Idus y calendas

Quizá la fecha de los idus de marzo sea la única del mundo romano que tiene cierta presencia actualmente. Lo demuestra el hecho de que la semana pasada varios periodistas se refirieron a ella para comentar la actualidad. Cecilia Ares envía algunos ejemplos: aquí puedes leer una columna sobre los presupuestos de Euskadi en Noticias de Guipuzkoa y aquí otra publicada en El País sobre las elecciones en Holanda, que tuvieron lugar ese mismo día.

A mucha distancia de la popularidad de los idus podemos encontrar las calendas griegas. Esta es una fecha que no llegará nunca, puesto que las calendas, el primer día de cada mes en el calendario romano, no existían entre los griegos. Así que “dejar algo para las calendas griegas” es postergarlo indefinidamente. Se trata de una expresión que se remonta a la antigüedad pues el propio emperador Augusto la utilizaba para hablar de los morosos que nunca pagaban (Suetonio, Vida de Augusto 87, 1)

Susana González

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Las tres muertes de César

“¡Cuídate de los idus de marzo!” va a ser una de las recomendaciones más repetidas hoy entre todos los amantes de la cultura clásica, pues es una fecha histórica para nosotros. Ya el año pasado nuestro compañero Ibor nos ilustró, en una entrada que puedes leer aquí, sobre algunos aspectos de lo que para nosotros los clasicistas significa esta fecha.

Lo que yo os voy a presentar son tres de las muertes cinematográficas de César, tres representaciones distintas de lo ocurrido el 15 de marzo del año 44 a.C.  El contenido lo impartió la profesora Isabel Moreno en su conferencia “La muerte de J. César en la pequeña y gran pantalla” durante el ciclo “Las mil palabras de una imagen” realizado el mes de febrero, y al que tuve el gusto de acudir.

La primera de las muertes aparece en la película Julio César (1953) de Mankiewicz, basada en el texto de Shakespeare. https://www.youtube.com/watch?v=qgeZU7urH7I

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En el film observamos el carácter teatral de la obra. Destaca la frase pronunciada por César antes de morir, en latín: et tu Brute.

La segunda de las muertes es la representada en la miniserie de dos capítulos Julio César (2002) de Uli Edel. (Puedes verla aquí)

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En esta serie el escenario del asesinato es una curia, pero se está basando en la Curia Julia, aunque fue en la Curia de Pompeyo donde murió César.

Y la tercera es la que aparece en la serie de la HBO, ROMA (2005). (Puedes verlo aquí)

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Lo que tienen en común estas tres escenas, aparte del argumento, es el uso espectacular de las fuentes (que muchas veces pasa desapercibido a ojos del espectador). Se están basando en Suetonio y Plutarco:

  1. En el momento en que tomaba asiento, los conjurados le rodearon so pretexto de presentarle sus respetos y en el acto Tilio Cimbro, que había asumido el papel principal, se acercó más, como para hacerle una petición, y, al rechazarle Cesar y aplazarlo con un gesto para otra ocasión, le cogió de la toga por ambos hombros; luego, mientras Cesar gritaba “¡esto es una verdadera violencia!”, uno de los dos Cascas le hirió por la espalda, un poco más abajo de la garganta. Cesar le cogió el brazo, atravesándoselo con su punzón, e intento lanzarse fuera, pero una nueva herida le detuvo. Dándose cuenta entonces de que se le atacaba por todas partes con los puñales desenvainados, se envolvió la cabeza en la toga, al tiempo que con la mano izquierda dejaba caer sus pliegues hasta los pies, para caer más decorosamente, con la parte inferior del cuerpo también cubierta. Así fue acribillado por veintitrés puñaladas, sin haber pronunciado ni una sola palabra, sino únicamente un gemido al primer golpe, aunque algunos han escrito que, al recibir el ataque de Marco Bruto, le dijo: “¿Tú también, hijo?”. Mientras todos huían a la desbandada, quedo allí sin vida por algún tiempo, hasta que tres esclavos lo llevaron a su casa, colocado sobre una litera, con un brazo colgando.

(Suetonio, Vida de los doce Césares, 2 vols., Madrid: Gredos, 1992, vol I. pp. 160-162)

  1. 5. Cuando César entró los senadores se pusieron en pie por deferencia, y entre los cómplices de Bruto, unos se desplegaron en círculo detrás del asiento de César y otros salieron a su encuentro como si se unieran a los ruegos que en ese momento le dirigía Tilio Cimbro por su hermano fugitivo, y así, suplicándole, lo acompañaron hasta su asiento. Una vez sentado rechazó sus peticiones, y como ellos insistían con más vehemencia, César les hizo ver, uno por uno, su disgusto. Entonces Tilio agarró con ambas manos su toga y se la bajó, dejándole el cuello al descubierto, lo que era la señal convenida para comenzar el ataque. Casca le golpea el primero con su espada en la nuca, pero la herida no fue mortal, ni siquiera profunda, pues, como es comprensible, aquél era presa de la turbación al estar tan osada empresa tan sólo comenzando; y así César pudo darse la vuelta, agarrar la espada y retenerla con la mano. Casi al mismo tiempo gritaron ambos personajes, el agredido en latín: «Maldito Casca, ¿qué es lo que haces?», y el agresor en griego, a su hermano: «¡Ayuda, hermano!». Tras este comienzo un escalofrío de terror se apoderó de quienes nada sabían de la conspiración, a la vista de lo que sucedía, y no se atrevieron ni a huir ni a defender a César, ni siquiera a proferir una sola palabra. Pero los que habían preparado el asesinato desenvainaron cada cual su espada; César, rodeado por todos lados y encontrándose dondequiera que mire con el hierro hiriéndole en el rostro y en los ojos, se ve envuelto y zarandeado como una fiera salvaje entre todas esas manos. Y es que todos tenían que tomar parte en el sacrificio y gustar del crimen; por ello también Bruto le propinó una herida, una sola, en la ingle. Y hay quien dice que César se defendía contra los otros, moviéndose de un lado a otro y gritando, pero que cuando vio que Bruto blandía su espada contra él, se cubrió la cabeza con la toga y se dejó caer, ya fuese empujado por el azar, ya por sus asesinos, junto al pedestal sobre el que se alzaba la estatua de Pompeyo. Este pedestal quedó completamente ensangrentado, de modo que parecía que Pompeyo en persona presidía el castigo de su enemigo, recostado a sus pies y palpitando de sus innumerables heridas. Se dice, en efecto, que fueron veintitrés las que recibió; muchos de los conjurados se causaron heridas entre ellos al asestar tal cantidad de golpes sobre un mismo cuerpo.

Plutarco, Vidas paralelas: Alejandro y César, Madrid:  2007, vol. VI, pp. 205-206.

Una vez vistas las representaciones en pantalla y las fuentes, podemos comprobar el gran valor historiográfico que tienen estas obras: la muerte a los pies de la estatua de Pompeyo, la petición de Cimbro, Casca como primer agresor, la huida de los conjurados del lugar, el papel de Bruto… Pero cabe destacar la serie de Uli Edel, que es la más fiel al texto de Plutarco: César está sentado en el sitial, trata de defenderse, aunque incluye el “Bruto, tú también” que aparece en Suetonio. También la versión de la HBO sigue bastante bien el texto de Suetonio y Plutarco: Cimbro le coge de la toga, como señal para los conjurados, César se defiende y trata de cubrirse las piernas y la cabeza para morir con dignidad.

En conclusión, son escenas que ilustran muy bien lo que nos transmiten los textos, porque se basan en ellos. Se trata de una muy buena forma de acercar al espectador a los textos clásicos mediante la imagen.

Cecilia Ares.

 

¡César, cuídate de las idus de marzo!

El 15 de marzo es una fecha inolvidable para filólogos clásicos, historiadores o cualquier persona interesada en el mundo antiguo. A nadie se le olvida la muerte de César, aunque no sepa exactamente el día, ya que a lo mejor no controla la equivalencia del calendario romano al actual -afortunadamente, para eso siempre tendremos la Guide romain antique, al menos en lo que a un servidor respecta-.

Hoy es un día importante para todo el mundo, independientemente del lado del que nos posicionemos. Para los republicanos hoy es el día en el que murió el tirano, para los cesarianos hoy es el día en el que César ascendió al cielo y se convirtió en Diuus Iulius. Quizá fue William Shakespeare (basándose en el relato de Plutarco) quien más hizo por que esta fecha fuera recordada en la posteridad, al ponerla en la boca de aquel adivino ciego que prevenía al dictador de que le aguardaba un gran peligro. No hay duda de que es un día señalado en la historia cultural de occidente; no sólo porque la novela histórica de Thornton Wilder se titule así, sino también porque este fue el título escogido para una película estrenada en 2012, la cual nada tenía que ver directamente con la muerte de César, pero sí con los entresijos de la política. Aquí pueden ver el trailer.

 

IMAGEN 1 TEMPLO DE CÉSAR
Templo de César

Incluso en estos tiempos en los que parece que nos hemos olvidado de todo lo clásico habrá gente en Roma que llevará flores al ara Caesaris y las depositará en el sitio donde nos dicen que su cuerpo reposó y fue incinerado.

 

IMAGEN 2 ARA CAESARIS
Ara Caesaris

Hoy blogs como éste se llenarán de referencias a la muerte de César y de imágenes cómicas que satirizarán un hecho que en su día hizo tambalearse los pilares del  Estado romano. Pensemos que este magnicidio no sólo afectó a Cayo Julio César, sino que propició otra guerra civil en la que murió un número de personas nada desdeñable y que inauguró la nueva forma de gobierno de Roma: el principado. Por eso este día es importante no sólo en la Historia, sino también en la actualidad. Y visto todo lo que significan las idus de marzo (sí, la palabrita es femenina en latín), al que suscribe le produce un sentimiento de tristeza y desilusión que el tododopoderoso gigante Google todavía no haya dedicado ni un solo doodle para recordar la muerte de César. ¡Parece mentira, Google, hijo, que durante tantos años se te hayan olvidado las idus de marzo!

Ibor Blázquez Robledo