Chantal Maillard: padecer con Medea

La poeta y filósofa Chantal Maillard publica en Galaxia Gutenberg La compasión difícil, un ensayo en el que trata la compleja cuestión de cómo tratar al otro. Para ello, Maillard recurre, como en anteriores ocasiones, al mundo griego clásico, donde destaca la figura de Medea:

P. ¿Por qué Medea hoy?

R. Es un ajuste de cuentas conmigo misma. También porque es un ejemplo de difícil compasión.

Lee la entrevista completa aquí.

Marta Martín Díaz

Semónides y el Mediterráneo

“Y otros
revolcados en medio del huracán marino
y entre las muchas olas de un mar cárdeno,
mueren, aunque luchaban
por ganarse la vida”.

Semónides en traducción de Aurora Luque (Aquel vivir del mar, 2015, página 90)

En apenas mes y medio, más de 200 personas han sido contabilizadas como muertas en el mar Mediterráneo este 2019. En los últimos años, el Mare Nostrum se ha convertido en una fosa común, como desgraciadamente hemos hecho eco en este blog desde sus inicios (pica aquí y aquí ). Esta transformación del Mediterráneo ha sido posible gracias a las eficaces necropolíticas de nuestros gobernantes e instituciones, que olvidando aquel principio de hospitalidad que rigió la mediterraneidad de los griegos, mantienen barcos de rescate atracados en sus puertos, sin permitirles actuar.

Para más información y datos exactos sobre lo que ha ocurrido en estos dos primeros meses del año recomiendo leer este reportaje de Contrainformación.es.

Marta Martín Díaz

 

Entrevista con Simon Critchley

El pasado 20 de noviembre, el filósofo inglés Simon Critchley estuvo en Barcelona para hablar sobre los aspectos literarios y filosóficos de otra de sus grandes pasiones, el fútbol. De las entrevistas realizadas durante su visita, rescatamos esta de El Mundo, en la que Critchley habla de su próximo libro, que verá la luz en abril de 2019: Having Been Born: Tragedy, the Greeks and Us.

“2.500 años después, la tragedia griega aún nos conmueve; es capaz de dejar en suspenso todas nuestras creencias, opiniones, preocupaciones sobre el mundo, y transportarnos a una irrealidad. Es una experiencia de liberación que nos abre a mundos diferentes y nos hace más complejos, porque el teatro no da respuestas sino que nos expone a contradicciones”.

Marta Martín Díaz

Desde Homero a María Rodés: las Pléyades

Eclíptica, el nuevo disco de Maria Rodés, presentado hace unos días en el teatro Juan del Enzina (puedes ver fotos), ha sido inspirado por la labor y los diarios de su tío bisabuelo, el astrónomo Lluís Rodés, director del observatorio del Ebro (lee aquí la entrevista en El País sobre el nuevo disco). Y puesto que tanto griegos como latinos también miraron al cielo con afán de explicar lo que veían, en este disco también hay sitio para la mitología, como es el caso del tema Pléyades.

Pléyades (puedes ver el videoclip aquí)

“L’Etoile Perdue”-Adolphe Bouguereau (1884)

 

 

Andan juntas por el cielo,
sin separarse jamás,
como niñas asustadas.
Fueron víctimas de Orión.

Él se encaprichó de todas,L'Etoile Perdue (La Pléyade Perdida) de William-Adolphe Bouguereau (1884)
preso de su juventud.
Y abrumado por su encanto,
sin cesar las persiguió.

Siete años sin parar,
sin parar de escapar.
¿Hacia dónde? No lo sé,
pero hay que correr.

Alguien las convirtió en palomas,
para ayudarlas a escapar.
Ellas volaron hacia el cielo
y allí el toro las meció.

Ya solo puedo ver seis,
falta una séptima que huyó.
Se moría de vergüenza
por amar a un ser mortal.

Siete años sin parar,
sin parar de escapar.
¿Hacia dónde? No lo sé,
pero hay que correr
hacia algún lugar
lejos de la gravedad.

La pobre se enamoró,
presa de su finitud.
Tuvo que aceptar que un día
su amor se moriría.
Y su luz debilitada
de pena se apagaría,
de pena se apagaría,
de pena se apagaría.
de pena se apagaría.

Eratóstenes, en su Catasterismo, explica así este cuerpo celeste:

La constelación de las Pléyades se encuentra en el llamado corte del lomo de Tauro. Reunidas en un racimo de siete estrellas, dicen que son las hijas de Atlas, y por eso se las denomina «siete pasos». Sin embargo, no son visibles las siete, sino sólo seis, y se da de ello la siguiente explicación: seis de ellas se unieron a diversos dioses, y la séptima se unió a un mortal. De entre las primeras, tres se unieron a Zeus (Electra, de la que nació Dárdano; Maya, madre de Hermes, y Taígete, de la que nació Lacedemón). Otras dos se unieron a Posidón (Alcíone, madre de Hiereo, y Celeno, de la que nació Lico). Se cuenta que Estérope se unió al dios Ares, de cuya unión nació Enómao. Finalmente Mérope se unió al mortal Sísifo, motivo por el que no se nos muestra visible. Entre los hombres gozan de muy buena reputación, ya que anuncian el comienzo de la primavera. Su disposición en el firmamento es muy feliz, pues dibujan la forma de un triángulo, según dice Hiparco. (Trad. Antonio Guzmán Guerra).

Las Pléyades fueron forjadas por Hefesto en el escudo de Aquiles (Ilíada XVIII, vv. 483-489):

Hizo figurar en él la tierra, el cielo y el mar,
el infatigable sol y la luna llena,
así como todos los astros que coronan el firmamento:
las Pléyades, las Hiades y el poderio de Orión,
y la Osa que también denominan con el nombre de Carro,
que gira allí mismo y acecha a Orión,
y que es la única que no participa de los baños en el Océano
.
(Trad. Emilio Crespo Güemes)

En sus Trabajos y días (trad. Aurelio Pérez Jiménez y Alfonso Martínez Díez), Hesíodo las señala como punto de inicio de los trabajos de primavera (al surgir las Pléyades descendientes de Atlas, empieza la siega; y la labranza cuando se oculten), en el calendario del labrador (luego que se oculten las Pléyades, las Híades y el forzudo Orión acuérdate de que empieza la época de la labranza) y también en el calendario de la navegación (te advierto que cuando las Pléyades huyendo del forzudo Orión caigan al sombrío ponto […] arrastra la nave a tierra y cálzala con piedras), ya que se pueden ver en el firmamento desde principios de mayo hasta mediados de noviembre. Y así las recoge, tiempo después, Virgilio en su Geórgica I: Antes las Pléyades, hijas de Atlas, se te oculten mañaneras y la constelación de Gnossos, de brillante Corona, se retire, que deposites en los surcos las semillas que les corresponden y que te apresures a confiar la esperanza del año a la repelente tierra. (Trad. Tomás de la Ascensión Recio García y Arturo Soler Ruiz).

Marta Martín Díaz

Una autoridad clásica

Marta Martín Díaz no senvía este enlace al texto publicado por David Hernández de la Fuente en El País del 13 de abril: Una autoridad clásica. Del conjunto nuestra colaboradora subraya el siguiente pasaje:

«Hoy preocupa la falta de integridad entre nuestros políticos, pero tal vez la solución haya que buscarla en una autoridad semejante en la sociedad civil. Antes que mirar al simbolismo de una figura sacra (monárquica o presidencial), tal vez la comunidad habría de protagonizar, como en toda etapa de refundación de los sistemas políticos participativos, una revolución clasicista que mirase hacia modelos incuestionables de ejemplaridad. Estos pueden hallarse, de nuevo, en las figuras y los textos inspiradores en torno a los sistemas participativos antiguos —democracia ateniense y república romana— que pueden tomar hoy de nuevo la voz, cuando vemos el naufragio moral de nuestros representantes entre comportamientos deshonestos y manipulación interesada de la idea del bien común».

“Leer a Ovidio puede ser mucho más estimulante que leer a David Foster Wallace”

Estas son las declaraciones de César Aira que encabezan la entrevista que ABC cultural publica con ocasión de la presentación de su última novela, Prins, en nuestro país. Reproducimos un pequeño fragmento:

P. Sin embargo, el protagonista de la novela dice que la base de todo intelectual que se precie empieza en el mundo grecolatino.

R. Es así. Justamente anoche estuve hablando con un amigo de eso. Hablábamos de Ovidio y de cómo con estos nuevos métodos de enseñanza de la literatura, que van tanto a la contemporánea, los jóvenes se están perdiendo todo ese tesoro de mitos, de sustrato de nuestra civilización, que es la cultura grecolatina. En fin, no sé por qué se están privando de algo tan rico y tan fecundo.

P. ¿Hay que volver a la tradición grecolatina?

R. No, no. No «hay que» nada. Que hagan lo que quieran, pero yo pienso que leer a Ovidio puede ser mucho más estimulante y más rico que leer a David Foster Wallace. De ahí no se saca prácticamente nada: imitarlo o admirarlo como mucho. Pero si uno lee a Ovidio, ahí tienes todo un mar de inspiraciones. O eso creo. Qué se yo.

Marta Martín Díaz

Sísifo, héroe absurdo

Vendo roca de Sísifo,
Sísifo añeja, bien lustrada,
llevadera, limada por los siglos,
pura roca de infierno.
Para tediosos y desesperados,
amantes del absurdo
o para culturistas metafísicos.
Almohadilla de pluma para el hombro
sin coste adicional.

Fragmento de «Anuncios» de Aurora Luque.

En 1942, Albert Camus publicó El mito de Sísifo. Encabezado por unos versos del épodo de la Pítica III de Píndaro («No te afanes, alma mía, por una vida inmortal, pero apura el ámbito de lo posible»), este ensayo pretendía bucear, a través de sus cuatro partes y un apéndice, en «una sensibilidad absurda que podemos encontrar dispersa en este siglo [XX]».

El acercamiento existencialista a esta concepción de la vida como absurdo llevó a Camus a erigir al mítico Sísifo como «héroe absurdo» en su condición de «proletario de los dioses», quienes le condenaron a empujar eternamente una roca hasta lo alto de una montaña. No obstante, el conocimiento de su miserable situación (en la que, dice Camus, piensa cada vez que lleva a cabo su descenso para recuperar la roca y volverla a subir) le libera: al aceptar su inexorable destino, hace que el absurdo deje de serlo (como ocurre también con Edipo o Prometeo). Por ello: «Hay que imaginar a Sísifo feliz».

Cuando ese siglo XX en el que y sobre el que escribió Camus estaba despidiéndose (1997), su compatriota Frédéric Beigbeder, a través de su alter ego Marc Marronnier, comprendió —y actualizó— así la famosa cita en El amor dura tres años (traducida al español en Anagrama, 2003):

«Por fin comprendo la frase de Camus: Hay que imaginar a Sísifo feliz. Quiso decir que uno repite toda su vida las mismas estupideces pero que puede que la felicidad consista precisamente en eso. Tengo que agarrarme a esta idea. Amar tu infelicidad, ya que es rica en golpes de efecto».

Marta Martín Díaz