Pompeya en el Belén Napolitano del Palacio Real de Madrid

Hacía tiempo que sentía curiosidad por visitar el Belén Napolitano del Palacio Real de Madrid.

Y no es que mi ciudad natal, Valladolid, de rica tradición belenista, no cuente con uno. Lo tiene, y muy bello. Puede visitarse en el Palacio de Villena, anexo al Museo de Escultura y hace dos años fue objeto de un montaje espectacular.

Pero yo sentía curiosidad… Ya saben, Pandora…

Por fin el año pasado lo visitamos mi esposo y yo, suyas y mías son las fotos que acompañan estas líneas.

 belen

 

Poco podía imaginar que a la entrada me esperaran unas columnas caídas, unos operarios desenterrando tesoros bajo la atenta mirada de un arqueólogo levantando sus planos… Que un poco más allá, al fondo, sobre una pared bermeja asomara una famosa imagen pompeyana (la del así llamado Mosaico de la Casa de Cicerón, cuya imagen ampliada puedes ver aquí), peculiares sones y panderetas.

Belén

¡Qué hermosura! Me dije. ¡Qué bonita forma de homenajear a Carlos III, bajo cuyo reinado y patrocinio allá en la bahía de Nápoles comenzaron a aparecer los restos de Pompeya y Herculano, mucho antes de que se convirtiera en Rey de las Españas!

Supongo que a ciencia cierta no podemos saber cómo fue su forma primera, fue creciendo poco a poco, iniciado por Carlos III para su hijo. Pero a buen seguro quienes idearon esas figuras querían agasajarle a él, a su heredero después, guardar memoria. O acaso fue el propio rey quien llevó la voz cantante…

Este año leo en la página de Patrimonio Nacional que incluso la figura de Carlos III se va a incorporar al Belén: se quiere rendir cuenta de su pasión por la arqueología. Yo me atrevería a añadir por el Mundo Antiguo. Recuerden si no su papel en el diseño del Paseo del Prado con su Cibeles, su Apolo, su Neptuno…

Para mí sumar a la belleza de tantas figuras el guiño a nuestros estudios fue un regalo inesperado. Y como tal “don” quiero ofrecérselo a todos los que escriben y leen este blog, y acompañarlo de mis mejores deseos para esta Navidad.

Henar Velasco López

P.S. Información sobre otros belenes reales aquí . Y si quieren saber de Pompeya lean el magnífico libro de la flamante Premio Princesa de Asturias 2016, Mary Beard (Pompeya, 2009) o vean su documental .

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La mejor bacanal para maduritos obsesionados con la Roma clásica

Marta Martín Díaz nos envía el enlace al blog El erizo y el zorro de Ramón González Ferriz alojado en la página de El Confidencial, donde una entrada analiza y recomienda los documentales sobre Roma de Mary Beard: Os remitimos a la página correspondiente que puedes leer aquí, “La mejor bacanal para maduritos obsesionados con la Roma clásica”. De su publicación la propia Mary Beard se hizo eco en Twitter (pincha aquí).

Nuestra informadora nos recuerda que los documentales están en Filmin y Movistar+ .

 

Pintadas en latín

Isabel Varillas nos envía una entrada aparecida en el blog Yorokobu que nos toca muy de cerca: “En Cambridge son tan cultos que hasta hacen pintadas de protesta en latín” (puedes leerla aquí) Fundamentalmente recoge lo que apareció hace unos días en las Noticias de la BBC (pincha aquí para leerlo). El caso es que, en efecto, en esta ciudad han aparecido grandes pintadas de protesta realizadas sobre casas de lujo (de aproximadamente 1.700.000 euros; parece ser que en Cambridge el precio del suelo es un gran problema y la vivienda es enormemente cara) ¡EN LATIN!.

Mira un ejemplo:LATIN6

El texto tiene su gracia porque no solo nos trae a la memoria aquellas famosas pintadas de la Vida de Brian, sino que nos informa de que ya había precedentes en Cambridge de este medio de protesta: “Hace un par de años, pintadas en griego y latín invitaban a los ciudadanos a retirar las bicicletas atadas a las barandillas de las escaleras de la ciudad.”

Pero además se señala la dudosa corrección gramatical de los textos; ¿qué quiere decir Loci populum! o Locus in domos? Y la que contesta no es cualquiera -al fin y al cabo estamos en Cambridge-: es Mary Beard. La ilustre profesora no encuentra una traducción y sugiere una posible interpretación: lo que quieren es protestar sobre el hecho de que un hermoso lugar haya sido convertido en viviendas y reclaman casas para la gente.

En fin, que es Cambridge.

 

Mary Beard

El viernes 21 de octubre Mary Beard recogió el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales. A ella le agradecemos que compartiera el premio con todos nosotros, que también trabajamos duro “para hacer que nuestra conversación con el mundo antiguo sea tan viva, cautivadora y gratificante”. (Puedes leer aquí el discurso y escucharlo pinchando aquí)

Muy a menudo, los profesionales y los entusiastas de los Estudios Clásicos tienden a idealizar en exceso tanto Grecia como Roma, e incluso la contemplan con vanidad como el espejo en que el mundo actual se debería mirar.

Un lúcido profesor nuestro dijo en una ocasión ––no sin acierto–– que la Antigüedad y la Literatura Grecorromana resultaban de vital importancia para el ser humano de hoy, pero que en absoluto se podían justificar aspectos e instituciones típicamente clásicas, como el esclavismo, el machismo, el imperialismo… y un largo católogo de indecencias.

Mary Beard, la prestigiosa latinista británica, adopta un discurso en parte semejante y lo argumenta por extenso en un reportaje reciente del periódico digital eldiario.es. (Puedes leer aquí el reportaje y una entrevista con ella aquí) Sin renunciar al fomento y a la difusión de la Filología y de la Historia Antigua, la catedrática de Cambridge considera un auténtico error el establecer comparaciones directas entre la civilización grecorromana y el mundo actual, en cualquier aspecto.

La tercera edición de su último libro SPQR. Una Historia de la Antigua Roma (Crítica, 2016) fija un punto de partida para reflexionar sobre las (posibles) visiones que hoy se pueden tener (y enjuiciar) de los antiguos, pero también (y sobre todo) para concluir las insalvables diferencias que median entre aquella época y este tiempo. Y, al mismo tiempo, sirve de pretexto para tratar las principales cuestiones del momento desde un enfoque más humano y crítico, tales como el derecho de ciudadanía, la igualdad efectiva de género, o la democracia representativa.

Con todo, Beard concluye que todo el estudio de la historia a través de los textos se convierte en un instrumento muy útil, e incluso indispensable, para que un ciudadano elabore su propia opinión sobre el mundo; la Antigüedad ni será comparable, ni conformará un ideal al que emular a ciegas: más bien, le proporciona a todo ciudadano numerosas lecciones que harán despertar su curiosidad intelectual y su espíritu crítico para comprender un poco mejor la realidad que lo rodea.

Federico Pedreira Nores

 

Noticia: Aristóteles es noticia

Esta semana pasada hemos visto que Aristóteles ha aparecido varias veces en las páginas de los periódicos, en la radio, en la televisión. Esto no es habitual, desde luego.

Primero ha sido noticia que unos arqueólogos hayan publicado el descubrimiento de su tumba en Estagira, su ciudad natal. Nuestra inapreciable colaboradora Mª Ángeles Martín nos envía el reportaje de ABC del 27 de mayo.

aristoteles1

aristoteles2Después el sábado 28 vemos que el filósofo ocupa una de las páginas de opinión de El País: un texto titulado Aristóteles nos enseñó a pensar, de Víctor Gómez Pin.

Esto ya constituye una verdadera anomalía. ¿A qué se debe?

Todo tiene una explicación. Simplemente se trata de que este año 2016 se celebra el aniversario del nacimiento del filósofo en la ciudad de Estagira (384 a. C.). Con ese motivo ha tenido lugar el Congreso en el que los arqueólogos han dado publicidad a su descubrimiento y por esa razón Víctor Gómez Pin y El País han considerado oportuno destinarle una página del periódico (por cierto, no estaría mal que los científicos leyeran el texto de Gómez Pin, porque Aristóteles no es cosa sólo de filólogos clásicos y filósofos , y tampoco estaría mal que filólogos clásicos y filósofos se dieran cuenta de que Aristóteles era también un hombre de ciencia).

En fin, para esto sirven estas celebraciones; aprovechad porque no creo que volvamos a ver a Aristóteles ocupando tanto espacio en la prensa; quizá pueda suceder dentro de un siglo (seamos optimistas: 2.500 años es un número muy redondo para que pase desapercibido, aunque ya no sé si merecerá tanto espacio como esta vez, quizá para entonces ya Aristóteles ni siquiera le suene a nadie)

Démonos por contentos: en una misma semana el mundo clásico ha ocupado un lugar destacado en los medios de comunicación: ahora Aristóteles; hace unos días el premio Princesa de Asturias a Mary Beard, apuntalado por la noticia de que su libro SPQR Una historia de la antigua Roma fue adquirido por la reina en su paseo inaugural por la Feria del Libro de Madrid (¡Ay, madre!, el detalle ocupa menos que la descripción de su vestuario, pero no podemos dejar de apreciar la finura de la institución monárquica y la consideración de la prensa que nos lo comunica)

Susana González Marín

Mary Beard, premio Princesa de Asturias de ciencias Sociales

En contra de nuestra costumbre hoy sacamos dos entradas. Lo merece la noticia que acabamos de conocer: Mary Beard ha recibido el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales. (Puedes leerlo en El País). Adelantamos por ello la entrada que estaba prevista para mañana.

A los estudiosos de Filología Clásica aficionados a la Historia Cultural no nos ha sorprendido la concesión del Premio Príncipe de Asturias a Mary Beard, una catedrática  de la Universidad de Cambridge, que sobresale  por la extensión y profundidad de sus conocimientos, pero sobre todo por su enorme originalidad. Lo que nos sorprende realmente es la amplitud de miras de un jurado que ha canonizado a alguien cuyo agudo sentido crítico se ha dedicado a desmontar muchas verdades convencionales acerca del mundo clásico y la ha llevado a  adoptar posiciones poco complacientes con el establishment. Entre ellas, su  postura tras el atentado de las Torres Gemelas, que  provocó que numerosos lectores de la London Review of Books retiraran su suscripción de la revista tras su sintético enunciado “the United States had it coming” algo así como “los Estados Unidos se lo tenían merecido” (lee el texto completo aquí); ello, sin embargo, no fue óbice para que poco tiempo después fuera invitada a un prestigioso ciclo de conferencias en Berkeley, las Sather Classical Lectures, que dieron origen a su libro sobre La risa en la Antigua Roma.

Lentamente su obra  ha ido llegando al público español en general, sobre todo tras una entrevista concedida recientemente al diario El País y tras la aparición en estos últimos meses de una Historia de Roma cuya lectura será sin duda muy recomendable. Mary Beard se preocupa siempre por la repercusión de la cultura clásica en la actualidad, y por la de la actualidad en la cultura clásica. Provocadora y ocurrente, colaboradora habitual del Times Literary Supplement y de la BBC, es una persona capaz de ir a visitar  a un lector adolescente que criticó en términos groseros su apariencia física para intentar convencerlo (con éxito) de que había otros valores que merecían ser tenidos en cuenta.

Ese talante moral va acompañado de una gran originalidad y brillantez. Complace ver, en sus artículos y libros sobre Los clásicos (en colaboración con J. Henderson, una especie de García Calvo de la Literatura Latina cuya prosa es casi ininteligible) la formulación precisa de un pensamiento curioso, a saber, que desde el Renacimiento cada generación de personas dedicadas a las lenguas y culturas clásicas parte de la desesperanzada convicción de que dominamos las lenguas que estudiamos mucho peor que nuestros predecesores. Nos sentimos epígonos frente a los gigantes que nos precedieron. Lo que no es óbice para que repitamos, cargados de razón, que las nuevas generaciones conocen los textos mucho peor que nosotros.

Sus libros, pese a su enorme erudición,  son muy amenos y de fácil lectura. M. Beard conserva de su formación académica anglosajona la facilidad ensayística para divulgar sin vulgarizar, lejos del esoterismo en el que caen muchos de sus colegas, demasiado técnicos y/o demasiado aburridos. Recomiendo la lectura de Pompeya para que meditemos un poco sobre lo que significa reconstruir una ciudad destruida no sólo por el volcán, sino también por las bombas americanas de la Segunda Guerra Mundial. Lucano anticipó que en Troya se veían ruinas de ruinas Etiam periere ruinae. En la  Pompeya actual contemplamos, gracias a la información de la estudiosa,  una  reconstrucción de las ruinas de las ruinas.

Nunca abandona Mary Beard la preocupación hermenéutica. Nuestra mirada sobre la Antigüedad tiene mucho de reconstrucción en la que están presentes las obsesiones de nuestra propia cultura.  Su brillante e instructivo libro sobre el Coliseo, escrito en colaboración con Hopkins (autor de un inolvidable Conquistadores y Esclavos), desentraña los secretos de un espacio urbano real preñado de connotaciones simbólicas. Ni que decir tiene que los cineastas que rodaron Gladiator la consultaron, como muestra de respeto a su autoridad académica. Lo mismo suelen hacer autores de novelas históricas de romanos como R. Harris.

En su obra titulada El triunfo romano M. Beard vuelve a demostrar su agudeza para descubrir aspectos del mundo romano que están llenos de interés para la mirada actual, tan propensa a observar los espectáculos de masas. Los romanos explotaron a fondo la cultura del espectáculo en un  Imperio multicultural que pretendía transmitir una ideología que cohesionara a millones de personas; es cierto que esta cultura no perdió su atractivo en ninguna época histórica, pero en pocas gozó de una salud tan excelente como en la actual.

Son precisamente estudiosos como Mary Beard los que han logrado que, pese a las estrecheces académicas por las que transitamos, ocasionadas por mentes más estrechas aún, sigamos recibiendo estímulos para continuar con los estudios clásicos. Felicidades por el premio, señora Beard,  y que siga  usted deleitándonos por muchos años con su espíritu crítico.

José Carlos Fernández Corte