“Leer a Ovidio puede ser mucho más estimulante que leer a David Foster Wallace”

Estas son las declaraciones de César Aira que encabezan la entrevista que ABC cultural publica con ocasión de la presentación de su última novela, Prins, en nuestro país. Reproducimos un pequeño fragmento:

P. Sin embargo, el protagonista de la novela dice que la base de todo intelectual que se precie empieza en el mundo grecolatino.

R. Es así. Justamente anoche estuve hablando con un amigo de eso. Hablábamos de Ovidio y de cómo con estos nuevos métodos de enseñanza de la literatura, que van tanto a la contemporánea, los jóvenes se están perdiendo todo ese tesoro de mitos, de sustrato de nuestra civilización, que es la cultura grecolatina. En fin, no sé por qué se están privando de algo tan rico y tan fecundo.

P. ¿Hay que volver a la tradición grecolatina?

R. No, no. No «hay que» nada. Que hagan lo que quieran, pero yo pienso que leer a Ovidio puede ser mucho más estimulante y más rico que leer a David Foster Wallace. De ahí no se saca prácticamente nada: imitarlo o admirarlo como mucho. Pero si uno lee a Ovidio, ahí tienes todo un mar de inspiraciones. O eso creo. Qué se yo.

Marta Martín Díaz

Anuncios

Veneri servit amica manus

Es curioso que para hablar de sexo se recurra tan a menudo a la antigüedad clásica; para otras cuestiones en las que sería pertinente no se menciona tanto.

Veneri servit amica manus es el título de un texto escrito por Chapero-Jackson (El País, 23 de abril), lleno de referencias clásicas, como presentación del libro Tócate, editado por Jot Down.

Sírvanos al menos este verso como excusa para reproducir el poema de Marcial completo (9, 41), de carácter paródico, en traducción de Dulce Estefanía (Marcial, Epigramas Madrid. Cátedra 1991):

Póntico, por el hecho de que nunca jodes, sino que utilizas  como prostituta tu izquierda y tu mano amiga está al servicio de Venus ¿crees que en ello no hay ningún mal? Es un crimen, créeme, pero tan grande como tú mismo difícilmente puedes concebir en tu espíritu. Seguramente Horacio jodió una sola vez para engendrar a tres; Marte una sola vez para que la casta Ilia le diese gemelos. Hubieran echado todo a perder ambos, si masturbándose hubiesen encomendado a sus manos placeres repugnantes. Cree que la naturaleza misma te dice: eso que echas a perder con los dedos, Póntico, es un hombre.

Publio Horacio es el padre de los Horacios, trillizos, figuras legendarias de la antigua Roma que, para acabar con la guerra que mantenían entre sí Roma y Alba Longa, entablaron combate con los hermanos Curiacios,  también trillizos, de la ciudad enemiga. Ilia es Rea Silvia, que, violada por Marte, engendró a Rómulo y Remo.

Susana González Marín

Estambul, la ciudad de los tres nombres

EstambulAtardecerConfieso que me encanta contemplar la cara de mis alumnos cuando viene a cuento desvelarles la etimología del topónimo Estambul, İstanbul en turco, a partir de la expresión εἰς τὴν πόλιν (pronunciada con itacismo, claro está, /is tin polin/) para referirse a la Pólis por excelencia, Constantinopla, despojada del nombre de su refundador, Constantino el Grande, hoy Κωνσταντινούπολη. Para los antiguos griegos era Bizancio, Βυζάντιον.

Quizás por eso mis sentidos se agudizaron cuando un mediodía en medio de otras tareas oí el anuncio en Radio Nacional de una entrevista a la historiadora Bettany Hugues, autora de Estambul, la ciudad de los tres nombres, que la editorial Crítica acaba de publicar. Pueden seguirla aquí . Acaso al terminar también se me había dibujado a mí la misma carita que a mis alumnos. Desde luego, estaba contenta, un banquete suculento se extendía sobre la mesa.

Las “buenas vibraciones” se vieron confirmadas días después con una elogiosa reseña en The Guardian. Y, como ésta a través de un enlace conducía a otro artículo muy interesante sobre Heródoto (pueden leerlo aquí), desmadejando ese ovillo que siempre nos tienden los clásicos, viene a dar con el pasaje que el Padre de la Historia dedica a la llegada de Darío a tal paraje (Heródoto IV, 84).

Él vadeó el estrecho tras construir un puente de barcas. Atravesaba el rey de los persas desde la orilla oriental a la occidental y la contemplación de las Rocas Cianeas en el pasaje herodoteo a mí me llevaba a mis queridos Argonautas. Ellos consultaron al ciego Fineo, según Apolonio Rodio, en la costa europea. Desde allí mucho antes cruzó Io, la amada de Zeus, perseguida por el tábano, y dio nombre al Bósforo, el ‘Paso de la Vaca’ en la que había quedado transformada.

DardanelosMarmaraBosforo

Acaso no esté de más recordar, siquiera para desfazer posibles entuertos geográficos, que aguas más abajo nadaba cada noche Leandro desde Abido en la parte asiática hasta Sesto en la parte europea para visitar a la Bella de la Torre, Hero. Casi entre esos dos puntos (Sesto y Abido) fabricó Jerjes otro puente de barcas, doble esta vez (Heródoto VII, 34-35), y, desbaratado que fue por una violenta tempestad, ordenó el rey persa azotar el mar y arrojar al agua un par de grilletes. ¡Bien pagó después su ὕβρις! Azotó el Helesponto, llamado así en honor de la pequeña Hele que junto con su hermano Frixo surcaba por los aires a lomos del Vellocino. Y, ¡ay!, se deslizó y cayó transfiriendo su nombre al mar, el ‘Ponto de Hele’, Helesponto. Tal es el actual estrecho de los Dardanelos, que al sur se abre al Mar de Mármara mientras éste se cierra al norte en Bizancio, en el Bósforo.Estambulnormal_KizkulesiLeandrosTowerEngraving

¡Con que hubiera sido escenario tan sólo de esas gestas! ¡Y cuántas más no ha conocido! ¡Cómo no sentirme ansiosa de sumergirme yo también en esas páginas!

Henar Velasco López

Carlos García Gual: edición aumentada y revisada del Diccionario de Mitos

Carlos García Gual. Diccionario de mitos. Ed. Turner, Madrid, 2017, 437 pág.

Aunque Carlos García Gual no necesita presentación, diremos que es Catedrático de Filología Griega en la Universidad Complutense de Madrid, además de escritor, crítico y traductor, con una larga lista de libros y artículos a su espalda. Además recientemente ha sido elegido miembro de la Real Academia de la Lengua. Para saber más de él podéis leer la entrevista que ayer publicó El País Semanal.

Este volumen es una edición aumentada y revisada del “Diccionario de Mitos” que este mismo autor publicó veinte años atrás.

Son un total de cien figuras mitológicas ordenadas alfabéticamente (en ocasiones dando por hecho el conocimiento de éstas por parte de los lectores). En esta nueva edición se incorporan doce nuevas entradas, además de una serie de correcciones y revisiones de todas las demás. Pero no se trata solamente de un diccionario de seres mitológicos y personajes de la Antigua Grecia y Roma, sino, ni más ni menos, que de Don Quijote, Moisés, Tarzán, Sherlock Holmes, Frankenstein o Job, entre otros, que se suman a las publicadas en la edición anterior como los Reyes Magos, el Mago Merlín o Superman. El autor justifica el hecho de incorporar en la edición estos “mitos literarios” porque “ilustran cómo se forman nuevos relatos memorables sujetos a reinterpretaciones en una larga tradición, tal y como ya sucedió en el mundo griego con sus mitos”.

Todos ellos, por supuesto, se unen a los héroes y personajes protagonistas de la cultura clásica como son Las Nereidas, Afrodita, Aquiles, Ulises, Hermes o Zeus entre otros. Nos relata el autor los episodios más célebres de los personajes, episodios además relacionados unos con otros, teniendo así una visión del mundo mitológico mucho más amplia. A esto hay que sumar el análisis de otros aspectos, como la influencia que han tenido en la literatura, el impacto en la cultura en general o sus semejanzas con otros personajes.

El prólogo, redactado por él mismo, nos cuenta en torno a qué girará este diccionario así como una explicación sobre el tratamiento de los personajes: “Las figuras que deambulan por sus páginas forman pues una serie fantástica, abierta, abigarrada e incompleta”.

A continuación presenta una introducción donde el autor destaca que el concepto de “mito” no es absoluto, es decir, en este diccionario no caben solamente los héroes propios de la cultura clásica sino también aquellos personajes o figuras que tienen un cierto significado en la cultura popular. Los mitos persisten a lo largo de la historia en la literatura, además dan lugar a múltiples interpretaciones en muchas de las artes y ciencias debido, en gran parte, a su intemporalidad.

Termina el libro con una serie de notas a las diversas entradas de los personajes, incluyendo las referencias completas a los textos antiguos correspondientes.

Es importante hacer hincapié en la manera en la que puede leerse este libro.  Es muy accesible y muy atractivo, pues al estar ordenado alfabéticamente, puedes ir a cualquier entrada de manera rápida y directa volviendo a releer lo que más te haya gustado. Además contiene imágenes de los diferentes personajes haciéndolo aún más interesante. El autor hace alusión en las entradas a autores antiguos y también en ocasiones incluye pásajes de obras literarias posteriores que tienen relación con el personaje en concreto.

Por tanto, es un libro imprescindible si queremos conocer de primera mano no solo la cultura clásica y la cultura literaria occidental sino también los cuentos populares.

Asela Huerga Ballesteros

 

 

Nuccio Ordine: Clásicos para la vida

Con algo de retraso nos hacemos eco de la publicación en España de un nuevo libro de Nuccio Ordine, Clásicos para la vida. Una pequeña biblioteca ideal, donde, tras una breve introducción titulada “Si no salvamos los clásicos y la escuela, los clásicos y la escuela no podrán salvarnos”, ofrece una breve antología de pasajes de los clásicos de todos los tiempos: Homero, Hipócrates, Plauto, Ariosto,  Shakespeare, Gracián, Goethe, Rilke, Borges, etc.

Eusebia Tarriño nos envía el enlace a la entrevista que se publicó en El Mundo el 15 de diciembre: Nuccio Ordine: “Los clásicos nos humanizan, nos libran de la barbarie”

Y os ofrecemos también el reportaje publicado en El País del 24 de octubre: “El profesor que triunfa en la universidad es el burócrata”

Aprender latín en Montana a principios del siglo XX

A principios del siglo XX en Marias Coulee, un pueblo de Montana, Morrie, un maestro un tanto heterodoxo, quiere convencer al padre de Paul para que éste aprenda latín después de la escuela:

-Hasta donde he podido ver, Paul se las arregla para hacer las tareas de la casa y además le echa a usted una mano. En la escuela saca dieces en todas las asignaturas. Sin embargo, en un rincón de esta mente que tiene hay una habilidad desatendida, que sería muy útil cultivar… (…): “Paul est omnis divisus in partes tres“, Oliver, si me permite acomodar un poco la frase que viene al caso. Para adueñarse de ese tercer reino, creo que debe dar un paso al frente y cruzar el Rubicón.

El silencio habría podido ahogar un cuarteto de barberos. Miré a mi alrededor y vi que Rose, Damon y Toby necesitaban un intérprete. Papá no.

-Está proponiendo que Paul aprenda latín? ¿Latín? Por Dios, Morrie, para eso tendría que estar en bachiller…

-Dígamelo de frente, Morrie. No tengo mucho para gastar -le lanzó una miradita a Rose, que en ese momento solo tenía ojos para Morrie-. Después de todo, ya estoy pagando un ama de llaves. No sé cuánto cobrará por hora un tutor, pero…

Morrie lo interrumpió con un gesto.

-Cortesía de la casa, Oliver. A mí mismo me vendría bien ponerme al día con los ablativos y demás. Si puede presarme a Paul una hora después de la escuela todos los días, me encargaré de que empiece con ventaja el día que se vaya de Marias Coulee. ¿Le parece justo?

Ivan Doig, Una temporada para silbar, Barcelona, Libros del Asteroide, 2015

(7ª ed.)

Agradecemos a María Asunción Barandiarán el conocimiento de la novela