Aquiles en el Prado

Adelaida Martín Sánchez nos avisa de las nuevas actividades online que el Prado propone dentro de su sección Pradoeducación. Todas ellas son muy atractivas, pero una en particular nos concierne especialmente: Aquiles en el Prado, una actividad que se irá desarrollando los martes del mes de mayo. Os ofrecemos la presentación que cuelga en la página:

En marzo de 2020 se estrenaba en el Teatro Real la ópera Aquiles en Esciros. La representación operística era el resultado de un proyecto de investigación acometido por el Instituto Complutense de Ciencias Musicales (ICCMU), institución que tiene un convenio de colaboración con el Museo Nacional del Prado desde el año 2018.

Para celebrar estos lazos se decidió realizar un nuevo itinerario bajo el título Aprender a ser mortal. Aquiles en el Museo del Prado. La actividad tenía como objetivo establecer puentes entre el proyecto de investigación musical y la colección permanente del Museo, planteando una relación entre las artes musicales y plásticas y estableciendo una selección de las obras de la colección cuya iconografía estuviera relacionada con la figura de Aquiles. 

A través del siguiente recurso, vamos a poder realizar alguna de las paradas que formaban parte de ese itinerario. Os recomendamos que estéis pendientes de la web ya que cada martes, a las 10 h, publicaremos una nueva parada con sus observaciones asociadas.

Ocean Vuong y Homero

Ocean Vuong es un poeta vietnamita que, a los dos años de edad, huyó con su familia a Estados Unidos, donde reside y trabaja desde entonces. El hecho de que el país que le acogió sea el mismo que provocó su huida vertebra el que fue su primer poemario, Night Sky with Exit Wounds (2016), que fue libro del año para The New York Times, The Guardian y el Huffington Post, así como ganador del prestigioso premio inglés T. S. Eliot (2017), y de los americanos Whiting Award y el Forward Prize. Este poemario fue traducido al español por Elisa Díaz y publicado por Vaso Roto en 2018, con el título de Cielo nocturno con heridas de fuego.Night Sky with Exit Wounds

En él Vuong, a quien su madre renombró Ocean ya en Connecticut, cuando aprendió la palabra y supo que se refería a un cuerpo de agua que toca muchos países, incluidos Vietnam y Estados Unidos, busca moldear de nuevo el relato de la historia de la Guerra de Vietnam (de la que, en cierto modo, él es fruto, como señala en ‘Notebook Fragments,’ ya que su madre es hija de un soldado americano), así como la historia del cuerpo queer americano (en una expresión del propio Vuong que recuerda mucho a Allen Ginsberg y su “America, I’m putting my queer shoulder to the wheel”).

Para ello, Vuong, que estudió Literatura Inglesa del Siglo XIX en el Brooklyn College de Nueva York, se reconcilió con la tradición occidental leyendo a poetas como Homero, Dante, o Milton:

El desplazamiento, la guerra, la violencia y el trauma son historias humanas, a través del tiempo; desde que empezamos a contar historias hemos estado contando historias sobre la guerra, es un hecho desafortunado. Es ahí donde encontré un terreno común con el canon occidental y empecé a colaborar con él de manera sincera. Y mientras leía a Homero veía mucho de la guerra de Vietnam

En mi opinión, volver a Homero es un resultado lógico por parte de Vuong en su intento por integrar su propia historia, la historia de su familia, en el más amplio marco de la historia americana y no solo por la temática. Ya que la transmisión de la poesía y las mitologías vietnamitas en casa de Vuong, primer alfabetizado de la familia, siempre había sido oral, tal y como lo fue durante siglos la difusión de los poemas homéricos. De este modo, a su vez, la escritura deja de ser ya una herramienta de los conquistadores, y sirve al conquistado para explicar su propia odisea.

Tanto la influencia homérica que sostiene el poemario como los dos temas principales que este aborda y que he señalado arriba (la historia de la Guerra de Vietnam y la historia del cuerpo queer americano), se trazan claramente una vez cruzado el umbral del libro (con ‘Threshold”, el cual recuerda al mito de Orfeo y Eurídice: “I didn’t know the cost /of entering a song—was to lose / your way back”), a través de los dos primeros poemas de este, ‘Telemachus” y ‘Trojan” cuyos títulos ya remiten a la Odisea y a la Ilíada, respectivamente.

En ‘Telemachus”, padre e hijo se reencuentran una vez terminada la guerra (“Because the city / beyond the shore is no longer / where we left it”), pero actúan como desconocidos porque, en realidad, eso es lo que son después de todos estos años (¿cuántos años?, ¿veinte como los que pasaron entre que Ulises partió de Ítaca y regresó?, ¿veinte como los que duró la guerra de Vietnam, que comenzó en 1955 y terminó con la toma de Saigon, la ciudad natal de Vuong, en 1975?). Mientras que en ‘Trojan” el propio cuerpo se convierte en el arma que destruirá la ciudad sitiada, pero también en la ciudad misma, siendo esta ciudad la realidad regida por los códigos del binarismo de género y el paradigma heterosexual que habita el protagonista del poema (“This horse with its human fase”). Este pasa rápidamente de un momento de empoderamiento, bailando enfundado en un vestido rojo, a (auto)destruirse al final del poema (“They will see him / clearest / when the city burns”).

A continuación, puedes leer estos dos poemas, tanto en su versión original en inglés, como en la traducción al español de Ezequiel Zaidenwerg.

En una nota aparte, pero no por ello menos importante, la aparición de Vuong en este blog también está justificada por su uso del símbolo &, en lugar de escribir la conjunción copulativa inglesa “and”. El ampersand es uno de los símbolos más famosos y aún vigentes de la notación tironiana que da nombre a este blog.

Marta Martín Díaz

TELEMACHUS (Puedes acceder al video del poeta leyendo este poema aquí

Like any good son, I pull my father out
of the water, drag him by his hair

through white sand, his knuckles carving a trail
the waves rush in to erase. Because the city

beyond the shore is no longer
where we left it. Because the bombed

cathedral is now a cathedral
of trees. I kneel beside him to show how far

I might sink. Do you know who I am,
Ba? But the answer never comes. The answer

is the bullet hole in his back, brimming
with seawater. He is so still I think

he could be anyone’s father, found
the way a green bottle might appear

at a boy’s feet containing a year
he has never touched. I touch

his ears. No use. I turn him
over. To face it. The cathedral

in his sea-black eyes. The face
not mine – but one I will wear

to kiss all my lovers good-night:
the way I seal my father’s lips

with my own & begin
the faithful work of drowning.

TELÉMACO

Como todo buen hijo, rescato a mi papá
del agua, lo arrastro del pelo

por la arena blanca, sus nudillos abren un surco
que las olas se apuran en borrar. Porque la ciudad

más allá de la costa ya no está
donde la dejamos. Porque la catedral

bombardeada ahora es una catedral
de árboles. Me arrodillo a su lado para ver hasta dónde

me podría hundir. ¿Sabés quién soy,
Ba? Pero la respuesta no llega nunca. La respuesta

es el agujero de bala que tiene en la espalda, lleno
de agua de mar. Está tan quieto que pienso

que podría ser el padre de cualquiera, al que encuentran
como podría aparecer ante los pies de un chico

una botella verde que contiene un año
que nunca tocó. Le toco

las orejas. No pasa nada. Lo doy
vuelta. Para hacerle frente. A la catedral

de sus ojos negros como el mar. A la cara
que no es la mía, pero que voy a poner

para darles a todos mis amantes el beso de las buenas noches:
la manera en que cierro los labios de papá

con los míos & emprendo
la fiel labor del que se ahoga.

TROJAN

   A finger’s worth of dark from daybreak, he steps
                          into his mother’s red dress. A flame caught
                                                   in a mirror the width of a coffin. Glint of steel
in the back of his throat. A flash, a white
                                                              asterisk. Look
                                     how he dances. The sky-blue

             wallpaper peeling into hooks as he twirls, his horse-
head shadow thrown wildly on the family
                                                  portraits, glass cracking beneath
its stain. He moves like any other
                                     fracture, revealing the briefest doors. The dress
                                                  petaling off him like the skin
of a shredded apple. Outside, branches thrash into black applause
                         as if darkness isn’t sharpening
                                     inside him. This horse with its human face.
This belly full of blades.
                          As if dancing could stop the heart
            of his murderer from beating between
                                     his ribs.
                                                  How easily a boy
in a dress the red of shut eyes
                                     vanishes
                                                               beneath the sound of his own
galloping. How a horse will run until it breaks
                                                  into weather—into wind. How like
                         the wind, they will see him. They will see him
                                                                                       clearest
when the city burns.

TROYANO
A un dedo de oscuridad del amanecer, se enfunda

en un vestido rojo. Una llama atrapada
en un espejo del ancho de un ataúd. Un resplandor de acero
en la parte de atrás de la garganta. Un fogonazo, un asterisco
blanco. Mírenlo
cómo baila. El azul moretón del empapelado se descascara
y se engancha, acompañando sus vueltas, su sombra
de cabeza de caballo cae sobre los retratos
familiares, el vidrio se quiebra debajo
de su mancha. Él se mueve como cualquier
fractura, revelando las más breves puertas. El vestido
se le deshoja como la cáscara
de una manzana. Como si sus espadas
no estuvieran afilándose
dentro de él. Este caballo con su cara
de hombre. Este vientre repleto de espadas
& de brutos. Como si bailar pudiera detener
el corazón de su asesino
entre sus costillas. Qué fácil es que un chico con un vestido
rojo como los ojos cerrados
desaparezca
bajo el sonido de su propio
galope. Cómo corre un caballo hasta que irrumpe
en el tiempo: en el viento. Y como al
viento, lo van a ver. Lo van a ver
mejor
con la ciudad en llamas.

 

Día del padre: ¿de qué modelo de padre?

Hoy, 19 de marzo, todavía viviendo los coletazos del 8M, es el día adecuado para incitar a la lectura del libro “El gesto de Héctor”, del psicoanalista jungiano Luigi Zoja. El libro aborda la evolución de la figura del padre en Occidente -en declive, según el autor- desde la prehistoria hasta la actualidad.

Diego Corral nos envía un enlace a la reseña que del libro publicó Jorge Tamames el 6 de marzo en CTXT con el título “En busca de Héctor”. Allí afirma que, “a pesar de su pesimismo, el libro presenta modelos masculinos sugerentes y consecuentes con el feminismo.” Y en esta línea Zoja pone la mirada en Héctor y la escena de la Iliada en la que este coge en brazos a su hijo Astianacte. En palabras de Tamames:

“Aunando las facetas de guerrero, padre y patriota, Héctor consigue navegar la “paradoja del padre”: cumple con las exigencias morales de su familia, que le empujan a exponer su rostro desnudo; y con los imperativos de su sociedad, que le obligan a combatir. Su gesto es sencillo pero conmovedor, porque nos recuerda que las virtudes asociadas a la masculinidad –como la valentía o la fuerza– adquieren valía precisamente al combinarse con otras menos arquetípicas, como la ternura y la consideración.”

Desde Homero a María Rodés: las Pléyades

Eclíptica, el nuevo disco de Maria Rodés, presentado hace unos días en el teatro Juan del Enzina (puedes ver fotos), ha sido inspirado por la labor y los diarios de su tío bisabuelo, el astrónomo Lluís Rodés, director del observatorio del Ebro (lee aquí la entrevista en El País sobre el nuevo disco). Y puesto que tanto griegos como latinos también miraron al cielo con afán de explicar lo que veían, en este disco también hay sitio para la mitología, como es el caso del tema Pléyades.

Pléyades (puedes ver el videoclip aquí)

“L’Etoile Perdue”-Adolphe Bouguereau (1884)

 

 

Andan juntas por el cielo,
sin separarse jamás,
como niñas asustadas.
Fueron víctimas de Orión.

Él se encaprichó de todas,L'Etoile Perdue (La Pléyade Perdida) de William-Adolphe Bouguereau (1884)
preso de su juventud.
Y abrumado por su encanto,
sin cesar las persiguió.

Siete años sin parar,
sin parar de escapar.
¿Hacia dónde? No lo sé,
pero hay que correr.

Alguien las convirtió en palomas,
para ayudarlas a escapar.
Ellas volaron hacia el cielo
y allí el toro las meció.

Ya solo puedo ver seis,
falta una séptima que huyó.
Se moría de vergüenza
por amar a un ser mortal.

Siete años sin parar,
sin parar de escapar.
¿Hacia dónde? No lo sé,
pero hay que correr
hacia algún lugar
lejos de la gravedad.

La pobre se enamoró,
presa de su finitud.
Tuvo que aceptar que un día
su amor se moriría.
Y su luz debilitada
de pena se apagaría,
de pena se apagaría,
de pena se apagaría.
de pena se apagaría.

Eratóstenes, en su Catasterismo, explica así este cuerpo celeste:

La constelación de las Pléyades se encuentra en el llamado corte del lomo de Tauro. Reunidas en un racimo de siete estrellas, dicen que son las hijas de Atlas, y por eso se las denomina «siete pasos». Sin embargo, no son visibles las siete, sino sólo seis, y se da de ello la siguiente explicación: seis de ellas se unieron a diversos dioses, y la séptima se unió a un mortal. De entre las primeras, tres se unieron a Zeus (Electra, de la que nació Dárdano; Maya, madre de Hermes, y Taígete, de la que nació Lacedemón). Otras dos se unieron a Posidón (Alcíone, madre de Hiereo, y Celeno, de la que nació Lico). Se cuenta que Estérope se unió al dios Ares, de cuya unión nació Enómao. Finalmente Mérope se unió al mortal Sísifo, motivo por el que no se nos muestra visible. Entre los hombres gozan de muy buena reputación, ya que anuncian el comienzo de la primavera. Su disposición en el firmamento es muy feliz, pues dibujan la forma de un triángulo, según dice Hiparco. (Trad. Antonio Guzmán Guerra).

Las Pléyades fueron forjadas por Hefesto en el escudo de Aquiles (Ilíada XVIII, vv. 483-489):

Hizo figurar en él la tierra, el cielo y el mar,
el infatigable sol y la luna llena,
así como todos los astros que coronan el firmamento:
las Pléyades, las Hiades y el poderio de Orión,
y la Osa que también denominan con el nombre de Carro,
que gira allí mismo y acecha a Orión,
y que es la única que no participa de los baños en el Océano
.
(Trad. Emilio Crespo Güemes)

En sus Trabajos y días (trad. Aurelio Pérez Jiménez y Alfonso Martínez Díez), Hesíodo las señala como punto de inicio de los trabajos de primavera (al surgir las Pléyades descendientes de Atlas, empieza la siega; y la labranza cuando se oculten), en el calendario del labrador (luego que se oculten las Pléyades, las Híades y el forzudo Orión acuérdate de que empieza la época de la labranza) y también en el calendario de la navegación (te advierto que cuando las Pléyades huyendo del forzudo Orión caigan al sombrío ponto […] arrastra la nave a tierra y cálzala con piedras), ya que se pueden ver en el firmamento desde principios de mayo hasta mediados de noviembre. Y así las recoge, tiempo después, Virgilio en su Geórgica I: Antes las Pléyades, hijas de Atlas, se te oculten mañaneras y la constelación de Gnossos, de brillante Corona, se retire, que deposites en los surcos las semillas que les corresponden y que te apresures a confiar la esperanza del año a la repelente tierra. (Trad. Tomás de la Ascensión Recio García y Arturo Soler Ruiz).

Marta Martín Díaz

Día de las escritoras… antiguas (y no tan antiguas)

Aprovechando la iniciativa emprendida por la Biblioteca Nacional de España y otras asociaciones de convertir el primer lunes tras el 15 de octubre, día de Santa Teresa, en el día de las Escritoras para reivindicar la labor y el legado de las escritoras a lo largo de la historia (según especifica la página web de esta institución), el blog Notae tironianae inicia una serie de entradas sobre escritoras de la antigüedad clásica.

Iniciamos con una escritora no antigua pero interesada en el mundo antiguo: Simone Weil.

Simone Weil nació en París en 1909 y murió en Ashford en 1943.

Estudió filosofía, siendo discípula de Alain, y literatura clásica en la Escuela Normal de París. Posteriormente, compaginó su trabajo como docente en diversos liceos con estancias en fábricas para conocer de primera mano la opresión a la que estaban sometidos los obreros de su época.

Los últimos años de su vida los dedicó al estudio, traducción y comentario de poetas y filósofos griegos, con el afán de hacer accesibles a las masas populares la esencia del espíritu griego contenido en ellos.

Esta pretensión es perfectamente perceptible en su artículo «La Ilíada o el poema de la fuerza». Escrito entre 1939-1940 para la Nouvelle Revue française, no pudo ser publicado en el París ocupado. Finalmente, los Cahiers du Sud lo publicaron en Marsella (diciembre de 1940-enero de 1941) bajo el nombre Émile Novis (anagrama de Simone Weil).

A continuación presentamos un par de fragmentos extraídos de este artículo y recogido en el volumen La Fuente Griega (que reúne todos los escritos sobre el tema que conservamos de Weil) en la editorial Trotta (2005).Simone Weil

Quienes habían soñado que la fuerza, gracias al progreso, pertenecía en adelante al pasado, han podido ver en ese poema un documento; los que saben discernir la fuerza, hoy como antaño, en el centro de toda historia humana, encuentran ahí el más bello, el más puro de los espejos.

[…]

A pesar de la breve embriaguez producida en el Renacimiento por el descubrimiento de la literatura griega, el genio de Grecia no ha resucitado en el curso de veinte siglos. Aparece algo en Villon, Shakespeare, Cervantes, Molière, y una vez en Racine. La miseria humana es puesta al desnudo, a propósito del amor, en «L’Ecole des Femmes», en «Fedra»; extraño siglo, por otra parte, donde, al contrario de la edad épica, sólo se permitía percibir la miseria del hombre en el amor, mientras que los efectos de la fuerza en la guerra y en la política debían estar siempre envueltos de gloria. Quizá se podrían citar otros nombres más. Pero nada de lo que han producido los pueblos de Europa vale el primer poema conocido que apareciera en uno de ellos. Recuperarán tal vez el genio épico cuando sepan no creer nada al abrigo de la suerte, no admirar nuca la fuerza, no odiar a los enemigos y no despreciar a los desdichados. Es dudoso que esto suceda pronto.

Marta Martín Díaz

 

Troy: Fall of a City

Los Clásicos estamos de suerte: a lo largo del presente 2017, verá la luz Troy: Fall of a City, una miniserie de la BBC que, a lo largo de ocho episodios de una hora de duración, narrará la guerra de Troya (desde el juicio de Paris hasta la caída).

Realmente sólo queda por saber la fecha de estreno y tener algún tráiler, porque el resto lo conocemos: se está rodando en Ciudad del Cabo, cada episodio costará unos seis millones de libras, y el casting, relativamente desconocido (al menos para quien esto escribe), podéis consultarlo aquí.

Al hilo de este casting, se me abren las carnes al ver que no hay dioses entre el elenco; y se me erizan las papilas gustativas al comprobar que Patroclo parece haber sido omitido. ¿Por qué ese aparente miedo a que los humanos sean manejados por los dioses, a que el mayor héroe griego sea abiertamente homosexual? ¿Cómo es posible que allá por los años cincuenta se presentara (sin necesidad alguna) la relación de Ben-Hur y Messala como se presentó (a espaldas de Charlton Heston, eso sí), y en pleno siglo XXI se haga justo lo contrario? Es de locos.

Mejor no sigo, que me caliento. Sed libres de opinar, que debatir siempre es bueno.

Alberto López Redondo

Sopa de letras…griegas

Esta vez os ofrecemos una sopa de letras de personajes de la Iliada. Son en total catorce y os damos como pista que no hay ningún dios entre ellos.

sopa iliada

Solución a la sopa anterior:

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