Una nueva Odisea ilustrada

Hace unos meses la profesora Eusebia Tarriño compartía en este blog su lectura de Una Odisea. Un padre, un hijo, una epopeya). En este libro, Daniel Mendelsohn narra la relación con su padre, y su familia extensa, a través de un seminario sobre el poema homérico que él mismo impartió y al cual su padre, un matemático octogenario ya jubilado, asistió como alumno.

La Odisea queda en familia de nuevo (como bien titula Peio H. Riaño esta entrevista a sus dos autores ) a propósito de La Odisea: Ilustrada, editada por Malpaso; puesto que la selección y traducción de  textos corren a cargo de Carmen Estrada (catedrática de Fisiología que, tras jubilarse, se matriculó en Filología Clásica) y las ilustraciones pertenecen a su hijo, el dibujante Miguel Brieva.

Además, esta Odisea parece ser una fiel hija de sus tiempos. Por una parte, Estrada busca con su traducción enfatizar el papel de las mujeres en la travesía de Odiseo. Como ella misma señala en la entrevista arriba mencionada: “Ellas llevan su [la de Odiseo] narración. Entonces, ¿quién es el protagonista? Ellas son esenciales.” Un papel que, al volver al griego original, vio en muchas ocasiones mermado e incluso borrado por completo de las traducciones, como también indica en la entrevista.

Esto me recuerda al enfoque con el que Emily Wilson afrontó su traducción de la Odisea al inglés, la primera traducción a este idioma llevada a cabo por una mujer. No obstante, desconozco si Estrada ha leído la traducción de Wilson o si conoce la polémica que algunas de sus elecciones, en concreto las que tenían que ver con el vocabulario en torno a las mujeres del poema, tuvieron en ciertos ámbitos académicos así como en algunos medios.

Por otra parte, este ir y venir sobre el griego original y sus posteriores traducciones por parte de Estrada, nos ofrece una concepción del poema homérico consciente de la importancia de su recepción, en este caso, en traducciones, a lo largo de los tiempos, como la propia Estrada reflexiona también en la entrevista: “Es un libro que tiene infinitas lecturas, porque es un reflejo de quienes la leen. Ahora podemos hacer esta lectura, porque las mujeres hemos pasado desapercibidas durante muchos años.” A su vez, en su presentación del libro la editorial señala cómo Brieva entabla un diálogo interdisciplinar con Homero a través de sus ilustraciones, un elemento más de la recepción del poema.

Marta Martín Díaz

Donald Tusk en Atenas

En cuanto un mandatario político pisa suelo griego siente una acuciante necesidad de confesar su pasión secreta por los clásicos (a veces ni siquiera les hace falta excusa). En esta línea y para no ser menos que Boris Johnson, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, se marcó el otro día en el Foro de la Democracia 2019 de Atenas un florido discurso de inauguración (puedes leer el original aquí) en el que agradece la invitación al acto por tres motivos de índole distinta.

Primero, por razones personales: su gran pasión por los clásicos griegos. Tusk, historiador, tiene a bien contarnos que antes de los diez años ya había leído la Iliada en polaco y que Homero había dado sentido a su vida; ya de mayor, cuando visitó por primera vez la Acrópolis y abrazó una columna del Erechtheion no pudo contener las lágrimas. Relaciona directamente su vocación política con otra anécdota relacionada con el mundo clásico: en la Enseñanza secundaria, tras una lectura de la Antígona de Sófocles, se vio obligado en un debate en clase a actuar como abogado de Creonte, logrando que el juicio simulado quedara en tablas.

La segunda razón es su deseo de, inspirado por los clásicos, aprovechar la oportunidad de liberar al término “política” (la politeia griega y la res publica ciceroniana) de las actuales connotaciones negativas y devolverle su sentido original: una actividad al servicio del bien común. La situación actual, cuyos puntos calientes enumera -el Brexit, Trump, los paises de Centroeuropa oriental o la frontera entre Rusia y Ucrania-, sin duda merecería el análisis del historiador Tucídides.

Finalmente, el tercer motivo es el agradecimiento por el premio otorgado a su amigo Paweł Adamowicz, alcalde de Gdansk, que fue asesinado en enero de este año durante un acto benéfico en el que participaba. No falta tampoco la alusión al mundo clásico, en este caso un contraejemplo menos familiar que las referencias anteriores: Demetrio Poliorcetes, rey de Macedonia, que se mostraba, según la biografía que de él redactó Plutarco, orgulloso de ese sobrenombre, “expugnador de ciudades”. A diferencia de este, Adamowicz trabajó en la idea de que no todo está perdido, de que el amor es más fuerte que el odio, de que la solidaridad lo es más que el egoísmo.

Es posible que el mundo clásico aporte al actual muchas cosas, pero sin duda una fundamental es ser un instrumento de lucimiento para políticos y otras figuras públicas. Eso sí, a la hora de favorecer su estudio y conocimiento para amplios sectores de la población el entusiasmo decae considerablemente. Lo clásico es un adorno y, por tanto, prescindible (para los demás, porque a ellos sí les gusta lucirse); eso sí, ¡a qué cosas tan monas nos dedicamos!.

Susana González Marín

EL cíclope en la mitología asturiana

Polifemo y sus compañeros cíclopes, gigantes y de un solo ojo en medio de la frente, retratados en Odisea IX de Homero, dejaron tras de sí una estela en la tradición posterior. Tal es el caso de la mitología asturiana, con los pataricos, que tienen su paralelo en el ojáncano cántabro y en el tártaro vasco.

En el trabajo El Vocabulario del Bable Occidental (1932), de Bernardo Acevedo Huelves y de Marcelino Fernández Fernández, aparecen descritos los pataricos, que son unos gigantes de un solo ojo que habitan en pueblos costeros e inhóspitos.

Al igual que los cíclopes, devoran a los visitantes que osen acercarse a su morada. Recordemos el canto IX de la epopeya homérica, cuando Ulises y sus compañeros recalaron en una gruta donde habitaba un cíclope. Poco a poco se fue comiendo a los compañeros de nuestro héroe, pero luego trazaron un plan para engañarle y resultó efectivo: primero le emborracharon con vino y luego le quemaron el ojo, produciéndole ceguera.

Es clara la influencia marítima en esta tradición: los cíclopes habitan en la costa y los pataricos en la costa asturiana. En Asturias hay una larga tradición pastoril y al igual que el cíclope, elaboran queso (el Cabrales) y lo llevan a madurar en las cuevas, bajo óptimas condiciones de humedad, durante aproximadamente cuatro o seis meses.

El mar, las cuevas, los carneros y la elaboración del queso por parte de Polifemo son elementos comunes.

Los dos autores anteriormente citados determinan que la creencia en este mito desapareció aproximadamente en el año 1880.

En este artículo de La Nueva España, escrito en bable, podéis leer detalles sobre el mito que nos ocupa.

Elena Villarroel Rodríguez

La Odisea de Mendelsohn

Daniel Mendelsohn, Una Odisea. Un padre, un hijo, una epopeya, Barcelona: Seix Barral 2019 (trad. R. Buenaventura)

Daniel Mendelsohn (Nueva York, 1960) estudió Filología Clásica en Virginia y Princeton, y en la actualidad escribe para diversas publicaciones (The New Yorker, The New York Times, etc.) y es profesor de Humanidades en una facultad (Bard College), situada al norte de Nueva York. En 2011 ofreció durante un cuatrimestre un seminario sobre la Odisea para alumnos de primer año. Nada extraordinario si no hubiera sido porque entre la decena de jóvenes que no habían cumplido aún los 20 años se añadió un alumno extraordinario, que sobrepasaba los 80, y que además era el padre del profesor, Jay Mendelsohn, un matemático retirado.

Cuando el primer día de clase Daniel Mendelsohn se encontró frente a este peculiar grupo -unos alumnos poco participativos y, además, su padre, un feroz crítico de Odiseo-, pensó que aquello iba a ser una pesadilla. Pero fue una enriquecedora odisea que le permitió conocer mejor a su padre, y tras la cual ambos se embarcaron en un crucero por el Mediterráneo para visitar los lugares por los que pasó el héroe homérico. Fruto de aquellas experiencias es esta Odisea poliédrica y absorbente.

Mendelsohn_The-Odyssey_Social

En ella conocemos a Mendelsohn hijo y su temor reverencial hacia un padre incapaz de explicarle los problemas escolares de matemáticas; un hijo que, como Telémaco, descubre a través de otras personas aspectos sorprendentes de esa figura paterna cuando no es su padre, sino simplemente un hombre, un colega, un amigo, un compañero de clase. Conocemos también a Mendelsohn padre, aventajado estudiante de latín en su juventud, para quien solo lo difícil merece la pena, investigador de proyectos secretos, frustrado doctor y frustrado viajero, y con ánimo para volver a las aulas a seguir aprendiendo de los clásicos, a los que renunció en el instituto. Y conocemos a toda la familia, la madre, los hermanos, los abuelos. Como dice Mendelsohn, cuando somos pequeños pensamos que nuestra familia es el mundo y que todo el mundo es como nuestra familia. Solo después nos damos cuenta de que, más bien, cada familia es un mundo. Y no hay nada más interesante, creo yo, que contrastar experiencias y conocer otros modelos humanos.

En este libro Daniel Mendelsohn es un Telémaco en busca de su padre; es un Odiseo, que conduce a sus alumnos en la travesía del aprendizaje (qué diferente la estrategia pedagógica respecto a lo que estamos acostumbrados); y es un Homero que, sirviéndose de verdaderas acrobacias narrativas y cronológicas (como él dice a propósito de Homero), nos lleva en un viaje zigzagueante por los rincones de su memoria familiar mientras compone una obra imperecedera a la memoria de un héroe, su padre.

En este enlace de la editorial se puede leer el primer capítulo.

Eusebia Tarriño Ruiz

 

 

#Homero2019

Pablo Maurette, profesor de literatura comparada e investigador del Centro de Estudios sobre el Renacimiento Italiano de la Universidad de Harvard, ha lanzado una propuesta (#Homero2019) a sus seguidores de Twitter:  leer un canto de la Ilíada cada semana y comentarlo en Twitter. La lectura de cada canto empieza los martes, siempre con el vídeo de una persona leyendo los primeros versos. La sección Verne de El País se ha hecho eco de la propuesta y nos da una muestra de los comentarios enviados.

Homero y Podemos

Seguimos publicando los envíos que nuestros colaboradores nos hicieron llegar en verano. En este caso Mª Ángeles Martín Sánchez y, unos días después, Begoña Alonso Monedero coincidieron en mandarnos esta columna de Fernando Vallespín publicada en El País el 9 de septiembre: Homero y Podemos.

Desde Homero a María Rodés: las Pléyades

Eclíptica, el nuevo disco de Maria Rodés, presentado hace unos días en el teatro Juan del Enzina (puedes ver fotos), ha sido inspirado por la labor y los diarios de su tío bisabuelo, el astrónomo Lluís Rodés, director del observatorio del Ebro (lee aquí la entrevista en El País sobre el nuevo disco). Y puesto que tanto griegos como latinos también miraron al cielo con afán de explicar lo que veían, en este disco también hay sitio para la mitología, como es el caso del tema Pléyades.

Pléyades (puedes ver el videoclip aquí)

“L’Etoile Perdue”-Adolphe Bouguereau (1884)

 

 

Andan juntas por el cielo,
sin separarse jamás,
como niñas asustadas.
Fueron víctimas de Orión.

Él se encaprichó de todas,L'Etoile Perdue (La Pléyade Perdida) de William-Adolphe Bouguereau (1884)
preso de su juventud.
Y abrumado por su encanto,
sin cesar las persiguió.

Siete años sin parar,
sin parar de escapar.
¿Hacia dónde? No lo sé,
pero hay que correr.

Alguien las convirtió en palomas,
para ayudarlas a escapar.
Ellas volaron hacia el cielo
y allí el toro las meció.

Ya solo puedo ver seis,
falta una séptima que huyó.
Se moría de vergüenza
por amar a un ser mortal.

Siete años sin parar,
sin parar de escapar.
¿Hacia dónde? No lo sé,
pero hay que correr
hacia algún lugar
lejos de la gravedad.

La pobre se enamoró,
presa de su finitud.
Tuvo que aceptar que un día
su amor se moriría.
Y su luz debilitada
de pena se apagaría,
de pena se apagaría,
de pena se apagaría.
de pena se apagaría.

Eratóstenes, en su Catasterismo, explica así este cuerpo celeste:

La constelación de las Pléyades se encuentra en el llamado corte del lomo de Tauro. Reunidas en un racimo de siete estrellas, dicen que son las hijas de Atlas, y por eso se las denomina «siete pasos». Sin embargo, no son visibles las siete, sino sólo seis, y se da de ello la siguiente explicación: seis de ellas se unieron a diversos dioses, y la séptima se unió a un mortal. De entre las primeras, tres se unieron a Zeus (Electra, de la que nació Dárdano; Maya, madre de Hermes, y Taígete, de la que nació Lacedemón). Otras dos se unieron a Posidón (Alcíone, madre de Hiereo, y Celeno, de la que nació Lico). Se cuenta que Estérope se unió al dios Ares, de cuya unión nació Enómao. Finalmente Mérope se unió al mortal Sísifo, motivo por el que no se nos muestra visible. Entre los hombres gozan de muy buena reputación, ya que anuncian el comienzo de la primavera. Su disposición en el firmamento es muy feliz, pues dibujan la forma de un triángulo, según dice Hiparco. (Trad. Antonio Guzmán Guerra).

Las Pléyades fueron forjadas por Hefesto en el escudo de Aquiles (Ilíada XVIII, vv. 483-489):

Hizo figurar en él la tierra, el cielo y el mar,
el infatigable sol y la luna llena,
así como todos los astros que coronan el firmamento:
las Pléyades, las Hiades y el poderio de Orión,
y la Osa que también denominan con el nombre de Carro,
que gira allí mismo y acecha a Orión,
y que es la única que no participa de los baños en el Océano
.
(Trad. Emilio Crespo Güemes)

En sus Trabajos y días (trad. Aurelio Pérez Jiménez y Alfonso Martínez Díez), Hesíodo las señala como punto de inicio de los trabajos de primavera (al surgir las Pléyades descendientes de Atlas, empieza la siega; y la labranza cuando se oculten), en el calendario del labrador (luego que se oculten las Pléyades, las Híades y el forzudo Orión acuérdate de que empieza la época de la labranza) y también en el calendario de la navegación (te advierto que cuando las Pléyades huyendo del forzudo Orión caigan al sombrío ponto […] arrastra la nave a tierra y cálzala con piedras), ya que se pueden ver en el firmamento desde principios de mayo hasta mediados de noviembre. Y así las recoge, tiempo después, Virgilio en su Geórgica I: Antes las Pléyades, hijas de Atlas, se te oculten mañaneras y la constelación de Gnossos, de brillante Corona, se retire, que deposites en los surcos las semillas que les corresponden y que te apresures a confiar la esperanza del año a la repelente tierra. (Trad. Tomás de la Ascensión Recio García y Arturo Soler Ruiz).

Marta Martín Díaz

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