In lapide depictum. Museo del Prado

Pocas cosas impactan tanto a los alumnos como la posibilidad de que los mármoles antiguos, esculturas y templos, tuvieran una nota de color.

En verdad no existe acuerdo unánime entre los especialistas. Piensan unos que tan sólo los detalles estarían pintados. Arguyen otros que se trataría de una suave capa para destacar por ejemplo las figuras en relieve. Se soliviantan los más radicales y sostienen que los tonos más vivaces prenderían en las más diversas superficies y monumentos: metopas, frisos, bajos y altorrelieves, torsos, bustos, tallas de bulto redondo.

Las reconstrucciones que proponen a veces casi nos tiran para atrás. Pero lo cierto es que restos de color ofrecen las antiguas estatuas y cuando reparamos en ellas se nos antojan muy bellas.

Conscientes de esta polémica, nos ha parecido sumamente interesante la atención que la Exposición In lapide depictum que acaba de inaugurarse en el Museo del Prado presta al Mundo Clásico, a la enorme importancia de sus postulados teóricos, la repercusión que tuvieron sus modelos, la recuperación de una técnica singular conforme se volvían a leer y editar los textos antiguos.

También las primeras reseñas en El País, Europa Press, de donde tomamos la imagen, y en especial El Mundo se hacen eco de la herencia clásica.

ABC  destaca entre las piezas antiguas «Teseo y el centauro», hallada en Herculano en el siglo XVIII, pieza excepcional y uno de los escasos ejemplos conservados de pintura clásica sobre mármol.

¡Estamos de enhorabuena!

Henar Velasco López

 

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“Tesoros eléctricos” en Valladolid

Si en vacaciones os dais una vuelta por Valladolid, podéis acercaros a esta exposición, Tesoros eléctricos, que está abierta hasta el 8 de abril en el Museo Nacional de Escultura. Reproducimos el texto de presentación:

“El Diecinueve fue un siglo ansioso de belleza y elegancia, y particularmente proclive a refugiarse en el pasado, a inspirarse en tiempos más confortables que su convulso presente.

Copa con centauros, lámpara del Sileno ebrio, salero con hojas de hiedra, copa con máscaras, pátera de la Bacante… Los nombres de los objetos presentados en esta exposición evocan un mundo de opulencia, mitos clásicos y placeres refinados. Son facsímiles de orfebrería romana, espléndidos por su impresionante virtuosismo técnico, la gracia de sus proporciones y su rica ornamentación. Reproducen fielmente tesoros enterrados hace dos milenios, pero fueron fabricados entre fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX para la colección nacional de reproducciones artísticas que pertenece al Museo Nacional de Escultura. Ahora se exhiben por primera vez.

El título, Tesoros eléctricos, anuncia la singularidad de esta exposición que no ha querido limitarse a la simple y desnuda reunión de un conjunto de delicados facsímiles clásicos, asociándolos a aquel pasado al que imitan pero al que nunca pertenecieron. Más estimulante es considerarlos como objetos fabriles nacidos en plena euforia de la segunda revolución industrial, en las décadas finales del siglo XIX, cuando, a la vez, y no por casualidad, las artes del ornamento experimentaban un reconocimiento y aprecio sin precedentes.”

2000 años de Ovidio

Hoy se inaugura en la Biblioteca Universitaria de Salamanca la exposición “2000 años de Ovidio”.

La Biblioteca Universitaria, como depósito del saber que es y ha sido desde sus comienzos, está en condiciones óptimas para iluminar las variadas facetas de Ovidio e ilustrar su presencia en nuestra historia cultural. Así lo hace a través de esta exposición de cinco libros que contienen distintas obras del poeta, una muestra pequeña en proporción a la riqueza de fondos de que dispone; y lo hace quizá en el lugar más apropiado para ello, en la Sala del Cielo de Salamanca, bajo las constelaciones de Fernando Gallego.

De esta manera la Universidad de Salamanca, a punto de cumplir ella misma 800 años, se suma a la celebración del bimilenario de Ovidio, lo que ha sido posible gracias a la colaboración de la Biblioteca Universitaria, Actividades Culturales y el Departamento de Filología Clásica e Indoeuropeo.

Para más información remitimos a la entrada correspondiente en la página web de la Biblioteca Universitaria

Fechas: 18 octubre – 17 diciembre 2017.
Lugar: Universidad de Salamanca. Escuelas Menores, Sala Cielo de Salamanca
Horario: Lunes a sábado de 10 a 14 h. y de 16 a 19 h. Domingos y festivos cerrado.

Susana González Marín

Hijo del Laocoonte. Alonso Berruguete y la Antigüedad pagana

Manuela y Mª Ángeles Martín Sánchez nos enviaron en verano aviso de esta exposición en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid, “Hijo del Laocoonte. Alonso Berruguete y la Antigüedad pagana”. Todavía tenemos tiempo de acudir: está abierta hasta el 5 de noviembre

Reproducimos la noticia publicada en ABC:

El Museo de Escultura saca de los retablos al Berruguete más pagano

La muerte temprana de su padre, el pintor Pedro Berruguete, animó a Alonso a embarcarse a Italia siendo todavía adolescente para seguir formándose en su carrera artística. Allí, la primavera de 1510 se instaló en Roma para participar junto a otros cuatro artistas en el concurso más célebre del Renacimiento, presidido por Rafael. Los jóvenes creadores tenían que haceruna copia del Laocoonte, una obra cuyo descubrimiento reciente en una villa romana había conmocionado a la Ciudad Eterna. A partir de ese momento en que Alonso Berruguete entró en contacto con la escultura clásica y durante toda su vida el Laocoonte «martilleó permanentemente» su cerebro: «El artista hizo suyo ese grito sofocado del Laocoonte e insufló su arte de morir a sus apasionadas y febriles escenas bíblicas», explicaba ayer la directora del Museo Nacional de Escultura, María Bolaños, para quien, a través del mencionado certamen, el escultor nacido en Paredes de Nava (Palencia) entró «por la puerta grande del Renacimiento, de la modernidad artística».

Ahondar en sus fuentes de inspiración y ver cómo reinventó el universo clásico es lo que pretende la exposición «Hijo del Laocoonte», cuyo título es tomado del creador e historiador de arte Moreno Villa. «Fue tal el impacto que causó en su bagaje el descubrimiento y reinterpretación de su escultura que lo trasladó cuando regresó a España en 1518», destacó el comisario de la muestra, Manuel Arias.

A través de 67 piezas distribuidas en cinco capítulos, el Palacio de Villena (sede de las exposiciones temporales del museo con sede en Valladolid) muestra a un Berruguete más pagano, que, «sacado del marco de sus retablos, da rienda suelta a su temperamento más sensual, más pegado a la encarnadura de sus personajes, cercano a sus sufrimientos».

El primer moderno

 Ese artista muy personal, poco ortodoxo y quizá también algo excesivo se plasma, entre otras muchas obras suyas exhibidas, en la madera policroamada «Sacrificio de Isaac». Situada junto a una copia en yeso del famoso Laocoonte del propio museo se puede ver en la talla cómo trasladó el dramatismo de la obra clásica a una tragedia bíblica, lo que prueba que este artista no se limitaba a copiar de manera mimética el mundo de la Antigüedad, explicó Bolaños, para quien Berruguete fue «el primer moderno de la escultura española», tal y como se recoge en las primeras salas, donde se habla del «Prometeo» de la escultura.

En los sucesivos espacios llaman la atención varias piezas, entre ellas un sarcófago romano con el tema de la Orestíada que fue hallado en Husillos (Palencia) y que ha sido cedido por el Museo Arqueólogico Nacional. De él dicen, recordaba Arias, que Berruguete, «atónito», había reconocido que «pocas cosas mejores había visto en Italia». Otro de los tesoros expuestos es la venera con la que el artista coronó el retablo de San Benito en Valladolid. Con más de cinco metros de diámetro, ha sido restaurada para la ocasión desde que en el XIX fuese desmontada con motivo de la desamortización.

Aunque en la muestra predomina la escultura, Berruguete fue un creador completo y así se traslada en otro de los capítulos que incluye un dibujo procedente de la galería de los Uffizi y una curiosa carta autógrafa en la que el artista se queja amargamente del trato que recibía de los frailes y lo escribe sobre el esbozo de un tema, la «Circuncisión», que luego repite en una escultura y otra pintura. La exhibición concluye con más ejemplos del traslado de ese mundo antiguo con piezas como la tabla «San Marcos Evangelista», en cuya parte superior se percibe también una insinuación de un mosaico romano que nunca terminó.

 

La página del Museo, además de enlaces interesantes, nos ofrece esta presentación:

“Hijo del Laocoonte. Alonso Berruguete y la Antigüedad pagana”.

Esta exposición explora el «alma pagana» de Alonso Berruguete (1490-1561), su personal amalgama entre el arte cristiano y la sensualidad de la estatuaria clásica. Siendo joven, entre 1506 y 1518, el primer escultor del Renacimiento español realizó una larga y fructífera estancia en Italia. Convivió, en Florencia y en Roma, con Miguel Ángel, Rafael o Bramante y se contagió de su euforia por los ideales antiguos y de su manera de ver el arte, participando de ese feliz diálogo entre mitos paganos y devociones cristianas que nutrió el Humanismo europeo. Sarcófagos, ruinas y estatuas encendieron su fantasía. Y, en especial, el poderoso grupo del Laocoonte. La exasperación psíquica, la danza de los cuerpos en el espacio o el virtuosismo anatómico del mármol helenístico inspirarán sus patriarcas bíblicos o sus escenas de lamento ante el sepulcro.

La competición en la Antigua Grecia en Caixaforum

Nuestra informante Mª Ángeles Martín no ha descansado en verano. Os iremos mandando sus noticias poco a poco.

Empezamos con una exposición en CaixaForum de Madrid que ha estado abierta durante los calores pero que todavía podemos visitar hasta el 15 de octubre: ¡Agón! La competición en la antigua Grecia, con fondos del British Museum.

Reproducimos la información de la página de Caixaforum (pincha aquí si quieres visitarla directamente)

La historia de la antigua Grecia, tal y como la conocemos, está llena de actos heroicos, triunfos de guerreros y logros de deportistas. La épica de Homero, las victorias de los atletas olímpicos o las aventuras de Heracles, todas se caracterizan por una intensa competitividad. El espíritu competitivo de los antiguos griegos estaba presente en todos los aspectos de la vida doméstica y religiosa. La rivalidad y la competición pueden ser vistas como unas emociones negativas, pero también pueden tener un sentido positivo, unificador y creador de una cultura próspera. Los griegos consideraban que se podía alcanzar la excelencia con un equilibrio entre la mente y el cuerpo; a través de la habilidad atlética, buscaban un físico impecable, y a través de la filosofía, la ciencia y la apreciación de las artes, cultivaban la mente.
Esta exposición te propone una comprensión de este espíritu competitivo en todos los aspectos de la vida de la antigua Grecia a través de una selección de tesoros de la espectacular colección del British Museum. Esculturas, monedas, cerámicas o joyas, con piezas icónicas como el friso del mausoleo de Halicarnaso, que retrata la batalla entre los griegos y las amazonas, un busto de mármol de Eurípides, uno de los tres grandes poetas de la tragedia griega, o la estatua del Diadúmeno de Vaison, una escultura en mármol de un atleta atándose una cinta en la cabeza como marca de su victoria.