Tercer premio del concurso Fotoclásica

Reproducimos a continuación la foto que ha recibido el 3º premio del concurso Fotoclásica (para estudiantes de ESO y Bachillerato), organizado por nuestro blog, el Departamento de Filología Clásica e Indoeuropeo de la USAL y la Delegación local de Salamanca de la SEEC.

Esperamos poder repetir la experiencia el curso que viene. Gracias a todos los participantes y enhorabuena a los ganadores.

El jurado compuesto por Francisco Cortés Gabaudán, Mercedes Encinas Martínez y Eusebia Tarriño Ruiz, profesores del Dpto. de Filología Clásica e indoeuropeo de la Universidad de Salamanca, ha acordado conceder el 3º premio a la foto titulada Mercurio en Salamanca. Su autora es Lucia Gómez Entisne, del IES Francisco Salinas de Salamanca. La profesora que ha enviado la foto es Cristina González Diez.

Mercurio en Salamanca

Mercurio en Salamanca

Caminando por mi ciudad natal, Salamanca, me quedé sorprendida por la cantidad de elementos clásicos que se pueden hallar. Así encontramos a Mercurio, que en astrología es un planeta, y en la mitología grecorromana el dios del comercio que usualmente aparece representado con sus atributos: el casco alado y el caduceo.

Se puede observar la importancia de este dios ya que está en  abundantes sitios. Las dos siguientes fotos corresponden a una exposición abierta para todos los públicos en la antigua Biblioteca universitaria, llamada el Cielo de Salamanca.

Mercurio en Salamanca 2

Mercurio en Salamanca 3
Además se puede encontrar otra escultura dedicada a este dios olímpico en la
plazuela antes de entrar en la calle Azafranal.
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Estambul, la ciudad de los tres nombres

EstambulAtardecerConfieso que me encanta contemplar la cara de mis alumnos cuando viene a cuento desvelarles la etimología del topónimo Estambul, İstanbul en turco, a partir de la expresión εἰς τὴν πόλιν (pronunciada con itacismo, claro está, /is tin polin/) para referirse a la Pólis por excelencia, Constantinopla, despojada del nombre de su refundador, Constantino el Grande, hoy Κωνσταντινούπολη. Para los antiguos griegos era Bizancio, Βυζάντιον.

Quizás por eso mis sentidos se agudizaron cuando un mediodía en medio de otras tareas oí el anuncio en Radio Nacional de una entrevista a la historiadora Bettany Hugues, autora de Estambul, la ciudad de los tres nombres, que la editorial Crítica acaba de publicar. Pueden seguirla aquí . Acaso al terminar también se me había dibujado a mí la misma carita que a mis alumnos. Desde luego, estaba contenta, un banquete suculento se extendía sobre la mesa.

Las “buenas vibraciones” se vieron confirmadas días después con una elogiosa reseña en The Guardian. Y, como ésta a través de un enlace conducía a otro artículo muy interesante sobre Heródoto (pueden leerlo aquí), desmadejando ese ovillo que siempre nos tienden los clásicos, viene a dar con el pasaje que el Padre de la Historia dedica a la llegada de Darío a tal paraje (Heródoto IV, 84).

Él vadeó el estrecho tras construir un puente de barcas. Atravesaba el rey de los persas desde la orilla oriental a la occidental y la contemplación de las Rocas Cianeas en el pasaje herodoteo a mí me llevaba a mis queridos Argonautas. Ellos consultaron al ciego Fineo, según Apolonio Rodio, en la costa europea. Desde allí mucho antes cruzó Io, la amada de Zeus, perseguida por el tábano, y dio nombre al Bósforo, el ‘Paso de la Vaca’ en la que había quedado transformada.

DardanelosMarmaraBosforo

Acaso no esté de más recordar, siquiera para desfazer posibles entuertos geográficos, que aguas más abajo nadaba cada noche Leandro desde Abido en la parte asiática hasta Sesto en la parte europea para visitar a la Bella de la Torre, Hero. Casi entre esos dos puntos (Sesto y Abido) fabricó Jerjes otro puente de barcas, doble esta vez (Heródoto VII, 34-35), y, desbaratado que fue por una violenta tempestad, ordenó el rey persa azotar el mar y arrojar al agua un par de grilletes. ¡Bien pagó después su ὕβρις! Azotó el Helesponto, llamado así en honor de la pequeña Hele que junto con su hermano Frixo surcaba por los aires a lomos del Vellocino. Y, ¡ay!, se deslizó y cayó transfiriendo su nombre al mar, el ‘Ponto de Hele’, Helesponto. Tal es el actual estrecho de los Dardanelos, que al sur se abre al Mar de Mármara mientras éste se cierra al norte en Bizancio, en el Bósforo.Estambulnormal_KizkulesiLeandrosTowerEngraving

¡Con que hubiera sido escenario tan sólo de esas gestas! ¡Y cuántas más no ha conocido! ¡Cómo no sentirme ansiosa de sumergirme yo también en esas páginas!

Henar Velasco López

LOS MITOS QUE ESCONDEN LAS PLANTAS

La mayoría de los nombres científicos con los que se nombra a las plantas medicinales esconden historias fascinantes que explican de manera mitológica por qué se les atribuyen estos nombres a cada una de ellas. Aquí os dejo un repertorio con los mitos que me han parecido más interesantes, y que seguramente os despertará la curiosidad para seguir investigando más acerca de este tema:

Mirra

Nombre científico: Commiphora myrrhamirra

Mito: Se dice que Mirra era una princesa de origen incierto (se discute entre Libia, Chipre o Asiria) cuya belleza era, según su madre, comparable a la de la diosa Venus. Esta, como castigo a la ofensa, provocó que la princesa se enamorara de su propio padre. Tal era su amor que se acostó con él fingiendo ser otra para que no se enterara de ello. No obstante, su padre acabó por saberlo y, como venganza, la persiguió por todas partes con un hacha. Venus, al ver aquello, se compadeció de Mirra y la convirtió en el árbol que le pone nombre. Nueve meses después nació del tronco del árbol, fruto del incesto, el cazador Adonis.

Rosa y Anémona

Nombres científicos: Rosa gallica; Anemone coronaria

Rosa gallica
Rosa gallica

Anemona

Anemone coronaria

Mito: Durante cierto tiempo, Venus tuvo dos amantes al mismo tiempo; el dios de la guerra Marte y el joven cazador Adonis. Marte, al descubrirlo, tramó una venganza con tal de  acabar con él, para lo cual se convirtió en jabalí y esperó entre los árboles a que el joven saliera a cazar. Adonis así lo hizo, pese a los esfuerzos de Venus por retenerlo, ya que intuía que alguna desgracia iba a pasarle. El cazador, mientras se adentraba en el bosque, vio el jabalí. Adonis intentó defenderse y matarlo, pero tanto la fuerza como la magnitud del animal jugaban en su contra de tal manera que, finalmente, murió. Tras hallarlo muerto, la diosa del amor lloró desconsolada a su lado. De aquellas lágrimas nació la anemona y de la sangre que emanaba del cuerpo del cazador, la rosa.

Pino

Nombre científico: Pinuspino

Mito: El dios del viento del norte, Bóreas y el semidiós de los rebaños y pastores, Pan, se disputaban continuamente el amor de la ninfa Pitys (en griego, pino). Esta, tras un largo tiempo de hostilidades entre los dos pretendientes, escogió a Pan. Bóreas, como venganza, la estrelló contra una roca y, de esta manera, la mató. Gea, compadeciéndose de ella, la convirtió en el árbol que le da nombre.

Hierba verruguera

Nombre científico: Heliotropium europaeum hierba verruguera

Mito: La diosa Venus, enfadada con el Sol por haber revelado a su marido, el dios Vulcano, su adulterio con Marte, se vengó haciendo que el Sol se enamorara de la ninfa Leucótoe, pero que a su vez la hermana de Leucótoe, Clitia, estuviera perdidamente enamorada del astro. Clitia, sintiéndose rechazada y sabiendo que el Sol y su hermana mantenían relaciones, se lo contó todo a su padre. Este, enfadado, enterró a su hija viva. Tras conocer el Sol la desgracia de su amada y sabiendo que la culpable había sido Clitia, la rehuyó. La ninfa, tremendamente apenada, se fue consumiendo viendo pasar a su amado desde que amanecía hasta que anochecía, hasta que finalmente los dioses, sintiendo compasión por ella, la convirtieron en la planta del Heliotropo, cuyas flores se vuelven hacia el Sol.

Encina y Roble

Nombres científicos: Quercus ilex; Quercus robur

roble
Quercus robur

Mito: Júpiter, dios de los cielos, y Mercurio, dios mensajero, bajaron a la tierra bajo la apariencia de viajeros cansados pidiendo de casa en casa cierta hospitalidad para ver cómo de generosos eran en el pueblo donde se encontraban. Tan solo una pareja de ancianos, Filemón y Baucis, los acogieron en su hogar, a pesar de lo pobres que eran. Ambos dioses, tras mostrar su verdadera identidad, les dijeron que, como agradecimiento, les concederían cualquier deseo que pidiesen. Sin pensárselo mucho, la pareja de enamorados respondió que querían morir a la vez y estar juntos eternamente.

encina
Quercus ilex

Por ello, cuando les llegó su hora, Júpiter los convirtió al mismo tiempo en árboles: a Baucis en una encina y a Filemón en un roble, estando uno al lado del otro.

 

 

 

Marta Serra Marí

Carlos García Gual: edición aumentada y revisada del Diccionario de Mitos

Carlos García Gual. Diccionario de mitos. Ed. Turner, Madrid, 2017, 437 pág.

Aunque Carlos García Gual no necesita presentación, diremos que es Catedrático de Filología Griega en la Universidad Complutense de Madrid, además de escritor, crítico y traductor, con una larga lista de libros y artículos a su espalda. Además recientemente ha sido elegido miembro de la Real Academia de la Lengua. Para saber más de él podéis leer la entrevista que ayer publicó El País Semanal.

Este volumen es una edición aumentada y revisada del “Diccionario de Mitos” que este mismo autor publicó veinte años atrás.

Son un total de cien figuras mitológicas ordenadas alfabéticamente (en ocasiones dando por hecho el conocimiento de éstas por parte de los lectores). En esta nueva edición se incorporan doce nuevas entradas, además de una serie de correcciones y revisiones de todas las demás. Pero no se trata solamente de un diccionario de seres mitológicos y personajes de la Antigua Grecia y Roma, sino, ni más ni menos, que de Don Quijote, Moisés, Tarzán, Sherlock Holmes, Frankenstein o Job, entre otros, que se suman a las publicadas en la edición anterior como los Reyes Magos, el Mago Merlín o Superman. El autor justifica el hecho de incorporar en la edición estos “mitos literarios” porque “ilustran cómo se forman nuevos relatos memorables sujetos a reinterpretaciones en una larga tradición, tal y como ya sucedió en el mundo griego con sus mitos”.

Todos ellos, por supuesto, se unen a los héroes y personajes protagonistas de la cultura clásica como son Las Nereidas, Afrodita, Aquiles, Ulises, Hermes o Zeus entre otros. Nos relata el autor los episodios más célebres de los personajes, episodios además relacionados unos con otros, teniendo así una visión del mundo mitológico mucho más amplia. A esto hay que sumar el análisis de otros aspectos, como la influencia que han tenido en la literatura, el impacto en la cultura en general o sus semejanzas con otros personajes.

El prólogo, redactado por él mismo, nos cuenta en torno a qué girará este diccionario así como una explicación sobre el tratamiento de los personajes: “Las figuras que deambulan por sus páginas forman pues una serie fantástica, abierta, abigarrada e incompleta”.

A continuación presenta una introducción donde el autor destaca que el concepto de “mito” no es absoluto, es decir, en este diccionario no caben solamente los héroes propios de la cultura clásica sino también aquellos personajes o figuras que tienen un cierto significado en la cultura popular. Los mitos persisten a lo largo de la historia en la literatura, además dan lugar a múltiples interpretaciones en muchas de las artes y ciencias debido, en gran parte, a su intemporalidad.

Termina el libro con una serie de notas a las diversas entradas de los personajes, incluyendo las referencias completas a los textos antiguos correspondientes.

Es importante hacer hincapié en la manera en la que puede leerse este libro.  Es muy accesible y muy atractivo, pues al estar ordenado alfabéticamente, puedes ir a cualquier entrada de manera rápida y directa volviendo a releer lo que más te haya gustado. Además contiene imágenes de los diferentes personajes haciéndolo aún más interesante. El autor hace alusión en las entradas a autores antiguos y también en ocasiones incluye pásajes de obras literarias posteriores que tienen relación con el personaje en concreto.

Por tanto, es un libro imprescindible si queremos conocer de primera mano no solo la cultura clásica y la cultura literaria occidental sino también los cuentos populares.

Asela Huerga Ballesteros

 

 

El Toisón de Oro y la Princesa

El pasado 30 de enero coincidiendo con su quincuagésimo cumpleaños S.M. el Rey impuso a S.A.R. la Princesa de Asturias el Toisón de Oro. (Información en la página de la Casa Real; puede verse el vídeo aquí )FelipeElBuenoDuquedeBorgona.png

Muchos han recordado estos días que la Orden del Toisón fue fundada por Felipe el Bueno, duque de Borgoña, hijo de Juan sin miedo. Su imagen con el pequeño vellocino bien visible encabezó la exposición “El Retrato en la Corte Española” celebrada hace tres años en el Palacio Real. Felipe el Bueno fue el bisabuelo de Felipe el Hermoso. A través de éste se incorpora el Toisón como insignia de la Casa Real española. Luce en su escudo, en el pecho de sus monarcas, así Felipe VI el día de su coronación. Prácticamente es la única joya que ostenta Felipe II en sus retratos, como éste, que figura debajo, obra de Sofonisba Anguisola.

FelipeIISofonisba

Pero ¿cuál es su origen? Me permitirán la licencia de recrear la información proporcionada por Higino (Fábulas 188) por medio de un pequeño cuento:

“Érase una vez que se era… una princesa, bella, inteligente, buena. Tantas y tales virtudes atesoraba que numerosos pretendientes acudían a pedir su mano: regalos, promesas, canciones, todo agasajo era poco. Pero hete aquí que la fama de su hermosura llegó a oídos del dios del mar. Posidón, tan enamoradizo y apasionado como su hermano Zeus, también quedó prendado de ella. Violento, fuerte, impetuoso tomó a Teófane que así se llamaba la princesa y la trasladó a sus dominios, a una isla en medio de las verdes azuladas aguas.

Los pretendientes, desconsolados y dolidos, la buscaron por tierra y por mar. Y cuando supieron de su paradero, botaron una nave y se dirigieron a la isla de Crumisa.

Mas nada pasa desapercibido al poderoso seños de los mares, al que abraza la tierra, la recorre en su carro subterráneo, el que hace brotar las fuentes y provoca seísmos y terremotos. Conocedor de la noticia, Posidón para engañar a los pretendientes transformó a la princesa en una hermosísima oveja, a sí mismo en carnero. Los isleños se metamorfosearon en un rebaño de blancas y suaves guedejas. Burlados los pretendientes, ahítos de carne, comenzaron a sacrificar a las ovejas que allí encontraron. En lobos los convirtió Posidón a quienes como lobos se habían comportado.

¿Y él? ¿Y la princesa? Bajo sus nuevas formas se unieron y de ellos nació un corderito, tan lindo, tan tierno, de brillante vellón dorado. Ése fue su nombre, el Vellocino de Oro.”

La historia está muy lejos de su “colorín, colorado”. No ha hecho sino empezar. Quienes sientan curiosidad pueden seguir aquí la selección de imágenes y textos que preparé hace mucho para mis alumnos.

No es éste el lugar para entrar en los entresijos de sus aventuras, ni en el trasfondo antiquísimo de la gesta de los Argonautas. Baste recordar que el Vellocino rescató a los príncipes Frixo y Hele de una madrastra malvada, y que terminó en muy lejanas tierras, en la Cólquide, en el reino donde nace el sol. Allá hubo de ir Jasón y traerlo de vuelta en una clara prueba iniciática que le impone su tío Pelias: así podrá recuperar el trono que legítimamente corresponde a Jasón.

Desde el pasado las viejas historias helénicas hacen guiños al presente. Don Felipe decía a Leonor que el Toisón de Oro es “símbolo que te recordará las exigencias que impone ser la Princesa heredera”. El que recibió perteneció a su bisabuelo Don Juan, también su abuelo Don Juan Carlos estaba presente. La cadena de sucesión, la continuidad dinástica no podía quedar mejor anudada. Para eso sirven los mitos, máxime si se actualizan en una ceremonia solemne y se destacan valores esenciales como el “compromiso” y la “renovación”, con la mirada puesta en “el presente y en el futuro” en torno a un “símbolo fuertemente enraizado en la historia de España y de Europa”.

Leonor no ha tenido que ir en busca del Vellocino. Su padre, jefe y soberano de la Orden, se lo ha entregado. Al imponer la insignia a quien está “llamada a suceder en el trono de España” subrayó “el paso simbólico para su preparación y futuro como sucesora”. Con majestuosidad y orgullo de padre esbozó todo lo que se espera de ella.

A buen seguro S.A.R. tendrá si no la de los Argonautas su propia gesta. Don Felipe adelantaba “tendrás el apoyo de muchas personas que quieren lo mejor para España, para la Corona y para ti”. Acaso podríamos pensar que es lástima que no pueda contar con la ayuda de los héroes que acudieron al llamado de Jasón, tal y como proclama Píndaro en la Pítica IV. Pero entre ese pueblo cuyas “preocupaciones y alegrías, anhelos y sentimientos” habrá de hacer suyos Leonor, hay hombres y mujeres tan fuertes como Heracles, tan fieles como los Dioscuros, tan aguerridos y valientes como la descendencia de Posidón, tan hábiles y ágiles de pensamiento como los vástagos de Hermes, tan llenos de poesía como la de Apolo, tan raudos como los hijos del viento Bóreas. Fue la unión de todos ellos y muchos más, al decir de otras fuentes, la que dio origen a la primera gran empresa panhelénica. Ésa es la grandeza de una nación, hoy España.

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Por eso no podía ser entregado en mejor momento cuando precisamos mantener nuestra esencia, apelar a la excelencia, el servicio, la lealtad, a la proyección europea. Un Toisón para una princesa, para S.A.R. la Princesa de Asturias, para Leonor.

Henar Velasco López