Chantal Maillard: padecer con Medea

La poeta y filósofa Chantal Maillard publica en Galaxia Gutenberg La compasión difícil, un ensayo en el que trata la compleja cuestión de cómo tratar al otro. Para ello, Maillard recurre, como en anteriores ocasiones, al mundo griego clásico, donde destaca la figura de Medea:

P. ¿Por qué Medea hoy?

R. Es un ajuste de cuentas conmigo misma. También porque es un ejemplo de difícil compasión.

Lee la entrevista completa aquí.

Marta Martín Díaz

Semana de la Mujer en la Ciencia: Mujeres cuidadoras, mujeres envenenadoras

La mujer de las sociedades antiguas pasaba sus largas jornadas en la casa, mientras los hombres se dedicaban a las (así consideradas) nobles ocupaciones del ágora o el foro. Ellas, entretanto, permanecían en la esfera privada, donde se encargaban de varios asuntos, pero ante todo cumplían el papel de cuidadoras, velando por sus hijos y por sus enfermos. Desde el punto de vista antropológico, se comprende que la mujer quedara en casa con el niño, pues solo ella podía amamantarlo. Para esta tarea, las familias con recursos disponían de una nodriza (gr. τίτθη, lat. nutrix); pero, en el caso de las madres humildes, ellas mismas cuidaban de sus hijos. La nodriza es la mujer enteramente dedicada al pequeño, a su alimentación y a su educación, atenta cuentacuentos tan querida por el niño tanto en su infancia como en su madurez –un amor tal nos revela al menos la literatura–. En resumen, la nodriza hace las veces de madre. El pasado 11 de febrero, se publicó en El País una entrevista a María Ángeles Durán, que en 1982 se convirtió en la primera catedrática española de Sociología. Fue ella la creadora del término «cuidatoriado». En relación con este tema, afirmaba que las mujeres continúan teniendo una fuerte conciencia ética del cuidado y, de hecho, son ellas las que sienten el deber de atender a sus enfermos y a sus hijos con más frecuencia que los hombres. En este punto, el paso de los siglos no ha traído consigo un verdadero cambio sustancial. Como bien continúa apuntando la entrevistada, la mujer de hoy ha entrado definitivamente en los mundos de la educación y el empleo y, por esta nueva situación, se ha de actuar de un modo diferente. La mujer de la época preindustrial era cuidadora, pero no es natural que hoy en día siga siendo la única encargada de ello.

Frente a esto, las mujeres griegas y romanas pudieron formar parte de la esfera pública gracias al oficio de comadrona (gr. μαῖα, lat. obstetrix o iatromaea), que por lo general quedaba en manos de las mujeres. Su trabajo no se limitaba a asistir a las parturientas. También se les confiaban problemas de esterilidad e histeria, que las pacientes preferían tratar con personas de su mismo sexo. Quizás la partera más conocida es Fenáreta, la madre de Sócrates. Su profesión inspiró al filósofo ateniense en la llamada mayéutica (μαιευτική, «[ciencia] de las comadronas» < μαῖα), método filosófico con el que conseguía que sus discípulos «dieran a luz» las respuestas a ciertas preguntas que ellos mismos sabían sin haber reparado en ello.

nodriza
Nodriza (s. I a. C., África Púnica)

Así pues, en su dimensión de cuidadora, la mujer no tuvo impedimentos legales para ejercer la medicina ni privada ni públicamente; al menos, la ley romana no se lo prohibió. En el caso de Grecia, Higino recoge la historia de una tal Agnódice, que habría aprendido de Herófilo el arte de la obstetricia, y la habría practicado haciéndose pasar por hombre –estando completamente prohibido que una mujer se dedicara a la profesión médica–. Agnódice fue llevada al Areópago, acusada por los demás médicos de abusar de sus pacientes, y allí mismo descubrió su engaño y reveló ser una mujer. Gracias a la defensa de sus pacientes, la absolvieron y, a partir de ese momento, la mujer pudo ejercer la medicina en Atenas (Fábulas, 274). Es esta una historia marginal, solo presente en Higino, y seguramente también fabulosa. Sea como fuere, lo cierto es que hubo mujeres que ejercieron la medicina (gr. αἱ ἰατροί, lat. medicae). Algunas inscripciones lo atestiguan y tenemos noticia de que incluso algunas de ellas llegaron a escribir tratados: Salpe de Lemnos, Lais, Elefantis o Aspasia.

Desafortunadamente, su relación con el mundo del cuidado, en ocasiones, las puso bajo sospecha de brujería y/o envenenamiento. Como conocedora de plantas y remedios (gr. φάρμακα, lat. medicamina o medicamenta), manejaba, a la vista de los hombres, un arma de doble filo, capaz de curar y matar al mismo tiempo. Como bien indicará Paracelso (s. XVI), una sustancia se convierte en veneno o medicina dependiendo de la dosis. Φάρμακον y medicamentum poseen la doble acepción de «medicina» y «veneno».

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William Russell Flint
Medea, Teseo y Egeo

Las literaturas griega y romana nos presentan un buen número de historias de brujas despiadadas y lujuriosas, que forzaban el amor de los hombres con filtros amorosos o acababan con sus enemigos recurriendo a hierbas ponzoñosas. Nada más que fantasía y deformación de la realidad, pues, a pesar de que tanto mujeres como hombres se sirvieran de prácticas mágicas en diferentes épocas y lugares del mundo antiguo, es falaz su reducción a la esfera femenina.

En fin, curiosa sociedad, que mantenía a sus mujeres encerradas, pero luego fabulaba que, en su encierro, cocían venenos y filtros de amor para arrebatar la voluntad de los hombres, que desconocedores de tales asechanzas, se mantenían ocupados en tan nobles oficios. No hubo suficiente con Gorgonas, Cancerberos y Tifones. Era necesaria Medea, la mujer con dobleces, bienhechora de sus amantes y envenenadora de sus rivales.

Noelia Bernabéu Torreblanca

Medea en Juan del Enzina

El viernes 26 de mayo a las 21.00 la compañía Némesis representará en el teatro Juan del Enzina la tragedia Medea de Eurípides.

ENTRADAS: 3 €

(ANTICIPADA, LOS PROPIOS GRUPOS Y UNA HORA ANTES DE CADA ACTUACIÓN EN LA TAQUILLA DEL TEATRO)

Adjuntamos la información precisa:

Escenografía y dirección: La Compañía

Dramatis personae (por orden de intervención):

Nodriza/Pedagogo: Felipe Brum Gallardo

Coro: Arturo López Martínez-Márkel Hernández Pérez

Medea: J. Alberto Rodríguez

Creonte/Egeo: Soraya Santos

Jasón: Carmen Diana Almeida Eleno

Mensajero (Hijos de Jasón): Pablo del Castillo Baquerizo

Sinopsis:

En Corinto, la de dos orillas (las del Hudson en Nueva York), en el tiempo mítico (los 80 de una ciudad sin ley), Jasón y Medea, ella y él, Medea y Jasón, él y ella, sobreviven como prófugos, con un rastro de sangre a sus espaldas desde la lejana Cólquide, la patria de él, Medea, a Yolcos: Chicago, Míchigan o Montreal… Todo comenzó con la misión de conquistar el vellocino de oro: “Dame la piel, extranjera”. Le dijo ella, Jasón. “A cambio de tu cuerpo”. Replicó Medea. Un pacto sexual. Un collar de sumisión para Jasón, ella, unos hijos…

Pero la sumisa decide romper el contrato, tomar un esposo convencional, Creúsa, la hija del rey, Creonte, del alcalde, Giuliani, que se ha propuesto limpiar las calles de mercenarios, convictos y sin papeles; de la droga de los sótanos nocturnos del Village, junto al río; de la prostitución y el sadomasoquismo; de Medea…

Un día para huir, sola, bajo pena de muerte. Una traición en lo más íntimo, esa cama. Una venganza: y sangre, de inocentes.

Del clásico de Eurípides. Sexo. Violencia. Ambición. Odio. Soledad. Maternidad y paternidad: “Aquí estoy: Medea”.

8 de marzo: leamos la Medea de Eurípides

Hace un año, en este mismo día, expuse una lista de las mujeres más revolucionarias en la Antigüedad. Como no me gustaría repetirme, pero tampoco deseo que pase desapercibida, me gustaría remitirme a ella para que aquellos que estén interesados puedan volver a leerla aquí.

Cuando pensamos en las mujeres de la Antigüedad, en seguida nos viene un concepto a la mente: la misoginia. Por ello, en el día de hoy, me gustaría escoger otro punto de vista, uno que en realidad expresa con gran realismo la situación en la que vivía la mujer griega de cualquier pueblo: el siguiente discurso de Medea en la obra de Eurípides.

De todo lo que tiene vida y pensamiento, nosotras, las mujeres, somos el ser más desgraciado. Empezamos por tener que comprar un esposo con dispendio de riquezas y tomar un amo de nuestro cuerpo, y éste es el peor de los males. Y la prueba decisiva reside en tomar a uno malo, o a uno bueno. A las mujeres no les da buena fama la separación del marido y tampoco les es posible repudiarlo. Y cuando una se encuentra en medio de costumbres y leyes nuevas, hay que ser adivina, aunque no lo haya aprendido en casa, para saber cuál es el mejor modo de comportarse con su compañero de lecho. Y si nuestro esfuerzo se ve coronado por el éxito y nuestros esposos conviven con nosotras sin aplicarnos el yugo por la fuerza, nuestra vida es envidiable, pero si no, mejor es morir. Un hombre, cuando le resulta molesto vivir con los suyos, sale fuera de casa y calma el disgusto de su corazón yendo a ver a algún amigo o compañero de edad. Nosotras, en cambio, tenemos necesariamente que mirar a un solo ser. Dicen que vivimos en la casa una vida exenta de peligros, mientras ellos luchan con la lanza ¡Necios! Preferiría tres veces estar a pie firme con un escudo, que dar a luz una sola vez.”

EURÍPIDES. Medea, 230-251

Las interpretaciones del texto son tan numerosas como el número de los que han leído la obra, pero, en el día de hoy, me gustaría centrarme en la perspectiva feminista y el ejemplo de Medea como mujer luchadora. Como bien he dicho antes, la misoginia era uno de los rasgos más característicos de las sociedades clásicas, de hecho, la mujer no era considerada ciudadana y carecía por completo de derechos; su papel era, básicamente, contribuir al mantenimiento del hogar y a la procreación (algo no muy alejado de lo que podemos ver hoy en día). El parlamento de Medea ejemplifica bien lo que supone ser mujer en la Grecia clásica, tanto dentro como fuera de casa. Sin embargo, ella, lejos de mostrar la situación de manera objetiva, recalca el sufrimiento al que estaba expuesta toda mujer y combate. Eurípides deja de lado los ideales griegos y nos expone un nuevo punto de vista: el de la mujer que se opone a la sociedad en la que vive y reivindica unos nuevos derechos, o al menos la igualdad de oportunidades entre ambos sexos. Medea es la mujer inadaptada que se niega a vivir en una sociedad que no la tiene en cuenta y en la que su papel queda resumido a la nada. Los autores feministas que interpretan el texto afirman que no solo debería analizarse a Medea como mujer bárbara y mala, sino que debería tenerse en cuenta su lado más humano y luchador, que la lleva a asesinar a sus propios hijos por considerarse digna de venganza, lo que no estaba bien visto entre las mujeres de la Grecia clásica. Debemos tener en cuenta que Medea era una extranjera, que no tenía dónde ir en caso de ser desterrada y que había sufrido una gran afrenta.

Como Medea, seguro que fueron muchas las que se opusieron a seguir viviendo en un mundo en el que su voz, por muy alzada que estuviera, no era escuchada. Y, como dijo Virginia Woolf, seguro que muchos de los anónimos de todas las épocas fueron con frecuencia una mujer que, por miedo a ser excluida, se vio en la necesidad de hacerse pasar por “nadie” para ser leída u oída. Medea no es más que un personaje literario que incita a las mujeres a luchar, las anima a hacerse oír. Actualmente, son muchas las que con ahínco buscan la liberación de la mujer en un sistema que las infravalora con creces, son muchas las “Medeas” que atacan la realidad que les toca vivir y son tomadas por mujeres que se dejan llevar por la ira. Pero nada más lejos de la realidad, muchas sociedades actuales no distan mucho de lo que sabemos de la Grecia clásica y nada mejor que este parlamento fuerte y trágico para hacernos reflexionar sobre nuestra propia condición. Como muchos de los textos clásicos, hoy en día podrían ser aplicables estas palabras a muchas de las sociedades actuales.

La tragedia hace fuerte a nuestra protagonista, la incita a expresar todo aquello que siente en su interior con un ímpetu nada común en una mujer de la época. Dejando a un lado las acciones de Medea para con sus hijos y su marido, la protagonista representa los inicios de una lucha que, injustamente, se ha extendido a lo largo de los siglos. Por elmlo, he decidido publicar hoy, 8 de marzo, este texto, para que muchas de las mujeres que se encuentren oprimidas luchen para reclamar lo que consideran justo para ellas y que no vuelvan a verse en desventaja frente a nadie; para que, como Medea, dejen de lado las opiniones tradicionales sobre lo que debe hacer o no una mujer y se alcen contra ello en busca de un futuro que las iguale en todos los ámbitos al resto de la humanidad (porque al fin y al cabo todos somos personas y la diferencia de sexos solo marca una desigualdad que nos separa más que nos une). Quiero animar a todas a buscar su fuerza interna para luchar por sus derechos y para defenderlos a plena voz. Por ellas mismas y por el resto de mujeres que hay en el mundo, porque todas ellas son trabajadoras, creadoras en potencia de un mundo en el que la desigualdad de género pase a formar parte de la historia y ocupe un lugar más pequeño en la realidad.

Quiero recalcar que esta interpretación feminista es una de las muchas que hay sobre la figura de Medea, y que he querido exponerla para resaltar la figura de una mujer que se aleja de la sociedad en la que vive y que demuestra cómo muchas veces se utiliza la figura femenina para exaltar la del hombre, en este caso Jasón. Nada de malo tiene oponerse a la realidad del momento para luchar por aquello que consideramos justo y necesario, tanto en la sociedad clásica como en la actual, en la que la desigualdad tampoco debe ser obviada.

Marina López Molina

De nuevo Medea

Ana Iriarte Goñi, catedrática de Historia Antigua en la Universidad del País Vasco, impartió una conferencia titulada “Medea o el filicidio como acción política”, dentro del ciclo Mujeres del mundo clásico: entre la sumisión y el poder. Se está celebrando en la Casa de las Conchas de Salamanca y a él se han dedicado otras entradas en este blog como la de Julia y Ariadna. Siguendo esta línea, ofreceremos una breve reseña del contenido de esta intervención:

Medea o el filicidio como acción política

El teatro es uno de los mayores descubrimientos de la cultura griega, y su progreso fue paralelo al de la democracia, manteniéndose hasta el presente. Se veía en escena a los héroes arcaicos, de los cuales las noticias llegaban fundamentalmete de forma oral. El impacto en la vida social y cultural ateniense era enorme. El mismo edificio del teatro se encontraba en pleno centro de la ciudad de Atenas. Además, estaba unido a ritos religiosos, como en el caso de las Grandes Dionisíacas. En ocasiones, la trama estaba muy ligada a la actualidad. Cuando Eurípides escribe su Medea, el conflicto entre Atenas y Esparta está a punto de estallar. Veinte años antes, Pericles había dictado una ley por la cual solo adquirían la ciudadanía aquellos que fuesen hijos de padre y madre atenienses. De esta situación política de Atenas, en torno al año 431 a.C., es posible ver reflejos en la obra.

La violencia que alcanza Medea es proverbial. Se la conoce por el asesinato de sus propios hijos para hacer daño al padre, Jasón. Acabará siendo divinizada pero también es vista como un monstruo deshumanizado. Adopta, ya en la tragedia y en algunas de sus representaciones pictóricas en cerámicas, matices muy masculinos. Mata con una espada, algo más propio de hombres, y con esta acción se hace dueña de sus hijos, que eran propiedad del padre. En cierto modo, es una mujer que adopta un rol de héroe. Con todo, no podemos olvidar que se trata de un personaje ficticio y era representada por un hombre. La Medea de Eurípides es oradora y da voz a a las “ciudadanas” que configuran el coro. En el teatro las mujeres pueden tomar la palabra cuando en la vida pública ateniense no tenían voz. Esta Medea no guarda silencio en público, rompe esta norma. Merece la pena la lectura de los versos 230-251, en los que Medea arranca a hablar sobre la condición de la mujer.Medea-Sandys

Es un mito que se ha ido actualizando a lo largo de los siglos. Siempre se añade algo nuevo según aquello que se destaque o según la época. Son muchas las manifestaciones artísticas sobre Medea: la que interpretó Maria Callas en la película dirigida por Pier Paolo Pasolini. Famoso es el cuadro que acompaña a esta entrada, de Frederick Sandys. En España, la última representación de Medea en los teatros está protagonizada por Aitana Sánchez-Gijón, bajo la dirección de Andrés Lima, con la compañía Teatro de La Abadía. Recientemente se le ha dedicado una entrada de este blog a esta adaptación de la Medea de Séneca. En esta versión romana se presta más atención a la violencia intrafamiliar, para tal vez denunciar el comportamiento de la casa del emperador Nerón.

Marina Lozano Saiz

Medea en Salamanca

El sábado 30 de Enero fue interpretada la tragedia latina “Medea” de Séneca en el teatro Juan del Enzina de Salamanca.

Esta representación corrió a cargo del director y actor Andrés Lima, quien también interpretó los papeles de corifeo, Jasón y Creonte; con Laura Galán como nodriza, Joana Gomila como corifea y, como protagonista absoluta de la obra, Medea, Aitana Sánchez-Gijón.

La trama de esta tragedia gira en torno al último día en el palacio de la reina Medea, esposa de Jasón, antes de su destierro. Esta pretende vengarse de su marido por haberse casado con Créusa, princesa de Corinto, y haberla abandonado, por lo que idea un maquiavélico plan en el que el vector de su represalia son sus hijos.

La versión de Séneca posee un giro humano colosal con respecto a la misma obra de Eurípides, puesto que el objetivo de aquel es mostrar la locura y el desenfreno de la mente en situaciones tan críticas como la de Medea, y sin duda lo consigue, ya que los versos de esta tragedia están cargados de dolor, resentimiento, culpa y desazón.

El director, Andrés Lima, supo interpretar las pasiones de la protagonista con acerba precisión haciendo uso de escenas que rozaban el clímax cúspide de la obra y dejando al público sin aliento. A este menester ayudó la magnífica puesta en escena y tramoya utilizada, altamente llamativa a los ojos del espectador.

Se podrían poner multitud de ejemplos, como el momento del sacrificio a la diosa de la hechicería Hécate, en el cual Medea entra en un violento trance y es empapada en barro y plumas, un guiño muy acertado a la forma en la que las hechiceras como Medea eran torturadas en la Edad Media.

Digno de mencionar fue el decorado de la actuación, de carácter minimalista y escaso, como fue también el vestuario. Sin embargo, estaba cargado de un aura de misterio y oscuridad que envolvía a los actores y a dos pequeños muñecos que, de rodillas, representaban a los hijos de Medea y Jasón, cuyo trágico final constituye el desenlace de la obra.

La corifea, interpretada por Joana Gomila, entonó bellas canciones que, pese a su anacronismo, otorgaban profundo dramatismo y consiguieron estremecer al auditorio cuando sus cánticos arañaban el punto álgido de la acción.

Marcos Medrano Duque

 

 

Mujeres del mundo clásico. Entre la sumisión y el poder

Os anunciamos que la semana que viene comienza el ciclo de conferencias titulado “Mujeres del Mundo clásico. Entre la sumisión y el poder”. Está organizado por la Delegación Local de la Sociedad Española de Estudios Clásicos y tendrá lugar en la Biblioteca Pública de la Casa de las Conchas de Salamanca.

18 de enero: Rosario Cortés Tovar: “Iulia Augusti. Una mujer entre el amor y la política”

25 de enero: José Carlos Fernández Corte: “Ariadna toma la palabra”.

1 de febrero: Ana Iriarte Goñi: “Medea o el filicidio como acción política”

8 de febrero: Margarita Vallejo Girves: “Mulieres fuertes de constantinopla: Teodora y las emperatrices de los siglos V y VI.”

15 de febrero: María José Hidalgo de la Vega: “Zenobia, reina de Palmira: Historia, ficción y tradiciones.”

22 de febrero: Alberto Bernabé Pajares: “Dánae, de los griegos a la modernidad”

Os invitamos a todos a acudir.

conferencias

 

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