A Don Miguel de Unamuno y Jugo

Era obligatorio que este curso, antes o después, dedicáramos en Notae Tironianae una entrada a Don Miguel de Unamuno y Jugo, catedrático de griego y dos veces rector de la Universidad de Salamanca. A este bilbaíno, cuyo busto preside desde su jubilación en 1934 las señoriales escaleras interiores del Palacio de Anaya –escaleras que, según cuentan, prefería después de aquello evitar para no “toparse consigo mismo”- se le han dedicado también varias actividades y jornadas en el marco del octavo centenario de la Universidad.

Y es que don Miguel no pasó inadvertido por esta ciudad, sino que se hizo notar y valer en los difíciles momentos políticos que le tocó vivir –dictadura de Primo de Rivera, durante la que fue desterrado, Segunda República y posterior estallido de la guerra civil-, amplificando desde su posición de rector pensamientos que no gustaban ni a muchos de sus colegas ni a las altas esferas políticas de Madrid. Consideraba que “unos cuantos sabios, verdaderos sabios, maestros de verdad, guardan más a la patria que algunos batallones”, que “los estudiantes están llamados a demostrar la ineptitud de los profesores” y escribió también que “la experiencia le ha enseñado que la mayor parte de las veces en que se dice de uno que sabe algo, pero no sabe enseñarlo, es que en realidad no lo sabe bien o no quiere enseñarlo.” Seguro que más de uno se dio por aludido secretamente con esta última sentencia.

Miguel de Unamuno y Jugo nació en Bilbao en 1864, estudió Filosofía y Letras en Madrid, adquiriendo el título de doctor con solo 20 años -eran otros tiempos- con una tesis titulada Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca. Volvió entonces a su ciudad natal donde comenzó a trabajar en colegios e institutos como profesor de latín, psicología y ética mientras daba también clases de español a marineros ingleses y noruegos en el puerto y preparaba oposiciones para catedrático. En 1891 se casó  con la que sería su compañera de toda la vida, Concha Lizárraga y obtuvo la cátedra de griego –sí, sí, de griego, que en la propia visita guiada a su museo es algo que pasa inadvertido- de la Universidad de Salamanca, a donde el joven matrimonio se trasladó. En esta ciudad, de la que escribió que “es el tranquilo curso de tu vida / como el crecer de las encinas, lento, / lento y seguro”, don Miguel vio crecer a su familia, su obra y su prestigio como profesor hasta ser nombrado rector de la universidad en 1900.

En ese momento se mudó con su familia a la casa rectoral construida en la calle Libreros junto a la fachada plateresca de la universidad, y que hoy día alberga su museo -visita guiada más que recomendable, de lunes a viernes de 10 a 14- y la sede de la Asociación de amigos de Unamuno. Curiosamente, aunque el salón del piso inferior fue utilizado durante muchos años para recepciones, claustros, etc., la familia Unamuno fue la única que habitó la vivienda de los pisos superiores, puesto que don Miguel ha sido el único rector que vivía de alquiler en la ciudad.

Estaba don Miguel en la cúspide de su carrera académica y en el ecuador de su vida -tuvo la particularidad de vivir el mismo número de años en el siglo XIX que en el XX, 36 en cada uno-, pero todo lo que sube baja y esa segunda parte estuvo colmada de difíciles momentos: en 1902 murió su tercer hijo, Raimundo, enfermo desde hacía varios años. Sufrió entonces una severa crisis personal y espiritual –la religión, la fe y Dios o la ausencia de ellos siempre fueron temas importante para él, recurrente en sus obras y reflexiones-. Seis años después murió su madre, con lo que se agudizó su crisis personal. En 1914, coincidiendo con el estallido de la Primera Guerra Mundial y la publicación de Niebla, su novela más famosa, don Miguel fue destituido como rector por crítica a Alfonso XII.

En 1921 se le restituyó provisionalmente en el cargo pero dos años más tarde, durante la dictadura de Primo de Rivera, fue desterrado a Fuerteventura y más tarde llegaría a Francia. Durante esta época fue realizado en Hendaya por Víctor Macho el famoso busto de las escaleras del Palacio de Anaya –en este enlace se puede leer una anécdota entre el escultor y el pensador-. En 1930 tras la dimisión del dictador pudo don Miguel volver a Salamanca, a su familia y a sus cargos, comenzando su segundo mandato como rector. Pero la vida le dio poca serenidad, pues en pocos años murió su hija Salomé, su esposa Concha y estalló la guerra civil. A raíz de este último hecho tuvo lugar en el Paranínfo de la universidad, durante el acto de apertura del curso académico, el enfrentamiento contra el general Millán Astray, donde pronunció sin duda su discurso más recordado y citado (del que a veces se han apropiado indebidamente), que merece, pienso, un contexto mayor que aquel al que se suele reducir:

“Este es el templo de la inteligencia, y yo soy su sumo sacerdote. Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Yo siempre he sido, diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio país. Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España.”

Esto le costó el arresto domiciliario en su casa de la calle Bordadores –hoy día una casa privada que presenta en su fachada una placa conmemorativa-. Allí murió de pena, solo, el 31 de diciembre de 1936. Allí enfrente, ante la estatua del pensador, político, escritor, filólogo que dominaba once lenguas distintas, catedrático de griego y antiguo rector, se realiza cada 31 de diciembre una ofrenda floral como la que tuvo lugar este año el día de su onomástica y cumpleaños ante el busto de filología.

Quien dijera en repetidas ocasiones eso de “me duele España” y que “aquí, en Salamanca, se oye a uno pensar” dejó escritos cientos de artículos, libros y ensayos inmortales. Comparto, para cerrar esta entrada, algunas de sus reflexiones más queridas para mí como filóloga y lígrima charra, extraídas de una selección realizada por J. Agustín Torijano hace 15 años, de donde he sacado también las que pueblan las líneas anteriores:

“La lengua es la sangre del alma, el vehículo de las ideas”

“La figura del mundo nos la dio la palabra: la visión salió del son. El habla nos enseña a ver. Nombrar una cosa es definir su idea, marcar su contorno. Porque idea quiere decir en su rigor etimológico visión.”

“No conoce ni su propia lengua quien solo ella conoce”.

“El niño nace artista y suele dejar de serlo en cuanto se hace hombre. Y si no deja de serlo, es que sigue siendo niño.”

“Luego que ha cesado el vocerío estudiantil, cuando están cerradas y mudas las aulas, en horas o en días de vacación, sobre todo en las tardes del verano, ese patio de las Escuelas Menores, con su broncíneo fray Luis de León en el centro, sobre su pedestal, con un eterno gesto de apaciguamiento, es algo que habla al alma de lo eterno y lo permanente. No doy por nada del mundo este patio, henchido en su silencio de rumores seculares, ese patio sin ruido de tranvías ni de ferrocarriles ni de vana agitación humana.”

Isabel Varillas Sánchez

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Pintadas en latín

Isabel Varillas nos envía una entrada aparecida en el blog Yorokobu que nos toca muy de cerca: “En Cambridge son tan cultos que hasta hacen pintadas de protesta en latín” (puedes leerla aquí) Fundamentalmente recoge lo que apareció hace unos días en las Noticias de la BBC (pincha aquí para leerlo). El caso es que, en efecto, en esta ciudad han aparecido grandes pintadas de protesta realizadas sobre casas de lujo (de aproximadamente 1.700.000 euros; parece ser que en Cambridge el precio del suelo es un gran problema y la vivienda es enormemente cara) ¡EN LATIN!.

Mira un ejemplo:LATIN6

El texto tiene su gracia porque no solo nos trae a la memoria aquellas famosas pintadas de la Vida de Brian, sino que nos informa de que ya había precedentes en Cambridge de este medio de protesta: “Hace un par de años, pintadas en griego y latín invitaban a los ciudadanos a retirar las bicicletas atadas a las barandillas de las escaleras de la ciudad.”

Pero además se señala la dudosa corrección gramatical de los textos; ¿qué quiere decir Loci populum! o Locus in domos? Y la que contesta no es cualquiera -al fin y al cabo estamos en Cambridge-: es Mary Beard. La ilustre profesora no encuentra una traducción y sugiere una posible interpretación: lo que quieren es protestar sobre el hecho de que un hermoso lugar haya sido convertido en viviendas y reclaman casas para la gente.

En fin, que es Cambridge.

 

ENTREVISTA A Mª ÁNGELES MARTÍN SÁNCHEZ

Inauguramos con esta entrada una nueva sección que esperamos que tenga larga vida: entrevistas a nuestros profesores de instituto, la avanzadilla que se enfrenta día a día a todo tipo de dificultades. Sin su trabajo fundamental nuestros estudios hace tiempo que habrían muerto. Y, ¿quién mejor para empezar que Mª Ángeles Martín Sánchez, de la que hemos recibido tantos alumnos y a la que este blog debe tanto?

La mayoría de los que estudiamos Filología Clásica lo hacemos porque en el instituto dimos con un profesor que supo transmitirnos su amor por las letras y la cultura clásica. En mi caso, en La Vaguada tuve la suerte de dar con dos, Mª Victoria Sánchez Conde, a quien mando un afectuoso saludo, en latín y Mª Ángeles Martín Sánchez, la protagonista de esta entrevista y una de las más asiduas colaboradoras de este blog, en griego.

Mª Ángeles se licenció en la Universidad de Salamanca en 1968 –la promoción de “los indomables” según el profesor Lainez Alcalá- y al año siguiente sacó las oposiciones de catedrática de instituto de griego y una plaza en Getafe. Desde entonces, en algo más de 40 años dedicados a la docencia, ha visto cómo la sociedad dentro y fuera de las aulas ha cambiado tirando por tierra las Humanidades junto a otros valores como el de la cultura y el respeto. Gracias por querer compartirlo con nosotros en esta entrevista.

¿Por qué Filología Clásica?

Yo creo que porque tuve muy buen profesorado de Filología Clásicas, sobre todo de griego, en comunes. En latín tuve peor suerte pues porque en 1º nos daba un profesor al que tuvieron que operar, Manuel Palomar Lapesa, y ya nos dio otro profesor, el profesor Carvallo. En segundo nos dio el profesor Díaz, pero estuvo en muchos tribunales de oposiciones, y congresos, con lo cual también nos daba el profesor Millán Bravo Lozano y la verdad vimos muy poquito

En cambio en griego, para subsanar un problema por el que nos acabó dando clase a la mitad del grupo una profesora de instituto, el prof. Ruipérez, que nos daría en 2º, nos dijo que podíamos ir de oyentes a sus clases, con lo cual muchísimo mejor, nos vino muy bien, y en segundo ya nos dio Ruipérez.

¿Cuántos estudiantes fuisteis en tu promoción?

Cuarenta y seis. Éramos, no obstante, pocos de Salamanca, porque justo cuando nosotros empezamos la especialidad prohibieron, por el problema de las huelgas, ir a estudiar a Madrid y obligaban a la gente a hacer los estudios, siempre que hubiera esa especialidad, en otro lugar. En aquel momento Clásicas solamente había en Madrid, Barcelona y Salamanca. Por eso, cuando empezamos la especialidad, estábamos los de Salamanca, como 14 ó 15, y luego estaban los andaluces, los gallegos, los asturianos, los navarros… había gente prácticamente de todas partes.

¿Había muchas mujeres en ese momento en la facultad?

Si, más o menos yo creo que estábamos equilibrados, casi 50%. Sobre todo también los chicos que había no eran procedentes del seminario, sino que era gente que había estudiado en el instituto o en algún colegio.

Algún recuerdo de tu paso por la universidad (profesores, compañeros…)

Pues recuerdos todos muy agradables. Tuve al profesor Ruipérez y al profesor Gil, dos métodos completamente distintos: tuve al profesor Ruipérez en 2º, al profesor Gil 3º y 4º y de nuevo Ruipérez en 5º. Ruipérez era sistemático, explicaba y exigía únicamente lo que él comentaba en clase; cada vez que salía una palabra preguntaba toda la familia, y los contrarios, etc, cómo ha salido esto en otro texto y por qué, etc. El profesor Gil nos hacía preparar por nuestra cuenta por ejemplo el Edipo Rey, Tucídides, algo de Demóstenes; era un examen oral, te abría el libro por donde saliera, “lea, traduzca y comente”. Y en clase también, nos hizo unos comentarios muy buenos, nos hizo trabajar muchísimo, aprender muchísimo vocabulario, con lo cual se complementaban muy bien, por un lado el método sistemático de Ruipérez que te ayuda a asimilar poco a poco y por otro el de Gil, que hacía comentario literario-estilístico.

En cuanto a los compañeros, nos llevábamos muy bien, aunque tuvimos varios problemas también porque hubo muchas huelgas: en 5º nos cerraron la facultad por dos meses por las huelgas, y eso trajo a veces también conflictos entre los compañeros por el problema de votación, de huelga o no huelga. Tuvimos que hacer alguna instancia para que nos abrieran la facultad (…) pero vamos, la relación era francamente buena, nos llevábamos muy bien todo el mundo y aprendimos también, los recuerdos son muy agradables.

Autor clásico/ obra favorita

Yo diría que Platón, quizás porque fue el que trabajé desde el primer momento y luego Sófocles y Homero, sobre todo porque fue los que más profundicé con los profesores

Y alguno que no te guste nada, o al que no tengas especial simpatía.

Pues, no sé, a lo mejor Isócrates; lo traduje alguna vez y me pareció demasiado rebuscado, y en poesía Píndaro que me resultó a veces un poco difícil.

¿Siempre quisiste dedicarte a la docencia?

Si, en principio si, quizás por tradición familiar, porque en mi casa yo era la más pequeña de todos los hermanos (somos 5) y todas mis hermanas estaban en la docencia; mi hermano al principio estaba en la investigación pero luego ha terminado en la docencia.

Y docencia de instituto, no en la universidad…

Si, empecé la tesis pero la dejé. Quería dedicarme completamente a los alumnos y el instituto te quitaba mucho tiempo. También es verdad que el primer año que yo estuve en un instituto me cargaron además, por ser la más joven, con la secretaría del instituto, con lo cual me llevaba mucho más tiempo.

Háblanos de tu primer destino

El Puig Adam, en Getafe. Era muy distinto, no teníamos teléfono -hablamos del año 70-, el director no había sido director nunca, no teníamos experiencia, con lo cual las tardes las teníamos que dedicar a que compañeros que conocían a directores de otros institutos nos contaran cómo se hacían las cosas, porque no sabíamos. No obstante la experiencia fue muy buena, porque nos unió a profesores y alumnos No tuvimos calefacción ese año, pero dimos clase todos allí sin problema; los chicos muchos iban en los autobuses de sus padres que eran obreros en las fábricas y se levantaban a las 6 de la mañana, y en el instituto teníamos un bedel maravilloso que les abría la puerta para que pasaran dentro y por lo menos no pasaran frío. Esto ha hecho que efectivamente nos sigamos reuniendo todavía, aunque abandonamos Getafe, yo en el 79 después de 10 años; los tres últimos (76-79) compartí Getafe con el INBAD (Instituto Nacional de Bachillerato a Distancia) que fue también una experiencia muy buena.

¿En qué consistió tu labor en el INBAD?

En el Instituto a Distancia tuvimos que elaborar material para los alumnos; eso también me vino muy bien porque tuvimos que reflexionar sobre cómo puedes enseñar el griego a personas que no están contigo en directo. Hicimos unos documentos, con máquina de escribir, luego fotocopiados… pero fue una experiencia francamente buena porque tuvimos relación con muchos centros. Tuve la suerte de conocer a Serafín Agud en Zaragoza que era una profesor fabuloso, a Jesús Lérida de Valladolid… claro, ellos estaban aplicando eso con alumnos a los que veían la cara cada 15 días en tutoría, y me decían “esto hay que corregirlo porque no funciona bien”, o “esto otro da muy buenos resultados”.

¿En qué otros centros has trabajado?

Además de en Getafe, donde estuve 10 años, los tres últimos (76-79) compartí Getafe con el INBAD, luego en el 79 me trasladé al instituto San Isidro de Madrid y estuve allí hasta el 92 en que me vine a Salamanca, a la Vaguada.

En tu larga trayectoria en los institutos ¿has percibido muchos cambios en el alumnado?

Totalmente distinto. También tengo que decir que en cuanto al tipo de alumnado que he tenido, en Getafe tuve muchos alumnos cuyos padres eran analfabetos, pero con un interés tan impresionante por parte de los chicos por aprender, y de los padres para que aprendieran, que cualquier cosa que vieras con ellos era una maravilla. No había ni un solo problema de disciplina, todos los alumnos querían aprender todo lo que les echaras. Luego en el San Isidro también eran alumnos de clase media baja; en todos los años en el San Isidro no recuerdo más que dos o tres alumnos cuyos padres tuvieran estudios universitarios, la mayor parte tenía solo los primarios. En aquel momento el San Isidro era un instituto que tenía muchísima fama quizás por la tradición, (como tal el instituto llevaba 150 años, como centro era del siglo XVI). Como estaba en el centro, muchos alumnos hacían 2 horas de metro porque sus maestros les habían aconsejado que no se quedaran en el barrio porque empezaba la droga y todos esos problemas y que se fueran a un instituto. Por lo tanto era gente con muchísimo interés.

Cuando yo llegué al San Isidro era la transición, el año 79, fue un año en el que todavía había muchos problemas de tipo político, incluso con los alumnos. Yo de hecho tenía en clase de 3º de BUP al jefe de las Juventudes Comunistas y al jefe de Fuerza Nueva, que además, como yo colocaba a los alumnos por orden alfabético para aprenderme los nombres, coincidió que los puse juntos en el mismo pupitre, pero a lo que voy es que era todavía gente con muchísimo interés por aprender. Recuerdo que en aquellos momentos les hacía aprender en 3º de BUP (1º bach.) los verbos polirrizos y estos chicos se aprendían sus 50 verbos polirrizos porque el último día de clase consistía en un examen oral de estos; normalmente hacíamos una excursión a final de curso (en 3º de BUP a Mérida para ver el teatro romano y el museo) y eran tiempos en que los alumnos cantaban muchísimo en el bus, de todo, pero estaba claro que la canción de despedida era cantar los verbos polirrizos “para que Mª Ángeles sepa que nos los sabemos”.

En la Vaguada yo exigía los 4 ó 5 más usados, quiero decir, ya que si yo hubiera puesto un examen de los que ponía los primeros años en Getafe o en el San Isidro… me corren. También hay que tener en cuenta que en aquella época los alumnos estudiaban un año entero de latín antes con lo cual tenían una formación básica, que partías de unos conocimientos previos mucho más grandes y entonces, claro, podías exigir más porque el chico ya sabía.

Una impresión que tengo de los profesores de Clásicas en los institutos es que pocas veces se “conforman” con ir y dar su horario, sino que suelen compaginarlo con otros proyectos. En tu caso, has traducido, junto a tu hermana Adelaida, a Hesiodo para Alianza Editorial y has ganado el premio Giner de los Ríos de Educación por un trabajo realizado junto a otros compañeros profesores de esta ciudad; háblanos de estos u otros proyectos.

Yo, efectivamente, siempre he estado metida en varias cosas, grupos de trabajos… Aparte de la traducción con Adelaida ha habido varios proyectos: libros editados por Ediciones Clásicas, hicimos una edición de vocabulario mínimo, textos para COU de distintos autores; y actividades con grupos de trabajo de la Complutense de Madrid, donde varios profesores de instituto formábamos equipos de trabajo en los que hacíamos selecciones de textos para facilitar un poco el trabajo en el aula. Eso en Madrid. Luego en Salamanca, en el grupo del CEP (ahí estábamos de latín y griego y nos llevaba mi hermana Adelaida, que luego se quedó en la inspección), estábamos entre otros Marola Hernández, que me ha sustituido en la Vaguada, Gene García, que ya se jubiló, David Lucas, que está ahora en el Venancio Blanco, Manuel Morán, que está en el Torres Villarroel, Manuel Pérez y Corso, que ya se ha jubilado, Nacho Pérez de la Sota, que está en Zamora, Lourdes Diego, que está en Peñaranda, Luis Adolfo que también se ha jubilado… Entre todos estos hicimos también varios documentos: la selección de textos de latín, la selección de textos de griego, para trabajar con alumnos, fundamentalmente en 2º de bachillerato, primero en COU y luego en 2º de Bachillerato. También hemos hecho uno sobre los mitos de las plantas, el trabajo del premio Giner de los Ríos sobre léxico y vocabulario… hay varias publicaciones de estas que siempre nos han mantenido activos y que viene muy bien para reescribir la cultura clásica en bachillerato. Tenemos otro proyecto que hicimos con la facultad, con Charo Cortés, Paco Cortés y Paco Lisi que también nos lo seleccionó la Junta y nos vino muy bien: primero por trabajar conjuntamente con la universidad, y segundo porque te hace reflexionar sobre una serie de temas.

¿Cómo ves las Humanidades hoy en día a nivel general/social?

Pues, yo en principio las veo bastante en baja, porque a la gente, en el momento actual, parece que lo que le interesa es lo que dé dinero y al parecer las Humanidades para la gente no dan dinero. Creo que el materialismo se está adueñando bastante de la sociedad y ese es un peligro muy grande porque, igual que primero caímos nosotros, luego cayó la filosofía, la música también ha caído… entonces yo espero que con todo esto ya hayamos tocado fondo. El problema que yo veo es que, cuando tienes un profesorado maravillosamente preparado, te las cargas, y, en cambio, ahora que me las he cargado y estoy desanimando a la gente, ahora igual vuelven a resurgir y estoy tirando por la borda a la gente de un profesorado y un alumnado que está ahí.

¿Y en el ámbito educativo?

Pues también te pasa un poco lo mismo. Hay institutos en los que tienes la suerte, como pasaba en la Vaguada, de que el director te apoya. Por ejemplo, cuando yo intenté poner la cultura clásica como segunda opción, o estuve dando griego para los alumnos de ciencias tuve todo el apoyo del director. En cambio hay otros sitios en los que la Junta Directiva te pone trabas y eso para mí es muy importante. Cuando los alumnos se matriculan, la persona que está en la secretaría o en la Jefatura de Estudios a veces dice “no, esto crea problemas, esto fuera” y llaman a los alumnos y les dicen que se cambien de opción, que no ha salido grupo… Eso nos pasó una vez en el instituto San Isidro: me llamó un alumno y me dijo “oye, es que no nos dejan hacer Latín y Griego en COU –se podía hacer Latín y Griego, Latín y Arte, o Griego y Arte-, nos dejan hacer Latín-Arte y Griego-Arte pero dicen que Latín y Griego no porque no hay gente suficiente”. Como había unas solicitudes en las que cada alumno podía poner lo que quería, la profesora de latín y yo recogimos todas las instancias de los alumnos y había exactamente 20 alumnos, con lo cual cogimos al jefe de estudios y le dijimos “vamos a ver, tú has llamado a todas estas personas y les has dicho que no. Lo sentimos mucho pero esta asignatura se da”. El director se quedó muy extrañado porque no tenía ni idea: el jefe de estudios, porque le era muy molesto encajar ese horario, por su cuenta y riesgo decidió que no se daba, igual que llamó a unos alumnos de alemán diciéndoles lo mismo. Por eso es muy importante la Junta Directiva, igual que el ambiente del instituto.

¿Por qué crees que el conocimiento de nuestras disciplinas es importante en el siglo XXI?

Pues yo creo que es fundamental desde el punto de vista lingüístico y cultural: primero lingüístico porque tú difícilmente entiendes el vocabulario normal si no sabes latín y eso lo estás viendo en muchísimos periodistas que utilizan expresiones y palabras incorrectas totalmente, y para el lenguaje científico el griego me parece fundamental. Y desde el punto de vista cultural, pues difícilmente puedes ver un museo y entender si tú no tienes una formación básica en mitología, igual que ocurre con la sagrada escritura, que también me parece muy importante que la sepas, porque si no, no entiendes. En literatura, en el momento actual tienes cantidad de obras recientes que se basan en el mundo grecorromano. Te paseas por cualquier ciudad de España y ves cualquier cosa y tampoco la entiendes; en Salamanca a los chicos muchas veces les decíamos “¿qué tienes enfrente de La Tahona, en un extremo de la Gran Vía?” –una estatua de Mercurio como monumento al empresario- “¿para ti qué es eso?” y no sabían. Pues es el monumento al empresario, tendrás que verlo y entenderlo, o el monumento a Góngora, pues lo mismo. Tú no puedes aprender nada o prácticamente nada si no tienes una base de conocimiento amplia.

¿Qué consideras importante para un profesor de griego?

Pues yo creo, fundamentalmente, primero, que tenga una buena formación lingüística, por su puesto, que maneje el léxico, que domine los textos muy bien, pero que parta de la base de que la finalidad de estudiar griego es conocer el mundo griego a través de los textos, o sea que la gramática es un instrumento pero no un fin. Por eso es necesario, siempre ir inmediatamente a los textos, para desentrañar de cada texto todo lo que tiene para desentrañar, léxico, cultura. Y sobre todo entusiasmo por la materia. Si tú vas simplemente porque te pagan, pues no tenemos nada que hacer. Simplemente saber que eso tiene una finalidad que es conocer una materia, que el alumno saque el mayor provecho posible para que vea que el griego le sirve, y que no es solamente las matemáticas o la economía lo que le sirve, porque el griego le puede dar muchísimas cosas.

Algún consejo para los que salimos de la facultad ahora, para los que empezamos

Que tengáis mucho entusiasmo, que penséis que es muy bonita la enseñanza, que tiene muchísimas complicaciones pero que hay que volcarse y echar muchas horas, que no es solamente dar la clase: aunque lleves cuarenta años dando clase, el día antes siempre tienes que pensar qué vas a decir, preparándote el texto en mente. Y estar al día, o sea, no pensar que yo ya he aprendido todo en la facultad y con esto ya tengo para toda mi carrera. No. Leer qué se hace en otros países, en otras zonas, y sacar ideas nuevas cada vez.

Isabel Varillas

 

EPOPEYA FARMACÉUTICA

Hace apenas una semana, en la presentación de uno de los ponentes del curso “Latín y Griego para el s. XXI”, la profesora Charo Cortés hizo una reflexión sobre la relación de las humanidades en general -y de la filología clásica en particular- con nuestra sociedad: “por una parte nos echan de los programas educativos diciendo que es una cosa obsoleta, inútil y carente de interés, y por otro cada vez que se organizan conferencias, charlas, exposiciones o cualquier actividad cultural en torno a ellas, se sobrepasan con creces todos los pronósticos de asistencia”.epo-3

Más o menos estas fueron sus palabras, las mismas que me han venido a la cabeza esta mañana cuando, en el escaparate de una farmacia, he visto un cartel anunciando la presentación del libro cuyo título he tomado prestado para esta entrada (ya que le estamos haciendo propaganda a su autor, no creo que se oponga), Epopeya Farmacéutica: la farmacia en el Mundo Antiguo, del farmacéutico Luis Marcos Nogales, con viñetas de Íñigo Ansola. Es un viaje en clave cómica por civilizaciones antiguas como Mesopotamia, Egipto, Persia, Grecia y Roma entre otras, en las que nació y se desarrolló poco a poco esta disciplina. El libro se presentará en la Facultad de Farmacia de Salamanca el lunes 5 a las 12:00. (Más información sobre el libro pinchando aquí)

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Ya no es solo que la sociedad en general se interese por nuestras disciplinas, sino que hasta los “de ciencias” se atreven a abordarla y escribir sobre el tema. Y personalmente me parece muy bien, siempre y cuando la obra esté bien documentada (en este caso aún no lo he podido constatar), porque creo que afanarnos en hacer de las disciplinas compartimentos cerrados nos empobrece a todos. En relación con esto, puedo contar que dos amigas mías, farmacéuticas precisamente a día de hoy, en más de una ocasión han señalado que una de las asignaturas del instituto más útiles para ellas a lo largo de la carrera fue la Cultura Clásica de 3º de E.S.O. en la que, con la profesora Mª Ángeles Martín (de la que muy pronto se podrá leer una entrevista en este blog realizada por una servidora), conocimos el maravilloso mundo de la etimología y aprendimos el vocabulario básico del griego a partir del cual se ha creado el léxico de la farmacia, la medicina, la botánica, la biología, y tantas otras disciplinas que, a la luz de la cultura clásica, se vuelven más claras. No en balde, estas y otras amigas en algún momento al final de sus estudios han recurrido a mí para conocer los significados originales de ciertos lexemas y así comprender y recordar mejor determinados nombres “imposibles” e “intragables”. Porque a cualquier persona le resulta provechoso y útil –la aparentemente inexistente utilidad de las Humanidades- hablar correctamente y saber de dónde vienen las cosas que estudia, que dice y que hace, igual que contar, sumar y multiplicar, aunque en este momento estemos demasiado acostumbrados a que se cuestione lo primero.

Isabel Varillas Sánchez

P.D. Animo a cualquier persona que vaya a la presentación de la “Epopeya Farmacéutica” o que lea el libro, sea de Farmacia, de Clásicas, de Geología o de Magisterio, a enviar una entrada sobre el tema a Notae Tironianae.

LECTURAS CERVANTINAS PARA UN HOMENAJE: UN CLÁSICO ENTRE CLÁSICOS

El pasado miércoles 20 de abril un centenar de “amantes de las letras” (con y sin título acreditativo) tuvimos ocasión de escuchar, durante casi dos horas, a Miguel de Cervantes conversando con los clásicos.

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El motivo fue el homenaje que la Facultad de Filología de Salamanca preparó para conmemorar el cuarto centenario de la muerte del padre del inmortal Don Quijote. Culpables, a quienes todos agradecemos su trabajo y buen gusto a la hora de elegir los textos y organizar todo el acto, Susana González Marín (departamento de Filología Clásica e Indoeuropeo) y Javier San José Lera (departamento de Literatura Española e Hispanoamericana). Presidiendo la sala, entre otros objetos, un busto de Homero, un ejemplar del Quijote, una calavera recordando a Shakespeare y un dibujo de Cervantes (original de Pablo Toussaint) proyectado en la pared frontal. Y como maestros de ceremonias, guías en ese viaje con la doble función de presentar los textos y a sus lectores, Emilio de Miguel Martínez y Juan Antonio González Iglesias.

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Con poco más de diez minutos de retraso y prácticamente todas las sillas del Aula Magna ocupadas daba comienzo el viaje. Olvidamos la lluvia y las preocupaciones particulares y nos trasladamos a esos mil lugares y tiempos que sólo la literatura permite recorrer sin pensar en dinero y maletas: no sólo recorrimos la Mancha en compañía de don Quijote y su fiel Sancho sino que también fuimos niños en la plaza de una ciudad griega escuchando a los rapsodas cantar la expedición a Troya, compañeros de Eneas en su viaje a Italia y ciudadanos romanos contemporáneos de César.

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Bajamos a los infiernos y subimos al Parnaso, nos codeamos con dioses y labradores, filósofos y caballeros, ninfas y princesas. Aprendimos sobre poesía, sobre modelos de héroes, sobre los castigos eternos y hasta de los mercaderes venecianos, que mandaban a sus hijos a aprender humanidades antes de tomar parte en el negocio familiar. Desde un atril se leía un texto cervantino; después, desde el otro, tomaban la palabra los clásicos grecolatinos, aquellos que ya no celebran centenarios sino bimilenarios y que habían inspirado el pasaje previo: Homero, Hesíodo, Cicerón, Ovidio, Virgilio…

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Todo el acto fue posible, además de por los promotores ya nombrados, por el buen hacer de los treinta lectores, estudiantes y profesores de los dos departamentos organizadores, que prepararon y recitaron los textos con gran maestría. Y es que, como señalaron los maestros de ceremonias, “los poetas necesitan la ayuda de las musas, y nosotros la de los lectores”. Sin ellos el acto habría sido frío y habría carecido de frescura. Pero el largo aplauso final y los comentarios del público confirmaron el éxito de la iniciativa común de ambos departamentos. Gracias a todos los que lo hicisteis posible.

Texto: Isabel Varillas Sánchez

Fotografías: Sandra Cruz Gutiérrez

Adjuntamos la lista de lectores que intervinieron:

ANA AGUD APARICIO
AROA ALGABA GRANERO
CAROLINA ÁLVAREZ MARCOS
ADELAIDA ANDRÉS SANZ
CECILIA ARES DEL TESO
SARA BONILLA RODRÍGUEZ
Mª JOSÉ CANTÓ LLORCA
ROSARIO CORTÉS TOVAR
NURIA CRUZ FERNÁNDEZ
SANDRA CRUZ GUTIÉRREZ
JOSÉ ALBERTO DÍAZ VALERO
FRANCISCO DAVID GARCÍA MARTÍN
LAURA GARRIDO DÍAZ
CARMEN GONZÁLEZ GÓMEZ
Mª PAZ DE HOZ GARCÍA-BELLIDO
MARINA LÓPEZ MOLINA
ALBERTO LÓPEZ REDONDO
MARTA MARTÍN DÍAZ
ZOE MARTÍN LAGO
EMILIO DE MIGUEL
PAULA PAVÓN RODRÍGUEZ
FEDERICO PEDREIRA NORES
ROCÍO PÉREZ CABRERA
AGUSTÍN RAMOS GUERREIRA
FABIOLA DEL RINCÓN FERNÁNDEZ
RODRIGO RÍO PÉREZ
PABLO TOUSSAINT NORIEGA
ISABEL VARILLAS SÁNCHEZ
EMILIA VELASCO MARCOS
ÁNGELA GABRIELA ZAMBRANA BERBETTI

Otras fotografías, cortesía de Mª Ángeles Martín y Javier San José:

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SALMANTINAS ILUSTRES: LA LATINA

De La Latina, reciben su nombre, por ejemplo, un colegio, un instituto, una calle en el centro de Salamanca y uno de los barrios más conocido de Madrid.

latina 2Si preguntáramos a los habitantes de estas dos ciudades el nombre de la mujer de la que hablamos, me atrevo a aventurar que la mayoría no sabría responder. Y es que a Beatriz Galindo, también conocida como “la Latina”, una de las grandes humanistas de esta tierra, la historia de España la ha dejado de lado por mucho que las instituciones se “esfuercen” por traerla a la memoria con estatuas y placas.

Beatriz Galindo nació en Salamanca en 1465, probablemente en lo que ahora es el nº11 de la calle la Latina, donde pasó su infancia y juventud junto a sus muchos hermanos. Sus padres, hidalgos venidos a menos, eran conscientes de que casar a todas sus hijas sería costoso a más de un nivel (sobre todo económicamente), por lo que decidieron que Beatriz, que se mostraba interesada en los libros, estudiaría gramática y después ingresaría en un convento.Así pues empezó sus estudios de gramática dependientes de la Universidad de Salamanca, donde se relacionó con Fernando de Rojas y Antonio de Nebrija entre otros (esperemos que a nuestros hipotéticos “encuestados” estos nombres sí les suenen). A los 16 años era considerada una experta en textos y autores clásicos, tanto en latín (lengua en la que siempre destacó) como en griego. Tal era su fama que a los 21 años, cuando Beatriz iba a ordenarse monja, la Reina Isabel I de Castilla la llamó para que fuera profesora tanto de sus hijas como de ella misma al considerar (rarezas de la época) que la formación humanística, y ebeatriz1specialmente el latín, eran imprescindibles para un buen monarca.

Beatriz se trasladó a Madrid donde residió durante 19 años y se hizo gran amiga de la reina Isabel. Aunque varias veces estuvo tentada de marcharse, no lo hizo hasta la muerte de la reina en 1504. Pero siguió viviendo en la capital, en el barrio que ahora lleva su nombre, pendiente de todo lo que sucediera en palacio, hasta su muerte en 1534.

De si se casó, si siempre se sintió más cercana a Dios que a los hombres, si tuvo hijos o si era guapa no hablaremos aquí. Tampoco de si verdaderamente fue la primera profesora que hubo en España, si impartió clases de latín en la Universidad o si su autor favorito era Aristóteles. Pero sí recalcaremos que fue una gran latinista, que supo hacerse un hueco en un mundo masculino, que su nombre era sinónimo de cultura y erudición y que sólo por eso merece que los salmantinos y “cuantos de la apacibilidad de la vivienda salmantina gustan” sepan por qué una de las vías más céntricas de la ciudad es llamada “La Latina”.

Isabel Varillas Sánchez