De un filólogo en cuarentena y de la internacional difusión de Notae tironianae

El día 24 de marzo («en ces temps de confinement») se publicó en estas páginas la imagen de un filólogo en cuarentena. Un mes después encontré en mi buzón un correo de una colega vuestra y mía (dedicada al latín y a la paleografía latina medieval y también bibliotecaria), habitante de la Galia, a la que se la habían hecho llegar: no solo le había entretenido, sino que le había también interesado como especialista [delectare & prodesse]. Era evidente que era la primera vez que la veía y que lo hacía en este blog, pues, buscando satisfacer su interés habían seguido la pista y llegado a Salamanca. Pensaron, por tanto, que la ilustración adornaría alguno de los códices conservados en nuestra Universidad. De ahí que fuera yo el destinatario de su consulta.

Me escribían, por tanto, para que les facilitara la signatura y datos del manuscrito en cuestión. Ya estaba dispuesto a desilusionarla, diciéndole que nada tenía que ver con nuestros fondos (quel dommage!), cuando me acordé de un libro que tenía a mano en casa: Understanding illuminated manuscripts: a guide to technical terms, de Michelle P. Brown (Paul Getty Museum – British Library 1994). Sin mucho esfuerzo, mientras las páginas resbalaban por mis dedos, el misterioso copista apareció ante mis ojos y allí estaba la identificación de la fuente, en la página 114, bajo la voz scribe. (Diré, entre paréntesis, que ese breve diccionario tiene su versión electrónica, pero en ella no encontraréis la misma ilustración].

Por el pie de foto llegamos a saber que no estamos solamente ante un copista, sino también ante el autor de la propia obra ilustrada con tan cuidada miniatura: nada menos que un best seller enciclopédico de la Edad Media, el Speculum historiale del dominico Vincent de Beauvais (Vincentius Bellovacensis, ca. 1190-ca. 1264; Mirabile: archivio digitale della cultura medievale; Arlima: Les Archives de littérature du Moyen Âge).

El manuscrito en cuestión es el British Library, Royal 14.E.I, que podéis ver entre los manuscritos digitalizados de la biblioteca, copiado probablemente en Brujas, entre 1479-1480, para el rey de Inglaterra Eduardo IV.

Vincent de Beuvais

Como hemos dicho, había también un interés científico, pues había despertado su curiosidad el objeto situado sobre la mesa que hay ante el atril y querían comprender su función («loupe? réflecteur de lumière»). A mí se me escapa la función de un «réflecteur de lumière» (quizá un espejo o una pantalla que hicieran aumentar la cantidad de luz en el scriptorium, a buen seguro no muy sobrado de iluminación), y había pensado en una lupa. La descripción que encontramos en la BL confirma esta idea: «The subjects of the miniatures are: f. 3r, Vincent writing at a desk; in the background books lying on sloping shelves and a large magnifying glass».

Creo hablar también en nombre de Notae Tironianae si muestro mi perplejidad por hacérsenos responsables de difundir la imagen entre colegas transalpinos, pero así están las cosas (A Notae había llegado a través de Isabel Gómez Santamaría y de mí mismo. En mi descargo diré que me la envió un amigo que dudo mucho que supiera todos estos detalles.): «Voici donc, par vos soins, sorti de l’anonymat ce philologue confiné que vos amis et vous-même avez mis en circulation et qui a déjà diverti beaucoup de médiévistes. Savoir qu’il s’agit de Vincent de Beauvais ajoute encore au plaisir».

Óscar Lilao

Cosas que hacer en la cuarentena (20): ir de exposiciones (virtuales)

En Google Arts&Culture hay muchísimo que ver y ahora en cuarentena proponen muchas actividades relacionadas con el arte, pero hoy no destacamos las visitas virtuales por famosos lugares, sino un par de exposiciones online relacionados con los libros antiguos, sobre los que podemos encontrar mucho material en esta página.

La primera es “Colours Between Covers. German book illumination of the 15th and 16th centuries from the collections of the Staatsbibliothek Bamberg” que tuvo lugar en el año 2017.  La segunda es “Art of Three Faiths: A Torah, a Bible, and a Qur’an,” published online in 2020 via Google Arts & Culture, the J. Paul Getty Museum, Los Angeles. Ambas ofrecen ilustraciones muy hermosas y de una calidad excepcional.

La Biblioteca Nacional de Grecia se muda

Manuela y Mª Ángeles Martín Sánchez nos envían esta noticia publicada en ABC el 31 de marzo:

La Biblioteca Nacional de Grecia se muda al Centro Stavros Niarchos

No olvidemos que los fondos de la Biblioteca incluyen 750.000 volúmenes (entre ellos 5.400 manuscritos e incunables), mapas, grabados y documentos históricos) y 15.000 volúmenes de colecciones raras. La Biblioteca posee además 300 manuscritos griegos del Nuevo Testamento, que serán restaurados y digitalizados gracias a la colaboración del Centro para el Estudio de los Manuscritos del Nuevo Testamento, que desde Texas quiere  difundir el acceso gratuito por internet a todos los manuscritos del Nuevo Testamentoexistentes en el mundo .

¿Sabes cómo han llegado a nosotros las obras de Virgilio?

Leimos el otro día en El País un reportaje sobre el proceso, iniciado ya hace dos o tres años, de la digitalización de los fondos de la Biblioteca Vaticana.

Además de que el caso ofrece un excelente ejemplo de lo que puede aportar el avance tecnológico a las humanidades, es una buena manera de que se difunda lo que es la Biblioteca Vaticana y el aspecto que tienen esos libros a los que debemos el conocimiento de las obras de Virgilio, pro ejemplo. Por eso, además de reproducir el texto de El País, aconsejamos el breve video que puede verse en Youtube sobre el proceso de digitalización de estos libros, que son verdaderos tesoros (pincha aquí). Y si quieres conocer más maravillas, accede a la página de la Biblioteca Vaticana pinchando aquí.

Susana González Marín

Tecnología espacial para digitalizar la biblioteca del Vaticano

Por Noelia Núñez

Un precioso libro de pergamino purpúreo y de corte imperial espera a ser reparado en el taller de restauración de la biblioteca del Papa, uno de los únicos del mundo dentro de una sala de estudio. La letra está escrita con tinta de oro y plata, y su fragilidad es tal que la responsable de restauración, la española Ángela Núñez, no se atreve a enseñarlo más de 10 segundos. “Es tan delicado que la mera exposición al sol podría dañarlo. Lo mejor es que lo cerremos”. Y, aunque tan solo unas decenas de estudiosos religiosos tendrán el privilegio de tocarlo in situ al año, hoy cualquiera puede consultarlo desde casa desde el móvil, la tableta o el ordenador. El ejemplar está a la cola de ser digitalizado y, como él, 82.000 manuscritos pasarán a formar parte de la web de la Biblioteca Apostólica Vaticana (https://www.vatlib.it/). La institución, que comenzó el mayor proceso de digitalización de su historia en 2014, pretende escanear más de 41 millones de páginas a lo largo de unos 20 años.

La biblioteca ha confiado la preservación digital a la empresa japonesa NTT DATA. El formato elegido para la conservación es FITS, que fue creado por la NASA en 1981 para archivar imágenes y datos del espacio. La elección de este formato es fruto de una decisión madura: si la preservación de los documentos debía ser duradera en el tiempo, preferían no confiar en formatos como .jpg o .pdf porque tienen licencia de autor y no son tan estables por sus numerosas actualizaciones. En el laboratorio de digitalización y fotografía, contiguo al de restauración, cerca de una veintena de expertos fotografían y escanean incunables y libros de todas las lenguas y materias. Antes, los documentos han pasado por el ojo clínico del taller de restauración, de donde proceden las instrucciones para la digitalización: pasar la página por el ángulo superior, tener cuidado con las fisuras o no abrir los volúmenes más de treinta grados en algunos ejemplares.

Hoy, la biblioteca que fundó el papa Nicolás V es mucho más amplia que la iniciada de su colección personal de 350 códices en 1448. Para acceder a ella hay que adentrarse en los muros del Vaticano y cruzar el patio del Beldevere, no accesible a los turistas. Allí, entre las paredes del Palacio Apostólico, se encuentran más de 1.600.000 libros, entre los que hay 8.300 incunables, 150.000 manuscritos, 100.000 documentos impresos y unas 300.000 monedas y medallas. La inmensa colección, que se fue almacenando en diversos salones del Vaticano, se hospeda ahora en este edificio para su tratado, consulta y digitalización. “Los manuscritos que conservamos aquí no son nuestros, son producto de la humanidad y hay que ponerlos a disposición de esa misma humanidad”, dice el viceprefecto de la Biblioteca, Ambrogio M. Piazzoni.

Dos plantas más arriba de los talleres, un impresionante salón repleto de frescos, y que durante años ha servido como sala de exposiciones, custodia volúmenes bajo la mirada de los creadores de los alfabetos, representados en sus columnas. El lugar espera recuperar en los próximos meses su antigua función como sala de estudio para los casi cien especialistas que cada año consultan los documentos bajo previa acreditación. Allí, M. Piazzoni explica algunos de los libros más preciosos de la colección, como el Códex Vaticano, uno de los manuscritos en pergamino más antiguos que se conservan de la Biblia y que data del siglo V. “Aquí tenemos un manuscrito de las obras de Virgilio, el Tratado de astrología de Alfonso X el Sabio y el libro de pintura de Leonardo Da Vinci, que fue copiado en la primera parte del siglo XVI. Todos ellos han sido digitalizados y se pueden consultar desde cualquier parte del mundo”.

El proyecto, que necesitará todavía unos 16 años para completarse, cuenta con la colaboración de la fundación Digita Vaticana, una organización nacida en 2012 para recaudar fondos. Para su directora, la española Maite Bulgari, el objetivo no es más que el de salvaguardar el patrimonio, pero sobre todo avanzar en la investigación de los textos. “Con la digitalización habrá más descubrimientos. Para los estudiosos será más fácil comparar diferentes manuscritos al disponer de herramientas de búsqueda avanzada por palabras clave, algo los antiguos manuales no permiten”.

Aunque tan solo una parte de la colección está pasando por los escáneres de sus laboratorios, el prefecto de la Biblioteca, Cesare Pasini, asegura que solo los documentos más valiosos y deteriorados se pondrán en valor, pero sin perder la esencia de la consulta. “Sé que no perderemos a los estudiosos porque, si sus estudios son serios, sentirán la necesidad de venir aquí, ver el manuscrito y estudiarlo de cerca”.

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: