Este vino alegra el corazón

En varias ocasiones han aparecido en las Notae grafías latinas erróneas; esta inscripción se halla en un edificio del Plaza Mayor de Mogarraz, un pueblo muy bonito de la provincia de Salamanca.

mogarraz

Hay, por una parte, un acierto, ya que la “u” vocálica se representa con “V”, la grafía correcta en la letra capital, pero por otra, la “u” consonántica, la inicial de uinum, aparece representada con la letra B. Probablemente el redactor pensó que dos sonidos tan diferentes, el de la U vocálica y el de la consonántica, no debían escribirse con el mismo signo. La monoptongación del diptongo ae de laetificat es frecuente desde el Renacimiento, incluso en autores cultos como Nebrija. En la lengua hablada (las lenguas romances) había monoptongado, con variantes que no hacen al caso.

El error y la confusión me han recordado una frase latina muy graciosa que ha tenido enorme éxito y difusión: Beati Hispani quibus (apud quos) vivere est bibere “Felices los españoles para quienes (entre los cuales) vivir es beber”. La frase está basada en el hecho de que en castellano los sonidos b y v tienen idéntica pronunciación.

Algunos autores pretenden atribuir esta frase a Julio César, probablemente por su afición al vino, pero no parece posible ni por la época ni por el contenido; la confusión entre la b latina y la u consonántica se dio en todo el Imperio en posición intervocálica; en inicial es un fenómeno itálico que parte del sur de Roma, se da en Cerdeña y posteriormente en Hispania. Tenemos testimonios de la confluencia a partir del siglo I, como muestran las inscripciones pompeyanas (BENI [= ueni]; BALIAT [= ualeat]). Es sólo a partir del siglo II o III cuando la bilabial se convirtió en labiodental en la mayor parte de los países de la Romania; sólo a partir de esta época tendría sentido esta frase festiva.

Aunque la relación entre el vivir y el beber es muy vieja y ya Ateneo la pone en boca de Antífanes en El banquete de los eruditos (aunque sin juego de palabras, porque el original griego no lo permite), creo además que la frase fue inventada por los hispanos orgullosos de nuestra ‘enofilia’ y de nuestro sentido del humor. Una prueba de ello es que no aparece recogida en la monografía de Renzo Tosi —una de las mayores recopilaciones de fraseología latina— y sí la encontramos en la de V. J. Herrero Llorente, mucho más modesta.

Gregorio Hinojo Andrés

¿Cómo es posible? ¿Gazapos en el Marca?

Gregorio Hinojo nos envía el siguiente gazapo que encontró en el Marca Digital el pasado 10 de noviembre:

Remontada interruptus de 33 de los Hawks a los Wolwes. Los Minnesota Timberwolves de Ricky Rubio ganaron a los Atlanta Hawks.”

Ser aficionado al baloncesto no está reñido con saber una cuestión fundamental de la lengua latina que no es extraña a nuestra lengua castellana: sustantivos, adjetivos y participios son palabras variables en función del género y el número (además del caso) y cuando se quiere aplicar un adjetivo o un participio a un sustantivo hay que tenerlo en cuenta; nosotros no decimos “partido interrumpidas”. Si se adaptan palabras de otra lengua que también tiene estas categorías gramaticales, lo adecuado es hacerlas concordar. El inglés, por ejemplo, que no tiene género en el sustantivo y en el adjetivo, sólo utilizaría una forma latina para todos los casos y esa suele ser la del masculino singular. En este caso el participio interruptus es masculino singular y la lengua a la que se adapta como cultismo es la española; si se quiere referir a un sustantivo femenino debería utilizarse la forma femenina interrupta.

Un vistazo a este periódico nos demuestra que son muy aficionados al empleo de este participio (cuya popularidad procede de la expresión coitus interruptus), porque una búsqueda rápida arroja numerosos ejemplos no sólo en el texto de las crónicas sino en los titulares. El problema es que siempre se ignora la regla de la concordancia utilizando una forma única, como si fuese un adjetivo inglés.

El 5 de noviembre de 2015 leemos en un titular “mate interruptus“, que en este caso es correcto; pero también encontramos el 1 de noviembre el siguiente titular: “Mourinho, Ancelotti, Blatter, … ellos también sufrieron una rueda de prensa ‘interruptus‘” y el mismo día : “Ruedas de prensa ‘interruptus’: Los ultras echan al entrenador del Levski“. En el primer ejemplo el error es similar: interruptus debería ser interrupta; en el segundo se añade una nueva falta de concordancia porque el sustantivo no sólo es femenino sino además plural; por tanto, la forma correcta debería ser interruptae.

Así pues, amigos del Marca, si queréis utilizar el latín, no os baste leerlo en lengua inglesa. Aprended o preguntad, pero tened cuidado.

Colaborad con nosotros: enviadnos los gazapos que encontréis.

Susana González Marín

 

Las Saturnales y el cerdo

Iste tibi faciet bona Saturnalia porcus,

    Inter spumantes ilice pastus apros

(Marcial. XIV, 71)

“Te hará pasar unas buenas Saturnales ese cerdo

Apacentado con bellotas entre espumeantes jabalís”

Aunque no conocían el cerdo ibérico, sí sabían los romanos de la importancia de las bellotas para su alimentación, especialmente el hispano Marcial.

Como vimos en la entrada publicada el lunes, ¿Feliz Navidad o Felices Saturnales?, las Saturnales eran las Navidades de los romanos, en las que originariamente celebraban el ‘renacimiento’ del sol. Era costumbre comerse un cerdo durante esa semana. Eran unas celebraciones carnavalescas, días de ocio y de juergas desmedidas. Costó mucho a la jerarquía cristiana lograr unas conmemoraciones religiosas de las Navidades sin escándalos y francachelas durante los primeros siglos del cristianismo.

Hay un texto jocoso y muy divertido, el Testamentum porcelli, del siglo IV, que describe con mucha gracia el rito de la matanza y las bromas con que era acogida; según el texto, se realizaba el 17 de diciembre, sub die XVI Kal. Lucerninas “quince días antes del 1 de enero”. Recuerdo que los romanos para datar incluían tanto l día del inicio como el del final; por ello he restado un día del XVI. El 17 se iniciaban las Saturnales.

Gregorio Hinojo Andrés

¡Ay, madre, otro gazapo!

En El País del 8 de febrero de 2015 Claudi Pérez, en un análisis titulado “Europa deja que Tsipras se cueza a fuego lento”, utiliza una expresión en latín “Caueat creditor” y la traduce por “Cuídate de tus acreedores”. La traducción correcta sería la contraria: “Que se cuide el acreedor”. El error puede proceder de la contaminación de dos frases distintas: por un lado se ha partido de una expresión legal como  Caueat emptor (“Que tenga cuidado el comprador”), utilizada para indicar que la responsabilidad de la calidad y condiciones del objeto comprado recae en el comprador, quien no tendrá derecho a reclamaciones posteriores al vendedor; por otro, se ha querido imitar la famosa frase latina Caue canem (“Cuidado con el perro”), situada en la entrada de algunas casas romanas.

Gregorio Hinojo Andrés

 

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