El río Limia es el río del Olvido

Manuela y Mª Ángeles Martín nos envían el enlace a este texto de Pedro García Cuartango publicado en ABC (9/5/2022), «El río que los soldados romanos se negaron a cruzar porque temían perder la memoria«:

En efecto, a este río se refiere Estrabón III, 3, 4: «Luego hay otros ríos y tras ellos el del Olvido, que unos llaman Limea y otros Belión» (Trad. Mª José Meana y Félix Pinero), y Livio, per. 55. 10: «Décimo Junio sometió completamente Lusitania tomando por asalto las ciudades hasta el Océano, y cuando los soldados se negaron a cruzar el río Oblivión arrebató la enseña al abanderado y él mismo la pasó a la otra orilla, y de este modo los persuadió para que cruzaran.» (Trad. José Antonio Villar Vidal)

Susana González Marín


¿Cómo vivían los campesinos en la Hispania romana?

Manuela y Mª Ángeles Martín Sánchez nos envían la noticia sobre una investigación arqueológica de la Universidad Carlos III de Madrid que analiza la vida del campesinado en la Hispania romana a partir de los hallazgos arqueológicos descubiertos en la Comunidad de Madrid, en las numerosas excavaciones de urgencia que se llevaron a cabo durante el periodo de la burbuja inmobiliaria. Este estudio permite conocer «el tipo de cultivos que sembraban de forma preferente, cómo cocinaban, las especies de animales domésticos que explotaban, el tipo de vajillas que empleaban, cómo funcionaban los circuitos de intercambio a nivel local y regional, etc.», indica el responsable del proyecto, Jesús Bermejo.

Por su carácter provisional —asociado a las diferentes construcciones y obras públicas donde se han desarrollado estas excavaciones de urgencia—, ninguno de estos asentamientos arqueológicos se ha conservado y la mayoría de la gente desconoce su existencia. Uno de los objetivos de este proyecto de investigación es proporcionar una mayor visibilidad a estos yacimientos sitos en Barajas, Getafe, Leganés o Fuenlabrada.

Los resultados se recogen e la siguiente publicación: Bermejo Tirado, Jesús & Grau Mira, Ignasi (2022). The Archaeology of Peasantry in Roman Spain, Berlin, Boston: De Gruyter, 2022. https://doi.org/10.1515/9783110757415

Nadando entre ánforas en Palma de Mallorca

Manuela y Mª Ángeles Martín Sánchez nos envían la siguiente noticia publicada en ABC (2/3/2022) por Mónica Arrizabalaga:

El barco romano sobre el que se bañan los turistas en Mallorca

Zarpó en el siglo IV d.C. del sudeste de la Península ibérica, posiblemente de Cartagena, cargado hasta los topes con 300 ánforas llenas de salsas de pescado, aceite, vinos y fermentados para la conservación de fruta. Se dirigía a algún otro puerto principal, tal vez Roma, pero por alguna razón aún hoy desconocida el barco se hundió en la bahía de Palma de Mallorca. Allí permaneció durante siglos, oculto bajo la arena, hasta que un temporal removió el fondo marino en 2019. Un buceador lo descubrió por casualidad aquel mes de julio en la concurrida playa de Can Pastilla. A apenas 60 metros de la orilla y unos dos metros de profundidad, Félix Alarcón vislumbró los cuellos de unas ánforas.

Entonces no lo sabía, pero acababa de encontrar el pecio tardorromano de Ses Fontanelles, un mercante del siglo IV d.C. en un admirable estado de conservación. «Es muy singular, algo excepcional. Con el Bou Ferrer, es el pecio de la zona hispana que ahora tiene todas las miradas encima», asegura Miguel Ángel Cau, profesor de Investigación de la Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados (ICREA) de la Universidad de Barcelona. Se han hallado muy pocos barcos de los siglos III y IV d.C. en el ‘Mare Nostrum’, y menos aún con cargamento hispano.

Desde noviembre a mediados de febrero, un equipo interdisciplinar codirigido por el propio Cau, por Darío Bernal, catedrático de Arqueología de la Universidad de Cádiz, por Enrique García Riaza, catedrático de Historia Antigua de la Universidad de las Islas Baleares, y por Jaume Cardell, jefe de Servicio de Arqueología del Consell Insular de Mallorca, ha recuperado íntegramente el cargamento de la embarcación y se ha llevado gratas sorpresas.

«Han salido unas 300 ánforas enteras o fragmentadas, pero completas, con un estado de conservación único porque tienen los opércula (los tapones) puestos, restos del contenido interior y las inscripciones pintadas que dicen qué producto llevaban y su procedencia», explica Darío Bernal. Han contabilizado un centenar de estos ‘tituli picti’, con nombres de varios mercaderes, cuyo estudio permitirá conocer mejor el comercio de la época. «Probablemente es el barco que cuenta con más inscripciones pintadas en ánforas de todo el Mediterráneo», sostiene el arqueólogo gaditano. En España solo se han encontrado otros dos barcos hundidos destacados por sus ‘tituli picti’, el pecio Gandolfo, en Almería, que tiene unas 20 inscripciones, y el de la Albufereta, en Valencia, con unas 25. Según Bernal, «solamente por las inscripciones este pecio es excepcional».

Un crismón y una Diana

Pero el barco romano de Ses Fontanelles ha deparado más alegrías. El análisis de las ánforas, entre las que se ha identificado un tipo desconocido que han bautizado como Ses Fontanelles 1, ha revelado que provienen de talleres del sudeste peninsular. «Es el primer barco procedente de la zona de Cartagena, de Carthago Spartaria, que se localiza en el Mediterráneo», continúa el catedrático de la UCA.

En los sellos de los tapones de uno de los lotes comerciales han descubierto además un crismón con el monograma constantiniano que revela su pertenencia a una autoridad eclesiástica, quizá al obispado de Cartagena o a un monasterio, y permite datar el naufragio con posterioridad al 313 d.C., año del Edicto de Milán, que estableció la libertad de culto y permitió la expansión del cristianismo. Se trata de un elemento de gran interés para los investigadores ya que además de revelar la actividad comercial de la Iglesia en esa época de los inicios del cristianismo, muestra la convivencia entre lo pagano y lo cristiano. En el mismo barco han encontrado una lucerna con la imagen de la diosa romana Diana, claramente pagana, que debía ser propiedad de alguien de la tripulación.

En las excavaciones se han recuperado además otros elementos, como dos zapatos, uno de piel y otro de esparto, restos de la cabuyería del barco… incluso un taladro de arco usado por los carpinteros de ribera para las reparaciones. Entero y en un increíble estado de conservación, es el único encontrado en España y de los pocos que se conservan en todo el mundo. «Creo que es el cuarto que aparece en todo el Mediterráneo», apunta Miguel Ángel Cau.

El ambiente falto de oxígeno en el que ha permanecido enterrado el barco durante siglos ha conservado en buen estado también el casco del barco de 12 metros de eslora por 6 metros de manga. Según describe Darío Bernal, «está entero, conservado por encima del pantoque como un metro. Tiene el pozo de la sentina, mamparos de separación de la carga y varios puntales colocados in situ».

Los investigadores, entre los que se encuentran Carlos de Juan, Sebastià Munar, Felipe Cerezo, Soledad Solano, Miguel San Claudio, Elisa Fernández o José Antonio Moya, han cumplido su objetivo de recuperar todo el cargamento aunque se ha quedado a las puertas de excavar las claras entre cuadernas. Los pequeños objetos que caen en un barco acaban colándose por ahí y a veces dan con restos que ayudan a datar con más precisión un hundimiento. «Sabemos que es un barco del siglo IV por la tipología de las ánforas y demás, pero si encontráramos unas cuantas monedas que nos permitieran acotar las fechas sería un dato histórico importante», señala por su parte el arqueólogo de la Universidad de Barcelona.

No es casual que se hundiera en esa zona de la bahía de Palma. Según explican los investigadores, por documentación antigua saben que toda esa ensenada era navegable hasta el interior. Este barco en tránsito se aproximaría a las Baleares, una encrucijada estratégica de rutas, para refugiarse, aprovisionarse de agua o víveres o hacer alguna reparación a las Baleares. «Posiblemente -especula Cau- estando fondeados en el puerto (no hemos encontrado ningún ancla estibada en el interior del barco), les sobrevino un temporal y debió de ser un hundimiento muy rápido». Tal vez llegaron a recuperar algún objeto de valor, como la bomba de achique que no han encontrado en las excavaciones o el mástil, pero la carga, quizá porque al sumergirse se echó a perder, se quedó allí, prácticamente intacta. Hasta el verano de 2019.

El jefe de Arqueología del Consell, Jaume Cardell, recuerda la urgencia que imprimió el hallazgo. «Teníamos una playa con miles de turistas que se estaban bañando sobre las ánforas». Tras las primeras actuaciones para verificar el descubrimiento y proteger los restos, el Consell «consideró que este era un proyecto serio y apostó por la excelencia», relata Cardell. El acuerdo firmado con las universidades de Barcelona, Cádiz y las Islas Baleares para desarrollar un proyecto trianual llamado Arqueomallornauta estudia no solo este pecio, sino el tráfico marítimo en Mallorca en la Antigüedad Tardía a través de los hallazgos subacuáticos.

El proyecto, que cuenta con la financiación de Puertos de las Islas Baleares (Ports IB) y en el que han colaborado también la Armada y la Guardia Civil, llevó a cabo prospecciones en la bahía de Palma que han detectado 31 anomalías geofísicas. Algunas están sirviendo para comprender mejor cómo era ese entorno en la Antigüedad y otras han permitido identificar en las inmediaciones restos arqueológicos, como los de un pecio tardopúnico cargado con ánforas de Ibiza. De momento su excavación no entra en sus planes. «Nos ocuparemos de Ses Fontanelles y de estudiar otros barcos para encuadrar el hallazgo y entender este tránsito económico durante la Antigüedad tardía en Mallorca, pero no descartamos poder continuar en esta labor en un futuro», avanza Cau.

La ubicación del pecio, a tan escasa distancia de la concurrida playa, a tan poca profundidad y en la rompiente de las olas, supone un riesgo patente de expolio y de destrucción en caso de un nuevo temporal. Consciente del peligro, el Consell está valorando la posibilidad de extraer el barco y ha pedido la opinión de especialistas de reconocido prestigio, como Juan Blánquez, catedrático de Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid; Luis Carlos Zambrano, restaurador del Museo de Cádiz; Christopher Dostal, director del Center for Maritime Archaeology and Conservation de la universidad Texas A&M y Xavier Nieto, ex director del Centro de Arqueología Subacuática de Cataluña y del ARQUA.

Tanto Blánquez como Nieto han podido ver in situ el pecio y conocer las investigaciones. Ambos destacan la importancia del Ses Fontanelles por el lugar donde se ha encontrado, su estado de conservación y su cronología. «No hay otros barcos de esa época del siglo IV tan bien conservados ni en el resto de España ni en el Mediterráneo», apunta el catedrático de la UAM. Por todo ello, tienen clara la postura que transmitirán en su informe. «La prudencia aconseja sacarlo de ahí porque se va a romper», afirma Blánquez. Dejarlo en una playa turística como la de Palma a tan poca profundidad «obligaría a crear una especie de isla artificial para conservarlo» y, a su juicio, solo sería una solución temporal.

«Tenemos la experiencia de Mazarrón II, ubicado en unas condiciones similares de profundidad y estado de conservación y se ha visto que 25 años más tarde se tendría que haber sacado hace años porque todo lo que se ha hecho son parches», sostiene Nieto, convencido de que «antes o después, tanto el Mazarrón como el Ses Fontanelles tendrán que salir por una cuestión de protección del patrimonio, porque la erosión provocada por el cambio climático, la misma que motivó que ambos aparecieran porque retiró metros de arena que tenían encima, es imparable».

«Partiendo de la experiencia nefasta del Mazarrón, que se ha invertido cantidad de dinero para protegerlo y se ha visto que no hay manera, cuanto antes se extraiga el Ses Fontanelles mucho mejor», añade el reconocido arqueólogo. Antes de tomar la decisión, sin embargo, Nieto explica que hay que establecer dónde se va a exponer, trazar un boceto de su exhibición museográfica y garantizar un presupuesto plurianual para 7 u 8 años. Después habría que estudiar la mejor fórmula para su extracción y conservación. Ambos expertos reconocen que sería un procedimiento complejo, pero técnicamente posible. Se han extraído otros barcos y España cuenta con profesionales muy capaces, recuerdan.

«Es una muy buena oportunidad para hacer de esta urgencia que plantea el pecio una virtud y aprovechar la extracción y exhibición al público del Ses Fontanelles para hablar de las rutas del Mediterráneo», propone Blánquez.

Desde el Consell no tienen prisa por tomar una decisión que quieren que sea meditada, pero ven «perfectamente asumible» su extracción. El jefe de Arqueología, Jaume Cardell, cree que el Ses Fontanelles «no presenta los problemas del Mazarrón» y su rescate «puede marcar la dinámica» y suponer «un antes y un después para bien» en la arqueología subacuática española.

Química y vasijas griegas: una interesante propuesta

Manuela y Mª Ángeles Martín Sánchez nos envían un enlace a un recientísimo artículo publicado en Journal of Chemical Education (https://doi.org/10.1021/acs.jchemed.1c00953): «Curricular Materials on the Chemistry of Pottery, Including Thermodynamic Calculations for Redox Reactions in the 3-Stage Firing Process of Athenian Black- and Red-Figure Vases Produced from the Sixth–Fourth Centuries BCE» de Christopher R. Vyhnal. El objetivo del trabajo es presentar unos materiales que forman parte de una propuesta didáctica encaminada a estimular a los estudiantes para la aplicación de sus habilidades y conocimientos de química a un contexto interdisciplinario, en concreto, arqueología, historia del arte o restauración y conservación del patrimonio cultural. Una de las unidades del nuevo curso se centra en la cerámica griega del siglo VI a. C. Los ejercicios son adecuados para su uso en clases en escuelas secundarias, colegios y universidades.

Imagen de cabecera tomada del artículo

La tumba de Arquímedes

Manuela y Mª Ángeles Martín Sánchez nos envían el siguiente artículo de Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, Real academia de ciencias galega), publicado por Matemáticas y sus fronteras el 8 diciembre de 2021:

Conocemos la historia de la muerte de Arquímedes durante el sitio de Siracusa en la Segunda Guerra Púnica. Mientras Arquímedes hacía sus dibujos y cálculos en la arena, un soldado le ordenó que fuera a reunirse con Marcelo, el general romano, pero él se negó, diciendo que tenía que terminar de trabajar en el problema. El soldado se enfureció y mató a Arquímedes con su espada.

La muerte de Arquímedes, por Edouard Vimont (1846-1930)

Se cuenta que las últimas palabras de Arquímedes fueron “Noli turbare circulos meos”, aunque no existen pruebas. En una obra posterior a los hechos de Valerio Máximo se dice “… sed protecto manibus puluere ‘noli’ inquit, ‘obsecro, istum disturbare’” (“… pero protegiendo el polvo con sus manos, dijo ‘te ruego que no toques esto’”).

Se cuenta también que Marcelo se enfadó muchísimo con el soldado, ya que tenía a Arquímedes por uno de los sabios más venerados en esa época. Esta historia causó una enorme impresión en Sophie Germain, y cuando Napoléon conquista Prusia, intercedió para que no se le causara daño a Carl Gauss. Este agradeció la intervención pero declaró no conocer a Sophie Germain, y esta tuvo que revelarle que era el misterioso M. Le Blanc que se carteaba con el matemático alemán.

Arquímedes fue enterrado en Siracusa, y según había él dispuesto, en su tumba debería colocarse una esfera inscrita en su cilindro, ya que estaba muy orgulloso de su resultado sobre la relación entre los volúmenes de ambos sólidos: el del cilindro es una vez y media el de la esfera. Este resultado, hoy reducido a un simple cálculo usando integrales, lo obtuvo Arquímedes con muchísimo esfuerzo haciendo uso de su método de exhaustivos.

Cicerón descubriendo la tumba de Arquímedes, por Benjamin West (1805)

La ubicación de la tumba de Arquímedes se perdió con el tiempo (falleció en el 212 a.C.), pero años más tarde, Cicerón, en sus Disputationes Tusculanas (una de sus obras de contenido filosófico más interesantes y peculiares datada en el 75 a.C.), relata cómo ayudó a los siracusanos a encontrar la tumba perdida:

“No compararé ahora la vida de éste, la más horrible, la más miserable, la más detestable que yo pudiera imaginar, con la de Platón o Arquitas, hombres doctos y verdaderamente sabios; de la misma ciudad yo voy a hacer salir del polvo y de su varilla a un hombrecillo humilde, que vivió muchos años después, a Arquímedes. Siendo yo cuestor, logré descubrir su sepulcro, desconocido para los Siracusanos, y cuya existencia ellos negaban, que estaba rodeado y cubierto por completo de zarzas y matorrales. Yo conservaba en mi memoria unos breves senarios, que según la tradición estaban grabados sobre su monumento, que indicaban que encima del sepulcro se había colocado una esfera con un cilindro. Mientras yo estaba recorriendo con la mirada toda la zona —pues junto a la puerta de Agrigento hay un gran número de sepulcros—, reparé en una columnita que apenas se elevaba por encima de los matorrales, en la que había la figura de una esfera y un cilindro. Yo dije de inmediato a los siracusanos —también me acompañaban las autoridades— que, según creía, aquello era exactamente lo que buscaba. Enviados muchos hombres con hoces, limpiaron y despejaron el lugar. Cuando se nos abrió un acceso al mismo, nos acercamos a la parte frontal del pedestal. Se veía una inscripción con las partes finales de los versos corroídas casi hasta la mitad. De manera que la ciudad más ilustre de Grecia, y en otro tiempo también las más docta, habría ignorado el monumento de su ciudadano más ilustre, si no se lo hubiera dado a conocer un hombre de Arpino.”

Aclaremos que Arpino, una pequeña ciudad del Lacio meridional, era la patria de Cicerón, y que la “varilla” aludía al polvillo de vidrio que usaban los matemáticos para trazar en él con una varilla sus figuras y diagramas.

A pesar de los esfuerzos de Cicerón, la tumba se perdió de nuevo, aunque los siracusanos afirman que estaba situada en unas cavidades que muestran a los turistas. Los matemáticos no hemos olvidado sin embargo a uno de los gigantes de nuestra disciplina, y su efigie y el cilindro y la esfera están grabados en las medallas Fields.

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Por fin: la muralla romana de Sevilla

Manuela y Mª Ángeles Martín Sánchez nos envían el enace a la noticia publicada por El País el 14 de octubre: La aparición de la muralla romana resuelve el gran misterio arqueológico de Sevilla. Finalmente las obras de construcción de un hotel han revelado que la muralla, largo tiempo buscada, está en el número 11 de la plaza de San Francisco, frente a la fachada plateresca del Ayuntamiento de Sevilla, a 2,10 metros bajo el nivel actual de la calle.

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