Clint Eastwood y Virgilio

Eusebia Tarriño nos envía el enlace a una columna de Manuel Vilas en El País (11/01/2019) referida a la nueva película de Clint Eastwood, Mula. Si tenemos en cuenta que el escritor titula su texto “Virgilio“, está claro por qué la traemos aquí.

 

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Los inmigrantes y un profesor de Clásicas

La novela de Jenny Erpenbeck (Berlín Este, 1967) Yo voy, tú vas, él va (Barcelona, Anagrama 2018) tiene como protagonista a Richard, un profesor de Clásicas recién jubilado que toma contacto con los problemas de los inmigrantes, que no es lo mismo que el problema de la inmigración. El cese de las obligaciones docentes le lleva a iniciar otro tipo de investigación: ¿quiénes son estas personas que están ahí? ¿cuál es su pasado? ¿cuál es su futuro?

“La guerra lo destruye todo, dice Awad: la familia, los amigos, el lugar donde has vivido, el trabajo, la vida cotidiana. Cuando te conviertes en un extraño, dice Awad, no tienes elección. No sabes adónde ir. No sabes nada de nada. Ya no soy capaz de visualizarme a mí mismo de niño. Ya no me queda ninguna fotografía mía. (…) ¿Qué sentido tiene nada?, pregunta, y mira a Richard a los ojos por primera vez. Le toca a Richard responder, pero no tiene ninguna respuesta” (p. 78).

La autora, nacida en la Alemania del Este, como su personaje, sabe por experiencia qué poco valor tienen las fronteras.

“En casa, en una cajita de madera que reposa en la librería, Richard conserva su viejo documento de identidad y su antigua tarjeta del seguro. En 1990, de pronto, de un día para otro, se convirtió en ciudadano de otro país, aunque la vista desde la ventana siguió siendo la misma. Ese día a partir del cual sería un “ciudadano de la República Federal de Alemania”, los dos cisnes que tan bien conocía nadaron de izquierda a derecha, exactamente igual que el día anterior, cuando todavía se lo podría haber llamado “ciudadano de la República Democrática Alemana” (p. 100).

Y, sin embargo, ahí están ellas para hacer la vida más difícil a las personas.

“De modo que una frontera, piensa Richard, puede hacerse visible de repente, puede aparecer sin más ni más en un lugar donde nunca la ha habido; la batalla que se ha librado en los últimos años en las fronteras de Libia, en las de Marruecos o Níger, ahora tiene lugar en pleno distrito de Spandau, en Berlín. Donde no había más que una casa, una acera, una cotidianidad berlinesa, de la noche a la mañana crece una frontera, brota entre las hierbas, invisible como una enfermedad” (p. 246).

El título original de la novela, Gehen, Ging, Gegangen, ha sido acertadamente convertido por el traductor, Francesc Rovira, en esa secuencia escolar y gramatical que nos traslada a las aulas donde los inmigrantes se esfuerzan por superar la primera frontera, la del idioma. Pero también sintetiza la historia de la humanidad:

“Hace miles de años que el movimiento de los seres humanos a través de los continentes se sucede sin descanso. Ha habido comercio, guerras, expulsiones, a menudo las gentes han seguido a su ganado a la búsqueda de agua y alimentos, han huido de las sequías y las epidemias, han ido tras el oro, la sal o el hierro, o solo podían conservar la fe en su Dios en la diáspora, ha habido decadencia, crisis, reconstrucción y colonización, ha habido caminos mejores o peores, pero, si algo no ha habido nunca, es descanso” (p. 170).

En suma, una novela muy recomendable, que además ofrece una imagen excelente del gremio, gracias a ese protagonista culto, sensible a las injusticias y generoso, y profesor de Clásicas.

Eusebia Tarriño Ruiz

Plinio y los caballitos de mar

Plinio habla sobre el hippocampus o caballito de mar en numerosos pasajes de su Historia natural. En el libro IX lo menciona como ejemplo de réplica marina de un animal terrestre (“Todos los seres que nacen en algún elemento de la naturaleza existen también en el mar”), y en el XXXII ofrece recetas variopintas en las que interviene esta criatura (y otras muchas) para todo tipo de dolencias: alopecias replet hippocampi cinis (“Las cenizas de caballo de mar terminan con la alopecia”, Plin. nat. XXXII,67). A este remedio alude en su artículo de El País (publicado ayer, 14 de junio) Montero González. Pero no solo. Según Plinio, en ese mismo libro, el caballito de mar también es un antídoto contra el veneno de la liebre marina (§58), alivia la dermatosis escamosa (§83), los dolores de costado (§93), la incontinencia de orina (§109), las fiebres frías (§113), es afrodisíaco (§139), etc. Todas estas maravillas nos remiten a una época lejana, en la que el hombre buscaba en la Naturaleza solución a sus males. Hoy estamos llegando a un grado tal de destrucción de esta fuente de vida (“En el 2050 habrá más plásticos que peces en los océanos”, también noticia de El País), que mucho nos tememos que para nuestros descendientes el caballito de mar será un ser tan fabuloso como lo son hoy las recetas de Plinio para nosotros.

Eusebia Tarriño Ruiz

Video de la lectura de Metamorfosis

Gracias a Vega Sánchez, que filmó y editó las imágenes, en este enlace podéis ver el video de la lectura de las Metamorfosis que tuvo lugar el viernes 23 de marzo en el Aula Minor de Anayita.

La Universidad de Salamanca se ha sumado así a la convocatoria internacional de Lectura simultánea del poema de Ovidio, Festival Europeen Latin-grec, en cuya página se colgará la grabación.

Los textos se leyeron en la traducción de nuestros compañeros, Josefa Cantó Llorca y José Carlos Fernández Corte, que también colaboraron en la lectura. En ella participaron 22 lectores, alumnos y profesores de Filología Clásica -entre ellos el poeta Juan Antonio González Iglesias-, profesores de Literatura Española -Emilio de Miguel, Javier San José y Emilia Velasco-, y de Francés -Elena Llamas-, un alumno del IES Vaguada de la Palma, la Directora de la Biblioteca Histórica de la USAL, Margarita Becedas y el Jefe del fondo Antiguo, Óscar Lilao. Además amablemente también prestó su voz el poeta Antonio Colinas, siempre disponible cuando se trata de favorecer la visibilidad de las letras clásicas.

Esta es la lista completa de lecturas y de los lectores:

  1. El comienzo (Met. 1, 1-4): Agustín Ramos (en sustitución de Carmen Codoñer, que desgraciadamente no pudo acudir por causas ajenas a su voluntad)
  2. El diluvio (Met. 1, 253-312): Eusebia Tarriño, Marta Serra, Luis Arturo Guichard
  3. Apolo y Dafne (Met. 1, 452-566): Rosario Cortés, Javier Sánchez, Marta Martín, Jorge Noreña
  4. Mercurio y Herse (Met. 2, 707-747): Ana Lorena Nieto Manini
  5. Eco y Narciso (Met. 3, 350-464): Margarita Becedas, Óscar Lilao
  6. Venus y Marte (Met. 4. 169-189): Antonio Colinas
  7. Sálmacis y Hermafrodito (Met. 4. 285-330): José Carlos Fernández Corte
  8. La peste de Egina (Met. 7, 523-581): Humberto Mederos Díaz, Carmen Pérez González
  9. Dédalo e Ícaro (Met. 8.183-259): Juan Antonio González Iglesias, Mercedes Villamán
  10. Biblis (Met. 9, 450-563): Emilia Velasco, Emilio de Miguel, Elena Llamas
  11. Galatea, Acis y Polifemo (Met. 13. 870-897):  Nicolás Santos Martín
  12. Fábula de Polifemo y Galatea de Luis de Góngora, vv. 465-504: Javier San José
  13. Ifis y Anaxárete, (Met. 14.698-760): Mª José Cantó Llorca
  14. El final (Met. 15.871-879): Agustín Ramos (en sustitución de Carmen Codoñer)

El acto fue organizado por el Máster de Creación literaria de la Universidad de Salamanca y nuestro blog Notae tironianae.

A todos los participantes y al público asistente, muchas gracias.

Susana González Marín