El I.E.S. Francisco Salinas celebra el bimilenario de Ovidio

Este año 2017 celebramos el bimilenario de la muerte de Publio Ovidio Nasón y desde este blog hemos querido sumarnos y añadir nuestro granito de arena a esta gran montaña de fastos ‒nunca mejor dicho‒ y eventos en honor de la memoria del poeta de Sulmona. Una de las propuestas que salió de los integrantes de este rinconcito de internet fue que los alumnos de Máster de Secundaria realizáramos vídeos con nuestros alumnos de prácticas leyendo a Ovidio. ¡Dicho y hecho! Una servidora y un servidor abajo firmantes hemos dedicado parte de nuestro tiempo de prácticas ‒y libre‒ a elegir poemas y grabar a nuestros queridos alumnos de latín del I.E.S. Francisco Salinas en Salamanca.

Para tal efecto escogimos dos poemas: Amores, 1, 3 para 1º de Bachillerato y Amores, 2, 9 para 2º de Bachillerato. Del amplio abanico poético que teníamos a nuestro alcance los elegimos porque hablan de dos tópicos de la elegía amorosa latina: el pauper amator y la militia Amoris. La traducción escogida es la de Juan Antonio González Iglesias.

En el primer texto (Am.1.3) Ovidio pide a su amada que le quiera, no tiene nada que ofrecerle: ni un noble linaje, ni grandes riquezas; pero sí su arte, sus modales y su amor. Es fantástico ver cómo el poeta realiza un juego metaliterario en el que el que propone a su amada ser la “madre” de sus versos, cómo promete inmortalizarla gracias a la poesía como les sucede a las amantes de  Júpiter: Ío, Leda y Europa. Repetimos aquí lo mismo que dijimos en clase: ¡Qué táctica más hábil para llevar a alguien a la cama! Por tanto, vemos cómo se crea una correlación muy interesante: si la amada del poeta es comparable a las amadas de Júpiter, Ovidio se compara con el mismísimo Júpiter. ¡Bien jugado, Narizotas! No olvidemos que en última instancia no sólo es la amada la que gana fama por contarse entre los versos de Ovidio, sino que él emplea a esta mujer ‒ficticia o real‒ para ganar gloria literaria. Sin más preámbulo demos paso a los artistas: VÍDEO AQUÍ.

Es justo lo que pido: que me ame
la muchacha que me ha cautivado hace poco,
o que me dé motivos para quererla siempre.
Demasiado he pedido, ¡ay! Por lo menos
que se deje querer.

                                               Citerea habrá
así escuchado tantos ruegos míos.
Acepta al que por largos años te servirá,
acepta al que quererte
sabrá con lealtad pura.

Si no me recomiendan grandes nombres
de ascendientes remotos,
si fundó mi linaje tan sólo un caballero,
si no labran mis campos arados numerosos,
y mis padres moderan sus gastos con cuidado,

en cambio sí me da su apoyo Febo,
sus nueve acompañantes y el inventor del vino,
y Amor que a ti me entrega,
y mi fidelidad inquebrantable,
mis costumbres sin tacha,
mi desnuda franqueza y el pudor
que me hace enrojecer.

Mil a mí no me gustan, ni de amor en amor
voy saltando. Créeme:
tú serás mi cuidado duradero.

Ojalá tenga yo suerte de vivir
a tu lado los años que los hilos
de las hermanas me permitan, y
que al morir seas tú la que me llore.

Entrégate a mí
como fértil materia para versos:
nacerán poemas dignos de quien los inspiró.

Gracias al verso gozan de renombre
Io la aterrorizada por los cuernos,
la otra a la que el adúltero burló
bajo la forma de la fluvial ave,
y la que al ser raptada sobre el mar
por el novillo simulado, asió
con mano virginal los curvos cuernos.

También así nosotros por todo el universo
Seremos celebrados y mi nombre
Estará para siempre unido al tuyo.
 

El segundo poema (Am.2.9) desarrolla el tópico de la militia Amoris de un modo distinto al que estamos acostumbrados. Digamos que Ovidio, el gran amante, el que ha llevado los estandartes de Cupido hasta los confines del mundo ‒amoroso‒, el que ha conquistado tantas mujeres inexpugnables, el que ha salido vencedor de tantas batallas, ahora quiere jubilarse, quiere que su general lo licencie. Emplea varias metáforas para hablar de su situación: el legionario que se retira a las tierras que le han concedido tras su servicio, el caballo que puede trotar a su gusto por las praderas libre de ataduras, la nave que deja de salir a alta mar o el gladiador que por fin obtiene la vara que simboliza su libertad. A la lectura literal del poema: Ovidio está cansado de recibir heridas en los combates amorosos ‒sentimiento humano y justo donde los haya‒, que es igualmente válida a las demás, podemos añadir también aquí la lectura metaliteraria: el poeta está preparado ya para otro tipo de poesía, está muy avezado en el verso amatorio. Mas dejemos que hable Ovidio por boca de jóvenes: VÍDEO AQUÍ.

Oh Cupido que nunca estás saciado
en tu ira contra mí,
oh niño perezoso que te quedas
dentro en mi corazón, ¿por qué me dañas
a mí —que soy soldado que jamás
ha desertado de tus estandartes—
y en mi propio cuartel recibo heridas?

¿Por qué abrasa tu antorcha
y traspasa tu arco a los amigos?
Más gloria te daría vencer a los rebeldes.
¿Acaso no curó el héroe hemonio
con medicinal arte al malherido
tras haberlo abatido con su lanza?

Sigue a la presa que huye el cazador,
pero ya capturada la abandona,
y busca, tras lograrla, siempre otra.

Nosotros, este pueblo a ti rendido,
Padecemos tus armas. Y con ese
enemigo que opone resistencia
tu mano se detiene perezosa.

Son tantos los varones sin amor,
y tantas las mujeres sin amor:
ahí obtendrías tú el triunfo con gran gloria.

(Roma estaría aún cubierta de cabañas
con techumbre de paja si no hubiera
desplegado sus fuerzas por el mundo infinito).

El soldado cansado a aquellas tierras
que le han sido entregadas se retira.
Permiten al caballo que se vaya,
libre ya de la cuadra, por los prados.

Largos diques resguardan a la nave varada.
y al deponer la espada, pide uno
la vara, bien segura, del retiro.

También sería hora de que yo,
que tantas veces he sido soldado
obediente al amor de una muchacha,
viviera, tras cumplir, plácidamente

No podemos terminar esta entrada sin agradecer su generosa y desinteresada colaboración -sin la cual no hubiera sido posible hacer esta pequeña libación a los manes de Ovidio- a nuestros alumnos del Salinas: Andrea, Marina, Lucía, Fran, Andrés, Andrea, María, Fausto, Sergio, Miguel, Guillermo, Paula, Diego, Laura y Cynthia; así como a nuestra tutora de prácticas: Cristina González Díez, que se entusiasmó con la idea desde el primer momento y nos dio total libertad para obrar según nuestro criterio. Esperamos que este esfuerzo y la ilusión que hemos depositado en este proyecto conjunto sirvan para divulgar un de manera ágil ‒ojalá viral‒ los versos de este gran poeta latino y a ser posible inicie una ola de vídeos, performances y flash moves de corte adolescente centrados en la figura de Ovidio. Demasiado hemos pedido, ¡ay!…

FELIZ BIMILENARIO A TODOS

Cecilia Ares del Teso

Ibor blázquez Robledo

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Moda latina

La docencia, profesión hermosa e interesante donde las haya, depara sorpresas al que la desempeña. Un servidor, que tiene el gran honor de poder ostentar la denominación de “profesor en prácticas” durante un par de meses, ha acabado sorprendido de la facilidad con la que las lenguas clásicas (el latín en este caso) se emplean a la hora no sólo de elegir nombre para un producto (perfumes, enlace aquí), sino también para decorar prendas de ropa, que es el caso que aquí nos atañe.

Cierto día, antes de las vacaciones de Semana Santa, en la clase de latín de segundo de Bachillerato en el IES Francisco Salinas de Salamanca, nos encontrábamos los alumnos, mi compañera, Cecilia Ares del Teso (habitual colaboradora de este blog), nuestra tutora, Cristina González Díez, y yo desentrañando la sintaxis de un texto de Cicerón —cosa divertida y dicharachera donde las haya a primera hora de la mañana—, cuando de repente saltó la liebre. Mientras el que suscribe mandaba a uno de los alumnos analizar y traducir una oración de relativo, se hicieron patentes a sus ojos unas palabras en latín escritas en la sudadera de ese chico. Fue en ese momento cuando dije: ¡aquí hay entrada para el blog! Al punto le pregunté dónde había comprado la prenda y si sabía por qué ponía eso. Por respuesta obtuve que en el Pull and Bear y que no tenía idea alguna. Lo primero que pensé es que se tratara de la portada de un disco de algún grupo de música, pero parece que no. Es en apariencia un diseño propio de la cadena.

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Agradezo encarecidamente al alumno en cuestión, Miguel Heredero García, permitirnos de buena gana poner su imagen en Notae tironianae. Permítanme que pare por unas líneas a analizar el diseño de la sudadera. Apreciamos un triángulo superpuesto sobre un círculo —o viceversa— que bien nos recordaría a algún símbolo cabalístico o de alquimia, por no decir a las propias Reliquias de la Muerte de Harry Potter, dentro de los cuales se encuentran distintas letras góticas mayúsculas puestas prácticamente de manera aleatoria. Si algún lector tiene idea de lo que puede significar, por favor, nos lo transmita. Más: flanqueando este juego geométrico propio de la magia negra o la misma necromancia, hay tres citas latinas: DICTUM FACTUM • FORTIS ET LIBER • ACTA NON VERBA. A lo mejor, dentro de las posibles salidas que tiene estudiar Clásicas o simplemente haber estudiado latín unos años, deberíamos incluir diseñador de ropa de grandes cadenas. Vemos repetida una de ellas en la manga izquierda bajo un símbolo igualmente críptico como el de arriba. ¿De verdad no se preguntan ustedes si los diseñadores de ropa para Pull and Bear pertenecen a una logia masónica?

acta

Cada lado del triángulo tiene un binomio que podemos rastrear en los textos latinos y en internet. ACTA NON VERBA (“actos, no palabras”) está relacionado con el viejo adagio latino: FACTA NON DICTA/FACTA NON VERBA (“hechos, no dichos”); una admonición a actuar, a no quedarse parado hablando sin aportar solución a un problema. Algo más interesante creo que es DICTUM FACTUM, que quiere decir lo mismo que nuestro “dicho y hecho”. Una rápida cata en el corpus de textos latinos (PHI) nos basta para comprobar que estas palabras se encuentran desde la literatura latina más antigua, como en los Annales de Ennio: dictum factumque facit frux (Ann. IX. 314) “dicho y hecho actúa el provecho”. Pero no acaba ahí su presencia, también Terencio lo dejó escrito en una de sus famosas comedias, El castigador de sí mismo: dictum factum huc abiit Clitipho (Ter. Heaut. 904) “dicho y hecho, de aquí se ha marchado Clitifón”. Incluso Séneca lo emplea en De constantia sapientis: hunc adfectum mouet humilitas animi contrahentis se ob dictum factum inhonorificum (Sen. Dial. II. 10. 2) “este estado de ánimo lo produce la debilidad del espíritu que se encoge a causa de un deshonroso dicho y hecho”. Por último tenemos FORTIS ET LIBER (fuerte y libre), que no requiere mayor explicación: fortaleza y libertad, entendidas como dos virtudes de la persona que se precie de cumplir lo que reza la cita. Lo más interesante de todo —y que a mí me chifla— es que fortis et liber es el lema del estado canadiense de Alberta. Si hay que reconocer una cosa a las gentes de América del Norte, ésta es el uso que hacen del latín, los motivos y temas clásicos a la hora de dar una entidad mínimamente nacional a sus territorios, lo cual es un claro producto decimonónico.

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Digamos que el latín da pedigrí o caché a quien lo usa. Ahí está el meollo de la cuestión. El latín “viste”, en los dos mejores sentidos de la palabra. Sirve no sólo para distinguirse de forma algo elitista, sino que también homogeneiza, condición capital para que una moda triunfe. De hecho, el ejemplo de esta sudadera es palmario; las dos lenguas más universales del pasado (latín) y del presente (inglés) unidas en una misma prenda de vestir. Al lado de algunas palabras inglesas escritas en letra gótica, observamos en una grafía de claridad meridiana binomios latinos a modo de lemas cuasi bélicos; como si éstos se tratasen de tres eslóganes —y slogan, como decía López Eire, significa en origen “grito de guerra”— los cuales conminan al portador de la prenda a ser fuerte y libre, a actuar ipso facto, dejándose de palabrería. ¡Bonita declaración, pardiez! Apliquémonosla nosotros para la defensa de nuestros estudios, ya que de ellos han salido.

Ibor Blázquez Robledo

A los de clásicas nos la dan con queso…y algo más

Basta con darse una vuelta por cualquier supermercado patrio o foráneo para descubrir productos con nombres clásicos y algunos de ellos en latín. Así que después de haber recorrido distintos establecimientos en busca de la comida semanal, darme alguna que otra sorpresa e ir haciendo fotografías cual ciudadano nipón en cualquier ciudad europea, procedo a dar unas leves pinceladas para comentar tales imágenes.

1. Óleum del molino

Óleum del molino es un aceite virgen extra de variedad hojiblanca elaborado por Almazaras Valderrama en Montilla (Córdoba). Se trata además del único aceite con nombre latino galardonado con el premio al mejor aceite ecológico en la feria Bio Fach 2012 en Alemania (enlace aquí). Así que ya tenemos los clasicistas dos buenas razones para aderezar nuestras ensaladas. Un servidor, que ha probado ese aceite, constata su buena calidad. He puesto tilde a la palabra oleum para respetar el delicado diseño con el que se ha realizado la etiqueta del producto. Dicha vírgula la vemos representada como una hoja de olivo que recuerda al cliente cómo se ha de pronunciar el nombre, ya que, según la regla de la penúltima, ha de acentuarse la primera sílaba en este caso. ¡Hasta tal punto llega la publicidad!

2. LAVRVS

 

Si lo del aceite no tiene precio, ver un queso cuyo nombre es LAVRVS, escrito con V mayúscula, con una cara extraída de un mosaico romano como anagrama y en la etiqueta unos versos de Virgilio ¡EN LATÍN!, damas y caballeros… esto es impagable. Tal como se ve en las imágenes, la consideración hacia el mundo clásico no puede ser mayor. La quesería artesana LAVRVS, ubicada en Torres de Carrizal (Zamora), es una empresa familiar con ganadería propia dedicada a procesar la leche de sus ovejas y convertirla en estos quesos tan virgilianos (enlace aquí). Los versos en concreto proceden de la tercera Bucólica (Verg., Ecl. III, 62-63) y son una intervención del pastor Menalcas:

Et me Phoebus amat; Phoebo sua semper apud me3. Virgilio
lmunera sunt, lauri et suave rubens hyacinthus.
El que me cuida a mí es Febo; a Febo su ofrenda en mi casa/siempre le tengo: el laurel y el jacinto de suave encarnado”. (Tr.: Juan Manuel Rodríguez Tobal)

La razón por la que esta buena gente decidió acompañar sus quesos con estos versos nos es desconocida de momento. No sé si será hilar demasiado fino, pero me atrevería a decir desde este rincón, donde no he de sufrir las censuras de los sabios virgilianistas, que no es descabellado pensar que la bucólica cita viene dada por los personajillos representantes del género: los pastores. Al fin y al cabo, esta familia son pastores que hacen y comercializan su propio queso; como los de Virgilio, mutatis mutandis. Amén de que al principio de la composición el mismo Menalcas se dirige a las infelices ovejas y este queso está hecho con leche de oveja. El motivo por el que escogen estos versos con referencia a Apolo y a sus amores a través del laurel (Dafne) y el jacinto (Jacinto) me parece un auténtico misterio. Sólo es evidente el hecho de que el queso se llama LAVRVS (“laurel”) y que uno de los versos contiene la palabra lauri. Así que quizá este blog junto a la delegación local de la SEEC y el Departamento habrían de organizar una excursión a la fábrica con fines puramente científicos. ¡Todo sea por la filología! Yo lo dejo caer.

4. vailecus

Y ahora permítanme, queridos lectores de Notae tironianae, que haga un poco de patria, porque los dos quesos que comentamos a continuación (“VAILECUS” y “musgo de capra”) proceden de mi amado valle del Alberche en su parte abulense. VAILECUS es una marca registrada por la empresa “Quesos del Alberche” (Navandrinal, Ávila) que elabora quesos tiernos, semicurados y curados con leche de cabra (enlace aquí). Lo descubrí en Cebreros durante la feria anual de productos de la tierra con motivo de la fiesta de la vendimia y he de hacer justicia a la ciencia y decir que en un primer momento no fui capaz de encontrarle la etimología. Es más, creía que era un nombre inventado y latinizado para darle apariencia de latín. Sin embargo, gracias a los sabios consejos sugeridos por la dirección del blog, se puede dar una respuesta más sensata. VAILECUS puede ser una simple variante del dios celta del inframundo y protector del monte al que los vetones adoraban: Vaelico (VAELICUS). Se encuentra Navandrinal dentro de la zona donde otrora habitaban los vetones. Por tanto, es un hecho harto interesante, pues el nombre de este dios parece estar emparentado con la raíz celta para designar al lobo: vailos (relativamente similar al inglés wolf). Nuestro queso entonces, tiene un nombre con bastante más pedigrí del que creíamos al principio. No es extraño que tenga el nombre de un dios vetón, ya que, al fin y al cabo, están bautizando el producto bajo el patronazgo del protector de los bosques y montes; algo parecido al Fauno Luperco itálico. Mas, como el que suscribe no es autoridad ninguna en el campo del indoeuropeo y mucho menos quiere cometer intrusismo para con los celtistas, animo desde aquí a los expertos en la materia a hablar sobre dicho tema y a publicar una entrada. No cuenta para la ANECA, pero todo se andará.

5. Musgo de capra

Más fácil, afortunadamente, es el regusto latino del producto elaborado por la quesería de Elvira García en El Barraco (Ávila), que goza de varios galardones internacionales y ofrece una gran variedad de derivados de la leche de sus cabras (enlace aquí). Recomiendo personalmente la visita a ambas queserías y a la degustación de tales lácteos. Lo dice un servidor, que ya ha ido varias veces.

6. lacrimus-rex-tomevinos

 

 

7. gladium

 

 

 

 

 

 

No debíamos terminar esta entrada sin la dicha mención a algunos vinos con nombre en latín, haciendo gala de una sana “enofilia”, palabra que el gran Gregorio Hinojo nos dejó registrada en este blog el pasado mes de junio (pueden leer la entrada aquí). El tinto rioja “LACRIMUS REX” forma parte de una amplia tirada de vinos de las bodegas de Rodriguez Sanzo y a juzgar por la simpática huella de dinosaurio que vemos en la etiqueta de la botella, podríamos decir que el apelativo rex le viene del famoso tiranosaurio. Respecto a lacrimus, ha de venir de lacrima (lágrima), pero tal raíz no se encuentra registrada en el corpus con esa desinencia. ¡Otro gazapo al cesto! Los otros dos vinos que traemos aquí tienen un nombre claro y meridiano: gladium y vites virides. ¿La mención a la espada será por lo que corta este caldo o lo fuerte que entra en el estómago? Por otra parte, es todo un acierto poner vites virides a un vino ecológico. En cuanto a si estos vinos son dignos de beberse, he de emitir la callada por respuesta. Invito desde aquí a todos los lectores y a mis compañeros a que organicemos una cata de caldos latinos.

8. Vites Virides

Para terminar, invitamos a los lectores y amigos de este blog que nos envíen fotos e información de todos los productos alimentarios que se encuentren con nombre latino. Con que nos envíen la foto sin más será suficiente. Por último, si esta entrada les ha dado hambre y ganas de atrasar la operación bikini una semana más, por favor, disculpen las molestias. Comer está bien, pero si se puede comer al modo filológico, ¡miel sobre hojuelas!

Ibor Blázquez Robledo

 

 

Tersites, patrono de los tuiteros

Ibor Blázquez Robledo nos envía la nota siguiente:
¿Se le puede ocurrir a alguien relacionar a Tersites, el anti-héroe contrahecho que aparece en la Ilíada de Homero, con los furibundos “tuiteros” que se erigen garantes de la corrección política y con Donald Trump? Pues parece que sí, lectores y amigos de Notae tironianae. ¡Se puede! Fernando Savater escribió hace unos días en EL PAÍS, una columna en la que hablaba de todo ello titulada

Corrección política: Héroes impertinentes

¡Pasen y lean!

Propongo como santo patrono de los tuiteros y otros arácnidos venenosos de la web a Tersites, único antihéroe entre los numerosos héroes de la Ilíada. De él no cuenta Homero ninguna hazaña positiva, sólo una negativa: tras describirlo como feo, jorobado, enclenque y con todos los rasgos fisiognómicos del resentimiento, lo presenta interviniendo a contrapelo en la asamblea de los jefes aqueos para llamar ambicioso a Agamenón y recomendar de modo desabrido el regreso a casa de las tropas aqueas. Indignado contra el primer indignado legendario, Odiseo le atiza un correctivo/represivo con el cetro del ofendido Agamenón. Pero el daño ya está hecho y la unanimidad heroica (coincidían en los fines de conquista aunque no en la estrategia) queda rota. En mis lecturas juveniles del poema, pese a que mi héroe favorito siempre fue Odiseo fértil en recursos, cultivé un culpable aprecio por el impertinente Tersites. Robert Graves escribió que en el fondo también Homero compartía su crítica a los gloriosos bravucones.

Las redes sociales han multiplicado hasta lo infinito y también degradado infinitamente el modelo de Tersites (cuyo padre, por cierto, se llamaba muy adecuadamente Agrio). Contra cualquier celebridad, contra cualquier afirmación de algún notable o incluso ante cualquier desdicha de alguien por lo que sea distinguido, se alza un coro maldiciente, insultante, a veces obsceno. O voces victimistas, que se sienten mortalmente ofendidas por lo que otros dicen, hacen o disfrutan.

El modelo Tersites, en su mejor versión, cumple una función de indudable interés cívico: favorece la discusión de las doctrinas y creencias más sólidamente establecidas. No siempre son los grandes especialistas los más capaces de poner en cuestión las formas de pensar tradicionales, pues suelen saber demasiado como para arriesgarse a objeciones o preguntas muy elementales pero que se revelan decisivas. En cambio los neófitos no tienen tantos miramientos a la hora de cuestionarlo todo. También a veces los Tersites resultan útiles al quejarse de los perjuicios que teorías acrisoladas o perspectivas clásicas causan entre grupos sociales o incluso entidades naturales que hasta hace poco no merecieron consideración. Pero en su cómputo de daños hay que anotar un envilecimiento del espacio público de comunicación por insultos, bromas atroces, calumnias y noticias falsas que tienen a veces serias consecuencias sociales o políticas. Y a menudo exhiben orgullosos la patente de una serie de campos minados por los prejuicios alternativos de grupos de opinión, en los que ni los ángeles se atreven a pisar sin deshacerse de inmediato en excusas ante la menor transgresión de la ortodoxia que pueda soliviantar a la jauría. Veámoslo más de cerca.

Una superstición muy extendida convierte a las opiniones en pequeños recintos monoplazas amurallados que los demás no deben mancillar con dudas: “Toda opinión es respetable”. ¡Vaya sandez! Las opiniones no son armaduras para encerrarse y defenderse del resto del mundo, ni características personales idiosincrásicas que está feo criticar así como nadie debe humillar a otro por ser patizambo o bizco. Toda opinión expresada crea una palestra, un espacio de debate donde se ofrece para ser cuestionada y recibir objeciones o aportes confirmatorios. La única forma aceptable de respetar una opinión es discutirla. Y “discutir”, esa bonita y esencialmente civilizadora palabra, proviene etimológicamente de un verbo que significa zarandear, sacudir, tirar con fuerza de una planta para ver si tiene raíces firmes. De modo que discutir una opinión es zarandearla y someterla a tirones para aquí y para allá, a fin de ver si está bien enraizada en la realidad o es simplemente flora superficial, bonita y aparente pero incapaz de resistir la menor ventolera argumental. No, todas las opiniones no son ni mucho menos respetables, pero todas las personas sí son respetables, opinen como opinen. No hay opiniones sagradas, pero en cambio todas las personas deben serlo.

Desde luego, la libertad de expresar opiniones está sometida a leyes, como cualquier otra acción social humana, que la amparan en muchos casos y la prohíben e incluso castigan en otros. Si yo persigo por la calle a un convecino llamándole imbécil y ogro comeniños, que es mi sincera opinión sobre él, seré amonestado e incluso puedo ser penado (salvo que sea un político de derechas o una fiscal catalana, en cuyo caso no he dicho nada). La vida en comunidad busca y pretende exigir si no el amor fraterno, porque ser santo no es el destino de todos, al menos unos ciertos miramientos convivenciales. Nuestro primer medio ambiente es la sociedad y por tanto también debe tener su propia ecología: para que pueda respirarse en compañía civil hay que evitar la polución de insultos, calumnias, bulos, hostigamientos denigratorios, etcétera.

Hoy Internet es un espacio público primordial, al que deben aplicarse los mismos criterios que a otras plazas, calles o parques. Aún más sabiendo que la sensación de anonimato e impunidad es lo que anima a los contaminadores de la Red. Los escraches mediáticos son a la vez más frecuentes y más cobardes que los otros. Desde luego los castigos deben ser proporcionados (recuerdo a un ministro del Interior alemán que, hace unos años, censurado por haber castigado sólo con multas a unos jóvenes manifestantes neonazis, exclamaba: “¡Toda la estupidez no puede ser encarcelada!”), pero suficientes para dejar claro que la web no es un paraíso sin ley, o sea un infierno. Yo a veces querría ponerles orejas de burro y enviarlos al rincón, ante el resto de la clase…

Lo malo es que los indudables abusos de Tersites pueden llevar a otras arenas movedizas: la de los activistas de la susceptibilidad. Una cosa es saberse ofendido por la explícita y agresiva voluntad de alguno, otra sentirse ofendido por algún planteamiento serio o jocoso que en sí mismo no nos ataca directamente ni implica intención insultante. Pueden denunciarse y repudiarse los ultrajes, pero no impedirse que alguien se sienta ultrajado por gustos y expresiones ajenas que nada tienen que ver personalmente con él. Para quien está triste, hasta un amanecer radiante puede ser ofensivo: pero no debe castigarse el amanecer… Ciertas sectas ideológicas o religiosas son especialistas en sentirse maltratadas por opiniones e imágenes que su dogma desaprueba. Es una forma de exhibir su poder y de ejercer una tiranía social que los halaga: lo políticamente correcto, que es en ocasiones muestra de conformismo timorato o de oportunismo electoral, refleja su triunfo en demasiados campos. La contrapartida por vivir en una sociedad que tolera nuestras más improbables creencias es tener que aguantar a quienes las critican o ridiculizan. La postura histriónica de sentirse herido en sus convicciones, como si éstas formasen un cuerpo místico en torno a nuestro cuerpo material, no puede anteponerse a la libertad de expresión de los demás, a la cual no tenemos obligación de hacer caso. Y tampoco es de recibo ese tópico hábilmente acuñado que convierte cualquier crítica a grupos o doctrinas en una “fobia”, es decir en una enfermedad moral que dispensa de atender los argumentos ajenos.

Con mejores o peores razones, uno puede plantear objeciones a comportamientos de musulmanes sin ser islamófobo, o de homosexuales sin ser homófobo, o de católicos sin padecer anticatolicismo mórbido, etcétera. Y aunque uno padeciera tales supuestas dolencias ideológicas, no puede ser excluido de la convivencia cívica salvo que su comportamiento transgreda derechos legalmente reconocidos. Llevar estos prejuicios al campo educativo, como exigen los que rechazan en las aulas ciertas obras clásicas de la literatura o el pensamiento por incurrir en pretendidas ofensas a su peculiar moralidad, es particularmente grave: precisamente uno de los objetivos de la educación es familiarizarnos con criterios distintos a los que conocemos o explorar los límites y contradicciones de éstos. Además, ciertas manifestaciones artísticas, publicaciones humorísticas… pueden parecernos de mejor o peor gusto, pero deben gozar de una licencia mayor para ir más allá de las conveniencias. Algunos dirán irritados: “¡Pues si todos hiciésemos lo mismo…!”. Al oír semejante protesta, Bertrand ­Russell solía señalar que el cartero puede llamar a todas las puertas de la casa, mientras que el resto de los vecinos no goza de tal privilegio.

Los Tersites modernos, tanto online como presenciales, aparecieron primero entre grupos sociales excéntricos o de oposición a lo establecido. Pero gradualmente han ido ocupando un puesto más preeminente, hasta llegar a convertirse en autoridades más temidas que los jefes oficiales: nadie en un alto puesto se atreve a enfrentarse directamente a ellos o a arrostrar sus iras. En cierto modo, encarnan la moral de los puritanos agresivos, aquellos que en Salem denunciaban comportamientos indecorosos o extraños que podían llevar a alguien a la hoguera. Conozco periodistas y políticos capaces de enfrentarse alegremente a cualquier Gobierno, pero que tiemblan ante la posibilidad de verse señalados en las redes por feministas o animalistas…

Probablemente esta dictadura del pensamiento correcto ha favorecido sensu contrario la exaltación de Donald Trump, una especie de anti-Tersites pero que utiliza todos los medios propios de Tersites contra los de ese mismo gremio. Incluso desde el puesto institucional más poderoso continúa tersiteando: ¡Agamenón convertido en Tersites! Mucha gente, harta de la corrección impuesta dogmáticamente, se siente aliviada por su impío cerrilismo. No es el único jefe político en recurrir a falsificaciones escandalosas, de datos o documentos gráficos, para apoyar su propaganda…, algo que antes sólo se atrevían a hacer descaradamente los extremistas marginales de las redes. Mal asunto.

Lo mejor de Tersites fue siempre su vigilancia para señalar críticamente la desnudez del rey, que por tanto no podía nunca pavonearse impunemente; pero ahora que los reyes alardean del tamaño de sus vergüenzas, ¿cómo convencerlos de que se tapen un poco por elemental decoro?

Lupercalia musicales

De nuevo es 14 de febrero y vuelve a ser San… ¡san Cirilo y san Metodio, demontres!, que en el santoral san Valentín es, con todos mis respetos, un santo menor del que apenas nada se sabe. Sin embargo, a Cirilo y Metodio se los considera los “inventores” del alfabeto glagolítico y a su vez desarrollaron el cirílico, inventado un siglo antes por san Clemente de Ohrid. Pero vamos al grano, que me disperso.

De millones de vídeos que hay colgados en youtube siempre es grato encontrar de vez en cuando uno que hable sobre algún tema relacionado con Grecia o con Roma. Hoy aprovechamos la fecha para traer a nuestra singular palestra una creación musical sobre las Lupercalia (Lupercales) romanas y su relación con san Valentín, publicada hace pocos días. Estos festejos se celebraban en torno al 14 ó 15 de febrero. Se trataba de un antiguo ritual de purificación —februatio, cuya etimología obviamente está relacionada con el nombre del mes de febrero— relacionado también con la fertilidad y el paso de los adolescentes a la vida adulta. Pero antes de leerme a mí y que los aburra, vean el vídeo que es más divertido: aquí.

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Recreación de las Lupercalia

Lo más curioso de todo es que el canal no está relacionado con el mundo clásico ni su divulgación. Es un rinconcito donde Rodrigo Septién se dedica a hacer vídeos musicales en los que se toma con bastante humor temas como POKEMON GO, el Gordo de Navidad o las mismísimas elecciones. En resumen, un “youtuber”. ¿Hay algo que sea de mayor actualidad que esta nueva ocupación? Según él mismo dice en la caja de descripción del vídeo, quería hacer una parodia que se alejara de los típicos convencionalismos de San Valentín y hablar sobre los orígenes de la fiesta, en colaboración con un amigo suyo: Pascu. Resaltemos que estos chico no son filólogos clásicos, hasta donde yo sé. Sin embargo, se han interesado por una fiesta romana, y quizá estén haciendo más publicidad a Roma que la que nosotros podemos hacerle desde las aulas. Por eso quiero recoger esta pequeña muestra de divulgación —bastante heterodoxa por cierto— y publicarla en nuestro blog, porque ése es el siguiente nivel.

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Tarjeta para felicitar las Lupercalia

La gente puede leer información en internet -o a lo sumo en bibliotecas- sobre lo que era el mundo antiguo y tener una idea aproximada de lo que es, adquiriendo así cierto barniz cultural; pero otra cosa es el filtro académico, el pensamiento crítico. Ahí es donde entramos nosotros, quienes bregamos con los textos todos los días, los estudiamos, traducimos, editamos… e incluso me atrevería a decir que soñamos con ellos, en el sentido más obsesivo y enfermizo, claro está. Somos, al fin y al cabo, los mediadores entre el texto y la gente. Por tanto, hay que aplaudir la iniciativa de Rodrigo Septién, que nos ha hecho a todos un favor, dando a conocer una fiesta romana de la manera más distendida posible.

Ibor Blázquez Robledo

COPE Pinares 92.2. FM

Os invitamos a escuchar a un conocido de este blog, Ibor Blázquez Robledo, que tiene una sección, El gato pirulato, sobre palabras antiguas dentro del programa Las mañanas de Pinares. Lo emite la emisora COPE Pinares 92.2 FM, desde San Martín de Valdeiglesias.

Os remitimos al podcast del último programa, que podéis escuchar pinchando aquí.

Susana González Marín

De superhéroes y tradición clásica

A lo largo de nuestra existencia virtual nos hemos declarado muchas veces adeptos al cómic y a defender este “género” como una vía apta para la transmisión de nuestras disciplinas a través del humor, la depuración del dibujo o el exotismo de las imágenes. Hoy vemos confirmados nuestras ideas por alguien que ha estado metido dentro del negocio y lo que es más importante aún: NO ES FILÓLOGO CLÁSICO.

Una amable seguidora nos enviaba el enlace a la entrevista con el dibujante de Marvel, Claudio Castellini, que el pasado 18 de enero publicaba el periódico El País, con este título: “Los superhéroes y la mitología clásica tienen las mismas raíces” (enlace aquí). Resulta muy interesante que un medio de comunicación de masas haya escogido ese  título para una entrevista de ese cariz, donde se hablan de muchas cosas más. ¿Buscarían los autores impacto por la unión de dos conceptos en principio tan alejados? ¿Será que El País sea el diario más leído por los filólogos clásicos? Lo que está claro es que Claudio Castellini reivindica que el superhéroe y el mundo que le rodea tiene que ver mucho con la herencia de la Antigüedad. ¿Quién no ve la proporción aúrea o el canon de Policleto en Batman o en Superman? ¿Quién no ve a los superhéroes como una especie de semidioses a causa de sus poderes sobrenaturales? ¿Quién no ve en Robin y en Batman algo “griego”, por decirlo de alguna manera?

No podemos dejar pasar aquí este hecho significativo. Ya no es que los clásicos estén de moda, es que la Tradición Clásica se mantiene y se reconoce por parte de la gente que crea: ya sea escultura, pintura, poesía, novela o, como es en ese caso, dibujo y narración del cómic. Parece que la dignificación del género llega una vez más de la mano de la herencia que nos han legado los antiguos.

Ibor Blázquez Robledo