UNA NUEVA INSCRIPCIÓN AQUEMÉNIDA

inscripción aqueménida
Panorámica de las tumbas reales en Naqsh-i-Rustam, a unos 12 km. al noroeste de Persépolis. De izquierda a derecha, tumbas de Darío II (ca. 423-404 a.C.), Artajerjes I (ca. 465-424 a.C.), Darío I (ca. 522-486 a.C.) y Jerjes I (ca. 486-465 a.C.), acompañadas por diversos relieves de época sasánida, de los reyes Ardahšir I (ca. 226-242), Šahbur I (ca. 241-272) y Vahrām II (ca. 276-293). La construcción que se ve a la izquierda, de época aqueménida, se llama “Cubo de Zarathušta” (Ka’ba-ye Zardošt), y es similar a otro que se encuentra en Pasargada.

El 30 de Enero de este año, diversos medios digitales (pincha aquí , aquí y aquí, partiendo todos de la agencia de noticias iraní, IRNA) han dado a conocer el descubrimiento de una nueva inscripción en persa antiguo. Los investigadores iraníes M. Durodi (Shiraz) y S. Delshad (Berlín) han sacado a la luz una breve inscripción trilingüe  en las cercanías de la tumba de Darío I en Naqsh-i-Rustam, cubierta hasta ahora por el musgo y la suciedad. Henkelman, de la École Practique des Hautes Études de la Sorbona de París, ha confirmado la importancia de la inscripción.

 

 

La tumba de Darío nos había ofrecido ya un rico repertorio de inscripciones. La inscripción DNa se sitúa en el panel superior, junto a la figura que representa a Darío en su trono, adorando a Ahura Mazdā en un altar, sostenido todo ello por tres filas de súbditos, y se considera una autobiografía política del rey y de sus logros (DNa 39-45 ciyākaram avā dahyāva tayā Dārayavauš xšāyaθiya adāraya, patikarā dīdi tayai̯ gāθum baranti; adā xšnāsāhi, ada-tai̯ azdā bavāti: Pārsahyā martiyahyā dūrai̯ r̥štiš parāgmatā “—¿Cuántos son los países que tiene el rey Darío? —¡Mira las figuras que llevan el trono!; entonces sabrás, entonces te será conocido: “lejos ha llegado la lanza del persa (…)”).

DNb, situada a los lados de la puerta de la tumba, vendría a ser una suerte de testamento ético de Darío, y contiene una parte final exhortativa, dirigida a los jóvenes (DNb 5-52 marīkā dr̥šam azdā kušuvā, ciyākaram ahí, ciyākaram-tai̯ ūnarā, ciyākaram-tai̯ parīyanam “¡joven! hazte bien consciente de cómo eres, cómo son tus cualidades, cómo tu comportamiento”). Las figuras de los súbditos que soportan el trono llevan cada una su cartel identificativo (p.ej. DNe 1 ayam Pārsa “este es persa”, DNe 2 ayam Māda “este es medo”, … DNe 4 ayam Parθava “este es parto”, … DNe 6 ayam Bāxtriya “este es bactrio”, … DNe 13 ayam Hinduš “este es indio”… DNe 23 ayam Yau̯na “este es jonio”).

Al parecer, la nueva inscripción es un cartel identificativo de uno de los personajes que aparecen representados en los relieves de la tumba, pertenecientes a la corte del gran rey. Será, por lo tanto, similar a las que identifican a los personajes situados en el lateral izquierdo de la inscripción:

DNc     Gau̯b(a)ruva : Pātišuvariš : Dārayavahau̯š : xšāyaθiyahyā : r̥štibara  “Gobrias el Patiscorio, portador de la lanza del rey Darío.”

DNd    Aspacanā : vaçabara : Dārayavahau̯š : xšāyaθiyahyā : isuvām : dārayati “Aspatines, ayuda de cámara (lit.: “portador del vestido”), sostiene el carcaj del rey Darío.”

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Texto de las inscripciones citadas según R. Schmitt, Die Altpersischen Inschriften der Achaimeniden (editio minor), Wiesbaden, Reichert Verlag, 2009.

Fuente de la imagen: Wikipedia

Francisco J. Rubio Orecilla

La erupción del Vesubio y los textos clásicos

Hace algún tiempo había surgido la sospecha de que la erupción del Vesubio que destruyó Pompeya en el año 79 de nuestra era no había tenido lugar en la fecha que Plinio el Joven indicó a su amigo Tácito, el 24 de agosto (epist. 6, 16). Los motivos tenían que ver con el hallazgo de frutos otoñales carbonizados y de braseros en las casas. Ahora un equipo arqueológico ha encontrado un insignificante inscripción realizada con un carbón en una casa en obras y fechada dieciséis días antes de las calendas de noviembre, es decir, el 17 de octubre; así pues, la fecha de la erupción tuvo que ser necesariamente posterior (Lee la noticia en El País)

pompeya

El error no debe atribuirse a Plinio el Joven, que fue testigo directo de la catástrofe desde Miseno, al otro lado de la bahía, y que, de hecho, describió para Tácito (y para nosotros) cómo él mismo vivió el desastre (epist. 6, 20). Hay que decir que él tenía diecisiete años y quizá por eso adoptó una actitud un tanto provocadora: en un principio, cuando los movimentos de tierra le obligaron a salir de la casa con su madre, se llevó un libro de Tito Livio para seguir estudiando. No sabemos qué pasaría con el volumen cuando la situación empeoró y en medio de una riada humana su madre y él tuvieron que salir corriendo.

Así pues, lo más probable es que el error se deba a algún copista que no pudo o no supo leer correctamente la fecha en el texto que le servía de modelo. Hay que tener en cuenta que los textos de los autores clásicos han realizado un camino largo y lleno de dificultades hasta llegar a nuestras manos: en algunos casos sus historias cumplirían con creces los requisitos exigidos a un relato de aventuras y causa admiración el mero hecho de que hayan superado semejantes pruebas y los podamos leer; en otros, simplemente un descuido, una vela encendida, un borrón, una distracción, rompen el frágil hilo que nos une a ellos. A cambio, un texto tan insignificante como una pintada en la pared sobrevive veinte siglos.

Susana González Marín

ITINERARIVM LATINVM TAVRISANVM

Isabel Gómez Santamaría nos envía este paseo por la ciudad de Toro que han elaborado sus alumnos de 1º de Bachillerato del IES Cardenal Pardo de Tavera.

Atrévete a descubrir que el latín, esa lengua casi olvidada, está presente en Toro, más cerca de lo que crees y fuera de las aulas del instituto también. Te lo vamos a mostrar, si nos acompañas en un itinerario con paradas en cuatro puntos de la ciudad para ver monumentos, leer latín y pensar. Esta es la crónica de ese recorrido realizado por los alumnos de latín del IES Cardenal Pardo de Tavera, de Toro (Zamora), alternándonos en las explicaciones relativas a cada uno de los monumentos e inscripciones, tarea para la que nos habíamos documentado previamente.

Iniciamos nuestro recorrido extra muros, partiendo del toro celtibérico ante la Puerta de Santa Catalina (I), porque a él está ligada una de las tres hipótesis para explicar el nombre de nuestra ciudad. Continuamos, ya intra muros, hacia la Colegiata de Santa María la Mayor (II), donde encontramos una inscripción en latín en el altar mayor. Desde allí seguimos, dentro del recinto amurallado, hasta otro templo, la iglesia de San Sebastián de los Caballeros (III), con sus pinturas góticas y la inscripción latina que conserva el nombre de su pintora o mecenas. Y nuestro recorrido acaba en la Puerta de Corredera (IV), que tantas veces habrás atravesado sin preguntarte por qué está ahí y por qué tiene una inscripción en latín.

I. INCIPIT: TAVRVS EXTRA MVROS

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103923070La escultura situada ante la Puerta de Santa Catalina, fuera del recinto amurallado, es decir, extra muros, pertenece al grupo de los denominados “verracos”, monumentos cuyo origen se remonta a finales de la Edad de Bronce o principios de la Edad de Hierro y cuyos creadores fueron los vetones, pueblo prerromano asentado entre los ríos Duero y Tajo. El término “verraco” procede de verres, “cerdo padre” en latín. Pero estos monumentos no solo representan cerdos, sino también toros, como el que vemos aquí.

Existen diferentes hipótesis para explicar la creación y finalidad de estas esculturas:

  • se colocaban como hitos para marcar límites entre territorios
  • constituían indicadores de los caminos por donde transitaban los ganados trashumantes
  • objetos de culto para pedir protección de los ganados y fertilidad de los campos porque se creía que atraían la lluvia
  • monumentos funerarios.

La escultura que observamos en Toro está ligada a una de las tres hipótesis sobre el nombre de la ciudad. Suponiendo que se trata de un toro, palabra que en latín es TAVRVS, la ciudad debería, pues, el nombre a la presencia de esta escultura prerromana. Una segunda hipótesis hace remontar la procedencia del nombre a época romana, basándose en que el cónsul que mandaba las tropas asentadas en la ciudad era TITVS ESTATILIVS TAVRVS, general partidario de Augusto que combatió entre los años 29 y 19 a. C. en Hispania, donde venció a cántabros, vacceos y astures durante las guerras cántabras. Y a partir de su nombre se originó el nombre de Toro. Una tercera hipótesis remite el origen del nombre al sintagma CAMPVS GOTHORVM, tierra de godos. Hacia el siglo X, Alfonso III mandó repoblar ciudades desertas ab antiquis, es decir, abandonadas por sus antiguos pobladores, y Toro era una de ellas, para reforzar una nueva línea del Duero, creando con ello enclaves fuertes  frente a Al-Andalus. El rey mandó repoblar Toro junto con Zamora, Simancas, Dueñas y todos los Campos Góticos, o campos de godos (Campus Gothorum)

II. SEQVITUR: TEMPLVM INTRA MVROS

La Colegiata de Santa María la Mayor, una de las obras más características del Románico en su fase de transición, comenzó a construirse en el siglo XII (circa 1170) y las obras se prolongaron hasta el siglo XIII. En la portada norte destaca una representación de Cristo como juez justiciero rodeado de veinticuatro ancianos. La puerta sur, a la que se accede desde el interior del templo, es una muestra del estilo románico de transición. El Pórtico de la Majestad, dentro de la Colegiata, narra la vida de la Virgen, de Cristo y el Juicio final, además de mostrar una serie de músicos con sus instrumentos. Y en el pequeño museo de la sacristía se conserva el famoso cuadro “La Virgen de la Mosca” (siglo XVI). Pero nos interesa especialmente el altar mayor, con el retablo en forma de templete ensamblado por el artista toresano Simón Gavilán Tomé, porque la mesa del altar, realizada hacia 1970, se adorna en su contorno con una inscripción latina que recoge una fórmula de consagración. Constituyen una parte de esa inscripción las siguientes palabras:

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SVSCIPE .SANCTA. TRINITAS. HANC.OBLATIONEM

Significan: “Acepta, Santa Trinidad, esta ofrenda”.

III. DEINDE: ALIVD TEMPLVM INTRA MVROS

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No hay constancia de la fecha en que fue construida originalmente la iglesia de San Sebastián de los Caballeros, pero fue parroquia desde el siglo XII hasta finales del XIX. Su primera edificación era de ladrillo, de estilo románico mudéjar.

IMG_7409A principios del s. XVI fue reconstruida en su totalidad por Juan Martínez de Revilla a expensas del cardenal Fray Diego de Deza. Se trata de una construcción gótica que destaca por su solidez, sobriedad y predominio del macizo sobre el vano. En la actualidad es un museo sacro que alberga frescos de estilo gótico lineal, del s. XIV, que representan escenas de la vida de Jesucristo, San Juan Bautista y Santa Catalina de Alejandría. FullSizeRenderSobre los frescos, bajo un escudo de la pintura dedicada a San Cristóbal, puede leerse la inscripción TERESA DIEÇ ME FECIT, es decir, “Teresa Díaz me hizo”.  Sabemos que esta forma de firmar, haciendo que la propia obra de arte “hable” en primera persona y “diga” el nombre de su autor, era una fórmula muy extendida, pero lo que nos gustaría saber es si fue esta mujer la pintora o la mecenas que encargó las pinturas a otro artista. Todavía no hay una respuesta definitiva.

IV. FINIS CORONAT OPVS: REX ET PORTAArco de CorrederaArco de santa catalina

Llegamos al final del recorrido y atravesamos la Puerta de Corredera. Esta puerta, entrada natural al recinto histórico de Toro, está situada en el tercer recinto amurallado de la ciudad. Se construyó en el año 1602 en honor de Felipe III, con fines decorativos, imitando los arcos triunfales de la Roma Imperial, y para recordar la visita del rey a la ciudad.

En la parte exterior central de la puerta se puede leer la inscripción siguiente:correderatoro

PHILIPPO III HISPANIARVM
REGI LONGE POTENTISSIMO
ET INVICTISSIMO SENATVS
POPVLVSQVE TAVRISANVS
DEDICAVIT. IIII IDVS
FEBRVARII ANNO MDCII.
REGIO VRBIS PREFECTO
GARSIA SILVA FIGUEROA

Significa: “A Felipe III, rey de las Españas, poderosísimo y nunca vencido, dedicaron [este monumento] las Autoridades y el Pueblo de Toro, el diez de febrero de 1602, siendo regidor de la ciudad García Silva Figueroa”.

Si nos has acompañado hasta aquí, lector fiel, queremos comunicarte una reflexión final. Del Toro de época romana queda algo más que los sillares del Puente Mayor, porque la lengua es el monumento romano más perdurable: el latín es una lengua para la eternidad. Era la lengua que los fieles escuchaban en las iglesias de la Edad Media como una cantinela ininteligible cuya musiquilla, no obstante, los acercaba a Dios. Sirvió también el latín para no olvidar el nombre de una mujer, en una época en que casi todas eran invisibles. Y para recordar una visita real, porque por entonces, por el año 1602, era la única lengua de prestigio a la altura de un rey. Así que, en latín se escribían mensajes para los hombres del futuro, como los que hemos leído en la Colegiata, San Sebastián de los Caballeros y la Puerta de Corredera. Nos despedimos, porque, como ya sabes, FINIS CORONAT OPVS,  es decir, el fin corona la obra.

DAVID ALONSO, PABLO PÉREZ, SARA PRIETO, SHEILA RODRÍGUEZ, ZAIRA RUBIO, MÓNICA RUIZ ET SHEILA VILLAFÁFILA, ALUMNOS de LATÍN de 1º de BACHILLERATO ME FECERVNT

(Proyecto de Innovación Docente de la Universidad de Salamanca; ID2017/212)

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