Extendiendo la Torá en la Biblioteca General Histórica

La Biblioteca General Histórica de la Universidad de Salamanca es un espacio espectacular y que genera una atracción inagotable, pero no solo por su apariencia y sus fondos magníficos, sino también porque es uno de los pocos lugares en los que pueden llevarse a cabo proyectos que generalmente la burocracia y la falta de dinero hacen irrealizables; y eso es así gracias a su directora, Margarita Becedas, el jefe del fondo antiguo, Óscar Lilao, y a todas y cada una de las personas que trabajan allí –es difícil encontrar un ambiente más agradable y estimulante–. Si a este equipo añadimos el soporte imprescindible de la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación y de su coordinador, Miguel Battaner, estamos convencidos de que (casi) todo es posible.

En efecto, hoy os presentamos uno de esos proyectos que se ha visto realizado. Hace pocos días y tomando todas las precauciones dictadas por la fase 1 de la desescalada, tuvimos el privilegio de asistir en la Biblioteca General Histórica a los trabajos para digitalizar la Torá, que se conserva en el arcón de la Sala de los manuscritos e incunables. (Si quieres saber más detalles de la Torá, pincha en esta entrada de El Mercurio Salmantino). A la vez se aprovechó para rodar unas tomas de cara a una próxima exposición, El león y la pluma, programada en el mes de noviembre para conmemorar los 16 siglos desde la muerte de Jerónimo, de la que daremos cuenta en su momento. El rollo, que mide 33,30 m., debía ser extendido y el espacio para hacerlo, sobre un lienzo que lo protegía del contacto con el suelo, solo podía ser la sala de la antigua Librería. Aguardamos con impaciencia ver no solo las fotografías del texto sino el video que Chema, de Yipi Ka Yei Producciones, rodó con un dron apropiado para interiores. Mientras llega esa oportunidad os dejamos algunas imágenes del proceso para abrir boca: esto sí que es la combinación perfecta de historia y tecnología (agradecemos las fotos a Marta Vázquez y Agustín Ramos).

Diego Corral Varela y Susana González Marín

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Fiat umbra!

Antonio Machado, en De un cancionero apócrifo, suyo propio, pero que él atribuye enmascaradamente a la pluma de Abel Martín, aloja la locución Fiat umbra! en un soneto -de estructura ABBA CDDC EF EFEF- que dice así:

Al gran cero   

Cuando el Ser que se es hizo la nada
y reposó, que bien lo merecía,
ya tuvo el día noche, y compañía
tuvo el hombre en la ausencia de la amada.

Fiat umbra!
Brotó el pensar humano.

Y el huevo universal alzó, vacío,
ya sin color, desustanciado y frío,
lleno de niebla ingrávida, en su mano.

Toma el cero integral, la hueca esfera,
que has de mirar, si lo has de ver, erguido.

Hoy que es espalda el lomo de tu fiera,
y es el milagro del no ser cumplido,
brinda, poeta, un canto de frontera
a la muerte, al silencio y al olvido.

Abel Martín.

De cierto que tras una primera lectura o declamación podemos advertir que la locución tiene mucho de contestatario si uno acude al comienzo de la Vulgata de Jerónimo:

dixitque Deus fiat lux et facta est lux («y dijo Dios “hágase la luz”, y se hizo la luz», Hier. Vulg. Gen. 1, 3)

La reivindicación, quizás llena de inocencia, de la felicidad, la prosperidad y, en resumidas cuentas, de la vida entera bajo el manto de la religión, es puesta en entredicho por un Machado atemporal que nos recuerda que la nada y el fracaso existen, y, lejos de ser útiles para quien resulta ventajosa la subordinación a un dios como justificación de las desgracias de nuestra existencia, son humanos, necesarios para dar a luz nuestro conocimiento, más importante que nunca en estos días que corren.

Sin ánimo de establecer posturas teológicas ni de cuestionar el insigne valor del mensaje bíblico que tradujo Jerónimo, todo mortal estará en condiciones de reconocer que, aunque la llegada de la primavera se nos ha tornado sombría, no está escrito en ningún cancionero, ni siquiera apócrifo, que ella no florezca, como suele, bien abiertos sus soles.

Mauricio Esteban Juan.

 

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