Posca, ¿el tinto/calimocho de verano?

María Isabel Pérez Alonso nos envía el enlace a este podcast del programa de información agraria de Onda Cero, “Onda agraria”. En él se compara una antigua bebida de griegos y romanos, posca, con el calimocho o el tinto de verano. Desde el minuto 6’32 hasta el 14’40 se habla del tema e incluso se da una pequeña receta adaptada a los gustos modernos por si alguien se anima a prepararla. La comparación con el tinto de verano parece un poco optimista, puesto que posca, al fin y al cabo, era agua con vinagre.  En efecto, se trata de una bebida refrescante para los que no podían pagarse nada mejor y con una esponja empapada en ella fue con lo que aliviaron a Cristo en la cruz.

El vinagre era un producto que en palabras de Plinio el Viejo “al menos, aun siendo malo, tiene la virtud de sus múltiples usos, sin los cuales la vida no podría transcurrir suavemente” (14,125) . En efecto, él lo menciona con frecuencia por sus propiedades terapéuticas. En el terreno gastronómico también habla de una bebida realizada con miel y vinagre: “Más aún, incluso se mezclaba el vinagre con la miel, hasta tal punto el hombre no ha dejado nada por intentar. A este preparado lo llamaron oximiel: diez libras de miel, cinco heminas de vinagre añejo, una libra de sal marina, cinco sextarios de agua
de lluvia; se hierve ligeramente diez veces, luego se trasvasa y se deja envejecer así.” (Agradecemos las traducciones de Plinio a Eusebia Tarriño)

Diego Corral nos envía como complemento el enlace a este blog especializado en comida antigua De re coquinaria.

Susana González Marín

 

 

 

La Odisea de Mendelsohn

Daniel Mendelsohn, Una Odisea. Un padre, un hijo, una epopeya, Barcelona: Seix Barral 2019 (trad. R. Buenaventura)

Daniel Mendelsohn (Nueva York, 1960) estudió Filología Clásica en Virginia y Princeton, y en la actualidad escribe para diversas publicaciones (The New Yorker, The New York Times, etc.) y es profesor de Humanidades en una facultad (Bard College), situada al norte de Nueva York. En 2011 ofreció durante un cuatrimestre un seminario sobre la Odisea para alumnos de primer año. Nada extraordinario si no hubiera sido porque entre la decena de jóvenes que no habían cumplido aún los 20 años se añadió un alumno extraordinario, que sobrepasaba los 80, y que además era el padre del profesor, Jay Mendelsohn, un matemático retirado.

Cuando el primer día de clase Daniel Mendelsohn se encontró frente a este peculiar grupo -unos alumnos poco participativos y, además, su padre, un feroz crítico de Odiseo-, pensó que aquello iba a ser una pesadilla. Pero fue una enriquecedora odisea que le permitió conocer mejor a su padre, y tras la cual ambos se embarcaron en un crucero por el Mediterráneo para visitar los lugares por los que pasó el héroe homérico. Fruto de aquellas experiencias es esta Odisea poliédrica y absorbente.

Mendelsohn_The-Odyssey_Social

En ella conocemos a Mendelsohn hijo y su temor reverencial hacia un padre incapaz de explicarle los problemas escolares de matemáticas; un hijo que, como Telémaco, descubre a través de otras personas aspectos sorprendentes de esa figura paterna cuando no es su padre, sino simplemente un hombre, un colega, un amigo, un compañero de clase. Conocemos también a Mendelsohn padre, aventajado estudiante de latín en su juventud, para quien solo lo difícil merece la pena, investigador de proyectos secretos, frustrado doctor y frustrado viajero, y con ánimo para volver a las aulas a seguir aprendiendo de los clásicos, a los que renunció en el instituto. Y conocemos a toda la familia, la madre, los hermanos, los abuelos. Como dice Mendelsohn, cuando somos pequeños pensamos que nuestra familia es el mundo y que todo el mundo es como nuestra familia. Solo después nos damos cuenta de que, más bien, cada familia es un mundo. Y no hay nada más interesante, creo yo, que contrastar experiencias y conocer otros modelos humanos.

En este libro Daniel Mendelsohn es un Telémaco en busca de su padre; es un Odiseo, que conduce a sus alumnos en la travesía del aprendizaje (qué diferente la estrategia pedagógica respecto a lo que estamos acostumbrados); y es un Homero que, sirviéndose de verdaderas acrobacias narrativas y cronológicas (como él dice a propósito de Homero), nos lleva en un viaje zigzagueante por los rincones de su memoria familiar mientras compone una obra imperecedera a la memoria de un héroe, su padre.

En este enlace de la editorial se puede leer el primer capítulo.

Eusebia Tarriño Ruiz

 

 

Leo Caldas no sabe latín

Acaba de aparecer la última y esperada novela de Domingo Villar (Vigo, 1971), titulada El último barco (Siruela, 2019), que será presentada el próximo viernes 29 de marzo en Letras Corsarias. El protagonista es el inspector Leo Caldas quien, junto a su ayudante Estévez y otros miembros de la policía de Vigo, se enfrenta en esta ocasión a la desaparición de una mujer. Mónica Andrade es profesora de cerámica en la Escuela de Artes y Oficios, pero su padre le cuenta a la policía, cuando presenta la denuncia, que estudió Filología Clásica: “Ya les he dicho que se siente atraída por todo lo inútil” (p. 30). Bien empezamos. La verdad es que el señor padre es bastante antipático, no es extraño que diga esas cosas y otras aún peores sobre otras cuestiones, con lo que queda patente que está muy equivocado en todo. Mucho más amable es el personaje de Napoleón, un mendigo que da clases de latín a los que entablan conversación con él. Y se las cobra. Las 707 páginas de la novela están salpicadas de expresiones latinas (sin erratas) y de su correspondiente versión al castellano para que Caldas se entere. “Amicus certus in re incerta cernitur… No lo olvide si me necesita-. Caldas abrió las manos. ¿Que no lo olvidase? ¿Cómo no iba a olvidarlo si ni siquiera lo podía repetir?” (p. 678). Comparada con las dos novelas anteriores, Ojos de agua (2006) y La playa de los ahogados (2009), esta es menos marinera, pero igual de marina. La acción transcurre a ambos lados de la ría de Vigo, con el mar siempre presente y el Pirata de Ons yendo y viniendo de Moaña a Vigo. De las novelas policíacas a mí lo que más me suele gustar es la ambientación (con los asesinos nunca acierto): Brunetti moviéndose por Venecia, Dalgliesh tan británico él, el frío de Wallander, etc. etc. El gallego Leo Caldas es un soplo de brisa atlántica en el panorama de la novela negra. Una lectura más que recomendable para las próximas vacaciones. Placet.

Eusebia Tarriño Ruiz

 

Clint Eastwood y Virgilio

Eusebia Tarriño nos envía el enlace a una columna de Manuel Vilas en El País (11/01/2019) referida a la nueva película de Clint Eastwood, Mula. Si tenemos en cuenta que el escritor titula su texto “Virgilio“, está claro por qué la traemos aquí.

 

Los inmigrantes y un profesor de Clásicas

La novela de Jenny Erpenbeck (Berlín Este, 1967) Yo voy, tú vas, él va (Barcelona, Anagrama 2018) tiene como protagonista a Richard, un profesor de Clásicas recién jubilado que toma contacto con los problemas de los inmigrantes, que no es lo mismo que el problema de la inmigración. El cese de las obligaciones docentes le lleva a iniciar otro tipo de investigación: ¿quiénes son estas personas que están ahí? ¿cuál es su pasado? ¿cuál es su futuro?

“La guerra lo destruye todo, dice Awad: la familia, los amigos, el lugar donde has vivido, el trabajo, la vida cotidiana. Cuando te conviertes en un extraño, dice Awad, no tienes elección. No sabes adónde ir. No sabes nada de nada. Ya no soy capaz de visualizarme a mí mismo de niño. Ya no me queda ninguna fotografía mía. (…) ¿Qué sentido tiene nada?, pregunta, y mira a Richard a los ojos por primera vez. Le toca a Richard responder, pero no tiene ninguna respuesta” (p. 78).

La autora, nacida en la Alemania del Este, como su personaje, sabe por experiencia qué poco valor tienen las fronteras.

“En casa, en una cajita de madera que reposa en la librería, Richard conserva su viejo documento de identidad y su antigua tarjeta del seguro. En 1990, de pronto, de un día para otro, se convirtió en ciudadano de otro país, aunque la vista desde la ventana siguió siendo la misma. Ese día a partir del cual sería un “ciudadano de la República Federal de Alemania”, los dos cisnes que tan bien conocía nadaron de izquierda a derecha, exactamente igual que el día anterior, cuando todavía se lo podría haber llamado “ciudadano de la República Democrática Alemana” (p. 100).

Y, sin embargo, ahí están ellas para hacer la vida más difícil a las personas.

“De modo que una frontera, piensa Richard, puede hacerse visible de repente, puede aparecer sin más ni más en un lugar donde nunca la ha habido; la batalla que se ha librado en los últimos años en las fronteras de Libia, en las de Marruecos o Níger, ahora tiene lugar en pleno distrito de Spandau, en Berlín. Donde no había más que una casa, una acera, una cotidianidad berlinesa, de la noche a la mañana crece una frontera, brota entre las hierbas, invisible como una enfermedad” (p. 246).

El título original de la novela, Gehen, Ging, Gegangen, ha sido acertadamente convertido por el traductor, Francesc Rovira, en esa secuencia escolar y gramatical que nos traslada a las aulas donde los inmigrantes se esfuerzan por superar la primera frontera, la del idioma. Pero también sintetiza la historia de la humanidad:

“Hace miles de años que el movimiento de los seres humanos a través de los continentes se sucede sin descanso. Ha habido comercio, guerras, expulsiones, a menudo las gentes han seguido a su ganado a la búsqueda de agua y alimentos, han huido de las sequías y las epidemias, han ido tras el oro, la sal o el hierro, o solo podían conservar la fe en su Dios en la diáspora, ha habido decadencia, crisis, reconstrucción y colonización, ha habido caminos mejores o peores, pero, si algo no ha habido nunca, es descanso” (p. 170).

En suma, una novela muy recomendable, que además ofrece una imagen excelente del gremio, gracias a ese protagonista culto, sensible a las injusticias y generoso, y profesor de Clásicas.

Eusebia Tarriño Ruiz

Plinio y los caballitos de mar

Plinio habla sobre el hippocampus o caballito de mar en numerosos pasajes de su Historia natural. En el libro IX lo menciona como ejemplo de réplica marina de un animal terrestre (“Todos los seres que nacen en algún elemento de la naturaleza existen también en el mar”), y en el XXXII ofrece recetas variopintas en las que interviene esta criatura (y otras muchas) para todo tipo de dolencias: alopecias replet hippocampi cinis (“Las cenizas de caballo de mar terminan con la alopecia”, Plin. nat. XXXII,67). A este remedio alude en su artículo de El País (publicado ayer, 14 de junio) Montero González. Pero no solo. Según Plinio, en ese mismo libro, el caballito de mar también es un antídoto contra el veneno de la liebre marina (§58), alivia la dermatosis escamosa (§83), los dolores de costado (§93), la incontinencia de orina (§109), las fiebres frías (§113), es afrodisíaco (§139), etc. Todas estas maravillas nos remiten a una época lejana, en la que el hombre buscaba en la Naturaleza solución a sus males. Hoy estamos llegando a un grado tal de destrucción de esta fuente de vida (“En el 2050 habrá más plásticos que peces en los océanos”, también noticia de El País), que mucho nos tememos que para nuestros descendientes el caballito de mar será un ser tan fabuloso como lo son hoy las recetas de Plinio para nosotros.

Eusebia Tarriño Ruiz

Video de la lectura de Metamorfosis

Gracias a Vega Sánchez, que filmó y editó las imágenes, en este enlace podéis ver el video de la lectura de las Metamorfosis que tuvo lugar el viernes 23 de marzo en el Aula Minor de Anayita.

La Universidad de Salamanca se ha sumado así a la convocatoria internacional de Lectura simultánea del poema de Ovidio, Festival Europeen Latin-grec, en cuya página se colgará la grabación.

Los textos se leyeron en la traducción de nuestros compañeros, Josefa Cantó Llorca y José Carlos Fernández Corte, que también colaboraron en la lectura. En ella participaron 22 lectores, alumnos y profesores de Filología Clásica -entre ellos el poeta Juan Antonio González Iglesias-, profesores de Literatura Española -Emilio de Miguel, Javier San José y Emilia Velasco-, y de Francés -Elena Llamas-, un alumno del IES Vaguada de la Palma, la Directora de la Biblioteca Histórica de la USAL, Margarita Becedas y el Jefe del fondo Antiguo, Óscar Lilao. Además amablemente también prestó su voz el poeta Antonio Colinas, siempre disponible cuando se trata de favorecer la visibilidad de las letras clásicas.

Esta es la lista completa de lecturas y de los lectores:

  1. El comienzo (Met. 1, 1-4): Agustín Ramos (en sustitución de Carmen Codoñer, que desgraciadamente no pudo acudir por causas ajenas a su voluntad)
  2. El diluvio (Met. 1, 253-312): Eusebia Tarriño, Marta Serra, Luis Arturo Guichard
  3. Apolo y Dafne (Met. 1, 452-566): Rosario Cortés, Javier Sánchez, Marta Martín, Jorge Noreña
  4. Mercurio y Herse (Met. 2, 707-747): Ana Lorena Nieto Manini
  5. Eco y Narciso (Met. 3, 350-464): Margarita Becedas, Óscar Lilao
  6. Venus y Marte (Met. 4. 169-189): Antonio Colinas
  7. Sálmacis y Hermafrodito (Met. 4. 285-330): José Carlos Fernández Corte
  8. La peste de Egina (Met. 7, 523-581): Humberto Mederos Díaz, Carmen Pérez González
  9. Dédalo e Ícaro (Met. 8.183-259): Juan Antonio González Iglesias, Mercedes Villamán
  10. Biblis (Met. 9, 450-563): Emilia Velasco, Emilio de Miguel, Elena Llamas
  11. Galatea, Acis y Polifemo (Met. 13. 870-897):  Nicolás Santos Martín
  12. Fábula de Polifemo y Galatea de Luis de Góngora, vv. 465-504: Javier San José
  13. Ifis y Anaxárete, (Met. 14.698-760): Mª José Cantó Llorca
  14. El final (Met. 15.871-879): Agustín Ramos (en sustitución de Carmen Codoñer)

El acto fue organizado por el Máster de Creación literaria de la Universidad de Salamanca y nuestro blog Notae tironianae.

A todos los participantes y al público asistente, muchas gracias.

Susana González Marín

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