Compara la red de calzadas romanas con las modernas autopistas

Este reportaje de El País, “No es una guía de autopistas, es un mapa de calzadas romanas“, firmado por Emilio Sánchez Hidalgo, te invita a comparar el mapa de las calzadas romanas en la Península ibérica con la red moderna de autovías y autopistas. Contiene un enlace a la interesante página de Isaac Moreno, Las vías romanas de Castilla y León.

 

Viriato

Viriato -o Viriathus en latín- es el nombre de un pastor y caudillo lusitano de la Antigüedad que no tardó en convertirse en leyenda. Nació en algún momento del siglo II a.C. en el territorio que, más tarde, tras la conquista romana de la península Ibérica y su conversión en provincia, recibió el nombre de Lusitania. Los lusitanos se encontraban principalmente en la parte central de la actual Portugal, extendiéndose de norte a sur desde el río Duero hasta el sur del Guadiana y de oeste a este desde la costa Atlántica hacia el interior peninsular, donde se encontraban otras tribus de origen céltico como los vetones, conocidos por los becerros de piedra. El origen de los lusitanos, por otro lado, es incierto; lo único seguro es que se trataba de una tribu indoeuropea.

Todas las menciones sobre Viriato pertenecen a fuentes clásicas. Cicerón habla brevemente de él  en su tratado filosófico De Oficiis y Apiano, historiador romano de origen griego, lo hace en el libro VI de su Historia romana con motivo del engaño sufrido por los lusitanos a mediados del siglo II: el entonces gobernador de la Hispania Ulterior, Galba, tras prometerles tierras que cultivar y donde asentarse en paz, les tendió una trampa ayudado por Licinio Lúculo -gobernador de la Hispania Citerior-, en la que un gran número de lusitanos desarmados fue asesinado sin poder defenderse. Según Apiano, Viriato fue uno de los pocos supervivientes de la masacre que, posteriormente, acabó convirtiéndose en caudillo y dirigiendo la resistencia lusitana -junto a otras tribus en su mayoría célticas – frente a la conquista romana de la Península Ibérica.

El episodio que lo consolidó como jefe militar fue la estratagema que consiguió llevar a cabo frente al ejército de Cayo Vetilio en el año 147 a.C., enfrentamiento que en un primer momento parecía decidido a favor del ejército romano.  Cercados en la ciudad de Urso -actual Osuna, en la provincia de Sevilla-, los lusitanos recibieron una oferta para pactar con los romanos, algo que fue rechazado. Pese a su posición de inferioridad, consiguieron derrotar al ejército de Vetilio y la fama de Viriato comenzó a expandirse. En las Periochae de Tito Livio, una serie de resúmenes de su obra Ab urbe condita, se menciona esta derrota y el terror que inspiraba entre las tropas romanas como el motivo por el que se precisaría de la ayuda de un cónsul y su ejército.

En los años sucesivos, el lusitano arrebató la victoria a todos los gobernadores enviados por Roma que marcharon contra el gran ejército que logró unificar bajo su mando. Este hecho era algo novedoso en las tribus de la península, acostumbradas a elegir y regirse por sus propios jefes militares; por otro lado, algo necesario para hacer frente a las poderosas legiones del ejército romano.

Una táctica militar utilizada recurrentemente a lo largo de la Historia y conocida a partir de la ocupación francesa de España en el siglo XIX como guerra de guerrillas fue la segunda novedad que contribuyó a hacer frente a la ocupación romana de la península. Sin embargo, la suerte del ejército de Viriato no tardó en mermar. Conforme al relato de Apiano, en el año 142 a.C. Roma entregó el mando de dos legiones al entonces cónsul Máximo Serviliano, además de recurrir a jinetes númidas -tribus nómadas de origen bereber, en la actual Libia- y algún que otro elefante. Serviliano acabó siendo derrotado y firmó un tratado de paz con Viriato en el que le concedía el título de rey de Lusitania y la paz entre Roma y su tribu. Sin embargo, Servilio Cepión, sucesor de Serviliano y detractor del pacto, logró convencer al senado de reanudar la guerra.

En un primer momento, Viriato siguió celebrando la victoria pero su ejército se encontraba muy debilitado por la guerra, que se había alargado hasta llegar a los ocho años. Cepión, tras recibir ayuda enviada desde Roma, sobornó a los embajadores que el lusitano envió para pactar definitivamente la paz: estos últimos lo asesinaron durante la noche mientras dormía en su tienda.

El año 139 a.C. la muerte de Viriato supuso el fin de la resistencia lusitana, que no consiguió recuperarse de la pérdida. El ejército se rindió cerca del río Guadalquivir mientras huía de las legiones de Cepión. Este año también dio origen a diversas leyendas como la que aún hoy circula acerca de la suerte de los embajadores que traicionaron a Viriato: Cepión, que les había prometido favores como pago por el asesinato, en cambio, les dio muerte formulando la sentencia “Roma no paga a traidores”.

Candela Prieto Serres

Guía por el León romano I

Esta entrada es la primera de una serie que ofrece orientación para conocer mejor el pasado romano de la ciudad de León.

Aunque quizá una de las etapas de la historia de León que más se conozca sea la medieval, cuando era capital del Reino de León (uno de los reinos medievales más importantes, que tuvo un papel protagonista en la Reconquista y donde se celebraron por primera vez en Europa unas elecciones parlamentarias en las que estaban representados todos los estamentos y cuyo testimonio aún perdura en los Decreta de 1188), sin embargo, no hay que dejar a un lado el origen romano de esta histórica ciudad, de la cual aún conservamos grandes vestigios.

El pasado romano de León tiene un vínculo muy estrecho con la actividad militar. Los primeros pobladores fueron los soldados de la Legio VI Victrix, apodada finalmente Hispaniensis. Esta legión ya había participado en las Guerras Cántabras (29-19 a.C.) en el norte peninsular y llegó a la actual León entre los años 15 y 10 a.C., asentándose en un campamento militar entre los ríos Bernesga y Torío para permanecer allí casi un siglo, pues en el año 70 d.C fue trasladada hasta el Rin para sofocar revueltas germanas.

La misión fundamental de esta legión en este enclave geoestratégico era la de mantener el orden y controlar las explotaciones auríferas y las rutas hacia ellas del Noroeste de Hispania (destacamos Las Médulas, considerada la mayor mina de oro a cielo abierto de todo el Imperio Romano y ubicada en el noroeste de la provincia de León).

Posteriormente será la Legio VII Gemina (creada en Clunia por Servio Sulpicio Galba en contra del emperador Nerón) la que ocupe casi un siglo más tarde el lugar en el que había estado emplazada la Legio VI Victrix.

Esta legión, la Legio VII Gemina, constituirá un caso único en la Hispania romana, pues tras la reforma de Vespasiano sobre la distribución de las legiones romanas del Imperio, será la única que permanezca en el territorio peninsular. Por otra parte, probablemente este campamento es el vestigio más antiguo existente en Hispania de fortificación militar de piedra de la época imperial.

Por todo ello, la ciudad de León es un destino muy suculento para conocer de cerca el mundo romano debido a todo lo que se conserva de la época y los museos que lo tratan.

La excursión a León tendría una duración de un día, saliendo de Salamanca a las 07:00 horas y regresando de León a las 21:00 para aprovechar el máximo tiempo posible.

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El propio Ayuntamiento de León ha hecho un mapa para seguir punto por punto los restos arqueológicos romanos más importantes que se conservan en la ciudad

1. LAS MURALLAS:

La línea en color rojo determina la antigua muralla,de la cual aún se conservan tramos, que rodeaba el campamento y que actualmente rodea el casco antiguo.

“La Legio VII construyó su primera fortificación en el siglo I d.C. La segunda fortificación, conocida como “la muralla de cubos”, data de finales del siglo III o inicios del IV d.C. Tiene más de siete metros de anchura y conserva 36 torres o cubos, aproximadamente la mitad de las que debió tener inicialmente, además de otras 8 que flanqueaban sus puertas. Están regularmente conservadas, desde la Torre de los Ponce, detrás de la Plaza Mayor, hasta Puerta Castillo y, desde aquí, hasta la Torre de la Basílica de San Isidoro.

De esta manera, se comenzaría la visita en la plaza de la Basílica de San Isidoro (1) (uno de los conjuntos arquitectónicos más destacados del arte románico en España, en el que hay un panteón de los reyes de León y cuyo museo tiene el “Cáliz de Doña Urraca”, posible Santo Grial). Si se quisiera entrar en el museo de la Basílica, por grupos (máximo 20 personas) tendría un coste de 4 euros por persona e incluiría una visita guiada. El horario de apertura dependería del mes, pero generalmente está abierto de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00 h.

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Panteón de los Reyes de León (San Isidoro)
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Fachada de la Real Colegiata de San Isidoro

Saliendo de la Plaza de San Isidoro se encuentra parte de la muralla romana:

4No obstante, también se puede observar la muralla en otras calles:

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Avenida de los Cubos

Cerca de la Avenida de los Cubos, se encuentra el Centro de Interpretación del León Romano, allí hay un tramo de muralla por el que se puede pasear por encima.

La posibilidad de pasear por encima de las murallas también se repite en el Parque del Cid, que se encuentra entre 1 y 4 y desde el que se puede observar la parte trasera de Casa Botines (obra de Antonio Gaudí, de estilo modernista), la fachada del Palacio de los Guzmanes (actual sede de la Diputación de León) y un poco de la fachada de la Catedral de León (gran monumento de arte gótico).

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Murallas en el Parque del Cid
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Vistas desde las Murallas del Parque del Cid. A la izquierda, Palacio de los Guzmanes. A la derecha, Casa Botines

Continuará

María Teresa Romero

¡Ave, Caesar! Adriano en Murcia (y con twitter)

¡Ave, Caesar! fueron las palabras que se escucharon hace apenas cuatro años tras descubrir esta pieza de mármol, un busto del emperador romano Adriano (76-138 d.C.) en el yacimiento de la Villa de los Torrejones, una de las cuatro residencias romanas que se encuentran a escasos kilómetros de Yecla, Murcia.

En las excavaciones de dicha villa hallaron en el 2014 dos piezas artísticas; por un lado, un busto masculino, de mármol blanco, de unos 52  cm de altura, 25 centímetros de ancho y 28 de profundidad, y por otro lado, otra estatuilla de talla algo inferior, una cabeza femenina de la misma época, cuyas dimensiones son de 17,5 centímetros de alto y 13 de ancho y que, según Liborio Ruiz Molina, el director de las excavación, se trata de una representación de la esposa de Adriano, Vibia Sabina, divinizada bajo la apariencia de una Venus.

Tales piezas han aparecido en una estancia de la villa destinada a funciones ligadas al agua ya que, como los arqueólogos comentaron, presenta en su interior una base encintada de canales. ¿Qué hacían los bustos ahí? Es algo que aún no se conoce; sin embargo, las primeras opiniones se centran en dos principales hipótesis; la primera, que se trate de un edificio público con una funcionalidad cultual bajo la tutela del emperador; o que, por el contrario, su carácter fuese privado y en este caso nos estaría indicando que el propietario y su familia debían de ser gentes con una posición económica y social elevada, siendo cercanos al círculo próximo al emperador.

En cualquiera de los casos, la estatua tendría la tradicional y usual función de culto, tal y como se acostumbraba a hacer en la antigua Roma y Grecia con las figuras de héroes, emperadores, personajes de gran consideración para la sociedad romana y que además de adornar lugares públicos, podían decorar ciertos lugares de las villae, para embellecer diversas estancias, como los jardines, el atrium, o los baños.

La pieza ha sido datada en torno al año 135 d.C., tres años antes de la muerte del emperador, representándolo con unos 59 ó 60 años de edad, en puertas de la senectud.

En cuanto al estado del busto, el arqueólogo Liborio Ruiz Molina afirma que la pieza se caracteriza por su excelente estado de conservación y factura; es un busto erigido sobre base o peana de sección cuadrada que mantiene la cabeza ligeramente escorada hacia la izquierda. Tiene el rostro barbado y el cabello rizado, dispuesto en bandas onduladas, adquiriendo la zona de la frente un aspecto de aureola.

Por otra parte, se ha indicado que podemos encontrar bustos similares del emperador Adriano, en lugares como el Palazzo Máximo alle Terme de Roma, el Palazzo dei Conservatori de Roma, la Galeria degli Uffici de Florencia, el British Museum de Londres y el Museo de Israel en Jerusalem. En España, hay ejemplares en el Museo del Prado, en el Museo Arquelógico de León, pero la más parecida es la que se encuentra en el Museo Arqueológico de Sevilla.

Para saber más acerca de la pieza, disponemos de una ingeniosa cuenta de twitter cuyo usuario es el propio busto de Adriano y donde podemos encontrar todas las noticias que se comentan sobre ella.

Naiara Villaverde Lozano

En estas páginas podéis encontrar más información:

http://www.abc.es/cultura/20150205/abci-hallan-busto-romano-201502051701.html

http://museoarqueologicodeyecla.org/coleccion/busto-de-adriano/

http://www.nationalgeographic.com.es/historia/actualidad/un-busto-de-adriano-sale-a-la-luz_8982

http://portalclasico.com/descubierto-un-busto-de-adriano-en-yecla-murcia

https://www.murcia.com/yecla/noticias/2015/02/05-hallado-un-busto-del-emperador-adriano-en-la-villa-romana-de-los.asp

http://arteenclase.blogspot.com.es/2015/02/busto-del-emperadior-adriano-en-yecla.html

http://www.europapress.es/murcia/noticia-hallado-yecla-busto-romano-emperador-adriano-siglo-ii-excelente-estado-conservacion-20150205134133.html

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