba a ponerse la corona en la cabeza en ningún momento durante su proclamación como rey de España, tal y como manda la tradición monárquica.

            Al igual que el cine o la literatura, el cómic también muestra muchos elementos de la cultura clásica y los somete a una interpretación y deformación que obedecen a sus propios intereses. En la mayoría de los casos dichos elementos proceden de otras obras de ficción y no de las fuentes originales, pero pueden influir, condicionar e incluso cambiar la manera en la que la sociedad entiende la realidad histórica. Además, dado el público que normalmente entendemos que es el objetivo de estas publicaciones, también suelen ser una “fuente” de conocimientos previos de los alumnos; ya sea para bien o para mal. Por todo esto conviene que también tengamos presente el mundo del cómic para ver qué ideas e interpretaciones del mundo antiguo les están llegando a nuestros alumnos y al conjunto de la sociedad a través de este medio.

            Siempre que hablemos del cómic y el mundo clásico una parada obligatoria es Astérix, la forma en la que sus autores emplean los elementos clásicos y juegan con ellos nos sigue resultando muy seductora, además que su enorme difusión durante décadas ha facilitado que todos los ingredientes grecorromanos que contienen lleguen a todo el mundo.

            No es de extrañar que la primera vez que muchas personas vieron el águila de de la legión, el símbolo de Roma y su poder militar, ésta estuviera hincada sobre “casi” toda la Galia, mientras que, con una lupa, se nos llamaba la atención sobre una aldea que resiste “hoy y siempre” la invasión romana. La tipología y la idea de Roma que se nos muestra en Astérix sigue siendo muy eficaz, más allá de sus anacronismos y sus peculiaridades, y por ello habrá muchas personas que, cuando oyen la palabra “centurión romano” o “formación de tortuga”, dibujen en su mente alguna de las viñetas de Gosciny y Uderzo o rememoren esos momentos de su infancia —y no tan infancia— en los que visionaron las películas animadas basadas en antedichos cómics.

            Pero no todo es Astérix. La temática romana o griega sigue llamando la atención del público y siguen realizándose adaptaciones e interpretaciones del mundo clásico, como – por citar un ejemplo –el cómic de Enrico Marini Las Águilas de Roma, donde se nos representa una Roma más parecida a la que se puede ver en la serie de la HBO Rome y con una trama y estética de su estilo. Otro ejemplo peculiar es 300 de Frank Miller. En este cómic se nos representan de una manera muy deformada y desde una estética muy peculiar el soldado y la cultura espartana. La visión que este cómic da de estas realidades históricas goza de una enorme divulgación gracias a la adaptación cinematográfica que se hizo en el año 2007, por lo que hoy no es raro ver a un profesor de cultura clásica o de griego contraponer con el cómic y la película los datos de las fuentes literarias y la arqueología, para “reconducir” las ideas previas sobre los espartanos con los que los alumnos llegan a clase.

            También el mundo del superhéroe del cómic americano tiene sus ingredientes clásicos. La misma idea de “super-héroe” ya es una referencia a ello. Los personajes que nacen en los años 30, la llamada Época de Oro o Primera Época de los superhéroes, –Superman como héroe apolíneo, Batman como justiciero dionisíaco–  beben de forma clara de la idea de héroe mitológico mezclada con elementos cristológicos. Cuando el género va avanzando y se decide dar profundidad a la psicología de los distintos héroes, nos encontramos historietas donde los personajes tienen que hacer frente a sus demonios internos, como Heracles, que tuvo que expiar su locura, o Aquiles, que hubo de deponer su cólera. 

           Los elementos que caracterizan a los distintos personajes también nos recuerdan a pasajes de la mitología. Si nos fijamos en Superman, veremos que tiene en su origen kryptoniano una referencia a tantos y tantos héroes mitológicos que eran “de la casta de Zeus”, en su fuerza sobrehumana una reminiscencia de Heracles y en su casi invencibilidad y punto débil, la kryptonita, una moderna adaptación de Aquiles y su talón.

            Para terminar también tendríamos que detenernos en el mundo del cómic japonés, el manga, y su versión animada, el anime. Estos medios tienen mucho éxito y aceptación en el mundo juvenil de nuestros días y gozan de gran difusión gracias a internet, aunque la mayoría de estas obras están pensadas por y para público japonés, salvo algunas excepciones más aptas para publicarlas en occidente.

            Cada vez más autores de cómic japonés van introduciendo elementos del mundo clásico en sus obras. Poco a poco y siguiendo la estela de J. K Rowling en Harry Potter, el latín está más presente en la gran cantidad de conjuros que usan los personajes de estas obras, donde el costumbrismo y lo fantástico forman una mezcla homogénea y barroca, pero, a diferencia de la autora británica, no se recurre a un latín inventado sino que se toman palabras latinas reales con un uso “correcto” de su morfología y su sintaxis.

            Uno de los cómics japoneses donde la presencia de la cultura clásica juega un papel más importante es Saint Seiya de Masami Kurumada, más conocida en España como Los caballeros del zodíaco. En este cómic y en su versión animada se nos presenta un mundo dividido, como en la mitología, entre los grandes dioses olímpicos Zeus, Poseidón y Hades y en el que la reencarnación de la diosa Atenea y sus caballeros del zodíaco luchan para preservar la independencia de la tierra y la humanidad ante los planes de estos tres dioses.

            Como buen cómic para adolescentes japoneses, es una obra llena de luchas de artes marciales enmarcadas en una estética muy recargada de saltos kilométricos, poderes mágicos y armaduras asombrosas, pero donde se pueden rastrear –aunque deformados– muchas referencias a mitos de la antigua Grecia como la rivalidad por el patronazgo de Atenas entre Poseidón y Atenea, el mito de Perseo y la Gorgona, Orfeo o la captura del Paladión.

            Una de las partes que más nos puede llamar la atención es el momento en el que Atenea y sus caballeros deciden bajar al Hades para hacer frente al dios de los muertos y a sus guerreros. Este capítulo, que constituye más de un tercio de la obra original y retoman algunas de las secuelas que se han ido realizando, hace que este manga introduzca a su público en historias que han llenado la literatura desde Homero pasando por Virgilio y Dante. En las páginas del cómic vemos lugares recogidos en la Odisea y la Eneida, como los distintos lugares de la geografía infernal, los jueces de los muertos (uno de los cuales, Radamantis, tiene un papel muy importante en la trama), o las puertas del Hades con la famosa inscripción que Dante nos relata en la Divina Comedia. Con historietas como éstas el público japonés, tan alejado a primera vista de la tradición clásica, puede tener una referencia para conocer algo de la mitología y la cultura grecorromana.

           Todo esto no son más que algunos ejemplos de la presencia de los elementos clásicos en las distintas tradiciones del cómic. Nuestro principal objetivo al tratar sobre estos temas no es ni mucho menos incitar a que se empleen en una clase de cultura o lengua clásica, ni como documento, ni tampoco como “amenizador” de nada, puesto que los contenidos por sí solos tienen todo el valor, el interés y la seducción y así lo debe entender la sociedad y el alumno. Lo que sí queremos dejar claro es que al ver en conjunto lo que en este tipo de ficciones se toma del mundo clásico, el alumno pueda entender y “vivir” la absoluta vigencia de la tradición clásica y cómo las realidades que vemos en clase impregnan los cómics, películas, series o juegos que llenan sus ratos de ocio fuera del colegio y tras los cuales hay tantos talentos, capitales y personas moviéndose por todo el mundo.

            Y si todas estas obras nos parecen que presentan la cultura clásica muy deformada, que en verdad lo hacen, aprovechemos también eso e invitemos a nuestros alumnos a analizar el cómo y porqué de tal deformación o adaptación. Tal vez así vayamos despertando su espíritu crítico y, si conseguimos eso, como profesores de humanidades, bien nos habremos ganado el sustento.

Isaac Pérez Hernández.

 

Andrea Camilleri, La joven del cascabel

Tras El beso de la sirena y El guardabarrera una vuelta de tuerca más y Andrea Camilleri concluye su trilogía de las metamorfosis con esta novela, la más cruda, la más innovadora y alejada de los parámetros clásicos, mas a la vez firmemente anclada en ellos.

Porque si Camilleri logra transformar una zoofilia, que a todas luces nos repugna, en una “historia de amor” es merced no sólo a un manejo extraordinario de la lengua, una trama perfectamente trabada, sino sobre todo al mito: el referente del pasado, las historias de Leda y Pasífae fascinan al joven pastor. Y además está Lucrecio, un libro bilingüe nada más y nada menos, propiedad de quien le precedió en el cuidado de las cabras.

El mito es el detonante de una desnaturalización que el protagonista lamenta haber ejercido sobre Beba, nombre parlante de la cabrita. Atormentado, Giurlà se lamenta: “La había transformado a la fuerza. No dejándola aparearse con el chivo, como quería la ley de la naturaleza («¿Y qué haces leyendo a Lucrecio?» se preguntó), le había negado la posibilidad de tener crías, de dar leche. La había desnaturalizado, extrañado, vuelto completamente estéril. Y ella nunca se había rebelado ante esta terrible violencia, por amor, sí, el amor que sentía por él”.

Los paralelismos y contrastes rigen la acción, el giro inesperado se desencadena con la misma rapidez que el temporal que azota el lago. En sus aguas se produce la auténtica metamorfosis, increíble, asimilada y revelada con lentitud y reflexión, sancionada por el cascabel de Beba y de Anita, la joven del cascabel.

Henar Velasco López

Camilleri: El guardabarrera

Tantas veces hemos leído y contemplado a Apolo persiguiendo a Dafne que cuando al final de esta novela, con una intriga de asesinato y vendetta digna de ser descubierta más de sesenta años después por el inspector Montalbano, el lector sea testigo de cómo ese guardabarrera trasunto del dios helénico, apuesto y dulce tañedor de la mandolina, ayuda a su esposa a convertirse en árbol quedará sorprendido.

Sorprendido y admirado. Nino, el protagonista, no sólo construye un techo para su mujer-árbol, la abona, la poda, la trasplanta, incluso la injerta. Desesperado, le entran ganas de ir al huerto, cavar una fosa al lado de ella y tratar de transmutarse en árbol él también.

Es entonces cuando recuerda las clases de su maestro que otrora hablara del laurel. Entonces es cuando se pregunta: “¿Si lo podían hacer en la antigüedad, por qué ahora el hombre ya no era capaz?”

Camilleri advierte en una nota final: “Como El beso de la sirena, también este relato habla de una metamorfosis (que aquí es solo un intento)”.

Yo creo que es mucho más. Andrea Camilleri es capaz de innovar uno de los mitos clásicos más famosos, dotarle de una nueva calidez. Vea si no el lector qué final tan espléndido, tan lejos del desenlace trágico del pasado mítico.

Henar Velasco López